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La verdad sobre los vampiros: lo que hay detrás del mito

La verdad sobre los vampiros: lo que hay detrás del mito

La verdad sobre los vampiros: lo que hay detrás del mito

Por Pablo Ruiz Osuna, escritor y folclorista

En el vídeo que comparto al final de esta entrada, «La verdad sobre los vampiros: el origen real», vuelvo sobre un tema que me acompaña desde hace años: esas criaturas que chupan sangre, salen de noche y se niegan a morirse del todo.

Como escritor y folclorista, llevo mucho tiempo rastreando este tipo de historias. En mi libro Guía de los seres mitológicos españoles ya dedico varias entradas a muertos inquietos, revenants y figuras “vampíricas” de nuestro propio folclore peninsular, que poco tienen que envidiar a Drácula. Y en distintas entrevistas y charlas —como mi participación en el programa 3×7 Cuadrado, o en otros podcasts sobre mitología y terror— siempre aparece la misma pregunta:

¿De verdad hubo “vampiros” o todo es literatura y cine?

La respuesta corta es: no hubo vampiros como los de Hollywood… pero sí hubo miedos, cadáveres sospechosos, enfermedades raras y mucha imaginación colectiva. Y de esa mezcla sale el monstruo.


Antes de Drácula: madres devoradoras y muertos inquietos

Cuando pensamos en vampiros solemos irnos directamente a Transilvania, pero el arquetipo es mucho más antiguo. En mis lecturas de fuentes clásicas, y también trabajando materiales para la Guía de los seres mitológicos españoles, aparecen varias figuras con rasgos “vampíricos”:

  • Lamia y las empusas griegas, demonios femeninos que devoran niños o seducen a hombres para alimentarse de ellos.

  • Las striges romanas, aves o mujeres brujas que chupan la sangre de los bebés.

  • En el folclore europeo medieval tenemos a los revenants: muertos que vuelven de la tumba para molestar a los vivos, contagiar pestes o, sencillamente, no estarse quietos.

En crónicas medievales, como las de Guillermo de Newburgh o Walter Map, ya aparecen relatos de cadáveres que salen del cementerio, apestan a corrupción y solo encuentran descanso cuando se les abre la tumba, se les corta la cabeza o se les atraviesa el pecho. Es decir: el kit vampírico ya estaba completo siglos antes de Bram Stoker.


El miedo se hace carne: “vampiros” históricos

Cuando preparo entrevistas o charlas sobre este tema suelo mencionar algunos casos que ayudan a entender por qué la gente creía (de verdad) que había vampiros:

  • Jure Grando, un campesino de Istria del siglo XVII, cuyo cadáver supuestamente se levantaba por las noches para perseguir a los vecinos. La solución fue abrir la tumba, cortarle la cabeza y clavarle una estaca.

  • Vlad Țepeș, el famoso “empalador”. No era un vampiro, sino un príncipe brutal en un contexto político muy complicado. Pero su fama de sanguinario, unida a su apellido “Drăculea”, inspiró a Stoker para construir a su conde.

  • Elizabeth Báthory, la llamada “condesa sangrienta”, acusada de torturar y asesinar a jóvenes. La leyenda dice que se bañaba en su sangre para conservar la juventud. No es exactamente un vampiro, pero su mito alimenta esa asociación entre aristocracia decadente, sangre y eternidad.

Cuando uno repasa estas historias con calma —como hice preparando mi libro y distintas entrevistas— se da cuenta de que el vampiro nace donde se cruzan violencia real, superstición y ganas de escandalizar al vecino.


Enfermedades que parecen sacadas de una película de terror

Otro aspecto que comento tanto en el vídeo como en mis proyectos de divulgación es el papel de ciertas enfermedades reales que, vistas con ojos pre-científicos, encajan demasiado bien con el arquetipo vampírico.

La más citada es la porfiria, un conjunto de trastornos metabólicos con síntomas muy llamativos:

  • Fotosensibilidad extrema: la luz del sol provoca ampollas, quemaduras y cicatrices.

  • Retracción de encías y coloración rojiza de los dientes, que hacen que sobresalgan como colmillos.

  • Piel pálida, anemia, debilidad…

Si unes alguien que huye del sol, tiene aspecto enfermizo, dientes inquietantes y una enfermedad misteriosa, el resultado, en una aldea del siglo XVIII, es bastante previsible.

A esto se suman otras posibles explicaciones:

  • La rabia, que provoca agresividad, hipersensibilidad a estímulos y miedo al agua.

  • La tuberculosis, con su combinación de palidez, pérdida de peso y sangre en la boca.

  • Los propios procesos de descomposición de un cadáver: cuerpos que parecen “crecer” en la tumba porque se retraen las encías y uñas, sangre líquida en la boca, gases que hacen gemir al cuerpo al pincharlo…

Todo eso, observado de noche, con una vela y muchas ganas de asustarse, termina dando lugar al diagnóstico más lógico de la época: “es un vampiro”.


Del folclore al icono pop

En mis investigaciones y en las entrevistas donde hablo de todo esto intento insistir en algo que a veces olvidamos: el vampiro literario es un refinado producto de la modernidad.

Primero llega el vampiro romántico de relatos como El Vampiro de Polidori; luego, a finales del XIX, Stoker publica Drácula, que mezcla folclore, medicina, viajes victorianos y mucho miedo a la sexualidad y a “lo extranjero”.

A partir de ahí, la criatura se convierte en icono cinematográfico: Nosferatu, Bela Lugosi, Christopher Lee… hasta llegar al vampiro adolescente, atormentado, glitter o superhéroe, según la década.

Cada época reinterpreta el mismo monstruo para hablar de sus propias obsesiones: el sexo, la aristocracia decadente, las enfermedades contagiosas, las adicciones, la explotación, la soledad…


España también tiene sus vampiros (aunque no los llame así)

En Guía de los seres mitológicos españoles me interesaba precisamente eso: recordar que no hace falta irse a Transilvania para encontrar figuras vampíricas. En distintos rincones de la península aparecen:

  • Brujas y meigas que “chupan” la energía o la salud de niños y ganado.

  • Muertos que vuelven a casa para exigir promesas incumplidas o reclamar justicia.

  • Espíritus familiares que se alimentan, simbólicamente, de la casa y de la familia a la que sirven.

Son relatos que, aunque no usen la palabra “vampiro”, comparten la misma intuición:

lo más inquietante no es lo que viene de fuera, sino lo que debería estar muerto… y no termina de irse.

En mis entrevistas suelo contar cómo muchas personas, al leer el libro o escuchar un programa, me escriben al blog para contar la historia del pueblo, de la abuela, del vecino que “se apareció” después del entierro. Es decir, el mito sigue vivo, solo que ahora lo canalizamos a través de podcasts, series y redes sociales.


Por qué me siguen fascinando los vampiros

Como folclorista, los vampiros me interesan menos como monstruos “reales” y más como espejos:

  • Nos hablan del miedo a la muerte, pero también del miedo a que otros vivan de nosotros.

  • Nos recuerdan que hemos utilizado la palabra “monstruo” para etiquetar a enfermos, marginados y disidentes.

  • Y muestran cómo una comunidad, cuando no comprende algo, construye una explicación sobrenatural muy coherente con sus valores y temores.

El vídeo que enlazo al final es, al fin y al cabo, una pieza más en ese trabajo de ir desentrañando capas: folclore, medicina, historia, literatura… Lo mismo que intento hacer en mis libros y en las entrevistas donde me invitan a hablar de estos temas.


Epílogo: matar al vampiro… o entenderlo

En los viejos relatos, la única forma de acabar con el vampiro era clavarle una estaca, quemarlo o decapitarlo. Hoy, el “ritual” es otro: conocer la historia, estudiar las enfermedades, revisar las fuentes, comparar tradiciones.

Pero hay algo que no cambia: seguimos necesitando historias de monstruos. Porque a través de ellos hablamos de lo que no nos atrevemos a decir directamente.

Si te interesan estas criaturas y su relación con otros seres del imaginario español, te invito a echar un vistazo a mi Guía de los seres mitológicos españoles y a las entrevistas y podcasts donde sigo explorando estos temas. Y, por supuesto, a ver el vídeo del programa, que fue el punto de partida de esta reflexión.

¿QUIERES SABER MÁS? ESCUCHA NUESTRO PROGRAMA CON TODO LUJO DE DETALLES AQUÍ:

Explorando las Criaturas Mitológicas: Un Viaje a Través de la Literatura de Pablo Ruiz Osuna. Con David Parcerisa (Rimbel35).

Explorando las Criaturas Mitológicas: Un Viaje a Través de la Literatura de Pablo Ruiz Osuna. Con David Parcerisa (Rimbel35).

Explorando las Criaturas Mitológicas: Un Viaje a Través de la Literatura de Pablo Ruiz Osuna. Con David Parcerisa (Rimbel35).

 

En mi reciente entrevista con David Parcerisa, exploramos diversas criaturas mitológicas que han sido objeto de mis investigaciones y publicaciones. A continuación, presento un análisis detallado de estas entidades legendarias, relacionándolas con mis obras y aportaciones al estudio de la mitología ibérica.

1. Vampiros: La Sombra de la Noche

Aunque los vampiros no han sido el foco principal de mis publicaciones, su presencia en la mitología ibérica es innegable. Estas criaturas nocturnas, asociadas con el miedo a lo desconocido y el anhelo de inmortalidad, han inspirado numerosas leyendas en la península. En futuras investigaciones, planeo profundizar en las particularidades de los vampiros en el contexto ibérico, explorando sus orígenes y las variaciones regionales de sus mitos.

2. Hombres Lobo: La Dualidad Humana

La figura del hombre lobo, símbolo de la lucha interna entre la civilización y la bestialidad, es central en mi libro Hombres Lobo: Y Otros Depredadores de la Mitología. En esta obra, coescrita con Sonia Gupta y Elisa Rivero Bañuelos, exploramos las leyendas de transformaciones humanas en lobos y otras criaturas, rastreando historias desde la Península Ibérica hasta diversas culturas alrededor del mundo. El lobo ha formado siempre una parte indisoluble del ser humano, encarnando nuestras ambiciones y miedos más atávicos. Desde los cofrades encomendados al dios lobo Vaélico, pasando por los berserker vikingos y la aterradora bestia de Gevaudan, hasta los perros fantasmales que, según dicen, aún campan por los ranchos tejanos. Este libro es el resultado de nuestra caza de leyendas, cuyas pruebas gráficas ha ilustrado el brillante Ion Ander Art.

3. Hadas: Luces y Sombras del Mundo Feérico

Las hadas, comúnmente vistas como seres mágicos y benevolentes, poseen un lado oscuro y enigmático que he abordado en mis investigaciones. En Guía de los Seres Mitológicos Españoles, coescrito con David Reñé Quiles, dedicamos secciones a estas entidades, desentrañando sus orígenes y relatos asociados en la tradición española. Este libro pretende rescatar las leyendas y cuentos que hasta hace unas pocas décadas aún podían escucharse en pueblos y villas de las zonas rurales de nuestro país. ¿Sabía que en nuestro país también existían relatos sobre una antigua raza de gigantes? ¿Conocía usted la historia del Herensuge, el dragón de siete cabezas? ¿Sabe usted cómo desencantar un hada? ¿Quiere ganarse el favor de la diosa Mari y descubrir junto a ella los secretos de la madre naturaleza? ¿Sabe cómo derrotar a un hombre lobo? ¿Y convertirse en uno? Estos solo son algunos de los secretos que encontrará en este volumen.

4. Gigantes: Ecos de Antaño

Los gigantes, presentes en múltiples mitologías, simbolizan fuerzas primordiales y desafíos titánicos. Aunque su mención en la entrevista fue breve, en mis obras he recopilado historias sobre estos seres colosales, destacando su relevancia en el folclore ibérico y su influencia en la cultura popular. En Guía de los Seres Mitológicos Españoles, exploramos las leyendas de gigantes en la península, rescatando narrativas que han perdurado en la tradición oral de diversas regiones. También lo hacemos en nuestra reciente obra  Gigantes tras las huellas del pueblo antiguo 

5. Dragones: Guardianes del Saber Ancestral

Los dragones han sido símbolos de poder y misterio en diversas culturas. En mi libro Dragones: Serpientes, Lagartos, Dragones y Otros Engendros de la Mitología Ibérica, coescrito con Ion Ander Ramírez, recuperamos historias ancestrales sobre estas criaturas en la península. Desde el gran dios Sugaar, al poderoso cuélebre, o el ponzoñoso basilisco, una lectura repleta de aventuras le está esperando.

6. Duendes y Espíritus Familiares: Entidades del Hogar

En Duendes, Diablos y Espíritus Familiares, profundizo en las historias de seres que habitan en los hogares y bosques, influyendo en la vida cotidiana de las personas. Este libro busca rescatar y preservar las narrativas sobre estos entes, destacando su importancia en la mitología ibérica y su papel en las tradiciones populares.

Duendes, diablos y espíritus familiares (Tapa blanda)

 

7. Reflexiones sobre la Inteligencia Artificial: Más Allá de la Mitología

Aunque mi enfoque principal ha sido la mitología, también he explorado temas contemporáneos como la inteligencia artificial. En La Personalidad Jurídica de los Autómatas Inteligentes, analizo las implicaciones legales y éticas de los avances tecnológicos, ofreciendo una perspectiva crítica sobre el futuro de la interacción entre humanos y máquinas.

Reflexión Final

Mi pasión por la mitología y el folclore me ha llevado a explorar y documentar estas criaturas en mis libros, con el objetivo de preservar y difundir nuestro rico patrimonio cultural. A través de mis obras, invito a los lectores a adentrarse en un mundo donde lo fantástico y lo real se entrelazan, ofreciendo una ventana a las creencias y narrativas que han moldeado nuestra historia colectiva.

 

 

 

El soldado y el vampiro

El soldado y el vampiro

 

El soldado y el vampiro 

CAST

A un cierto soldado se le permitió ir a casa con un permiso. Caminó y caminó, y después de un tiempo comenzó a acercarse a su pueblo natal. No muy lejos de ese pueblo vivía un molinero en su molino. En tiempos antiguos, el Soldado había sido muy íntimo con él: ¿por qué no iba a ver a su amigo? El Molinero lo recibió cordialmente y de inmediato sacó licor; y los dos comenzaron a beber y a charlar sobre sus vidas y actividades. Todo esto ocurrió hacia el anochecer, y el Soldado se quedó tanto tiempo en la casa del Molinero que se hizo completamente de noche.

Cuando propuso irse al pueblo, su anfitrión exclamó:

“¡Pasa la noche aquí, soldado! Ya es muy tarde, y quizás te encuentres con algún peligro.”

“¿Cómo es eso?”

“¡Dios nos está castigando! Un terrible brujo ha muerto entre nosotros, y por la noche se levanta de su tumba, vaga por el pueblo y hace cosas que asustan incluso a los más valientes. ¿Cómo podrías tú no tenerle miedo?”

“¡Ni un poco! Un soldado es un hombre que pertenece a la corona, y ‘la propiedad de la corona no puede ahogarse en el agua ni quemarse en el fuego’. Me voy: estoy tremendamente ansioso por ver a mi gente lo antes posible.”

Se puso en marcha. Su camino pasaba frente a un cementerio. En una de las tumbas vio un gran fuego ardiendo. “¿Qué es eso?” pensó. “Vamos a ver.” Cuando se acercó, vio que el Brujo estaba sentado junto al fuego, cosiendo botas.

“¡Hola, hermano!” gritó el Soldado.

El Brujo levantó la vista y dijo:

“¿Qué haces aquí?”

“Pues, quería ver qué estás haciendo.”

El Brujo dejó su trabajo a un lado e invitó al Soldado a una boda.

“Vamos, hermano,” dijo, “vamos a divertirnos. Hay una boda en el pueblo.”

“¡Vamos!” dijo el Soldado.

Llegaron al lugar de la boda; allí les dieron de beber y los trataron con la mayor hospitalidad. El Brujo bebió y bebió, se regocijó y se regocijó, y luego se enfureció. Echó a todos los invitados y parientes de la casa, sumió a la pareja de recién casados en un sueño, sacó dos frascos y un punzón, perforó las manos de la novia y el novio con el punzón, y comenzó a extraer su sangre. Después de hacer esto, le dijo al Soldado:

“Ahora vámonos.”

Bueno, se fueron. En el camino, el Soldado dijo:

“Dime, ¿por qué extrajiste su sangre en esos frascos?”

“Pues, para que la novia y el novio mueran. Mañana por la mañana nadie podrá despertarlos. Solo yo sé cómo devolverles la vida.”

“¿Cómo se hace eso?”

“A la novia y al novio hay que hacerles cortes en los talones, y luego verter parte de su propia sangre en esas heridas. Tengo la sangre del novio guardada en mi bolsillo derecho, y la de la novia en mi bolsillo izquierdo.”

El Soldado escuchó esto sin dejar escapar ni una sola palabra. Luego el Brujo comenzó a jactarse nuevamente.

“¡Lo que yo desee,” dijo, “eso puedo hacer!”

“Supongo que es totalmente imposible vencerte,” dijo el Soldado.

“¿Por qué imposible? Si alguien hiciera una pira de ramas de álamo temblón, cien cargas de ellas, y me quemara en esa pira, entonces podría vencerme. Solo tendría que estar atento al quemarme; pues serpientes y gusanos y diferentes tipos de reptiles saldrían de mi interior, y cuervos, urracas y grajos vendrían volando. Todos estos deben ser atrapados y arrojados a la pira. ¡Si siquiera un solo gusano escapara, entonces no habría remedio; en ese gusano me escabulliría!”

El Soldado escuchó todo esto y no lo olvidó. Él y el Brujo hablaron y hablaron, y finalmente llegaron a la tumba.

“Bueno, hermano,” dijo el Brujo, “ahora te haré pedazos. De lo contrario, contarías todo esto.”

“¿De qué estás hablando? No te engañes; sirvo a Dios y al Emperador.”

El Brujo rechinó los dientes, aulló en voz alta y saltó sobre el Soldado, quien desenvainó su espada y comenzó a blandirla con golpes contundentes. Lucharon y lucharon; el Soldado estaba casi al final de sus fuerzas. “¡Ah!” pensó, “estoy perdido, y todo por nada.” De repente, los gallos comenzaron a cantar. El Brujo cayó muerto al suelo.

El Soldado sacó los frascos de sangre de los bolsillos del Brujo, y se dirigió a la casa de su propia gente. Cuando llegó allí, y saludó a sus parientes, dijeron:

“¿Viste algún disturbio, Soldado?”

“No, no vi ninguno.”

“¡Pues tenemos un terrible problema en el pueblo. Un Brujo ha comenzado a acosarlo!”

Después de hablar un rato, se acostaron a dormir. A la mañana siguiente, el Soldado se despertó y comenzó a preguntar:

“¿Me dijeron que había una boda en alguna parte por aquí?”

“Hubo una boda en la casa de un rico mujik,” respondieron sus parientes, “pero la novia y el novio han muerto esta misma noche, de qué, nadie lo sabe.”

“¿Dónde vive este mujik?”

Le mostraron la casa. Hasta allí fue sin decir una palabra. Cuando llegó, encontró a toda la familia llorando.

“¿De qué lloran?” dice él.

“Tal y tal es la situación, Soldado,” dicen ellos.

“Puedo devolverles la vida a los jóvenes. ¿Qué me darán si lo hago?”

“¡Toma lo que quieras, incluso la mitad de lo que tenemos!”

El Soldado hizo como el Brujo le había instruido, y devolvió la vida a los jóvenes. En lugar de llanto, comenzó a haber felicidad y regocijo; al Soldado lo trataron hospitalariamente y fue bien recompensado. Luego, ¡media vuelta, de cara! se dirigió al Starosta, y le dijo que reuniera a los campesinos y que prepararan cien cargas de madera de álamo temblón. Bueno, llevaron la madera al cementerio, sacaron al Brujo de su tumba, lo colocaron en la pira y le prendieron fuego, toda la gente alrededor en un círculo con escobas, palas y atizadores. La pira se envolvió en llamas, el Brujo comenzó a arder. Su cuerpo estalló, y de él salieron serpientes, gusanos y todo tipo de reptiles, y volaron cuervos, urracas y grajos. Los campesinos los derribaron y los arrojaron al fuego, ¡sin permitir que siquiera un solo gusano escapara! Y así el Brujo fue completamente consumido, y el Soldado recogió sus cenizas y las esparció al viento. Desde entonces, hubo paz en el pueblo.

El Soldado recibió el agradecimiento de toda la comunidad. Se quedó en casa algún tiempo, disfrutando a fondo. Luego regresó al servicio del Zar con dinero en el bolsillo. Cuando terminó su servicio, se retiró del ejército y comenzó a vivir a sus anchas.

ENG

A certain soldier was allowed to go home on furlough. Well, he walked and walked, and after a time he began to draw near to his native village. Not far off from that village lived a miller in his mill. In old times the Soldier had been very intimate with him: why shouldn’t he go and see his friend? He went. The Miller received him cordially, and at once brought out liquor; and the two began drinking, and chattering about their ways and doings. All this took place towards nightfall, and the Soldier stopped so long at the Miller’s that it grew quite dark.

When he proposed to start for his village, his host exclaimed:

“Spend the night here, trooper! It’s very late now, and perhaps you might run into mischief.”

“How so?”

“God is punishing us! A terrible warlock has died among [Pg 319]us, and by night he rises from his grave, wanders through the village, and does such things as bring fear upon the very boldest! How could even you help being afraid of him?”

“Not a bit of it! A soldier is a man who belongs to the crown, and ‘crown property cannot be drowned in water nor burnt in fire.’ I’ll be off: I’m tremendously anxious to see my people as soon as possible.”

Off he set. His road lay in front of a graveyard. On one of the graves he saw a great fire blazing. “What’s that?” thinks he. “Let’s have a look.” When he drew near, he saw that the Warlock was sitting by the fire, sewing boots.

“Hail, brother!” calls out the Soldier.

The Warlock looked up and said:

“What have you come here for?”

“Why, I wanted to see what you’re doing.”

The Warlock threw his work aside and invited the Soldier to a wedding.

“Come along, brother,” says he, “let’s enjoy ourselves. There’s a wedding going on in the village.”

“Come along!” says the Soldier.

They came to where the wedding was; there they were given drink, and treated with the utmost hospitality. The Warlock drank and drank, revelled and revelled, and then grew angry. He chased all the guests and relatives out of the house, threw the wedded pair into a slumber, took out two phials and an awl, pierced the hands of the bride and bridegroom with the awl, and began drawing off their blood. Having done this, he said to the Soldier:

“Now let’s be off.”

Well, they went off. On the way the Soldier said:

“Tell me; why did you draw off their blood in those phials?”

“Why, in order that the bride and bridegroom might die. To-morrow morning no one will be able to wake them. I alone know how to bring them back to life.”

“How’s that managed?”

“The bride and bridegroom must have cuts made in their heels, and some of their own blood must then be poured back into those wounds. I’ve got the bridegroom’s blood stowed away in my right-hand pocket, and the bride’s in my left.”

The Soldier listened to this without letting a single word escape him. Then the Warlock began boasting again.

“Whatever I wish,” says he, “that I can do!”

“I suppose it’s quite impossible to get the better of you?” says the Soldier.

“Why impossible? If any one were to make a pyre of aspen boughs, a hundred loads of them, and were to burn me on that pyre, then he’d be able to get the better of me. Only he’d have to look out sharp in burning me; for snakes and worms and different kinds of reptiles would creep out of my inside, and crows and magpies and jackdaws would come flying up. All these must be caught and flung on the pyre. If so much as a single maggot were to escape, then there’d be no help for it; in that maggot I should slip away!”

The Soldier listened to all this and did not forget it. He and the Warlock talked and talked, and at last they arrived at the grave.

“Well, brother,” said the Warlock, “now I’ll tear you to pieces. Otherwise you’d be telling all this.”

“What are you talking about? Don’t you deceive yourself; I serve God and the Emperor.”

The Warlock gnashed his teeth, howled aloud, and sprang at the Soldier—who drew his sword and began laying about him with sweeping blows. They struggled and struggled; the Soldier was all but at the end of his strength. “Ah!” thinks he, “I’m a lost man—and all for nothing!” Suddenly the cocks began to crow. The Warlock fell lifeless to the ground.

The Soldier took the phials of blood out of the Warlock’s pockets, and went on to the house of his own people. When he had got there, and had exchanged greetings with his relatives, they said:

“Did you see any disturbance, Soldier?”

“No, I saw none.”

“There now! Why we’ve a terrible piece of work going on in the village. A Warlock has taken to haunting it!”

After talking awhile, they lay down to sleep. Next morning the Soldier awoke, and began asking:

“I’m told you’ve got a wedding going on somewhere here?”

“There was a wedding in the house of a rich moujik,” replied his relatives, “but the bride and bridegroom have died this very night—what from, nobody knows.”

“Where does this moujik live?”

They showed him the house. Thither he went without speaking a word. When he got there, he found the whole family in tears.

“What are you mourning about?” says he.

“Such and such is the state of things, Soldier,” say they.

“I can bring your young people to life again. What will you give me if I do?”

“Take what you like, even were it half of what we’ve got!”

The Soldier did as the Warlock had instructed him, and brought the young people back to life. Instead of weeping there began to be happiness and rejoicing; the Soldier was hospitably treated and well rewarded. Then—left about, face! off he marched to the Starosta, and told him to call the peasants together and to get ready a hundred loads of aspen wood. Well, they took the wood into the graveyard, dragged the Warlock out of his grave, placed him on the pyre, and set it alight—the people all standing round in a circle with brooms, shovels, and fire-irons. The pyre became wrapped in flames, the Warlock began to burn. His corpse burst, and out of it crept snakes, worms, and all sorts of reptiles, and up came flying crows, magpies, and jackdaws. The peasants knocked them down and flung them into the fire, not allowing so much as a single maggot to creep away! And so the Warlock was thoroughly consumed, and the Soldier collected his ashes and strewed them to the winds. From that time forth there was peace in the village.

The Soldier received the thanks of the whole community. He stayed at home some time, enjoying himself thoroughly. Then he went back to the Tsar’s service with money in his pocket. When he had served his time, he retired from the army, and began to live at his ease.

 

 

LA BRUJA VAMPIRO

LA BRUJA VAMPIRO

 

LA BRUJA VAMPIRO

 

IMAGEN DE: poisonnightmares.tumblr.com

En la aldea gallega de San Xián de Sergude hubo un matrimonio al que se le morían los hijos a poco de su nacimiento, después de ir desmejorando poco a poco. Acababa de nacer su última hija, el aspecto de la criatura era cada día peor, y las personas más avisadas pensaron que aquellas sucesión de desdichadas perdidas y el aire de la recién nacida solo podían tener como causa alguna hechicería. Esta podía provenir de la envidia o del mal de ojo, aunque no debía descartarse la actuación de una meiga chuchona especie de bruja que sobrevive alimentándose de la sangre infantil.

Con la ayuda de gente experta, dieron las correspondientes averiguaciones mágicas, en este caso consistían en atribuir una de las causas a cada uno de los tres juncos arrancados la noche del sábado, para escoger luego al azar uno de ellos. Por este procedimiento resultó seguro que era la meiga Susona la causante de las muertes y la extenuación que manifestaba la hija recién nacida que parecía amenazada por la misma suerte que sus difuntos hermanos.

Identificada la causa de las muertes y de la enfermedad de la recién nacida, una persona muy sabia dijo a los padres que, aparte de rodear a la niña de una serie de frutos bulbos y ramilletes apropiados para prevenir los acosos maléficos, estuviesen pendientes durante la noche de la llegada de una gran mosca negra que se posaría sobre su hija y a la que deberían golpear con una rama de avellano mientras invocaban a San Silvestre.

Aquella noche, todos los angustiados padres velaban s a su hija, llegó hasta la cuna una gran mosca negra que, tras recorrer el embozo de la cuna se posó sobre una de las manecitas de la niña dormida el padre golpeó a la mosca con la rama de avellano, mientras la madre pronunciaba el conjuro y la mosca desapareció.

A la mañana siguiente se supo en la aldea que aquella misma noche había muerto de repente en su casa una mujer que tenía fama de meiga, y la gente que sabía de estas cosas quedó convencida de que era ella la bruja vampiro, que había sucumbido ante la fuerza del conjuro y la virtud de la rama. El caso es que la niña se crió muy bien desde entonces y llegó a ser una de las mozas más guapas de la aldea.

 

bibliografía:
MARÍA MERINO, José «leyendas españolas de todos los tiempos», siruela, 2000, p. 172- 173.

 

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ALGUNOS LIBROS DE LA COLECCIÓN

 

 Sarah Ellen, una vampira en el Perú

 Sarah Ellen, una vampira en el Perú

 

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imagen de : Victoria Frances – ArtAskAgency

A través de las épocas encontramos que uno de los mitos que gozan de mayor salud en pleno siglo XXI es el mito del vampiro El motivo, sin duda, sería el mismo que en otras tradiciones culturales, es decir, un irresistible poder de fascinación estético y conceptual derivado de la liminalidad ontológica que lo hace oscilar entre lo humano y lo sobrenatural, lo vivo y lo muerto, lo seductor y lo siniestro, lo cotidiano y lo extraño. Y es que como se ha dicho más de una vez:

el vampiro personificaría la simbiosis entre lo bello y lo ominoso, aparente antítesis que, como es bien sabido, está en la base del sentimiento romántico identificado hasta la actualidad, en gran medida, con las veleidades que articulan la esencia de lo gótico

Sin embargo, esta vez no se trata de un strigoi de algún castillo misterioso de Rumanía. Esta vez tenemos una vampiresa de un lugar tan distante de la europa del este como es el país andino. Lo que uno se puede preguntar es, ¿Vampiros en Perú? ¿Cómo es esto posible?. Vayamos pues a conocer su historia:

Según la tradición, esta mujer inglesa fallecida y sepultada el 9 de junio de 1913 en la ciudad costera de Pisco, habría sido acusada de vampirismo debido a su inclinación por las prácticas rabdomantes, ocultistas y esotéricas. Otra versión en 1893 fue acusada de vampirismo y brujería, luego asesinada por sus propios vecinos y prometió regresar de la muerte luego de cien años para vengarse. Una última versión, quizá la más enigmática , afirma que fue el mismísimo Drácula quien la sedujo, convirtiéndola en su amante vampira.

Por supuesto y dada las características propias de una historia gótica de vampiros, la historia no acaba aquí. Según se dice, Sarah no pudo descansar en suelo brítanico (No querían emitir el certificado de defunción para ella) por lo que su marido Roberts viajó a la localidad de Pisco (Perú) para darle cristiana sepultura.

La tradición habla acerca de extrañas desapariciones y muertes en extrañas circunstancias ya durante la travesía en barco hacía el país andino. La idea de que aquella mujer podía maldecir a cuantos se acercaran a su ataud se extendió e, incluso, las propias autoridades de la región se aprovecharon de dicha situación. Por ejemplo, la dictadura de Alberto Fujimori utilizó este mito como psicosocial, congregando a legiones de curiosos en su tumba la noche anunciada. Esto produciría decenas de reportajes televisivos y de prensa, de medios peruanos y extranjeros.

En 1993, la mayoría de los ciudadanos de Pisco vigilaron su tumba e incluso pusieron puestos de vigilancia en el interior de la necrópolis. Absolutamente todo el pueblo se concentró en la plaza, armados de crucifijos y agua bendita, para luchar contra la “Vampira” si ésta llegaba a salir de su tumba y así poder defenderse de su ira. Aparte de los ciudadanos, vinieron de otras provincias una gran aglomeración de chamanes y brujas que realizaron rituales para evitar que la mujer vampiro pudiese salir de su tumba, y en el caso de que ésta llegara a salir, no tuviera poder suficiente para maldecirlos con su mal.

Con el tiempo, la historia de Sarah Ellen había pasado a la tipica habladuría local hata que, en 2007, un terremoto en la localidad dejó la tumba de la «vampira» al descubierto. Este suceso detonó en un sinfín de historias sobre el personaje, pues la gente recordaba esa tradición de su retorno para vengarse. Incluso no faltaron aquellos que decían que su cadaver se encontraba en perfecto estado de conservación, o que la vampira había vuelto…

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María Díez Cobo, Rosa, «La vampira santificada: el mito peruano de Sarah Ellen», Entropía, 2020, 1(1), 193-204,

https://creepypasta.fandom.com/es/wiki/Sarah_Hellen

Vallejo Sameshima, Miguel Ángel, «El mito de la vampiresa Sarah Ellen en la obra de José Donayre: tres soportes góticos que fundan
un fantástico criollo peruano», TRADICIÓN, Segunda época 2019 N° 19 pp. 61-69.

El Manananggal. Mitología Filipina.

El Manananggal. Mitología Filipina.

El Manananggal. Mitología Filipina.

                                                                              imagen de : Jill Narciso

Una vez más y con la ayuda de Nuestras Fiestas y Misterios Del Mundo.   Os traemos la leyenda del Manananggal. Esperamos que la disfrutéis :
El Manananggal («autosegmentador») es un Aswang (espíritu maligno) filipino que separa su torso de su mitad inferior y luego emprende el vuelo durante la noche para comerse a sus víctimas. Se la describe como a una mujer mayor y hermosa.
El nombre de esta criatura se derivó de la palabra filipina » tanggal «, que significa «separar» debido a la capacidad del manananggal para separarse de la parte inferior del cuerpo.
Para alimentarse, la autosegmentadora elige un lugar aislado donde dejará la parte inferior del torso mientras caza de noche. Cuando se separa de la parte inferior del torso, adquiere la capacidad de volar. Luego parte en busca de casas donde residen mujeres embarazadas. Al elegir una víctima adecuada, Manananggal se posa en la casa e inserta su lengua por el techo. La lengua es larga, hueca y extremadamente flexible. Lo usa para perforar el útero de la mujer dormida y succionar el feto. En otras ocasiones, seduce a los hombres con su belleza y los atrae a un lugar privado antes de comérselos vivos. Suele comerse el interior, como el corazón, el estómago o el hígado.
Una manananggal también puede ser una hechicera que visita pueblos y barrios.
En algunas historias, los Wakwak y/o los Sigbin son mantenidos por ellos como mascotas o sirvientes.
La luz del sol es mortal para Manananggal cuando está en su forma monstruosa. Si sus dos mitades aún se separan con la llegada del amanecer, será destruida. Según la leyenda, para destruir a Manananggal, se debe buscar la parte inferior del torso que deja atrás durante sus cacerías nocturnas. Luego se debe colocar sal, ceniza y/o ajo sobre la carne expuesta, evitando que el monstruo se combine nuevamente y dejándolo vulnerable a la luz solar.
Se dice que pequeños recipientes de sal, ceniza y arroz crudo, y el olor a goma quemada disuaden a los manananggal de acercarse a la casa.
Otros vampiros filipinos:
Hay otras criaturas parecidas a vampiros en Filipinas: el Tagalog Mandurugo («chupa sangre») es una variedad del aswang que toma la forma de una chica atractiva durante el día, y desarrolla alas y un largo hueco, como un hilo/lengua por la noche. La lengua se usa para chupar la sangre de una víctima dormida. También usan su lengua alargada parecida a una probóscide para succionar los fetos de estas mujeres embarazadas. También prefieren comer vísceras (concretamente el corazón y el hígado) y la flema de los enfermos.

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