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Etiqueta: mitología vasca

GIGANTES, todos los detalles de su «CIVILIZACIÓN» y LEYENDAS…

GIGANTES, todos los detalles de su «CIVILIZACIÓN» y LEYENDAS…

 

📣 ¡Los gigantes vuelven a caminar la Península!

Ya está en YouTube mi charla con Crónicas de Maestros sobre Gigantes. Tras las huellas del pueblo antiguo, el proyecto que rescata las leyendas colosales de Iberia. 🏔️📜

🔗 Dale play: youtu.be/YwEWHcv8xeY

En el episodio descubrirás:

  1. ¿Quiénes eran los Jentilak? —los canteros míticos que, según la tradición vasca, alzaron dólmenes y cromlechs antes de esconderse bajo tierra con la llegada del cristianismo. Wikipedia

  2. La diferencia entre los gigantes benévolos del norte —como Basajaun— y los cíclopes feroces tipo Tártalo.

  3. Cómo las crónicas medievales y la arqueología popular inspiraron nuestro libro ilustrado Gigantes, recién editado por Maldragón. universal-comics.com

  4. Rutas para visitar megalitos “de gigantes” en la Sierra de Guadarrama, los Pirineos y Galicia.

  5. Por qué la figura del gigante aún late en las fiestas populares ibéricas.

Si te apasiona el folclore peninsular, cuéntame tu leyenda favorita en comentarios. ¡Entre todos mantenemos viva la memoria de estos colosos! 👣

#GigantesIbéricos #Folclore #MitologíaVasca #PabloRuizOsuna #HistoriaOculta

 

Las lamias

Las lamias

Lamias

 

imagen de:Aneley Chan

En la mitología griega Lamia era originalmente una mujer hermosa, posiblemente hija del rey Belo, que se convirtió en amante de Zeus. Cuando Hera, la esposa del dios, descubrió la infidelidad, asesinó a los hijos de Lamia como venganza (o según otra versión, la enloqueció y empujó a matar ella misma a sus hijos) y la convirtió en un monstruo.1​ Lamia fue condenada a no poder cerrar sus ojos, de modo que estuviera siempre obsesionada con la imagen de sus hijos muertos. Zeus le otorgó el don de poder extraerse los ojos para así descansar, y volver a ponérselos luego. Lamia sentía envidia de las otras madres y devoraba a sus hijos. Tenía el cuerpo de una serpiente y los pechos y la cabeza de una mujer

Las lamias son, en la mitología vasca, entes de género femenino que vivían en cuevas o ríos. Los hombres se enamoraban de ellas y las lamias también de ellos. Según algunas leyendas, las lamias ayudaban a los agricultores en sus quehaceres, después de comer por las noches la comida que les dejaban. Pero no todo lo que hacían las lamias era positivo, secuestraban a los hombres y en otras ocasiones, si no estaban dispuestos a ayudarlas, les hacían el mal.

El concepto que la tradición actual conserva de estos genios no siempre es coincidente e, incluso, llega a ser contradictorio. Tanto el perfil antropomórfico como las actividades que se les atribuye aparecen distorsionados y dificultan la definición unitaria del personaje. Hay un cúmulo de actuaciones agresivas propias del mundo de las brujas, y que en determinados lugares se asocian también a las lamias. El gesto amable e inofensivo se convierte entonces en ceño hosco y talante dañino, extremos difícilmente compaginables entre sí

Los amuletos también pueden proteger de los ataques de las lamias, sobre todo las que contienen ruda y apio. Las leyendas de Ataun, Ondarroa, Mutriku o Deba, por ejemplo, dan cuenta de la eficacia de los amuletos. Cuando un hombre se acercó a dos lamias, una de ellas le dijo a la otra que atrapase al hombre, la otra le contestó que lo hiciese ella, que el hombre llevaba apio y ruda puestos por su madre.

Al gallo de marzo también se le pedía ayuda para protegerse de las lamias, según las leyendas de Abaurrea Baja y en Lekeitio, por ejemplo. En esa última localidad se cuentan las «Liñuen minak» (penas del lino): desde las doce de la noche hasta las dos de la madrugada no se podía pasar por delante de la cueva que hay en Okabixo, entre Lekeitio y Markina. Por una apuesta, un joven pasó por delante de la cueva y una lamia le agarró y lo llevo dentro, para comerlo. El hombre pidió que antes de ser sacrificado, le dejasen contar las «penas del lino»:

«Lehenego sorotik atera,
gero leortu,
gero trangatu,
gero sapindu makilakin edo buztarriakin,
gero zurezko trunkesekin trangatu,
gero txarrantxatu,
gero ardatzean jarri,
gero iruin,
gero astalkatu,
gero egosi,
gero errekan garbitu,
gero leortu,
gero arildu,
gero eio,
gero josi edo soineko bihurtu,
gero erabili,
gero hautsi,
gero…»

El hombre lo recitó muy despacio y la lamia, como tenía hambre, le dijo que fuese más rápido. Entonces cantó el gallo del caserío de al lado y la lamia tuvo que huir: «Ai Okabixoko oilar gorri martxoan jaioa! Nik afaltzeko eskutan neukan legatz aundia kendu didazu. Azari batek aterako al dizu ezkerreko begia!». (¡Ay gallo rojo de marzo (nacido en marzo) de Okabixo! Me has arrebatado la gran merluza que yo tenía en mis manos para cenar. Que un raposo te arranque el ojo izquierdo).

 

BIBLIOGRAFÍA

RUIZ OSUNA, PABLO REÑÉ QUILES, DAVID «Guía de los seres mitológicos españoles», 2021, editorial Círculo Rojo

MARÍA SATRÚSTEGUI, JOSÉ, Lamias y sirenas a través de la simbología

https://www.hiru.eus/es/cultura-vasca/lamia

EL MITO DEL GIGANTE EN ESPAÑA(Parte 1)

EL MITO DEL GIGANTE EN ESPAÑA(Parte 1)

EL MITO DEL GIGANTE EN ESPAÑA

Imagen de Rodolfo Gorrin

Nuestras lindes son ricas en historias y leyendas sobre los gigantes. Las tradiciones son numerosas y muy heterogéneas; se pueden diferenciar distintos tipos de gigantes.

Los mitos de gigantes en nuestro país gozan de una larga tradición. Ya las fuentes romanas atestiguan la creencia de un poderoso gigante en la zona de Gibraltar[1]. Este, con su fuerza, propiciaba el naufragio de las embarcaciones, lo que provocaba la muerte de los pobres incautos que caían en sus redes.

Posteriormente, queda atestiguada la creencia en los gigantes en nuestro país a través de una multitud de mitos que he podido recopilar. He procedido a dividirlos en dos grupos bien diferenciados. Un primer grupo guarda especial similitud con el mito griego del cíclope Polifemo. A esta clase de seres los he denominado «ciclópeos». Suelen presentar descripciones monstruosas: un solo ojo, varios brazos, pies redondos…

El segundo grupo englobaría una raza anterior de «súper‑humanos» con capacidades majestuosas, ya sea el uso de la magia, una tecnología superior, velocidad y fuerza descomunales, etc. A este último grupo lo he bautizado con el nombre de «Los antiguos constructores» para diferenciarlos del primer grupo.

 

 

 1-Los antiguos constructores, Los Mouros

 

En Galicia se cuentan historias de unos antiguos pobladores anteriores a los humanos llamados «mouros»[2]. No guardan relación alguna con ninguna tribu norteafricana[3], sino con una antigua raza de gigantes constructores anteriores al ser humano. Sus costumbres son distintas a las de los humanos, como lo son las de los animales de especies distintas. No son cristianos, sino que participan de un sistema de creencias asociadas al paganismo. Según se cuenta, guardan reposo durante el día y permanecen despiertos durante la noche[4].

Esta antigua raza dista mucho de las historias sobre gigantes del mundo helénico. Los mouros son una civilización en decadencia por su número, pero las pistas indican que, de haber existido alguna vez, fueron un pueblo avanzado e inmensamente rico. «Son dueños de los tesoros de Galicia, de fabulosas joyas y piedras preciosas, siendo de oro hasta los yugos de sus bueyes, las guarniciones de sus monturas y sus aperos de labranza»[5].

Imagen de: https://salik.biz/articles/69617-svidetelstva-o-russkom-velikane-i-neizvestnyi-geografii-ostrov-gde-zhivut-ispoliny.html

El mundo de los mouros es predominantemente subterráneo, aunque sus apariciones se hagan en la superficie. El mundo habitado por ellos es paralelo al de los humanos, y los puntos de encuentro son lugares muy marcados desde el punto de vista espacial: lugares con restos de construcciones, sitios «no naturales»[6].

Cualquier actividad que realizan es próspera, pues casi la práctica totalidad de sus herramientas, así como de sus productos, son de oro. Son capaces de encontrar los tesoros ocultos en la madre tierra y suelen custodiarlos en sus antiguas construcciones, los dólmenes y megalitos[7].

Su lista de capacidades o «poderes» resulta amplísima. En primer lugar, dominan por completo uno de los cuatro elementos. Pueden modelar a su voluntad el elemento tierra sin ninguna dificultad. No es extraño verlos cargando toneladas de piedra como si se tratara de un mero fardo de trigo de unos pocos gramos. El conocimiento de su elemento, la tierra, llega hasta tal punto que pueden hacer y desaparecer a su antojo entradas y salientes en la tierra en tan solo un instante. Le basta una sola palabra a modo de sortilegio para desarrollar esa magia ancestral[8].

También pueden volverse invisibles si lo desean para huir de la presencia de los humanos, de los que han aprendido a desconfiar. Su poder es tal que pueden cambiar a voluntad su forma física por la etérea en cualquier momento sin ninguna dificultad. Esta es la razón por la que el contacto con esta antigua raza (si existió alguna vez) resulta harto complicado.

 

 Lo que has leído es un pequeño extracto de nuestro libro «Guía de los seres mitológicos españoles». La segunda edición está en preventa aquí:https://es.ulule.com/2-edicion-guia-de-los-seres-mitologicos-espa-oles/

 

2-Gerión, ¿mito autóctono o propaganda griega?( Texto escrito por Elisa Rivero Bañuelos)

 

Como hemos visto, en España no estamos faltos de gigantes. Pero hay uno que se pierde en los anales del tiempo, en la obtusa protohistoria en la que los mitos y la realidad se confunden.

 

Gerión y Ortro. Ánfora de figuras negras datada en ca. 540 a. C., Biblioteca Nacional de Francia.

Hablamos de Gerión, el mítico rey tricéfalo. Es poco lo que sabemos sobre la historia de la Península Ibérica antes de la llegada de los romanos. Obviando por un momento lo que nos cuenta la arqueología, apenas hemos heredado un puñado de nombres y mitos de manos de los griegos.

Gerión, Habis y Argantonio son los tres antropónimos que nos vienen a la cabeza cuando pensamos en la civilización más antigua de nuestro territorio: Tartessos.

El concepto de Tartessos es a día de hoy aún confuso. Para no entrar en debates, diremos que Tartessos fue un pueblo que se desarrolló en el suroeste de la Península Ibérica entre los siglos VIII y IV a.C., asentado en la cuenca del Guadalquivir y extendido más tarde hacia el Guadiana. Su economía se basaba en la ganadería y la explotación minera de la serranía, cuyo excedente exportaban a través de la Fachada Atlántica primero y por el Mediterráneo después. Su desarrollo cultural y económico tan sobresaliente solo se pueden entender bajo el influjo de los pueblos con los que comerciaban y que fundaron sus emporios en las costas tartesias: principalmente los fenicios, aunque también los griegos.

Gerión, Habis y Argantonio representan efectivamente la evolución y consolidación de lo que los griegos entendían por civilización. Es por ello que debemos tomar estos mitos con cautela, interpretados siempre desde la óptica griega, pero sin negarles un poso de autenticidad indígena.

Según esta interpretación, Gerión simbolizaría la ganadería, Habis la agricultura y la urbanización, y Argantonio la minería y el comercio.

Una vez puestos en situación, nos centraremos en el gigante. La leyenda la recoge por primera vez Estesícoro (s. VI a.C.) en su poema Gerioneida. Dice que Gerión era hijo de Calírroe y Crísaor, nieto de medusa. Tenía tres cuerpos gigantescos con sus tres cabezas, seis brazos, seis piernas y alas. Gerión habitaba con sus bueyes en la isla Eritea, en las gadeiras. Su pastor Euritión y su

perro de dos cabezas Orto cuidaban la vacada. Arribó Heracles a las Gadeiras con su décimo trabajo. Para robar los bueyes, dio muerte a pastor y perro. Alguien alertó al dueño, que se dispuso a enfrentar a Heracles a pesar de los ruegos de su madre, Calírroe. Gerión argumentó que es mejor combatir con gloria que vivir con deshonor. Heracles se escondió y le atacó por sorpresa. Derribó el casco de una de las cabezas y la atravesó con una flecha. Finalmente, le dio muerte y se llevó los bueyes al continente. Escritos posteriores dicen que lo mató con una flecha emponzoñada con veneno de la hidra, o que de su sangre nació el drago de la facultad de Bellas Artes de Cádiz. Pausanias nos cuenta que Gerión tenía una hija, Eritea, que engendró con Hermes al héroe Nórax, fundador de Nora (Cerdeña).

 

La ascendencia de Gerión lo carga ya con el yugo del monstruo, de lo horrible, haciendo la hazaña de Heracles aún más heroica. No es por tanto invento de Roma el exagerar las filas enemigas al hacer recuento.

Como en otros tantos pasajes de la mitología griega, el occidente se nos presenta como un mundo peligroso cargado de riquezas: pingües bueyes, oro y riquezas sin parangón, manzanas doradas… siempre custodiadas por criaturas terroríficas. Algunos autores razonan que fueron los fenicios, primeros en explotar estas costas, quienes difundieron la leyenda negra para disuadir a la competencia. Los trabajos de Heracles serían por tanto publicidad para empujar a sus comerciantes y oikistés al mar, hacia un occidente ya limpio de monstruos.

Cuánto queda de la realidad y cuánto ha sido tergiversado en el mito, no podemos saberlo.

Bibliografía

[1] “Díaz Rodríguez, Enrique: «Mitos, cultos y leyendas (I). Aproximación a las creencias religiosas en la zona del Estrecho y otras aproximaciones», Aljaranda: Revista de Estudios Tarifeños 19 (1995): 9‑14, <https://dialnet.unirioja.es/buscar/documentos?querysDismax.DOCUMENTAL_TODO=Mitos%2C+cu ltos+y+leyendas+%28I%29.+Aproximación+a+las+creencias+religiosas+en+la+zona+del+estrecho+y+ot ras+aproximaciones>.

[2] «Os mouros galegos son considerados, na sociedade rural, os antigos poboadores do noso territorio, pero non os devanceiros. Nós somos oscristiáns, eles son os xentís. Nós somos a xente, eles son os mouros. Eles, a diferenza de nós, saen de noite e dormen de día, viven debaixo da terra, debaixo da auga, dentro de rochas, en covas e en casas e pazos baixo osouteiros, mentres nós vivimos na superficie. É un xeito de construí-la nosa identidade por alterida de, por oposición» VV. AA., Os mouros e as mouras: máxicos enigmáticos da mitoloxía popular, pág. 16.

[3] Este error es muy común. A pesar de los intentos de los folcloristas, aún se puede encontrar tamaña equivocación en trabajos especializados.

[4] «Os mouros galegos son considerados, na sociedade rural, os antigos poboadores do noso territorio, pero non os devanceiros. Nós somos oscristiáns, eles son os xentís. Nós somos a xente, eles son os mouros. Eles, a diferenza de nós, saen de noite e dormen de día, viven debaixo da terra, debaixo da auga, dentro de rochas, en covas e en casas e pazos baixo osouteiros, mentres nós vivimos na superficie. É un xeito de construí-la nosa identidade por alteridade, por oposición. O pobo tende a distancialos, poisAsentos dos Mouros (Castroverde) Burato dos Mouros (Pico Sacro) Casa dos Mouros (Candeán, Vigo) aínda que os dota de estruturas sociais, necesidades, crenzas relixiosas e preocupacións propias da humanidade actual, faino dende un punto de vista épico». VV. AA., Os mouros e as mouras: máxicos enigmáticos da mitoloxía popular, op. cit. pág 17.

 

[5] Pena Graña, Andrés: «Túmulos, mouros, enanos, gigantes, salvaje caza. La etnografía gallega vista como registro arqueológico no intervencionista», De Culturas, lenguas y tradiciones. II Simposio de Estudios Humanísticos, 2006, 229–46, <https://ruc.udc.es/dspace/handle/2183/12776>.

[6] Álvarez Vidaurre, Ester: «Leyendas, mitos y creencias populares: otras vías de aproximación al fenómeno megalítico», Cuardernos de Arqueología de la Universidad de Navarra 11 (2003): 91–108, <https://dialnet.unirioja.es/ejemplar/94115>, pág. 91-108.

[7] «Es creencia generalizada la de que los dólmenes, menhires y otras construcciones megalíticas esconden tesoros enterrados. Muchas veces se considera que son las riquezas de aquellos que los construyeron y habitaron (gigantes, gentiles, mouros, hadas, enanos…). Estos tesoros están en su mayor parte encantados, de manera que resulta imposible hacerse con ellos. Suelen estar guardados y protegidos por un hechizo, maldición, animales (gatos, liebres) o seres sobrenaturales (espectros, fantasmas). Las riquezas enterradas bajo estos monumentos adoptan diferentes formas según zonas». Álvarez Vidaurre, Ester: «Leyendas, mitos y creencias populares: otras vías de aproximación al fenómeno megalítico», op. cit. pág. 99.

[8] «No folclore galego é frecuente a referencia a mouros que entran ou semeten, ou abren a terra: “para min que iles aínda viven aquí subterráneamente solo qui lesteñen palabras que abren a terra e péchana». VV. AA.: «Os mouros: notas sobre a permanencia do mito no folclore», op. cit. pág. 43.

Remesal Rodríguez, José. 1979. Gerion, Habis, et, Arganthonios. Le peupleme protohistorique d’Andalousie.

Rodríguez Somolinos, Helena. 1989. “La» Gerioneida» de Estesícoro y la» Biblioteca» de Apolodoro”. Actas del VII Congreso Español de estudios clásicos. https://www.academia.edu/2012456/La_Gerioneida_de_Estes%C3%ADcoro_y_la_Biblioteca_de_Apolodoro

La diosa Mari

La diosa Mari

La diosa Mari

 

 

                                                                             imagen de canva.com

 

La diosa Mari es una de las deidades más poderosas del panteón ibérico. A Mari se la representa como la Madre de los elementos. Ella posee las llaves del sol, el viento, las aguas y la tierra. También es dueña de los saberes mágicos sobre los animales (generalmente de especies cinegéticas) y sobre la agricultura primitiva.

Muchos han defendido la posibilidad de que el culto a la Diosa Madre fuera tan seductor y potente que terminara absorbiendo a otros seres mitológicos y cultos[1]. De ese modo, algunos personajes de la mitología habrían perdido «su poder» para cederlo a la entronizada diosa de la tierra, Mari. La importancia de la Diosa Madre en los pueblos del norte de la península no ha pasado desapercibida para los investigadores, que han visto explicaciones culturales[2] y psicológicas[3] a este fenómeno. Ciertamente, la cantidad de referencias a elementos femeninos (sol y luna) como a la diosa evidencian una pervivencia de lo matriarcal.

No faltan referencias de Mari haciendo uso de sus facultades como señora de las tormentas y de los vientos. Se dice de ella que cuando la tormenta está en todo su fragor, aparece surcando los aires montada en siete machos cabríos o en caballos y que dirige los nubarrones entre relámpagos[1]. Tales poderes no deberían sorprendernos, el gran Zeus, señor del Olimpo de la mitología griega, era capaz de lanzar relámpagos. También poseía tales poderes el dios Thor de la mitología nórdica, y Yahvé, por su parte, era capaz de modificar el clima a su antojo, pues envió un diluvio que inundó la tierra.

 

LEYENDA DE MARI

Había una vez una niña muy pobre que trabajaba de pastora para una familia muy rica en los alrededores del monte Amboto. Había estado todo el día con el rebaño de ovejas por el monte y cuando se disponía a encerrar el rebaño se percató de que una le faltaba. La niña, preocupada por lo que su patrón le pudiera decir, decidió salir en busca de la oveja, y buscando y buscando se topó en el bosque con Mari. La niña, al verla, le preguntó:

―¿Has visto a la oveja que he perdido?

A lo que Mari le contestó que sí, que su oveja estaba en la cocina de su cueva, que si quería recuperarla debía acompañarla hasta su cueva, y la niña aceptó y se fue hasta la cueva con Mari. Una vez allí, Mari le enseñó su oveja y cuando la niña se disponía a cogerla para marchar esta le propuso un trato. Le dijo a la niña que si se quedaba con ella durante los próximos siete años en su cueva le daría bienes que le arreglarían la vida en forma de agradecimiento. La niña era muy pobre, no tenía familia y, por lo tanto, nada tenía que perder, por lo que aceptó quedarse en la cueva con Mari. Pasaron los años, Mari enseñó a la niña a cocinar, a esquilar las ovejas, a tejer la lana, a trabajar el barro y la madera y siempre se portó muy bien con ella… Habían pasado siete años ya y Mari recordó a la niña que si quería ya podía marcharse, ya había cumplido su parte del trato. La niña al principio pensó que para qué se iba a marchar si nada le faltaba allí, pero Mari le dijo que debía salir de la cueva para que ella pudiera cumplir con su parte del trato. Mari le dijo a la niña que debía salir de la cueva de la misma manera en la que había entrado. Cuando la niña se disponía a salir, Mari le dijo que cogiera unos trozos de carbón de la cocina y se los llevara con ella, le dijo que era su pago por haber cumplido con su parte del trato, la niña miró el carbón y, confundida, decepcionada y triste a la vez, salió de la cueva, de espaldas, caminando hacia atrás como Mari se lo había indicado…

Cuál fue la sorpresa de la niña cuando al salir de la cueva vio cómo el carbón se convertía en

¡oro macizo! Mari había cumplido con su promesa, le prometió que le daría una buena vida después de los siete años en la cueva con ella, la niña pudo comprar una buena casa con terreno para sembrar, pudo comprar un buen rebaño de ovejas y nunca más tuvo que trabajar para otros ni volvió a pasar hambre[1].

 

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BIBLIOGRAFÍA:

 

[1] Aguirre Castro, Mercedes y Alicia Esteban, op. cit., pág. 42.

[2] Barandiaran de, José Miguel: Mitología vasca, op. cit.

[3] «¿Cabe considerar a la diosa vasca Mari como antepasada totémica femenina de las tribus vascas? Cabe considerarla, en efecto, como antepasada mítica representante de la colectividad tribal interpretada femeninamente. En este sentido, cabe asimismo tenerla como máximo espíritu guardián, “Manitú” o ayudante-tótem, es decir, como la Maga o espíritu del bosque y de los animales, cuya fertilidad fecundidad simboliza bajo el totemismo último de la sierpe draconiana como dueña de las aguas y señora de la vida y de la muerte: es decir, como ánima-animal sagrado por excelencia, a cuyo través mágico se realiza la iniciación humana, o sea, la obtención de la vida, la confrontación con la muerte y la visión mistérica de la existencia a nivel tanto teórico (mítico) como práctico (y ritual)». Oses Ortiz, Andrés: «La diosa vasca en contexto antropológico», Kobie (Serie Etnográfica). Bilbao 1 (1984): 8–16, <www.bizkaia.eus/…/Kobie_1_Etnografia_«LA DIOSA VASCA EN SU>. (8)

[4] «La necesidad de causalidad nos hace intentar buscar una explicación a este predominio femenino, que nunca será casual y sí parece relacionado con la gran fijación materna que creemos ver en la psicología del vasco. Este ligar psicología y mitología ha sido objeto de numerosos trabajos a partir de los descubrimientos geniales de Freud, cuando buceó en la mente humana algo más allá de la consciencia. Partiendo de él han trabajado numerosos investigadores, Abrahán, Rank, Silverer, etc., entre los ortodoxos (psicoanalíticamente hablando) y C. G. Jung principalmente, con brillo propio». Lasa, J. J.: «El genio Mari y la madre terrible», Munibe 8, n.º 3 (n.d.): 214–21, <www.aranzadi.eus/fileadmin/docs/Munibe/1956214221.pdf.> (215). Continúa el mismo autor: «Respecto al arquetipo madre copiamos. “La madre es en absoluto una de las más poderosas imágenes heredadas”. Pienso que se puede interpretar en dicho sentido jungiano de madre terrible a esa Mari, Dama, Señora o maligna, genio de las montañas, cuevas, simas, que junto con el horno (Mari la del horno) son claros simbolismos no sólo femeninos, sino maternos. Barandiarán interpreta a Mari como un símbolo de la tierra, que a su vez no es en el fondo sino también madre (madre tierra)» Lasa, J. J.: «El genio Mari y la madre terrible», op. cit., pág. 216.

 

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