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Etiqueta: Hefesto y el Olimpo

Hefesto, el dios de la forja de la mitología griega

Hefesto, el dios de la forja de la mitología griega

Hefesto, el dios de la forja de la mitología griega

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Canta. Musa de voz clara, a Hefesto, célebre por su talento, el que, con Atenea la de ojos de lechuza, enseñó espléndidos oficios a los hombres sobre la tierra, hombres que antes habitaban en grutas en los montes como fieras.
Ahora, instruidos en los oficios por Hefesto, célebre por su destreza, pasan cómodamente la vida, hasta el día que cumple el año, en sus propias moradas.
¡Séme, pues, propicio, Hefesto, y concédeme virtud y prosperidad.

Himno homérico a Hefesto

 

Hefesto, en la mitología griega, (Ἥφαιστος Hêphaistos, quizá de φαίνω phainô, ‘brillar’) es el dios del fuego y la forja, así como de los herreros, los artesanos, los escultores, los metales y
la metalurgia.
Era adorado en todos los centros artesanales de Grecia, especialmente en Atenas. Su equivalente aproximado en la mitología etrusca era Sethlans y en la romana era Vulcano.
Hefesto era hijo de Hera, con Zeus o sin él.era, mortificada por haber alumbrado una descendencia imperfecta, no tardó en arrojarlo del Olimpo. Hefesto cayó en el mar, donde, como cuenta su mismo personaje en la Ilíada, dos diosas del mar, la nereida Tetis (madre de Aquiles) y la oceánide Eurínome, lo recogieron y lo cuidaron en la isla de Lemnos, y allí creció hasta convertirse en un maestro artesano.

Hefesto nunca perdonó a su madre y para vengarse fabricó un gran trono de oro con magia, logrando que, cuando Hera se sentara en el trono, fuera incapaz de levantarse. La diosa cayó en la trampa de su hijo y quedó atrapada. Los demás dioses le rogaron que deshiciera el maleficio. Sin embargo, Hefesto aun lleno de ira, se negó marchándose. Los dioses quisieron convencerlo de volver al Olimpo para liberar a su madre, pero se rechazaba continuamente la petición; hasta que el astuto Dionisio -en quien tenía absoluta confianza- logró embriagarlo y llevarlo de vuelta al Olimpo, en una mula y acompañado de una multitud de seres.

Hefesto, ya en el Olimpo, no liberó a su madre del trono hasta que le concedieron su deseo: la mano de Afrodita, diosa del Amor. Los dioses aceptaron, Afrodita también y Hera fue liberada. Así es como Hefesto se convirtió en uno de los doce dioses olímpicos y en el único en volver al Olimpo luego de haber sido exiliado.

Mientras que los demás dioses olímpicos son perfectos, Hefesto tiene la particularidad de sufrir una discapacidad física y realizar trabajo manual. La versión popular del mito dice que Hera lo tiró al mar desde el Olimpo para ocultarlo cuando nació con cojera. Tanto es así, que caminaba con la ayuda de un bastón o ayudándose de sus autómatas. En algunas vasijas pintadas, sus pies aparecen a veces al revés. En el arte, se le representa cojo, sudoroso, con la barba desaliñada y el pecho descubierto, inclinado sobre su yunque, a menudo trabajando en su fragua.

Entre sus numerosas creaciones encontraríamos  al gigante de Talos, la bella Pandora, o Las Kourai Khryseai (Κουραι Χρυσεαι, ‘doncellas doradas’), que eran dos autómatas de oro con la apariencia de jóvenes mujeres vivas. Se decía que poseían inteligencia, fuerza y el don del habla.

Una de las mejores escenas de Hefesto trabajando en su forja nos la ofrece Virgilio en «La Eneida»:

Virgilio, Eneida VIII, 416 ss. 

Junto a la costa sicana y a la Lípara eolia una isla se alza erizada de peñascos humeantes, bajo la cual truenan la gruta y de los Cíclopes los antros etneos corroídos de chimeneas y se oyen los golpes que arrancan gemidos a los yunques y en las cavernas rechinan las barras de los cálibes y el fuego respira en los hornos, de Vulcano morada y tierra de Vulcano por su nombre.

Aquí baja entonces el señor del fuego de lo alto del cielo. El hierro trabajaban los Cíclopes en su vasta guarida, Brontes y Estéropes y Piragmón con el cuerpo desnudo. Ocupados estaban en terminar, en parte ya pulido, un rayo de los muchos que lanza el padre por todo el cielo a la tierra; otra parte estaba aún sin acabar. Habían añadido tres puntas retorcidas de lluvia, tres de nube de agua, tres del rojo fuego y del alado Austro. Fulgores horríficos y trueno y espanto añadían ahora a su trabajo y las iras a las llamas tenaces. En otro lado preparaban a Marte su carro y las ruedas veloces, con las que a las ciudades provoca y a los hombres; y la égida terrible, arma de la enojada Palas, se esforzaban en cubrir de escamas de serpientes y de oro, y las culebras enlazadas y la misma Gorgona en el pecho de la diosa haciendo girar sus ojos sobre el cuello cortado.

MATRIMONIO CON AFRODITA 

La relación entre Afrodita y Hefesto es una de las más interesantes y complejas de la mitología griega, especialmente por la dicotomía que representa: Afrodita, la diosa del amor, la belleza y el deseo, unida en matrimonio con Hefesto, el dios del fuego, la forja y la artesanía, pero también considerado físicamente menos atractivo y con una deformidad en sus pies.

Origen del matrimonio

El matrimonio entre Afrodita y Hefesto fue más una imposición que una elección por amor. Según varias fuentes, incluyendo «La Ilíada» de Homero y la «Teogonía» de Hesíodo, Zeus decidió casar a Afrodita con Hefesto, en parte para resolver el problema de los celos y la disputa entre los dioses que competían por la mano de la hermosa diosa. Así, el matrimonio fue visto como un arreglo más que como una unión basada en el amor.

Infidelidades de Afrodita

La relación entre ambos estuvo marcada por las infidelidades de Afrodita, siendo su amante más famoso Ares, el dios de la guerra. Esta infidelidad está detallada en el Canto VIII de la «Odisea», donde se narra cómo Hefesto, al descubrir el romance entre Afrodita y Ares, urde una trampa: crea una red invisible y resistente que coloca sobre su cama. Cuando Afrodita y Ares están juntos, son atrapados por la red y expuestos al escarnio de los demás dioses.

Según Robert L. Fowler en su obra «Early Greek Mythography: Volume 2» (2000), esta historia «subraya la relación irónica entre los dioses de la pasión y la técnica, donde la maestría de Hefesto es burlada por la naturaleza indómita del deseo» (p. 215). La infidelidad de Afrodita y la humillación pública de Hefesto evidencian una relación desequilibrada en términos de poder y afecto.

Contraste de personalidades

El contraste entre ambos personajes es notable: Afrodita es el epítome de la sensualidad y la belleza, mientras que Hefesto, aunque extremadamente talentoso, es presentado en la mitología como cojo y poco agraciado físicamente. Algunos estudiosos interpretan esta relación como un símbolo de la tensión entre la belleza externa y las cualidades internas, o incluso como una crítica a la superficialidad del deseo frente a la solidez del trabajo y la creatividad. Como señala Jenny Strauss Clay en «The Politics of Olympus: Form and Meaning in the Major Homeric Hymns» (1989), «la unión entre Afrodita y Hefesto refleja una paradoja, donde la apariencia no siempre se alinea con el valor interno» (p. 167).

 

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BIBLIOGRAFÍA

Miriam Valdés Guía « Las Cecrópidas como imagen representativa de las madres en Atenas arcaica y clásica », ‘Ilu. Revista de Ciencias de las Religiones, 2023.

https://es.wikipedia.org/wiki/Hefesto

Jenny Strauss Clay en «The Politics of Olympus: Form and Meaning in the Major Homeric Hymns» (1989),

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