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Las selkies , las hadas foca de la mitología celta y nórdica

Las selkies , las hadas foca de la mitología celta y nórdica

Las selkies , las hadas foca de la mitología celta y nórdica

 

En la mitología celta y nórdica, los selkies (también conocidos como silkies, sylkies o selchies) o selkie folk, que en escocés significa “gente de las focas”, son criaturas míticas capaces de transformarse de foca a humano al desprenderse de su piel. Estas figuras aparecen en los relatos tradicionales y la mitología de las Islas del Norte de Escocia. Los relatos populares a menudo se centran en selkies femeninas forzadas a relacionarse con humanos después de que alguien les roba y oculta su piel de foca, reflejando así el motivo narrativo de la doncella cisne. La leyenda narra que, si un humano encuentra la piel de un selkie, puede dominarlo, pues este obedecerá al dueño de su piel. Sin embargo, si el selkie logra recuperar su piel, huirá al mar de inmediato. En casos en los que el humano que lo sometió fue cruel, el selkie puede buscar venganza de manera implacable.

Se dice que las selkies hembras suelen abandonar el mar en noches de luna llena o durante celebraciones. Si encuentran a un hombre que les agrada, pasarán la noche bailando y bebiendo con él, pero al amanecer regresarán al océano. Si el hombre espera con paciencia junto al mar durante varias lunas llenas, podría ganarse el afecto de la selkie, quien decidiría quedarse con él.

Las selkies que se convierten en esposas humanas son conocidas por ser excelentes compañeras, aunque su melancolía por el mar nunca desaparece. Muchas historias trágicas cuentan cómo un pescador roba la piel de una selkie para obligarla a quedarse con él. Tras años de matrimonio, suele ser un hijo fruto de la unión quien encuentra accidentalmente la piel escondida. La madre, al recuperarla, no puede resistir el impulso de regresar al mar, abandonando a su familia. En algunos relatos, sin embargo, se dice que la selkie vuelve ocasionalmente para jugar con sus hijos en las olas.

A continuación, os explicaré la leyenda de Kópakonan.

Kópakonan, conocida como la “mujer foca”, es una figura emblemática en la mitología de las Islas Feroe. La leyenda narra que todas las focas en su momento fueron personas que decidieron dejar la tierra para sumergirse en las profundidades del mar (enfundadas en su magnífica piel de foca).

La leyenda cuenta que las focas son seres humanos que, habiendo decidido vivir en el mar, se revisten con pieles de foca. Una vez al año, en la víspera del Día de Reyes, estas criaturas emergen a tierra firme, se despojan de sus pieles y celebran bailando en cuevas cercanas al pueblo de Mikladalur, en la isla de Kalsoy.

Según la tradición, un joven de Mikladalur, al conocer esta costumbre, decidió espiar a las mujeres focas durante su celebración. Quedó cautivado por la belleza de una de ellas y, con el propósito de retenerla, le robó su piel de foca. Privada de su medio para regresar al mar, la mujer se vio obligada a permanecer en tierra, casándose con el joven y teniendo hijos con él. Sin embargo, siempre anhelaba volver al océano. El hombre guardaba la piel en un baúl cerrado con llave, la cual llevaba siempre consigo. Un día, al olvidar la llave en casa, la mujer encontró su piel, se la puso y retornó al mar, dejando atrás a su familia.

Enfurecido por su partida, el hombre organizó una cacería masiva de focas. Esa noche, soñó con su esposa advirtiéndole que, si llevaba a cabo la matanza, todos los hombres de Mikladalur estarían condenados a morir en el mar. Ignorando la advertencia, procedió con la cacería, lo que desencadenó la maldición de Kópakonan:

“Todos los hombres de Mikladalur están condenados a morir en el mar”.

Esta leyenda refleja la relación entre los humanos y la naturaleza en la cultura feroesa, destacando temas como el amor, la libertad y las consecuencias de las acciones humanas. La figura de Kópakonan ha sido inmortalizada en una estatua situada en Mikladalur, que rinde homenaje a esta historia y se ha convertido en una atracción turística significativa en las Islas Feroe.

La leyenda de Kópakonan comparte similitudes con otros mitos de seres cambiantes en las tradiciones nórdicas y celtas, como los selkies, criaturas capaces de transformarse de foca a humano al despojarse de su piel. Estas narraciones suelen explorar la dualidad entre la vida terrestre y la marina, y las complejas interacciones entre humanos y seres sobrenaturales.

No solo tenemos constancia de estas leyendas en la mitología celta y nórdica que nos dan a conocer a estos seres capaces de transformarse o que tienen un nexo con el mar y las focas. Las doncellas cisne en la mitología nórdica y germánica son seres sobrenaturales que tienen la habilidad de transformarse de cisne a humano. Al igual que las selkies, si un humano roba su vestimenta de plumas, la doncella queda obligada a permanecer en forma humana. En estas historias podemos encontrar cómo el hombre esconde la vestimenta de plumas para casarse con la doncella y retenerla a su lado. Pero, si la doncella logra encontrar su vestimenta original, sin duda se dirigirá a su verdadero hogar, el mar.

imagen de: Jeff Leland Davis

Otros seres extraños son los espíritus acuáticos de la mitología escocesa, los kelpies. Estos habitan en lagos y ríos, y a menudo se representan como caballos que pueden transformarse en humanos. Son muy peligrosos, pues se sabe que atraen a los viajeros hacia el agua para ahogarlos. No obstante, otras historias los presentan como seres benignos. En el folclore de las Islas Orcadas, los finfolk son seres marinos con habilidades mágicas y la capacidad de cambiar de forma. Habitan en un reino submarino llamado Finfolkaheem y pueden adoptar formas humanas para interactuar con los mortales. Al igual que las selkies, las historias de los finfolk exploran la relación entre humanos y seres del mar, a menudo con advertencias sobre los peligros de tales encuentros. Estas leyendas comparten temas comunes con las historias de las selkies, como la transformación, la interacción entre humanos y seres sobrenaturales, y la tensión entre la vida terrestre y la marina.

Es curioso cómo la mitología de la mujer foca, especialmente en las leyendas celtas y de los pueblos inuit, tiene una conexión profunda con el chamanismo, sobre todo en la idea de la transformación entre el mundo humano y el animal. En muchas tradiciones chamánicas, el chamán es capaz de transformarse en animal o invocar su espíritu. Esto es similar a la historia de las selkies, quienes pueden cambiar entre su forma de foca y su forma humana quitándose o poniéndose su piel. En el chamanismo, esta capacidad se ve como un modo de adquirir sabiduría, poder o habilidades específicas del animal. En los mitos de las mujeres foca, muchas veces un humano roba su piel para impedir que vuelva al mar, lo que representa la pérdida de su verdadera identidad o de su conexión con su esencia. En el chamanismo, algo similar ocurre cuando un chamán pierde su espíritu auxiliar o su vínculo con el mundo espiritual, lo que puede provocar enfermedad o debilidad. Recuperarlo es clave para su poder. Las focas, al moverse entre el agua y la tierra, representan seres liminales que existen entre dos mundos.

En muchas culturas chamánicas, el chamán es también un mediador entre el mundo de los humanos y el de los espíritus, viajando entre ambos en un estado de trance. En algunas tradiciones inuit, las focas son consideradas espíritus guardianes o tótems de los chamanes. En los viajes chamánicos, el chamán puede recibir ayuda de un animal espiritual, que le brinda protección y conocimiento, como la mujer foca que guía o seduce a los humanos hacia el mar, es decir, hacia lo desconocido.

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La leyenda de la Sierpe de Pedro Bernardo:Luces y sombras entre mito y realidad.

La leyenda de la Sierpe de Pedro Bernardo:Luces y sombras entre mito y realidad.

La leyenda de la Sierpe de Pedro Bernardo:Luces y sombras entre mito y realidad.

 
                                                                       obra de : Celebrill
Es difícil encontrar a alguien que no haya oído hablar de la leyenda de La Sierpe. Durante generaciones, nuestros antepasados contaron a los niños la espeluznante historia de una culebra que habitaba en una cueva en lo alto del risco sobre el que se erige el pueblo de Pedro Bernardo, y que lleva el mismo nombre. El Risco de la Sierpe, con su topónimo, mantiene viva la leyenda de aquel ser mitológico que nunca morirá en nuestro imaginario colectivo.
 Una historia que se repite en la mitología cantábrica.
La versión simplificada habla de una terrible sierpe que habitaba en la ladera sobre el caserío de Pedro Bernardo. Por el día, moraba en una cueva custodiando un valioso tesoro, y por la noche, acudía a las majadas de los pastores para alimentarse de su ganado. Cuentan que la sierpe era tan grande que podía devorar una cabra de un solo bocado. Unos dan medidas precisas, como D. Rufino Martín Romero en 1899, y dicen que medía 7 varas de largo. Otros, que su longitud era tal, que cuando bajaba a beber al Tiétar aún se veía su cola zigzagueando ladera abajo. En la versión escrita del siglo XVIII se cuenta que el lugar al que acudía a beber era la fuente de las Gamelleras, justo debajo del pico en el que habitaba. La versión popular dice que los pastores y cabreros del pueblo se unieron para acabar con tan terrible monstruo. A sabiendas de la glotonería de la bestia, acordaron colocar un pellejo, unos dicen que de cabra y otros que fue de oveja, pero en ambos casos, que estaba relleno de yesca encendida. La sierpe acudió como cada noche en busca de ganado y encontró el pellejo, y lo tragó de una asentada abrasando sus entrañas y muriendo en su intentona de llegar a las aguas del Tiétar.
En la mayoría de los pueblos existen leyendas similares y seres mitológicos  que se mantuvieron vivos gracias a la tradición oral. A simple vista, se ve que el argumento de la historia poco varía de las versiones que se cuentan en pueblos de la cornisa cantábrica, cuyas gentes repoblaron estas tierras.
Sabido es que a estas tierras se trajeron en la época de la Repoblación familias montañesas procedentes de la zona de León (como los Mansos), de Asturias (como los Fernández-Yánez), o de Cantabria (como los Sánchez del Arco). Así mismo, en siglos posteriores, muchos hombres norteños procedentes de Galicia y de la cornisa cantábrica, acudían a Pedro Bernardo y  a otros pueblos del Castilla a segar el cereal y a realizar trabajos estacionarios de recolección, etc. Muchos de ellos se quedaron a vivir aquí, y es posible que sus tradiciones se mezclasen en parte con las nuestras. Y digo esto porque, leyendo mitología cántabra y asturiana, se encuentra bajo otras denomnaciones la figura de la Sierpe, como el “Culebre” (Cantabria) y el “Cuélebre” (Asturias).
Si bien para los cántabros el Culebre era una serpiente con rasgos de dragón, para los asturianos era una horrible serpiente de gran tamaño que habitaba en cuevas y fuentes custodiando tesoros, que se alimentaba de ganado y de jóvenes doncellas vírgenes. Al monstruo sólo se le podía dar muerte clavando una espada de hierro en el cuello o dándole de comer una hogaza de pan llena de alfileres o de piedras calientes al rojo vivo.
         Con esto vemos las relaciones entre la Sierpe cucharera y, por ejemplo, el Cuélebre asturiano, en cuanto al aspecto, lugar en el que habita, e incluso la forma de darle muerte, engañándolo con un alimento (un pellejo o una hogaza de pan) que contiene fuegos o elementos punzantes.
Algo de verdad en todo esto: Tras la pista de Juan García-Granado
No obstante lo anterior, el caso de Pedro Bernardo es excepcional, pues además de las conexiones con la mitología de las regiones cantábricas, se tienen referencias escritas que datan del siglo XVIII, y que llenan aún más de misterio la leyenda de Pedro Bernardo.
En el año 1718,  D. Juan González-Robles Villanueva, cura párroco de la localidad y comisario de la Inquisición, anota en el libro de Becerro la ya por entonces conocida leyenda de la Sierpe, y dice que, habiendo preguntado a los más antiguos hombres del lugar, concluyeron que el vecino que se encargó de dar muerte a la bestia fue Juan Gª Granado. Se adjunta un extracto de lo que anotó en el Libro Bercerro de la iglesia parroquial:
“…Dícese que Juan García Granado, vecino que fue de esta villa, abuelo de Antonio García Granado, que falleció en 1704 y tío de Juan García Barril, vecino que es al presente de ella, y quien con más fundamento da esta noticia, la quitó la vida con maravillosa industria…”
“ … y por cosa irregular y monstruosa la llevó a Madrid, al Excmo. Sr. Duque de Alburquerque el dicho Juan García Granado (…) y admirado (el duque) por la excelencia de verla y de la industria y artificio de que se valió para matarla, le mandó pidiese alguna merced en su tierra, y como el que para pobre nace con poco se contenta, no se dice que pidiera más que el que no le quitasen el agua de la Cerrada, que baja por el Egido y se junta con el arroyo al puente de piedra de él, dentro de esta villa, con lo cual regaba unos castaños que tenía en dicho pago, y así mismo pidió un pedazo de tierra donde llaman El Barranco, cerca de donde nace el arroyo dicho, todo lo cual concedió su Excelencia”.
Ahondando en mi investigación genealógica, localicé la partida de bautismo de Juan García-Granado, nacido en Pedro Bernardo en 1641, que a su vez tuvo un nieto llamado Antonio García-Granado, nacido en 1696.  No ha sido posible localizar la defunción de Juan García-Granado en 1704, año que cita D. Juan González-Robles como fecha de su fallecimiento, pero pudo perfectamente morir en ese año, a la edad de 63.
En cualquier caso, si es que esta parte de la leyenda tiene algo de cierto, es más que probable que fuese el hombre al que se refiere D. Juan en el Libro Becerro, ya que puedo corroborar la inexistencia en aquella época en Pedro Bernardo de otros hombres llamados Juan Gª Granado que no fueran éste, a excepción de su padre, según consta en la partida de bautismo y llamado igual, que debió nacer en torno a 1615 – 1620 (debido a un incendio en el archivo parroquial no se conservan registros anteriores a 1641). A continuación se transcribe la partida de bautismo de Juan García-Granado localizada en el folio 2º (vuelto) del Libro I de Bautismos de la Iglesia de Pedro Bernardo, antepasado directo del que me separan once generaciones (el apellido García-Granado era originalmente compuesto y deriva a partir de 1857 en la forma simple actual “Granado”):
Jnº, Hijo de Jnº Garcia.
 En Pedro Bernardo, a seys días del mes de noviembre de milyseyscientos y quarenta y un años, yo Francisco  de Olivas Montalbán cura deste infrascripto lug. baptizé un niño que se llamo Juan hijo de Jnº Grª Granado y de Isabel gs. sumuger. Fueron padrinos Germo  Diaz y Rufina hdz su cuñada todos vez.os deste  (…) Lug.r   advertiles lacognicion espiritual y lo firme ff.º ut supra
                                               Francisco de Olivas Montalbán

¿Te ha gustado esta leyenda? Recuerda que puedes aprender más de los dragones en nuestro libro :

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