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La verdadera historia de la caza de brujas en Europa

La verdadera historia de la caza de brujas en Europa

La verdadera historia de la caza de brujas en Europa

 

Hola a todxs, espero que estéis muy bien. Hoy en este vídeo voy a contaros todo acerca del fenómeno de la caza de Brujas en Europa. Primero voy con esta parte y luego quiero hacer otro vídeo también de la caza de brujas en Salem que tampoco tiene desperdicio y cuya historia me marcó ya que la estudié hace años en la universidad y es algo que llama también la atención y que alguna gente desconoce. Con el paso de los años he ido investigando y también viendo el trabajo elaborado por personas que se dedican a la investigación de este tema de la historia de la brujería y me parecía interesante traerlo en un vídeo. Me parece un tema extenso y me da miedo resumirlo en este vídeo pero voy a hacerlo lo mejor que pueda para que quede lo más claro posible.

Primero de todo habría que separar a la brujería de la hechicería. La palabra hechicería se sirve de la magia que se realiza con la intención de cambiar la realidad y se puede diferenciar entre la baja magia, es decir la magia que practicaban la gente de manera intuitiva, de la alta magia que era la que se llevaba a cabo con grimorios, astrología, y de una manera más ceremonial. Así que recordemos que la hechicería hace uso de la magia, pero la brujería surge después y lo hace a través de la caza de brujas. La palabra brujería sirve para designar un CRIMEN, es la demonización de algunas prácticas folclóricas que se llevaban a cabo en las comunidades rurales.

Por tanto, la hechicería y magia son fenómenos que se han dado desde siempre en la historia del ser humano, pero la caza de brujas es un suceso que se dio desde el siglo XV hasta mediados del siglo XVIII en Europa. Como se suele creer, no es cierto que durante el periodo medieval fue cuando se dio todo este desastre sino que durante este periodo, la brujería apenas suponía una preocupación para la jerarquía eclesiástica, de hecho, se trataba de un tema en el que no creían, simplemente lo consideraban como supercherías e idioteces de la gente cateta del pueblo y que era una ilusión provocada por los demonios al practicante de magia. Por lo tanto, en este periodo el concepto de magia cambia y las diferentes culturas europeas se van adaptando al cristianismo y las creencias y prácticas antiguas se van adaptando a la nueva religión, así que aquí tenemos un coctel de muchas tradiciones diferentes antiguas que se encuentran con una cosmovisión cristiana.

Por mucho que la gente se adaptara a la nueva religión y se dejara la creencia en otros dioses la gente seguía con sus practicas habituales y esto se fue manteniendo a lo largo del tiempo, además que no fue un cambio drástico, sino algo que perduró mucho en el tiempo. Una prueba de esto es vemos hay muchas festividades que hoy en día se siguen haciendo y que reflejan en sustrato de estas creencias que eran paganas pero a través de esta creencia en la nueva religión se fueron enmascarando bajo el cristianismo.

La gente que vivía en áreas rurales creía en las brujas como un ente, era una entidad que atacaba durante el sueño, que se comía a los niños, o bien que destruía las cosechas a través de las tormentas, era una entidad contra la cual debían protegerse. En ciertas zonas como en Italia se hablaba de los Benandanti que eran personas que a través del viaje en éxtasis mediante ciertas prácticas chamánicas hacia el otro lado, donde podía luchar contra las brujas y podía obtener sabiduría y conocimiento para la comunidad. Así como en otros lugares del continente lo hacían los licántropos de Livonia, los Taltosok húngaros, los kresniks balcánicos o los mazzeri de corsica que tenían esta labor de luchar contra las brujas entendidas como una entidad en el folklore Europeo antes de que el cristianismo lo deformara todo. También en el Canon Episcopi se decía que había tales mujeres que creían y profesaban que por las noches iban con el cortejo de Diana. Otros la llamaban Herodias, otros Perchta, otros Hécate…. Todas estas reminiscencias remitían a lo mismo, a la misma figura y a un mismo fin.

Así que a raíz de distintos factores relacionados con el desarrollo de la demonología, el surgimiento de tratados de algunos teólogos como el Malleus Malleficarum entre otros y debido a temas socio-políticos también, sumado con que la iglesia consolidaba su poder autoritario, la concepción de la brujería se convirtió en un problema que dio ligar a una actitud persecutoria. Todo eso se sumó con el surgimiento de grupos étnicos minoritarios como los cátaros, judíos, los herejes y gente que socialmente estaba marginada y que no se adaptaban al nuevo orden. Todos estos grupos marginales son aquellos sobre los cuales proyectaron esta imagen de la bruja que acabó personificándose, eran los culpables de todos los males y por lo tanto las autoridades quedaban libres de las responsabilidades sobre todo lo que ocurría a nivel social y económico. En todo el meollo no había solo mujeres, sino que los hombres también, sólo que según algunos demonólogos la mujer, que era débil por naturaleza, era la que más caía en las redes del demonio, y de esta manera justificaban su misoginia.

De esta manera se pasa de un pensamiento propio de San Agustín en el que todo esto era mera superstición, a otro en el que se dice que todo esto era real. A final de la edad media la brujería se empieza a entender como un culto satánico organizado que busca la destrucción de las cristiandad y a partir de esta época comenzaron a salir muchos manuales de demonología, en los que se daba a entender que todo el mundo podía hacer uso de la magia y cualquier podía ser acusado de brujería.

Los crímenes más comunes por los que se castigaba a las supuestas brujas por parte de la inquisición eran los siguientes:

-Canibalismo e incesto
-Uso de venenos o práctica de magia maléfica
-Ir al sabbat
-Hacer daños ala comunidad (matar niños, impedir reproducción, destruir los cultivos, envenenar las aguas)
-Transformación en animal.
-Adoración o pacto con Satanás

«Después de cruzarse con un hombre de negro que les inicia, las brujas y brujos se reúnen en el sabbat o akelarre. Llegan volando hacia donde está el macho cabrío. Una vez reunidos bailan y comen. A continuación se produce un acto de adoración al demonio y luego éste mantiene relaciones carnales con todos los asistentes. Acto seguido, las brujas se untan con unos ungüentos y emprenden el vuelo. Provocan granizos que destruyen las cosechas y matan a personas y animales. Al terminar estos hechos, las brujas vuelven a casa, siempre volando, a caballo de sus demonios.» Canon Episcopi.

En las confesiones de brujas como esta vemos como todas remiten casi a lo mismo; una figura que se le aparece a la supuesta bruja, que le inicia en los poderes maléficos. Después esa persona asiste al Sabbat y ve al macho cabrío que le aporta conocimientos maléficos sobre el uso de venenos y plantas mortíferas y donde llevan prácticas tabú.

Si dejamos atrás todos los temas del tabú como los tratos carnales, o las prácticas de canibalismo, ¿No podría ser esto un paralelo con algunas religiones anteriores al cristianismo, como en los cultos mistéricos o en prácticas chamánicas, donde la persona que se inicia recibe instrucciones de un maestro, a través del vuelo del alma donde se hace en contacto con esta entidad (supuestamente el macho cabrío para los cristianos, en otras ocasiones sería Diana, Hécate, u otras de las diosas paganas) y donde se viaja a otros lugares o donde esa entidad o espíritu le aporta al practicante un conocimiento? ¿No tienen en común las mismas prácticas que los ritos mistéricos (como el de Eleusis por ejemplo) de la Antigua Grecia donde un sacerdote inicia a la persona y a través de esa iniciación tienen contacto con la divinidad? ¿No se parece al chamanismo donde un maestro te inicia y a través de ciertas prácticas extáticas puedes contactar con los espíritus que te brindan conocimientos? ¿No es acaso lo mismo?

«Hay que añadir además, que ciertas mujeres criminales convertidas a Satán, seducidas por las ilusiones y fantasmas del demonio, creen y profesan que durante las noches, con Diana, diosa de los Paganos e innumerable multitud de mujeres, cabalgan sobre ciertas bestias y atraviesan los espacios en la calma nocturna obedeciendo a sus órdenes como a las de una dueña absoluta»

Canon Episcopi c. s. X

La conclusión más rápida a la que se llega es que estas prácticas de la antigüedad y de diferentes creencias folklóricas se demonizaron por la iglesia dado que había ciertas personas que todavía lo practicaban. Y esas diosas de las que hablábamos que en realidad es una diosa única con muchos nombres, quedó totalmente reducida a la imagen del diablo cristiano tal y como lo conocemos hoy.

Y así es como la bruja como entidad, la bruja como un ser maligno nocturno acabó convirtiéndose en humana. Tanto los tabús de la sociedad, el surgimiento de estos grupos minoritarios que además tenían prácticas con los que la iglesia no estaba conforme y esos momentos de crisis general en el que la iglesia ganaba poder, hizo que todo esto se desatara.

Más tarde, ya en el siglo de las luces cuando la caza de brujas ya dejó de tener el apogeo que tuvo, comenzaron a surgir los tratados que explicaban el fenómeno de la brujería como algo en lo que no habría que creer porque el avance de la ciencia podía encontrar explicación a todo, tanto a la transformación en animal (cuya explicación era que básicamente eran ilusiones y espejismos que el diablo les mostraba a los practicantes) como a la posibilidad de estas brujas de entablar relaciones con el diablo. Absolutamente todo quedó reducido a ser una falacia y estas brujas pasaron a existir y a hacer maldades a quedar reducido a ser personas que tenían problemas mentales y que según ellos deberían estar encerradas en manicomio porque realmente el diablo solo les engañaban y les mostraban mentiras, porque creer en ello significaría atribuirle un poder grande al Diablo, y esto no interesaba.

Pero ojo, que este libro que tengo aquí: Sobre la Licantropía y Transformación de las Brujas de Jean de Nynauld es uno de los más importantes porque aparte de tratar este tema de una forma racional, el autor sin quererlo nos deja descritas algunas recetas de ungüentos de las brujas que supuestamente usaban para el vuelo espiritual y algunas historias de la transformación en animal y los transportes hacia lugares remotos, que provienen de el doble espiritual o la salida del cuerpo, con lo cual es bastante interesante.

Os preguntaréis que por qué entonces la gente hoy en día practica brujería si esto fue considerado un CRIMEN, pues bien, porque como ya he dicho, lo que la Iglesia llamaba brujería, aparte de ser la excusa para culpar a la gente de los males de la sociedad, también estaba asociado a lo que algunas personas practicaban en ritos iniciáticos o prácticas chamánicas. La cosa es que al ser demonizadas por la iglesia se le ha llamado brujería, pero es una creencia errónea atribuir actualmente a las prácticas de brujería lo que los eclesiásticos decían, todo eso solo eran mentiras, lo tergiversaron todo para su beneficio. La práctica de brujería es un camino mistérico que involucra la comunicación con el otro lado, con el otro mundo para poder establecer contacto con los espíritus a cambio de conocimiento o de aportación a la comunidad. Así vemos que estas prácticas chamánicas o vuelo espiritual en el que las mujeres se unían a la diosa Diana del Canon Episcopi es el claro precedente del Akelarre.

Se han escrito libros y han corrido ríos y ríos de tinta acerca de este tema, pero para que lo entendáis en un vídeo creo que se puede resumir bien de esta manera. Espero que os haya quedado mucho más claro este tema por si era algo que fomentaba dudas, y que os haya gustado el vídeo. Todo ello para que se de a conocer la verdadera historia tras lo que ocurrió y para que veáis lo que es capaz de hacer el fanatismo religioso y lo mucho que se tergiversan las cosas y que por culpa de ello personas inocentes tienen que sufrirlo… Con esto me despido, espero que tengáis una buena semana. ¡Un abrazo a todos y hasta pronto!

Si lo prefieres, puedes escuchar esta historia en el canal de nuestra bella y encantadora colaboradora Mariana : Aquí os lo dejamos:

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BIBLIOGRAFÍA:

Fabián Alejandro Campagne. La Strix hispánica.
-Ginzburg, Carlo. Historia nocturna.
-Wilby, Emma. Cunning folk and familiar spirits: shamanistic visionary traditions in early modern -British witchcraft and magic.

 

La leyenda de Strigoi/The Legend of the Strigoi

La leyenda de Strigoi/The Legend of the Strigoi

 

La leyenda de Strigoi/The Legend of the Strigoi

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ESPAÑOL

Llegando a la época oscura del año, vengo aquí a hablaros sobre la figura del strigoi del
folklore rumano. La creencia en los espectros es una constante en la antropología. El
hombre siempre ha creído que el mundo de los vivos y el de los muertos interactúan entre
sí. Y así, los difuntos, entrando en una primera sistematización, pueden ser benévolos u
hostiles. En todas las culturas del mundo existe la creencia en unos seres que, habiendo
fallecido, vuelven al reino de los vivos para atormentar y, en ocasiones, traer la muerte a
familiares y vecinos.
En Rumanía, la imagen de vampiro que conocemos está mucho más lejos de la edulcorada
que presenta el Drácula de Stoker y mucho más próxima a los mitos populares, más
apegados a la tierra y relacionados con las respuestas que el hombre del campo querría dar
a los desastres de la naturaleza o a los misterios que su vida encerraba. A día de hoy,
sobretodo en lugares de montaña, sigue siendo una criatura que causa pánico a muchas
personas y que se llama strigoi.
Las leyendas de los “no muertos” en lugares como Rumanía han pasado de generacion en
generación en las frías noches invernales. Pero de puertas para afuera nadie habla del
strigoi aunque todos son conocedores de su existencia.
Podría pensarse que ya en pleno siglo XXI estas figuras del folklore estarían ya
arrinconadas en el desván de la historia y que solamente podrían servir como argumento en
la ficción o en la literatura, pero no es así.
Los strigoi son figuras a medio camino entre la vida y la muerte que regresan al mundo de
los vivos con diferentes objetivos. Algunos vuelven para aocsar y horrorizar a las víctimas
mientras que otros volvían para dar ayuda o consuelo a sus familiares.
En italiano strega significa bruja y derivan de la palabra latina strix, que designa a una
pequeña ave vampírica. De forma similar, de acuerdo con la mitología rumana y albanesa,
una striga es una especie de bruja-vampiro que se desliza en los cuartos de los pequeños y
absorve su fuerza vital. Son criaturas que cazan humanos, sobretodo niños pequeños para
alimentarse de su sangre, y según el folklore se pueden convertir en animales o volverse
invisibles. Además ese concepto repetido de chupar la sangre de las víctimas también se
puede relacionar con el hecho de quitar la energía del otro para disponer de más existencia.
Físicamente son monstruos gigantescos, y a pesar de su tamaño, se mueven tan rápido que
el ojo humano no alcanza a verlos, trepan por cualquier superficie a velocidades increíbles
y también se dice que emplean a menudo sus formas de murciélago.
En la cultura popular rumana están los strigoi vivos y muertos. Los strigoi muertos son casi
siempre hombres muertos sólo aparentemente o cadáveres que no llegan a pudrirse bien
por haber tenido dos almas -la buena abandona el cuerpo en el momento de la muerte,
mientras que la mala se queda allí- bien porque sus almas han regresado al cuerpo a los
nueve días, a las seis semanas, a los seis meses o a los siete años después del óbito. Tienen
la misma apariencia que la que tuvieron en vida; también pueden crecer más, tener los ojos
rojos, uñas como sierras, cola peluda y una boca grande. Los strigoi vivos son gente del
pueblo, tienen una identidad precisa.

Esto contiene una imagen de: Vampire

A veces su parte mitad de arriba del cuerpo es humana y la parte mitad de abajo tiene
forma de caballo. Esto es debido a que el caballo es un animal funerario y psicopompo por
excelencia. El caballo era el que llevaba al difunto al más allá, realiza la ruptura de nivel,
el paso de este mundo a otros mundos y por eso desempeña también un papel de primer
orden en determinadas clases de iniciación masculina.
El siglo XIV pasa por ser el momento en que se produce la primera oleada de casos de
vampirismo, sobretodo en Prusia Oriental, Silesia y Bohemia. Este fenómeno que no tenía
más que hasta la fecha un carácter anecdótico, se generalizó al tiempo que se constataba
que las expectaculares manifestaciones vampíricas coincidían con las grandes epidemias
de peste. Para evitar el contagio las víctimas de la enfermedad eran enterradas
apresuradamente sin certificar su muerte clínica. El hecho de que unos días más tarde al
abrir los panteones familiares y encontrar cadáveres perfectamente conservados y con
sangre en la boca, fue lo que propició la superstición popular de que éstos eran vampiros
que producían los desastres que ocurrían y se atribuyó a esos cuerpos una existencia física
después de la muerte, así como una esencial dependencia de la sangre de la que
supuestamente se alimentaban.
Alexandra Chereches nos dice lo siguiente acerca del strigoi:
“En algunos relatos puede chupar la sangre como ya decía, pero no solo se dedica a eso
sino que también atrae las malas cosechas, genera enfermedades y epidemias y le quita la
leche a las vacas, así que está muy ligado a comunidades rurales y boscosas. Es peludo,
puede tener los ojos claros, cola y normalemente suelen ser las mujeres quienes más se
ligan a los seres infernales.”
Pero, ¿quién se convertía en strigoi? Aquellos malditos que la tierra vomitaba de sus
entrañas: asesinos, herejes, suicidas, etc. Aunque la leyenda de cómo aparecen estas
criaturas va cambiando según la zona. A veces se contaba que el séptimo varón de una
serie de hermanos tendría la maldición del strigoi, otras veces se decía que a causa de un
mal enterramiento, el esptíritu del difunto se convertiría en un strigoi ya que no encontraría
paz ni descanso y también otras veces se entiende por una maldición que aparece siendo el
hijo de un hereje o una adúltera o incluso por el hecho de nacer con la placenta. El médico
debia conseguir quitársela al bebé antes de que este la agarrase y se la comiese y de esta
manera ya no se convertiría en un strigoi. Además se contaba que estos strigoi de
nacimiento también tenian el poder de echar mal de ojo.
El temor a estos personajes malignos es tan grande que hay muchas narraciones populares
que contienen medidas apotropaicas para tratar de engañarlos en la tumba e impedirles que
regresen o llevar a cabo enterramientos con cuidado de que todas las medidas fuesen
correctas para que no se convirtiese. Una forma de protegerse de ellos es esparcir semillas
y clavos en la habitación donde uno duerme. Estas criaturas obsesivas no pueden seguir su
camino sin antes contar las semillas, pero como hay clavos, terminará pinchándose y
perdiendo la cuenta y tendría que empezar a contar otra vez y así hasta que el amanecer les
haga retirarse. También se les colocaba ajos en las tumbas y cuando un strigoi salía de la
tumba para atacar a alguien, tras identificarlo, se acudía a la tumba, se le clavaba una

estaca y se le sacaba el corazón o algún órgano para poder contar con la certeza de que no
iba a volver a aparecer. De igual manera, se le cortaba la cabeza y se le ponía a los pies o
lo bastante lejos de los hombros para que no volviese a molestar. También se habla de
volver a desenterrar al cadaver y poner estacas o clavos en las extremidades de éste para
que no regrese. Algunos rumanos dicen que el té hecho con las cenizas del corazón de un
strigoi curaría a esa persona atacada por él. También hay otras técnicas dependiendo de la
zona como son: envolver el cuerpo en un tallo de zarzamoras, o introducir algún tipo de
objeto punzante en la boca, así como colocar zarzamoras en los ojos, la nariz y en los oídos
al morir, también insertar piedras o cristales, poner mirra, quemar los genitales, pinchar al
strigoi con agujas.

La tradición también era untar la nariz, el pecho y las plantas de los pies con una mezcla de
polvo de escopeta, ajo y mirra, para prevenir que el muerto regrese. Se ungían las cruces
de estos con miel y harina para que si volvían se les viesen las huellas. Este tipo de rituales
genera en nuestra época muchos problemas ya que a veces los aldeanos quieren desenterrar
los cadáveres que estan malditos, lo cual conlleva problemas de todo tipo sin obviar los
enfrentamientos con las autoridades.
Algunas leyendas Rumanas también nos cuentan lo siguiente:
“Cuando ha muerto alguien, y si poco después vuelve a perecer otro pariente del muerto,
ya no se espera a que pase el tiempo acordado para desenterrar a este, sino que en muchas
regiones desde Moldavia hasta Rumanía, es costumbre que el muerto que falleció en
último lugar se desentierre a las seis semanas y si nos lo encontramos boca abajo se dice
que es un strigoi y enseguida se le clava una estaca de tejo o de roble en el corazón o se le
arranca el corazón y con él se ungen todos los miembros de la familia, ya que haciendo
esto se cree que están protegidos.”

Alexandra también contaba en sus estudios de los strigoi es que las mujeres tienen un
papel protagonista, pero también había hechiceras o curanderas que buscaban aliviar a las
victimas que sufren debido a estos seres. De este modo, se le pide ayuda a mujeres que son
viudas y sin hijos porque así ellas captan el mal para ellas mismas, ya que su condición de
viudas y sin hijos hace que no tengan modo de transmitir la maldición a otros cercanos a
ellas.
Para terminar, os dejo con esta última cita que alguien dijo haciendo referencia a las
últimas palabras de Bram Stocker antes de morir:
“Sus últimas y desesperadas palabras fueron: «¡Strigoi! ¡Strigoi!» Y mientras su cuerpo
temblaba y señalaba hacia un rincón de la habitacion. Queria que los que le acompañaban
en aquel momento final vieran lo que él estaba viendo: «¡Strigoi! ¡Strigoi!»

 

ENG

Reaching the dark time of the year, I come here to speak to you about the figure of the strigoi from Romanian folklore. The belief in specters is a constant in anthropology. Humanity has always believed that the world of the living and the dead interact with each other. Thus, the deceased, entering an early classification, can be either benevolent or hostile. In all cultures around the world, there exists a belief in beings who, having died, return to the realm of the living to torment and, at times, bring death to family and neighbors.

In Romania, the image of the vampire we know is much closer to popular myths, more connected to the land and related to the answers that rural people sought to explain natural disasters or the mysteries of their lives, rather than the softened version presented by Stoker’s Dracula. To this day, especially in mountain areas, it remains a creature that instills panic in many people, and it is called a strigoi.

The legends of the «undead» in places like Romania have been passed down from generation to generation on cold winter nights. However, outside the home, no one speaks of the strigoi, even though everyone is aware of their existence. One might think that in the 21st century, these folklore figures would have been relegated to the attic of history, serving only as fiction or literary material, but that is not the case.

The strigoi are figures halfway between life and death who return to the world of the living with different purposes. Some return to haunt and terrorize their victims, while others return to help or comfort their families.

In Italian, strega means witch, and it derives from the Latin word strix, which refers to a small vampiric bird. Similarly, according to Romanian and Albanian mythology, a striga is a type of vampire-witch that slips into children’s rooms to drain their life force. These creatures hunt humans, especially small children, to feed on their blood. According to folklore, they can turn into animals or become invisible. The concept of sucking the victim’s blood can also be related to draining another’s energy to sustain one’s own life.

Physically, they are enormous monsters, and despite their size, they move so quickly that the human eye cannot see them. They climb any surface at incredible speeds, and it is also said that they often use their bat forms.

In Romanian popular culture, there are living and dead strigoi. Dead strigoi are almost always dead men who only appear dead or whose corpses do not decompose properly, either because they had two souls—the good one leaves the body at the moment of death, while the bad one remains—or because their souls return to the body nine days, six weeks, six months, or seven years after death. They look just like they did in life; they may also grow taller, have red eyes, nails like saws, a hairy tail, and a large mouth. Living strigoi are people from the village with a distinct identity.

Sometimes their upper half is human, while the lower half takes the form of a horse. This is because the horse is a funerary and psychopomp animal par excellence. The horse was the one that carried the deceased to the afterlife, performing the transition from this world to others. That is why it also plays an important role in certain types of male initiation.

The 14th century marks the first wave of vampirism cases, particularly in East Prussia, Silesia, and Bohemia. This phenomenon, which had previously been anecdotal, became widespread as it was noted that spectacular vampiric manifestations coincided with major plague epidemics. To avoid contagion, victims of the disease were hastily buried without confirming clinical death. A few days later, upon reopening family tombs and finding perfectly preserved corpses with blood in their mouths, popular superstition took hold, believing that these were vampires responsible for the disasters, assigning these bodies a physical existence after death and a dependence on blood, which they supposedly fed on.

Alexandra Chereches tells us the following about the strigoi:

“In some stories, it can suck blood as I mentioned, but it doesn’t just do that; it also brings bad harvests, generates diseases and epidemics, and takes milk from cows, so it’s very connected to rural and forested communities. It’s hairy, may have light-colored eyes, a tail, and it’s usually women who are most associated with these infernal beings.”

But who becomes a strigoi? Those cursed souls that the earth spits out: murderers, heretics, suicides, etc. However, the legend of how these creatures appear changes depending on the region. Sometimes it was said that the seventh son in a family of brothers would be cursed with the strigoi fate. Other times, a bad burial would cause the deceased’s spirit to become a strigoi, as it would not find peace or rest. In other instances, it was believed that being born to a heretic or adulteress, or even being born with the placenta, could bring about the curse. The doctor had to remove the placenta before the baby grabbed it and ate it, preventing it from becoming a strigoi. Additionally, it was said that these naturally born strigoi could also cast the evil eye.

The fear of these malicious figures is so great that there are many popular stories containing protective measures to trick them in the grave and prevent them from returning. A way to protect oneself is to scatter seeds and nails in the room where one sleeps. These obsessive creatures cannot continue their path without first counting the seeds, but since there are nails, they will prick themselves, lose count, and have to start over until dawn forces them to retreat. Garlic was also placed in tombs, and when a strigoi emerged from the grave to attack someone, after identifying it, people would go to the grave, drive a stake through its heart, or remove some organ to ensure it would not reappear. They would also cut off its head and place it at the feet or far enough away from the shoulders so it would not return. Some regions would dig up the body and drive stakes or nails into its limbs to prevent it from returning. Some Romanians say that tea made from the ashes of a strigoi’s heart would cure a person attacked by one. Other techniques depending on the region included wrapping the body in bramble stems, inserting a sharp object in the mouth, or placing brambles in the eyes, nose, and ears upon death. Other methods included inserting stones or crystals, applying myrrh, burning the genitals, or pinning the strigoi with needles.

The tradition was also to anoint the nose, chest, and soles of the feet with a mixture of gunpowder, garlic, and myrrh to prevent the dead from returning. The crosses on their graves were smeared with honey and flour so that if they returned, their footprints would be visible. These kinds of rituals create many problems in our time because villagers sometimes want to dig up cursed bodies, leading to all kinds of issues, not to mention conflicts with authorities.

Some Romanian legends also tell us the following:

“When someone has died, and shortly after another relative of the deceased dies, there is no waiting for the agreed time to exhume the body. In many regions from Moldova to Romania, it is customary to exhume the last deceased person after six weeks. If they are found lying face down, they are said to be a strigoi, and a stake of yew or oak is immediately driven into their heart, or the heart is removed and used to anoint all family members, as doing so is believed to protect them.”

Alexandra also notes in her studies on strigoi that women play a leading role, but there were also witches or healers who sought to relieve the victims suffering due to these beings. Thus, help was sought from women who were widows and childless, as they could absorb the curse themselves since their status as widows and childless meant they could not pass the curse on to others close to them.

Finally, I leave you with this last quote from someone referencing Bram Stoker’s final words before his death:

“His last, desperate words were: ‘Strigoi! Strigoi!’ And as his body trembled, he pointed toward a corner of the room. He wanted those with him at that final moment to see what he was seeing: ‘Strigoi! Strigoi!’”»

imagen de: https://es.pinterest.com/pin/3307399710407253/

 

 

 

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DE VENEFICIS 

el lado oscuro de las hadas (parte 2)

el lado oscuro de las hadas (parte 2)

                  El lado oscuro de las hadas (parte 2)

Hace unos días comenzamos en este blog un pequeño apartado en que reflexionaba sobre la parte oscura del mundo feérico. Muchos me pidieron que ahondara en tan extraña cuestión y, tras mucho detenimiento, he decidido redactar estas líneas.

En el anterior post nos referimos a esa oscura aura que envuelve estas criaturas y sus encuentros con los humanos. Pues bien, conviene ahora que profundicemos sobre dicha cuestión, con la esperanza de que uno se guarde y mucho de tomarse a la ligera los avistamientos de estas entidades.

Su naturaleza es distinta a la nuestra a la nuestra y, por ende, su propio devenir puede ser nocivo para los humanos. Contaba  el reverendo Robert Kirk allá en el 1691 en su tratado, La comunidad secreta, algunas de las costumbres de las hadas que podían ser nocivas para los humanos. Por ejemplo, las hadas tienden a bailar durante horas en una especie de gran círculo mágico. Si el humano topa con  dicho ritual, debe guardarse de no unirse a ellas, pues ese trance puede durar días y puede provocar la muerte al sujeto bien  por agotamiento o por inanición.

A veces el solo avistamiento del hada provoca un enamoramiento febril en el hombre ( o mujer) hasta tal punto que, quienes dicen haberlas visto caían en una profunda melancolía si no podían volver a verlas e, incluso, morían tras una larga agonía. Podemos ver un ejemplo en el celebérrima leyenda de Bécquer «la mujer de ojos verdes»:

Herido va el ciervo… herido va; no hay duda. Se ve el rastro de la sangre entre las zarzas del monte, y al saltar uno de esos lentiscos han flaqueado sus piernas… Nuestro joven señor comienza por donde otros acaban… en cuarenta años de montero no he visto mejor golpe… ¡Pero por San Saturio, patrón de Soria! cortadle el paso por esas carrascas, azuzad los perros, soplad en esas trompas hasta echar los hígados, y hundidle á los corceles una cuarta de hierro en los ijares: ¿no véis que se dirige hacia la fuente de los Álamos, y si la salva antes de morir podemos darle por perdido?

Las cuencas del Moncayo repitieron de eco en eco el bramido de las trompas, el latir de la jauría desencadenada y las voces de los pajes resonaron con nueva furia, y el confuso tropel de hombres, caballos y perros se dirigió al punto que Iñigo, el montero mayor de los marqueses de Almenar, señalara como el más á propósito para cortarle el paso á la res.

Pero todo fué inútil. Cuando el más ágil de los lebreles llegó á las carrascas jadeante y cubiertas las fauces de espuma, ya el ciervo, rápido como una saeta, las había salvado de un solo brinco, perdiéndose entre los matorrales de una trocha que conducía á la fuente.

—¡Alto!… ¡Alto todo el mundo! gritó Iñigo entonces; estaba de Dios que había de marcharse. Y la cabalgata se detuvo, y enmudecieron las trompas, y los lebreles dejaron refunfuñando la pista á la voz de los cazadores. En aquel momento se reunía á la comitiva el héroe de la fiesta, Fernando de Argensola, el primogénito de Almenar.

—¿Qué haces? exclamó dirigiéndose á su montero, y en tanto, ya se pintaba el asombro en sus facciones, ya ardía la cólera en sus ojos. ¿Qué haces, imbécil? ¡Ves que la pieza está herida, que es la primera que cae por mi mano, y abandonas el rastro y la dejas perder para que vaya á morir en el fondo del bosque! ¿Crees acaso que he venido á matar ciervos para festines de lobos?

—Señor, murmuró Iñigo entre dientes, es imposible pasar de este punto.

—¡Imposible! ¿y por qué?

—Porque esa trocha, prosiguió el montero, conduce á la fuente de los Alamos; la fuente de los Alamos, en cuyas aguas habita un espíritu del mal. El que osa enturbiar su corriente, paga caro su atrevimiento. Ya la res habrá salvado sus márgenes; ¿cómo la salvaréis vos sin atraer sobre vuestra cabeza alguna calamidad horrible? Los cazadores somos reyes del Moncayo, pero reyes que pagan un tributo. Pieza que se refugia en esa fuente misteriosa, pieza perdida.

—¡Pieza perdida! Primero perderé yo el señorío de mis padres, y primero perderé el ánima en manos de Satanás, que permitir que se me escape ese ciervo, el único que ha herido mi venablo, la primicia de mis excursiones de cazador… ¿Lo ves?… ¿lo ves?… Aún se distingue á intervalos desde aquí… las piernas le faltan, su carrera se acorta; déjame… déjame… suelta esa brida, ó te revuelco en el polvo.. ¿Quién sabe si no le daré lugar para que llegue á la fuente? y si llegase, al diablo ella, su limpidez y sus habitadores. ¡Sus! ¡Relámpago! ¡sus, caballo mío! si lo alcanzas, mando engarzar los diamantes de mi joyel en tu serreta de oro.

Caballo y jinete partieron como un huracán.

Iñigo los siguió con la vista hasta que se perdieron en la maleza; después volvió los ojos en derredor suyo; todos, como él, permanecían inmóviles y consternados.

El montero exclamó al fin:

—Señores, vosotros lo habéis visto; me he expuesto á morir entre los pies de su caballo por detenerle. Yo he cumplido con mi deber. Con el diablo no sirven valentías. Hasta aquí llega el montero con su ballesta; de aquí adelante, que pruebe á pasar el capellán con su hisopo.

II

—Tenéis la color quebrada; andáis mustio y sombrío; ¿qué os sucede? Desde el día, que yo siempre tendré por funesto, en que llegásteis á la fuente de los Álamos en pos de la res herida, diríase que una mala bruja os ha encanijado con sus hechizos.

Ya no váis á los montes precedido de la ruidosa jauría, ni el clamor de vuestras trompas despierta sus ecos. Sólo con esas cavilaciones que os persiguen, todas las mañanas tomáis la ballesta para enderezaros á la espesura y permanecer en ella hasta que el sol se esconde. Y cuando la noche oscurece y volvéis pálido y fatigado al castillo, en balde busco en la bandolera los despojos de la caza. ¿Qué os ocupa tan largas horas lejos de los que más os quieren?

Mientras Iñigo hablaba, Fernando, absorto en sus ideas, sacaba maquinalmente astillas de su escaño de ébano con el cuchillo de monte.

Después de un largo silencio, que sólo interrumpía el chirrido de la hoja al resbalarse sobre la pulimentada madera, el joven exclamó dirigiéndose á su servidor, como si no hubiera escuchado una sola de sus palabras.

—Iñigo, tú que eres viejo, tú que conoces todas las guaridas del Moncayo, que has vivido en sus faldas persiguiendo á las fieras, y en tus errantes excursiones de cazador subiste más de una vez á su cumbre, dime: ¿has encontrado por acaso una mujer que vive entre sus rocas?

—¡Una mujer! exclamó el montero con asombro y mirándole de hito en hito.

—Sí, dijo el joven; es una cosa extraña lo que me sucede, muy extraña… Creí poder guardar ese secreto eternamente, pero no es ya posible; rebosa en mi corazón y asoma á mi semblante. Voy, pues, á revelártelo… Tú me ayudarás á desvanecer el misterio que envuelve á esa criatura, que al parecer solo para mí existe, pues nadie la conoce, ni la ha visto, ni puede darme razón de ella. El montero, sin despegar los labios, arrastró su banquillo hasta colocarle junto al escaño de su señor, del que no apartaba un punto los espantados ojos. Este, después de coordinar sus ideas, prosiguió así:

—Desde el día en que á pesar de tus funestas predicciones llegué á la fuente de los Álamos, y atravesando sus aguas recobré el ciervo que vuestra superstición hubiera dejado huir, se llenó mi alma del deseo de la soledad.

Tú no conoces aquel sitio. Mira, la fuente brota escondida en el seno de una peña, y cae resbalándose gota á gota por entre las verdes y flotantes hojas de las plantas que crecen al borde de su cuna. Aquellas gotas que al desprenderse brillan como puntos de oro y suenan como las notas de un instrumento, se reúnen entre los céspedes, y susurrando, susurrando como un ruido semejante al de las abejas que zumban en torno de las flores, se alejan por entre las arenas, y forman un cauce, y luchan con los obstáculos que se oponen á su camino, y se repliegan sobre sí mismas, y saltan, y huyen, y corren, unas veces con risa, otras con suspiros, hasta caer en un lago. En el lago caen con un rumor indescriptible. Lamentos, palabras, nombres, cantares, yo no sé lo que he oído en aquel rumor cuando me he sentado solo y febril sobre el peñasco, á cuyos pies saltan las aguas de la fuente misteriosa para estancarse en una balsa profunda, cuya inmóvil superficie apenas riza el viento de la tarde.

Todo es allí grande. La soledad con sus mil rumores desconocidos, vive en aquellos lugares y embriaga el espíritu en su inefable melancolía. En las plateadas hojas de los álamos, en los huecos de las peñas, en las ondas del agua, parece que nos hablan los invisibles espíritus de la naturaleza, que reconocen un hermano en el inmortal espíritu del hombre.

Cuando al despuntar la mañana me veías tomar la ballesta y dirigirme al monte, no fué nunca para perderme entre sus matorrales en pos de la caza, no; iba á sentarme al borde de la fuente, á buscar en sus ondas… no sé qué, ¡una locura! El día en que salté sobre ella con mi Relámpago, creí haber visto brillar en su fondo una cosa extraña… muy extraña… los ojos de mujer.

Tal vez sería un rayo de sol que serpeó fugitivo entre su espuma; tal vez una de esas flores que flotan entre las algas de su seno, y cuyos cálices parecen esmeraldas… no sé: yo creí ver una mirada que se clavó en la mía; una mirada que encendió en mi pecho un deseo absurdo, irrealizable: el de encontrar una persona con unos ojos como aquellos.

En su busca fui un día y otro á aquel sitio.

Por último, una tarde… yo me creí juguete de un sueño… pero no, es verdad, la he hablado ya muchas veces, como te hablo á tí ahora… una tarde encontré sentada en mi puesto, y vestida con unas ropas que llegaban hasta las aguas y flotaban sobre su haz, una mujer hermosa sobre toda ponderación. Sus cabellos eran como el oro; sus pestañas brillaban como hilos de luz, y entre las pestañas volteaban inquietas unas pupilas que yo había visto… sí; porque los ojos de aquella mujer eran los ojos que yo tenía clavados en la mente; unos ojos de un color imposible; unos ojos…

—¡Verdes! exclamó Iñigo con un acento de profundo terror, é incorporándose de un salto en su asiento.

Fernando le miró á. su vez como asombrado de que concluyese lo que iba á decir, y le preguntó con una mezcla de ansiedad y de alegría:

—¿La conoces?

—¡Oh, no! dijo el montero. ¡Líbreme Dios de conocerla! Pero mis padres, al prohibirme llegar hasta esos lugares, me dijeron mil veces que el espíritu, trasgo, demonio ó mujer que habita en sus aguas, tiene los ojos de ese color. Yo os conjuro, por lo que más améis en la tierra, á no volver á la fuente de los Álamos. Un día ú otro os alcanzará su venganza, y expiaréis, muriendo, el delito de haber encenagado sus ondas.

—¡Por los que más amo!… murmuró el joven con una triste sonrisa.

—¡Sí, prosiguió el anciano; por vuestros padres, por vuestros deudos, por las lágrimas de la que el cielo destina para vuestra esposa, por las de un servidor que os ha visto nacer…

—¿Sabes tú lo que más amo en este mundo? ¿Sabes tú por qué daría yo el amor de mi padre, los besos de la que me dió la vida, y todo el cariño que pueden atesorar todas las mujeres de la tierra? Por una mirada, por una sola mirada de esos ojos… ¡Cómo podré yo dejar de buscarlos!

Dijo Fernando estas palabras con tal acento, que la lágrima que temblaba en los párpados de Iñigo se resbaló silenciosa por su mejilla, mientras exclamó con acento sombrío: ¡Cúmplase la voluntad del cielo!

III

—¿Quién eres tú? ¿Cuál es tu patria? ¿En dónde habitas? Yo vengo un día y otro en tu busca, y ni veo el corcel que te trae á estos lugares, ni á los servidores que conducen tu litera. Rompe de una vez el misterioso velo en que te envuelves como en una noche profunda, yo te amo, y, noble ó villana, seré tuyo, tuyo siempre…

El sol había traspuesto la cumbre del monte; las sombras bajaban á grandes pasos por su falda; la brisa gemía entre los álamos de la fuente, y la niebla, elevándose poco á poco de la superficie del lago, comenzaba á envolver las rocas de su margen.

Sobre una de estas rocas, sobre una que parecía próxima á desplomarse en el fondo de las aguas, en cuya superficie se retrataba temblando el primogénito de Almenar, de rodillas á los pies de su misteriosa amante, procuraba en vano arrancarle el secreto de su existencia.

Ella era hermosa, hermosa y pálida, como una estatua de alabastro. Uno de sus rizos caía sobre sus hombros, deslizándose entre los pliegues del velo como un rayo de sol que atraviesa las nubes, y en el cerco de sus pestañas rubias brillaban sus pupilas como dos esmeraldas sujetas en una joya de oro.

Cuando el joven acabó de hablarle, sus labios se removieron como para pronunciar algunas palabras, pero sólo exhalaron un suspiro, un suspiro débil, doliente, como el de la ligera onda que empuja una brisa al morir entre los juncos.

—¡No me respondes! exclamó Fernando al ver burlada su esperanza; ¿querrás que dé crédito á lo que de tí me han dicho? ¡Oh! No… Háblame: yo quiero saber si me amas; yo quiero saber si puedo amarte, si eres una mujer…

—O un demonio… ¿Y si lo fuese?

El joven vaciló un instante; un sudor frío corrió por sus miembros; sus pupilas se dilataron al fijarse con más intensidad en las de aquella mujer, y fascinado por su brillo fosfórico, demente casi, exclamó en un arrebato de amor:

—Si lo fueses… te amaría… te amaría como te amo ahora, como es mi destino amarte, hasta más allá de esta vida, si hay algo más allá de ella.

—Fernando, dijo la hermosa entonces con una voz semejante á una música: yo te amo más aún que tú me amas; yo, que desciendo hasta un mortal, siendo un espíritu puro. No soy una mujer como las que existen en la tierra; soy una mujer digna de tí, que eres, superior á los demás hombres. Yo vivo en el fondo de estas aguas; incorpórea como ellas, fugaz y trasparente, hablo con sus rumores y ondulo con sus pliegues. Yo no castigo al que osa turbar la fuente donde moro; antes le premio con mi amor, como á un mortal superior á las supersticiones del vulgo, como á un amante capaz de comprender mi cariño extraño y misterioso.

Mientras ella hablaba así, el joven, absorto en la contemplación de su fantástica hermosura, atraído como por una fuerza desconocida, se aproximaba más y más al borde de la roca. La mujer de los ojos verdes prosiguió así:

—¿Ves, ves el límpido fondo de ese lago, ves esas plantas de largas y verdes hojas que se agitan en su fondo?… Ellas nos darán un lecho de esmeraldas y corales… y yo… yo te daré una felicidad sin nombre, esa felicidad que has soñado en tus horas de delirio, y que no puede ofrecerte nadie… Ven, la niebla del lago flota sobre nuestras frentes como un pabellón de lino… las ondas nos llaman con sus voces incomprensibles, el viento empieza entre los álamos sus himnos de amor; ven… ven…

La noche comenzaba á extender sus sombras, la luna rielaba en la superficie del lago, la niebla se arremolinaba al soplo del aire, y los ojos verdes brillaban en la oscuridad como los fuegos fatuos que corren sobre el haz de las aguas infectas… Ven… ven… estas palabras zumbaban en los oídos de Fernando como un conjuro. Ven… y la mujer misteriosa le llamaba al borde del abismo, donde estaba suspendida, y parecía ofrecerle un beso… un beso…

Fernando dió un paso hacia ella… otro… y sintió unos brazos delgados y flexibles que se haban á su cuello, y una sensación fría en sus labios ardorosos, un beso de nieve… y vaciló… y perdió pie, y cayó al agua con un rumor sordo y lúgubre.

Las aguas saltaron en chispas de luz, y se cerraron sobre su cuerpo, y sus círculos de plata fueron ensanchándose, ensanchándose hasta espirar en las orillas.

Tras la lectura de estas líneas, la conclusión es que  el hada ejerce sobre el incauto joven una poderosa influencia que enturbia su mente hasta tal punto que le lleva a la muerte….

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DE VENEFICIS 

 

Bibliografía

-Becquer, Gustavo Adolfo «Rimas y leyendas»

-Ruiz Osuna, Pablo y Reñé Quilés, David «Guía de los seres mitológicos españoles»

-https://es.wikisource.org/wiki/Los_ojos_verdes

 

 

el diablo burlón/ el diañu burlón(parte 1)

el diablo burlón/ el diañu burlón(parte 1)

El diaño burlón

 

 

el diaño burlón. Ilustración de Alberto Álvarez Peña

ilustración de Alberto Álvarez Peña.

 

Desde tiempo inmemorial en España(principalmente en la zona de Asturias) se cree en un enigmático ser apodado «diablo burlón» (diaño burlón el asturiano). Al parecer, se trata de un diablillo de pequeño tamaño y patas de cabra que se dedica a gastar pesadas bromas a los incautos que se atreven a adentrarse en sus dominios. No obstante, tras un análisis pormenorizado del personaje, nos persuadimos de que este relato tradicional guarda más secretos de lo que parece.

Para empezar, su aspecto nos recuerda a las criaturas feéricas  de las que hemos estado hablando en este blog. Su apariencia, comportamiento e incluso poderes guardan una estrecha relación con el mundo de los duendes. No es difícil afirmar que, antaño, este diablo no fue sino una deidad feérica. Véase su capacidad para cambiar su forma en un animal salvaje(generalmente un macho cabrío) aumentar su peso y tamaño, o incluso tomar forma humana. Probablemente este mito sea el resultado de la fusión de creencias paganas y cristianas. Por un lado, esa antigua deidad de los bosques y minas y, por otro, el del demonio o diablo.

Entre sus travesuras más comunes cabe citar la del burro blanco que se ofrece como montura al caminante y que una vez montado crece y crece sin cesar, el caballo que después de una galopada infernal devuelve al jinete al mismo lugar de donde partió, le arroja de cabeza al río o le quema los pantalones. También se cuenta que se transforma en macho cabrío, de color rojo, que se deja coger por el pastor, y cada vez va pesando más hasta dejar extenuado al hombre y meándole encima.

En la senda del camín  encantáu de  Ardisana (Llanes) el Diañu Burlón, nos dice:

 

«Soy el Diañu Burlón y
a podrás atraparme.

Ni los romanos pudieron
y esos sí que eran listos,
no como tú.

Puedo cambiar de forma y engañarte
para que hagas lo que yo quiera.
Ay, que tontos sois los humanos» .

 

El Diañu burlón | Los Oscos Rural

 

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Bibliografía

https://mitologiaiberica.fandom.com/es/wiki/Dia%C3%B1u_burl%C3%B3n

http://www.senderismoenasturias.es/eldianu.htm

 

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