Navegando por
Mes: noviembre 2020

El mothman y otros engendros (Parte 1)

El mothman y otros engendros (Parte 1)

         EL MOTHMAN Y OTROS ENGENDROS

 

imagen de : Horrornews.net

 

El mothman, en español hombre-polilla, también denominado en otros contextos hombre-búho,2​ es un supuesto ente humanoide de enorme estatura y aspecto parecido al de una gigantesca polilla o búho. Sus apariciones coinciden supuestamente con observaciones de ovnis o con la presencia de otras criaturas, incluyendo los hombres de negro. También se le ha relacionado con la inminencia de grandes catástrofes, siendo a veces definido como un «heraldo de desgracias y muerte».

Su historia se remonta a un ya lejano año de 1966 cuando fue visto en el estado de Virginia, en la localidad de Point Pleasant. Era la noche del 14 al 15 de Noviembre y dos matrimonios paseaban por el “Área TNT” en su automóvil, aquella zona habían sido los silos de explosivos de los militares en la Segunda Guerra Mundial. Junto a la carretera había una figura, era la extraña silueta del “Hombre Polilla” –como se le conocería por las descripciones de los testigos y el símil que pusieron con el insecto-. El conductor del vehículo se asustó y puso rumbo hacía la carretera principal mientras aquel extraño ser les perseguía y en el interior del vehículo se vivían momentos de auténtico terror.

El misterioso ser, o animal, ¿Quién sabe?- les persiguió hasta la entrada del pueblo donde abandonó la misma emitiendo un grito muy agudo. De inmediato se dirigieron a la autoridad local a dar parte de lo sucedido. La policía registró e inspeccionó el lugar pero no había ni rastro de aquella criatura espantosa.

 

ilustración de  james mitchell

 

El nombre de ulula (lechuza) deriva del griego obolydsein, es decir, del llanto y el gemido, y es que cuando canta, lo recuerda justamente. De aquí que se dice entre los agoreros que, dejar de oír su lamento, es signo de tristeza, y cuando guarda silencio es señal de prosperidad. San Isidoro en las Etimologías comenta sobre el búho que es un ave lúgubre, muy recargada de plumas y perezosa, que se la ve de día y de noche merodeando por los cementerios y habita en las cavernas. Este pecado capital aparece en una miniatura del siglo XIV, de la Biblioteca Nacional de París. En opinión de los augures es un ave portadora de calamidades y dicen que su presencia en una ciudad presagia desolación.

La creencia en la lechuza como un animal asociado al inframundo puede rastrearse en la mayoría de culturas antiguas:

El búho y la lechuza hacen acto de presencia en los libros sagrados, generalmente en escenas de ruina y desolación. Así, en el pasaje de Isaías 34, 11 leemos: «Será morada de pelícanos y erizos, mansión de cuervos y lechuzas», y en los Salmos 102, 7 dice: «Me parezco al pelícano del desierto, soy como la lechuza de las ruinas”. Además de su inclusión como animales impuros según las prescripciones que dio Dios a Moisés no podían comerse, constituyendo desde antiguo las aves por antonomasia de agüeros siniestros. Los bestiarios insisten en la suciedad del búho basándose en una cita del Deut. 14:15; la preferencia de este animal por la obscuridad es interpretada como un rechazo de Cristo. Guillaume Le Clerc explica que la lechuza representa a los judíos traidores y malditos, que no quisieron creer los consejos de Dios. También la asocia con el Príncipe de las Tinieblas. Contrariamente, en el Bestiario de Oxford, en sentido místico, este ave representa a Cristo, a quien le gusta la noche y las tinieblas, porque no quiere la muerte del pecador, sino su conversión y su vida.

En el sistema jeroglífico egipcio, la lechuza simboliza la muerte, la noche, el frío y la pasividad. También concierne al reino del sol muerto, es decir, del sol bajo el horizonte, cuando atraviesa el lago o el mar de las tinieblas. Cierta afinidad con este simbolismo hallamos en Cantabria, pues por el resplandor fosfórico en sus ojos es el pájaro de los muertos y se le considera ave de mal agüero, nuncio, aldabazo postrero de la muerte que va cerrando con un arco iris palidísimo nuestras vidas.

En la China, el búho anuncia calamidades, probablemente a causa de sus grandes ojos de demonio y a partir de la fábula según la cual los búhos jóvenes no aprenden a volar, hasta que les han sacado despiadadamente los ojos a sus progenitores. En cambio, durante la dinastía Shang, este ave tuvo un significado primitivo, puesto que muchas vasijas de bronce ostentan su figura y fue emblema de Huang-ti, el emperador amarillo, el gran fundador.

En la cultura preazteca del antiguo México (Teotihuacán), la lechuza estaba consagrada al dios de la lluvia, pero entre los aztecas simboliza una criatura demoníaca nocturna y un mal presagio. En varios códices se la representa como el guardián de la casa oscura de la tierra. Asociado a las fuerzas clónicas, es también un avalar de la noche, de la lluvia de las tempestades. Este simbolismo lo asocia a la vez con la muerte y las fuerzas de lo inconsciente, que gobiernan las aguas, la vegetación y el crecimiento. Esta ambivalencia interpretativa queda ilustrada con el siguiente refrán «Lo que para uno no es su lechuza, es para otro su ruiseñor”.

 

                                           El BÚ

ilustración obra de: ilustracionesdavidpi.blogspot.com

Nuestro país también tiene su propia leyenda de un peligroso búho o  lechuza antropomorfo cuya visión provoca funestas consecuencias.

Tanto en Villamanrique como en Torre de Juan Abad, se le tenía por un enorme y negro búho de cuerpo deforme, grandes alas silenciosas, ojos rojos como platos, dos navajas eran su amenazador pico, las garras como trampas loberas.

Cuentan que eran muy frecuentes sus apariciones. Se presentaba al reclamo de auxilio de las mamás y abuelas, a la hora de la siempre evitada siesta infantil. Se encuentra mención a este ser en distintos cantares castellanos:

Duérmete mi niño / Que ya viene el bú / Que se lleva a los niños / Así como tú

Landú, landú / serenadito landú / cierra tus ojos niñito / o vendrá el Bú.

 

Recuerda. Si quieres ayudar a sobrevivir este blog, y te gusta la mitología, puedes comprar nuestro libro. A la venta en este blog.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

https://es.wikipedia.org/wiki/Hombre_polilla

Las terroríficas a las apariciones de ‘Mothman’  Jose Manuel Garcia Bautista

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/lechuzas-y-buhos-aves-de-mal-aguero/html/

https://mitologiaiberica.fandom.com/es/wiki/B%C3%BA

El mito del hombre lobo(parte 1)

El mito del hombre lobo(parte 1)

EL MITO DEL HOMBRE LOBO

imagen de David Reñe «Guía de los seres mitológicos españoles»

 

Las historias sobre hombres lobo se remontan a tiempos antiguos, siendo un patrimonio común en el folclore de los pueblos. En primer lugar, cabe señalar una clara diferenciación entre dos figuras que suelen confundirse. Por un lado, tendríamos la licantropía como síndrome o enfermedad mental estudiada por la medicina[1]. Las causas que llevan a una persona a sufrir tal síndrome son heterogéneas. Aunque ciertamente se suele presentar en personas bipolares, con esquizofrenia, o incluso con psicosis aguda[2], no siempre es así[3]. Los casos de licantropía no se circunciden a los humanos, pues se han registrado casos en perros, ranas e incluso en abejas[4].

Ya se mencionan casos de licantropía en tiempos muy antiguos. Así lo atestigua Marcelo de Side en uno de los pocos fragmentos que se conservan de su época:

Los dominados por la enfermedad llamada cinantropía o licantropía salen de noche durante el mes de febrero, imitando en todo a lobos o perros, y hasta que se hace de día pasan el tiempo especialmente en torno a los sepulcros, a los que abren. Reconocerás al que la padece por los siguientes síntomas: se encuentran pálidos, tienen la vista debilitada y los ojos secos, sin lágrima alguna. Los verás con los ojos hundidos y la lengua seca, sin gota de saliva. Están sedientos y tienen las piernas con heridas abiertas por sus constantes caídas y los mordiscos de los perros[5].

También hay que mencionar la extraña enfermedad conocida como hipertricosis. Es un grupo de patologías relativamente raras y que son conocidas desde hace siglos.

Consiste en un aumento excesivo de lanugo, pelo velloso o terminal que aparece de manera independiente de la edad, raza o sexo y que afecta zonas del cuerpo, no dependientes de estímulos androgénicos. Muchos de los que la padecían eran asociados a hombres lobos o expuestos en circos, siendo el más conocido el ruso Theodoro Petrov, apodado Jo, el niño caro de perro o Sky Terrier[6].

En opinión de otros investigadores, enfermedades como la Herpes estiomenos y la porfiria[7] ayudaron a que se extendiera la creencia de los hombres lobo.

Radicalmente distinto resulta el tema de los hombres lobo. En este caso, nos encontramos con historias en que efectivamente se da la transformación del hombre en lobo. Estas gozan también de gran antigüedad y tradición, pues pueden rastrearse por amplias zonas del globo. Las tradiciones en la zona mediterránea sitúan su origen en la antigua Mesopotamia. Concretamente, en el antiguo texto mítico conocido como Epopeya de Gilgamesh, donde Ishtar transforma en lobo a un pastor que había sido su amante[8]. También el historiador Heródoto nos da noticias de hombres lobo. En sus escritos habla de la capacidad de los neures, pueblo vecino de los escitas, para transformarse en lobos. Al parecer podían transformarse tan solo una vez al año durante unos días, y retornaban después a su forma humana[9].

imagen de Canva.com

 

Tampoco escapa la mitología griega de los relatos de hombres lobo. En su antigua religión, se contaba la historia de Lycaon, monarca de Arcadia, que había sido recto y justo. Sin embargo, tanto él como su familia cometieron crímenes terribles que hastiaron al propio Zeus. Este, al comprobar cómo se daban a la antropofagia y cometían rituales mágicos‑religiosos de sacrificios humanos, castigó a Lycaon. Lo condenó a convertirse en un lobo salvaje y perder la razón, como bien nos relata Ovidio en su Metamorfosis[10]. Por su parte, los romanos utilizaron el término versipellis (piel vuelta): se suponía que el pelo les crecía hacia dentro. Se conservan algunas descripciones de ellos, como la que Petronio incluye en su Satiricón[11].

Otra fuente de relatos sobre hombres lobo viene constituida por la tradición germánica[12]. Ya en tiempos de la antigua Roma, los germanos se creían hijos del dios lobo, lo que los convertía a estos en licántropos. De estas tradiciones pudo surgir la palabra anglosajona werewolf. Por su parte, los egipcios creían en el dios lobo Upuatut[13] y los antiguos pueblos nórdicos, en el gran lobo Fenirir. En la India se cree en el dios Pushan y en Mongolia se cree en el lobo azul, Bortä‑Tchino[14].

[1] «En medicina, la licantropía clínica está bien descrita como una rara condición psiquiátrica en la que el paciente cree que es posible su transformación anatómica total parcial en un animal. Creer que es una persona cercana la que se convierte en animal o tomar únicamente el comportamiento de determinado animal son también variantes de este síndrome». VV. AA.: «Mitos y ciencia: licantropía clínica y hombres lobo», Boletín Mexicano de Historia y Filosofía de la Medicina 11, n.º 2 (2008): 68–70, <https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?>, pág. 68.

 

 

Este ha sido un extracto del libro «guía de los seres mitológicos españoles». Puedes comprarlo en este blog

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

[2] VV. AA.: «Mitos y ciencia: licantropía clínica y hombres lobo», op. cit. pág. 68.

[3] «En las actas del único caso judicializado de licantropía, el llamado “caso Romasanta”, los psicólogos no encontraron evidencias de trastorno mental». Casado Sánchez, E.: «Homicidio y cultura: un caso de licantropía», Boletín Galego de Medicina Legal e Forense 14 (2005): 27–46, <www.agmf.es/boletines/boletin14>.

[4] VV. AA.: «Mitos y ciencia: licantropía clínica y hombres lobo», op. cit. pág. 68.

[5] Llinares García, Mar: «Lobishome. La metamorfosis en lobo en las tradiciones europea y gallega», Memoria y civilización. Anuario de Historia 17 (2014): 123–48, <https://www.unav.edu/publicaciones/revistas/index.php/myc/article/view/181/258>, pág. 137.

[6] Camargo Sánchez, Andrés: «Cuidando demonios, vampiros, hombres lobos y zombis a lo largo de la historia entre la realidad y la fantasía», Revista U.D.C.A. Actualidad & Divulgación Científica 19, n.º 2 (2016): 285–95, <https://revistas.udca.edu.co/index.php/ruadc/article/view/82.>. (289-290)

[7] «Sin embargo, la licantropía no se explica solamente por trastornos psiquiátricos, pues existen otras dos entidades que hacen alusión al mito del hombre lobo. La primera de ellas incluso debe su nombre al hecho de que la morfología de sus lesiones recuerda las mordidas de un lobo hambriento: el lupus eritematoso sistémico, una enfermedad autoinmune. Se atribuye a Hipócrates la primera descripción de una ulceración cutánea, quien la llamó Herpes estiomenos (significa algo así como dermatosis roída o en mordiscos). El vocablo lupus no fue usado sino hasta el año 1230, cuando Rogerius Frugardi describió las erosiones faciales características de la enfermedad. La designación de «lupus eritematoso sistémico», propiamente dicho, fue acuñada hasta finales del siglo XIX por Sir William Osler, quien para entonces ya hacía referencia a afecciones de tipo cardíaco, pulmonar y renal en los pacientes con dicha enfermedad. Es así como el simple hecho de que las lesiones fueran aparentadas a las mordidas de un animal hizo pensar que se trataba de heridas autoinflingidas por un individuo después de haber adquirido la morfología bestial. La otra entidad de la cual pudo haber derivado el mito de la licantropía es un conjunto de enfermedades conocido como «porfirias», que se deben a anomalías enzimáticas en la ruta de síntesis del grupo hemo, y que se caracterizan, entre otras cosas, por provocar fotosensibilidad. Es la razón por la cual, a modo de protección, en algunas ocasiones se presenta una marcada hipertricosis, el crecimiento del vello corporal en zonas no dependientes de andrógenos, en las partes del cuerpo que no están cubiertas por prendas de vestir. Esta última característica, aunada a las manifestaciones neurológicas y psiquiátricas que presentan algunas variantes de porfirias, bien pudieron aparentar el arquetipo del licántropo en algún desdichado». Salazar Morales, Miguel Fernando y María Alicia del Sagrado Corazón Cea Bonilla: «Licántropos, hematófagos y brujas: ¿enfermos incomprendidos de su época?», CIENCIAS 103 (2011): 4–11, <https://www.revistaciencias.unam.mx>. (6)

[8] Llinares García, Mar: «Lobishome. La metamorfosis…», op. cit. pág. 124.

[9] Halicarnaso, H.: Los nueve libros de la historia de Herodoto de Halicarnaso (elaleph.com, 2000), <https://doi.org/10.1017/CBO9781107415324.004>. IV, 105,2, p. 385

[10] 401Ovidio Nasón, Publio: Metamorfosis, ed. Ana Pérez Vega, 1a (Barcelona: Editorial Bruguera. S. A, 1983). Libro 1,2.

[11] VV. AA.: Los hombres lobo, 1a (Madrid: Penguin Clásicos, 2017). pág. 6.

[12] Blécourt, W de: “I Would Have Eaten You Too : Werewolf Legends in the Flemish, Dutch and German Area,” Folklore 118 (2007): 23–43, <http://hdl.handle.net/20.500.11755/1e908e27-506a-4582- 8a69-f77511e14ae2>.

[13] 404«Los egipcios tenían un dios lobo de los muertos llamado Upuaput (“lo que abre el camino”), que era el encargado de guiar la barca del Sol en su desplazamiento nocturno. Upuaput tenía una ciudad, que posteriormente los griegos llamarían Licópolis, que recuerda cómo un ejército de lobos había detenido a una invasión etíope sobre el territorio. Cuando el dios lobo era invocado por los vivos, los conducía por múltiples pruebas hasta llegar al camino de los Bienaventurados». Solé‑Cabrera, Alba, Alba Solé‑Sorribes y Silvia Vidal: «La Fera d’ulls de Color Mel. El Seu Retorn a Catalunya», 2011.

[14] <https://proyectoaullidos.wordpress.com/el-lobo-en-la-mitologia/>.

 

El calamar gigante

El calamar gigante

 El calamar gigante

 

imagen de:  PaperCutIllustration

 

 

A lo largo de la historia, numerosos textos antiguos hacían referencia a avistamientos de unos cefalópodos de proporciones titánicas. Se hablaba de grandes bestias salvajes que destruían embarcaciones y devoraban a sus tripulantes. ..

Aristóteles, que vivió en el siglo IV a. C., describió un calamar de gran tamaño, que él denominó teuthus, distinguiéndolo del calamar más pequeño, los teuthis. Él menciona que “de los calamares el teuthus es mucho más grande que los teuthis; entre los teuthi [plural del teuthus] se han encontrado ejemplares de un tamaño de hasta cinco brazas.”14

Plinio el Viejo, que vivía en el siglo I d. C., también describió un calamar gigantesco en su Naturalis Historia, con la cabeza “tan grande como un barril”, los brazos 9,1 m de largo, y una masa corporal de 320 kg.Según la crónica de Plinio, la cabeza de aquella criatura consistía en una gran bolsa con capacidad para 400 litros; sus brazos (anudados como mazas) median cerca de 9 metros de longitud y estaban provistas de ventosas de más de un litro de capacidad, y sus dientes correspondían a su tamaño.

Por su parte, se  hablaba de El kraken  una enorme y colosal criatura marina de la mitología escandinava descrita comúnmente como un tipo de pulpo o calamar gigante o medusa que, emergiendo de las profundidades, ataca barcos y devora a los marineros. El mito puede realmente haberse originado en avistamientos de calamares gigantes reales que estimadamente tendrían de 33 a 45 metros de largo, incluyendo las 10 patas con tentáculos. Se podría decir que es aun más grande que el megalodon.1

Posteriormente, en el libro Historia de gentibus septentrionalibus (Historia de los pueblos del Norte) escrito por Olaus Magnus (1490-1557)Encontramos algunos  testimonios de avistamientos del calamar gigante:

«Aquellos que, para comerciar o pescar,
navegan por las costas de Noruega, coinciden en el relato de
una historia realmente admirable, la de una enorme
serpiente (Soe Orm) de una longitud de más de 200 pies, y
20 pies de diámetro que vive en las rocas y agujeros cerca
de la costa de Bergen; sólo sale de su caverna en las noches
de verano y con buen tiempo, para devorar terneros,
corderos y cerdos, o se sumerge en el mar para comer
pulpos, langostas y todo tipo de cangrejos. Tiene una hilera
de pelos de dos pies de largo que le cuelgan del cuello,
escamas afiladas de color oscuro, y ojos brillantes y
llameantes. Ataca a los barcos, se levanta fuera del agua, se
lleva a los hombres y los devora; y normalmente esto no
sucede sin que algo terrible acontezca en el reino, sin un
cambio próximo: o los príncipes van a morir o serán
exiliados, o una guerra va a estallar pronto.

imagen de : bbc.com

Entre 1870 y 1880, se encontraron un gran número de calamares varados en las costas de Terranova. Por ejemplo, un espécimen de Thimble Tickle Bay en Terranova, hallado el 2 de noviembre de 1878, medía 6,1 m de largo. Uno de sus tentáculos medía 10,7 m de largo y se estimó que tenía un peso de 2,2 t. En 1873, un calamar «atacó» a un ministro y a un niño en un Dory en Isla BellTerranova. También se han encontrado calamares gigantes varados en Nueva Zelanda a finales del siglo XIX.

 

Posteriormente, en 1905,  dos naturalistas,  E. G. B. Meade-Waldo y M. J. Nicoll, vieron un extraño animal frente a las costas de Brasil en el transcurso de una campaña científica a bordo del yate Valhalla. Meade-Waldo publicó sus observaciones bajo el título Description of an Unknown Animal Seen at Sea off the Coast of Brazil en 1906 y Nicoll lo hizo en su libro Three Voyages of a Naturalist aparecido en 1908.

En 2004, un calamar gigante, que más tarde fue llamado «Archie», se capturó frente a las costas de la Islas Malvinas por un arrastrero. Medía 8,62 m de largo y fue trasladado al Museo de Historia Natural de Londres para ser estudiado y conservado. Fue mostrado en una exposición del museo el 1 de marzo de 2006. Los hallazgos de un espécimen completo son muy raros, ya que la mayoría de los especímenes se encuentran en malas condiciones después de haber sido lavados en las playas cuando estaban muertos o de sido recuperados del estómago de cachalotes muertos.

Tras este sinfín de descubrimientos, por fin la ciencia tuvo que admitir que dicho animal existía y que, de hecho, exsitían un sinfín de subespecies de architheusis (calamares gigantes). El mayor de ellos es  El calamar colosal (Mesonychoteuthis hamiltoni), también llamado cranquiluria antártica,. Según los cálculos actuales, se estima que podría alcanzar un tamaño máximo de entre 12 y 15 m, basándose en el análisis de especímenes pequeños y sin desarrollo completo; el ejemplar más largo que se ha capturado tiene unos 4,2 m.2​El peso máximo estimado ronda los 750 kg,

 

¿QUIERES AYUDAR A CRECER ESTE BLOG? CONSIGUE NUESTRO LIBRO.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Architeuthis

https://es.wikipedia.org/wiki/Kraken

VV AA Enigmas de la Ciencia: El Calamar Gigante disponible en: https://www.researchgate.net/

Guerra Ángel y F. González Ángel ¿Qué sabemos de? El calamar gigante

KONGAMATO

KONGAMATO

                               Kongamato

 

ilustración obra de  devian art bryansyme.deviantart.com

Kongamato («rompe botes»), en la mitología de África y en criptozoología, es el nombre con el que se conoce a un supuesto monstruo volador. La criatura ha sido avistada en lugares como el pantano de Jiundú en Zambia, en Angola y el Congo. Ha sido descrita como un ave gigante con alas color marrón de dos metros de largo y un pico puntiagudo con dientes afilados. Exploradores han mostrado a los nativos libros con ilustraciones de animales prehistóricos, y estos lo han relacionado con el Pterodáctilo.

 

 

                                                         imagen fuente: https://villains.fandom.com/wiki/Kongamato

 

Ya en un libro de viajes publicado en 1923, Frank H. Melland narra los testimonios de varios indígenas de la región pantanosa de Jiundú, pequeño afluente del Zambeze (en el noroeste de la actual Zambia), que describieron el kongamato, una especie de reptil con alas de murciélago y un largo pico armado de feroces dientes. Cuando Melland dice haber mostrado a los nativos algunas láminas que ilustraban libros de biología con animales prehístóricos, éstos lo habrían relacionado inmediatamente con el pterodáctilo, a la vez murmurando: «kongamatokongamato«.

 

Igualmente, en Zambia y Zimbabue los nativos de la zona también habrían informado a reporteros de la BBC de Londres, sobre un «lagarto volador» con alas de 2 metros de envergadura y semejantes a los murciélagos. Su pico era largo y lleno de dientes. Lo llaman kongamato y lo temen y respetan, ya que según sus tradiciones ataca a seres humanos, especialmente a bebés, a quienes llevaría volando, atrapados entre sus enormes garras.

 

Bibliografía

STANKOVIC , VLADIMIR ilustrated enciclopedia of cryptozoology

 

El buru , el lagarto gigante

El buru , el lagarto gigante

El buru

El buru o bura es un animal acuático que aparece en un mito fundacional del pueblo Apatani . Las historias de la migración de los Apatani a su ubicación actual en el valle de Ziro de Arunachal Pradesh hablan de un pantano que ocupa el valle, habitado por criaturas feroces parecidas a cocodrilos. Drenar el pantano y destruir a las criaturas les permitió cultivar campos de arroz fértiles y asentar el valle.

En 1945 y 1946, James Phillip Mills y Charles Stonor recopilaron detalles sobre Buru de la gente de Apatani. Según los ancianos de Apatani , cuando sus antepasados ​​emigraron al valle de Ziro, el valle era  un pantano poblado por Burus. El pueblo Apatani decidió instalarse en el valle debido a su fertilidad y buen clima. Pero de vez en cuando tenían enfrentamientos con burus. Entonces decidieron drenar el agua del pantano y así eliminar los Burus cuando estaban drenando pantanos para el cultivo de arroz. La mayoría de los Burus murieron a causa del drenaje, y supuestamente muchos pasaron bajo tierra a los manantiales. Buru (criatura legendaria) – https://es.qaz.wiki/wiki/Buru_(legendary_creature)

 

 

                                                                              fuente:              STANKOVIC , VLADIMIR ilustrated enciclopedia of cryptozoology

Hay algunos investigadores que creen que el Buru era una forma de cocodrilo gigante, que a menudo se refiere a veces como Buru entre el pueblo Apatanis. Sin embargo, tanto Bernard Heuvelmans, como Roy Mackal, consideran al Buru como un gran dragón de Komodo como el lagarto monitor. Para apoyar esta teoría se han encontrado fósiles de tal criatura en el subcontinente indio. Heuvelmans también señaló que esas criaturas similares fueron reportadas en la India occidental, donde parecían fusionarse con el dragón tradicional iraní o Ahi, que es similar al dragón chino. El autor George Eberhart notó rumores de una criatura similar en los Pantanos de Tigis de Irak, llamada Afa, posiblemente la misma criatura que los Buru y Ahi.

¿Quieres aprender más sobre nuestra mitología?

Nuestro libro a la venta en este blog (en la pantalla de inicio)

Bibliografía

https://es.qaz.wiki/wiki/Buru_(legendary_creature)

https://aminoapps.com/c/terror-amino-en-espanol/page/item/buru/8WxQ_eXuXInpzlq5Q4dMXYo73glMRj1z0x

STANKOVIC , VLADIMIR ilustrated enciclopedia of cryptozoology

El mito del gigante (parte 1)

El mito del gigante (parte 1)

El mito del gigante

 

imagen de David Reñé : Guía de los seres mitológicos españoles

¿Quieres descubrir todos los secretos de los gigantes?
Desde tiempo inmemorial existen leyendas acerca de la existencia en tiempos remotos de una antigua raza anterior a los hombres de proporciones gigantescas. Era creencia establecida y muy difundida que, antes de la llegada del ser humano, la tierra había sido poblada por seres antropomórficos de una altura colosal.

Los relatos sobre gigantes constituyen uno de los mitos o leyendas más importantes de los pueblos antiguos. Uno de los relatos más antiguos acerca de gigantes es el antiguo texto sumerio conocido como La epopeya de Gilgamesh. En esta historia, Enkidu acompaña al mítico héroe Gilgamesh a largo de sus proezas y aventuras.

Según cuenta la leyenda, los dioses habrían creado a Gilgamesh mucho antes que a Enkidu. Este último llega a enfrentarse a Gilgamesh en un combate feroz del que no sale victorioso. Aunque como humano Enkidu es muy fuerte, Gilgamesh, que mide unos tres metros de altura, tiene unas facultades superiores. El mito no lo llama propiamente gigante, pero a raíz de la descripción que se nos presenta parece una evidencia del mito del gigante.

Más explícita es la cita que podemos encontrar en la Biblia, concretamente en el libro de Génesis 6: 4: «Los Nefilim se hallaban en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos del Dios [Verdadero] continuaron teniendo relaciones con las hijas de los hombres y ellas le dieron a luz hijos, estos fueron los poderosos que eran de la antigüedad, los hombres de fama»[1].

A su vez, en el Libro de los Números 13: 32 y 33 se cita:

 

«Y siguieron presentando a los hijos de Israel un informe malo acerca de la tierra que habían espiado. La tierra, por la cual pasamos a espiarla, es una tierra que se come a sus habitantes; y toda la gente que vimos en medio de ella son hombres de tamaño extraordinario. Y allí vimos a los Nefilim, los hijos de Anac, de modo que llegamos a ser a nuestros propios ojos como saltamontes, y así mismo llegamos a ser a los ojos de ellos»[2].

La historia de estos míticos gigantes aparece incompleta, con grandes lagunas en su redacción. No explica del todo de dónde surgieron, por qué tenían ese tamaño y ese agresivo comportamiento.

 

Para ello queremos acudir a un viejo texto considerado apócrifo por muchas de las iglesias cristianas, conocido como El libro de Enoc. Allí se encuentra la historia completa de los nefilim. Dios había ordenado a una patrulla angélica conocida bajo el nombre de «los vigilantes» controlar a los seres humanos. Pero resulta que «los hijos de Dios»[3] vieron a «las hijas de los hombres» y quedaron prendados de su belleza. Según se cuenta, se mezclaron carnalmente con los humanos y tuvieron descendencia[4].

                                                                   imagen de pixabay.com

 

Fruto de esa unión salieron seres de tamaño colosal incapaces de controlar sus más bajos instintos. Solo conocían la barbarie y la violencia, siendo la guerra cruenta la mayor de sus pasiones[5]. Eran muy superiores en tamaño y fuerza a los humanos, por lo que no tardaron en poner a la raza humana al borde de la extinción. Estos serían conocidos como los nefilim (los caídos), gigantes salvajes y fuera de control fruto de una unión contra natura.

Los gigantes se multiplicaron de tal forma que la única manera de salvar a la raza humana fue un diluvio que ahogara a todos los nefilim. Como eran de gran tamaño, el diluvio tuvo una duración de 40 días y 40 noches para que el nivel del agua subiera lo suficiente como para poder ahogarlos. No solo fueron castigados los nefilim, sino que los vigilantes, unos 200 según el texto, fueron condenados a permanecer en la tierra hasta el fin de los tiempos por su indiscreción[6].

Tenemos otro ejemplo de creencias en gigantes entre los antiguos helenos. Según la mitología griega: los gigantes eran hijos del Cielo y la Tierra o, según Hesíodo, nacidos de la sangre que brotó de la herida de Urano. Se los describe con fuerzas monstruosas, mirada terrible, cabellos muy largos, barba copiosa, piernas en forma de cola y serpiente, con cien brazos y cincuenta cabezas. Declararon la guerra a los dioses y, resueltos a destronar a Zeus (Júpiter), lo sitiaron en su propio trono. Lanzaron sobre los dioses rocas que, al caer al mar, se convirtieron en islas, o en montañas si daban en la tierra. Fueron vencidos finalmente por Hércules[7].

Los nórdicos también creían en gigantes. En Escandinavia, tenemos la leyenda de Thor y el gigante llamado Thrym, quien roba al primero su mágico martillo, con el cual podía matar a sus machos cabríos que tiraban de su carro, comerlos y con solo poner su martillo sobre las pieles inertes los animales cobraban nueva vida[8].

El mito se perpetua en épocas posteriores, como en tiempos cristianos. Fray Luis de Torquemada en su tratado Jardín de flores curiosas:

No faltan testimonios para darles crédito; porque si queremos mirar a las antigüedades hallaremos lo que el señor Luis ha dicho en la Sagrada Escritura de los gigantes que con Nembrot, después del Diluvio, edificaron aquella torre para salvarse en ella cuando otro viniese (o, según la opinión de algunos autores gentiles, para hacer guerra a los dioses y tomarles el cielo por fuerza); y todos estos debían de ser, para con los hombres de agora, de una grandeza espantable. Y viniendo a otros tiempos que han sido cerca de los nuestros, a todos nos es notorio lo que está escrito y confirmado por autoridad de la Iglesia de la vida de San Cristóbal, por la cual se entiende haber sido tan grande como los más de los que aquí hablemos nombrado; y conforme a un colmillo suyo que me dicen que está en la iglesia de Coria, y a la parte de una quijada que está en la iglesia de Astorga y tienenla por muy preciosa reliquia, la cual yo he visto muchas veces, no podía dejar de ser tan grande como una muy alta torre. Porque la muela entera es tan grande como un puño de un hombre, cerrado, y, proporcionando todo el cuerpo conforme a ella, o conforme a la parte de la quijada, viene a ser tan grande que pone admiración a los que lo están considerando.

Y también, sin esto, he yo oído decir a algunas personas que han estado en el monasterio de Roncesvalles que hay allí algunos huesos los cuales dicen ser de los que murieron en la batalla que Carlo Magno fue vencido por el rey don Alonso de León, en la cual por el grande esfuerzo de Bernardo del Carpio fueron muertos muchos de los doce Pares de Francia, y que estos huesos son de tanta grandeza que parecen de gigantes; y así, un fraile que traía medida de una canilla de pierna me la mostró, y pareciome que era casi tan grande como tres canillas de las comunes, y en esto refiérome a los que las o vieren visto; que yo digo lo que me contaron. Y también me dijeron que había algunas armas tan grandes y pesadas que daban buen testimonio de la grandeza de los que las traían y meneaban[9].

 

¿QUIERES SABER MÁS?

 

A la  venta en este blog 

 

 

 

 

 

Bibliografía

 

[1] R. Gutiérrez, Óscar: «Quinametin (gigantes) del mundo mesoamericano y algunos otros de la mitología universal», Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas 2 (1996): 25–34, <iihaa.usac.edu.gt/archivohemerografico/wp…/29_estudios_ago_1996_gutierrez.pdf%0A>. (27)

[2] R. Gutiérrez, Óscar: «Quinametin (gigantes) del mundo mesoamericano y algunos otros de la mitología universal», op. cit. pág 27.

[3] La expresión «los hijos de Dios» se trata por supuesto de un nombre en clave. La misma pretende poner de manifiesto que se trata de unas criaturas más cercanas a Dios en la jerarquía. Dicho de otro modo, son hijos de Dios porque participan en mayor medida de su naturaleza.

[4] «Todos sus jefes tomaron para sí mujeres y cada uno escogió entre todas. Comenzaron a entrar en ellas y a contaminarse con ellas, a enseñarles la brujería, la magia y el corte de raíces y a enseñarles sobre las plantas. Quedaron embarazadas de ellos y parieron gigantes de unos tres mil codos de altura que nacieron sobre la tierra y conforme a su niñez crecieron; y devoraban el trabajo de todos los hijos de los hombres hasta que los humanos ya no lograban abastecerles. Entonces, los gigantes se volvieron contra los humanos para matarlos y devorarlos». El libro de Enoc, 4.a (Málaga: Hojas de luz, 2015), capítulo 7.

[5] «Y los espíritus de los gigantes, de los Nefilim, que afligen, oprimen, invaden, combaten y destruyen sobre la tierra y causan penalidades, ellos, aunque no comen tienen hambre y sed y causan daños». El libro de Enoc, 4.a (Málaga: Hojas de luz, 2015), capítulo 15.

[6] Aquí estarán los vigilantes que se han conectado por su propia cuenta con mujeres. Sus espíritus, asumiendo muy diversas apariencias, se han corrompido y han descarriado a los humanos para que sacrifiquen a demonios y dioses, hasta el día del gran juicio, en que serán juzgados y encontrarán su final». El libro de Enoc, 4.a (Málaga: Hojas de luz), capítulo 19.

[7] R. Gutiérrez, Óscar: «Quinametin (gigantes) del mundo mesoamericano y algunos otros de la mitología universal», op. cit. pág. 25.

[8] R. Gutiérrez, Óscar: «Quinametin…», op. cit. pág. 27.

[9] De Torquemada, A.: Jardín de flores curiosas, pág. 52.

 

El mito del vampiro (PARTE 1)

El mito del vampiro (PARTE 1)

     El mito del vampiro

¿Conoces la historia del mito del vampiro?
Fue la novela de Bram Stoker, Drácula, la que catapultó la historia del vampiro a la fama mundial. Pero antes de la célebre publicación de la novela, ya venían contándose mitos y leyendas de vampiros desde hacía siglos.

Lo cierto es que historias de vampiros ya existían desde la noche de los tiempos. Los primeros testimonios podemos encontrarlos entre los acadios y los sumerios, de los que bebe el mito hebreo de Lilith. En la Grecia Clásica se creía en las lamias, seres mitad vampiro y mitad mujer que vivían en los cementerios, desenterraban los cadáveres y se comían sus carnes.

Los romanos creían en las strige o strix, pájaros vampiro que se creía que eran la reencarnación de aquellos que en vida habían sido maléficos. Las strix volaban durante la noche sobre las cunas de los niños y les chupaban la sangre[1]. Los casos de vampiro no se reportan tan solo en Europa, sino que se encuentran dispersos alrededor del globo[2]. Por tanto, hay que entender el mito del vampiro como un sustrato cultural común a casi la práctica totalidad de las culturas.

En cuanto al origen del término «vampiro», es probable que provenga de palabra magiar vampyr. Este término de origen eslavo aparece también en ruso, polaco, checo, serbio, y búlgaro (si bien encontramos también las variantes rusas upir / upyr y upuir en el sur de Rusia; búlgaras vapir / vepir; rutenas tlepyr / vopyr / opyr y la variante polaca upier)[3].

Se ha discutido hasta la saciedad cómo se originó el mito del vampiro, sin que hasta la fecha haya una tesis concluyente. Algunos han visto en una vieja enfermedad, la porfiria, el origen de los mitos relacionados al vampiro. Quien padece la enfermedad tiene palidez, eritrodontia, fotosensibilidad, cambios oculares, hipertricosis e incluso daño óseo[4. En algunos casos, «el exceso de porfirinas, además de afectar la piel, provoca un compromiso sistémico crónico, especialmente de tipo hepático o biliar y, lo más grave, origina crisis neuro‑psiquiátricas que pueden llevar a alucinaciones, trastornos de personalidad, parálisis de extremidades y paros respiratorios, con riesgo de muerte»[5].

Sin embargo, como bien afirma Salomé Guadalupe, la catalepsia no explicaría la no descomposición de los cuerpos con que se asocian los mitos vampíricos[6]. La falta de descomposición en los cadáveres por la falta de oxígeno en la tumba[7], la baja temperatura o la saponificación[8] podrían en parte explicar el fenómeno, mas no del todo.

Puede que no exista una única forma de entender el mito del vampiro. Sino que es muy probable que, en la gestación de la leyenda hayan contribuido episodios de distinta índole. Con tan solo la ciencia no puede entenderse en su complejidad el mito del vampiro, pues lleva a una tesis imperfecta y reduccionista[9]. Lo más prudente para mí es no pronunciarme y dejar que cada uno decida de qué trata este mito. Si es leyenda, superstición, patología, mito o realidad. Fueran las que fueran las circunstancias que dieron vida al mito del vampiro, lo cierto es que este sobrevivió a la época antigua.

En la Edad Media, el mito del vampiro resurgiría con fuerza. Los primeros padres de la Iglesia vieron en el vampiro una manifestación del diablo. La figura del vampiro, asociada ahora a la acción del maligno, tomaría carices muy distintos. Una parte de los curas asociaría el vampiro con una clase de demonios llamados súcubos. La explicación era que el diablo necesitaba semen humano para crear su progenie. De este modo, San Agustín indicaba:

[…] que los demonios no pueden producir semen, a pesar de tener pasiones similares a las humanas. Por ello lo toman del cuerpo de diez hombres para inyectarlo después en el cuerpo de las mujeres dormidas y dejarlas embarazadas. Santo Tomás de Aquino es quizás más específico, cuando indicaba que, como el diablo no puede producir semen, se convierte en súcubo para recibir el semen del hombre y posteriormente en íncubo para trasmitirlo a la mujer[10].

 

¿Quieres saber más? Descubre más historias en nuestro libro. A la venta en este blog

 

BIBLIOGRAFÍA

[1] Agustí Aparisi, Carme: «Calmet y el vampiro…», op. cit. pág. 181.

[2] El repertorio de seres vampirescos es mucho más extenso y entre ellos pueden citarse los ekimmus en Asiria, guls entre los árabes, jigar-khor en la India, los ch’ing-shihs en China, los jikinikis en Japón o los khu en Egipto, entre otros. Otro ejemplo todavía más lejano es el antiguo mito del dios murciélago en las culturas mesoamericanas vinculado a la sangre, a la noche, a la oscuridad y relacionado con otras criaturas del inframundo a su vez asociadas a los decapitados en ciertos sanguinarios sacrificios rituales (entre esas criaturas se cuenta de nuevo la araña, el búho y el alacrán). Puede decirse que el mito de la sangre como fuente de juventud y vida es una constante prácticamente universal.

[3] Ingelmo Guadalupe, Salomé: «La sangre es la vida, a la caza del vampiro semítico», Isimu 11 (1999): 143–64, <https://revistas.uam.es/isimu/article/download/3689/3927>. (143)

[4] «Las porfirias son un grupo heterogéneo de desórdenes metabólicos congénitos y/o adquiridos que consisten en una falla en la biosíntesis del grupo hem de la hemoglobina, cuya consecuencia es el depósito anormal de porfirinas en distintos tejidos como la piel, sangre, hueso y dentina, además de heces y orina. Los pacientes de dicha enfermedad presentan algunos de los síntomas algo similares a los que presenta el vampiro en el mito». Díaz‑Rosales, Juan de Dios E. Romo Jesús: Mitos y ciencia: Porfiria y vampirismo, op. cit. pág. 45.

[5] Díaz‑Rosales, Juan de Dios E. Romo Jesús, op. cit. pág. 46.

[6] «Pero sin embargo la catalepsia no explicaría en absoluto la no descomposición de los cuerpos. Esta teoría obligaría por tanto a sostener que todos los cuerpos que según las crónicas fueron desenterrados y presentaban síntomas de vampirismo, fueron desenterrados poquísimo tiempo después de su defunción y sabemos a través de las crónicas que esto no es cierto». Guadalupe Ingelmo, Salomé: «La sangre es la vida», op. cit. pág 162-163.

[7] «El primero en este hallazgo fue un importante personaje histórico que merece ser nombrado, es el austriaco Gerard von Sweiten (1700-1772), quien fue médico de cabecera de la emperatriz María Teresa y director de la Facultad de Medicina de la Universidad de Viena. Su importancia radica en haber sido uno de los primeros científicos en oponerse a las supersticiones sobre los vampiros. En su Discurso sobre la existencia de los fantasmas (Abhandlung des Daseyns der Gespenster), Sweiten expone argumentos racionales en contra de este mito. Menciona, por ejemplo, que la falta de oxígeno en algunas tumbas evitaba el proceso de fermentación en los cuerpos y que esta era la causa de que al exhumar algunos cadáveres no se apreciara una descomposición. Como consecuencia de este reporte, la emperatriz María Teresa emitió un comunicado que dictaminaba la prohibición de prácticas como el empalamiento, la decapitación y la cremación de los difuntos». Salazar Morales, Miguel Fernando y Cea Bonilla, María Alicia del Sagrado Corazón: «Licántropos, hematófagos y brujas…», op. cit. pág 8.

[8] «En cualquier caso, podría existir una explicación científica para la no descomposición de los cuerpos al margen de las bajas temperaturas: la saponificación. Este proceso puede desarrollarse en lugares húmedos y consiste en la conversión de los tejidos subcutáneos en una substancia similar a la cera, que permite que el cuerpo se conserve durante años. Son las grasas las que se convierten en jabón, actuando como catalizadores de la reacción los fermentos denominados lipasas». Guadalupe Ingelmo, Salomé, op. cit. pág. 163.

[9] «El racionalismo y la todopoderosa ciencia han intentado explicar a través de la medicina, con todas las propuestas imaginables, el mito del vampiro, estudiando las epidemias de vampirismo declaradas en los Balcanes a fines del siglo XVII e inicios del XVIII. Parece que los médicos se olvidan absolutamente de todo el bagaje cultural que existe alrededor del vampiro y no se dan cuenta de que sus sesudas explicaciones servirían, como mucho, para explicar los casos “recientes” de vampirismo atestados en Europa, pero en absoluto para explicar el nacimiento del mito en si en las sociedades antiguas. Además, dado lo arraigada que se encuentra la figura del vampiro en el inconsciente colectivo desde probablemente la más tierna infancia del hombre, no resulta necesario ni siquiera intentar explicar el fenómeno reciente a través de causas médicas, dado que no hay que perder de vista la sugestión». Guadalupe Ingelmo, Salomé, op. cit. pág. 162.

[10] Guadalupe Ingelmo, Salomé, op. cit. pág. 148.

 

 

Los duendes (parte 1)

Los duendes (parte 1)

imagen de: jean baptiste monge

«El duende, pues, era el fuego de las humanidades primitivas. Cuando por vez primera apareció en las oscuridades de la noche se le juzgó el espíritu más grato, más próximo y más amigo. […] Y el fuego brotó pronto, como un muerto amoroso y protector que se transformaba en lumbre…” (Constantino Cabal)

 

Desde la noche de los tiempos puede rastrearse la creencia en unos seres elementales de la naturaleza, los gnomos y los duendes. Su mundo se desarrolla paralelo al nuestro, y aunque ambos se encuentran conectados, parece que su mundo se rige por unas reglas distintas que escapan a nuestra comprensión.

En cuanto a los habitantes de este maravilloso mundo, los seres feéricos, también llamados «gente pequeña» o duendes, son la personificación de las pasiones y de los sentimientos de las almas que existen en los bosques, los ríos, los caminos y las casas. La «buena gente» son seres mágicos que viven entre este mundo y el sobrenatural del que provienen.

Acercarse al estudio de estos simpáticos personajes puede presentarse como un camino tortuoso. La primera dificultad de presentar este tema es que han recibido multitud de nombres a lo largo de la historia. Así a los gnomos en otros lugares les llamaban dwarfs, dvergar, pigmeos, etc. Con un único fin divulgativo, me he tomado la libertad de «clasificar» estos seres de acuerdo con las referencias que de ellos hacen las fuentes.

En Cataluña y las Islas Baleares, se habla de un tipo de enano, «el negret», que tiene la capacidad de convertir en oro lo que toca. Inclusive él mismo es capaz de convertirse en oro de acuerdo con la tradición[1]. En Cantabria existe la leyenda del «enano buscador». «Alegre y bromista, es de ronca voz y fuerte risa. De tamaño pequeño, como todos los duendes, su larga nariz y grandes ojos negros le ayudan en su labor de rastreador[2]. Si en alguien pierde un objeto importante solo debe recitar: “Duende, duende, duendecito una cosa yo perdí; duende duendecito compadécete de mí”»[3].

 

 

 

Fuente : pixaby.com

Los duendes de los niños 

 

Además de los ya conocidos duendes familiares, existen también a lo largo de toda la geografía Española unos duendes muy simpáticos. Estos son los duendes “de los niños», con quienes juegan y cuidan. Estos diminutos elementales suelen acompañar a los niños cuando están solos y cuando duermen, siendo los vigías de sus sueños.

Una manera muy curiosa de manifestarse que tienen estos duendes, es a través de las motas de polvo, visibles al fundirse con los rayos de sol. Sin embargo, el privilegio de verlos solo ocurre durante la infancia ya que al crecer, se cree que perdemos esa sensibilidad para percibirlos.

 

Bibliografía

[1] «Si un afortunado mortal se topara con este personaje y se le ocurriera rozarlo con la candela, el negret se convertiría inmediatamente en monedas contantes y sonantes, haciendo rico al humano suertudo. Estas tradiciones se encuadran dentro del mito del “toque mágico”, es decir, se debe efectuar un contacto especial con algún objeto o material determinado para que el espíritu conceda sus dones y favores (como ocurre con la gallina y sus pititos de oro de las hadas) o para que se produzca el desencantamiento (como ocurre con las ayalgas asturianas)». Callejo Cabo, Jesús, op. cit. pág. 46.

 

[2] Cano Herrera, Mercedes, op. cit. pág 64.

 

[3] Cano Herrera, Mercedes, op. cit. pág 64.

Las hadas(parte 1)

Las hadas(parte 1)

imagen de canva.com

En cuanto a las aptitudes que tienen las hadas, estarían las dotes adivinatorias. Esta información la he conocido por dos métodos distintos. Una primera es la de las diferentes opiniones de los autores que han estudiado el tema con detenimiento. Una segunda nos la ofrece la simbología oculta que existe en los relatos que he podido recopilar.
Empezando por sus costumbres, hay que señalar que son harto distintas a las de los humanos. Rara vez comen, pero si lo hacen, parece que son capaces de alimentarse de productos cuyo consumo no hartaría ni siquiera a nuestros infantes. Dicho de otro modo, parece bastarles con el consumo de productos que per se no tienen los valores nutricionales que requiere un ser humano. Cuando no se alimentan de las flores o de su néctar, llegan a comer de algún nutriente humano, sin que entre estos se encuentren la carne o el pescado.
Su religión recuerda a una forma peculiar de animismo. Piensan que todo lo que existe es digno de protección, pues creen que tiene su propia energía vital. Asumen que hay una energía superior, una especie de deidad etérea, que ellos relacionan con el espíritu supremo representado en diferentes figuras en función del medio que ocupen.
Parece que dos de sus mayores pasatiempos son la danza y la música. Su resistencia antinatural les permite bailar sin cesar durante horas, por lo que si un humano participa de esta danza mágica puede morir de puro agotamiento

La mayor parte de los testimonios hablan de mujeres menudas y hermosas, de piel extremadamente fina y pálida. Suelen llevar los cabellos sueltos e ir ataviadas con amplias y largas túnicas de colores claros y, en ocasiones, con mantos de color.

Imagen de canva.com

 

¿Quieres saber más? Descubre más en nuestro libro. A la venta en este blog

 

Las anjanas (parte1)

Las anjanas (parte1)

                                                     Las anjanas 

 

Como espíritus elementales de la naturaleza que son, comprenden todos los secretos de las poderosas fuerzas de la naturaleza.

Ya advertimos que en el Bierzo habitaban bicéfalas aves fantásticas emparentadas con los unicornios resistentes a todos los veneros y ondinas, modalidad autóctona de las anjanas de hermosos cabellos, muchachas que gustaban salir de fiesta la noche de San Juan para peinarse con peines de oro a la vera de fuentes y ríos. La anjana montañesa es un ser bondadoso por naturaleza, protegiendo a los enamorados y a quienes se extravían en el bosque, mujeres hermosas efectivas, apaciguan a las bestias y curan a los animales heridos. También se dice que son espíritus arbóreos que tienen encargado el cuidado de los bosques, se alimentan de sus frutos y viven en grutas secretas repletas de oro y plata (José L. Hernando, Mitos de Catilla y León, 2004).

Un ejemplo de estas hadas bondadosas lo encontramos en las tierras de Cantabria, donde estas historias son muy comunes y reciben el nombre de anjanas. «Su descripción es parecida a todas sus hermanas peninsulares. La mayor parte de los testimonios hablan de mujeres menudas y hermosas, de piel extremadamente fina y pálida, que suelen llevar los cabellos sueltos e ir ataviadas con amplias y largas túnicas de colores claros y, en ocasiones, con mantos de color»[1].

Su belleza no tiene parangón, siendo más bellas que los mismos rayos de sol. No hay producto de orfebrería que pueda siquiera acercarse a la belleza de sus atuendos. Lo mismo ocurre con sus capacidades mágicas, pues son capaces de grandes sortilegios y poderosos prodigios. Suelen aparecer portando un misterioso báculo con el que son capaces de obrar milagros que a nuestros ojos son auténticas maravillas:

Como espíritus elementales de la naturaleza que son, comprenden todos los secretos de las poderosas fuerzas de la naturaleza. Conversan con las fuentes y las aguas, que a su sola presencia se agitan y revuelven, al tiempo que aumenta el soplo del viento. Luego se sientan tranquilamente a descansar a la orilla de los arroyos, para retornar a media mañana a su mundo. Pero antes realizan una serie de trabajos benefactores, como limpiar las fuentes, bendecir los rebaños de los pastores, acariciar y reparar los árboles dañados, enfermos o viejos, limpiando sus grietas o eliminando los daños de algún incendio, en los robles, abedules y castaños[2].

 

 

 

Elisa Rivero ha escrito una pequeña historia sobre las anjanas y la traemos a nuestro blog. Esperamos que la disfrutéis y os paséis por su blog 

 

Amia suspiró, sentada en el poyo de su casa montañesa. En el valle, ya nadie recordaba a las hadas. La magia había quedado relegada a comentarios ocasionales sobre las brujas de Cernégula. ¡Si ellos supieran lo que se cocía en esa vieja charca…! Los vencejos colmaban el aire tibio con sus agudos silbidos mientras el sol se escondía tras la loma. Olía a espliego y a río.

—Mamá, nos vamos a la fiesta de San Juan de Escalada. Acuérdate de dar de cenar a Lara —se despidió su hija, desde la puerta del coche. Amia asintió.

La pequeña Lara, su nieta de seis años, la miraba desde el suelo, donde jugaba con un cocodrilo de plástico.

—¡Yo quería ver las hogueras! —se quejó, haciendo un mohín. Sus enormes ojos verdes reflejaban curiosidad.

Algo se encendió dentro del corazón de Amia. Se había prometido; no, había prometido a su marido que el tiempo de las hadas había terminado, pero, ¿por qué? Lara tenía derecho a conocer sus raíces, su pasado. Instintivamente, se llevó la mano al pecho y palpó la piedra que pendía bajo la blusa. Era la noche indicada.

—Vamos a ver algo mucho mejor, pajarito.

Se incorporó trabajosamente y asió la pequeña mano que le tendía la niña. Dejando la puerta verde abierta, como era costumbre antaño y aún se hacía en su casa, se alejaron bajando la calle. Lara parloteaba alegremente, contándole la infinidad de animalitos que había visto y pescado aquella mañana en el río. Se cruzaron con varios vecinos: algunos volvían del bar; otros, se dirigían, como su familia, a la fiesta de Escalada. “San Juan” murmuró con sorna la anciana.

En la ribera gorjeaban los mitos, ocultos entre las hojas de los álamos. La brisa que descendía de los cortados rocosos agitaba suavemente sus copas, que parecían pintar de rosa y azul el lienzo del cielo estival. Cruzaron un puente para dejar atrás el río y seguir un sendero que acompañaba al arroyo cantarín hasta su nacimiento. El día más largo del año se apagaba poco a poco, y los ojos de Amia tardaban en acostumbrarse a la penumbra. Aceleró el paso, teniendo cuidado de no tropezarse con el grijo del camino. Pasaron junto a una cueva, cuya boca se abría tímidamente en la roca caliza de la montaña.

—¡Hooooola señor ooooosoooo! —saludó a la cueva la niña, entre divertida e intimidada. A lo lejos reverberó la llamada de amor del cárabo y Lara respingó.

Las chicharras zumbaban, apremiándolas. Había que apresurarse.

Por fin, atravesaron unos sauces y el lago se abrió ante ellas como si su superficie estuviera tallada en esmeralda: verde, profundo. Se aproximaron a la orilla y Amia se sentó en una roca para descalzarse. La niña la imitó. Los últimos rayos de sol se escaparon del firmamento y Venus brilló con intensidad, reflejando su luz en el fondo del lago, allí donde se abría la gruta subacuática. Entonces la anciana avanzó unos pasos en la orilla, extrajo con delicadeza la piedra que pendía de su cuello y la sumergió en las aguas cristalinas. De repente, la superficie del lago, hasta entonces lisa como un espejo, tembló. Las ondas se expandieron desde el centro hacia las orillas lamiendo las paredes de piedra y las piernas de las espectadoras. Algo, alguien, emergía desde el fondo, sus ojos titilando como estrellas. Amia tomó a la niña de la mano y juntas avanzaron por el agua helada.

—Ya llega la anjana, pequeña. Vamos a hacer un viaje muy, muy largo.

Sumergieron la cara en el espejo del lago y su mirada se topó con la de aquel ser de las profundidades, que las llamaba desde la gruta kilométrica que se abría bajo el agua. Y, de pronto, lo estaban siguiendo. Pero no fue un pasadizo estrecho y oscuro lo que encontraron, sino que una fuerte luz mostró un mar somero y tranquilo que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Admiraban el paisaje desde muy arriba, como si flotaran. Bajo las olas, que se agitaban a ritmo vertiginoso, transitaban seres colosales. La cuenca se fue colmatando de sedimento paulatinamente, hasta que el mar se secó y la tierra se llenó de plantas y extraños animales. Luego, el agua volvió a cubrirlo todo y, una vez más, se retiró para dar paso a una estepa inmensa. El aire se tiñó de azufre y cenizas y la tierra se plegaba, ascendía y se contorsionaba como el rabo de una lagartija. Pequeños cursos de agua se fueron abriendo paso en el sedimento depositado, excavando canales cada vez más profundos y dejando a la vista los pétreos recuerdos de los animales y plantas que, segundos antes, buceaban por el mar o dejaban sus reptilianas huellas sobre el fango. Un borbotón de agua pura surgió donde más tarde —¿o antes? — se abriría el lago, y su luz brilló por primera vez. Había nacido el hada de la fuente.

El río esculpía con ahínco la piedra caliza y las criaturas recorrían sus riberas: uros, bisontes, tigres de afilados colmillos y osos pantagruélicos. También llegaron las primeras personas, y se adentraron en las cuevas. Gentes distintas arribaron después y domaron la tierra. Todos llevaban ofrendas a la anjana y a otros dioses ya olvidados que, por entonces, sobrevolaban las escarpadas cumbres o habitaban en los riscos.

Amia notó cómo la pequeña apretaba su mano y descubrió en sus ojos la emoción, la intriga que una vez ella también sintió cuando su madre la llevó en aquel viaje sin retorno.

Volvió a centrar su atención en el páramo, por donde circulaban hordas de hombres uniformados que trataban de doblegar aquella tierra áspera y a sus habitantes. Algunas estrellas se apagaron. Los pueblos y las guerras se sucedieron y el paisaje cambiaba a ritmo vertiginoso según las gentes lo mutilaban y parcelaban. En las cimas, donde antes brillaban orgullosos los árboles sagrados, se erigieron templos yermos. La anjana se escondía sola, olvidada en el fondo de su gruta: pocos eran ya los que la visitaban, pues corrían el riesgo de enfrentarse a la hoguera. Pero siempre hubo mujeres que volvían a su lago. Amia reconoció a su abuela y, después, a su madre. Se vio a sí misma acudiendo por primera vez a aquel santuario y se estremeció de alegría. Pero ya sólo quedaba ella. Ella y, ahora, Lara.

Parpadeó y se encontró de nuevo en el lago, sus pies helados por el contacto del agua. La noche había devorado el pequeño valle y el silencio se señoreaba a su alrededor, apenas roto por el lejano croar de las ranas.

—¿Qué ha sido eso, yaya? —murmuró la vocecita a su lado.

<<Tu origen, tu pasado y tu futuro>>. Quiso decirle Amia. El destino de su nieta se había vinculado para siempre a ese valle, impidiéndole alejarse de sus raíces sin sentirse vacía, desolada. A cambio, conocería la magia.

—Un hada buena, pajarito —respondió, colocando el colgante entre los dedos de la niña—. Tu hada.

 

BIBLIOGRAFÍA

[1] Cano Herrera, Mercedes: Entre anjanas y duendes. Mitología tradicional ibérica, 1.a Ed. (Valladolid: Castilla ediciones, 2007), pág. 23.

 

[2] Callejo, Jesús, Hadas. ed Edaf 2012 pág. 119.

 

error: Content is protected !!