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El mito del autómata inteligente

El mito del autómata inteligente

El mito del autómata inteligente

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imagen de: MR_EL

 

Recientemente, tuve el honor de ver publicado mi artículo titulado «El mito del autómata inteligente: Gólems, Hómunculos y vida artificial en la Edad Media», en la revista especializada Acta Maleficarum, una edición especial que rinde homenaje a los mitos y leyendas de la Semana Cidiana. En este artículo, exploro el antiguo deseo humano de crear vida artificial, a través del análisis de mitos como el Gólem, los homúnculos y otras creaciones que desafían la barrera entre la vida y la automatización.

El estudio parte de las primeras representaciones en la mitología griega, como Prometeo y Pandora, quienes desafiaron el orden divino al entregar a los humanos poderes reservados solo para los dioses. Estos mitos anticipan la tensión que luego se manifestará durante la Edad Media en torno a la creación de vida artificial. En ese periodo, se desarrollaron varias representaciones de seres creados por el hombre, como los homúnculos, pequeños seres artificiales nacidos en laboratorios alquímicos, y los Gólems, figuras de barro a las que se otorgaba vida temporalmente a través de rituales mágicos.

Descripción: Imagen de la portada del artículo (link al final del artículo)

El artículo resalta que estas creaciones, ya fueran de barro, metal o mediante fórmulas alquímicas, reflejan la ambivalencia de la humanidad frente a su capacidad de imitar la vida. Si bien el hombre busca convertirse en creador, estas historias nos advierten de los peligros inherentes en tal ambición. La creación artificial se concibe como una transgresión al orden divino, y a menudo el creador termina destruido o apartado de su creación, como un eco del mito de Prometeo castigado por Zeus.

A lo largo de los siglos, estas narrativas mitológicas han sido un espejo de las inquietudes humanas sobre el poder y las limitaciones de la ciencia y la tecnología. En tiempos medievales, a través de la alquimia y la magia, los intentos de crear autómatas o seres vivos artificiales continuaron desafiando tanto los límites del conocimiento como las fronteras morales y filosóficas.

Finalmente, mi análisis ubica estas historias en el contexto de nuestra evolución tecnológica, destacando cómo la fascinación por la creación de vida artificial ha evolucionado hasta nuestros días. A través de estas narrativas, se revela un miedo persistente: que lo que creamos termine por superar nuestro control, una advertencia que resuena con fuerza en la era de la inteligencia artificial.

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Reseña del libro » Duendes, diablos y espíritus familiares»

Reseña del libro » Duendes, diablos y espíritus familiares»

Reseña del libro » Duendes, diablos y espíritus familiares»

Hoy os traigo la reseña de este libro que escribió Pablo Ruiz @pabloruiz.escritor publicado con la editorial Nyktelios de @brujeria_iberica . Este libro está dedicado a aquellas personas que quieran adentrarse en profundidad a la mitología del duende. Primero nos habla acerca de ellos en diferentes lugares del mundo pero conforme avanza el libro se centra en la mitología y leyendas ibéricas. Se lleva a cabo una introducción a los espíritus de la naturaleza y diferencias entre algunos de estos seres, acerca de su naturaleza, su aspecto, su origen e incluso su comportamiento. De igual manera, se aborda un capítulo entero sobre los duendes, el pacto y la subyugación del espíritu del duende en la hechicería para ponerlos al servicio propio a través de ofrendas de amistad o invocaciones a través de objetos mágicos. También se dedica un capítulo a responder las preguntas de dónde encontrarlos, cómo poder verlos y cómo poder deshacerse de ellos, porque contrario a lo que muchas personas piensan acerca de los duendes, no suelen ser criaturas precisamente benéficas y adorables, de hecho ¡suele ser lo contrario!. Se explican también las diferencias con el trasgo e incluso se habla de la asociación que a veces se ha hecho de los duendes con los demonios. Por otro lado, se trata el tema de algunos mitos españoles sobre los duendes donde se nombran criaturas como los hombres corteza, el malismo, los trasgos, el trenti, los follets, etc. Para finalizar, el libro nos deleita con algunas leyendas actuales y testimonios del siglo XX muy interesantes acerca de estas criaturas.

En general, es un libro muy ameno, fácil de leer ya que no es un libro académico, con lo cual se recomienda como una lectura amena para aprender sobre el tema por lo que tiene un preciado hueco en mi estantería. Si queréis adquirirlo dejo el enlace donde podéis encontrarlo por aquí:

https://brujeriaiberica.bigcartel.com/product/duendes-diablos-y-espiritus-familiares-tapa-blanda

Índice:
– Prólogo de Diego García
– Capítulo I. Introducción a los espíritus de la naturaleza: gnomos, duendes y familiares
Los enanos en la Antigüedad
¿Existen o existieron gnomos en España?
– Capítulo II. Acerca del origen y naturaleza de los duendes
Del extraño aspecto y comportamiento de los duendes
Sobre la existencia y el hábitat de los duendes
– Capítulo III. Sobre el pacto, la brujería y las invocaciones de los duendes para ponerlos a nuestro servicio
Acerca de la amistad con el duende mediante ofrendas o invocaciones
La subyugación de los duendes mediante objetos mágicos
– Capítulo IV. Sobre dónde encontrar, cómo ver o cómo deshacerse de los duendes
– Capítulo V. Algunos mitos españoles sobre los duendes
Los hombres corteza. El malismo. La Freba. Los tardos. El duende martinico. La
gallina que era un duende. Leyendas sobre trasgos. El duende de Zaragoza.
Duendes de los bosques y los cultivos. El trenti. Los genios de las nubes. Los
follets. Los frailecillos. Los duendes protectores de los niños. El diañu burlón. El
duende y la tradición oral hoy. Leyendas actuales y testimonios del siglo XX.

Cónoce a nuestro equipo: Marina

Cónoce a nuestro equipo: Marina

Cónoce a nuestro equipo: Marina

 

 

Mi nombre es Marina, aunque en redes sociales (Instagram, TikTok y Youtube) me podréis encontrar como @eyralundberg. Desde pequeña siempre he sido muy creativa y me ha gustado mucho el arte y el dibujo así que a lo largo de esta entrada veréis algunas ilustraciones mías y os dejaré mi tienda online para echarle un vistazo. (https://eyralundbergsart.bigcartel.com/)

También desde joven me ha llamado la atención todo lo referente a los mitos y las leyendas. De hecho fue a partir de ahí, y de ese afán por el paganismo en general, como me sumergí a las profundidades y comencé a investigar sobre brujería y hechicería y a adentrarme en la práctica de ambas.

Estudie filología inglesa y traduccción audiovisual con lo cual estos conocimientos me sirvieron más adelante para colaborar como traductora de los libros: «Sobre la Licantropía: transformación y éxtasis de las brujas» (https://brujeriaiberica.bigcartel.com/product/sobre-la-licantropia-transformacion-y-extasis-de-las-brujas) y «De Veneficis» (https://brujeriaiberica.bigcartel.com/product/de-veneficis-tapa-blanda) en la editorial de Vini del Monte llamada Nyktelios, donde Pablo Ruiz también publicó su libro «Duendes, Diablos y Espíritus Familiares» (https://brujeriaiberica.bigcartel.com/product/duendes-diablos-y-espiritus-familiares-tapa-blanda). Esta editorial se propone llevar al castellano los tratados de demonología más famosos y que nunca llegaron a ser traducidos. Esta investigación me lleva también a interesarme por el estudio de las plantas en su faceta más etnobotánica para estudiar las relaciones de éstas con las personas y sus usos tanto medicinales como mágicos, junto con sus leyendas y mitos.

Aunque Instagram suele ser mi escaparate principal, digamos, también estoy activa en Youtube (https://www.youtube.com/@eyralundberg), un espacio donde comparto vídeos acerca de mitos, leyendas, festividades paganas, hechicería, adivinación brujería, etc.

También he tenido la suerte de compartir mis experiencias en entrevistas. La primera con Mala Yerba Sound en Ivoox (https://www.ivoox.com/mala-yerba-s04-ep-68-luna-fria-audios-mp3_rf_121879579_1.html) hablando sobre la traducción del primer libro que traduje y sobre mi carrera, y también he sido entrevistada por Ecos del Abismo en su canal de Youtube (https://www.youtube.com/watch?v=Hm5Vgi0SZVQ) en donde creamos un espacio para hablar sobre brujería y plantas. Algo de gran importancia para mi es el trabajo de mi espiritualidad que me ayuda a sacar la mejor parte de mi y a ser una persona más consciente cada día, y el trabajo con los sueños, la oniromancia o la onironautica, un tema que me apasiona y que va directamente ligado a mi práctica de espiritualidad y brujería.

Mi recorrido no acaba aquí, así que con mucha motivación y con ganas de compartir con todos vosotros, estaré encantada de que si queréis contactarme lo hagáis a través de aquí o de mis redes.

Un abrazo a tod@s.»

El esqueleto vampiro

El esqueleto vampiro

El esqueleto vampiro

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imagen de: Talyn Woods

SPANISH

Un hombre y su esposa, partiendo de un pueblo Seneca, viajaron durante dos días para cazar. Habiendo construido una cabaña, el hombre comenzó a cazar. Cuando obtuvo suficiente reserva de carne, comenzaron el viaje de regreso. Empacaron toda la carne que pudieron llevar y dejaron el resto en la cabaña. Al partir por la mañana, después de viajar todo el día llegaron a una cabaña donde encontraron a todas las personas muertas. La última persona en morir fue el dueño de la cabaña. La gente del pueblo había colocado el cuerpo en un estante en una caja de corteza que habían hecho. Cuando el hombre y su esposa llegaron ya era de noche. El esposo pensó que era mejor pasar la noche allí que continuar el viaje. Recogió una cantidad de madera con la que hizo fuego. La mujer comenzó a cocinar, asando carne y haciendo una torta de maíz molido, que colocó bajo las cenizas calientes para hornear. El hombre se acostó a descansar un rato y se quedó dormido. Mientras cocinaba, la [459]mujer escuchó un ruido detrás de ella, cerca del lugar donde yacía su esposo; sonaba como el ruido que se hace al masticar carne. Empezó a pensar en el cadáver en el estante y recordó que el hombre muerto era un mago. Poniendo más madera y avivando el fuego, miró hacia la litera, donde vio un chorro de sangre goteando. De esto supo de inmediato que su esposo había sido asesinado por el hombre muerto.

El pan debajo de las cenizas estaba horneado. Entonces habló, diciendo: «Debo hacer una antorcha y traer algo de agua». Preparó una antorcha de corteza de nogal tomada de la cabaña, haciéndola lo suficientemente larga como para durar hasta que pudiera correr a casa. Tomando el balde, salió a hurtadillas, pero una vez fuera de la puerta, rápidamente soltó el balde y corrió por el bosque con todas sus fuerzas. Ya había recorrido más de la mitad del camino a casa cuando el hombre muerto, el vampiro, descubrió que se había ido. De inmediato salió corriendo, gritando, y corrió tras ella. Ella lo escuchó y supo que la seguía. El sonido de los gritos se acercaba cada vez más y por un tiempo, completamente paralizada por el miedo, apenas podía moverse, pero al final, habiendo recuperado su fuerza, corrió. De nuevo el vampiro gritó, y la mujer cayó al suelo de miedo y agotamiento; pero se levantó de nuevo y corrió, hasta que finalmente llegó a la vista de un lugar cerca de su propio pueblo donde había un baile. El esqueleto devorador de hombres que la perseguía estaba ganando terreno, y su antorcha casi se había apagado; pero, corriendo adelante, cayó en la cabaña donde se estaba llevando a cabo el baile, y luego se desmayó. Cuando recobró el sentido, contó lo que le había ocurrido a ella y a su esposo.

Por la mañana, un grupo de hombres fue a la cabaña, en la que encontraron los huesos de su marido, de los cuales se había comido toda la carne. Bajando la caja de corteza, miraron el esqueleto del muerto y encontraron su cara y sus manos ensangrentadas. El jefe dijo que no estaba bien dejar a los muertos de esa manera; por lo tanto, cavaron un hoyo, en el que enterraron el esqueleto devorador de hombres y se llevaron los huesos del otro hombre a casa. El jefe lo hizo enterrar y ordenó que a partir de entonces todos los muertos fueran enterrados en la tierra. Al principio colocaban a los muertos en andamios, pero la gente solía ver cosas que les asustaban, porque los muertos se levantaban y corrían tras los vivos. Entonces se decidió construir cabañas de corteza para los muertos y colocarlos en estanterías. Este plan no funcionó bien, como muestra la historia anterior. Hace unos cien años, dice el relator, se inició el actual sistema de entierro en la tierra. Antes de que se adoptara el sistema de entierro, solían colocar el cadáver en el suelo, en una cámara como una habitación excavada en la ladera de una colina. Si el difunto estaba casado, el marido o la mujer debía velar con el cadáver en este lugar, y cada diez días durante un año los amigos llevaban comida al velador. Si el observador sobrevivía el año, salía y quedaba libre para volver a casarse. Sin embargo, el observador moría a menudo en la excavación, porque estaba oscura y asquerosa.

Una vez, un hombre que se fue con el cuerpo de su esposa escuchó, después de un tiempo, un ruido ocasional de crujidos y comida. La siguiente vez que sus amigos vinieron con comida, les contó esto. Acto seguido celebraron un consejo y el jefe envió varios hombres a la excavación para determinar la causa del ruido. Descubrieron que los cuerpos habían sido devorados y que un profundo agujero conducía al suelo, que debió haber sido hecho por una gran serpiente. Después de esto, Séneca dejó de enterrar de esta manera y enterró a sus muertos como lo hace actualmente.

Cuando era costumbre colocar los cuerpos en las cabañas de corteza, el marido o la mujer debía permanecer en la cabaña y cuidar de los muertos durante un año. Al final de este período se sacaban los huesos y se fijaban a un poste en posición erguida, y se realizaba una gran danza alrededor de ellos.

 

ENGLISH

 The Vampire Skeleton

A man with his wife, starting from a Seneca village, went from it two days’ journey to hunt. Having built a lodge, the man began hunting. When he had obtained a sufficient store of meat, they started for home. They packed all the meat they could carry and left the rest at the lodge. Setting out in the morning, after traveling all day they came to a cabin in which they found all the people dead. The last person to die was the owner of the lodge. The people of the village had put the body on a shelf in a bark box which they had made. When the man and his wife came it was already dark. The husband thought it better to spend the night there than to continue the journey. He gathered a quantity of wood with which he made a fire. The woman began to cook, broiling meat and making a cake of pounded corn, which she placed under the hot ashes to bake. The man lay down to rest a while and fell asleep. While cooking the woman heard a noise behind her, near the place where her husband lay; it sounded like the noise made in the chewing of flesh. She began to think about the corpse on the shelf and remembered that the dead man was a wizard. Putting on more wood and making the fire blaze up, she looked toward the bunk, where she saw a stream of blood trickling out. From this she knew at once that her husband had been killed by the dead man.

The bread under the ashes was baked. She then spoke, saying, “I must make a torch and bring some water.” Thereupon she prepared a torch of hickory bark taken from the lodge, making it long enough to last until she could run home. Taking the pail, she stole out, but once outside of the door she quickly dropped the pail, and ran through the woods with all her might. She had gotten more than halfway home when the dead man, the vampire, found that she was gone. At once he rushed out, whooping, and ran after her. She heard him, and knew that he was following her. The sound of the whooping came nearer and nearer, and for a while, unnerved completely by fear, she could scarcely move, but at last, having regained her strength, she ran on. Again the vampire whooped, and the woman fell down from fear and exhaustion; but she arose again and ran on, until finally she came within sight of a place near her own village where there was a dance. The pursuing man-eating skeleton was gaining on her, and her torch was almost gone; but, running ahead, she fell into the lodge in which the dancing was in progress, and then fainted. When she came to her senses, she told what had occurred to her and her husband.

In the morning a body of men went over to the cabin, in which they found the bones of her husband, from which all the flesh had been eaten. Taking down the bark box, they looked at the skeleton of the dead man and found his face and hands bloody. The chief said it was not right to leave dead people in that way; therefore they dug a hole, in which they buried the man-eating skeleton, and took the bones of the other man home. The chief had him buried and ordered that thereafter all dead people should be buried in the ground. At first the dead were put on scaffolds, but the people used to see sights which frightened them, for the dead would rise and run after the living. Then it was resolved to build bark lodges for the dead and to put them on shelves therein. This plan did not work well, as the foregoing story shows. About one hundred years ago, says the relator, the present system of earth burial was begun. Before the burial system was adopted they used to put the corpse on the ground, into a chamber like a room dug into a hillside. If the deceased was married, the husband or wife had to watch with the corpse in this place, and every ten days for a year friends brought food to the watcher. If the watcher lived through the year, he or she was then brought out and became free to marry again. The watcher often died in the excavation, however, for it was dark and foul.

Once a man left with the body of his wife heard, after a time, an occasional noise of craunching and eating. The next time his friends came with food he told them of this. Thereupon they held a council, and the chief sent several men into the excavation to ascertain the cause of the noise. They found that the bodies had been eaten, and that a deep hole led down into the ground, which must have been made by a great serpent. After that the Seneca ceased to bury in this way and put their dead into the ground as they do at present.

When it was the custom to place bodies in the bark lodges the husband or wife had to remain in the lodge and look after the dead for a year. At the end of this period the bones were taken out and fastened to a post in an erect position, and a great dance was held around them.

BIBLIOGRAFÍA

  • Hewitt, J.B.N. ((1918)). Seneca Fiction, Legends, and Myths. Annual Report of the Bureau of American Ethnology to the Secretary of the Smithsonian Institution.

 

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el lado oscuro de las hadas (parte 2)

el lado oscuro de las hadas (parte 2)

                  El lado oscuro de las hadas (parte 2)

Hace unos días comenzamos en este blog un pequeño apartado en que reflexionaba sobre la parte oscura del mundo feérico. Muchos me pidieron que ahondara en tan extraña cuestión y, tras mucho detenimiento, he decidido redactar estas líneas.

En el anterior post nos referimos a esa oscura aura que envuelve estas criaturas y sus encuentros con los humanos. Pues bien, conviene ahora que profundicemos sobre dicha cuestión, con la esperanza de que uno se guarde y mucho de tomarse a la ligera los avistamientos de estas entidades.

Su naturaleza es distinta a la nuestra a la nuestra y, por ende, su propio devenir puede ser nocivo para los humanos. Contaba  el reverendo Robert Kirk allá en el 1691 en su tratado, La comunidad secreta, algunas de las costumbres de las hadas que podían ser nocivas para los humanos. Por ejemplo, las hadas tienden a bailar durante horas en una especie de gran círculo mágico. Si el humano topa con  dicho ritual, debe guardarse de no unirse a ellas, pues ese trance puede durar días y puede provocar la muerte al sujeto bien  por agotamiento o por inanición.

A veces el solo avistamiento del hada provoca un enamoramiento febril en el hombre ( o mujer) hasta tal punto que, quienes dicen haberlas visto caían en una profunda melancolía si no podían volver a verlas e, incluso, morían tras una larga agonía. Podemos ver un ejemplo en el celebérrima leyenda de Bécquer «la mujer de ojos verdes»:

Herido va el ciervo… herido va; no hay duda. Se ve el rastro de la sangre entre las zarzas del monte, y al saltar uno de esos lentiscos han flaqueado sus piernas… Nuestro joven señor comienza por donde otros acaban… en cuarenta años de montero no he visto mejor golpe… ¡Pero por San Saturio, patrón de Soria! cortadle el paso por esas carrascas, azuzad los perros, soplad en esas trompas hasta echar los hígados, y hundidle á los corceles una cuarta de hierro en los ijares: ¿no véis que se dirige hacia la fuente de los Álamos, y si la salva antes de morir podemos darle por perdido?

Las cuencas del Moncayo repitieron de eco en eco el bramido de las trompas, el latir de la jauría desencadenada y las voces de los pajes resonaron con nueva furia, y el confuso tropel de hombres, caballos y perros se dirigió al punto que Iñigo, el montero mayor de los marqueses de Almenar, señalara como el más á propósito para cortarle el paso á la res.

Pero todo fué inútil. Cuando el más ágil de los lebreles llegó á las carrascas jadeante y cubiertas las fauces de espuma, ya el ciervo, rápido como una saeta, las había salvado de un solo brinco, perdiéndose entre los matorrales de una trocha que conducía á la fuente.

—¡Alto!… ¡Alto todo el mundo! gritó Iñigo entonces; estaba de Dios que había de marcharse. Y la cabalgata se detuvo, y enmudecieron las trompas, y los lebreles dejaron refunfuñando la pista á la voz de los cazadores. En aquel momento se reunía á la comitiva el héroe de la fiesta, Fernando de Argensola, el primogénito de Almenar.

—¿Qué haces? exclamó dirigiéndose á su montero, y en tanto, ya se pintaba el asombro en sus facciones, ya ardía la cólera en sus ojos. ¿Qué haces, imbécil? ¡Ves que la pieza está herida, que es la primera que cae por mi mano, y abandonas el rastro y la dejas perder para que vaya á morir en el fondo del bosque! ¿Crees acaso que he venido á matar ciervos para festines de lobos?

—Señor, murmuró Iñigo entre dientes, es imposible pasar de este punto.

—¡Imposible! ¿y por qué?

—Porque esa trocha, prosiguió el montero, conduce á la fuente de los Alamos; la fuente de los Alamos, en cuyas aguas habita un espíritu del mal. El que osa enturbiar su corriente, paga caro su atrevimiento. Ya la res habrá salvado sus márgenes; ¿cómo la salvaréis vos sin atraer sobre vuestra cabeza alguna calamidad horrible? Los cazadores somos reyes del Moncayo, pero reyes que pagan un tributo. Pieza que se refugia en esa fuente misteriosa, pieza perdida.

—¡Pieza perdida! Primero perderé yo el señorío de mis padres, y primero perderé el ánima en manos de Satanás, que permitir que se me escape ese ciervo, el único que ha herido mi venablo, la primicia de mis excursiones de cazador… ¿Lo ves?… ¿lo ves?… Aún se distingue á intervalos desde aquí… las piernas le faltan, su carrera se acorta; déjame… déjame… suelta esa brida, ó te revuelco en el polvo.. ¿Quién sabe si no le daré lugar para que llegue á la fuente? y si llegase, al diablo ella, su limpidez y sus habitadores. ¡Sus! ¡Relámpago! ¡sus, caballo mío! si lo alcanzas, mando engarzar los diamantes de mi joyel en tu serreta de oro.

Caballo y jinete partieron como un huracán.

Iñigo los siguió con la vista hasta que se perdieron en la maleza; después volvió los ojos en derredor suyo; todos, como él, permanecían inmóviles y consternados.

El montero exclamó al fin:

—Señores, vosotros lo habéis visto; me he expuesto á morir entre los pies de su caballo por detenerle. Yo he cumplido con mi deber. Con el diablo no sirven valentías. Hasta aquí llega el montero con su ballesta; de aquí adelante, que pruebe á pasar el capellán con su hisopo.

II

—Tenéis la color quebrada; andáis mustio y sombrío; ¿qué os sucede? Desde el día, que yo siempre tendré por funesto, en que llegásteis á la fuente de los Álamos en pos de la res herida, diríase que una mala bruja os ha encanijado con sus hechizos.

Ya no váis á los montes precedido de la ruidosa jauría, ni el clamor de vuestras trompas despierta sus ecos. Sólo con esas cavilaciones que os persiguen, todas las mañanas tomáis la ballesta para enderezaros á la espesura y permanecer en ella hasta que el sol se esconde. Y cuando la noche oscurece y volvéis pálido y fatigado al castillo, en balde busco en la bandolera los despojos de la caza. ¿Qué os ocupa tan largas horas lejos de los que más os quieren?

Mientras Iñigo hablaba, Fernando, absorto en sus ideas, sacaba maquinalmente astillas de su escaño de ébano con el cuchillo de monte.

Después de un largo silencio, que sólo interrumpía el chirrido de la hoja al resbalarse sobre la pulimentada madera, el joven exclamó dirigiéndose á su servidor, como si no hubiera escuchado una sola de sus palabras.

—Iñigo, tú que eres viejo, tú que conoces todas las guaridas del Moncayo, que has vivido en sus faldas persiguiendo á las fieras, y en tus errantes excursiones de cazador subiste más de una vez á su cumbre, dime: ¿has encontrado por acaso una mujer que vive entre sus rocas?

—¡Una mujer! exclamó el montero con asombro y mirándole de hito en hito.

—Sí, dijo el joven; es una cosa extraña lo que me sucede, muy extraña… Creí poder guardar ese secreto eternamente, pero no es ya posible; rebosa en mi corazón y asoma á mi semblante. Voy, pues, á revelártelo… Tú me ayudarás á desvanecer el misterio que envuelve á esa criatura, que al parecer solo para mí existe, pues nadie la conoce, ni la ha visto, ni puede darme razón de ella. El montero, sin despegar los labios, arrastró su banquillo hasta colocarle junto al escaño de su señor, del que no apartaba un punto los espantados ojos. Este, después de coordinar sus ideas, prosiguió así:

—Desde el día en que á pesar de tus funestas predicciones llegué á la fuente de los Álamos, y atravesando sus aguas recobré el ciervo que vuestra superstición hubiera dejado huir, se llenó mi alma del deseo de la soledad.

Tú no conoces aquel sitio. Mira, la fuente brota escondida en el seno de una peña, y cae resbalándose gota á gota por entre las verdes y flotantes hojas de las plantas que crecen al borde de su cuna. Aquellas gotas que al desprenderse brillan como puntos de oro y suenan como las notas de un instrumento, se reúnen entre los céspedes, y susurrando, susurrando como un ruido semejante al de las abejas que zumban en torno de las flores, se alejan por entre las arenas, y forman un cauce, y luchan con los obstáculos que se oponen á su camino, y se repliegan sobre sí mismas, y saltan, y huyen, y corren, unas veces con risa, otras con suspiros, hasta caer en un lago. En el lago caen con un rumor indescriptible. Lamentos, palabras, nombres, cantares, yo no sé lo que he oído en aquel rumor cuando me he sentado solo y febril sobre el peñasco, á cuyos pies saltan las aguas de la fuente misteriosa para estancarse en una balsa profunda, cuya inmóvil superficie apenas riza el viento de la tarde.

Todo es allí grande. La soledad con sus mil rumores desconocidos, vive en aquellos lugares y embriaga el espíritu en su inefable melancolía. En las plateadas hojas de los álamos, en los huecos de las peñas, en las ondas del agua, parece que nos hablan los invisibles espíritus de la naturaleza, que reconocen un hermano en el inmortal espíritu del hombre.

Cuando al despuntar la mañana me veías tomar la ballesta y dirigirme al monte, no fué nunca para perderme entre sus matorrales en pos de la caza, no; iba á sentarme al borde de la fuente, á buscar en sus ondas… no sé qué, ¡una locura! El día en que salté sobre ella con mi Relámpago, creí haber visto brillar en su fondo una cosa extraña… muy extraña… los ojos de mujer.

Tal vez sería un rayo de sol que serpeó fugitivo entre su espuma; tal vez una de esas flores que flotan entre las algas de su seno, y cuyos cálices parecen esmeraldas… no sé: yo creí ver una mirada que se clavó en la mía; una mirada que encendió en mi pecho un deseo absurdo, irrealizable: el de encontrar una persona con unos ojos como aquellos.

En su busca fui un día y otro á aquel sitio.

Por último, una tarde… yo me creí juguete de un sueño… pero no, es verdad, la he hablado ya muchas veces, como te hablo á tí ahora… una tarde encontré sentada en mi puesto, y vestida con unas ropas que llegaban hasta las aguas y flotaban sobre su haz, una mujer hermosa sobre toda ponderación. Sus cabellos eran como el oro; sus pestañas brillaban como hilos de luz, y entre las pestañas volteaban inquietas unas pupilas que yo había visto… sí; porque los ojos de aquella mujer eran los ojos que yo tenía clavados en la mente; unos ojos de un color imposible; unos ojos…

—¡Verdes! exclamó Iñigo con un acento de profundo terror, é incorporándose de un salto en su asiento.

Fernando le miró á. su vez como asombrado de que concluyese lo que iba á decir, y le preguntó con una mezcla de ansiedad y de alegría:

—¿La conoces?

—¡Oh, no! dijo el montero. ¡Líbreme Dios de conocerla! Pero mis padres, al prohibirme llegar hasta esos lugares, me dijeron mil veces que el espíritu, trasgo, demonio ó mujer que habita en sus aguas, tiene los ojos de ese color. Yo os conjuro, por lo que más améis en la tierra, á no volver á la fuente de los Álamos. Un día ú otro os alcanzará su venganza, y expiaréis, muriendo, el delito de haber encenagado sus ondas.

—¡Por los que más amo!… murmuró el joven con una triste sonrisa.

—¡Sí, prosiguió el anciano; por vuestros padres, por vuestros deudos, por las lágrimas de la que el cielo destina para vuestra esposa, por las de un servidor que os ha visto nacer…

—¿Sabes tú lo que más amo en este mundo? ¿Sabes tú por qué daría yo el amor de mi padre, los besos de la que me dió la vida, y todo el cariño que pueden atesorar todas las mujeres de la tierra? Por una mirada, por una sola mirada de esos ojos… ¡Cómo podré yo dejar de buscarlos!

Dijo Fernando estas palabras con tal acento, que la lágrima que temblaba en los párpados de Iñigo se resbaló silenciosa por su mejilla, mientras exclamó con acento sombrío: ¡Cúmplase la voluntad del cielo!

III

—¿Quién eres tú? ¿Cuál es tu patria? ¿En dónde habitas? Yo vengo un día y otro en tu busca, y ni veo el corcel que te trae á estos lugares, ni á los servidores que conducen tu litera. Rompe de una vez el misterioso velo en que te envuelves como en una noche profunda, yo te amo, y, noble ó villana, seré tuyo, tuyo siempre…

El sol había traspuesto la cumbre del monte; las sombras bajaban á grandes pasos por su falda; la brisa gemía entre los álamos de la fuente, y la niebla, elevándose poco á poco de la superficie del lago, comenzaba á envolver las rocas de su margen.

Sobre una de estas rocas, sobre una que parecía próxima á desplomarse en el fondo de las aguas, en cuya superficie se retrataba temblando el primogénito de Almenar, de rodillas á los pies de su misteriosa amante, procuraba en vano arrancarle el secreto de su existencia.

Ella era hermosa, hermosa y pálida, como una estatua de alabastro. Uno de sus rizos caía sobre sus hombros, deslizándose entre los pliegues del velo como un rayo de sol que atraviesa las nubes, y en el cerco de sus pestañas rubias brillaban sus pupilas como dos esmeraldas sujetas en una joya de oro.

Cuando el joven acabó de hablarle, sus labios se removieron como para pronunciar algunas palabras, pero sólo exhalaron un suspiro, un suspiro débil, doliente, como el de la ligera onda que empuja una brisa al morir entre los juncos.

—¡No me respondes! exclamó Fernando al ver burlada su esperanza; ¿querrás que dé crédito á lo que de tí me han dicho? ¡Oh! No… Háblame: yo quiero saber si me amas; yo quiero saber si puedo amarte, si eres una mujer…

—O un demonio… ¿Y si lo fuese?

El joven vaciló un instante; un sudor frío corrió por sus miembros; sus pupilas se dilataron al fijarse con más intensidad en las de aquella mujer, y fascinado por su brillo fosfórico, demente casi, exclamó en un arrebato de amor:

—Si lo fueses… te amaría… te amaría como te amo ahora, como es mi destino amarte, hasta más allá de esta vida, si hay algo más allá de ella.

—Fernando, dijo la hermosa entonces con una voz semejante á una música: yo te amo más aún que tú me amas; yo, que desciendo hasta un mortal, siendo un espíritu puro. No soy una mujer como las que existen en la tierra; soy una mujer digna de tí, que eres, superior á los demás hombres. Yo vivo en el fondo de estas aguas; incorpórea como ellas, fugaz y trasparente, hablo con sus rumores y ondulo con sus pliegues. Yo no castigo al que osa turbar la fuente donde moro; antes le premio con mi amor, como á un mortal superior á las supersticiones del vulgo, como á un amante capaz de comprender mi cariño extraño y misterioso.

Mientras ella hablaba así, el joven, absorto en la contemplación de su fantástica hermosura, atraído como por una fuerza desconocida, se aproximaba más y más al borde de la roca. La mujer de los ojos verdes prosiguió así:

—¿Ves, ves el límpido fondo de ese lago, ves esas plantas de largas y verdes hojas que se agitan en su fondo?… Ellas nos darán un lecho de esmeraldas y corales… y yo… yo te daré una felicidad sin nombre, esa felicidad que has soñado en tus horas de delirio, y que no puede ofrecerte nadie… Ven, la niebla del lago flota sobre nuestras frentes como un pabellón de lino… las ondas nos llaman con sus voces incomprensibles, el viento empieza entre los álamos sus himnos de amor; ven… ven…

La noche comenzaba á extender sus sombras, la luna rielaba en la superficie del lago, la niebla se arremolinaba al soplo del aire, y los ojos verdes brillaban en la oscuridad como los fuegos fatuos que corren sobre el haz de las aguas infectas… Ven… ven… estas palabras zumbaban en los oídos de Fernando como un conjuro. Ven… y la mujer misteriosa le llamaba al borde del abismo, donde estaba suspendida, y parecía ofrecerle un beso… un beso…

Fernando dió un paso hacia ella… otro… y sintió unos brazos delgados y flexibles que se haban á su cuello, y una sensación fría en sus labios ardorosos, un beso de nieve… y vaciló… y perdió pie, y cayó al agua con un rumor sordo y lúgubre.

Las aguas saltaron en chispas de luz, y se cerraron sobre su cuerpo, y sus círculos de plata fueron ensanchándose, ensanchándose hasta espirar en las orillas.

Tras la lectura de estas líneas, la conclusión es que  el hada ejerce sobre el incauto joven una poderosa influencia que enturbia su mente hasta tal punto que le lleva a la muerte….

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Bibliografía

-Becquer, Gustavo Adolfo «Rimas y leyendas»

-Ruiz Osuna, Pablo y Reñé Quilés, David «Guía de los seres mitológicos españoles»

-https://es.wikisource.org/wiki/Los_ojos_verdes

 

 

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