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Etiqueta: simbolismo del invierno

LA MUERTE DEL INVIERNO Y SUS TRADICIONES POPULARES

LA MUERTE DEL INVIERNO Y SUS TRADICIONES POPULARES

LA MUERTE DEL INVIERNO Y SUS TRADICIONES POPULARES

La muerte del invierno es un proceso simbólico marcando el paso de las estaciones. La muerte del invierno y la llegada del Dios más antiguo anunciaban un periodo de fertilidad.el antiguo Dies Natalis Invictis Solis mitraico de los romanos, al que el Cristianismo superpuso el nacimiento de Jesús (el sol verdadero que triunfaba sobre el sol pagano), marca el inicio de un período de frío y hambre que sólo se verá atenuado con la esperanza que surge en primavera: “Hasta que nace el Niño, ni frío ni hambre”. “Hasta Navidad, ni hambre ni frío pasarás”. “Del Niño en adelante, frío y hambre” (Martínez Kleiser, 1945: 307).»

Mircea Eliade sostiene en El Mito del Eterno Retorno que el hombre ha necesitado desde los albores de los tiempos remarcar cíclicamente determinadas fechas para celebrar el acto de creación primigenio. Frente a nuestra concepción lineal, el campesino experimentaba el tiempo en su quehacer agrario de una manera circular y así, al igual que sus plantas germinaban, crecían, fructificaban y morían, el ciclo anual se aparecía como un ente dotado de vida que nace, envejece y muere, para volver a resurgir en una espiral sin fin. Por eso los meses se representan no pocas veces en la iconografía medieval como las distintas etapas vitales de un hombre, desde su nacimiento hasta su decrepitud, o bien como un agricultor que desempeña cada mes una tarea específica con un estado de ánimo diferente (Campo tejedor, 2006)

En las culturas agrícolas y rurales de la Península Ibérica, el paso de las estaciones marcaba el ritmo de la vida cotidiana. El invierno es la representación de la introspección, del reposo, la muerte temporal de la tierra, la oscuridad. El regreso del sol era la llegada de ceremonias, ritos y celebraciones en honor al renacimiento y la fertilidad. Aunque tiempo después muchas de estas fiestas pasaron a manos cristianas.

Desde la antigüedad y hasta época reciente, el año se ha vivido en el imaginario popular y se ha representado en los calendarios iconográficos o pictóricos como un círculo, una rueda en la que el hombre tiene actividades fijas tanto en el trabajo como en la fiesta. La circularidad está implícita en la propia etimología de ‘año’, del latín annus, que a su vez se tomó de la partícula an equivalente a circum (en torno). El año es pues el tiempo circular, como una serpiente que se muerde la cola –así se representa en muchas culturas–, como un anillo (literalmente ‘círculo pequeño’, annulus), intrínsecamente redondo, inalterable y eterno pues, como mantenía Aristóteles, lo que es eterno es circular y lo que es circular es eterno.(Campo tejedor, 2006).

Una tradición muy popular en España es la quema de Judas. Se fabrica un muñeco con trapos viejos, paja o madera. Representa a Judas pero en muchos lugares también encarna todo lo negativo: el mal, el dolor o incluso el invierno que ya cumplió su ciclo. El ritual culmina con la quema del muñeco, acto de purificación colectiva y renovación. En algunos lugares, los niños lo golpean o lo destrozan antes de quemarlo. En otros lugares podemos ver tradiciones populares en Galicia como es el Entroido, en Valencia, las fallas. Y la celebración más simbólica e importante, San Juan. Todas estas celebraciones paganas el fuego es un elemento de transformación y limpieza, y el uso de un muñeco como objeto que concentra los males o el ciclo que termina. La figura quemada representa la parte de la vida que debe morir para que algo nuevo pueda surgir.

En el País Vasco y en Navarra están arraigadas deter-minadas creencias y cultos en torno a Andramari Martxoko o Amahir:iina Jfartxoko ‘Nuestra Señora de Marzo’, que el puehlo suele celehrar cada 25 de marzo.los días finales de marzo son considerados nefastos para el ganado -fenómeno que tiene una motivación meteorológica y ecológica evidente-, y que ello ha generado dos tipos de reflejo en la mentalidad y la vida comunitarias: uno puramente supersticioso, que pone énfasis sobre lo nefasto de los días zozomikoteak o artzaitxoaren; otro, más estructurado y complejo, que eleva a la categoría de culto católico y conmemoración anual las creencias sobre la divinidad asociada y al mismo tiempo protectora contra tales días nefastos.

 

 

 

 

 

 

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BIBLIOGRAFÍA

Campo Tejedor, A. del. (2006). El verano contra el invierno. Mimesis y subversión ritual en la religiosidad popular [Summer against winter. Mimesis and ritual subversion in popular religiousness]. BIBLID, 28, 55–83.

Pedrosa, J. M. (1995). «Si marzo tuerce el rabo, ni pastores ni ganados»: ecología, superstición, cuento popular, mito pagano y culto católico del mes de marzo. Disparidades. Revista De Antropología50(2), 267–293. https://doi.org/10.3989/rdtp.1995.v50.i2.323

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