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Mes: diciembre 2020

La leyenda de Lantarón

La leyenda de Lantarón

La leyenda de Lantarón

Centrándonos en el caso de nuestro país, ya encontramos vestigios de la creencia en sirenas desde época precristiana. Por entonces ya circulaban leyendas sobre sirenas y su versión masculina, los tritones. Era célebre la historia de Lantarón, rey del mar, figura asociada por muchos como el Neptuno ibérico[1]. Lantarón, según se creía, poseía figura humana con manos y pies unidos por membranas. Su piel era verde y negra, pudiendo adoptar tonalidades fosforescentes gracias a su poder sobrenatural.

Esta enigmática deidad permitía a los humanos casarse con una de sus súbditas, siempre y cuando el intrépido humano cumpliera un estudiado ritual. En primer lugar, debía capturar la sirena con la que quisiera casarse (procedimiento que en las leyendas figura como tarea casi imposible) y después, nada más capturarla, darle un beso. Tras el contacto, la sirena perdía sus características anatómicas y pasaba a ser una mujer humana. Para que el efecto fuera permanente, el humano debía esconder el espejo de nácar de la sirena, pues de lo contrario volvería a su antiguo ser.

Probablemente esta leyenda pueda leerse en clave simbólica. En los pueblos antiguos el matrimonio se representaba como un rapto, pues la mujer pasaba a formar parte de la familia del hombre. Se puede comprobar cuanto digo a través de una antigua tradición romana. La noche anterior al matrimonio, el marido entraba en casa de la novia y la «secuestraba» de forma simbólica. Así se representaba el abandono de la familia materna en favor de la familia paterna.

En este caso, la simbología también está presente. La única manera de que el matrimonio entre humano y sirena funcione es que esta abandone su medio, su mundo, para ir a vivir al mundo de los hombres. La mejor manera de evidenciar ese compromiso es renunciar a todo lo que la diferencia: su naturaleza ictícola

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Bibliografía

 

[1] Guerrero Salazar, Susana y Emilio A. Núñez Cabezas: «Aves fabulosas, sirenas y otros monstruos marinos de las leyendas tradicionales», Isla de Arriarán: Revista Cultural y Científica 16 (2000): 259–68, <https://dialnet.unirioja.es/ejemplar/138197>. (262-263)

RUIZ OSUNA Pablo y REÑÉ QUILES, David «Guía de los seres mitológicos españoles»

EL MITO DEL GIGANTE EN ESPAÑA(Parte 1)

EL MITO DEL GIGANTE EN ESPAÑA(Parte 1)

EL MITO DEL GIGANTE EN ESPAÑA

Imagen de Rodolfo Gorrin

Nuestras lindes son ricas en historias y leyendas sobre los gigantes. Las tradiciones son numerosas y muy heterogéneas; se pueden diferenciar distintos tipos de gigantes.

Los mitos de gigantes en nuestro país gozan de una larga tradición. Ya las fuentes romanas atestiguan la creencia de un poderoso gigante en la zona de Gibraltar[1]. Este, con su fuerza, propiciaba el naufragio de las embarcaciones, lo que provocaba la muerte de los pobres incautos que caían en sus redes.

Posteriormente, queda atestiguada la creencia en los gigantes en nuestro país a través de una multitud de mitos que he podido recopilar. He procedido a dividirlos en dos grupos bien diferenciados. Un primer grupo guarda especial similitud con el mito griego del cíclope Polifemo. A esta clase de seres los he denominado «ciclópeos». Suelen presentar descripciones monstruosas: un solo ojo, varios brazos, pies redondos…

El segundo grupo englobaría una raza anterior de «súper‑humanos» con capacidades majestuosas, ya sea el uso de la magia, una tecnología superior, velocidad y fuerza descomunales, etc. A este último grupo lo he bautizado con el nombre de «Los antiguos constructores» para diferenciarlos del primer grupo.

 

 

 1-Los antiguos constructores, Los Mouros

 

En Galicia se cuentan historias de unos antiguos pobladores anteriores a los humanos llamados «mouros»[2]. No guardan relación alguna con ninguna tribu norteafricana[3], sino con una antigua raza de gigantes constructores anteriores al ser humano. Sus costumbres son distintas a las de los humanos, como lo son las de los animales de especies distintas. No son cristianos, sino que participan de un sistema de creencias asociadas al paganismo. Según se cuenta, guardan reposo durante el día y permanecen despiertos durante la noche[4].

Esta antigua raza dista mucho de las historias sobre gigantes del mundo helénico. Los mouros son una civilización en decadencia por su número, pero las pistas indican que, de haber existido alguna vez, fueron un pueblo avanzado e inmensamente rico. «Son dueños de los tesoros de Galicia, de fabulosas joyas y piedras preciosas, siendo de oro hasta los yugos de sus bueyes, las guarniciones de sus monturas y sus aperos de labranza»[5].

Imagen de: https://salik.biz/articles/69617-svidetelstva-o-russkom-velikane-i-neizvestnyi-geografii-ostrov-gde-zhivut-ispoliny.html

El mundo de los mouros es predominantemente subterráneo, aunque sus apariciones se hagan en la superficie. El mundo habitado por ellos es paralelo al de los humanos, y los puntos de encuentro son lugares muy marcados desde el punto de vista espacial: lugares con restos de construcciones, sitios «no naturales»[6].

Cualquier actividad que realizan es próspera, pues casi la práctica totalidad de sus herramientas, así como de sus productos, son de oro. Son capaces de encontrar los tesoros ocultos en la madre tierra y suelen custodiarlos en sus antiguas construcciones, los dólmenes y megalitos[7].

Su lista de capacidades o «poderes» resulta amplísima. En primer lugar, dominan por completo uno de los cuatro elementos. Pueden modelar a su voluntad el elemento tierra sin ninguna dificultad. No es extraño verlos cargando toneladas de piedra como si se tratara de un mero fardo de trigo de unos pocos gramos. El conocimiento de su elemento, la tierra, llega hasta tal punto que pueden hacer y desaparecer a su antojo entradas y salientes en la tierra en tan solo un instante. Le basta una sola palabra a modo de sortilegio para desarrollar esa magia ancestral[8].

También pueden volverse invisibles si lo desean para huir de la presencia de los humanos, de los que han aprendido a desconfiar. Su poder es tal que pueden cambiar a voluntad su forma física por la etérea en cualquier momento sin ninguna dificultad. Esta es la razón por la que el contacto con esta antigua raza (si existió alguna vez) resulta harto complicado.

 

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2-Gerión, ¿mito autóctono o propaganda griega?( Texto escrito por Elisa Rivero Bañuelos)

 

Como hemos visto, en España no estamos faltos de gigantes. Pero hay uno que se pierde en los anales del tiempo, en la obtusa protohistoria en la que los mitos y la realidad se confunden.

 

Gerión y Ortro. Ánfora de figuras negras datada en ca. 540 a. C., Biblioteca Nacional de Francia.

Hablamos de Gerión, el mítico rey tricéfalo. Es poco lo que sabemos sobre la historia de la Península Ibérica antes de la llegada de los romanos. Obviando por un momento lo que nos cuenta la arqueología, apenas hemos heredado un puñado de nombres y mitos de manos de los griegos.

Gerión, Habis y Argantonio son los tres antropónimos que nos vienen a la cabeza cuando pensamos en la civilización más antigua de nuestro territorio: Tartessos.

El concepto de Tartessos es a día de hoy aún confuso. Para no entrar en debates, diremos que Tartessos fue un pueblo que se desarrolló en el suroeste de la Península Ibérica entre los siglos VIII y IV a.C., asentado en la cuenca del Guadalquivir y extendido más tarde hacia el Guadiana. Su economía se basaba en la ganadería y la explotación minera de la serranía, cuyo excedente exportaban a través de la Fachada Atlántica primero y por el Mediterráneo después. Su desarrollo cultural y económico tan sobresaliente solo se pueden entender bajo el influjo de los pueblos con los que comerciaban y que fundaron sus emporios en las costas tartesias: principalmente los fenicios, aunque también los griegos.

Gerión, Habis y Argantonio representan efectivamente la evolución y consolidación de lo que los griegos entendían por civilización. Es por ello que debemos tomar estos mitos con cautela, interpretados siempre desde la óptica griega, pero sin negarles un poso de autenticidad indígena.

Según esta interpretación, Gerión simbolizaría la ganadería, Habis la agricultura y la urbanización, y Argantonio la minería y el comercio.

Una vez puestos en situación, nos centraremos en el gigante. La leyenda la recoge por primera vez Estesícoro (s. VI a.C.) en su poema Gerioneida. Dice que Gerión era hijo de Calírroe y Crísaor, nieto de medusa. Tenía tres cuerpos gigantescos con sus tres cabezas, seis brazos, seis piernas y alas. Gerión habitaba con sus bueyes en la isla Eritea, en las gadeiras. Su pastor Euritión y su

perro de dos cabezas Orto cuidaban la vacada. Arribó Heracles a las Gadeiras con su décimo trabajo. Para robar los bueyes, dio muerte a pastor y perro. Alguien alertó al dueño, que se dispuso a enfrentar a Heracles a pesar de los ruegos de su madre, Calírroe. Gerión argumentó que es mejor combatir con gloria que vivir con deshonor. Heracles se escondió y le atacó por sorpresa. Derribó el casco de una de las cabezas y la atravesó con una flecha. Finalmente, le dio muerte y se llevó los bueyes al continente. Escritos posteriores dicen que lo mató con una flecha emponzoñada con veneno de la hidra, o que de su sangre nació el drago de la facultad de Bellas Artes de Cádiz. Pausanias nos cuenta que Gerión tenía una hija, Eritea, que engendró con Hermes al héroe Nórax, fundador de Nora (Cerdeña).

 

La ascendencia de Gerión lo carga ya con el yugo del monstruo, de lo horrible, haciendo la hazaña de Heracles aún más heroica. No es por tanto invento de Roma el exagerar las filas enemigas al hacer recuento.

Como en otros tantos pasajes de la mitología griega, el occidente se nos presenta como un mundo peligroso cargado de riquezas: pingües bueyes, oro y riquezas sin parangón, manzanas doradas… siempre custodiadas por criaturas terroríficas. Algunos autores razonan que fueron los fenicios, primeros en explotar estas costas, quienes difundieron la leyenda negra para disuadir a la competencia. Los trabajos de Heracles serían por tanto publicidad para empujar a sus comerciantes y oikistés al mar, hacia un occidente ya limpio de monstruos.

Cuánto queda de la realidad y cuánto ha sido tergiversado en el mito, no podemos saberlo.

Bibliografía

[1] “Díaz Rodríguez, Enrique: «Mitos, cultos y leyendas (I). Aproximación a las creencias religiosas en la zona del Estrecho y otras aproximaciones», Aljaranda: Revista de Estudios Tarifeños 19 (1995): 9‑14, <https://dialnet.unirioja.es/buscar/documentos?querysDismax.DOCUMENTAL_TODO=Mitos%2C+cu ltos+y+leyendas+%28I%29.+Aproximación+a+las+creencias+religiosas+en+la+zona+del+estrecho+y+ot ras+aproximaciones>.

[2] «Os mouros galegos son considerados, na sociedade rural, os antigos poboadores do noso territorio, pero non os devanceiros. Nós somos oscristiáns, eles son os xentís. Nós somos a xente, eles son os mouros. Eles, a diferenza de nós, saen de noite e dormen de día, viven debaixo da terra, debaixo da auga, dentro de rochas, en covas e en casas e pazos baixo osouteiros, mentres nós vivimos na superficie. É un xeito de construí-la nosa identidade por alterida de, por oposición» VV. AA., Os mouros e as mouras: máxicos enigmáticos da mitoloxía popular, pág. 16.

[3] Este error es muy común. A pesar de los intentos de los folcloristas, aún se puede encontrar tamaña equivocación en trabajos especializados.

[4] «Os mouros galegos son considerados, na sociedade rural, os antigos poboadores do noso territorio, pero non os devanceiros. Nós somos oscristiáns, eles son os xentís. Nós somos a xente, eles son os mouros. Eles, a diferenza de nós, saen de noite e dormen de día, viven debaixo da terra, debaixo da auga, dentro de rochas, en covas e en casas e pazos baixo osouteiros, mentres nós vivimos na superficie. É un xeito de construí-la nosa identidade por alteridade, por oposición. O pobo tende a distancialos, poisAsentos dos Mouros (Castroverde) Burato dos Mouros (Pico Sacro) Casa dos Mouros (Candeán, Vigo) aínda que os dota de estruturas sociais, necesidades, crenzas relixiosas e preocupacións propias da humanidade actual, faino dende un punto de vista épico». VV. AA., Os mouros e as mouras: máxicos enigmáticos da mitoloxía popular, op. cit. pág 17.

 

[5] Pena Graña, Andrés: «Túmulos, mouros, enanos, gigantes, salvaje caza. La etnografía gallega vista como registro arqueológico no intervencionista», De Culturas, lenguas y tradiciones. II Simposio de Estudios Humanísticos, 2006, 229–46, <https://ruc.udc.es/dspace/handle/2183/12776>.

[6] Álvarez Vidaurre, Ester: «Leyendas, mitos y creencias populares: otras vías de aproximación al fenómeno megalítico», Cuardernos de Arqueología de la Universidad de Navarra 11 (2003): 91–108, <https://dialnet.unirioja.es/ejemplar/94115>, pág. 91-108.

[7] «Es creencia generalizada la de que los dólmenes, menhires y otras construcciones megalíticas esconden tesoros enterrados. Muchas veces se considera que son las riquezas de aquellos que los construyeron y habitaron (gigantes, gentiles, mouros, hadas, enanos…). Estos tesoros están en su mayor parte encantados, de manera que resulta imposible hacerse con ellos. Suelen estar guardados y protegidos por un hechizo, maldición, animales (gatos, liebres) o seres sobrenaturales (espectros, fantasmas). Las riquezas enterradas bajo estos monumentos adoptan diferentes formas según zonas». Álvarez Vidaurre, Ester: «Leyendas, mitos y creencias populares: otras vías de aproximación al fenómeno megalítico», op. cit. pág. 99.

[8] «No folclore galego é frecuente a referencia a mouros que entran ou semeten, ou abren a terra: “para min que iles aínda viven aquí subterráneamente solo qui lesteñen palabras que abren a terra e péchana». VV. AA.: «Os mouros: notas sobre a permanencia do mito no folclore», op. cit. pág. 43.

Remesal Rodríguez, José. 1979. Gerion, Habis, et, Arganthonios. Le peupleme protohistorique d’Andalousie.

Rodríguez Somolinos, Helena. 1989. “La» Gerioneida» de Estesícoro y la» Biblioteca» de Apolodoro”. Actas del VII Congreso Español de estudios clásicos. https://www.academia.edu/2012456/La_Gerioneida_de_Estes%C3%ADcoro_y_la_Biblioteca_de_Apolodoro

La leyenda de San Jorge y el dragón

La leyenda de San Jorge y el dragón

 La leyenda de San Jorge y el dragón

                                               imagen de www.artsttion.com

En cierta ocasión llegó San Jorge a una ciudad llamada Silca, en la provincia de Libia. Cerca de la población había un lago tan grande que parecía un mar donde se ocultaba un dragón de tal fiereza y tan descomunal tamaño, que tenía atemorizadas a las gentes de la comarca, pues cuantas veces intentaron capturarlo tuvieron que huir despavoridas a pesar de que iban fuertemente armadas. Además, el monstruo era tan sumamente pestífero que el hedor que despedía llegaba hasta los muros de la ciudad y con él infestaba a cuantos trataban de acercarse a la orilla de aquellas aguas.

Los habitantes de Silca arrojaban al lago cada día dos ovejas para que el dragón comiese y los dejase tranquilos, porque si le faltaba el alimento iba en busca de él hasta la misma muralla, los asustaba y, con la podredumbre de su hediondez, contaminaba el ambiente y causaba la muerte a muchas personas.

Al cabo de cierto tiempo los moradores de la región se quedaron sin ovejas o con un número muy escaso de ellas, y como no les resultaba fácil recebar sus cabañas, celebraron una reunión y en ella acordaron arrojar cada día al agua, para comida de la bestia, una sola oveja y a una persona, y que la designación de esta se hiciera diariamente, mediante sorteo, sin excluir de él a nadie. Así se hizo; pero llegó un momento en que casi todos los habitantes habían sido devorados por el dragón. Cuando ya quedaban muy pocos, un día, al hacer el sorteo de la víctima, la suerte recayó en la hija única del rey. Entonces este, profundamente afligido, propuso a sus súbditos:

―Os doy todo mi oro y toda mi plata y hasta la mitad de mi reino si hacéis una excepción con mi hija. Yo no puedo soportar que muera con semejante género de muerte.

El pueblo, indignado, replicó:

―No aceptamos. Tú fuiste quien propusiste que las cosas se hicieran de esta manera. A causa de tu proposición nosotros hemos perdido a nuestros hijos, y ahora, porque le ha llegado el turno a la tuya, pretendes modificar tu anterior propuesta. No pasamos por ello. Si tu hija no es arrojada al lago para que coma el dragón como lo han sido hasta hoy tantísimas otras personas, te quemaremos vivo y prenderemos fuego a tu casa.

En vista de tal actitud el rey comenzó a dar alaridos de dolor y a decir:

―¡Ay, infeliz de mí! ¡Oh, dulcísima hija mía! ¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo alegar? ¡Ya no te veré casada, como era mi deseo!

Después, dirigiéndose a sus ciudadanos les suplicó:

―Aplazad por ocho días el sacrificio de mi hija, para que pueda durante ellos llorar esta desgracia. El pueblo accedió a esta petición; pero, pasados los ocho días del plazo, la gente de la ciudad trató de exigir al rey que le entregara a su hija para arrojarla al lago, y clamando, enfurecidos, ante su palacio decían a gritos:

―¿Es que estás dispuesto a que todos perezcamos con tal de salvar a tu hija? ¿No ves que vamos a morir infestados por el hedor del dragón que está detrás de la muralla reclamando su comida?

Convencido el rey de que no podría salvar a su hija, la vistió con ricas y suntuosas galas y abrazándola y bañándola con sus lágrimas, decía:

―¡Ay, hija mía queridísima! Creía que ibas a darme larga descendencia, y he aquí que en lugar de eso vas a ser engullida por esa bestia. ¡Ay, dulcísima hija! Pensaba invitar a tu boda a todos los príncipes de la región y adornar el palacio con margaritas y hacer que resonaran en él músicas de órganos y timbales. Y ¿qué es lo que me espera? Verte devorada por ese dragón. ¡Ojalá, hija mía, ―le repetía mientras la besaba― pudiera yo morir antes que perderte de esta manera!

La doncella se postró ante su padre y le rogó que la bendijera antes de emprender aquel funesto viaje. Vertiendo torrentes de lágrimas, el rey la bendijo; tras esto, la joven salió de la ciudad y se dirigió hacia el lago. Cuando llorando caminaba a cumplir su destino, San Jorge se encontró casualmente con ella y, al verla tan afligida, le preguntó la causa de que derramara tan copiosas lágrimas.

La doncella le contestó:

―¡Oh buen joven! ¡No te detengas! Sube a tu caballo y huye a toda prisa, porque si no también a ti te alcanzará la muerte que a mí me aguarda.

―No temas, hija ―repuso San Jorge―; cuéntame lo que te pasa y dime qué hace allí aquel grupo de gente que parece estar asistiendo a algún espectáculo.

―Paréceme, piadoso joven ―le dijo la doncella― que tienes un corazón magnánimo. Pero ¿es que deseas morir conmigo? ¡Hazme caso y huye cuanto antes!

El santo insistió:

―No me moveré de aquí hasta que no me hayas contado lo que te sucede.

La muchacha le explicó su caso, y cuando terminó su relato, Jorge le dijo:

―¡Hija, no tengas miedo! En el nombre de Cristo yo te ayudaré.

―¡Gracias, valeroso soldado! ―replicó ella―, pero te repito que te pongas inmediatamente a salvo si no quieres perecer conmigo. No podrás librarme de la muerte que me espera, porque si lo intentaras morirías tú también; ya que yo no tengo remedio, sálvate tú.

Durante el diálogo precedente el dragón sacó la cabeza de debajo de las aguas, nadó hasta la orilla del lago, salió a tierra y empezó a avanzar hacia ellos. Entonces la doncella, al ver que el monstruo se acercaba, aterrorizada, gritó a Jorge:

―¡Huye! ¡huye a toda prisa, buen hombre!

Jorge, de un salto, se acomodó en su caballo, se santiguó, se encomendó a Dios, enristró su lanza, y, haciéndola vibrar en el aire y espoleando a su cabalgadura, se dirigió hacia la bestia a toda carrera, y cuando la tuvo a su alcance hundió en su cuerpo el arma y la hirió.

Acto seguido echó pie a tierra y dijo a la joven:

―Quítate el cinturón y sujeta con él al monstruo por el pescuezo. No temas, hija; haz lo que te digo.

Una vez que la joven hubo amarrado al dragón de la manera que Jorge le dijo, tomó el extremo del ceñidor como si fuera un ramal y comenzó a caminar hacia la ciudad llevando tras de sí al dragón que la seguía como si fuese un perrillo faldero. Cuando llegó a la puerta de la muralla, el público que allí estaba congregado, al ver que la doncella traía a la bestia, comenzó a huir hacia los montes dando gritos y diciendo:

―¡Ay de nosotros! ¡Ahora sí que pereceremos todos sin remedio!

San Jorge trató de detenerlos y de tranquilizarlos.

―¡No tengáis miedo! ―les decía―. Dios me ha traído hasta esta ciudad para libraros de este monstruo. ¡Creed en Cristo y bautizaos! ¡Ya veréis cómo yo mato a esta bestia en cuanto todos hayáis recibido el bautismo!

Rey y pueblo se convirtieron y, cuando todos los habitantes de la ciudad hubieron recibido el bautismo San Jorge, en presencia de la multitud, desenvainó su espada y con ella dio muerte al dragón, cuyo cuerpo, arrastrado por cuatro parejas de bueyes, fue sacado de la población amurallada y llevado hasta un campo muy extenso que había a considerable distancia. Veinte mil hombres se bautizaron en aquella ocasión. El rey, agradecido, hizo construir una iglesia enorme, dedicada a Santa María y a San Jorge. Por cierto, que al pie del altar de la citada iglesia comenzó a manar una fuente muy abundante de agua tan milagrosa que cuantos enfermos bebían de ella quedaban curados de cualquier dolencia que les aquejase. Igualmente, el rey ofreció a Jorge una inmensa cantidad de dinero que el santo no aceptó, aunque sí rogó al monarca que distribuyese la fabulosa suma entre los pobres[1].

Si estudiamos el mito con detenimiento, nos damos cuenta de que hay una infinitud de mensajes ocultos como símbolos y alegorías en el relato. No cabe duda de que el mito puede leerse como la vía iniciática del héroe[2]. El héroe (por lo general un joven de temprana edad) debe enfrentarse a un reto que no resulta alentador. El dragón, cuyas características (al menos en su versión occidental) nos son harto conocidas[3], es la perfecta representación de la muerte, a la que el protagonista debe vencer para regresar como héroe verdadero. Este combate encarnizado contra el monstruo representa la lucha contra la propia muerte. El héroe, para ser considerado como tal ante la comunidad, debe hacer un gesto noble e inigualable que le acerque a la divinidad. El elegido debe vencer a la muerte y volver a nacer como un nuevo ser, «nacer dos veces»[4].

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BIBLIOGRAFÍA 

[1] Leyenda extraída a través de la red recuperado el día 01 /06/19 a las 12:35 h de: <http://www.elangeldelaweb.org>.

[2] «La mitología le confiere siempre un papel iniciático que debe ser asumido con valor positivo incluso en los mitos más aparentemente antiofídicos y, precisamente porque la esfinge, el dragón o la serpiente son vencidos, el héroe se ve confirmado como vencedor de la muerte. El dragón se instaura como símbolo del momento indispensable del drama escatológico y de la victoria del héroe sobre la muerte. La serpiente es a la vez obstáculo, guardiana y encubridora de “todas las sendas de la inmortalidad». Cáceres Blanco, Roberto: «El dragón. Las múltiples formas y facetas de un poderoso símbolo del imaginario», Tonos Digital: Revista de Estudios Filológicos 33 (2017): 5–9, <https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6039966>. (12)

[3] «El dragón aparece, el mayoritariamente, en la Mitología y la Poesía de la tradición indoeuropea como emblema de la destrucción y de los principios del caos. Es representado como una destructora fuerza de la naturaleza indómita y desatada». Cáceres Blanco, Roberto: «El dragón. Las múltiples formas y facetas de un poderoso símbolo del imaginario», op. cit. pág. 8.

[4] «Lo esencial es lo que subyace al propio mito iniciático, pues el conocimiento y el “don carismático” solo se consiguen tras haber superado esta experiencia sagrada que es siempre una experiencia de regeneración, de redención, de “nacer dos veces”». Martos Núñez, Eloy: «Imaginarios del ‘devoramiento’ en la cultura del agua: Dragones, “tragantía”, tragaldabas y otros espantos. Implicaciones Didácticas», Indivisa. Boletin de Estudios e Investigación 13 (2012): 122–43. (126)

 

La leyenda de la encantaria (leyenda 1)

La leyenda de la encantaria (leyenda 1)

La leyenda de la encantaria.

                                                                 imagen de : Tracy Marais

 

En la península ibérica existen infinidad de relatos de mujeres presas de una maldición.  Uno las puede rescatar si actúa con valor, humildad y entrega. En nuestro blog vamos a ir recopilando cada una de las historias y las daremos a conocer. Empezamos por esta antigua leyenda que se remonta al siglo XIX:

«Corre el año 1830. La aurora del 24 de junio. Una mujer, llamada María fue a lavar la ropa a la cieca. Era la alborada del día de San Ju mientras lavaba, descubrió que una hila de lana descendía por la cieca.  Comenzó a devanar, la lana era roja, siguió devanando … una figura etérea de rasgos indefinidos y vestiduras blancas contemplaba la escena. Conforme iba devanando, la mujer, los rasgos adquirían mayor claridad … ese rostro estaba completamente señala- do; no eran sólo los perfiles, era el rostro de una muchacha joven, pálida y con los ojos brillantes; su nariz era pequeña y graciosa; en sus labios empezaba a dibujar una sonrisa … sólo las manos faltaban por adquirir la perfección de las formas … En aquel momento, María, cansada de devanar y teniendo un ovillo muy grande cortó la hila … la figura esbelta de la muchacha, en pie sobre un saliente de la roca, a muy poca distancia de la lavandera, lanzó un grito desgarrador, su figura comenzó a diluirse; pero de sus labios brotaron estas palabras: ¡Desdichada de mí, me has encantado para otros trescientos años! Rápidamente la figura desapareció…[1]

 

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Bibliografía

[1] SELVA INIESTA, Antonio “La Encantada de La Camareta.Antología e Interpretación.(Révisión Del Tema),” ob cit pp. 481

2 RUIZ OSUNA Pablo y REÑÉ QUILES, David «Guía de los seres mitológicos españoles»

Colaboración con AEnigma

Colaboración con AEnigma

 

Desde hace algún tiempo, he tenido el inmenso privilegio de participar en varios programas de youtube en el canal de Aenigma, de Sonia Gupta.

Sonia Gupta, natural de Madrid, España.  Se dedica a la divulgación especializada en misterios, fenómeno OVNI, futurismo y mitología. Cuenta con estudios en artes y humanidades y ha colaborado con varios medios y publicaciones enfocados en estas temáticas afrontando siempre cada caso de forma crítica. Actualmente dirije el canal de Youtube AEnigma.

De momento, he aparecido en  su canal en dos ocasiones hablando de temas apasionantes :

 El mundo de las Hadas

En este programa estuvimos analizando desde un punto de vista histórico, social, cultural y antropológico el antiguo mito de las hadas. Allí pudimos vislumbrar sus verdaderos orígenes y como hay que cuidarse de ellas y sus oscuras intenciones.

La leyenda de la santa compaña 

Diversas culturas cuentan con leyendas sobre apariciones de la muerte, de algún enviado, o incluso, de los mismos muertos. Un caso muy especial se da en el norte de España bajo el nombre de ‘’Santa Compaña’’, aunque existen relatos similares en otros lugares. Apariciones sobrenaturales que perturban a los testigos y que en este caso en concreto, podría hasta llegar a hacer que un vivo se uniera a la procesión de difuntos.

Colaboración con Clave. 8 Radio

Colaboración con Clave. 8 Radio

 

La semana pasada tuvimos el inmenso privilegio de participar en el programa de radio Clave.8. Se trata de un espacio en que sus encantadores realizadores Sagra Casas y Fer Jiménez invitan a todos aquellos que quieren preservar la cultura con la esperanza de preservar nuestras leyendas y tradiciones.

El día de sus lanzamiento en redes nos sorprendieron con un mensaje tan emotivo como inspirador:

«A mediados de mayo, en medio de la vorágine social que estábamos viviendo… Fer y yo, que habíamos colaborado durante dos años en el programa de radio ‘El Sueño de Andrómeda’, decidimos iniciar una andadura propia en este mundo de la radio. Iniciamos este proyecto que es Clave·8 con la intención de replicar «algo» que habíamos identificado como «esencial» para el ser Humano; la comunicación…
Estructuramos y dimos forma a la #idea en los meses siguientes y en julio de 2020, «echamos a rodar…»
Partimos de cero con estudio modesto pero que pudiera darnos unos resultados de calidad. Tuvimos que buscar todas las adaptaciones posibles para llevar a cabo las grabaciones, algunas se nos han llegado a complicar bastante, pero siempre ha habido paciencia, gratitud y generosidad por parte de quienes nos habéis regalado tiempo y conocimiento.
Avanzamos poco a poco, el proyecto no pretende «subir como la espuma», sino consolidarse y tener en vosotros un apoyo sincero y duradero en el tiempo. Trabajamos mucho para que los contenidos y enfoque sean genuinos y sabemos que estáis apreciando esos valores, por todo ello no podemos sino daros un GRACIAS inmenso y continuar trabajando como hasta ahora, intentando superarnos con cada trabajo y desde luego, caminando a vuestro lado porque la mitad de Clave·8, sois ¡TODOS VOSOTROS!»
Nosotros hemos puesto nuestro granito de arena en el descomunal proyecto que tienen entre sus manos y, esperamos, poder seguir observando el crecimiento de este entrañable  proyecto. El 19 de diciembre podréis conocer el resultado de la entrevista…¡Estad atentos!
  
La leyenda del duende Martinico

La leyenda del duende Martinico

EL DUENDE MARTINICO

 

 

Hoy os traemos a uno de los duendes más conocidos de la mitología ibérica, el duende Martinico. Para esta ocasión, cuento con la ayuda de Elisa Rivero Tarvos. Esperamos que os guste:

 

Sobre la naturaleza de los duendes no hubo acuerdo entre los antiguos, como seguramente no lo hay entre los folcloristas modernos. En cuanto a otros aspectos del duende, como pueden ser su carácter y significación[1], sí parece existir una línea de investigación más o menos uniforme.

El carácter del duende doméstico puede resumirse en los términos que nos ofrece Mercedes Cano Herrera:

Los duendes domésticos aman la casa y a cuantos en ella viven ―si se portan bien con ellos― pagando los favores con favores, pero vengándose en ocasiones duramente de las molestias que se les causen voluntariamente. Sus lugares predilectos son la cuadra ―donde se entretienen enredando con los animales―, el desván y la cocina, en la que les encanta jugar con la harina, los cacharros y los cedazos[2].

En la mitología es común que las vestimentas denoten el espíritu conciliador o irascible del ser en cuestión. Los ropajes del duende son los de alguien con una personalidad que se define más bajo lo burlesco que bajo lo temible. Sus vestimentas varían desde los ropajes rojos con capirotes del mismo color, hasta las túnicas blancas; pasando por otros como los hábitos de monje capuchino[3].

Los pueblos antiguos creían firmemente en un concepto algo abstracto llamado «dualidad de la vida». Ellos creían que el universo tenía fuerzas que se neutralizaban entre sí tendiendo al equilibrio. Así cada aspecto de la vida humana tenía su vertiente positiva (Eros) y su vertiente negativa (Thanatos). Un ejemplo claro nos lo da la mitología griega a través de dos dioses del Olimpo. Como primer ejemplo tendríamos a Ares, dios temido por ser el artífice de las guerras crueles e intestinas. Por contra tenemos a Palas Atenea, diosa de la ciudad, de la guerra justa en defensa del honor y de la virtud.

Parece que el tema del duende no escapa a esa retórica y constantemente se hace referencia a esta dualidad. Existen multitud de leyendas que hacen referencia a esta realidad, circunstancia que no ha pasado desapercibida a los investigadores[4].

Existen multitud de leyendas sobre duendes en nuestra geografía. A diferencia del ostracismo que han sufrido las tradiciones y leyendas sobre otros seres mitológicos, la creencia del duende ha llegado hasta prácticamente nuestros días. Uno de los duendes más famosos de los que se tiene constancia en nuestra geografía es un simpático personaje al que el vulgo ha apodado con el nombre de «Martinico». Este ser representa las fuerzas elementales que pueden ser propicias a los humanos, son los espíritus guardianes de tantas mitologías. Hay incluso quien los ha catalogado como duendes protegidos de la grey angelical[5].

Tiene un claro comportamiento moralista, en especial con los niños, a los que protege con gran acierto ante cualquier peligro[6. Como suele caracterizar a la práctica totalidad de los duendes, su comportamiento es inestable, errático y anárquico. Martinico es de espíritu bondadoso y colaborador, pero no tolera agravios ni insinuaciones maliciosas. Parece que su color favorito es el rojo y su vestimenta habitual (aun no comprendo el porqué) se asemeja a la de un fraile capuchino. Su vitalidad antinatural tampoco pasa desapercibida y es manifiesta su gran capacidad para la magia y el terioformismo

Sin más dilación, os dejamos algunas leyendas sobre él:

   Leyenda 1

“En 1760 delató una señora de Madrid a una moza que había tenido de criada, bastante espigada, de medianas carnes, carirredonda, blanca, algo roma y de pelo castaño, la cual, según había contado a su ama, con otras muchachas del lugar se había holgado y divertido, en el palacio del marqués de Palacios, en Mondéjar, con un muchacho llamado Martinico, de pocos años y muy feo, que se les aparecía en forma de capichino o de culebrón, quien las reprendía alguna vez por su demasiada curiosidad. Añadía la criada que, si hubiera querido, hubiera sido rica, y Martinico le haría las cosas de la casa, pero temía a la Inquisición ya que dijeran las gentes: Qué muchacha es, y ya va con la mitra por las calles!» (Papeles de la Inquisición de Toledo, leg. 92, núm. 189) (2).

 

 Leyenda 2

En Córdoba, se dice que habitaba una casa y que se enamoró de la dueña a la que pretendía obtener sus favores. El hermano de la dueña quería heredar todo lo de esta y durante muchos años intentó asesinarla. Martinico cada vez que veía al hermano acercarse a la casa, provocaba un gran estruendo haciendo que todos los vecinos salieran a la calle. La dueña, cansada de Martinico y de su insistencia, se cambia de casa; un día mientras salía de misa el hermano la asesinó. Nunca se pudo saber quién había sido el asesino, por lo que heredó todo lo de su hermana y se trasladó a vivir a la casa en la que estaba Martinico. Esa noche, mientras dormía, notó que le faltaba el aire y cómo algo le oprimía el cuello, poco a poco su cuerpo se iba incorporando hasta quedar colgado de una viga. Al día siguiente cuando los vecinos y autoridades entraron en la casa, lo encontraron muerto y en un rincón de la habitación al Martinico que les esperaba para decirles que por fin había habido justicia, y que no había sido un suicidio, sino un ajusticiamiento. Martinico desapareció[7].

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BIBLIOGRAFÍA 

 

[1] Me refiero por significación al estudio por parte de los folcloristas de los posibles orígenes del mito de su simbología, análisis psicológico e incluso su análisis antropológico.

[2] Cano Herrera, Mercedes: Entre anjanas y duendes…, op. cit. pág. 56.

[3] Cano Herrera, Mercedes: Entre anjanas y duendes…, op. cit. pág. 56.

[4] «En cuanto a su comportamiento, la literatura nos habla, generalmente, de dos clases de duendes: una amable y gentil, lúdica y habitualmente inofensiva que otorga regalos e incluso poderes para tener una buena pesca, y otra diabólica, caracterizada por su culto a Satán». Cousillas Rodríguez, Manuel: «Los duendes en la literatura española», Revista Garoza 10 (2010): 61–69, <https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3355300.pdf>.

[5] Villar Esparza, Carlos, op. cit. pág.70.

[6] Véase un ejemplo de cuanto decimos: «en los pozos, en los pueblos, pues decían que, si te asomabas mucho al pozo, que te cogía el martinico, el duende, y te metía dentro del pozo. Para asustar a los niños para que no se asomaran al pozo». Nieves Martín, Rafaela: «Literatura oral de Manzanares (Ciudad Real)», Culturas populares. Revista Electrónica 6 (2008): 1–34, <http://www.culturaspopulares.org/textos6/articulos/nieves.pdf>, pág. 6.

[7] Recuperado el día 29/05/19 a las 18:51 de: <http://leyendasyfabulas.com/el-duende-martinico/>.

La leyenda de las xanas (parte 1)

La leyenda de las xanas (parte 1)

 LAS XANAS

 

imagen de terre-spirituelle.com

Sobre las xanas existe una tradición que se repite en muchas leyendas. Al igual que pasa con otras hadas de nuestra geografía, en ocasiones la xana está embrujada. La prueba en este caso es muy distinta, pues no se premia tanto la humildad como la entrega y el valor.

La leyenda es reiterativa. Un hombre que camina por el bosque va a parar a un arroyo cerca de una cueva[1]. Le aparece un ser femenino de inmensa belleza que se dirige a él. Le pide que la libere de su hechizo y que a cambio lo colmará de riquezas y se casará con él. El joven apuesto, confiado, acepta el reto, pues confía en sus propias fuerzas para rescatar a esa bella doncella.

Pero no es contra ningún enemigo contra el que debe luchar el apuesto joven, sino contra él mismo. Debe vencer el miedo insuperable que encontrará al hacer frente a la prueba de la Xana. La prueba con pequeñas variantes es la que sigue:

Entonces el hada se transforma en bicho y empieza a enroscarse lentamente en el cuerpo de su interlocutor, anillándolo de pies a cabeza. Si el héroe aguanta y no se descompone ni siquiera al percibir el aliento del animal en sus pestañas, este recula sin apresurarse, regresa a la roca, se instala nuevamente en su apariencia de espíritu femenino, llena el cesto del vaqueiro con objetos sutiles o invisibles y le conmina a llevarlo hasta su casa sin bajar la vista. Desenlace más que evidente: se descubre oro a raudales en el cuévano de quien supo obedecer[2].

una serie de veces en la frente. Si consigue resistir el miedo y cumplir con este extraño ritual, la mujer queda desencantada y se casará con él.

El problema radica en que con cada beso la serpiente crece de tamaño. El joven, que quiere desencantar a la bella hada, termina sucumbiendo al miedo y huye a toda prisa. Los que consiguen pasar la prueba pueden desposarse con el hada, aunque el matrimonio con las hadas tiene algunos inconvenientes, como veremos más adelante…

 

 

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BIBLIOGRAFÍA

 

[1] A diferencia de las anjanas cántabras, las xanas suelen mostrarse en lugares acuáticos, mientras que la anjana suele vivir en la espesura del bosque.

 

[2] Callejo, Jesús, op. cit. pág. 134.

Ruiz Osuna, Pablo y Reñé Quilés, David «Guía de los seres mitológicos españoles» Ed. círculo rojo 2020 pp. 60-62

 

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