La primavera en la mitología

La primavera en la mitología

   La primavera en la mitología 

Tras el paso de los idus de marzo que tanto recordamos por un histórico asesinato, el de Julio César en el año 44 a.C., damos pie al período más florido del año: la primavera

Y para hablar del origen de esta y otras estaciones hemos de volver de nuevo al mito de Perséfone y Hades, al que nos referimos en números anteriores.

Perséfone (Proserpina para los romanos) es la hija de Zeus (Júpiter) y Deméter (Ceres o Cibeles en Roma), diosa de los campos, la cosecha y la agricultura. El hecho de que Hades fuera su tío no le disuadió para pretenderla como esposa y llevarla al inframundo. Tras su rapto y desaparición, la desesperada madre Deméter empieza a desatender sus funciones como protectora de las cosechas; las tierras dejan de ser fértiles, las flores se marchitan, los árboles no crecen y para los mortales empieza a peligrar su vida. Al ver esto, Zeus acude raudo a pedir a su hermano que deje libre a Perséfone, pero ella ya había probado la comida en el inframundo y tendría que permanecer allí.

Finalmente, llegan al acuerdo de que, al haber comido solo la mitad de la granada pase la mitad del tiempo con su madre y la otra mitad con Hades. Es así como nacen las estaciones, pues el tiempo que ella está con su madre todo florece, Deméter encuentra en su hija esa ayuda que necesita para asegurar las cosechas y mantener un alto ritmo de trabajo. Pero cuando su hija falta, ella está preocupada, desganada y no hace crecer nada. Esta es la forma en la que tanto griegos como romanos lo explicaban.

Para los egipcios, en cambio, la primavera era representada por el dios Osiris, asesinado por su propio hermano Set para obtener el poder. Fue su esposa, Isis, quien lo resucitó reuniendo las partes de su cuerpo y reconstruyéndolo. Así, el ciclo de la muerte y resurrección de su principal dios representa para los egipcios la llegada de la primavera y el surgimiento de vida nueva, el fin de un ciclo y comienzo de otro nuevo. Ciclo que también vemos en la Pascua cristiana, con la muerte y la resurrección de Jesús.

En la tradición cristiana son también típicas las representaciones de conejos y huevos de Pascua, que se regalan durante estas fechas. Esto tiene su origen en el antiguo Egipto, pues el ave fénix resucitó tras quemarse en su nido y más tarde en las tradiciones paganas del norte y centro de Europa se utilizaron los huevos como símbolo del ciclo de la vida y la fertilidad propia de esta época. Por eso, la diosa germánica Eostre es la que da nombre a esta festividad en inglés ‘easter’, la misma que para los nórdicos es Ostara, que da nombre a una de sus etapas en la rueda del año, iniciada por el equinocio. Esta diosa es representada rodeada de conejos, flores y huevos de pascua.

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