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Etiqueta: Edad Media

La verdad sobre los vampiros: lo que hay detrás del mito

La verdad sobre los vampiros: lo que hay detrás del mito

La verdad sobre los vampiros: lo que hay detrás del mito

Por Pablo Ruiz Osuna, escritor y folclorista

En el vídeo que comparto al final de esta entrada, «La verdad sobre los vampiros: el origen real», vuelvo sobre un tema que me acompaña desde hace años: esas criaturas que chupan sangre, salen de noche y se niegan a morirse del todo.

Como escritor y folclorista, llevo mucho tiempo rastreando este tipo de historias. En mi libro Guía de los seres mitológicos españoles ya dedico varias entradas a muertos inquietos, revenants y figuras “vampíricas” de nuestro propio folclore peninsular, que poco tienen que envidiar a Drácula. Y en distintas entrevistas y charlas —como mi participación en el programa 3×7 Cuadrado, o en otros podcasts sobre mitología y terror— siempre aparece la misma pregunta:

¿De verdad hubo “vampiros” o todo es literatura y cine?

La respuesta corta es: no hubo vampiros como los de Hollywood… pero sí hubo miedos, cadáveres sospechosos, enfermedades raras y mucha imaginación colectiva. Y de esa mezcla sale el monstruo.


Antes de Drácula: madres devoradoras y muertos inquietos

Cuando pensamos en vampiros solemos irnos directamente a Transilvania, pero el arquetipo es mucho más antiguo. En mis lecturas de fuentes clásicas, y también trabajando materiales para la Guía de los seres mitológicos españoles, aparecen varias figuras con rasgos “vampíricos”:

  • Lamia y las empusas griegas, demonios femeninos que devoran niños o seducen a hombres para alimentarse de ellos.

  • Las striges romanas, aves o mujeres brujas que chupan la sangre de los bebés.

  • En el folclore europeo medieval tenemos a los revenants: muertos que vuelven de la tumba para molestar a los vivos, contagiar pestes o, sencillamente, no estarse quietos.

En crónicas medievales, como las de Guillermo de Newburgh o Walter Map, ya aparecen relatos de cadáveres que salen del cementerio, apestan a corrupción y solo encuentran descanso cuando se les abre la tumba, se les corta la cabeza o se les atraviesa el pecho. Es decir: el kit vampírico ya estaba completo siglos antes de Bram Stoker.


El miedo se hace carne: “vampiros” históricos

Cuando preparo entrevistas o charlas sobre este tema suelo mencionar algunos casos que ayudan a entender por qué la gente creía (de verdad) que había vampiros:

  • Jure Grando, un campesino de Istria del siglo XVII, cuyo cadáver supuestamente se levantaba por las noches para perseguir a los vecinos. La solución fue abrir la tumba, cortarle la cabeza y clavarle una estaca.

  • Vlad Țepeș, el famoso “empalador”. No era un vampiro, sino un príncipe brutal en un contexto político muy complicado. Pero su fama de sanguinario, unida a su apellido “Drăculea”, inspiró a Stoker para construir a su conde.

  • Elizabeth Báthory, la llamada “condesa sangrienta”, acusada de torturar y asesinar a jóvenes. La leyenda dice que se bañaba en su sangre para conservar la juventud. No es exactamente un vampiro, pero su mito alimenta esa asociación entre aristocracia decadente, sangre y eternidad.

Cuando uno repasa estas historias con calma —como hice preparando mi libro y distintas entrevistas— se da cuenta de que el vampiro nace donde se cruzan violencia real, superstición y ganas de escandalizar al vecino.


Enfermedades que parecen sacadas de una película de terror

Otro aspecto que comento tanto en el vídeo como en mis proyectos de divulgación es el papel de ciertas enfermedades reales que, vistas con ojos pre-científicos, encajan demasiado bien con el arquetipo vampírico.

La más citada es la porfiria, un conjunto de trastornos metabólicos con síntomas muy llamativos:

  • Fotosensibilidad extrema: la luz del sol provoca ampollas, quemaduras y cicatrices.

  • Retracción de encías y coloración rojiza de los dientes, que hacen que sobresalgan como colmillos.

  • Piel pálida, anemia, debilidad…

Si unes alguien que huye del sol, tiene aspecto enfermizo, dientes inquietantes y una enfermedad misteriosa, el resultado, en una aldea del siglo XVIII, es bastante previsible.

A esto se suman otras posibles explicaciones:

  • La rabia, que provoca agresividad, hipersensibilidad a estímulos y miedo al agua.

  • La tuberculosis, con su combinación de palidez, pérdida de peso y sangre en la boca.

  • Los propios procesos de descomposición de un cadáver: cuerpos que parecen “crecer” en la tumba porque se retraen las encías y uñas, sangre líquida en la boca, gases que hacen gemir al cuerpo al pincharlo…

Todo eso, observado de noche, con una vela y muchas ganas de asustarse, termina dando lugar al diagnóstico más lógico de la época: “es un vampiro”.


Del folclore al icono pop

En mis investigaciones y en las entrevistas donde hablo de todo esto intento insistir en algo que a veces olvidamos: el vampiro literario es un refinado producto de la modernidad.

Primero llega el vampiro romántico de relatos como El Vampiro de Polidori; luego, a finales del XIX, Stoker publica Drácula, que mezcla folclore, medicina, viajes victorianos y mucho miedo a la sexualidad y a “lo extranjero”.

A partir de ahí, la criatura se convierte en icono cinematográfico: Nosferatu, Bela Lugosi, Christopher Lee… hasta llegar al vampiro adolescente, atormentado, glitter o superhéroe, según la década.

Cada época reinterpreta el mismo monstruo para hablar de sus propias obsesiones: el sexo, la aristocracia decadente, las enfermedades contagiosas, las adicciones, la explotación, la soledad…


España también tiene sus vampiros (aunque no los llame así)

En Guía de los seres mitológicos españoles me interesaba precisamente eso: recordar que no hace falta irse a Transilvania para encontrar figuras vampíricas. En distintos rincones de la península aparecen:

  • Brujas y meigas que “chupan” la energía o la salud de niños y ganado.

  • Muertos que vuelven a casa para exigir promesas incumplidas o reclamar justicia.

  • Espíritus familiares que se alimentan, simbólicamente, de la casa y de la familia a la que sirven.

Son relatos que, aunque no usen la palabra “vampiro”, comparten la misma intuición:

lo más inquietante no es lo que viene de fuera, sino lo que debería estar muerto… y no termina de irse.

En mis entrevistas suelo contar cómo muchas personas, al leer el libro o escuchar un programa, me escriben al blog para contar la historia del pueblo, de la abuela, del vecino que “se apareció” después del entierro. Es decir, el mito sigue vivo, solo que ahora lo canalizamos a través de podcasts, series y redes sociales.


Por qué me siguen fascinando los vampiros

Como folclorista, los vampiros me interesan menos como monstruos “reales” y más como espejos:

  • Nos hablan del miedo a la muerte, pero también del miedo a que otros vivan de nosotros.

  • Nos recuerdan que hemos utilizado la palabra “monstruo” para etiquetar a enfermos, marginados y disidentes.

  • Y muestran cómo una comunidad, cuando no comprende algo, construye una explicación sobrenatural muy coherente con sus valores y temores.

El vídeo que enlazo al final es, al fin y al cabo, una pieza más en ese trabajo de ir desentrañando capas: folclore, medicina, historia, literatura… Lo mismo que intento hacer en mis libros y en las entrevistas donde me invitan a hablar de estos temas.


Epílogo: matar al vampiro… o entenderlo

En los viejos relatos, la única forma de acabar con el vampiro era clavarle una estaca, quemarlo o decapitarlo. Hoy, el “ritual” es otro: conocer la historia, estudiar las enfermedades, revisar las fuentes, comparar tradiciones.

Pero hay algo que no cambia: seguimos necesitando historias de monstruos. Porque a través de ellos hablamos de lo que no nos atrevemos a decir directamente.

Si te interesan estas criaturas y su relación con otros seres del imaginario español, te invito a echar un vistazo a mi Guía de los seres mitológicos españoles y a las entrevistas y podcasts donde sigo explorando estos temas. Y, por supuesto, a ver el vídeo del programa, que fue el punto de partida de esta reflexión.

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La verdadera historia de la caza de brujas en Europa

La verdadera historia de la caza de brujas en Europa

La verdadera historia de la caza de brujas en Europa

 

Hola a todxs, espero que estéis muy bien. Hoy en este vídeo voy a contaros todo acerca del fenómeno de la caza de Brujas en Europa. Primero voy con esta parte y luego quiero hacer otro vídeo también de la caza de brujas en Salem que tampoco tiene desperdicio y cuya historia me marcó ya que la estudié hace años en la universidad y es algo que llama también la atención y que alguna gente desconoce. Con el paso de los años he ido investigando y también viendo el trabajo elaborado por personas que se dedican a la investigación de este tema de la historia de la brujería y me parecía interesante traerlo en un vídeo. Me parece un tema extenso y me da miedo resumirlo en este vídeo pero voy a hacerlo lo mejor que pueda para que quede lo más claro posible.

Primero de todo habría que separar a la brujería de la hechicería. La palabra hechicería se sirve de la magia que se realiza con la intención de cambiar la realidad y se puede diferenciar entre la baja magia, es decir la magia que practicaban la gente de manera intuitiva, de la alta magia que era la que se llevaba a cabo con grimorios, astrología, y de una manera más ceremonial. Así que recordemos que la hechicería hace uso de la magia, pero la brujería surge después y lo hace a través de la caza de brujas. La palabra brujería sirve para designar un CRIMEN, es la demonización de algunas prácticas folclóricas que se llevaban a cabo en las comunidades rurales.

Por tanto, la hechicería y magia son fenómenos que se han dado desde siempre en la historia del ser humano, pero la caza de brujas es un suceso que se dio desde el siglo XV hasta mediados del siglo XVIII en Europa. Como se suele creer, no es cierto que durante el periodo medieval fue cuando se dio todo este desastre sino que durante este periodo, la brujería apenas suponía una preocupación para la jerarquía eclesiástica, de hecho, se trataba de un tema en el que no creían, simplemente lo consideraban como supercherías e idioteces de la gente cateta del pueblo y que era una ilusión provocada por los demonios al practicante de magia. Por lo tanto, en este periodo el concepto de magia cambia y las diferentes culturas europeas se van adaptando al cristianismo y las creencias y prácticas antiguas se van adaptando a la nueva religión, así que aquí tenemos un coctel de muchas tradiciones diferentes antiguas que se encuentran con una cosmovisión cristiana.

Por mucho que la gente se adaptara a la nueva religión y se dejara la creencia en otros dioses la gente seguía con sus practicas habituales y esto se fue manteniendo a lo largo del tiempo, además que no fue un cambio drástico, sino algo que perduró mucho en el tiempo. Una prueba de esto es vemos hay muchas festividades que hoy en día se siguen haciendo y que reflejan en sustrato de estas creencias que eran paganas pero a través de esta creencia en la nueva religión se fueron enmascarando bajo el cristianismo.

La gente que vivía en áreas rurales creía en las brujas como un ente, era una entidad que atacaba durante el sueño, que se comía a los niños, o bien que destruía las cosechas a través de las tormentas, era una entidad contra la cual debían protegerse. En ciertas zonas como en Italia se hablaba de los Benandanti que eran personas que a través del viaje en éxtasis mediante ciertas prácticas chamánicas hacia el otro lado, donde podía luchar contra las brujas y podía obtener sabiduría y conocimiento para la comunidad. Así como en otros lugares del continente lo hacían los licántropos de Livonia, los Taltosok húngaros, los kresniks balcánicos o los mazzeri de corsica que tenían esta labor de luchar contra las brujas entendidas como una entidad en el folklore Europeo antes de que el cristianismo lo deformara todo. También en el Canon Episcopi se decía que había tales mujeres que creían y profesaban que por las noches iban con el cortejo de Diana. Otros la llamaban Herodias, otros Perchta, otros Hécate…. Todas estas reminiscencias remitían a lo mismo, a la misma figura y a un mismo fin.

Así que a raíz de distintos factores relacionados con el desarrollo de la demonología, el surgimiento de tratados de algunos teólogos como el Malleus Malleficarum entre otros y debido a temas socio-políticos también, sumado con que la iglesia consolidaba su poder autoritario, la concepción de la brujería se convirtió en un problema que dio ligar a una actitud persecutoria. Todo eso se sumó con el surgimiento de grupos étnicos minoritarios como los cátaros, judíos, los herejes y gente que socialmente estaba marginada y que no se adaptaban al nuevo orden. Todos estos grupos marginales son aquellos sobre los cuales proyectaron esta imagen de la bruja que acabó personificándose, eran los culpables de todos los males y por lo tanto las autoridades quedaban libres de las responsabilidades sobre todo lo que ocurría a nivel social y económico. En todo el meollo no había solo mujeres, sino que los hombres también, sólo que según algunos demonólogos la mujer, que era débil por naturaleza, era la que más caía en las redes del demonio, y de esta manera justificaban su misoginia.

De esta manera se pasa de un pensamiento propio de San Agustín en el que todo esto era mera superstición, a otro en el que se dice que todo esto era real. A final de la edad media la brujería se empieza a entender como un culto satánico organizado que busca la destrucción de las cristiandad y a partir de esta época comenzaron a salir muchos manuales de demonología, en los que se daba a entender que todo el mundo podía hacer uso de la magia y cualquier podía ser acusado de brujería.

Los crímenes más comunes por los que se castigaba a las supuestas brujas por parte de la inquisición eran los siguientes:

-Canibalismo e incesto
-Uso de venenos o práctica de magia maléfica
-Ir al sabbat
-Hacer daños ala comunidad (matar niños, impedir reproducción, destruir los cultivos, envenenar las aguas)
-Transformación en animal.
-Adoración o pacto con Satanás

«Después de cruzarse con un hombre de negro que les inicia, las brujas y brujos se reúnen en el sabbat o akelarre. Llegan volando hacia donde está el macho cabrío. Una vez reunidos bailan y comen. A continuación se produce un acto de adoración al demonio y luego éste mantiene relaciones carnales con todos los asistentes. Acto seguido, las brujas se untan con unos ungüentos y emprenden el vuelo. Provocan granizos que destruyen las cosechas y matan a personas y animales. Al terminar estos hechos, las brujas vuelven a casa, siempre volando, a caballo de sus demonios.» Canon Episcopi.

En las confesiones de brujas como esta vemos como todas remiten casi a lo mismo; una figura que se le aparece a la supuesta bruja, que le inicia en los poderes maléficos. Después esa persona asiste al Sabbat y ve al macho cabrío que le aporta conocimientos maléficos sobre el uso de venenos y plantas mortíferas y donde llevan prácticas tabú.

Si dejamos atrás todos los temas del tabú como los tratos carnales, o las prácticas de canibalismo, ¿No podría ser esto un paralelo con algunas religiones anteriores al cristianismo, como en los cultos mistéricos o en prácticas chamánicas, donde la persona que se inicia recibe instrucciones de un maestro, a través del vuelo del alma donde se hace en contacto con esta entidad (supuestamente el macho cabrío para los cristianos, en otras ocasiones sería Diana, Hécate, u otras de las diosas paganas) y donde se viaja a otros lugares o donde esa entidad o espíritu le aporta al practicante un conocimiento? ¿No tienen en común las mismas prácticas que los ritos mistéricos (como el de Eleusis por ejemplo) de la Antigua Grecia donde un sacerdote inicia a la persona y a través de esa iniciación tienen contacto con la divinidad? ¿No se parece al chamanismo donde un maestro te inicia y a través de ciertas prácticas extáticas puedes contactar con los espíritus que te brindan conocimientos? ¿No es acaso lo mismo?

«Hay que añadir además, que ciertas mujeres criminales convertidas a Satán, seducidas por las ilusiones y fantasmas del demonio, creen y profesan que durante las noches, con Diana, diosa de los Paganos e innumerable multitud de mujeres, cabalgan sobre ciertas bestias y atraviesan los espacios en la calma nocturna obedeciendo a sus órdenes como a las de una dueña absoluta»

Canon Episcopi c. s. X

La conclusión más rápida a la que se llega es que estas prácticas de la antigüedad y de diferentes creencias folklóricas se demonizaron por la iglesia dado que había ciertas personas que todavía lo practicaban. Y esas diosas de las que hablábamos que en realidad es una diosa única con muchos nombres, quedó totalmente reducida a la imagen del diablo cristiano tal y como lo conocemos hoy.

Y así es como la bruja como entidad, la bruja como un ser maligno nocturno acabó convirtiéndose en humana. Tanto los tabús de la sociedad, el surgimiento de estos grupos minoritarios que además tenían prácticas con los que la iglesia no estaba conforme y esos momentos de crisis general en el que la iglesia ganaba poder, hizo que todo esto se desatara.

Más tarde, ya en el siglo de las luces cuando la caza de brujas ya dejó de tener el apogeo que tuvo, comenzaron a surgir los tratados que explicaban el fenómeno de la brujería como algo en lo que no habría que creer porque el avance de la ciencia podía encontrar explicación a todo, tanto a la transformación en animal (cuya explicación era que básicamente eran ilusiones y espejismos que el diablo les mostraba a los practicantes) como a la posibilidad de estas brujas de entablar relaciones con el diablo. Absolutamente todo quedó reducido a ser una falacia y estas brujas pasaron a existir y a hacer maldades a quedar reducido a ser personas que tenían problemas mentales y que según ellos deberían estar encerradas en manicomio porque realmente el diablo solo les engañaban y les mostraban mentiras, porque creer en ello significaría atribuirle un poder grande al Diablo, y esto no interesaba.

Pero ojo, que este libro que tengo aquí: Sobre la Licantropía y Transformación de las Brujas de Jean de Nynauld es uno de los más importantes porque aparte de tratar este tema de una forma racional, el autor sin quererlo nos deja descritas algunas recetas de ungüentos de las brujas que supuestamente usaban para el vuelo espiritual y algunas historias de la transformación en animal y los transportes hacia lugares remotos, que provienen de el doble espiritual o la salida del cuerpo, con lo cual es bastante interesante.

Os preguntaréis que por qué entonces la gente hoy en día practica brujería si esto fue considerado un CRIMEN, pues bien, porque como ya he dicho, lo que la Iglesia llamaba brujería, aparte de ser la excusa para culpar a la gente de los males de la sociedad, también estaba asociado a lo que algunas personas practicaban en ritos iniciáticos o prácticas chamánicas. La cosa es que al ser demonizadas por la iglesia se le ha llamado brujería, pero es una creencia errónea atribuir actualmente a las prácticas de brujería lo que los eclesiásticos decían, todo eso solo eran mentiras, lo tergiversaron todo para su beneficio. La práctica de brujería es un camino mistérico que involucra la comunicación con el otro lado, con el otro mundo para poder establecer contacto con los espíritus a cambio de conocimiento o de aportación a la comunidad. Así vemos que estas prácticas chamánicas o vuelo espiritual en el que las mujeres se unían a la diosa Diana del Canon Episcopi es el claro precedente del Akelarre.

Se han escrito libros y han corrido ríos y ríos de tinta acerca de este tema, pero para que lo entendáis en un vídeo creo que se puede resumir bien de esta manera. Espero que os haya quedado mucho más claro este tema por si era algo que fomentaba dudas, y que os haya gustado el vídeo. Todo ello para que se de a conocer la verdadera historia tras lo que ocurrió y para que veáis lo que es capaz de hacer el fanatismo religioso y lo mucho que se tergiversan las cosas y que por culpa de ello personas inocentes tienen que sufrirlo… Con esto me despido, espero que tengáis una buena semana. ¡Un abrazo a todos y hasta pronto!

Si lo prefieres, puedes escuchar esta historia en el canal de nuestra bella y encantadora colaboradora Mariana : Aquí os lo dejamos:

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HOMBRES LOBO Y OTROS DEPREDADORES DE LA MITOLOGÍA 

DE VENEFICIS 

 

BIBLIOGRAFÍA:

Fabián Alejandro Campagne. La Strix hispánica.
-Ginzburg, Carlo. Historia nocturna.
-Wilby, Emma. Cunning folk and familiar spirits: shamanistic visionary traditions in early modern -British witchcraft and magic.

 

El mito del autómata inteligente

El mito del autómata inteligente

El mito del autómata inteligente

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imagen de: MR_EL

 

Recientemente, tuve el honor de ver publicado mi artículo titulado «El mito del autómata inteligente: Gólems, Hómunculos y vida artificial en la Edad Media», en la revista especializada Acta Maleficarum, una edición especial que rinde homenaje a los mitos y leyendas de la Semana Cidiana. En este artículo, exploro el antiguo deseo humano de crear vida artificial, a través del análisis de mitos como el Gólem, los homúnculos y otras creaciones que desafían la barrera entre la vida y la automatización.

El estudio parte de las primeras representaciones en la mitología griega, como Prometeo y Pandora, quienes desafiaron el orden divino al entregar a los humanos poderes reservados solo para los dioses. Estos mitos anticipan la tensión que luego se manifestará durante la Edad Media en torno a la creación de vida artificial. En ese periodo, se desarrollaron varias representaciones de seres creados por el hombre, como los homúnculos, pequeños seres artificiales nacidos en laboratorios alquímicos, y los Gólems, figuras de barro a las que se otorgaba vida temporalmente a través de rituales mágicos.

Descripción: Imagen de la portada del artículo (link al final del artículo)

El artículo resalta que estas creaciones, ya fueran de barro, metal o mediante fórmulas alquímicas, reflejan la ambivalencia de la humanidad frente a su capacidad de imitar la vida. Si bien el hombre busca convertirse en creador, estas historias nos advierten de los peligros inherentes en tal ambición. La creación artificial se concibe como una transgresión al orden divino, y a menudo el creador termina destruido o apartado de su creación, como un eco del mito de Prometeo castigado por Zeus.

A lo largo de los siglos, estas narrativas mitológicas han sido un espejo de las inquietudes humanas sobre el poder y las limitaciones de la ciencia y la tecnología. En tiempos medievales, a través de la alquimia y la magia, los intentos de crear autómatas o seres vivos artificiales continuaron desafiando tanto los límites del conocimiento como las fronteras morales y filosóficas.

Finalmente, mi análisis ubica estas historias en el contexto de nuestra evolución tecnológica, destacando cómo la fascinación por la creación de vida artificial ha evolucionado hasta nuestros días. A través de estas narrativas, se revela un miedo persistente: que lo que creamos termine por superar nuestro control, una advertencia que resuena con fuerza en la era de la inteligencia artificial.

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