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Categoría: hadas

Las selkies , las hadas foca de la mitología celta y nórdica

Las selkies , las hadas foca de la mitología celta y nórdica

Las selkies , las hadas foca de la mitología celta y nórdica

 

En la mitología celta y nórdica, los selkies (también conocidos como silkies, sylkies o selchies) o selkie folk, que en escocés significa “gente de las focas”, son criaturas míticas capaces de transformarse de foca a humano al desprenderse de su piel. Estas figuras aparecen en los relatos tradicionales y la mitología de las Islas del Norte de Escocia. Los relatos populares a menudo se centran en selkies femeninas forzadas a relacionarse con humanos después de que alguien les roba y oculta su piel de foca, reflejando así el motivo narrativo de la doncella cisne. La leyenda narra que, si un humano encuentra la piel de un selkie, puede dominarlo, pues este obedecerá al dueño de su piel. Sin embargo, si el selkie logra recuperar su piel, huirá al mar de inmediato. En casos en los que el humano que lo sometió fue cruel, el selkie puede buscar venganza de manera implacable.

Se dice que las selkies hembras suelen abandonar el mar en noches de luna llena o durante celebraciones. Si encuentran a un hombre que les agrada, pasarán la noche bailando y bebiendo con él, pero al amanecer regresarán al océano. Si el hombre espera con paciencia junto al mar durante varias lunas llenas, podría ganarse el afecto de la selkie, quien decidiría quedarse con él.

Las selkies que se convierten en esposas humanas son conocidas por ser excelentes compañeras, aunque su melancolía por el mar nunca desaparece. Muchas historias trágicas cuentan cómo un pescador roba la piel de una selkie para obligarla a quedarse con él. Tras años de matrimonio, suele ser un hijo fruto de la unión quien encuentra accidentalmente la piel escondida. La madre, al recuperarla, no puede resistir el impulso de regresar al mar, abandonando a su familia. En algunos relatos, sin embargo, se dice que la selkie vuelve ocasionalmente para jugar con sus hijos en las olas.

A continuación, os explicaré la leyenda de Kópakonan.

Kópakonan, conocida como la “mujer foca”, es una figura emblemática en la mitología de las Islas Feroe. La leyenda narra que todas las focas en su momento fueron personas que decidieron dejar la tierra para sumergirse en las profundidades del mar (enfundadas en su magnífica piel de foca).

La leyenda cuenta que las focas son seres humanos que, habiendo decidido vivir en el mar, se revisten con pieles de foca. Una vez al año, en la víspera del Día de Reyes, estas criaturas emergen a tierra firme, se despojan de sus pieles y celebran bailando en cuevas cercanas al pueblo de Mikladalur, en la isla de Kalsoy.

Según la tradición, un joven de Mikladalur, al conocer esta costumbre, decidió espiar a las mujeres focas durante su celebración. Quedó cautivado por la belleza de una de ellas y, con el propósito de retenerla, le robó su piel de foca. Privada de su medio para regresar al mar, la mujer se vio obligada a permanecer en tierra, casándose con el joven y teniendo hijos con él. Sin embargo, siempre anhelaba volver al océano. El hombre guardaba la piel en un baúl cerrado con llave, la cual llevaba siempre consigo. Un día, al olvidar la llave en casa, la mujer encontró su piel, se la puso y retornó al mar, dejando atrás a su familia.

Enfurecido por su partida, el hombre organizó una cacería masiva de focas. Esa noche, soñó con su esposa advirtiéndole que, si llevaba a cabo la matanza, todos los hombres de Mikladalur estarían condenados a morir en el mar. Ignorando la advertencia, procedió con la cacería, lo que desencadenó la maldición de Kópakonan:

“Todos los hombres de Mikladalur están condenados a morir en el mar”.

Esta leyenda refleja la relación entre los humanos y la naturaleza en la cultura feroesa, destacando temas como el amor, la libertad y las consecuencias de las acciones humanas. La figura de Kópakonan ha sido inmortalizada en una estatua situada en Mikladalur, que rinde homenaje a esta historia y se ha convertido en una atracción turística significativa en las Islas Feroe.

La leyenda de Kópakonan comparte similitudes con otros mitos de seres cambiantes en las tradiciones nórdicas y celtas, como los selkies, criaturas capaces de transformarse de foca a humano al despojarse de su piel. Estas narraciones suelen explorar la dualidad entre la vida terrestre y la marina, y las complejas interacciones entre humanos y seres sobrenaturales.

No solo tenemos constancia de estas leyendas en la mitología celta y nórdica que nos dan a conocer a estos seres capaces de transformarse o que tienen un nexo con el mar y las focas. Las doncellas cisne en la mitología nórdica y germánica son seres sobrenaturales que tienen la habilidad de transformarse de cisne a humano. Al igual que las selkies, si un humano roba su vestimenta de plumas, la doncella queda obligada a permanecer en forma humana. En estas historias podemos encontrar cómo el hombre esconde la vestimenta de plumas para casarse con la doncella y retenerla a su lado. Pero, si la doncella logra encontrar su vestimenta original, sin duda se dirigirá a su verdadero hogar, el mar.

imagen de: Jeff Leland Davis

Otros seres extraños son los espíritus acuáticos de la mitología escocesa, los kelpies. Estos habitan en lagos y ríos, y a menudo se representan como caballos que pueden transformarse en humanos. Son muy peligrosos, pues se sabe que atraen a los viajeros hacia el agua para ahogarlos. No obstante, otras historias los presentan como seres benignos. En el folclore de las Islas Orcadas, los finfolk son seres marinos con habilidades mágicas y la capacidad de cambiar de forma. Habitan en un reino submarino llamado Finfolkaheem y pueden adoptar formas humanas para interactuar con los mortales. Al igual que las selkies, las historias de los finfolk exploran la relación entre humanos y seres del mar, a menudo con advertencias sobre los peligros de tales encuentros. Estas leyendas comparten temas comunes con las historias de las selkies, como la transformación, la interacción entre humanos y seres sobrenaturales, y la tensión entre la vida terrestre y la marina.

Es curioso cómo la mitología de la mujer foca, especialmente en las leyendas celtas y de los pueblos inuit, tiene una conexión profunda con el chamanismo, sobre todo en la idea de la transformación entre el mundo humano y el animal. En muchas tradiciones chamánicas, el chamán es capaz de transformarse en animal o invocar su espíritu. Esto es similar a la historia de las selkies, quienes pueden cambiar entre su forma de foca y su forma humana quitándose o poniéndose su piel. En el chamanismo, esta capacidad se ve como un modo de adquirir sabiduría, poder o habilidades específicas del animal. En los mitos de las mujeres foca, muchas veces un humano roba su piel para impedir que vuelva al mar, lo que representa la pérdida de su verdadera identidad o de su conexión con su esencia. En el chamanismo, algo similar ocurre cuando un chamán pierde su espíritu auxiliar o su vínculo con el mundo espiritual, lo que puede provocar enfermedad o debilidad. Recuperarlo es clave para su poder. Las focas, al moverse entre el agua y la tierra, representan seres liminales que existen entre dos mundos.

En muchas culturas chamánicas, el chamán es también un mediador entre el mundo de los humanos y el de los espíritus, viajando entre ambos en un estado de trance. En algunas tradiciones inuit, las focas son consideradas espíritus guardianes o tótems de los chamanes. En los viajes chamánicos, el chamán puede recibir ayuda de un animal espiritual, que le brinda protección y conocimiento, como la mujer foca que guía o seduce a los humanos hacia el mar, es decir, hacia lo desconocido.

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LINKS 

DRAGONES:

DUENDES, DIABLOS Y ESPÍRITUS FAMILIARES 

GUÍA DE LOS SERES MITOLÓGICOS ESPAÑOLES 

EL PADRE LOBO Y LAS BRUJAS EN HORTSAVINYÀ

HOMBRES LOBO Y OTROS DEPREDADORES DE LA MITOLOGÍA 

DE VENEFICIS 

 

Explorando las Criaturas Mitológicas: Un Viaje a Través de la Literatura de Pablo Ruiz Osuna. Con David Parcerisa (Rimbel35).

Explorando las Criaturas Mitológicas: Un Viaje a Través de la Literatura de Pablo Ruiz Osuna. Con David Parcerisa (Rimbel35).

Explorando las Criaturas Mitológicas: Un Viaje a Través de la Literatura de Pablo Ruiz Osuna. Con David Parcerisa (Rimbel35).

 

En mi reciente entrevista con David Parcerisa, exploramos diversas criaturas mitológicas que han sido objeto de mis investigaciones y publicaciones. A continuación, presento un análisis detallado de estas entidades legendarias, relacionándolas con mis obras y aportaciones al estudio de la mitología ibérica.

1. Vampiros: La Sombra de la Noche

Aunque los vampiros no han sido el foco principal de mis publicaciones, su presencia en la mitología ibérica es innegable. Estas criaturas nocturnas, asociadas con el miedo a lo desconocido y el anhelo de inmortalidad, han inspirado numerosas leyendas en la península. En futuras investigaciones, planeo profundizar en las particularidades de los vampiros en el contexto ibérico, explorando sus orígenes y las variaciones regionales de sus mitos.

2. Hombres Lobo: La Dualidad Humana

La figura del hombre lobo, símbolo de la lucha interna entre la civilización y la bestialidad, es central en mi libro Hombres Lobo: Y Otros Depredadores de la Mitología. En esta obra, coescrita con Sonia Gupta y Elisa Rivero Bañuelos, exploramos las leyendas de transformaciones humanas en lobos y otras criaturas, rastreando historias desde la Península Ibérica hasta diversas culturas alrededor del mundo. El lobo ha formado siempre una parte indisoluble del ser humano, encarnando nuestras ambiciones y miedos más atávicos. Desde los cofrades encomendados al dios lobo Vaélico, pasando por los berserker vikingos y la aterradora bestia de Gevaudan, hasta los perros fantasmales que, según dicen, aún campan por los ranchos tejanos. Este libro es el resultado de nuestra caza de leyendas, cuyas pruebas gráficas ha ilustrado el brillante Ion Ander Art.

3. Hadas: Luces y Sombras del Mundo Feérico

Las hadas, comúnmente vistas como seres mágicos y benevolentes, poseen un lado oscuro y enigmático que he abordado en mis investigaciones. En Guía de los Seres Mitológicos Españoles, coescrito con David Reñé Quiles, dedicamos secciones a estas entidades, desentrañando sus orígenes y relatos asociados en la tradición española. Este libro pretende rescatar las leyendas y cuentos que hasta hace unas pocas décadas aún podían escucharse en pueblos y villas de las zonas rurales de nuestro país. ¿Sabía que en nuestro país también existían relatos sobre una antigua raza de gigantes? ¿Conocía usted la historia del Herensuge, el dragón de siete cabezas? ¿Sabe usted cómo desencantar un hada? ¿Quiere ganarse el favor de la diosa Mari y descubrir junto a ella los secretos de la madre naturaleza? ¿Sabe cómo derrotar a un hombre lobo? ¿Y convertirse en uno? Estos solo son algunos de los secretos que encontrará en este volumen.

4. Gigantes: Ecos de Antaño

Los gigantes, presentes en múltiples mitologías, simbolizan fuerzas primordiales y desafíos titánicos. Aunque su mención en la entrevista fue breve, en mis obras he recopilado historias sobre estos seres colosales, destacando su relevancia en el folclore ibérico y su influencia en la cultura popular. En Guía de los Seres Mitológicos Españoles, exploramos las leyendas de gigantes en la península, rescatando narrativas que han perdurado en la tradición oral de diversas regiones. También lo hacemos en nuestra reciente obra  Gigantes tras las huellas del pueblo antiguo 

5. Dragones: Guardianes del Saber Ancestral

Los dragones han sido símbolos de poder y misterio en diversas culturas. En mi libro Dragones: Serpientes, Lagartos, Dragones y Otros Engendros de la Mitología Ibérica, coescrito con Ion Ander Ramírez, recuperamos historias ancestrales sobre estas criaturas en la península. Desde el gran dios Sugaar, al poderoso cuélebre, o el ponzoñoso basilisco, una lectura repleta de aventuras le está esperando.

6. Duendes y Espíritus Familiares: Entidades del Hogar

En Duendes, Diablos y Espíritus Familiares, profundizo en las historias de seres que habitan en los hogares y bosques, influyendo en la vida cotidiana de las personas. Este libro busca rescatar y preservar las narrativas sobre estos entes, destacando su importancia en la mitología ibérica y su papel en las tradiciones populares.

Duendes, diablos y espíritus familiares (Tapa blanda)

 

7. Reflexiones sobre la Inteligencia Artificial: Más Allá de la Mitología

Aunque mi enfoque principal ha sido la mitología, también he explorado temas contemporáneos como la inteligencia artificial. En La Personalidad Jurídica de los Autómatas Inteligentes, analizo las implicaciones legales y éticas de los avances tecnológicos, ofreciendo una perspectiva crítica sobre el futuro de la interacción entre humanos y máquinas.

Reflexión Final

Mi pasión por la mitología y el folclore me ha llevado a explorar y documentar estas criaturas en mis libros, con el objetivo de preservar y difundir nuestro rico patrimonio cultural. A través de mis obras, invito a los lectores a adentrarse en un mundo donde lo fantástico y lo real se entrelazan, ofreciendo una ventana a las creencias y narrativas que han moldeado nuestra historia colectiva.

 

 

 

La ‘’dona d’aigua’’, el ser feérico en la mitología catalana/The «dona d’aigua,» the fairy being in Catalan mythology.

La ‘’dona d’aigua’’, el ser feérico en la mitología catalana/The «dona d’aigua,» the fairy being in Catalan mythology.

La ‘’dona d’aigua’’, el ser feérico en la mitología catalana/The «dona d’aigua,» the fairy being in Catalan mythology.

imagen de: pinterest https://es.pinterest.com/pin/13933080090859690/

SPANISH

Hoy contamos con la ayuda inestimable de  Gisela Zarco Huertas  quien se une al equipo mitológico de nuestro blog. Os dejamos con la increible historia de la «dona d’aigua»:

La ‘’dona d’aigua’’ o aloja, también conocida como goja, es un ser femenino de
la mitología catalana. Se trata de una criatura feérica de gran belleza, con ojos
claros y cuerpecito de mujer. A veces se les atribuyen alas de mariposa o
libélula. Aparecen desnudas, o con un sutil vestido que deja entrever su silueta,
o vestidas con túnicas de color blanco o dorado. Son eternamente jóvenes,
aunque no inmortales y pueden vivir más de mil años. Estas hadas, ninfas o
genios (djinn) favorecen la fertilidad y son dadores de la vida, relacionadas con
la reencarnación de la tierra y la naturaleza. Este grupo de espíritu femeninos
se asocia a la brujería, representando su aspecto femenino. En general, son
benévolas, pero eso no significa que debamos de confiar ciegamente en su
buen carácter; es esencial mantener precaución y respeto al establecer una
relación con las dones d’aigua.
Aunque la etimología de la palabra ‘’goja’’ nos indica que proviene del catalán
antiguo, significando ‘’doncella joven’’ o ‘’niña’’, estas criaturas habitan en
aguas gélidas y dulces como manantiales, riachuelos, fuentes de los bosques,
saltos de agua y pozos, igual que las náyades, ninfas de origen griego.
Aparecen bajo las cascadas, peinándose su larga melena con un peine dorado.
Son difíciles de ver, ya que pueden aparecer y desaparecer en cuestión de
segundos. Una creencia mágica y supersticiosa sugiere que les goges (dona
d’aigua) suelen aparecer en noches de luna llena, en lugares con cuevas y
grietas profundas. Durante las noches de plenilunio, estos espíritus femeninos
organizan bailes acompañados de cantos atrayentes y envolventes. Desde las
profundidades de la tierra, donde se encuentra el palacio de les goges, emana
una tenue luz rosada y azul. Otra tradición popular afirma que es posible verlas
cuando salen de noche a lavar su ropa. Según la creencia, quien tenga la
suerte de hacerse con una de las prendas de las goges gozará de prosperidad,
abundancia y fertilidad toda su vida. Sin embargo, esto no es tan fácil, ya que,
si atrapan a quien intente robar sus prendas, será transformado en piedra o,
pero aún, su cuerpo será petrificado en cera y quedará a merced de las goges
hasta la muerte. No todo es trágico para el mortal que desee tener una relación
sentimental con una dona d’aigua, ya que estas pueden enamorarse. Sin
embargo, aunque su belleza puede enloquecer al humano, sus celos y
desconfianza son aún más peligrosos. Las goges pueden llevar a un hombre a
la locura, haciéndole creer que es su marioneta. La unión entre una dona
d’aigua y un humano tenía una condición: el hombre, consciente o no de que
se había casado con una dona d’aigua, no podía revelar su secreto; de lo

contrario, la aloja desaparecía de su vida. Es bien sabido que existe una
oportunidad de verlas sin ser hechizados, y es durante la víspera de San Juan,
otro de los mitos más populares sobre este tema. En esa noche, podemos
verlas, aprovechar su poder para realizar magia, obtener deseos y descubrir los
secretos de la naturaleza, de las plantas y del Otro lado.
Para estos espíritus, la relación con el tiempo es distinta a la de los humanos;
suelen prestar especial atención a las fases de la luna, especialmente a la luna
llena. Solo aquel que decida pasar una noche entera en sus palacios de grietas
profundas se dará cuenta, al salir, de que habrán pasado muchos años en el
mundo exterior.

La cantina de los encantos en Banyoles es
un mito, como muchos otros que se ubican
en la Cataluña vieja, donde unas mujeres de
agua (dones d'aigua) con aspecto feérico
llenan las leyendas de este lugar. En
Banyoles, se las conoce como "les goges", o
también como alojas, encantadas, hilanderas,
o bajo el nombre de Maria Enganxa, una
mujer de agua que habita dentro de los
depósitos subterráneos de agua, como los
aljibes, esperando que algún niño se asome
para atraparlo con su largo gancho y
arrastrarlo al fondo del pozo, de donde nunca
saldrá. Otros nombres de origen catalán para
estos seres son paitides y llufes, entre otros.
La melodía de sus cantos es tan seductora
como peligrosa, ya que aquellos que son
atraídos por sus dulces voces corren el
riesgo de ser absorbidos por el agua,
mientras se escuchan las risas malévolas de las goges, dándoles la
bienvenida 1 .

 

En cuanto a la botánica, los seres feéricos mantienen una relación profunda.
El árbol es representado como la conexión entre el mundo celeste y divino con
el mundo terrenal y mundano. Cada árbol tiene su propia ninfa y un genio
tutelar; por ello, el árbol es el hogar de los espíritus elementales.

 

El olmo, el roble, el tejo y el sauce son morada de los elfos, al igual que el pino,
el laurel, el cerezo, el nogal, el manzano, el abedul y el ciprés. El limonero, por su
parte, es el favorito de las hadas. Cuando un árbol llega al fin de su vida, los
espíritus feéricos realizan un ritual para trasladar al genio a un nuevo brote. La
filosofía de estos espíritus se basa en que nada finaliza y nada muere; todo es
un ciclo que evoluciona y renace en cada nueva fase. Este ciclo es considerado
el símbolo de la vida  .
Las dríadas son hadas del panteón griego, representadas como pequeñas y
bellas mujeres, siempre sonrientes, pero algo peligrosas. Su existencia está
vinculada a la vida del árbol que eligen como hogar.
Las hamadríades, en particular, son ninfas de los robles. La diosa Diana era
frecuentemente confundida con las dríadas, debido a la similitud en el nombre
(Diana en plural es;diana;), y de ahí se originaron las janas y las hadas.
En el siglo XVI, Paracelso dividió a la planta en tres cuerpos: el cuerpo físico, el
alma (clissus), que representa la fuerza, y el espíritu o cuerpo cósmico (leffas).
Los filipinos creían que sus difuntos se reencarnaban en árboles, ofreciéndoles
ofrendas y vistiendo al árbol con la ropa del fallecido. Antiguamente, los árboles
ejercían un poder divino y eran considerados muy sagrados. Por ello, quien se
atreviera a maltratar o deforestar un árbol era severamente castigado por el
espíritu elemental tutelar del árbol, perdiendo la vista, la salud, o incluso la vida.
El saúco, un árbol considerado hogar de seres feéricos, tiene una leyenda que
advierte que es mejor no acercarse a él al anochecer. Si se desea obtener su
fruto o arrancar alguna ramita, primero debe pedirse permiso a los elfos que
habitan en él. Una tradición popular en Alemania recomienda que, antes de
podar una rama, se recite en voz alta una oración tres veces: ;Frau Ellhorn, dame
un poco de tu madera y yo te daré de la mía cuando crezca en el bosque;, y
luego escupir tres veces.
A los recién nacidos no se les debe dormir en una cuna hecha de madera de
saúco, ya que las hadas podrían llenarlos de moratones y mordeduras. Si se
recogen las flores de saúco en San Juan, se dice que poseen poderes
excepcionales. En las tierras gallegas, las flores se usan para curar
inflamaciones del cuerpo, ahuyentar malos espíritus y tratar enfermedades
dermatológicas. Para expulsar el mal de ojo de un rebaño, se debe tocar a cada
animal con una rama de saúco.
Tener una ramita de saúco encima era considerado
un amuleto de protección contra hechizos y brujería.
Para mayor protección, se recomendaba clavar
hojas de saúco en puertas y ventanas. Publio
Hurtado nos cuenta que en Extremadura se
utilizaban las bayas de saúco para hacer
horóscopos y las ramas también servían como

 

amuletos de protección para alejar a bandidos y ladrones.
Cuando se acerca la primavera, las hadas protegen a las prímulas, conocidas
popularmente como ;primaveras del jardín' por ser la primera flor en florecer con
el cambio de estación. En el oeste de Inglaterra, se les llama 'llaves de paloma',
ya que se cree que abren el tesoro oculto de las hadas. Otros nombres
populares incluyen ;flor llave;, ;ramo de llaves; o ;llave de la señora;.
Oberón, rey de las hadas, utilizaba el pensamiento como filtro de amor.
Finalmente, la Digitalis obscura, conocida en España como dedalera o ;calzones
de zorra;, es una flor de alta toxicidad que contiene digitalina, un potente
estimulante del corazón, lo que hace su uso muy peligroso. En Galicia, recibe el
nombre de ;bilitroques;, y su primer brote ocurre cerca de las fechas de San
Juan. Allí se utiliza para adornar los hogares y para protegerse de las bruxas o
meigas.
Los espíritus feéricos no se limitan a trabajar en una sola planta. Cuando las
macetas están muy cerca unas de otras, los elementales pueden trasladarse
de una a otra con facilidad. Así, cuando una planta comienza a crecer, se
originan los espíritus naturales asociados a ella. Cuando la flor brota, las hadas
específicas de esa flor aparecen junto con ella, encargándose del color y la
estructura. Al podar una flor, las hadas la acompañan y permanecen en ella
durante unas horas.
Los espíritus feéricos dan forma a la naturaleza. En el ámbito del elemento
tierra, encontramos a los gnomos y duendes, que son asistidos por los del
elemento aire, como las hadas y los silfos; las ondinas y nereidas se asocian
con el agua, y las salamandras con el fuego.
Los duendes, elfos y gnomos, como describe el folklore de América y
Sudamérica, son representados con rasgos de ancianos extravagantes. Las
ondinas y nereidas son figuras femeninas desnudas, siendo las ondinas algo
más altas y encontrándose a menudo jugando en cascadas, estanques, ríos y
lagos. Las hadas y silfos, en los cuentos de fantasía, son hermosas doncellas
con alas de colores vivos. Estas alas no son para volar, ya que ellas flotan por
su propia voluntad. Se sienten atraídas por los hombres que tienen el don de
acceder conscientemente a su reino y comunicarse con ellas. Geoffrey Hodson
cree que ;las formas de elfos, hadas y dríadas son resultado de las leyes por
las cuales fue construido el Cosmos;. Se recomienda el libro The Coming of the
Faires de Sir Arthur Conan Doyle y Fairies de E.L. Garner para visualizar la
apariencia de un hada al materializarse  .

ENG

Today, we are fortunate to have the invaluable assistance of Gisela Zarco Huertas, who is joining the mythological team of our blog. We leave you with the incredible story of the «dona d’aigua»:

The «dona d’aigua» or aloja, also known as goja, is a feminine being from Catalan mythology. She is a fairy-like creature of great beauty, with bright eyes and a woman’s delicate figure. Sometimes, she is described as having butterfly or dragonfly wings. They appear either naked, or dressed in a subtle gown that outlines their silhouette, or wearing white or golden robes. They are eternally youthful, though not immortal, and can live for over a thousand years. These fairies, nymphs, or genies (djinn) are associated with fertility and are life-givers, connected to the reincarnation of the earth and nature. This group of female spirits is linked to witchcraft, representing its feminine aspect. Generally, they are benevolent, but this does not mean one should blindly trust their good nature; it is essential to maintain caution and respect when establishing a relationship with the dones d’aigua.

Although the etymology of the word «goja» suggests it comes from Old Catalan, meaning «young maiden» or «girl,» these creatures inhabit cold, fresh waters such as springs, streams, forest fountains, waterfalls, and wells, much like the naiads, nymphs of Greek origin. They often appear under waterfalls, combing their long hair with a golden comb. They are difficult to see, as they can appear and disappear in mere seconds. A magical and superstitious belief suggests that les goges (dona d’aigua) tend to appear on full moon nights, in places with caves and deep crevices. During these full moon nights, these female spirits organize dances accompanied by alluring and mesmerizing songs. From the depths of the earth, where the palace of les goges is located, a soft pink and blue light emanates. Another popular tradition claims that it is possible to see them when they come out at night to wash their clothes. According to legend, whoever is lucky enough to obtain one of the goges’ garments will enjoy prosperity, abundance, and fertility for the rest of their life. However, this is no easy feat, for if they catch anyone trying to steal their garments, that person will be turned to stone or, worse yet, their body will be petrified in wax and left at the mercy of the goges until death. Not everything is tragic for mortals who wish to have a romantic relationship with a dona d’aigua, as they can fall in love. However, although their beauty may drive a human mad, their jealousy and distrust are even more dangerous. The goges can drive a man insane, making him believe he is their puppet. The union between a dona d’aigua and a human came with a condition: the man, whether knowingly or not, who married a dona d’aigua could not reveal her secret; otherwise, the aloja would disappear from his life. It is well known that there is an opportunity to see them without being enchanted, and that is on the eve of Saint John, another of the most popular myths on this topic. On that night, one can see them, take advantage of their power to perform magic, make wishes, and discover the secrets of nature, of plants, and of the Other side.

For these spirits, their relationship with time differs from that of humans; they pay special attention to the phases of the moon, especially the full moon. Only those who choose to spend an entire night in their deep crevice palaces will realize, upon leaving, that many years have passed in the outside world.

The Cantina of the Enchantments in Banyoles is a myth, like many others located in old Catalonia, where water women (dones d’aigua) with fairy-like appearances fill the legends of this place. In Banyoles, they are known as «les goges,» or also as alojas, enchanted women, spinners, or by the name Maria Enganxa, a water woman who lives within underground water reservoirs, like cisterns, waiting for a child to peek in so she can snatch them with her long hook and drag them to the bottom of the well, from where they will never escape. Other Catalan-origin names for these beings include paitides and llufes, among others. The melody of their songs is as seductive as it is dangerous, for those who are lured by their sweet voices risk being absorbed by the water, all while hearing the malicious laughter of the goges, welcoming them in.

Regarding botany, the fairy beings maintain a deep relationship with trees. The tree is seen as the connection between the celestial and divine world with the earthly and mundane world. Each tree has its own nymph and a tutelary spirit; thus, the tree is the home of elemental spirits.

Elms, oaks, yews, and willows are the dwellings of elves, as are pines, laurels, cherry trees, walnut trees, apple trees, birches, and cypresses. The lemon tree, in particular, is the favorite of fairies. When a tree reaches the end of its life, the fairy spirits perform a ritual to transfer the genius to a new sapling. The philosophy of these spirits is based on the belief that nothing ends and nothing dies; everything is a cycle that evolves and is reborn in each new phase. This cycle is considered the symbol of life.

The dryads are fairies of the Greek pantheon, represented as small, beautiful women, always smiling, but somewhat dangerous. Their existence is linked to the life of the tree they choose as their home. Hamadryads, in particular, are nymphs of oak trees. The goddess Diana was often confused with the dryads due to the similarity in name (Diana in plural is «dianas»), and from this originated the janas and fairies.

In the 16th century, Paracelsus divided the plant into three bodies: the physical body, the soul (clissus), which represents strength, and the spirit or cosmic body (leffas). The Filipinos believed that their deceased ancestors reincarnated in trees, offering them gifts and dressing the tree with the clothes of the deceased. In ancient times, trees held divine power and were considered very sacred. Therefore, anyone who dared to harm or deforest a tree was severely punished by the tree’s tutelary elemental spirit, losing their sight, health, or even their life.

The elder tree, considered a home for fairy beings, has a legend that warns against approaching it at nightfall. If one wishes to harvest its fruit or break off a branch, permission must first be asked from the elves who inhabit it. A popular tradition in Germany recommends that before pruning a branch, one should recite aloud three times: «Frau Ellhorn, give me some of your wood, and I will give you some of mine when it grows in the forest,» and then spit three times.

Newborns should not be laid to sleep in a cradle made of elderwood, as fairies might leave them covered in bruises and bites. If elderflowers are gathered on Saint John’s Day, they are said to possess exceptional powers. In the Galician lands, the flowers are used to heal body inflammations, ward off evil spirits, and treat skin diseases. To remove the evil eye from a flock, one must touch each animal with an elder branch.

Carrying a small branch of elder was considered an amulet of protection against spells and witchcraft. For greater protection, it was recommended to nail elder leaves to doors and windows. Publio Hurtado tells us that in Extremadura, elderberries were used to make horoscopes, and the branches also served as protective amulets to ward off bandits and thieves.

As spring approaches, fairies protect the primroses, commonly known as «spring flowers» for being the first to bloom with the change of season. In western England, they are called «dove keys» because they are believed to open the hidden treasure of fairies. Other popular names include «key flower,» «bouquet of keys,» or «lady’s key.»

Oberon, the king of fairies, used pansies as a love potion. Finally, Digitalis obscura, known in Spain as foxglove or «fox pants,» is a highly toxic flower that contains digitalin, a potent heart stimulant, making its use very dangerous. In Galicia, it is known as «bilitroques,» and its first bloom occurs around Saint John’s Day. There, it is used to decorate homes and to protect against witches or «meigas.»

Fairy spirits are not limited to working with a single plant. When flowerpots are placed very close to each other, elementals can easily move from one plant to another. Thus, when a plant begins to grow, the natural spirits associated with it are born. When the flower blooms, the fairies specific to that flower appear along with it, taking care of its color and structure. When a flower is pruned, the fairies accompany it and remain with it for a few hours.

Fairy spirits shape nature. In the realm of the earth element, we find gnomes and goblins, who are assisted by those of the air element, such as fairies and sylphs; undines and nereids are associated with water, and salamanders with fire.

Goblins, elves, and gnomes, as described in the folklore of America and South America, are depicted with the features of eccentric old men. Undines and nereids are nude female figures, with undines being slightly taller and often found playing in waterfalls, ponds, rivers, and lakes. Fairies

Bibliografía

Rackham. A. (1921). Sabrina Rises, Attended by Water-Nymphs. De la obra Comus de John
Milton.

1 Almoina, P. (marzo, 2004). La cantina dels encants. Les Goges. Recuperado a través del enlace:
https://web.archive.org/web/20070311011038/http://la_cantina_dels_encants.lamevaweb.info/post/6
1/1033

Callejo, J. (2015). Sabiduría ancestral de las plantas. Editorial Almuzara.
Cicely Mary B. (1940). El elfo del saúco.

Hodson, G. (2003). El reino de los dioses. Editorial Kier

Las lamias

Las lamias

Lamias

 

imagen de:Aneley Chan

En la mitología griega Lamia era originalmente una mujer hermosa, posiblemente hija del rey Belo, que se convirtió en amante de Zeus. Cuando Hera, la esposa del dios, descubrió la infidelidad, asesinó a los hijos de Lamia como venganza (o según otra versión, la enloqueció y empujó a matar ella misma a sus hijos) y la convirtió en un monstruo.1​ Lamia fue condenada a no poder cerrar sus ojos, de modo que estuviera siempre obsesionada con la imagen de sus hijos muertos. Zeus le otorgó el don de poder extraerse los ojos para así descansar, y volver a ponérselos luego. Lamia sentía envidia de las otras madres y devoraba a sus hijos. Tenía el cuerpo de una serpiente y los pechos y la cabeza de una mujer

Las lamias son, en la mitología vasca, entes de género femenino que vivían en cuevas o ríos. Los hombres se enamoraban de ellas y las lamias también de ellos. Según algunas leyendas, las lamias ayudaban a los agricultores en sus quehaceres, después de comer por las noches la comida que les dejaban. Pero no todo lo que hacían las lamias era positivo, secuestraban a los hombres y en otras ocasiones, si no estaban dispuestos a ayudarlas, les hacían el mal.

El concepto que la tradición actual conserva de estos genios no siempre es coincidente e, incluso, llega a ser contradictorio. Tanto el perfil antropomórfico como las actividades que se les atribuye aparecen distorsionados y dificultan la definición unitaria del personaje. Hay un cúmulo de actuaciones agresivas propias del mundo de las brujas, y que en determinados lugares se asocian también a las lamias. El gesto amable e inofensivo se convierte entonces en ceño hosco y talante dañino, extremos difícilmente compaginables entre sí

Los amuletos también pueden proteger de los ataques de las lamias, sobre todo las que contienen ruda y apio. Las leyendas de Ataun, Ondarroa, Mutriku o Deba, por ejemplo, dan cuenta de la eficacia de los amuletos. Cuando un hombre se acercó a dos lamias, una de ellas le dijo a la otra que atrapase al hombre, la otra le contestó que lo hiciese ella, que el hombre llevaba apio y ruda puestos por su madre.

Al gallo de marzo también se le pedía ayuda para protegerse de las lamias, según las leyendas de Abaurrea Baja y en Lekeitio, por ejemplo. En esa última localidad se cuentan las «Liñuen minak» (penas del lino): desde las doce de la noche hasta las dos de la madrugada no se podía pasar por delante de la cueva que hay en Okabixo, entre Lekeitio y Markina. Por una apuesta, un joven pasó por delante de la cueva y una lamia le agarró y lo llevo dentro, para comerlo. El hombre pidió que antes de ser sacrificado, le dejasen contar las «penas del lino»:

«Lehenego sorotik atera,
gero leortu,
gero trangatu,
gero sapindu makilakin edo buztarriakin,
gero zurezko trunkesekin trangatu,
gero txarrantxatu,
gero ardatzean jarri,
gero iruin,
gero astalkatu,
gero egosi,
gero errekan garbitu,
gero leortu,
gero arildu,
gero eio,
gero josi edo soineko bihurtu,
gero erabili,
gero hautsi,
gero…»

El hombre lo recitó muy despacio y la lamia, como tenía hambre, le dijo que fuese más rápido. Entonces cantó el gallo del caserío de al lado y la lamia tuvo que huir: «Ai Okabixoko oilar gorri martxoan jaioa! Nik afaltzeko eskutan neukan legatz aundia kendu didazu. Azari batek aterako al dizu ezkerreko begia!». (¡Ay gallo rojo de marzo (nacido en marzo) de Okabixo! Me has arrebatado la gran merluza que yo tenía en mis manos para cenar. Que un raposo te arranque el ojo izquierdo).

 

BIBLIOGRAFÍA

RUIZ OSUNA, PABLO REÑÉ QUILES, DAVID «Guía de los seres mitológicos españoles», 2021, editorial Círculo Rojo

MARÍA SATRÚSTEGUI, JOSÉ, Lamias y sirenas a través de la simbología

https://www.hiru.eus/es/cultura-vasca/lamia

El lado oscuro de las hadas III

El lado oscuro de las hadas III

El lado oscuro de las hadas

 

Generalmente tenemos la idea preconcebida de que las hadas son seres de luz, una fuerza atávica de la naturaleza con la intención de hacer el bien. Sin embargo, las antiguas tradiciones distan mucho de ese concepto. Es común en el folclore encontrar cierta tradición que habla de como con el pueblo antiguo hay que andarse con cuidado. Por ejemplo, el reverendo Robert Kirk afirma en su tratado «la comunidad secreta» como a los seres feéricos se les denomina «la buena gente» con la intención de que no ataquen a los humanos, y no porque se trate de seres con buenas intenciones.

Uno de los engaños frecuentes de las hadas es que, si alguien osa adentrarse en sus dominios procuran que nunca vuelva a la superficie (o que permanezca por aquellos lares durante generaciones). Y es que en multitud de tradiciones se habla de los famosos «banquetes de hadas». En ellos los elfos disfrutan de manjares imposibles y música embelesadora. Según se cuenta, si un humano acepta algo que estos seres le ofrezcan de alimento, quedará preso de aquel lugar y perderá la noción del tiempo. Tal es así que no son pocas las historias que hablan acerca de un contacto con los seres intraterrenos(elfos de las minas) en que el humano pasa un lapso no especialmente largo (lo que este interpreta como un día) y cuando vuelve a su aldea no conoce a nadie, pues han pasado varios lustros desde que desapareció, aunque él no ha envejecido ni un solo día.

Por si este peligro fuera poco, sorprenderá al lector descubrir que las hadas podían causar la muerte. Cuando entraban en cólera, eran capaces de proferir terribles maldiciones que llegaban a causar estragos en los humanos. Incluso, Brasey relata en su libro «hadas y elfos» como algunas de ellas eran capaces de crear un haz de luz en forma de flecha, la cual arrojaban a los humanos si entraban en cólera. Aquellos humanos que eran alcanzados por aquella energía reluciente podían perder la vida.

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BIBLIOGRAFÍA

-KIRK, ROBERT «La comunidad secreta»

-BRASEAY EODUARD,  «Hadas y elfos»

– Ruiz osuna, Pablo «Guía de los seres mitológicos españoles»

Las Rusalki

Las Rusalki

                     Las Rusalki, espíritus de las aguas eslavas 

imagen de: Art. Arantza Sestayo

Son las ninfas eslavas. Las consideraban diosas de las aguas y de los bosques; tal vez había más de un linaje de ellas, como entre los griegos. Los eslavos las reverenciaban y les hacían ofrendas. Entre el pueblo sencillo, todavía hoy circula la fábula de que se las ve a veces a la orilla de los lagos y ríos, lavándose y peinando sus verdes cabellos, y a otras, columpiándose en los árboles.

El primer texto que permite saber algo sobre las rusalki es la traducción rusa abreviada, publicada en 1722, de la obra del historiador croata Mavro Orbini Origen de los eslavos y progreso de su imperio, que apareció originalmente en italiano en 1601. Mavro Orbini, al hablar de la religión eslava pagana, tradujo lo que había dicho al respecto el historiador bizantino Procopio, en el siglo VI: que los
eslavos rendían culto a las ninfas, a lo que el traductor ruso añadió la glosa:“esto es, a las rusalki”

Al parecer viven en los más profundo del bosque, cerca de aroyos y ríos. No obstante, las rusalki aparecen en la semana anterior o siguiente a la Trinidad (siete semanas después de Pascua). Esa semana se llama, según las zonas, “semana de las rusalii”, “semana de la Trinidad”, “semana de los juegos” o “semana verde”.

Su aspecto es la de una mujer de gran belleza y cola de pez. Con su gran canto hipnotiza a aquellos incautos que se acercan a ella. Son extremadamente poderosas, pues su mera risa puede provocar la muerte.  Parece que de entre todas ellas las más peligrosas eran las Mavka que toman forma de chicas guapas y jóvenes, cantan y convencen a los hombres para ir al bosque, donde les hacen cosquillas hasta la muerte, o simplemente les cortan la cabeza.

Se convertían en Rusalki las mujeres jóvenes que han muerto violentamente y antes de tiempo, así como aquellas mujeres que se han suicidado ahogándose porque su novio rompió con ellas, o aquellas que se suicidaron al quedar embarazadas fuera del matrimonio, deben pasar el tiempo asignado de vida como estos espíritus en la tierra. Si uno tenía la valentía de enfrentarse a ellas, podía armarse de valor y, con agua bendita en mano, arrojarla sobre su bella piel.  Cuando eso ocurría se convertían en ángeles y conferían su gracia y favores a sus salvadores

 

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Bibliografía

MOLINA MORENO, FRANCISCO, «Las rusalki: ¿Ninfas eslavas  de las aguas? , Amaltea, Vol. 6 (2014) | pp. 219-246

https://es.wikipedia.org/wiki/Rusalka

 

Los Sumpall

Los Sumpall

 

     LOS SUMPALL. SERES DE LAS AGUAS DE LA MITOLOGÍA MAPUCHE

 

Imagen de : Anne Stokes

Los antiguos mapuches creían en unas enigmáticas criaturas acuáticas con terribles poderes. Semejantes a otros seres mitológicos de otros lugares del globo como los yacuruna   o a las xanas ibéricas, tienen una voz melodiosa que hechiza a cuantos la oyen y, presa del embrujo, se acercan incautos a estas entidades. Las leyendas hablan de seres mitad humano y mitad pez que raptan a los seres humanos ahogandolos cuando los llevan a sus lujosos  palacios.

Tras ese episodio, los «capturados» se convierten también en Sumpall.  Los ahogados eran frecuentemente niñas, que según la leyenda a veces volvían cargadas de frutos marinos y pescados, a consolar a sus padres y pedirles que no lloren. La Sumpall femenina  en algunas ocasiones puede dar un pago a la madre del hombre que ella ama, pero el hecho sería contrario a lo común en la tradición Mapuche. También se dice que los sumpall masculinos fecundan a las mujeres que van a las orillas de los ríos solas.

También hemos podido recuperar una antigua leyenda de los sumpall. Esperamos que os guste:

 

Hace mucho tiempo, cuando yo todavía vivía en el campo, siempre escuchaba
conversar a mis mayores, reunidos por las noches a orillas del fuego dentro de la
casa.
Una vez, así conversaron ellos. Desapareció, cuentan, un atardecer una hermosa muchacha soltera que andaba a orillas del mar. Entonces, los parientes, el padre, la madre, los hermanos y hermanas y los vecinos, todos salieron, cuentan a buscar por todas partes, pero por donde sea (que fueron) de nuevo nunca la vieron ellos, cuentan, a la pequeña, hermosa muchacha soltera desaparecida.

Entonces, así dijeron ellos, cuentan, «con seguridad se ha ahogado en el mar la pobre niñita»; entonces hasta ahí no más la buscaron, cuentan. Entonces, cuando ya hubo transcurrido largo tiempo, un día estaba sola, cuentan, en la casa la mujer dueña (o sea, la madre) de la desaparecida hermosa muchacha soltera, hija (suya).

Ese día estaba muy triste, cuentan, la dueña de la hija (es decir, la madre). Entonces, pasado el día, llegó de repente cuentan, a la casa la muchacha soltera queestaba desaparecida, pero se había transformado, cuentan en (persona de) cabellos muy largos; hasta los pies llegaban sus largos cabellos. Entonces la mujer dueña de la hija mucho se asustó, cuentan, cuando recién la vio a su hija, pero ésta así le dijo cuentan, «¡mamita! ¡no te asustes! ¿yo acaso no (soy) tu hija desaparecida?».
Entonces, la dueña de la hija le dijo así, cuentan, ella a su vez «¡(qué) bien está que hayas llegado! volveremos a estar aquí todos en uno»
Pero la muchacha soltera así dijo cuentan «no volveré a estar aquí; ya en gente foránea me he transformado; me he transformado en sumpall; y como marido tengo a un joven hombre sumpall; él me tiene como mujer; por eso siempre estaré después de eso bajo las aguas del mar; allí están mi marido, mi suegro, mi suegra, mis cuñados y mis cuñadas; ellos mucho me quieren; un rato no más se me ha dado recién
para que tú seas vista por mí acá y tú seas hecha saber por mí acá que sigo estando viva».

Pero además así le dijo ella acá «habrá mafün para ustedes; en el día señalado completamente preparados han de estar ustedes; háganselo saber a sus vecinos; cuando llegue el día señalado, irán ustedes todos a la orilla del mar; ahí estarán esperando allá ustedes; entonces les serán sacados hacia acá muchos animales de las aguas, para que todos sean de ustedes».
Enponcas( po`o (esto) después de haber(le) dicho así a su madre, además le dijo así, cuentan «no estén tristes ustedes por mí; ya sabes que yo sigo estando viva». Entonces le dijo adiós, cuentan, a su madre y ambas lloraron las dos, cuentan. Apresuradamente se fue de vuelta ella cuentan y entró allá, cuentan dentro en el medio del mar.

Entonces la dueña de la hija se lo hizo saber a toda la gente que seguía estando viva su joven hija soltera y que había sido tomada como mujer por un sumpall; también se lo hizo saber, cuentan, que habría mafün para ellos. Entonces, cuando llegó el día, todos estaban esperando allá, cuentan, a la orilla del mar. Entonces, (algo) como un gran remolino de agua salió hacia acá, cuentan.
Entonces llegó, cuentan, a la orilla del arenal (o sea, de la playa); entonces dejó sacados empujándolos hacia acá, cuentan muchos (y) variados peces. Entonces, todos ellos recogieron (peces) cuentan. Esta historia narraban acá, cuentan, los costinos (literalmente «la gente del mar») que andaban vendiendo cochayuyo acá en la tierra donde entonces residían mis mayores.  Entonces siempre así decían ellos: «los sumpall con toda seguridad han de ser igual a la gente; por eso, sin duda, la tomó por mujer (el sumpall) a la muchacha soltera
»; y ese día en que se les haría mafün a los parientes, les pareció a ellos ver debajo de las grandes olas del mar andar mucha gente.

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SÁNCHEZ CORREA,Elena  El relato mapuche como elemento
para promover la comprensión lectora
y la convivencia intercultural Didáctica (Lengua y Literatura) ISSN: 1130-0531
2007, vol. 19 257-277

Las damas blancas (parte 1)

Las damas blancas (parte 1)

 

 

Las damas blancas (parte 1)

 

by LaVolpeCimina

Con anterioridad, en este blog hemos dedicado un espacio para tratar sobre las llamas apariciones o presagios de muerte. Hemos hablado sobre la procesión de almas, la santa compaña o la mítica Rolda. Ahora bien, valda decir que existen un sinfín de tradiciones recurrentes que hablan de unas bellísimas mujeres de tez pálida como la fría nieve. Al parecer el encuentro con estas misteriosas entidades tiene funestas consecuencias, aunque, en algunos casos, pueden resultar entidades benevolentes.

El hecho es que las damas blancas pertenecen al folklore europeo y así se atestigua en una amplia tradición leyendística Por ejemplo, en Escocia y Alemania se conoce así a unos seres sobrenaturales que se consideraban ligados a la suerte de ciertas familias. Así, según una leyenda que circula por Berlín y otros lugares, una dama blanca, mujer vestida de blanco, con máscara y guantes negros, hace su aparición a
medianoche y a veces al mediodía; se dice que la aparición anuncia a quienes la ven la muerte del cabeza de familia o de un personaje importante. Fue vista por primera vez en 1486 en Plassenburg, y en otras ocasiones; incluso se dice que fue vista por Napoleón en la campaña de Rusia, y se dijo que la aparición anunció en 1.888 la muerte de Guillermo I. Con variantes, se encuentra también en Yugoslavia y en Países Bajos. De todos modos, no son ni cuentos ni leyendas ni motivos sólo de ámbito europeo. En América, por ejemplo, esta actuación espectral es concordante con el mismo patrón de “La llorona”, entidad fantasmagórica que aparece en los primeros años del México colonial anunciando desgracias.

¡Hemos recopilado algunas de estas leyendas que esperamos que disfrutéis!

 

SENHORA DAS NEVES

Andava uma rapariga a guardar ovelhas e a chorar. Apareceu-lhe uma mulher, que era a Senhora das Neves, e perguntou-lhe o que tinha. A rapariga disse que a mãe lhe não tinha dado pão. A mulher tornou-lhe que fosse pedir pão à mãe, que esta tinha uma arca cheia de pão. Enquanto a mulher lhe ficou a guardar as ovelhas, a rapariga foi e contou à mãe. Esta mandou-a à arca e efectivamente estava cheia de pão. A
rapariga tirou para si e voltou para o monte; as ovelhas estavam lá, mas a mulher não. No terceiro dia tornou a aparecer à rapariga e disse-lhe que fosse ter com a mãe para esta madar fazer uma casa de oração, que o dinheiro apareceria. É esta a origem da actual igreja da Senhora das Neves. (Foi um velho que me contou isto em 1890, mas não me soube dar mais explicações)..

 

El auxilio de la dama blanca

Cuando se dio cuenta de que se había perdido, Joaquín dejó rodar por sus mejillas dos gruesas y silenciosas lágrimas. El manojo de espárragos que aprisionaba en la mano se fue aflojando poco a poco hasta caer suavemente sobre la hierba. Ya era sol puesto. La niebla, ahora espesa, parecía haberse tragado todo el panorama de los alrededores. La indecisión lo desalentó. Fue a sentarse en una pequeña roca que había allí cerca, al lado de un cerro poco prominente. No pasó mucho tiempo, cuando el niño se dio cuenta de un cambio atmosférico. El viento había cesado y una luz que cada vez se hacía más y más intensa invadió un punto en lo alto del cerro. Joaquín, sin comprender, abrió los ojos. En aquel momento quiso oír una música celestial y lejana. A pocos pasos de él, entre el resplandor de la luz ya cegadora, apareció una señora vestida de blanco, con un manto azul. El niño abrió la boca de asombro… Sus ojos no pestañearon. A los pocos segundos oyó que le decía:
– SOY TU MADRE DEL CIELO.
Joaquín era un niño sensible. Aquella voz, aquellas palabras, lo invadieron de ternura. Repentinamente se arrodilló. De nuevo la voz de la Señora, una voz que parecía tener eco:
– VEN -le dijo-.
Como un sonámbulo, Joaquín se levantó lentamente, atraído por la voz y la figura. Cuando llegó a su lado, la Señora lo cubrió con su manto azul, en un abrazo tierno. El niño no sabía qué decir, se tragaba las palabras. Pero ahora sentía un gozo infinito. Un calor de nido le recorría todo el cuerpo. Luego, en su imaginación infantil, le parecía estar en el lecho de plumas de Dª Julia, su maestra de escuela, y pensaba
con alegría si no estaría ya en el cielo. Permanecía inmóvil, por miedo a que el más mínimo movimiento hiciera desaparecer la visión. De repente ocurrió algo extraordinario. Empezaron a caer copos de nieve, espesos y abundantes. Lo más extraño era que a él no le tocaban. En esa pequeña circunferencia había como un fuego que los derretía. Joaquín no sentía ningún frío. El calor que emanaba la Señora le hizo
entrar en una dejada somnolencia. Cerró los ojos y se durmió profundamente.

Juan y Vicenta habían sido acogidos en una huerta de los alrededores. Con las primeras luces del nuevo día salieron a buscar el niño . Sus ojos escudriñaban con avidez el paisaje, creyendo adivinar su figura en cualquier bulto aparente. La esperanza no les abandonó. Con pasos cansados llegaron a un lugar donde se divisaba el cerro de la aparición. Juan fue el primero que se fijó en aquella mancha roja que destacaba de los campos.
– ¡Es él, es su chaleco rojo! ¡Es Joaquín… !
El tono de su voz parecía resucitar. Fueron corriendo, él y ella, abandonando el cansancio. Joaquín estaba dormido con la cabeza apoyada entre los brazos. Su semblante inspiraba serenidad, parecía un ángel. La emoción de sus padres lo despertó. Las preguntas se multiplicaron, pero él tan sólo acertaba a decirles:
– Vi una señora que me tapó con su manto y me dormí. No tuve frío, de verdad,
no tuve

     La Dama blanca d’Aubinyà

En el pasado gobernó en estas tierras un obispo injusto y opresor. Nada hacía cambiar su actitud, ni siquiera las advertencias de ser castigado por la Dama Blanca, una hermosa mujer siempre vestida de blanco. Una noche, al pasar con sus soldados por el río Aubinyà, el obispo vio a una misteriosa mujer al pie de una cascada. Deslumbrado por su belleza, la siguió entre las aguas y (supuestamente) desapareció para siempre. Poco después un lobo muy feroz empezó a atacar los rebaños de los alrededores. Parecía imposible cazarlo, hasta que el síndico de Andorra consiguió abatir la bestia, pero cayó enfermo al instante. Entonces apareció la Dama Blanca afirmando que el obispo, convertido en lobo, había causado la enfermad del síndico. Ella no podría salvar al moribundo, pero prometió que desde ese momento protegería para siempre el Principado

 

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Bibliografía

https://www.grandvalira.com/sites/default/files/files/Llegenda%20La%20dama%20blanca%20d’Aubinya.pdf

Martos Núñez, Eloy, La casa encantada: estudios sobre cuentos, mitos y leyendas de España y Portugal : seminario interuniversitario de estudios sobre la tradición, Junta de Extremadura, Editora Regional de Extremadura, 1997, pp. 100-110.

A. Limpo Píriz: Olivenza Antología esencial. P. 310-2, texto de m. Dolores
Mira.

 

Las hadas, ¿una raza que desaparece?

Las hadas, ¿una raza que desaparece?

1-Las hadas, ¿una raza que desaparece?

 

Parece que, en las tradiciones mejor conservadas de los pueblos, el hada pasaba por ser una entidad o deidad menor. La gente le ofrecía ofrendas en busca de consejo y protección. Conseguir esta información en lugares donde la tradición aún está viva tiene un valor incalculable. Ya sea para los amantes de la historia, de la antropología, y por qué no, para los creyentes de la vieja religión, estas historias constituyen un patrimonio digno de elogiar.

Como hemos visto hasta ahora, las hadas parecen poseer poderes más allá de toda comprensión. Produce cierta perplejidad que necesiten constantemente nuestra ayuda, aun contando con tan majestuosos poderes. ¿Por qué necesitaría de un humano alguien inmortal y con tan poderosos dones?

Las viejas leyendas dejan constancia de una realidad terrible en torno a las hadas. Las hadas tienen fabulosos poderes, pero padecen una debilidad congénita[1]. Según las viejas tradiciones, las hadas son físicamente débiles y escuálidas. Tan escuálidos son sus cuerpos maltrechos, que o bien no pueden cuidar de sus hijos[2] o bien nos necesitan para tenerlos.

Esta es la razón que esgrimen algunos para tratar de entender la extraña costumbre que tienen las hadas de robar niños. Según se cuenta, aprovechan el despiste de las madres humanas para intercambiar sus débiles vástagos por el de la mujer humana. Al cabo de un tiempo (unos meses o años dependiendo la leyenda), el hada aparece para recobrar a su hijo y devuelve el infante humano.

Tampoco podemos obviar el hecho de que, en multitud de ocasiones, las sirenas, las llamadas hadas del mar, seduzcan a marineros jóvenes para aparearse. El acto sexual en ocasiones no es voluntario para el ser humano, pues a este se le embotan los sentidos preso de un hechizo, o directamente es agredido sexualmente por la fatal criatura.

Se ha dicho también que las hadas y otros seres mágicos se alimentan de nuestra energía vital o, más concretamente, de nuestra fe o confianza en ellos. Es una forma poética de esa oración tan manida que hemos escuchado en alguna ocasión: «Cada vez que alguien deja de creer en las hadas, muere una de ellas».

Pues bien, ya sea por un defecto endémico que afecta su ciclo reproductivo o por ir progresivamente perdiendo su mundo en favor de los humanos, lo cierto es que cada vez se ven menos hadas. No quiere decir que los encuentros hayan desaparecido, pero bien es cierto que, con el tiempo, las áreas en que antes se podía escuchar su música y ver su luz ahora restan en silencio…

y tú, ¿Qué opinas querido lector? ¿Las hadas han muerto?

 

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3-Bibliografía

[1] «En el caso concreto del rapto de bebés humanos, se han barajado dos posibles teorías, a cual más variopinta, pero en las que tantos argumentos hay a favor como en contra para considerarlas aceptables. La primera de ellas dice que se trata de una raza en clara decadencia genética y por eso sus visibles manifestaciones cada vez son menores». Callejo, Jesús, op. cit. pág. 74.

 

[2] «Las hadas se aprovechan de la inteligencia y la fuerza de los seres humanos, lo que da lugar a ocasionales interacciones en su mundo: efectuando secuestros de comadronas para que les ayuden en difíciles partos “feéricos” o para amamantar a sus recién nacidos que, por lo general, son débiles y enclenques». Callejo, Jesús, op. cit. pág. 74.

 

 

el lado oscuro de las hadas (parte 2)

el lado oscuro de las hadas (parte 2)

                  El lado oscuro de las hadas (parte 2)

Hace unos días comenzamos en este blog un pequeño apartado en que reflexionaba sobre la parte oscura del mundo feérico. Muchos me pidieron que ahondara en tan extraña cuestión y, tras mucho detenimiento, he decidido redactar estas líneas.

En el anterior post nos referimos a esa oscura aura que envuelve estas criaturas y sus encuentros con los humanos. Pues bien, conviene ahora que profundicemos sobre dicha cuestión, con la esperanza de que uno se guarde y mucho de tomarse a la ligera los avistamientos de estas entidades.

Su naturaleza es distinta a la nuestra a la nuestra y, por ende, su propio devenir puede ser nocivo para los humanos. Contaba  el reverendo Robert Kirk allá en el 1691 en su tratado, La comunidad secreta, algunas de las costumbres de las hadas que podían ser nocivas para los humanos. Por ejemplo, las hadas tienden a bailar durante horas en una especie de gran círculo mágico. Si el humano topa con  dicho ritual, debe guardarse de no unirse a ellas, pues ese trance puede durar días y puede provocar la muerte al sujeto bien  por agotamiento o por inanición.

A veces el solo avistamiento del hada provoca un enamoramiento febril en el hombre ( o mujer) hasta tal punto que, quienes dicen haberlas visto caían en una profunda melancolía si no podían volver a verlas e, incluso, morían tras una larga agonía. Podemos ver un ejemplo en el celebérrima leyenda de Bécquer «la mujer de ojos verdes»:

Herido va el ciervo… herido va; no hay duda. Se ve el rastro de la sangre entre las zarzas del monte, y al saltar uno de esos lentiscos han flaqueado sus piernas… Nuestro joven señor comienza por donde otros acaban… en cuarenta años de montero no he visto mejor golpe… ¡Pero por San Saturio, patrón de Soria! cortadle el paso por esas carrascas, azuzad los perros, soplad en esas trompas hasta echar los hígados, y hundidle á los corceles una cuarta de hierro en los ijares: ¿no véis que se dirige hacia la fuente de los Álamos, y si la salva antes de morir podemos darle por perdido?

Las cuencas del Moncayo repitieron de eco en eco el bramido de las trompas, el latir de la jauría desencadenada y las voces de los pajes resonaron con nueva furia, y el confuso tropel de hombres, caballos y perros se dirigió al punto que Iñigo, el montero mayor de los marqueses de Almenar, señalara como el más á propósito para cortarle el paso á la res.

Pero todo fué inútil. Cuando el más ágil de los lebreles llegó á las carrascas jadeante y cubiertas las fauces de espuma, ya el ciervo, rápido como una saeta, las había salvado de un solo brinco, perdiéndose entre los matorrales de una trocha que conducía á la fuente.

—¡Alto!… ¡Alto todo el mundo! gritó Iñigo entonces; estaba de Dios que había de marcharse. Y la cabalgata se detuvo, y enmudecieron las trompas, y los lebreles dejaron refunfuñando la pista á la voz de los cazadores. En aquel momento se reunía á la comitiva el héroe de la fiesta, Fernando de Argensola, el primogénito de Almenar.

—¿Qué haces? exclamó dirigiéndose á su montero, y en tanto, ya se pintaba el asombro en sus facciones, ya ardía la cólera en sus ojos. ¿Qué haces, imbécil? ¡Ves que la pieza está herida, que es la primera que cae por mi mano, y abandonas el rastro y la dejas perder para que vaya á morir en el fondo del bosque! ¿Crees acaso que he venido á matar ciervos para festines de lobos?

—Señor, murmuró Iñigo entre dientes, es imposible pasar de este punto.

—¡Imposible! ¿y por qué?

—Porque esa trocha, prosiguió el montero, conduce á la fuente de los Alamos; la fuente de los Alamos, en cuyas aguas habita un espíritu del mal. El que osa enturbiar su corriente, paga caro su atrevimiento. Ya la res habrá salvado sus márgenes; ¿cómo la salvaréis vos sin atraer sobre vuestra cabeza alguna calamidad horrible? Los cazadores somos reyes del Moncayo, pero reyes que pagan un tributo. Pieza que se refugia en esa fuente misteriosa, pieza perdida.

—¡Pieza perdida! Primero perderé yo el señorío de mis padres, y primero perderé el ánima en manos de Satanás, que permitir que se me escape ese ciervo, el único que ha herido mi venablo, la primicia de mis excursiones de cazador… ¿Lo ves?… ¿lo ves?… Aún se distingue á intervalos desde aquí… las piernas le faltan, su carrera se acorta; déjame… déjame… suelta esa brida, ó te revuelco en el polvo.. ¿Quién sabe si no le daré lugar para que llegue á la fuente? y si llegase, al diablo ella, su limpidez y sus habitadores. ¡Sus! ¡Relámpago! ¡sus, caballo mío! si lo alcanzas, mando engarzar los diamantes de mi joyel en tu serreta de oro.

Caballo y jinete partieron como un huracán.

Iñigo los siguió con la vista hasta que se perdieron en la maleza; después volvió los ojos en derredor suyo; todos, como él, permanecían inmóviles y consternados.

El montero exclamó al fin:

—Señores, vosotros lo habéis visto; me he expuesto á morir entre los pies de su caballo por detenerle. Yo he cumplido con mi deber. Con el diablo no sirven valentías. Hasta aquí llega el montero con su ballesta; de aquí adelante, que pruebe á pasar el capellán con su hisopo.

II

—Tenéis la color quebrada; andáis mustio y sombrío; ¿qué os sucede? Desde el día, que yo siempre tendré por funesto, en que llegásteis á la fuente de los Álamos en pos de la res herida, diríase que una mala bruja os ha encanijado con sus hechizos.

Ya no váis á los montes precedido de la ruidosa jauría, ni el clamor de vuestras trompas despierta sus ecos. Sólo con esas cavilaciones que os persiguen, todas las mañanas tomáis la ballesta para enderezaros á la espesura y permanecer en ella hasta que el sol se esconde. Y cuando la noche oscurece y volvéis pálido y fatigado al castillo, en balde busco en la bandolera los despojos de la caza. ¿Qué os ocupa tan largas horas lejos de los que más os quieren?

Mientras Iñigo hablaba, Fernando, absorto en sus ideas, sacaba maquinalmente astillas de su escaño de ébano con el cuchillo de monte.

Después de un largo silencio, que sólo interrumpía el chirrido de la hoja al resbalarse sobre la pulimentada madera, el joven exclamó dirigiéndose á su servidor, como si no hubiera escuchado una sola de sus palabras.

—Iñigo, tú que eres viejo, tú que conoces todas las guaridas del Moncayo, que has vivido en sus faldas persiguiendo á las fieras, y en tus errantes excursiones de cazador subiste más de una vez á su cumbre, dime: ¿has encontrado por acaso una mujer que vive entre sus rocas?

—¡Una mujer! exclamó el montero con asombro y mirándole de hito en hito.

—Sí, dijo el joven; es una cosa extraña lo que me sucede, muy extraña… Creí poder guardar ese secreto eternamente, pero no es ya posible; rebosa en mi corazón y asoma á mi semblante. Voy, pues, á revelártelo… Tú me ayudarás á desvanecer el misterio que envuelve á esa criatura, que al parecer solo para mí existe, pues nadie la conoce, ni la ha visto, ni puede darme razón de ella. El montero, sin despegar los labios, arrastró su banquillo hasta colocarle junto al escaño de su señor, del que no apartaba un punto los espantados ojos. Este, después de coordinar sus ideas, prosiguió así:

—Desde el día en que á pesar de tus funestas predicciones llegué á la fuente de los Álamos, y atravesando sus aguas recobré el ciervo que vuestra superstición hubiera dejado huir, se llenó mi alma del deseo de la soledad.

Tú no conoces aquel sitio. Mira, la fuente brota escondida en el seno de una peña, y cae resbalándose gota á gota por entre las verdes y flotantes hojas de las plantas que crecen al borde de su cuna. Aquellas gotas que al desprenderse brillan como puntos de oro y suenan como las notas de un instrumento, se reúnen entre los céspedes, y susurrando, susurrando como un ruido semejante al de las abejas que zumban en torno de las flores, se alejan por entre las arenas, y forman un cauce, y luchan con los obstáculos que se oponen á su camino, y se repliegan sobre sí mismas, y saltan, y huyen, y corren, unas veces con risa, otras con suspiros, hasta caer en un lago. En el lago caen con un rumor indescriptible. Lamentos, palabras, nombres, cantares, yo no sé lo que he oído en aquel rumor cuando me he sentado solo y febril sobre el peñasco, á cuyos pies saltan las aguas de la fuente misteriosa para estancarse en una balsa profunda, cuya inmóvil superficie apenas riza el viento de la tarde.

Todo es allí grande. La soledad con sus mil rumores desconocidos, vive en aquellos lugares y embriaga el espíritu en su inefable melancolía. En las plateadas hojas de los álamos, en los huecos de las peñas, en las ondas del agua, parece que nos hablan los invisibles espíritus de la naturaleza, que reconocen un hermano en el inmortal espíritu del hombre.

Cuando al despuntar la mañana me veías tomar la ballesta y dirigirme al monte, no fué nunca para perderme entre sus matorrales en pos de la caza, no; iba á sentarme al borde de la fuente, á buscar en sus ondas… no sé qué, ¡una locura! El día en que salté sobre ella con mi Relámpago, creí haber visto brillar en su fondo una cosa extraña… muy extraña… los ojos de mujer.

Tal vez sería un rayo de sol que serpeó fugitivo entre su espuma; tal vez una de esas flores que flotan entre las algas de su seno, y cuyos cálices parecen esmeraldas… no sé: yo creí ver una mirada que se clavó en la mía; una mirada que encendió en mi pecho un deseo absurdo, irrealizable: el de encontrar una persona con unos ojos como aquellos.

En su busca fui un día y otro á aquel sitio.

Por último, una tarde… yo me creí juguete de un sueño… pero no, es verdad, la he hablado ya muchas veces, como te hablo á tí ahora… una tarde encontré sentada en mi puesto, y vestida con unas ropas que llegaban hasta las aguas y flotaban sobre su haz, una mujer hermosa sobre toda ponderación. Sus cabellos eran como el oro; sus pestañas brillaban como hilos de luz, y entre las pestañas volteaban inquietas unas pupilas que yo había visto… sí; porque los ojos de aquella mujer eran los ojos que yo tenía clavados en la mente; unos ojos de un color imposible; unos ojos…

—¡Verdes! exclamó Iñigo con un acento de profundo terror, é incorporándose de un salto en su asiento.

Fernando le miró á. su vez como asombrado de que concluyese lo que iba á decir, y le preguntó con una mezcla de ansiedad y de alegría:

—¿La conoces?

—¡Oh, no! dijo el montero. ¡Líbreme Dios de conocerla! Pero mis padres, al prohibirme llegar hasta esos lugares, me dijeron mil veces que el espíritu, trasgo, demonio ó mujer que habita en sus aguas, tiene los ojos de ese color. Yo os conjuro, por lo que más améis en la tierra, á no volver á la fuente de los Álamos. Un día ú otro os alcanzará su venganza, y expiaréis, muriendo, el delito de haber encenagado sus ondas.

—¡Por los que más amo!… murmuró el joven con una triste sonrisa.

—¡Sí, prosiguió el anciano; por vuestros padres, por vuestros deudos, por las lágrimas de la que el cielo destina para vuestra esposa, por las de un servidor que os ha visto nacer…

—¿Sabes tú lo que más amo en este mundo? ¿Sabes tú por qué daría yo el amor de mi padre, los besos de la que me dió la vida, y todo el cariño que pueden atesorar todas las mujeres de la tierra? Por una mirada, por una sola mirada de esos ojos… ¡Cómo podré yo dejar de buscarlos!

Dijo Fernando estas palabras con tal acento, que la lágrima que temblaba en los párpados de Iñigo se resbaló silenciosa por su mejilla, mientras exclamó con acento sombrío: ¡Cúmplase la voluntad del cielo!

III

—¿Quién eres tú? ¿Cuál es tu patria? ¿En dónde habitas? Yo vengo un día y otro en tu busca, y ni veo el corcel que te trae á estos lugares, ni á los servidores que conducen tu litera. Rompe de una vez el misterioso velo en que te envuelves como en una noche profunda, yo te amo, y, noble ó villana, seré tuyo, tuyo siempre…

El sol había traspuesto la cumbre del monte; las sombras bajaban á grandes pasos por su falda; la brisa gemía entre los álamos de la fuente, y la niebla, elevándose poco á poco de la superficie del lago, comenzaba á envolver las rocas de su margen.

Sobre una de estas rocas, sobre una que parecía próxima á desplomarse en el fondo de las aguas, en cuya superficie se retrataba temblando el primogénito de Almenar, de rodillas á los pies de su misteriosa amante, procuraba en vano arrancarle el secreto de su existencia.

Ella era hermosa, hermosa y pálida, como una estatua de alabastro. Uno de sus rizos caía sobre sus hombros, deslizándose entre los pliegues del velo como un rayo de sol que atraviesa las nubes, y en el cerco de sus pestañas rubias brillaban sus pupilas como dos esmeraldas sujetas en una joya de oro.

Cuando el joven acabó de hablarle, sus labios se removieron como para pronunciar algunas palabras, pero sólo exhalaron un suspiro, un suspiro débil, doliente, como el de la ligera onda que empuja una brisa al morir entre los juncos.

—¡No me respondes! exclamó Fernando al ver burlada su esperanza; ¿querrás que dé crédito á lo que de tí me han dicho? ¡Oh! No… Háblame: yo quiero saber si me amas; yo quiero saber si puedo amarte, si eres una mujer…

—O un demonio… ¿Y si lo fuese?

El joven vaciló un instante; un sudor frío corrió por sus miembros; sus pupilas se dilataron al fijarse con más intensidad en las de aquella mujer, y fascinado por su brillo fosfórico, demente casi, exclamó en un arrebato de amor:

—Si lo fueses… te amaría… te amaría como te amo ahora, como es mi destino amarte, hasta más allá de esta vida, si hay algo más allá de ella.

—Fernando, dijo la hermosa entonces con una voz semejante á una música: yo te amo más aún que tú me amas; yo, que desciendo hasta un mortal, siendo un espíritu puro. No soy una mujer como las que existen en la tierra; soy una mujer digna de tí, que eres, superior á los demás hombres. Yo vivo en el fondo de estas aguas; incorpórea como ellas, fugaz y trasparente, hablo con sus rumores y ondulo con sus pliegues. Yo no castigo al que osa turbar la fuente donde moro; antes le premio con mi amor, como á un mortal superior á las supersticiones del vulgo, como á un amante capaz de comprender mi cariño extraño y misterioso.

Mientras ella hablaba así, el joven, absorto en la contemplación de su fantástica hermosura, atraído como por una fuerza desconocida, se aproximaba más y más al borde de la roca. La mujer de los ojos verdes prosiguió así:

—¿Ves, ves el límpido fondo de ese lago, ves esas plantas de largas y verdes hojas que se agitan en su fondo?… Ellas nos darán un lecho de esmeraldas y corales… y yo… yo te daré una felicidad sin nombre, esa felicidad que has soñado en tus horas de delirio, y que no puede ofrecerte nadie… Ven, la niebla del lago flota sobre nuestras frentes como un pabellón de lino… las ondas nos llaman con sus voces incomprensibles, el viento empieza entre los álamos sus himnos de amor; ven… ven…

La noche comenzaba á extender sus sombras, la luna rielaba en la superficie del lago, la niebla se arremolinaba al soplo del aire, y los ojos verdes brillaban en la oscuridad como los fuegos fatuos que corren sobre el haz de las aguas infectas… Ven… ven… estas palabras zumbaban en los oídos de Fernando como un conjuro. Ven… y la mujer misteriosa le llamaba al borde del abismo, donde estaba suspendida, y parecía ofrecerle un beso… un beso…

Fernando dió un paso hacia ella… otro… y sintió unos brazos delgados y flexibles que se haban á su cuello, y una sensación fría en sus labios ardorosos, un beso de nieve… y vaciló… y perdió pie, y cayó al agua con un rumor sordo y lúgubre.

Las aguas saltaron en chispas de luz, y se cerraron sobre su cuerpo, y sus círculos de plata fueron ensanchándose, ensanchándose hasta espirar en las orillas.

Tras la lectura de estas líneas, la conclusión es que  el hada ejerce sobre el incauto joven una poderosa influencia que enturbia su mente hasta tal punto que le lleva a la muerte….

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DE VENEFICIS 

 

Bibliografía

-Becquer, Gustavo Adolfo «Rimas y leyendas»

-Ruiz Osuna, Pablo y Reñé Quilés, David «Guía de los seres mitológicos españoles»

-https://es.wikisource.org/wiki/Los_ojos_verdes

 

 

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