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Etiqueta: cíclope

El gigante de Zamora 

El gigante de Zamora 

  El moro (gigante) de Zamora

imagen de: https://www.pinterest.es/pin/291959988354508488/

 

Pertenecería a la familia de los cíclopes, cuyo representante más digno y humillado es el Polifemo de La Odisea. Este
gigantón, limitado por la visión un solo ojo, vive en la sierra de Carpurias, entre los valles del Eria y Vidriales, y allí
guarda un tesoro. Lo peor es cuando se enfada porque no
controla su furia y provoca truenos y relámpagos.
Carpurias fue un poblado que desapareció a fnales del
siglo XII y en la sierra del mismo nombre, al norte de Zamora, existe un conjunto de dólmenes que han sido señalizados para su visita turística y que nos da idea de su
pasado más glorioso, sagrado y megalítico (5.ooo años nos
contemplan). Los nombres a veces son pistas. Allí se encuentra el dolmen del Tesoro (en Morales del Rey) y El
Casetón de los Moros (en Arrabalde). Hacemos la salvedad
que aquí la palabra “moro”, como la de “mouros” en Galicia, hace referencia a una raza legendaria e indeterminada,
para nada a los musulmanes. El mismo sentido tiene la palabra “gentiles” en el País Vasco.
Una leyenda local sitúa en estos parajes el refugio de
este gigante, de una longevidad tan amplia que le empe zaron a llamar “el moro de Carpurias”. No hacía ascos al
sexo femenino y se prendó de los encantos de la pastora
que le subía la leche y otros alimentos para que no molestara a los lugareños. Fue un amor no correspondido. Dicen
que un día la pastora se tuvo que marchar con su familia y,
desde entonces, el gigante de la peña empezó a suspirar, a
bramar y a llorar provocando dañinas tormentas rojas que
asolaban la comarca.
Este gigante, cuando está enfurecido, sopla el viento contra La Bañeza, en forma
de tormentas rojas infernales, y ruge originando los truenos. Para librarse de
tan horrible amenaza, un zagal debe
clavarle una astilla hirviente en el
ojo, produciéndole la muerte.
Un Polifemo cuyo punto débil siempre es el mismo. La
verdad es que mucho ojo no
tiene…

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Bibliografía 

CALLEJO GABO, Jesús, El mundo encantado de Castilla y León, Museo etnográfico de Castilla y León, 2019

 

El temible ojáncano

El temible ojáncano

 El temible ojáncano

imagen de: Rodolfo Gorrín

Uno de los representantes más conocidos de estos seres es el ojáncano, que tiene su hábitat entre las tierras de Cantabria y Asturias
(aunque allí le llaman ijancano). «Es el mito masculino, fiero, malhumorado, gigantesco, siempre pensando en destruir cabañas, en
derrumbar árboles y puentes, en entorpecer las camberas y los senderos con grandes peñascos»

Parece que son inmunes a prácticamente cualquier ataque, pues su inmenso tamaño y resistencia antinatural los convierte en un adversario
temible. Si por desventura cruzas tu camino con uno de ellos puede que la única opción que te quede para salvar tu vida sea huir. No es posible usar la fuerza bruta con ellos, pues cuentan con la fuerza que contaban los primeros hombres de la Edad de Oro.

El más fuerte de los varones de nuestra raza apenas alcanzaría a provocarle pequeñas laceraciones en la piel. Si las leyendas son ciertas,
es capaz de despedazar un oso con sus manos desnudas. Ante un ser de tales capacidades físicas, no parece que la confrontación sea lo
más adecuado.

Por ventura no existe ser de este mundo ni del venidero, terreno o subterráneo, de los cielos y los mares, dios o mortal, que no tenga
una debilidad que explotar. El ojáncano teme a un ser ancestral de mucho menor tamaño, pero mayor en las artes arcanas, la xana. Esta suele rescatar a los humanos del ataque del cíclope si se le presenta ocasión, venciéndolo con suma facilidad mediante el uso de sus artes arcanas.
Si no puedes contar con la ayuda de la xana y si tus piernas no te permiten escapar, aún te queda una última oportunidad para salvar
tu vida. En su frondosa barba, se encuentra un único pelo canoso. Si consigues tirar de él con suficiente fuerza como para arrancarlo, el
monstruo se debilitará hasta que le sobrevenga la muerte.

Paralelamente existen versiones que cuentan la existencia de ojáncanos bondadosos, nacido uno cada cien años, a los que se les podía incluso acariciar y ellos agradecidos avisaban de la llegada de los ojáncanos malos. Este monstruo es considerado el ser más popular de la mitología de Cantabria.

Hay una leyenda de una anjana que se encontró a un ojáncano un frío día de invierno, cuando la nieve caía sin parar. Atacado los lobos, consiguió espantarlos, pero le habían dañado su único ojo, por lo que vagaba perdido en medio de la ventisca, asustado y ciego. La anjana se acercó a él, le tomó de la mano y se lo llevó a vivir con ella. Desde entonces, fueron amigos y permanecieron unidos, sacándole la anjana a pasear los días soleados.

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FUENTES :

https://mitologiaiberica.fandom.com/es/wiki/Oj%C3%A1ncano

RUIZ OSUNA, PABLO Y REÑÉ QUILÉS, David  » Guía de los seres mitológicos españoles » Circulo rojo, 2o20.

 

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