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Categoría: dragones

¿De dónde vienen los DRAGONES ? ¿Leyenda o realidad?

¿De dónde vienen los DRAGONES ? ¿Leyenda o realidad?

Hace unos días tuve la suerte de sentarme a charlar con Xavier Vidal en su programa-podcast Tres Siete Cuadrado. El resultado es el episodio de YouTube titulado «¿De dónde vienen los DRAGONES? ¿Leyenda o realidad?»

En este programa hacemos una viaje al pasado para hablar de los orígenes y evolución del mito de los dragones.

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El cuélebre de San Vicente de la Barquera.

El cuélebre de San Vicente de la Barquera.

 

El cuélebre de San Vicente de la Barquera

imagen de:Zeravia Royalrebal

 

«Estrecha relación con la cuestión de las huellas de Santiago de Lóquiz tiene la siguiente leyenda, recogida en Cantabria, y que muestra un desarrollo narrativo bastante diferente de la creencia sobre las huellas del mismo santo:

La devoción al glorioso Apóstol Santiago el Mayor, hijo del Zebedeo, en nuestra provincia quedó recogida en una pasmosa leyenda que refiere el extraordinario hecho acaecido en la zona de San Vicente de la Barquera, término de Santillán, donde existe la caverna del Culebre sobre horadados acantilados costeros. Allí anualmente dejaban los vecinos como tributo una núbil doncella para que la devorase aquel monstruo cruel (que como Anfisbena se movía lo mismo hacia atrás que hacia adelante y habitaba la caverna), librándose así el vecindario de mayores males. Pues ninguna fuerza humana le hacía redrar de sí, permaneciendo renitente a cualquier componenda o sustitución. Hasta que un año, preparada para el sacrificio, la joven piadosa de turno invocó fervorosamente al Apóstol Santiago para que la salvara de tan cruenta muerte. Surtió desde el principio la primera plegaria, pues al culebre, de impenetrable tugumento, empezó a desprendérsele de la piel sus escamas gangrenosas en forma de fúrfura hedionda, y en el momento en que iba a ser inmolada por el fabuloso ente de potentísimo silbo y aguijón al aire, que fiamívoro echaba fuego y exhalaciones de azufre por boca y narices, cayó fulminado por la intervención del Apóstol, sin sufrir daño alguno la presunta víctima.

Añade la tradición que algunos vecinos pusieron en otra ocasión una trigueña y bella doncella cerca del farallón de la caverna en la noche de San Juan, y el monstruo terrible no salió de su escondrijo. Se atribuyó a la creencia extendida de que en esa noche es en la que todos los encantamientos se quiebran y, por consiguiente, el culebre de la cólera en los ojos permaneció aquietado y como en un sueño de parálisis eterna. Hasta que intervino el Apóstol, por lo que la muchacha salvada hizo voto de ir a pie peregrinando a Compostela, tener como santo predilecto a este gran predicador del Evangelio, y si matrimoniaba y tenía un hijo varón le pondría el nombre del divino Quijote y evangelizador de Iberia.

Como testimonio permanente del paso del Apóstol «hijo del trueno» sobre la zona costera de Santillán, al ir hacia la cueva del culebre enseñan los lugareños las herraduras del caballo de Santiago Matamoros correspondientes a las huellas de los pies de dicho caballo, y que son en realidad requienias fósiles, muy disminuidas actualmente en número por las búsquedas de los paleontólogos coleccionistas (6)».

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 Bibliografía:

PEDROSA, J.M. (2000). Huellas legendarias sobre las rocas: tradiciones orales y mitología comparada. Revista del Folklore.

La leyenda de la Sierpe de Pedro Bernardo:Luces y sombras entre mito y realidad.

La leyenda de la Sierpe de Pedro Bernardo:Luces y sombras entre mito y realidad.

La leyenda de la Sierpe de Pedro Bernardo:Luces y sombras entre mito y realidad.

 
                                                                       obra de : Celebrill
Es difícil encontrar a alguien que no haya oído hablar de la leyenda de La Sierpe. Durante generaciones, nuestros antepasados contaron a los niños la espeluznante historia de una culebra que habitaba en una cueva en lo alto del risco sobre el que se erige el pueblo de Pedro Bernardo, y que lleva el mismo nombre. El Risco de la Sierpe, con su topónimo, mantiene viva la leyenda de aquel ser mitológico que nunca morirá en nuestro imaginario colectivo.
 Una historia que se repite en la mitología cantábrica.
La versión simplificada habla de una terrible sierpe que habitaba en la ladera sobre el caserío de Pedro Bernardo. Por el día, moraba en una cueva custodiando un valioso tesoro, y por la noche, acudía a las majadas de los pastores para alimentarse de su ganado. Cuentan que la sierpe era tan grande que podía devorar una cabra de un solo bocado. Unos dan medidas precisas, como D. Rufino Martín Romero en 1899, y dicen que medía 7 varas de largo. Otros, que su longitud era tal, que cuando bajaba a beber al Tiétar aún se veía su cola zigzagueando ladera abajo. En la versión escrita del siglo XVIII se cuenta que el lugar al que acudía a beber era la fuente de las Gamelleras, justo debajo del pico en el que habitaba. La versión popular dice que los pastores y cabreros del pueblo se unieron para acabar con tan terrible monstruo. A sabiendas de la glotonería de la bestia, acordaron colocar un pellejo, unos dicen que de cabra y otros que fue de oveja, pero en ambos casos, que estaba relleno de yesca encendida. La sierpe acudió como cada noche en busca de ganado y encontró el pellejo, y lo tragó de una asentada abrasando sus entrañas y muriendo en su intentona de llegar a las aguas del Tiétar.
En la mayoría de los pueblos existen leyendas similares y seres mitológicos  que se mantuvieron vivos gracias a la tradición oral. A simple vista, se ve que el argumento de la historia poco varía de las versiones que se cuentan en pueblos de la cornisa cantábrica, cuyas gentes repoblaron estas tierras.
Sabido es que a estas tierras se trajeron en la época de la Repoblación familias montañesas procedentes de la zona de León (como los Mansos), de Asturias (como los Fernández-Yánez), o de Cantabria (como los Sánchez del Arco). Así mismo, en siglos posteriores, muchos hombres norteños procedentes de Galicia y de la cornisa cantábrica, acudían a Pedro Bernardo y  a otros pueblos del Castilla a segar el cereal y a realizar trabajos estacionarios de recolección, etc. Muchos de ellos se quedaron a vivir aquí, y es posible que sus tradiciones se mezclasen en parte con las nuestras. Y digo esto porque, leyendo mitología cántabra y asturiana, se encuentra bajo otras denomnaciones la figura de la Sierpe, como el “Culebre” (Cantabria) y el “Cuélebre” (Asturias).
Si bien para los cántabros el Culebre era una serpiente con rasgos de dragón, para los asturianos era una horrible serpiente de gran tamaño que habitaba en cuevas y fuentes custodiando tesoros, que se alimentaba de ganado y de jóvenes doncellas vírgenes. Al monstruo sólo se le podía dar muerte clavando una espada de hierro en el cuello o dándole de comer una hogaza de pan llena de alfileres o de piedras calientes al rojo vivo.
         Con esto vemos las relaciones entre la Sierpe cucharera y, por ejemplo, el Cuélebre asturiano, en cuanto al aspecto, lugar en el que habita, e incluso la forma de darle muerte, engañándolo con un alimento (un pellejo o una hogaza de pan) que contiene fuegos o elementos punzantes.
Algo de verdad en todo esto: Tras la pista de Juan García-Granado
No obstante lo anterior, el caso de Pedro Bernardo es excepcional, pues además de las conexiones con la mitología de las regiones cantábricas, se tienen referencias escritas que datan del siglo XVIII, y que llenan aún más de misterio la leyenda de Pedro Bernardo.
En el año 1718,  D. Juan González-Robles Villanueva, cura párroco de la localidad y comisario de la Inquisición, anota en el libro de Becerro la ya por entonces conocida leyenda de la Sierpe, y dice que, habiendo preguntado a los más antiguos hombres del lugar, concluyeron que el vecino que se encargó de dar muerte a la bestia fue Juan Gª Granado. Se adjunta un extracto de lo que anotó en el Libro Bercerro de la iglesia parroquial:
“…Dícese que Juan García Granado, vecino que fue de esta villa, abuelo de Antonio García Granado, que falleció en 1704 y tío de Juan García Barril, vecino que es al presente de ella, y quien con más fundamento da esta noticia, la quitó la vida con maravillosa industria…”
“ … y por cosa irregular y monstruosa la llevó a Madrid, al Excmo. Sr. Duque de Alburquerque el dicho Juan García Granado (…) y admirado (el duque) por la excelencia de verla y de la industria y artificio de que se valió para matarla, le mandó pidiese alguna merced en su tierra, y como el que para pobre nace con poco se contenta, no se dice que pidiera más que el que no le quitasen el agua de la Cerrada, que baja por el Egido y se junta con el arroyo al puente de piedra de él, dentro de esta villa, con lo cual regaba unos castaños que tenía en dicho pago, y así mismo pidió un pedazo de tierra donde llaman El Barranco, cerca de donde nace el arroyo dicho, todo lo cual concedió su Excelencia”.
Ahondando en mi investigación genealógica, localicé la partida de bautismo de Juan García-Granado, nacido en Pedro Bernardo en 1641, que a su vez tuvo un nieto llamado Antonio García-Granado, nacido en 1696.  No ha sido posible localizar la defunción de Juan García-Granado en 1704, año que cita D. Juan González-Robles como fecha de su fallecimiento, pero pudo perfectamente morir en ese año, a la edad de 63.
En cualquier caso, si es que esta parte de la leyenda tiene algo de cierto, es más que probable que fuese el hombre al que se refiere D. Juan en el Libro Becerro, ya que puedo corroborar la inexistencia en aquella época en Pedro Bernardo de otros hombres llamados Juan Gª Granado que no fueran éste, a excepción de su padre, según consta en la partida de bautismo y llamado igual, que debió nacer en torno a 1615 – 1620 (debido a un incendio en el archivo parroquial no se conservan registros anteriores a 1641). A continuación se transcribe la partida de bautismo de Juan García-Granado localizada en el folio 2º (vuelto) del Libro I de Bautismos de la Iglesia de Pedro Bernardo, antepasado directo del que me separan once generaciones (el apellido García-Granado era originalmente compuesto y deriva a partir de 1857 en la forma simple actual “Granado”):
Jnº, Hijo de Jnº Garcia.
 En Pedro Bernardo, a seys días del mes de noviembre de milyseyscientos y quarenta y un años, yo Francisco  de Olivas Montalbán cura deste infrascripto lug. baptizé un niño que se llamo Juan hijo de Jnº Grª Granado y de Isabel gs. sumuger. Fueron padrinos Germo  Diaz y Rufina hdz su cuñada todos vez.os deste  (…) Lug.r   advertiles lacognicion espiritual y lo firme ff.º ut supra
                                               Francisco de Olivas Montalbán

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LA DRAGA , El dragón de Banyoles

LA DRAGA , El dragón de Banyoles

LA DRAGA , El dragón de Banyoles.

imagen de:unrealitymag.com

Cerca del lago de Banyoles, al norte de Cataluña existía, según una leyenda medieval, un voraz dragón que tenía aterrorizada a la población de la región.  Se trataba de un dragón venenoso con largas alas y patas curvas, que envenenaba las aguas cristalinas con su aliento fétido.

La historia del dragón de Banyoles como figura representada en sus fiestas es muy antigua, y se remonta a más de 400 años[1].

La denominaban Draga y se dedicaba a, secar las fuentes y matar el ganado. Se cuenta que el propio Carlomagno al frente de sus tropas francas intentó matar al dragón, pero que fracasó[2]. Para evitar sus destrozos, los campesinos acordaron entregarle cada día un niño para que fuera devorado.

El tributo se sorteaba entre los ciudadanos y una vez fue a tocar a una sobrina del abad del monasterio. Ésta desconsolada fue a pedir ayuda a su tío el cual, apiadado de su situación, decidió enfrentarse con el dragón y terminar con su amenaza. Para ello se invistió con todos sus atributos religiosos, y se dirigió hacia el «clot del drac», lugar donde vivía el dragón. Cuando el dragón lo vio se le abalanzó abriendo su enorme boca para atacarlo, pero el abad le tiró su estola sobre su cuello y éste se amansó inmediatamente. Reducido de esta forma el dragón, fue llevado hasta la plaza de la ciudad donde sus habitantes le dieron muerte.

No es la primera vez que nos encontramos ante un mito semejante. La idea de un párroco que hace frente a un dragón o a una serpiente me es harto conocida, pues fue mi abuelo quien transmitió una pequeña leyenda a mi padre, y este, la compartió conmigo. Según contaba, un día una serpiente enorme paseaba por Suellacabras (Soria) e intentó entrar en la iglesia del pueblo. A las mismas puertas de la Iglesia del pueblo el párroco acabó con la serpiente de un rápido y certero golpe en su sien. Pues bien, aunque esta historia ha llegado a mis oídos algo incompleta, lo cierto es que a lo largo de la geografía existen historias semejantes. En Asturias se contaba que las serpientes inmortales, los cuélebres, se escondían en las iglesias y devoraban los cadáveres allí enterrados. Muchas historias cuentan como el párroco mata a la bestia cuando esta sale de la iglesia, golpeándole en la cabeza.

La idea de un hombre religioso expulsando serpientes no es nueva. A San Patricio se le atribuye la expulsión de las serpientes de Irlanda, mediante exorcismos, para librar al país del mal, pero puesto que jamás ha habido ninguna serpiente en Irlanda, su hazaña fue más legendaria que mágica[3].

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[1] PALMADA AUGUET, Guerau Recovering the Banyoles dragon

[2] https://mitologia.fandom.com/es/wiki/El_monstruo_de_Banyoles

[3] http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/serpientes-ni-dioses-ni-demonios/html/ (visitado el 08-07-2021).

 

NUEVO LIBRO DE MITOLOGÍA IBÉRICA : «DRAGONES»

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Después del éxito de «Guía de los seres mitológicos españoles», volvemos con un nuevo proyecto ilusionante.

«Dragones» es un libro ilustrado que hace un recorrido por nuestra península en la búsqueda de un pasado legendario.

¿Quién no ha soñado con las historias de dragones que nos contaron nuestros mayores?
Hoy estas historias casi han desaparecido. Este libro responde a la necesidad de preservar nuestro pasado y legado cultural casi olvidado. Esos cuentos y leyendas que un día oímos a la luz de la lumbre, o en nuestro cuarto cuando amablemente nos las contaban nuestros padres y abuelos, ya no somos capaces de contarlas a nuestros hijos. Este libro trata de recuperar todo ese saber ancestral para que una vez más, querido lector, pueda usted y sus seres queridos vibrar con esas historias.
Desde el gran dios Sugaar, al poderoso cuélebre, o el ponzoñoso basilisco, una lectura repleta de aventuras le está esperando.
¡Adelante draconiano!

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La leyenda de San Jorge y el dragón

La leyenda de San Jorge y el dragón

 La leyenda de San Jorge y el dragón

                                               imagen de www.artsttion.com

En cierta ocasión llegó San Jorge a una ciudad llamada Silca, en la provincia de Libia. Cerca de la población había un lago tan grande que parecía un mar donde se ocultaba un dragón de tal fiereza y tan descomunal tamaño, que tenía atemorizadas a las gentes de la comarca, pues cuantas veces intentaron capturarlo tuvieron que huir despavoridas a pesar de que iban fuertemente armadas. Además, el monstruo era tan sumamente pestífero que el hedor que despedía llegaba hasta los muros de la ciudad y con él infestaba a cuantos trataban de acercarse a la orilla de aquellas aguas.

Los habitantes de Silca arrojaban al lago cada día dos ovejas para que el dragón comiese y los dejase tranquilos, porque si le faltaba el alimento iba en busca de él hasta la misma muralla, los asustaba y, con la podredumbre de su hediondez, contaminaba el ambiente y causaba la muerte a muchas personas.

Al cabo de cierto tiempo los moradores de la región se quedaron sin ovejas o con un número muy escaso de ellas, y como no les resultaba fácil recebar sus cabañas, celebraron una reunión y en ella acordaron arrojar cada día al agua, para comida de la bestia, una sola oveja y a una persona, y que la designación de esta se hiciera diariamente, mediante sorteo, sin excluir de él a nadie. Así se hizo; pero llegó un momento en que casi todos los habitantes habían sido devorados por el dragón. Cuando ya quedaban muy pocos, un día, al hacer el sorteo de la víctima, la suerte recayó en la hija única del rey. Entonces este, profundamente afligido, propuso a sus súbditos:

―Os doy todo mi oro y toda mi plata y hasta la mitad de mi reino si hacéis una excepción con mi hija. Yo no puedo soportar que muera con semejante género de muerte.

El pueblo, indignado, replicó:

―No aceptamos. Tú fuiste quien propusiste que las cosas se hicieran de esta manera. A causa de tu proposición nosotros hemos perdido a nuestros hijos, y ahora, porque le ha llegado el turno a la tuya, pretendes modificar tu anterior propuesta. No pasamos por ello. Si tu hija no es arrojada al lago para que coma el dragón como lo han sido hasta hoy tantísimas otras personas, te quemaremos vivo y prenderemos fuego a tu casa.

En vista de tal actitud el rey comenzó a dar alaridos de dolor y a decir:

―¡Ay, infeliz de mí! ¡Oh, dulcísima hija mía! ¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo alegar? ¡Ya no te veré casada, como era mi deseo!

Después, dirigiéndose a sus ciudadanos les suplicó:

―Aplazad por ocho días el sacrificio de mi hija, para que pueda durante ellos llorar esta desgracia. El pueblo accedió a esta petición; pero, pasados los ocho días del plazo, la gente de la ciudad trató de exigir al rey que le entregara a su hija para arrojarla al lago, y clamando, enfurecidos, ante su palacio decían a gritos:

―¿Es que estás dispuesto a que todos perezcamos con tal de salvar a tu hija? ¿No ves que vamos a morir infestados por el hedor del dragón que está detrás de la muralla reclamando su comida?

Convencido el rey de que no podría salvar a su hija, la vistió con ricas y suntuosas galas y abrazándola y bañándola con sus lágrimas, decía:

―¡Ay, hija mía queridísima! Creía que ibas a darme larga descendencia, y he aquí que en lugar de eso vas a ser engullida por esa bestia. ¡Ay, dulcísima hija! Pensaba invitar a tu boda a todos los príncipes de la región y adornar el palacio con margaritas y hacer que resonaran en él músicas de órganos y timbales. Y ¿qué es lo que me espera? Verte devorada por ese dragón. ¡Ojalá, hija mía, ―le repetía mientras la besaba― pudiera yo morir antes que perderte de esta manera!

La doncella se postró ante su padre y le rogó que la bendijera antes de emprender aquel funesto viaje. Vertiendo torrentes de lágrimas, el rey la bendijo; tras esto, la joven salió de la ciudad y se dirigió hacia el lago. Cuando llorando caminaba a cumplir su destino, San Jorge se encontró casualmente con ella y, al verla tan afligida, le preguntó la causa de que derramara tan copiosas lágrimas.

La doncella le contestó:

―¡Oh buen joven! ¡No te detengas! Sube a tu caballo y huye a toda prisa, porque si no también a ti te alcanzará la muerte que a mí me aguarda.

―No temas, hija ―repuso San Jorge―; cuéntame lo que te pasa y dime qué hace allí aquel grupo de gente que parece estar asistiendo a algún espectáculo.

―Paréceme, piadoso joven ―le dijo la doncella― que tienes un corazón magnánimo. Pero ¿es que deseas morir conmigo? ¡Hazme caso y huye cuanto antes!

El santo insistió:

―No me moveré de aquí hasta que no me hayas contado lo que te sucede.

La muchacha le explicó su caso, y cuando terminó su relato, Jorge le dijo:

―¡Hija, no tengas miedo! En el nombre de Cristo yo te ayudaré.

―¡Gracias, valeroso soldado! ―replicó ella―, pero te repito que te pongas inmediatamente a salvo si no quieres perecer conmigo. No podrás librarme de la muerte que me espera, porque si lo intentaras morirías tú también; ya que yo no tengo remedio, sálvate tú.

Durante el diálogo precedente el dragón sacó la cabeza de debajo de las aguas, nadó hasta la orilla del lago, salió a tierra y empezó a avanzar hacia ellos. Entonces la doncella, al ver que el monstruo se acercaba, aterrorizada, gritó a Jorge:

―¡Huye! ¡huye a toda prisa, buen hombre!

Jorge, de un salto, se acomodó en su caballo, se santiguó, se encomendó a Dios, enristró su lanza, y, haciéndola vibrar en el aire y espoleando a su cabalgadura, se dirigió hacia la bestia a toda carrera, y cuando la tuvo a su alcance hundió en su cuerpo el arma y la hirió.

Acto seguido echó pie a tierra y dijo a la joven:

―Quítate el cinturón y sujeta con él al monstruo por el pescuezo. No temas, hija; haz lo que te digo.

Una vez que la joven hubo amarrado al dragón de la manera que Jorge le dijo, tomó el extremo del ceñidor como si fuera un ramal y comenzó a caminar hacia la ciudad llevando tras de sí al dragón que la seguía como si fuese un perrillo faldero. Cuando llegó a la puerta de la muralla, el público que allí estaba congregado, al ver que la doncella traía a la bestia, comenzó a huir hacia los montes dando gritos y diciendo:

―¡Ay de nosotros! ¡Ahora sí que pereceremos todos sin remedio!

San Jorge trató de detenerlos y de tranquilizarlos.

―¡No tengáis miedo! ―les decía―. Dios me ha traído hasta esta ciudad para libraros de este monstruo. ¡Creed en Cristo y bautizaos! ¡Ya veréis cómo yo mato a esta bestia en cuanto todos hayáis recibido el bautismo!

Rey y pueblo se convirtieron y, cuando todos los habitantes de la ciudad hubieron recibido el bautismo San Jorge, en presencia de la multitud, desenvainó su espada y con ella dio muerte al dragón, cuyo cuerpo, arrastrado por cuatro parejas de bueyes, fue sacado de la población amurallada y llevado hasta un campo muy extenso que había a considerable distancia. Veinte mil hombres se bautizaron en aquella ocasión. El rey, agradecido, hizo construir una iglesia enorme, dedicada a Santa María y a San Jorge. Por cierto, que al pie del altar de la citada iglesia comenzó a manar una fuente muy abundante de agua tan milagrosa que cuantos enfermos bebían de ella quedaban curados de cualquier dolencia que les aquejase. Igualmente, el rey ofreció a Jorge una inmensa cantidad de dinero que el santo no aceptó, aunque sí rogó al monarca que distribuyese la fabulosa suma entre los pobres[1].

Si estudiamos el mito con detenimiento, nos damos cuenta de que hay una infinitud de mensajes ocultos como símbolos y alegorías en el relato. No cabe duda de que el mito puede leerse como la vía iniciática del héroe[2]. El héroe (por lo general un joven de temprana edad) debe enfrentarse a un reto que no resulta alentador. El dragón, cuyas características (al menos en su versión occidental) nos son harto conocidas[3], es la perfecta representación de la muerte, a la que el protagonista debe vencer para regresar como héroe verdadero. Este combate encarnizado contra el monstruo representa la lucha contra la propia muerte. El héroe, para ser considerado como tal ante la comunidad, debe hacer un gesto noble e inigualable que le acerque a la divinidad. El elegido debe vencer a la muerte y volver a nacer como un nuevo ser, «nacer dos veces»[4].

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BIBLIOGRAFÍA 

[1] Leyenda extraída a través de la red recuperado el día 01 /06/19 a las 12:35 h de: <http://www.elangeldelaweb.org>.

[2] «La mitología le confiere siempre un papel iniciático que debe ser asumido con valor positivo incluso en los mitos más aparentemente antiofídicos y, precisamente porque la esfinge, el dragón o la serpiente son vencidos, el héroe se ve confirmado como vencedor de la muerte. El dragón se instaura como símbolo del momento indispensable del drama escatológico y de la victoria del héroe sobre la muerte. La serpiente es a la vez obstáculo, guardiana y encubridora de “todas las sendas de la inmortalidad». Cáceres Blanco, Roberto: «El dragón. Las múltiples formas y facetas de un poderoso símbolo del imaginario», Tonos Digital: Revista de Estudios Filológicos 33 (2017): 5–9, <https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6039966>. (12)

[3] «El dragón aparece, el mayoritariamente, en la Mitología y la Poesía de la tradición indoeuropea como emblema de la destrucción y de los principios del caos. Es representado como una destructora fuerza de la naturaleza indómita y desatada». Cáceres Blanco, Roberto: «El dragón. Las múltiples formas y facetas de un poderoso símbolo del imaginario», op. cit. pág. 8.

[4] «Lo esencial es lo que subyace al propio mito iniciático, pues el conocimiento y el “don carismático” solo se consiguen tras haber superado esta experiencia sagrada que es siempre una experiencia de regeneración, de redención, de “nacer dos veces”». Martos Núñez, Eloy: «Imaginarios del ‘devoramiento’ en la cultura del agua: Dragones, “tragantía”, tragaldabas y otros espantos. Implicaciones Didácticas», Indivisa. Boletin de Estudios e Investigación 13 (2012): 122–43. (126)

 

El mito del dragón(parte 1)

El mito del dragón(parte 1)

El mito del dragón

Seguro que habéis escuchado alguna leyenda sobre los míticos dragones. ¿Y si os dijera que en España, además de dragones, se han contado historias sobre serpientes legendarias?

Muchas de estas leyendas han llegado a nuestros días como viejas consejas, fábulas y viejos cancioneros, pero tras su aparente carácter juvenil, estas historias tienen multitud de contenido simbólico.

¡Adéntrate a su mundo!

En la biblioteca mágica hemos recogido algunas leyendas de nuestro libro  que compartimos con todos vosotros. ¡Que las disfrutéis! :

                                                                 EL HERENSUGE


Hoy quedan muy pocos para recordarlo. Pero según cuentan en las tierras del norte una gran bestia alada surcaba los cielos.

Su tamaño era colosal y su rugido atravesaba montañas y valles. Se decía que se criaba en grandes selvas y, cada año, le crecía una nueva cabeza hasta llegar a la séptima. Solo aquellos de gran valor se enfrentaron a él.
Quizás el herensuge hace tiempo que dejó estas tierras o solo esté al acecho de algún incauto viajero…

 

              EL CUÉLEBRE 

La aldea de Suto no era muy grande, pero era un buen lugar donde vivir, pero un día sus habitantes oyeron los terroríficos silbos de un cuélebre y las pobres gentes echaron a correr para refugiarse en sus casas, no todos lo consiguieron, el que menos corrió fue devorado.

Alarmados y sabiendo que una vez que un cuélebre se instalaba cerca de una aldea ya no la abandonaba, decidieron reunirse con los ancianos para que en asamblea se tomara una determinación y acabar con el problema. Reunido el pueblo en el ayuntamiento, empezaron las deliberaciones. Al principio todos hablaban al mismo tiempo, pues el miedo los tenía alborotados, pero el más anciano de la aldea puso orden y preguntó a los concurrentes si alguien sabía cuál era la mejor manera de matar al cuélebre.

Delmiro dijo que él había oído contar que solo tenía un punto débil, la garganta, y que la noche de San Juan era el mejor momento para atacarlo, pues esa noche los cuélebres se quedaban un poco adormilados. Aquello parecía una buena solución, pero la noche de San Juan estaba lejos y ¿qué harían hasta entonces?

Nuevamente se montó un alboroto hasta que Cundo, que normalmente no hablaba mucho, propuso que lo mejor era disparar una flecha dirigida a la garganta del cuélebre y el problema estaría terminado. No parecía descabellada la idea, pero ¿quién sabía disparar una flecha?, los habitantes de la aldea lo único que sabían disparar eran piedras para espantar a los pájaros que atacaban los sembrados, por lo que ¿quién tiraría las flechas entonces? Después de acaloradas discusiones, el más anciano propuso lo siguiente: todos los días se fabricaría una boroña enorme que se le entregaría al cuélebre para que al estar bien alimentado no se comiera a nadie más y entre tanto todos los hombres del pueblo, jóvenes o viejos, debería de proveerse de un arco y flechas y practicar todos los días y el que demostrara más habilidad, sería el elegido para matar al monstruo. La idea fue acogida con entusiasmo y todos se marcharon ilusionados para comenzar estas nuevas tareas.

La fabricación de la boroña no supuso ningún problema que no fuera su gran tamaño y todos los días cuatro aldeanos salían al camino que conducía al bosque y gritando a pleno pulmón decían:

«Abre la boca, culebrón que ahí te va el boroñón»

Pero lo del arco y las flechas ya era otro cantar, con tantos ensayos no quedó pita, gocho, perro o algún que otro aldeano que no probara la medicina que se le intentaba dar al cuélebre, hasta tal punto que los aldeanos ya casi preferían tener de vecino a este que a los improvisados arqueros. Visto que el tema arco y flecha no sería la solución, sino más bien otro problema añadido, el más anciano volvió a convocar a los vecinos para cambiar la estrategia y fue entonces cuando Céfero, el herrero, propuso que se buscara una piedra grande que tuviera la forma de la boroña y que calentándola al fuego le fuese entregada al cuélebre en lugar del pan[1].

[1] Recuperado el día 01/06/19 a las 13:07 h de: <https://patriciajimenezbenito.files.wordpress.com/2016/…/leyenda-el-cuc3a9lebre.doc>.

 

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