La caída de los dragones eternos

La caída de los dragones eternos

LA CAÍDA DE LOS DRAGONES ETERNOS

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Hoy en día, dragones y serpientes son asociados a bestias malévolas que hay que abatir. Al menos esas son las historias que nos han llegado, y que hemos recopilado en nuestra reciente publicación, “Dragones”. Ahora bien, cuando acudimos a los relatos más antiguos de la mitología, nos damos cuenta que, antes de su caída en desgracia, eran los dioses primigenios que un día gobernaron el mundo.

Las serpientes ocupan un lugar destacado en el gran árbol de las mitologías antiguas, y no son pocos los mitos que relacionan al ofidio como una gran fuerza o espíritu creador. Así, por ejemplo, encontramos en la mitología griega la historia de la serpiente Ofión[1] o en la mitología egipcia tenemos a Amduat, serpiente de la que se sirvió el dios Ra para crear el mundo[2]. No es casual que la serpiente aparezca como un símbolo primigenio. De hecho, la propia serpiente aparece como un ser místico que representa a la Madre Tierra[3], siendo esta última generalmente representada bajo formas femeninas[4].

La serpiente, hija de la tierra y las fuerzas primigenias, es presentada en el mito como una realidad previa al mundo de los humanos. Ella pertenece a una etapa anterior en que reinan los «antiguos dioses», cuyo poder está representado por las fuerzas incontroladas de la naturaleza. Por lo general es una segunda generación de dioses la que, por unas razones o por otras, acaba enemistándose con estos dioses servidores de la tierra. Tendríamos en este caso la historia del combate de Zeus y el gran gigante Tifón (cuyas extremidades inferiores eran serpientes). El primero se nos presenta como el líder de un grupo cada vez mayor de jóvenes dioses que pretende arrebatar la hegemonía de «los antiguos dioses». El segundo representa las fuerzas terribles e incontroladas de la naturaleza. Tifón es alto como una montaña, de fuerza inimaginable y su apariencia es caótica al ser él mismo hijo de la Madre Tierra (Gea).

Si nos fijamos en la historia del dragón, encontramos numerososas leyendas en las que el héroe abate a la criatura tras una feroz lucha. Según se relata, de la sangre de la bestia abatida crece un rosal o una arboleda de gran tamaño. El mito nos da la clave, pues el dragón no puede morir (o no del todo) dado que es un dios. Antaño fueron deidades que reinaron los cielos y la tierra. Eran hijos del caos y se regocijaban en el abismo, pero un día fueron vencidos por una nueva generación de dioses. Esos nuevos señores de la luz les desbancaron de  su poderoso trono y los defenestraron al abismo pero, un día, volveran a recuperar su poder….

Por último, os dejamos una pequeña leyenda de nuestra tierra de una mujer serpiente devoradora de hombres, la trocanta:

  La leyenda de la trocanta 

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Quizá la leyenda que explica los orígenes de La Encantada o Trocanta es la versión que habla de aquella preciosa mujer con poderes de hechicería a la que se habría echado de Granátula por miedo o por celos de su gran belleza. La razón de su expulsión es que desengañada del amor, hizo conjuros para seducir a los hombres, sobre todo a los casados, gozaba debilitando y rompiendo matrimonios y noviazgos. Fue tal el recelo que despertó entre las otras mujeres del pueblo, que la arrastraron y expulsaron fuera de Granátula. No contentas con ello, por temor a que pudiera regresar, decidieron encerrarla en una cueva de las afueras, en el denominado Cerrillo de los Rayos.

Aquellas gentes, con ayuda de otras hechiceras, la introdujeron en el interior de la cueva, sellando la entrada con grandes bloques de piedra.

Desde entonces, la cueva pasó a denominarse Cueva de La Encantada.

Pero…..la leyenda no quedó ahí ya que la hechicera intentó salir utilizando toda suerte de magias y conjuros. Con ellos logró atraer a insectos y diversos animales hasta la gruta con la intención de que retiraran los obstáculos de la entrada y poder así escapar.

La maldición a la que fue sometida aseguraría a las mujeres de Granátula que sus maridos o novios no se fijasen en ella, pues de hacerlo de inmediato se convertía en uno de los animales más horribles y rastreros de la faz de la tierra, una bicha o culebra o también un lagarto.

El hechizo sería eterno excepto la noche del solsticio de verano, para nosotros la noche de San Juan. Esa noche corta, aquel animal inmundo podría salir de su cueva transformado en la más bella mujer jamás imaginada y podría atraer a cualquier persona, especialmente hombres, seduciéndolos hasta introducirlos en su cueva. Allí, la bella doncella, convertida de nuevo en bicha o culebra, devoraría o llevaría a su mundo a su presa de la que no volvería a saberse nunca nada más[1].

[1] https://mitosysupersticionesmanchegas.blogspot.com/2016/12/leyenda-de-la-trocanta-de-granatula.html (visitado el 01/07/2021).

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BIBLIOGRAFIA

[1] FERNÁNDEZ RUBIO, «El impacto de las serpientes…», p. 79.

[2] FERNÁNDEZ RUBIO, «El impacto de las serpientes…», p. 78.

[3] Siempre se ha asociado la imagen de la serpiente y la mujer. Véase cómo en la antigüedad se creía en diosas serpiente, como la diosa siria Kadesh o la diosa con serpientes de Cnosos. En algún caso he encontrado restos de esta creencia en nuestras tierras. En tierras del mar Cantábrico subsiste la idea de mitos asociados a la serpiente. Tal es el caso de las mouras, que identifican mujer y serpiente como un mismo ser.

[4] En la mitología griega la madre tierra recibía el nombre de Gea, mientras que en la mitología sumeria la tierra era representada por la diosa Tiamat.

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