Las sirenas (parte 1)

Las sirenas (parte 1)

¿Os gusta la mitología relacionada con las sirenas? Estas leyendas sobre seres acuáticos no han desaparecido completamente de nuestro folclore.


En España, las leyendas sobre sirenas y hombres marinos han permanecido en el imaginario popular y pueden rastrarse hasta pleno siglo XX.

El mito de las sirenas es uno de los más antiguos dentro de la mitología universal. La primera vez que se hace referencia a estos seres es en la obra de Homero. La única descripción a que se hace mención con una meridiana claridad es que poseen extremidades de pájaro.

En los relatos más antiguos, la sirena aparece con rasgos que distan mucho de las tradiciones que nosotros conocemos. En nuestras leyendas aparecen con elementos que recuerdan más a las de un cetáceo que a las de un ave. La razón detrás de este cambio en el mito puede ser la fusión, y posterior absorción del mito de la sirena griega con el mito de la sirena celta.

En las zonas de tradición celta existían multitud de leyendas sobre sirenas, como las mermaids en la zona de Irlanda. Las tradiciones de los pueblos celtas, en especial del foco británico, se convirtieron en un foco de difusiones de esas otras sirenas por el occidente medieval.

Durante un largo tiempo, ambas tradiciones, mujer‑pez y mujer‑ave compartieron espacio en el imaginario popular. Es bien entrado el siglo XII cuando paulatinamente desaparece la tradición griega en favor del hada con cola de pez. Así puede constatarse en los primeros bestiarios medievales, donde ya se hace referencia a la figura que acabará por imponerse, la mujer pez. Tal es el caso del Liber Monstruorum, que habla así de las sirenas:

“Las sirenas son doncellas marinas que seducen a los navegantes con su espléndida figura y con la dulzura de su canto. Desde la cabeza hasta el ombligo tienen cuerpo femenino y son idénticas al género humano, pero tienen las colas escamosas de los peces, con las que siempre se mueven en las profundidades

Centrándonos en el caso de nuestro país, ya encontramos vestigios de la creencia en sirenas desde época precristiana. Por entonces ya circulaban leyendas sobre sirenas y su versión masculina, los tritones. Era célebre la historia de Lantarón, rey del mar, figura asociada por muchos como el Neptuno ibérico. Lantarón, según se creía, poseía figura humana con manos y pies unidos por membranas. Su piel era verde y negra, pudiendo adoptar tonalidades fosforescentes gracias a su poder sobrenatural.

Esta enigmática deidad permitía a los humanos casarse con una de sus súbditas, siempre y cuando el intrépido humano cumpliera un estudiado ritual. En primer lugar, debía capturar la sirena con la que quisiera casarse (procedimiento que en las leyendas figura como tarea casi imposible) y después, nada más capturarla, darle un beso. Tras el contacto, la sirena perdía sus características anatómicas y pasaba a ser una mujer humana. Para que el efecto fuera permanente, el humano debía esconder el espejo de nácar de la sirena, pues de lo contrario volvería a su antiguo ser.

Incluso existe el testimonio de unos descendientes de las sirenas en tierras de Galicia Torquemada, en su Jardín de flores curiosas en 1570 recoge una leyenda de un hombre marino (tritón) que secuestra a una mujer humana con la que tiene descendencia:

No quiero que pasemos adelante sin que sepáis una común opinión que se tiene en el reino de Galicia; y es que allí hay un linaje de hombres que llaman los marinos, los cuales se dice y afirma por cosa muy cierta, y ellos no lo niegan, que descienden de uno de estos tritones o pescados que decimos, antes se precian de ello. Y aunque se cuenta de diversas maneras, como cosa muy antigua, todas vienen a concluir en que, andando una muger ribera de la mar, entre una espessura de árboles, salió un hombre marino en tierra, y tomando la por fuerça, tuvo sus ayuntamientos libidinosos con ella, de los cuales quedó preñada, y este hombre o pescado se bolvió a la mar; y retornaba muchas vezes al mesmo lugar a buscar a esta muger, pero sintiendo que le ponían trampas para prendele, desapareció, quando la muger vino a parir, aunque la criatura era racional, no dexo de traer en sí señales por donde se entendió ser verdad lo que dezia que con el tritón le había succedido

Si damos crédito a las antiguas leyendas, los avistamientos de hombres marinos eran un fenómeno común por aquellos días, al igual que de sirenas. Eran tan despreocupados y curiosos que se acercaban a las embarcaciones humanas o se subían a ellas. En alguna ocasión los marineros llegan a prenderles, pero estos efectúan un fuerte grito de socorro para el que acuden cientos de seres:

Viéndose presos, dan unos gemidos dolorosos grandes y unas voces mal formadas y a la hora se oyen una infinidad de otros gritos y voces de la mesma manera, que atruenan y ensordecen los oídos que los están escuchando, pareciendo encima del agua tantas cabezas de tritones como si fuese algún grande ejército de muchas gentes, y así con esto como con el gran ruido que hacen comienzan a levantarse las ondas como si viniese alguna muy grande tempestad

Debemos añadir antes de proseguir con nuestro escrito, que las fuentes antiguas intentan prevenir a aquellos incautos que quieren toparse con las sirenas. En la vieja mitología no era una vendición el encuentro con estos seres, sino un peligro mortal que debía evitarse a toda costa:

 “Ante las sirenas, siempre huir. Y no por un posible sentimiento de repelencia que puedan suscitar, sino por todo lo contrario. Su atractivo es tan grande que es difícil sustraerse a su influjo. Por ello, nada más avistarlas, y antes de que sea demasiado tarde, hay que rechazarlas y escapar”.

Por último queremos dejar un breve espacio para hablar del mito de la sirena en España. En nuestras leyendas aparecen con elementos que recuerdan más a las de un cetáceo que a las de un ave, imponiéndose en el imaginario popular.

Según el mito peninsular hay dos clases de sirenas. Las primeras son hadas que nacieron de sirena o bien de la unión de un hada y un humano. Otras eran aquellas que, siendo humanas, se habían transformado en sirenas fruto de una maldición.

 

Leyenda de la mujer que se convirtió en sirena

Una joven muy linda, de cutis blanquísimo, prodigiosa esbeltez y cantarilla en extremo tenía irresistible afición a recorrer los acantilados o escarpes más peligrosos para pescar mariscos y también para satisfacer sin tasa su apasionada propensión a cantar escogidas arias.

Fue reprendida repetidas veces por su madre para evitarle una posible desgracia y para que moderase sus ininterrumpidas cantinelas. Pero la chica, haciendo oídos de mercader, nunca tomó en cuenta las amonestaciones maternales. Por el contrario, empecinada y presa de deleitación, la enmienda no llegaba, limitándose a recordarlas como si fuesen triviales bagatelas. Y burlona o inconsciente solía tatarear cancioncillas sobre los peñascos, embriagada de euforia.

Pero la madre, cansada y harta de tan tenaz desobediencia y avezamiento, le lanzó en un momento de arrebato la siguiente maldición:

—¡Así permita el Dios del ciclo que te vuelvas pez!

Convirtiéndose, en su inmediata escapada a los acantilados, en una bellísima mujer, pero con cola de pescado en vez de piernas

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