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Etiqueta: ritos funerarios

EL vampiro en el folklore Europeo

EL vampiro en el folklore Europeo

EL vampiro en el folklore Europeo

 

“Le vampire littéraire est une figure surnaturelle, véritable manifestation de la peur de l’homme face à la mort” Jarrot 1999: 63)

No sabéis lo duro que ha sido para mi condensar la información que quería daros en este post porque tengo muchas cosas que me gustaría contaros acerca de esta figura que de siempre me ha gustado mucho. Obviamente no voy a poder decir todo lo que quiero decir, pero lo voy a intentar hacer lo mejor que pueda… voy a hablar acerca del vampiro en el folklore Europeo, cómo era concebido antes de que la literatura formara la imagen del vampiro que todos conocemos. Ahora ya sin más os dejo con el vídeo.

El terror a la noche ha hecho a lo largo de los tiempos, que el miedo a lo desconocido y a los seres de la noche sea el punto de partida donde anclar el mito del vampiro. Si a esta concepción primitiva del miedo a la noche le añadimos la incomprensión de la muerte y el miedo a ella, podemos aproximarnos un poco más al terror que debieron sentir los primeros pobladores (y no tan primeros) respecto a los hechos que no eran comprensibles. Desde aquí podemos afirmar que los primeros seres que aterrorizarán al hombre van a combinar el miedo a la muerte y la sangre, porque no olvidemos que la sangre representa la vida, y el retorno de los muertos. Además la creencia en los espectros es una constante en la antropología. El hombre siempre ha creído que el mundo de los vivos y el de los muertos interactúan entre sí, un planteamiento que consuela pero que a la vez producía mucho miedo. Así que estos muertos pueden ser benévolos u hostiles. En las culturas tradicionales se ha creído que quien poseyera el poder sobre la sangre del enemigo tendía el poder sobre su persona, y así de esta manera, el chupador de sangre o el demonio que devora en la noche estará presente en muchas culturas. La creencia en los muertos no ha dejado de atribuirles el poder de retornar de ella muerte y de tomar de los vivos la esencia vital de su existencia, la sangre. Y de aquí viene el mito del vampiro.

En la antigüedad vemos la presencia de estos seres. En Grecia estaba La Lamia, un personaje mítico convertida en un terrible monstruo que devoraba niños y que está más relacionado con las brujas. Estaban las Empusas, que se dice tomaban la forma de bellas damas y tenían relaciones con hombres a los que les extraían la fuerza vital hasta hacerles fallecer.

En el siglo XVIII, Europa vivia la ilustración, una era marcada por el auge del racionalismo y excepticismo hacia lo sobrenatural. Pero en zonas rurales las creencias en vampiros seguían siendo muy fuertes. La ilustración promovía el cuestionamiento de las antiguas creencias, pero esto no fue uniforme en todas las áreas de Europa.

Las epidemias como la peste contribuyeron a este fenómeno. Hay lugares en donde se desencadenaban muertes repentinas que las personas no podían explicar. A menudo éstas eran interpretadas como resultado de intervenciones sobrenaturales. La falta de comprensión de los procesos de descomposición también jugaban un papel importante en todo esto.  Para evitar el contagio de la enfermedad, las personas eran enterradas apresuradamente sin certificar su muerte clínica. Cuando enterraban a ciertos cadáveres en las fosas comunes se daban cuenta de que los que ya estaban enterrados se conservaban intactos y con un hilo de sangre en la boca. Esto es lo que potenció la superstición popular del vampiro y de ahí que comenzara la leyenda. En algunas áreas de Europa se viene haciendo hasta hace pocos años, y quizá se siga haciendo en áreas rurales. La hinchazón o la aparición de sangre en la boca eran vistos como señales de vampirismo. Las personas que se apoyaban en las creencias y el folklore local se aferraban a estas explicaciones que de otro modo les resultaban inexplicables.

Se cita la práctica de canibalismo en periodos de hambrunas, guerras y epidemias como uno de los condicionantes en la aparición del mito. Ante el horror de estas prácticas, lasgente preferían refugiarse en el mito antes que reconocer la realidad de lo que estaba pasando, así que fue necesario inventar una razón para los ataques de los vivos y los cadáveres desmembrados y también con asuntos de mal de ojo o la súbita muerte de los animales. ¿Qué mejor chivo expiatorio podían tener que el vampiro, al igual que la bruja en lugares como España.

Calmet en su obra nos habla de que en ese tiempo hablar de todo aquello produciría rechazo por la mentalidad de la ilustración, pero que todo lo que aquellas personas comentaban tenía mucho sentido y no podía ser descartado como simples ilusiones.

La muerte entra dentro del ámbito de los llamados ritos de iniciación. Arnold van Gennep encuentra tres momentos distintos en estos ritos: los ritos antes de morir, en los que había que librar al que iba a morir de sus pecados, los ritos cuando el óbito se producía y los ritos del funeral. Si no se hacía bien ninguna de estas etapas, la muerte era mala y el difunto se convierte en un peligro para todos. Por lo tanto una buena muerte no era cosa fácil pero era importante.

En la tradición Europea un hombre puede estar condenado desde su nacimiento a volver de la tumba tras su muerte como por ejemplo: por ser el séptimo hijo varón de una familia, muerte prematura o violenta, incumplimiento de rituales funerarios y religiosos, como maldición por acciones criminales o sacrílegas. En Bulgaria, cualquier cadáver bajo el que caminara una gallina o un gato o cualquier moribundo que no hubiera recibido el aceite de la extremaunción se transformaba en un vampiro.

Además de estos futuros vampiros bien definidos, encontramos vampiros potenciales. Entre ellos se encontraban los pelirrojos, los hermanos que vinieron al mundo durante el mismo mes, los individuos que fueron hombres lobo durante su vida, los malhechores, los que rompieron juramentos, los ahorcados, los que nunca comieron ajo, los que tenían mal de ojo, los que juraban al servicio del diablo y los enterrados al atardecer.” Se decía que los enterrados después del mediodía mataban a sus familiares. Se abrían paso hacia las casas a través de la chimenea, donde torturaban, desfiguraban, estrangulaban o asfixiaban a las personas.

Además, se decía que también tenían la capacidad de transformarse animales. Las formas animales más comunes eran el perro, la cabra, el cuervo y el caballo aunque también se afirmaba que estos espectros también aparecían como pulgas, piojos y garrapatas, parásitos que, por supuesto, son vampíricos.  De algunos pueblos eslavos y germanos viene la creencia de las dos almas, se decía que una de sus almas —el alter ego— era capaz de abandonar el cuerpo durante un tiempo y causar daño a otras personas y se podía transformar en animal.

Aquí es donde viene a adquirir importancia el término “revenant” del francés. Este término va a designar a estos muertos que volvían de las tumbas. Revenant es el participio del verbo “revenir” que significa retornar, regresar o volver. No se trata solo de designar que alguien que murió se aparece a los vivos (el tradicional fantasma) sino de algo más aterrador: alguien que, pese a estar muerto viene, o mejor dicho, vuelve con su cuerpo físico para agredir a los vivos. En castellano la palabra “reviniente” aunque sea similar, no recoge esos matices del término francés en su totalidad. En nuestra lengua, palabras como fantasma o espectro siempre van a llevar consigo ese significado de inmaterialidad que no es el que buscamos nosotros. Sin embargo, la expresión muerto o cadaver sería en español entonces la más asociada para referirnos a este fenómeno del “revenant”, el aspecto corporal del fantasma, que después de haber muerto regresa y bebe la sangre de sus víctimas. Así que vemos que para los precristianos estas apariciones eran totalmente físicas.

(“Un caso muy curioso es el que recoge William of Newburgh que quizá es el más relevante de todos. Un hombre cruel sospechaba que su mujer le era infiel. Una noche, subido a una viga del techo en el dormitorio del matrimonio pudo verificar sus sospechas. De la impresión, este se cayó al suelo y murió a la noche siguiente, negándose a confesar sus culpas y comulgar. Tras ser enterrado en el cementerio, comenzó a salir por las noches (seguido de una jauría de perros) y deambulaba por las calles. Pese a que todos se quedaban en sus casas cerrando las puertas por miedo a este ser, nada pudieron hacer para evitar que este revenant asolara las casas del lugar. Tanta era la desolación, que en Domingo de Ramos, el párroco del lugar convocó a los clérigos, sabios y autoridades para decidir cómo poner remedio a esta calamidad. Cuandoo fueron a ver cómo estaba el cadáver se dieron cuenta de que estaba hinchado de horma animal y su rostro estaba rojizo. En ese momento asestaron un golpe al cuerpo inmóvil y de la herida salió abundante sangre, por lo que entendieron que aquel cadáver había chupado la sangre de muchos. Tras esto, arrastraron el cadáver fuera de la ciudad y elevaron una pira y le extrajeron el corazón. Una vez consumido el cuerpo por las llamas, acabó la peste que había asolado el lugar.”

Aunque ahora os voy a enumerar los tipos de Vampiros según cómo atacaban en el folclore y veréis que no todos chupaban la sangre:

El Invocador: aquel que llama a sus víctimas a viva voz. Aquel que escuchara su nombre por parte de este significaba que iba a morir en poco tiempo. A este invocado se le desenterraba, se le cortaba el cuello y se le echaba agua bendita (aquí vemos como el cristianismo ya se mezcla con estas creencias paganas).

El visitante: Este mataba a los individuos llamando a su puerta. Por ejemplo está el caso de un hombre que escuchó que llamaron a la puerta y al abrir y encontrar la presencia del vampiro murió. También se cuenta el caso de una pareja en la que el chico falleció. La chica todas las noches recibía una visita de su amado y se veían  en el umbral de la puerta. La puerta aquí si nos fijamos es simbólica, actúa como un umbral que da hacia otro mundo.

Neutoter: Estos son los que dan muerte a 9 personas de su alrededor, a sus seres más queridos generalmente.

Aparecido: Este se da cuando la persona viva pierde energía vital a la hora de pasar por ciertos lugares como cementerios, bosques o ciertas encrucijadas o lugares donde estaba alguien enterrado.

Pesadilla: En la antigüedad, la pesadilla era una entidad que abarcaba muchas realidades diferentes: el doble de la bruja que venía y se sentaba pesadamente sobre el pecho de su víctima. Está estrechamente vinculada al aparecido, pero se distingue de él en un aspecto: ataca a los durmientes, mientras que el aparecido se lanza sobre los viajeros y transeúntes. Estrangula a los hombres y los aplasta e incluso chupa la sangre de los vivos. Aquí encontramos ejemplos del Mora checo, el Alp alemán y el ludak lapón.

Masticador: Se le conocía como Nachzehrer. En este caso se sentían ruidos al masticar que provenían de las tumbas, como si el muerto estuviese devorando a alguien. No abandona su sepulcro sino que causa la muerte a distancia a través de magia simpática: al mismo tiempo que devora su mortaja, los que estuvieron en vida cerca de él, se consumen. Se dice también que de noche se transformaba en un cerdo para viajar y que en ocasiones subía al campanario a hacer sonar las campanas condenando a muerte a todo aquel que las escucharse. (también podríamos comparar esto con el efecto de la caza salvaje, ya que todo aquel que la ve, acaba muriendo en poco tiempo).

Tipos de vampiros que fueron surgiendo:

Varkolac: Espectro formado por un cadaver y un demonio. Se refieren al hombre lobo y a la animación de un cadaver por una entidad maléfica. Estos regresarían a casa de sus víctimas en varias semanas o meses después de fallecer y la victima se sentiría agotada y comenzaría a consumirse lentamente. El vârkolac era particularmente peligroso porque podía reducir su tamaño a voluntad para entrar en las habitaciones a través de los agujeros de las cerraduras. También se decía que era el séptimo o noveno hijo de la misma pareja, y poseía la capacidad de transformarse en un animal cuando lo deseaba.

Vourdalak.

Los vourdalaks son, según el folclore local, cadáveres que se levantan de sus tumbas para chupar la sangre de los vivos. En este sentido, se comportan como todos los tipos de vampiros, pero tienen otra característica que los hace aún más aterradores. Los vourdalaks prefieren chupar la sangre de sus parientes más cercanos y de sus amigos más íntimos; una vez muertos, las víctimas se convierten ellos mismos en vampiros. Se ha afirmado que pueblos enteros de Bosnia y Hungría se han transformado de esta manera en vourdalaks.

Broucolacas

Se decía que regresaba de su tumba porque había dejado algún negocio o trabajo por acabar porque había sido maldito en vida o por haber cometido un acto impuro o no haber sido enterrado correctamente. Caminaban o cabalgaban, hacían ruidos con sus huesos, aterrorizaban a los vivos y desaparecían al tercer canto del gallo. Cuando se abrían sus tumbas, se los reconocía de inmediato porque estaban tumbados boca abajo.

Strigoï

El término rumano strigoï tenía dos significados: “bruja”, cuando se refería a mujeres vivas, y “revenant”, cuando designaba a hombres que parecían muertos o cadáveres que no se pudrían, ya fuera porque poseían dos almas —una buena que abandonaba el cuerpo en el momento de la muerte y una mala que permanecía— o porque el alma había vuelto a habitar su envoltura carnal seis semanas, seis meses o siete años después de la muerte. De esto ya hice un vídeo que lo dejaré por aquí ()

Pero sí que os contaré un relato sobre un strigoi que nos cuenta Alexandra Chereches: “Su familia encontró la ropa con la que el hombre fue enterrado, fueron al alcalde y pidieron permiso para desenterrarlo. Como solo habían pasado 6 semanas de que lo enterraron, las autoridades no querían hacerlo a menos que fuese un caso importante. Para ello llevaron a un caballo a la tumba y decían que si el caballo pasaba por encima de la tumba era que no era strigoi, pero si por el contrario no quería pasar, significaba que era un strigoi y efectivamente pasó esto último. Cuando lo desenterraron estaba de lado y con sangre en la boca. Con lo cual le sacaron el corazón y lo quemaron.” La relación del caballo con el mundo del más allá es clara aquí. Es un animal funerario y psicopompo. El caballo lleva al difunto al más allá realiza la ruptura de nivel, el paso de este mundo a los otros mundos, y por esto desempeña también un papel de primer orden en determinadas clases de iniciación masculina (los Mannerbunde)

Moroiu

El moroiu era un espíritu pesado y engorroso. Nacía de un niño que había muerto antes de ser bautizado o que había nacido muerto. Muchos de estos individuos eran hijos ilegítimos a quienes sus madres habían matado y enterrado fuera del cementerio. Siete años después del nacimiento, el alma de un niño así gritaba desde la tumba: “¡Bautismo, bautismo!”. Si alguien lo escuchaba y pronunciaba la fórmula ritual del bautismo, le daba un nombre y arrojaba un trozo de tela como regalo hacia el lugar desde donde se escuchó el grito, el niño era bautizado y ya no sería un moroiu. Si su grito no era escuchado o si el rito no se realizaba, el niño se transformaba en vampiro.

Kroijak: (bulgaria) muerto que tras permanecer 40 días en su tumba durante los cuales los huesos se iban solidificandose, iba adquiriendo un poder mágico y luego salía de su tumba para absorver la sangre de los vivos.

Stafia

A diferencia de los revenants, no tenían cuerpo ni cola y estaban atados a este sitio apareciendo solo donde su cuerpo había sido enterrado. Las víctimas de asesinato y los suicidas también podían convertirse en stafia. La stafia también se presentaba en forma de animal (cerdo, perro, gato, carnero, macho cabrío, cabra, caballo, etc.). Aparecía por la noche en casas, sótanos e iglesias, en puentes, en manantiales abandonados, en lugares desiertos, en cruces de caminos y en el bosque.

 

Podríamos decir que todos estos individuos tenían muchos puntos en común y muchas diferencias.

Ahora vamos a ver diferentes métodos para protegerse o deshacerse de ellos y protección:

Para que el alma de este revenant pudiese descansar, se tenían que llevar a cabo una serie de ritos:

-entre los celtas una de las prácticas más extendidas era enterrar el cuerpo cabeza abajo, así como también coloca hoces o guadañas cerca de la tumba, para evitar que los demonios poseyeran el cuerpo o para apaciguar al muerto y que no se levantara de su ataúd.

-En Grecia se ponía una cruz de cera entre los labios del cadáver, así como una pieza de cerámica con una inscripción cristiana para evitar que se convirtiera en vampiro o vrykolakas.

– Cortarles los tendones de los talones y las venas de las rodillas para que ya no pudieran mantenerse en pie

-En Europa oriental era frecuente introducir un diente de ajo en la boca u objetos punzantes como las zarzas en cada uno de los nueve orificios corporales. Alemania se colocaba un limón en la boca del sospechoso de ser un vampiro.

-Los gitanos también introducían espino en un calcetín del muerto, le clavaban una estaca de espino en las piernas o rodeaban la tumba con una barrera de plantas espinosas como las zarzas

-estaca en el corazón

-Poner tornillos en las plantas de los pies.

-enterrarle en un cruce de caminos para producir su confusión

-decapitación (germana y eslavas) la cabeza se ponía alejada del cuerpo y se veía como un acto de acelerar la marcha del alma. También se le ataban las piernas.

-incineración del cadaver y rociar la tumba con agua hirviendo. También en entre los rumanos, eslavos y gitanos usaban las cenizas para preparar bebidas que suministraban a los familiares a modo de cura.

-repetir el funeral con agua bendita

-rituales de magia: en Bulgaria se practicaba un ritual consistente en el embotellamiento del vampiro llevado a cabo por personas que se dedicaban a ello. Se servía de una botella que tuviera la estampa de un santo, así como un alimento que le guste al vampiro. Eso lo atraía a su interior y el vampiro quedaba atrapado allí. La botella era arrojada al fuego para destruirla con el vampiro dentro.

Numerosos objetos y sustancias, que varían de región en región, son mencionados en las leyendas sobre vampiros por su efecto apotropaico o protector contra ellos.  En Europa se cree que una rama de rosa silvestre o de espino pueden dañar al vampiro, así como el ajo o el azufre. Otros métodos comunes en Europa incluían esparcir semillas de mostaza o semillas de amapola sobre el tejado de la casa a proteger o en la tierra de una tumba sospechosa de contener a un vampiro para mantenerlo ocupado durante toda la noche contando los granos caídos. También se decía que se debe colgar ajo alrededor del cuello de los niños para protegerlos. El ajo se consideraba eficaz contra los hechizos y hacía huir a los demonios, como todas las plantas con olor fuerte. Incluso se colgaba sobre la puerta de las casas de campo una rueda de hilar antigua porque se creía que el muerto solo podía entrar después de haber dado tantas vueltas alrededor de la casa como la rueda había dado.

Más tarde, con el Romanticismo se descubriría un nuevo concepto de belleza que se apoyaría en esa fascinación por la muerte y lo corrupto y de ahí fue apareciendo la literatura vampirica, comenzando por John William Polidori con su The vampyre en 1819, Sheridan le Fanu con Carmilla o Bram Stocker con su famoso “Drácula”, que presentan a este personaje que bebe de todas las fuentes de la maldad. Así que vemos que a partir de este personaje se romperá con la interpretación del vampiro del folclore popular como hasta ahora hemos visto y creará un nuevo arquetipo del que surgirá el vampiro clásico de la literatura.

Espero que os haya gustado mucho este posty que os haga querer saber más acerca de esta figura.

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BIBLIOGRAFÍA:

The Secret History of Vampires – Claude Lecouteux

El vampiro en la Europa Medieval – Eugenio Olivares Merino

De cadáveres desenterrados y corazones quemados: los muertos vivientes en la literatura oral rumana – Alexandra Chereches y Violeta Catalina Badea

Vampiros, mito y realidad de los no.muertos. Miguel G. Aracil.

EL MUNDO FUNERARIO EN LA ANTIGUA ROMA/THE FUNERARY WORLD IN ANCIENT ROME

EL MUNDO FUNERARIO EN LA ANTIGUA ROMA/THE FUNERARY WORLD IN ANCIENT ROME

 

 

EL MUNDO FUNERARIO EN LA ANTIGUA ROMA

Esto contiene una imagen de: Ara di T. Statilius Aper con strumenti scrittorii

SPANISH:

 

Las costumbres y los ritos funerarios en Roma tuvieron una larga y variada evolución a lo largo de la Historia. En los tiempos más antiguos, cuando Roma todavía no era una república, no existía un conjunto unificado de rituales y costumbres a seguir. Es decir, algunos romanos seguían las costumbres de los pequeños pueblos del centro de Italia, otros las costumbres etruscas y otros simplemente intentaban adaptar costumbres griegas. Con el pasar de los años, y los intercambios culturales con otras civilizaciones, la sociedad romana fue desarrollando sus propios y elaborados ritos fúnebres. Por ello, los monumentos funerarios romanos van desde las catacumbas, hasta palacios monumentales.

En Roma existieron casi tantas concepciones de la muerte como corrientes filosóficas; el pueblo llano parece más bien que imaginaba al muerto viviendo en la tumba, donde su vitalidad debía ser convenientemente renovada mediante ofrendas de comida y bebida, olivo e incluso sangre o invocándoles a participar en los banquetes funerarios que celebran en su honor.

Como en todas las culturas del mundo, es común que, cuando un ser querido muere, se celebren unos ritos funerarios con una ceremonia en honor al difunto y se le despida con honores. Significaba la transición de la vida terrenal a una nueve vida. En el mundo romano también era frecuente celebrar este tipo de actos, de hecho siempre hubo una preocupación por los muertos, a quienes veneraban y temían al mismo tiempo. Así que la religión y el mundo funerario se dan la mano con el fin de garantizar una potencial existencia en el más allá, con el fin de asegurar un descanso. Cabe destacar que los romanos tenían un pensamiento muy supersticioso y religioso y eran muy exigentes con el cumplimiento de los ritos funerarios. Pero esto no solo pasaba en Roma sino en muchas otras culturas europeas. Estos ritos eran importantes porque si no se llevaban a cabo de una manera adecuada podía afectar al descanso del alma de esa persona convirtiendose en lemures o quedarían vagando por las orillas del río Estigua. Y como por ejemplo en ciertas partes de Europa donde el muerto se podía convertir en un ser vampírico. Pero de esto hablaré en otro vídeo. A continuación, vamos a proceder a exponer cómo se celebraba un ritual funerario en la época de los antiguos romanos:

Cuando uno de los miembros de la familia moría, generalmente pasaba a formar parte de los antepasados a los que había que rendir culto y pasaba a ocupar un lugar en el altar doméstico junto con los demás protectores de la familia, los Manes, a los que se rendía culto. La tumba adquiría la cateogría de altar y debía estar en el suelo, no podía cambiar de lugar, ya que los Manes exigían una morada fja a la que estaban vinculados todos los difuntos de la familia.

En el ritual funerario se encuentran 5 fases: una de preparación del cuerpo, otra de procesión del difunto, la tercera de cremación o inhumación, una de elogio en honor al fallecido y por último una conmemoración y celebración. El rito y tipo de entierro variaba por supuesto de la clase social del difunto. Los ricos eran incinerados durante el día y los pobres y niños eran inhumados, es decir enterrados, de noche, no cremados porque la cremación era más cara.

La cremación, que se celebró hasta finales del siglo II d.C., era importante porque según las creencias el fuego y el alma eran de naturaleza similar, por lo tanto, si la cremación se llevaba a cabo, el alma del difunto llegaría más rápido a su destino, aunque más tarde se llevaría a cabo la inhumación, con la aparición del cristianismo a partir del siglo III d. C, aunque esto ya lo llevaba a cabo poblaciones como los judios, fenicios y árabes. La cremación de difuntos fue realizada dentro del propio locus, en quemaderos (ustrina) a cielo abierto para que el humo se fuese libremente. También consta decir que la muerte era considerada por los romanos un acto contaminante que debía ser expiado mediante la celebración de ritos de purificación generalmente antes y después del funeral.

Siempre que las circunstancias y la muerte lo permitían, el funeral daba inicio en casa del difunto. La familia acompañana al moribundo a su lecho o lo ponían en el suelo en contacto con la tierra, y le daban el último beso. Luego se llevaba a cabo el conclamatio, que era pronunciar el nombre del fallecido tres veces para la comprobación de que realmente había fallecido. A veces este conclamatio se hacía una vez en el velatorio. A su vez, normalmente era su hijo quien le cerraba los ojos mientras las mujeres exteriorizaban su dolor con lamentaciones. Después se les lavaba con agua caliente, se les amortajaba y se les depositaba en el atrio de la casa. Se colocaba con los pies mirando hacia la entrada que estaría decorada con ramas de ciprés mirto o laurel para que se supiera que en esa vivienda se había producido un óbito. El cadaver se vestía de acuerdo a la posición social del difunto. Si no era una persona relevante se le ponía una toga normal pero si había sido una persona relevante se le ponía alguna toga especial. Además si había llevado una vida virtuosa se le ponía una corona de flores sobre la cabeza.

Siguiendo la costumbre griega se depositaba en la mano o la boca del cadáver una moneda para que Caronte transportara su alma en barca y atravesar así la laguna Estigia hacia el reino de los muertos. Los romanos creían que las almas de los difuntos viajaban al mundo subterráneo donde reinaba el dios Plutón. Aquí vemos la asociación del agua con el mundo de ultratumba, con el paso hacia el más allá, al mundo ctónico.

El mundo subterráneo a su vez, estaba custodiado por un perro de tres cabezas: el Cancerbero. Vemos también curiosamente la asociación del perro (y en otro momento veremos que el lobo también) se le asociaba con el mundo de los muertos. Allí las almas eran juzgadas y tras el veredicto eran conducidas a la región de las almas bondadosas o malvadas. Siete eran las zonas que se diferenciaban en le mundo de los muertos: La primera estaba destinada a los niños, no natos, y no podían haber sido juzgados. La segunda es donde estaban los inocentes ajusticiados injustamente. La tercera correspondía a los suicidas, la cuarta era donde permanecían los amantes infieles. La quinta estaba habitada por héroes crueles en vida, la sexta era el Tártaro donde se procedía al castigo de los malvados y por último la séptima, los Campos Elíseos, donde moraban en la eterna felicidad las almas bondadosas. Allí la primavera era eterna y se podían bañar en las aguas termales del río Leteo, que hacían olvidar a los muertos su vida pasada.

Depiction of feasting was a common motif in Roman funerary art. The diner is represented reclining on a couch, with other furniture and dining gear. This is the tombstone of auxiliary cavalryman M. Aemilius Durises from Bonn, Germany. Photograph Barbara McManus (Vroma), Bonn, Rheinisches Landesmuseum.

Tras esto comenzaba el velatorio y la duración podía ser de varios días. Durante la exposición del cadáver se sacaba una muestra de su rostro en cera a modo de máscara, el cerae. Esta máscara sería conservada después en la casa familiar junto a las de los restantes miembros fallecidos de la familia. La noche del velatorio se marchaba en procesión desde el domicilio del finado hasta la necrópolis y generalmente los miembros de la familia portaban las máscaras del resto de los manes de la familia a modo de séquito.

Después sería transportado por los familiares más cercanos y los demás acompañantes llevarían también antorchas, velones y lucernas. Las llamas simbolizaban la luz que el difunto ha perdido o no ve tras fallecer y que le serviría para llegar al más allá. Destacables también es la presencia de las plañideras que lloraban incansablemente al difunto y entonan cánticos laudatorios. Por último podía haber un flautista que aportaba una nota musical lúgubre a la comitiva. En algunas ocasiones puntuales se podían detener para que algún familiar realizara la llamada “laudatio funebris” que era una especie de discurso en el que se recordaba al difunto y sus logros.

La tumba se consagraba con el sacrificio de una cerda según ciertas fuentes y una vez construida se llamaba tres veces al alma del difunto para que entrara en la morada que se le había preparado. Durante la ceremonia funeral se realizaba un acto de purificación para las personas que habían estado en contacto con el cadáver. Antes de la sepultura la tumba se purificaba barriéndola o limpiándola.

La creencia de otra vida tras la muerte motivaba que el individuo fuese enterrado con objetos que utilizaba durante su vida y que ahora podían acompañarle y servirle en esta nueva vida: ropa, cerámica, utensilios de trabajo, etc. Entre estos objetos también se colocaban otros relacionados con el ritual finerario: la lucerna que iluminaba su camino hacia el más allá, así como recipientes para alimentos o unguentarios para los perfumes, o también algunas figuras de deidades.

Durante los nueve días siguientes al funeral, se realizaban ritos que finalizaban con una comida y el sacrificio de un animal. Los alimentos y la sangre de los animales sacrificados eran ofrecidos a los antepasados del difunto, los dioses Manes, y al individuo fallecido para así divinizar su alma y situarla junto a las divinidades protectoras de la familia.

Después del funeral los parientes debían someterse a una suffitio que era un rito de purificación mediante fuego y agua y después se llevaba acabo celebraciones destinadas a asegurar la memoria del difunto. Las atenciones al difunto seguían continuando después de este tiempo para asegurar su descanso eterno. Las ofrendas de comida: pan, vino, frutas, uva, pasteles, etc. y flores como violetas y rosas eran habituales y se hacían llegar al difunto a través de un conducto de cerámica o de un orificio situado en la cubierta de la tumba, el tubo de libaciones. Estos actos eran realizados por la familia el día de cumpleaños del difunto y también eran honrados de forma general los días de Parentalia, que tenían lugar entre los días 13 y 21 de febrero. Otras fiestas dedicadas a los difuntos y más antiguas fueron las Lemurias, celebradas el 9, 11 y 13 de mayo. Durante estos días las almas cuyos cuerpos no habían recibido sepultura rondaban las casas y el padre de familia realizaba un ritual con habas negras para alejar a los espíritus errantes, de hecho hablo de ello en este vídeo.

Los difuntos a los que no se había dado sepultura o celebrado el ritual funerario vagaban errantes sin morada, causando la desgracia a los seres vivos y asustándolos con apariciones nocturnas, hasta que daban sepultura a sus restos y se cumplía el ritual funerario. Se dice que estos difuntos eran corpóreos en algunas culturas aunque a veces se manifestaba mostrando sus deseos a los vivos a través de los  sueños. Por todo ello, incluso a los que morían lejos de la familia y su cuerpo era enterrado en otras tierras, se le celebraba el ritual completo.

En cambio la ceremonia de incineración se celebraba sobre una pira con forma de altar, sobre la que se depositaba el ataúd con el cadáver. Antes de quemar el cadáver se le cortaba un dedo y se arrojaban tres puñados de tierra que simbolizaban su enterramiento. Según algunas fuentes se le abrían los ojos en este rito para que simbólicamente pudiera mirar como su alma de dirigía hacia el cielo. Se sacrificaban animales queridos por el difunto y se incineraban también junto a él y las cenizas normalmente eran entregadas al familiar más cercano para adorarlo con sus otros ancestros.

Como manifiesto de dolor los familiares y amigos más íntimos arrojaban sobre la pira ofrendas de alimentos y perfumes. Se le nombraba por última vez y volviendo la cara se incendia la pira con las antorchas llevadas en el cortejo fúnebre. El rito concluía vertiendo agua y vino sobre la pira. Se despedía a los asistentes y éstos se despedían del difunto deseándole que la tierra le fuera leve.

Las principales inscripciones funerarias de los romanos eran D.M.S., Dis Manibus Sacrum («Consagrado a los Dioses Manes»), H.S.E., -Hic Situs Est- («aquí está enterrado»), o S.T.T.L., -Sit Tibi Terra Levis- («que la tierra te sea leve»). En córdoba aparecieron inscripciones como “in fronte pedes y “in agro pedes”

“Aquí, con mis despojos encerrados en la tumba, ha terminado la dura fatiga que he soportado desde la infancia; se acabó el penoso trabajo; se acabaron las preocupaciones” (Epitafio de un sacerdote)

En las tumbas romanas, tanto de ricos como de plebeyos con buen pasar era normal, además de las escenas mitológicas, encontrarnos con bajo relieves y mosaicos de la vida cotidiana de los difuntos. Gracias al estudio de estos se pudo llegar a comprender en mayor medida como era la vida de los esclavos, las mujeres y la clase trabajadora de Roma, así como muchos otros aspectos e la sociedad romana.

En definitiva, los rituales funerarios eran tomados con mucha seriedad llegando esa costumbre hasta incluso nuestros días donde este rito funerario tiene una vital importancia para poder garantizar el descanso del difunto. Algunas de estas creencias se han mantenido pero otras de ellas han ido adaptándose y evolucionando a otras religiones y a la propia evolución natural de cada territorio. Todo esto junto con el culto a los ancestros es algo que viene desde el paganismo, por eso el culto a los ancestros es una base importante en el paganismo incluso en la brujería para muchos de los que praticamos. Al final siempre serán una puerta de contacto hacia el otro lado, en el que nos pueden guiar y proporcionar ayuda siempre que seamos respetuosos y les rindamos el culto que se merecen. Del culto a los ancestros hablaré en otro vídeo 😉

Espero que os haya gustado el vídeo, si es así dadle a me gusta y suscribiros a mi canal, ya que me ayudaría mucho y me gustaría que aportárais cualquier cosa en los comentarios que pueda ser de interes. Os mando un abrazo a todos, feliz semana y hasta pronto 🙂

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Funeral customs and rites in Rome underwent a long and varied evolution throughout history. In ancient times, when Rome was not yet a republic, there was no unified set of rituals or customs to follow. In other words, some Romans adhered to the traditions of small central Italian towns, others followed Etruscan customs, and still others tried to adapt Greek practices. Over the years, and through cultural exchanges with other civilizations, Roman society developed its own elaborate funerary rites. This is why Roman funerary monuments range from catacombs to monumental palaces.

In Rome, there were almost as many concepts of death as there were philosophical schools of thought. The common people seemed to imagine the deceased living within the tomb, where their vitality needed to be renewed with offerings of food and drink, olive oil, and even blood, or by inviting them to participate in funerary banquets held in their honor.

As in all cultures around the world, it was common to hold funerary rites with a ceremony to honor the deceased and bid them farewell with dignity. This marked the transition from earthly life to a new existence. In Roman culture, it was also common to celebrate such events. In fact, there was always a concern for the dead, who were both venerated and feared. Thus, religion and the funerary world went hand in hand to ensure a potential existence in the afterlife and to secure the deceased’s rest. It is worth noting that the Romans were highly superstitious and religious, and they were very strict about observing funerary rites. However, this was not unique to Rome but was present in many other European cultures. These rites were important because, if not properly performed, they could affect the soul’s rest, turning them into lemures or leaving them to wander along the shores of the River Styx. Similarly, in certain parts of Europe, the dead could transform into vampiric beings—but I’ll discuss this in another video. Next, we’ll delve into how funerary rituals were celebrated in ancient Rome:

When a family member died, they generally became part of the ancestors who had to be worshipped and took a place at the household altar alongside the other protectors of the family, the Manes, who were revered. The tomb acquired the status of an altar and had to remain in the ground; it could not be moved, as the Manes required a fixed dwelling that was linked to all deceased family members.

The funerary ritual consisted of five stages: preparation of the body, procession of the deceased, cremation or burial, a eulogy in honor of the departed, and finally, commemoration and celebration. The rites and types of burial naturally varied depending on the deceased’s social class. The wealthy were cremated during the day, while the poor and children were buried at night, not cremated, as cremation was more expensive.

Cremation, practiced until the end of the 2nd century AD, was important because, according to beliefs, fire and the soul shared a similar nature. Therefore, cremation ensured that the soul of the deceased would reach its destination more quickly. However, with the rise of Christianity in the 3rd century AD, burial became more common, a practice already observed among Jews, Phoenicians, and Arabs. Cremation was conducted in open-air pyres (ustrina) so that the smoke could rise freely. It’s also worth mentioning that death was considered by the Romans to be a contaminating act that had to be purified through rituals, both before and after the funeral.

Whenever possible, the funeral began at the deceased’s home. The family would accompany the dying person to their bed or place them on the ground to connect with the earth, offering them a final kiss. Then, a conclamatio was performed, calling the deceased’s name three times to confirm their death. Sometimes this was repeated during the vigil. Usually, it was the son who closed the deceased’s eyes while the women expressed their grief through lamentations. The body was then washed with hot water, shrouded, and laid in the atrium of the house, with the feet pointing toward the entrance, which was decorated with branches of cypress, myrtle, or laurel to signal a death had occurred in the household. The body was dressed according to the deceased’s social status. If they were not significant figures, they wore a standard toga, but distinguished individuals were dressed in special togas. A flower crown was placed on the heads of those who had lived virtuous lives.

Following Greek customs, a coin was placed in the deceased’s hand or mouth to pay Charon for ferrying their soul across the Styx to the realm of the dead. The Romans believed that the souls of the dead journeyed to the underworld ruled by Pluto. Here we see the association of water with the afterlife and the passage to the chthonic world.

The underworld was guarded by a three-headed dog, Cerberus. Interestingly, dogs (and, at times, wolves) were associated with the world of the dead. There, the souls were judged, and after the verdict, they were sent to either the realm of virtuous souls or the wicked. Seven regions were distinguished in the underworld: the first was for unborn children who couldn’t be judged, the second for the innocent wrongly executed, the third for suicides, the fourth for unfaithful lovers, the fifth for cruel heroes, the sixth was Tartarus for punishing the wicked, and the seventh was the Elysian Fields, where virtuous souls dwelled in eternal happiness.

 

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Bibliografía:

 

VAQUERIZO GIL, Desiderio:  Funus Florentinorum. Muerte y ritos funerario en la Iliberri Romana. Universidad de Córdoba

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