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Etiqueta: culto a los antepasados

El Jikininki, el duende devorador de cadáveres de Japón

El Jikininki, el duende devorador de cadáveres de Japón

 

El Jikininki, el duende devorador de cadáveres de Japón

 


El Jikininki (食人鬼)es un duende devorador de cadáveres humanos. Es un tipo de gaki, es decir, un espíritu condenado a sufrir hambre y sed debido a las faltas cometidas en vida.son los espíritus de los humanos avariciososegoístas o impíos que son malditos después de la muerte para buscar y comer cadáveres humanos

El monstruo devorador de cadáveres representado en “Jikininki” es la intersección de dos fuerzas culturales prominentes en el Japón rural (la trascendencia desinteresada de la naturaleza humana, propia del budismo zen, y las antiguas religiones populares, como el sintoísmo, basadas en los espíritus de la naturaleza y el culto a los antepasados) y, además, parece simbolizar el temor a perder tanto las tradiciones globales del budismo zen como las tradiciones rurales a causa del trato egoísta y los deseos materiales.

 

Lafcadio Hearn recogió la siguiente historia que describe perfectamente la naturaleza atormentada del Jikininki:

Había una vez un sacerdote budista que se perdió en una montaña y buscó desesperadamente refugio. Después de días enteros sin dejar de caminar, se topó con una ermita habitada por un monje ermitaño. A pesar de la desesperación con la que el sacerdote pidió refugio, el monje le indicó severamente que no solía recibir a nadie en su ermita, pero que cerca estaba el hogar de un hombre rico que no dudaría en acogerlo.
El sacerdote llegó a la casa mencionada por el monje y fue recibido por la familia que habitaba allí. En el interior había muchas personas reunidas en una habitación, pero el hijo del dueño dirigió al sacerdote a un cuarto contiguo y lo obsequió ropajes y alimentos.
Al caer la noche, el joven se dirigió de nuevo con el sacerdote: “Al llegar a mi hogar te has topado con muchas personas porque mi padre falleció. Pero como ahora es de noche, mi familia y yo abandonaremos la casa, y te quedarás solo”. El sacerdote prometió cuidar el cadáver y rezar por su alma toda la noche, para que la familia partiera sin preocupaciones.
Mientras transcurría la noche, el sacerdote oraba a la entrada de la habitación del cuerpo del padre. De repente, escuchó unos ruidos extraños, así que se apresuró a investigar y encontró a una horrible criatura devorando el cadáver desde la cabeza. Horrorizado, el sacerdote salió corriendo y logró llegar a una aldea donde relató lo sucedido.
Además de contar su terrible experiencia, preguntó a los aldeanos el por qué el monje de la ermita no había hecho ningún rito funerario para el fallecido, a lo que los aldeanos respondieron que en esa montaña no había ninguna ermita y ningún monje, así que seguramente fue una aparición.
Entre asustado y extrañado, el sacerdote se dio a la tarea de buscar al monje y, como si este lo hubiera escuchado, apareció en medio de la nada. El ermitaño le pidió disculpas por la forma tan grosera en que lo había recibido aquella primera ocasión en que se vieron, y también se disculpó por la forma tan horrible y despiada en que devoró el cadáver de aquel hombre. El monje explicó que en vida siempre olvidaba hacer ritos funerarios, así que se convirtió en un Jikininki y estaba condenado a comer cadáveres. Pidió al sacerdote orar por su alma y desapareció en la penumbra.

 

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BIBLIOGRAFÍA

Cavanagh, N., James, S., & Walter, S. (2017). The Fate of a Materialistic Buddhist: A Cultural Editioin of «Jikininki» by Lafcadio Hearn. Digital Literature Review4, 77–92. https://doi.org/10.33043/DLR.4.0.77-92

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