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Duendes de las selvas amazónicas

Duendes de las selvas amazónicas

Duendes de las selvas amazónicas

El shapshico

imagen de Jean Baptiste

 

En la jungla hay espíritus que pueden causar un daño serio. Uno de ellos es el shapshim o chullachaqui, que posee un jardín en la selva y es muy celoso de él. Es el guardián de las plantas y los animales. El siguiente relato de José Huaniri sugiere que el shapshico es un espíritu encarnado en un animal. La aparente contradicción entre ser un animal y ser invisible se resuelve al tratarse de un espíritu incorporado, que puede tener ambas propiedades simultáneamente:

«Este shapshico tiene su jardín en la selva. Si cortas un árbol en su jardín, te lastima. Es un hombrecillo que vive allí, un animal, un pequeño demonio. El shapshico usa proyectiles. El sanador extraerá el proyectil (virale) y te calmarás. No puedes ver a un shapshico ni hablar con él.» (TKU 871194)

Leyenda del shapshico

La intensa oscuridad del bosque, los eternos caminos trazados por los machetes, la espesa maleza que impide el paso a los pálidos transeúntes de la noche, la monotonía de la luna, el aullar de los otorongos y la leve sensación de conocer el mismo Hades acompañaron a José durante el largo recorrido hacia la cocha. Era de noche y José esperaba llegar con los primeros rayos del sol a las espesas aguas de la cocha Typishca. El camino fue pesado, pero tenía que pescar para poder alimentar a su familia. Atrás, en su humilde casa de madera, quedaron sus hijos y su mujer, orando al dios ausente. Para José, sus únicos compañeros durante la travesía fueron su arpón y la malgastada tarrafa que heredó de su abuelo.

Marchaba sin mirar atrás, con algunos tragos de aguardiente para disipar el miedo, pues se decía que aquella cocha estaba maldita.

En el trayecto se encontró con algunos mashos inertes en el suelo. La sangre de aquellos seres de la noche hedía, invadiendo su nariz con su olor putrefacto. En respuesta al nauseabundo olor, José se tapó la nariz usando la sucia manga de su camiseta. Aquellos desdichados mashos habían sufrido una muerte extraña. Tenían el estómago abierto y se podían apreciar sus vísceras. Este incidente le llamó mucho la atención y prosiguió su camino, pensando en aquella abominable escena.

Los efectos del aguardiente habían desaparecido y aún le quedaban tres horas de caminata cuando, súbitamente, un sonido desgarrador invadió sus oídos.

«Una mujer, estoy seguro, pobre de ella», se dijo José.

Continuó avanzando por el sendero que días antes había trazado con Andrés, el mayor de sus hijos. La noche se volvía más densa. El miedo se apoderaba de él. La desesperación por llegar a su destino invadía su alma. De pronto, sintió nostalgia, pero no una nostalgia propia de los viajeros por su tierra natal. La de José era diferente; sentía como si una parte de su alma pidiera regresar y abrazar a su familia. Sí, sentía nostalgia por su familia, sentía que, si esa fuera su última noche sobre el estrepitoso suelo amazónico, querría pasarla al lado de ellos. Pero, como dije antes, José tenía que pescar para poder sobrevivir y llevar comida a su hogar.

Por fin llegó a la cocha y empezó a preparar sus cosas para la faena, pero de pronto apareció un demonio con grandes cuernos y rabo caprino. Era como le habían contado sus antepasados. Tenía el cuerpo alargado pero de proporciones gnómicas, y el color rojo carmesí de su piel resaltaba entre la oscura noche. De inmediato, José comenzó a vomitar desde lo más profundo de sus entrañas el pango que su mujer le había preparado con tanto amor.

«¿Qué quieres de mí, maldito?», dijo José.

«Tu sangre. Quiero devorar tus tripas y hacer un festín con tus extremidades», dijo violentamente aquel monstruo que había escapado del averno.

«Tendrás que venir por mí, demonio», dijo José con voz temerosa.

«¿Qué? ¿No sabes quién soy, humano? Soy el shapshico, y esta será tu tumba.»

Valiéndose del viejo arpón, José se abalanzó contra el demonio. Aquel intento de salvar su vida no sirvió de nada. El demonio esquivó la estocada y lo golpeó violentamente. La sangre escarlata brotaba de su pálida cara. La luz del alba comenzaba a aparecer entre los árboles de cedro. Era casi la hora de cerrar la puerta del averno, cuando los demonios regresan a la eterna guarida de sus miserables vidas, de modo que el shapshico desapareció, no sin antes advertirle que si lo encontraba de nuevo lo mataría sin titubear.

El pescador regresó a casa fatigado, pero con la recompensa de haber tenido una buena jornada. «No hay nada mejor que ver a la familia esperando en la puerta tu llegada», pensó José. Pero esa felicidad se tornó efímera cuando recordó que pronto tendría que regresar nuevamente a aquella cocha maldita.

Pues el alimento se acabará pronto, y con arpón y tarrafa en mano, José emprenderá nuevamente el viaje a los confines de lo desconocido… a la cocha del shapshico.

Mayantu

According to legend, deep in the Amazon rainforest of Peru, lurks the Mayantu, a reptilian, goblin-like creature with a scaly body and the face of a toad. The creature is shown in a dark, dense jungle setting, surrounded by thick foliage, towering trees, and mist. Its body is covered in dark, slimy scales, with a grotesque toad-like face, wide mouth, bulging eyes, and sharp teeth. The atmosphere is eerie and foreboding, with shadows and dim light filtering through the jungle canopy, creating an ominous, mysterious scene.

 

El Mayantu simboliza a la fuerza espiritual de la selva, es un ente que vaga entre dos planos dimensionales: el físico y el espiritual, para manifestarse adquiere una forma pseudo animal que ocasiona la confusión, pero las personas que lo han visto, de no haberlo hecho hubieran perecido por alguno de los inciertos peligros que refugia la selva amazónica, puesto que es un duende anfibio reptiloide, que ayuda a hombres necesitados, sólo a aquellos que no representan peligro o detrimento para la vida silvestre, ya que es un ser protector de la biodiversidad ecológica generada en el caldo biológico de la Amazonía

Leyenda tradicional del Mayantu:

Mi abuelo cuenta lo que sucedió en un tiempo cuando la Amazonia no estaba muy poblada y los españoles aún no habían llegado a la selva. Solo los aborígenes habitaban esta vasta selva, que respiraba aires de tranquilidad y misticismo, porque ellos protegían y cuidaban cada elemento de la naturaleza, como el agua, los árboles y los animales.

Un día, muy dentro de la selva, los indígenas yaguas estaban celebrando sus fiestas típicas. Todos estaban reunidos en su maloca, desde los más grandes hasta los más pequeños. Las mujeres danzaban para el pueblo. El curaca, que era el jefe máximo, se encargaba de velar por el bienestar de su comunidad junto con otros hombres valientes, y ellos eran los únicos que podían ver al mayantú, el demonio de la selva. Este les daba instrucciones sobre cómo cazar, pescar y curar.

Sin embargo, la mujer del curaca estaba empeñada en conocer al mayantú, aunque su marido le había advertido que era peligroso, pues el encuentro era solo para hombres. Pero ante tanta insistencia de su mujer, el curaca accedió y le dijo que a la medianoche irían muy adentro del monte y que ella debía estar preparada porque el mayantú era muy feo, y que tan solo sentir su presencia podía crear un mal aire y propiciar la muerte.

Llegó el momento indicado y el curaca comenzó a llamar al mayantú en su idioma yagua. De repente, el mayantú se acercó emitiendo estruendosos sonidos. El curaca, al sentir su presencia, se postró y le dijo que estaba a su disposición para recibir sus instrucciones. De pronto, su mujer, que había estado escondida entre los follajes y hojarascas, salió de su escondite. Cuando el mayantú se percató de su presencia, dio un grito espantoso que hizo que la mujer cayera desmayada al suelo. Mientras tanto, el mayantú le recriminaba al curaca por haberle hecho enfadar al traer a su mujer, y se alejaba diciendo que nunca más regresaría y que, por eso, tendrían que sufrir.

El curaca se levantó y corrió hacia donde estaba su mujer desmayada. Hizo unos rezos invocando a los espíritus de los árboles para que le ayudaran a vivir, pero ellos se negaron; invocó a los espíritus de las aguas y también se negaron; por último, invocó a los espíritus de los animales, pero tampoco accedieron a su petición.

La sacha runa (madre del monte), que se encontraba cerca, oyó los gritos desesperados del hombre y le dijo que su mujer ya no viviría, y que si quería tener de vuelta al mayantú, debía sacrificar a su mujer y regar su sangre por todo el monte. El curaca se negó y regresó a su pueblo, donde estaba su tribu. Desesperados, le dijeron que llevaban dos días sin comer porque no podían cazar, ya que no encontraban ningún animal; que muchos de los suyos estaban muriendo, pues ya no sabían cómo curar sus enfermedades, y, lo que era peor, no sabían qué había sucedido con el mayantú.

Entonces, el curaca les contó la verdad y ellos no esperaron más. Hicieron tal como la sacha runa había indicado y regaron la sangre de la mujer por todo el monte, invocando el regreso del demonio. De repente, el mayantú se apareció transformado en hombre, y les dijo que seguiría enseñándoles cómo cazar, pescar y curar sus enfermedades, con la condición de que cuidaran el bosque.

Desde entonces, esta tribu de la Amazonia peruana celebra cada mes de febrero el día del mayantú, realizando una gran fiesta de disfraces de diablos, agradeciéndole y prometiéndole su obediencia.

El Supay

A depiction of the mythical Mayantú, a demon spirit of the Amazon jungle, as described in folklore. The Mayantú has large horns, a caprine tail, and crimson red skin. It has a humanoid but elongated and gnomic body, standing ominously in a dark, dense jungle at night. The figure appears fearsome with glowing eyes, partially hidden in the shadows, surrounded by towering trees, vines, and mist. The atmosphere is eerie, with only a sliver of moonlight piercing through the thick jungle canopy, highlighting the demon’s grotesque features and creating a sense of dread.

 

supay en el idioma quechua se refiere a un demonio o duende. Es un
espíritu al que le gusta hacer bromas, y sobre todo, hacer extraviar a los
que andan por el bosque al que protege en sus dominios.

Supay es un tipo de entidades espirituales dentro de la mitología Inca. De acuerdo al diccionario quechua-castellano de 1560 del fraile Domingo de Santo Tomás, el término en su forma original era neutral y podía ser utilizado para referirse a un espíritu moralmente bueno.Supay es comúnmente descrito con una apariencia «demoníaca», pues tenía largos cuernos, ojos vidriosos y penetrantes, un rostro felinico poblado de largos colmillos y largas orejas. Supay también tiene la habilidad de transformarse en un hombre inca apuesto o mujer inca muy bella. Estas habilidades lo volvían un ser muy peligroso para aquellos que no le mostraban respeto.

Leyenda tradiconal del Supay

Cajocuma es un caserío ubicado a orillas de la quebrada que lleva su nombre. Esta quebrada desemboca en el río Tigre. En este pueblo vivía Omar con su mujer Claudia y sus dos pequeños hijos. Cada día, él se levantaba muy temprano para ir a su chacra, que estaba a dos horas del pueblo. El caserío estaba rodeado por la majestuosa vegetación de la zona, y las casas estaban construidas separadas unas de otras, con un espacio libre de aproximadamente cincuenta metros entre ellas, cubierto de grama y muchos árboles frutales.

Omar regresaba antes del atardecer todos los días con algún racimo de plátano y carne fresca del monte. Después de un breve y reconfortante descanso bajo el árbol de lupuna, que desde hace mucho tiempo yacía acostado imponente en la mitad del camino hacia la chacra de Omar, probablemente debido a una fuerte tormenta que lo había obligado a abandonar sus alturas y quedar relegado para siempre en el suelo del bosque.

En aquella época hubo una escasez de alimentos. La cocha a la que solían ir a pescar se estaba secando, y los peces salían de ella buscando un lugar más amplio. Por eso, Omar decidió ir de pesca a otra cocha en compañía de su vecino Luis, un hombre mayor, de aspecto vehemente, que al igual que Omar también era pescador. El lago al que deseaban ir estaba a unos cuatro días del pueblo, navegando por un pequeño riachuelo y a una hora de viaje surcando el río. Debían partir pronto, ya que la situación se complicaba cada vez más porque la cocha se secaba rápidamente. El día anterior prepararon todo para el viaje: redes, arpones, mucha fariña y todo lo indispensable para este tipo de travesía.

Cuando salieron, la mañana estaba despejada, y parecía que nada fuera de lo común sucedería. Después del largo viaje, ambos tenían amplias sonrisas dibujadas en sus rostros, pues los peces ya se metían en la red. «Es buen momento, porque nadie más conoce esta cocha,» dijo Omar sonriente, mientras Luis se disponía a subir los peces a su canoa.

El lugar estaba deshabitado. Muchos árboles imponentes se alzaban alrededor del lago.

—»Luis, vamos por un poco de carne fresca para salar», dijo Omar. «Hay muchos sajinos por estos lugares, veshito.»

—»Vamos antes de que el sol caliente más», contestó Luis.

En el campamento que ambos habían levantado muy cerca de la orilla, dejaron sus cosas junto a algunas quirumas que encontraron por ahí, y se internaron en el bosque. La selva por donde se movían era muy tupida; solo se oían algunos monos gritando, pájaros cantando y su quieta respiración.

—»Shh… puedes verlos. Allá, entre esos arbustos…», dijo Omar mientras se preparaba para disparar el arma que llevaba consigo.

—»Con mucho cuidado, no los vayas a espantar, veshito», respondió Luis.

Se oyó el retumbante sonido en la inmensidad de la selva, y al instante estaban tras un pequeño grupo de sajinos que se movían velozmente entre la abundante vegetación. En la intensa cacería, se toparon con las huellas de un jaguar que también seguía los pasos de los animales, al igual que ellos… pero continuaron hechizados por la caza.

De repente, hubo una profunda pausa que pareció durar una eternidad, hasta que llegaron a un claro y volvieron a la realidad. El sol se ocultaba rápidamente, y el anochecer estaba por llegar. Se asustaron, pues sabían que, debido a la distancia, no llegarían a tiempo a su campamento y no querían pasar la noche en la selva, a merced de las fieras.

Abandonando todo deseo de continuar con la caza de los sajinos, comenzaron la ardua tarea de regresar a salvo al campamento.

—»Debemos encontrar el arroyo que desemboca en la cocha donde está el campamento, veshito», sugirió Luis.

—»Vamos, Luis, es por acá», le dijo Omar, señalando con el dedo en la dirección donde creía que estaba el campamento. «Si nos apuramos, llegaremos a tiempo.»

Omar iba delante a paso acelerado, y Luis le seguía de cerca, moviéndose entre la maleza y los árboles que encontraban a su paso.

—»No vayas tan rápido», dijo Luis, ya cansado por el largo trayecto que habían recorrido, mientras se sentaba sobre el tronco de un pequeño árbol tendido en el camino.

—»Falta poco, veshito. Vamos», respondió Omar.

Pero, en realidad, se estaban adentrando cada vez más en el centro de esa tupida selva. De pronto, Luis se estremeció y un sudor frío recorrió su cuerpo. Por un momento, mientras bajaba la cabeza, no se percató del destino que le aguardaba. Al levantarla para decirle a Omar que creía que estaban caminando en círculos, se dio cuenta de que el hombre al que con gran esfuerzo estaba siguiendo no era más que un pequeño hombrecito a lo lejos, quien, con una risita burlona, le dirigía una mirada antes de desaparecer en un instante, dejando su risa flotando en el aire.


Hacía mucho tiempo que Luis había perdido el rastro de Omar en aquel alocado recorrido. Mientras tanto, Omar, preocupado porque Luis no le seguía, regresó sobre sus pasos, llamándolo a grandes voces sin obtener ninguna respuesta; solo la inmensidad de la selva devolvía el eco de su voz. Lo buscó hasta el cansancio, pero no pudo encontrarlo. Temiendo perderse al igual que su desafortunado compañero, Omar continuó solo por el camino de regreso. Ahora comprendía que el supay les estaba jugando una de sus acostumbradas patrañas con el propósito de extraviarlos.

Con suerte, llegó hasta la corriente que desembocaba en la cocha y, aferrándose a un tronco a manera de balsa, muy cansado, logró regresar al campamento. Allí encontró sus cosas muy revueltas, como si alguien hubiera querido jugarle una broma pesada. Finalmente, Omar regresó a su pueblo triste y agotado, aunque con el alimento que necesitaban. Pero Luis no tuvo la misma suerte.

Omar y otros vecinos regresaron al mismo lugar para buscar a Luis, con la esperanza de encontrarlo sano. Sin embargo, a pesar de todos sus esfuerzos, no lo lograron.

La selva tiene muchos secretos muy bien guardados. Este es uno de ellos. Nadie sabe qué fue lo que pasó con Luis… solo el supay lo sabe.

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DRAGONES:

DUENDES, DIABLOS Y ESPÍRITUS FAMILIARES 

GUÍA DE LOS SERES MITOLÓGICOS ESPAÑOLES 

EL PADRE LOBO Y LAS BRUJAS EN HORTSAVINYÀ

HOMBRES LOBO Y OTROS DEPREDADORES DE LA MITOLOGÍA 

DE VENEFICIS 

Bibliografía

KAMPPINEN, MAITI, «ESPIRITUS INCORPORADOS: THE ROLES OF PLANTS
AND ANIMALS IN THE AMAZONIAN MESTIZO FOLKLORE», ,. Ethnoblol. 6(2):1998, 141-146

https://leyendarioamazonico.blogspot.com/2008/04/mayantu.html

EL MAYANTÚ Y OTROS ESCRITOS Mito y folclore de la Amazonia peruanaUniversidad Nacional de la Amazonia Peruana (UNAP)

Cuentas Ormachea, Enrique (1986). «La Diablada: una expresión de coreografía mestiza del altiplano del Collao». Boletín de Lima (Lima) (44): 35.

 

Reseña del libro » Duendes, diablos y espíritus familiares»

Reseña del libro » Duendes, diablos y espíritus familiares»

Reseña del libro » Duendes, diablos y espíritus familiares»

Hoy os traigo la reseña de este libro que escribió Pablo Ruiz @pabloruiz.escritor publicado con la editorial Nyktelios de @brujeria_iberica . Este libro está dedicado a aquellas personas que quieran adentrarse en profundidad a la mitología del duende. Primero nos habla acerca de ellos en diferentes lugares del mundo pero conforme avanza el libro se centra en la mitología y leyendas ibéricas. Se lleva a cabo una introducción a los espíritus de la naturaleza y diferencias entre algunos de estos seres, acerca de su naturaleza, su aspecto, su origen e incluso su comportamiento. De igual manera, se aborda un capítulo entero sobre los duendes, el pacto y la subyugación del espíritu del duende en la hechicería para ponerlos al servicio propio a través de ofrendas de amistad o invocaciones a través de objetos mágicos. También se dedica un capítulo a responder las preguntas de dónde encontrarlos, cómo poder verlos y cómo poder deshacerse de ellos, porque contrario a lo que muchas personas piensan acerca de los duendes, no suelen ser criaturas precisamente benéficas y adorables, de hecho ¡suele ser lo contrario!. Se explican también las diferencias con el trasgo e incluso se habla de la asociación que a veces se ha hecho de los duendes con los demonios. Por otro lado, se trata el tema de algunos mitos españoles sobre los duendes donde se nombran criaturas como los hombres corteza, el malismo, los trasgos, el trenti, los follets, etc. Para finalizar, el libro nos deleita con algunas leyendas actuales y testimonios del siglo XX muy interesantes acerca de estas criaturas.

En general, es un libro muy ameno, fácil de leer ya que no es un libro académico, con lo cual se recomienda como una lectura amena para aprender sobre el tema por lo que tiene un preciado hueco en mi estantería. Si queréis adquirirlo dejo el enlace donde podéis encontrarlo por aquí:

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Índice:
– Prólogo de Diego García
– Capítulo I. Introducción a los espíritus de la naturaleza: gnomos, duendes y familiares
Los enanos en la Antigüedad
¿Existen o existieron gnomos en España?
– Capítulo II. Acerca del origen y naturaleza de los duendes
Del extraño aspecto y comportamiento de los duendes
Sobre la existencia y el hábitat de los duendes
– Capítulo III. Sobre el pacto, la brujería y las invocaciones de los duendes para ponerlos a nuestro servicio
Acerca de la amistad con el duende mediante ofrendas o invocaciones
La subyugación de los duendes mediante objetos mágicos
– Capítulo IV. Sobre dónde encontrar, cómo ver o cómo deshacerse de los duendes
– Capítulo V. Algunos mitos españoles sobre los duendes
Los hombres corteza. El malismo. La Freba. Los tardos. El duende martinico. La
gallina que era un duende. Leyendas sobre trasgos. El duende de Zaragoza.
Duendes de los bosques y los cultivos. El trenti. Los genios de las nubes. Los
follets. Los frailecillos. Los duendes protectores de los niños. El diañu burlón. El
duende y la tradición oral hoy. Leyendas actuales y testimonios del siglo XX.

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