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Categoría: hadas

El lado oscuro de las hadas (parte 1)

El lado oscuro de las hadas (parte 1)

El lado oscuro de las hadas

Hasta la fecha, en este blog nos hemos centrado en el análisis de los atributos positivos de estas enigmáticas criaturas, pero rara vez hemos hecho mención al lado oscuro de estos personajes. Nos referimos a que, en los antiguos testimonios de encuentros con las hadas, encontramos referencias a prácticas antropófagas, rapto sexual, engaño, hipnosis, manipulación entre otros.

En ocasiones, el encuentro con el hada es absolutamente traumático para el contactado. Bien sea por el desasosiego que sufre con posterioridad o por que el hada decide retenerlo en sus dominios, lo cierto es que esa persona no vuelve a ser la misma.

Los protagonistas del rapto los encontramos entre toda la gama de personajes que pueblan la mitología: dioses olímpicos, divinidades menores, gigantes, ninfas, sátiros, centauros, héroes y mortales aunque algunas de ellas han alcanzado mayor popularidad y han sido objeto de múltiples representaciones iconográficas como el rapto de Europa o el rapto de Helena.

Es lógico pensar que este hecho del rapto, popularizado en la mitología, sea un reflejo de la situación real existente en las primitivas sociedades en las que la mujer o el muchacho joven, pues ambos son objeto del deseo según veremos, formaban parte del lote de la naturaleza de la que cualquier varón podía incautarse y las diferencias en los distintos casos estriban en los componentes
que acompañan a la acción como es la sorpresa, la astucia, la violencia, pasión, etc.

Un ejemplo de esto es el caso de Co. Wicklow cuando una niña desapareció durante tres días. Toda la comunidad la buscó por todas partes, buscando en los campos, zanjas y bosques, pero fue en vano. Cuando la niña finalmente reapareció, les contó a sus padres que había sido secuestrada por pequeños hombres de rojo. La niña logró superar su terrible experiencia, pero el lugar del secuestro fue registrado por los lugareños y conservado para asegurarse de que nadie más sufriera el mismo destino…

En nuestro libro Guía de lo seres mitológicos españoles  hemos recopilado un sinfín de relatos sobre encuentros peligrosos con las hadas… os invitamos a que descubráis que eran estos seres en realidad….

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Bibliografía

-Assela Alamillo EL RAPTO EN LA MITOLOGÍA CLÁSICA

-RUIZ OSUNA Pablo y REÑÉ QUILES, David «Guía de los seres mitológicos españoles»

La leyenda de la encantaria (leyenda 1)

La leyenda de la encantaria (leyenda 1)

La leyenda de la encantaria.

                                                                 imagen de : Tracy Marais

 

En la península ibérica existen infinidad de relatos de mujeres presas de una maldición.  Uno las puede rescatar si actúa con valor, humildad y entrega. En nuestro blog vamos a ir recopilando cada una de las historias y las daremos a conocer. Empezamos por esta antigua leyenda que se remonta al siglo XIX:

«Corre el año 1830. La aurora del 24 de junio. Una mujer, llamada María fue a lavar la ropa a la cieca. Era la alborada del día de San Ju mientras lavaba, descubrió que una hila de lana descendía por la cieca.  Comenzó a devanar, la lana era roja, siguió devanando … una figura etérea de rasgos indefinidos y vestiduras blancas contemplaba la escena. Conforme iba devanando, la mujer, los rasgos adquirían mayor claridad … ese rostro estaba completamente señala- do; no eran sólo los perfiles, era el rostro de una muchacha joven, pálida y con los ojos brillantes; su nariz era pequeña y graciosa; en sus labios empezaba a dibujar una sonrisa … sólo las manos faltaban por adquirir la perfección de las formas … En aquel momento, María, cansada de devanar y teniendo un ovillo muy grande cortó la hila … la figura esbelta de la muchacha, en pie sobre un saliente de la roca, a muy poca distancia de la lavandera, lanzó un grito desgarrador, su figura comenzó a diluirse; pero de sus labios brotaron estas palabras: ¡Desdichada de mí, me has encantado para otros trescientos años! Rápidamente la figura desapareció…[1]

 

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Bibliografía

[1] SELVA INIESTA, Antonio “La Encantada de La Camareta.Antología e Interpretación.(Révisión Del Tema),” ob cit pp. 481

2 RUIZ OSUNA Pablo y REÑÉ QUILES, David «Guía de los seres mitológicos españoles»

La leyenda de las xanas (parte 1)

La leyenda de las xanas (parte 1)

 LAS XANAS

 

imagen de terre-spirituelle.com

Sobre las xanas existe una tradición que se repite en muchas leyendas. Al igual que pasa con otras hadas de nuestra geografía, en ocasiones la xana está embrujada. La prueba en este caso es muy distinta, pues no se premia tanto la humildad como la entrega y el valor.

La leyenda es reiterativa. Un hombre que camina por el bosque va a parar a un arroyo cerca de una cueva[1]. Le aparece un ser femenino de inmensa belleza que se dirige a él. Le pide que la libere de su hechizo y que a cambio lo colmará de riquezas y se casará con él. El joven apuesto, confiado, acepta el reto, pues confía en sus propias fuerzas para rescatar a esa bella doncella.

Pero no es contra ningún enemigo contra el que debe luchar el apuesto joven, sino contra él mismo. Debe vencer el miedo insuperable que encontrará al hacer frente a la prueba de la Xana. La prueba con pequeñas variantes es la que sigue:

Entonces el hada se transforma en bicho y empieza a enroscarse lentamente en el cuerpo de su interlocutor, anillándolo de pies a cabeza. Si el héroe aguanta y no se descompone ni siquiera al percibir el aliento del animal en sus pestañas, este recula sin apresurarse, regresa a la roca, se instala nuevamente en su apariencia de espíritu femenino, llena el cesto del vaqueiro con objetos sutiles o invisibles y le conmina a llevarlo hasta su casa sin bajar la vista. Desenlace más que evidente: se descubre oro a raudales en el cuévano de quien supo obedecer[2].

una serie de veces en la frente. Si consigue resistir el miedo y cumplir con este extraño ritual, la mujer queda desencantada y se casará con él.

El problema radica en que con cada beso la serpiente crece de tamaño. El joven, que quiere desencantar a la bella hada, termina sucumbiendo al miedo y huye a toda prisa. Los que consiguen pasar la prueba pueden desposarse con el hada, aunque el matrimonio con las hadas tiene algunos inconvenientes, como veremos más adelante…

 

 

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BIBLIOGRAFÍA

 

[1] A diferencia de las anjanas cántabras, las xanas suelen mostrarse en lugares acuáticos, mientras que la anjana suele vivir en la espesura del bosque.

 

[2] Callejo, Jesús, op. cit. pág. 134.

Ruiz Osuna, Pablo y Reñé Quilés, David «Guía de los seres mitológicos españoles» Ed. círculo rojo 2020 pp. 60-62

 

Las hadas(parte 1)

Las hadas(parte 1)

imagen de canva.com

En cuanto a las aptitudes que tienen las hadas, estarían las dotes adivinatorias. Esta información la he conocido por dos métodos distintos. Una primera es la de las diferentes opiniones de los autores que han estudiado el tema con detenimiento. Una segunda nos la ofrece la simbología oculta que existe en los relatos que he podido recopilar.
Empezando por sus costumbres, hay que señalar que son harto distintas a las de los humanos. Rara vez comen, pero si lo hacen, parece que son capaces de alimentarse de productos cuyo consumo no hartaría ni siquiera a nuestros infantes. Dicho de otro modo, parece bastarles con el consumo de productos que per se no tienen los valores nutricionales que requiere un ser humano. Cuando no se alimentan de las flores o de su néctar, llegan a comer de algún nutriente humano, sin que entre estos se encuentren la carne o el pescado.
Su religión recuerda a una forma peculiar de animismo. Piensan que todo lo que existe es digno de protección, pues creen que tiene su propia energía vital. Asumen que hay una energía superior, una especie de deidad etérea, que ellos relacionan con el espíritu supremo representado en diferentes figuras en función del medio que ocupen.
Parece que dos de sus mayores pasatiempos son la danza y la música. Su resistencia antinatural les permite bailar sin cesar durante horas, por lo que si un humano participa de esta danza mágica puede morir de puro agotamiento

La mayor parte de los testimonios hablan de mujeres menudas y hermosas, de piel extremadamente fina y pálida. Suelen llevar los cabellos sueltos e ir ataviadas con amplias y largas túnicas de colores claros y, en ocasiones, con mantos de color.

Imagen de canva.com

 

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Las anjanas (parte1)

Las anjanas (parte1)

                                                     Las anjanas 

 

Como espíritus elementales de la naturaleza que son, comprenden todos los secretos de las poderosas fuerzas de la naturaleza.

Ya advertimos que en el Bierzo habitaban bicéfalas aves fantásticas emparentadas con los unicornios resistentes a todos los veneros y ondinas, modalidad autóctona de las anjanas de hermosos cabellos, muchachas que gustaban salir de fiesta la noche de San Juan para peinarse con peines de oro a la vera de fuentes y ríos. La anjana montañesa es un ser bondadoso por naturaleza, protegiendo a los enamorados y a quienes se extravían en el bosque, mujeres hermosas efectivas, apaciguan a las bestias y curan a los animales heridos. También se dice que son espíritus arbóreos que tienen encargado el cuidado de los bosques, se alimentan de sus frutos y viven en grutas secretas repletas de oro y plata (José L. Hernando, Mitos de Catilla y León, 2004).

Un ejemplo de estas hadas bondadosas lo encontramos en las tierras de Cantabria, donde estas historias son muy comunes y reciben el nombre de anjanas. «Su descripción es parecida a todas sus hermanas peninsulares. La mayor parte de los testimonios hablan de mujeres menudas y hermosas, de piel extremadamente fina y pálida, que suelen llevar los cabellos sueltos e ir ataviadas con amplias y largas túnicas de colores claros y, en ocasiones, con mantos de color»[1].

Su belleza no tiene parangón, siendo más bellas que los mismos rayos de sol. No hay producto de orfebrería que pueda siquiera acercarse a la belleza de sus atuendos. Lo mismo ocurre con sus capacidades mágicas, pues son capaces de grandes sortilegios y poderosos prodigios. Suelen aparecer portando un misterioso báculo con el que son capaces de obrar milagros que a nuestros ojos son auténticas maravillas:

Como espíritus elementales de la naturaleza que son, comprenden todos los secretos de las poderosas fuerzas de la naturaleza. Conversan con las fuentes y las aguas, que a su sola presencia se agitan y revuelven, al tiempo que aumenta el soplo del viento. Luego se sientan tranquilamente a descansar a la orilla de los arroyos, para retornar a media mañana a su mundo. Pero antes realizan una serie de trabajos benefactores, como limpiar las fuentes, bendecir los rebaños de los pastores, acariciar y reparar los árboles dañados, enfermos o viejos, limpiando sus grietas o eliminando los daños de algún incendio, en los robles, abedules y castaños[2].

 

 

 

Elisa Rivero ha escrito una pequeña historia sobre las anjanas y la traemos a nuestro blog. Esperamos que la disfrutéis y os paséis por su blog 

 

Amia suspiró, sentada en el poyo de su casa montañesa. En el valle, ya nadie recordaba a las hadas. La magia había quedado relegada a comentarios ocasionales sobre las brujas de Cernégula. ¡Si ellos supieran lo que se cocía en esa vieja charca…! Los vencejos colmaban el aire tibio con sus agudos silbidos mientras el sol se escondía tras la loma. Olía a espliego y a río.

—Mamá, nos vamos a la fiesta de San Juan de Escalada. Acuérdate de dar de cenar a Lara —se despidió su hija, desde la puerta del coche. Amia asintió.

La pequeña Lara, su nieta de seis años, la miraba desde el suelo, donde jugaba con un cocodrilo de plástico.

—¡Yo quería ver las hogueras! —se quejó, haciendo un mohín. Sus enormes ojos verdes reflejaban curiosidad.

Algo se encendió dentro del corazón de Amia. Se había prometido; no, había prometido a su marido que el tiempo de las hadas había terminado, pero, ¿por qué? Lara tenía derecho a conocer sus raíces, su pasado. Instintivamente, se llevó la mano al pecho y palpó la piedra que pendía bajo la blusa. Era la noche indicada.

—Vamos a ver algo mucho mejor, pajarito.

Se incorporó trabajosamente y asió la pequeña mano que le tendía la niña. Dejando la puerta verde abierta, como era costumbre antaño y aún se hacía en su casa, se alejaron bajando la calle. Lara parloteaba alegremente, contándole la infinidad de animalitos que había visto y pescado aquella mañana en el río. Se cruzaron con varios vecinos: algunos volvían del bar; otros, se dirigían, como su familia, a la fiesta de Escalada. “San Juan” murmuró con sorna la anciana.

En la ribera gorjeaban los mitos, ocultos entre las hojas de los álamos. La brisa que descendía de los cortados rocosos agitaba suavemente sus copas, que parecían pintar de rosa y azul el lienzo del cielo estival. Cruzaron un puente para dejar atrás el río y seguir un sendero que acompañaba al arroyo cantarín hasta su nacimiento. El día más largo del año se apagaba poco a poco, y los ojos de Amia tardaban en acostumbrarse a la penumbra. Aceleró el paso, teniendo cuidado de no tropezarse con el grijo del camino. Pasaron junto a una cueva, cuya boca se abría tímidamente en la roca caliza de la montaña.

—¡Hooooola señor ooooosoooo! —saludó a la cueva la niña, entre divertida e intimidada. A lo lejos reverberó la llamada de amor del cárabo y Lara respingó.

Las chicharras zumbaban, apremiándolas. Había que apresurarse.

Por fin, atravesaron unos sauces y el lago se abrió ante ellas como si su superficie estuviera tallada en esmeralda: verde, profundo. Se aproximaron a la orilla y Amia se sentó en una roca para descalzarse. La niña la imitó. Los últimos rayos de sol se escaparon del firmamento y Venus brilló con intensidad, reflejando su luz en el fondo del lago, allí donde se abría la gruta subacuática. Entonces la anciana avanzó unos pasos en la orilla, extrajo con delicadeza la piedra que pendía de su cuello y la sumergió en las aguas cristalinas. De repente, la superficie del lago, hasta entonces lisa como un espejo, tembló. Las ondas se expandieron desde el centro hacia las orillas lamiendo las paredes de piedra y las piernas de las espectadoras. Algo, alguien, emergía desde el fondo, sus ojos titilando como estrellas. Amia tomó a la niña de la mano y juntas avanzaron por el agua helada.

—Ya llega la anjana, pequeña. Vamos a hacer un viaje muy, muy largo.

Sumergieron la cara en el espejo del lago y su mirada se topó con la de aquel ser de las profundidades, que las llamaba desde la gruta kilométrica que se abría bajo el agua. Y, de pronto, lo estaban siguiendo. Pero no fue un pasadizo estrecho y oscuro lo que encontraron, sino que una fuerte luz mostró un mar somero y tranquilo que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Admiraban el paisaje desde muy arriba, como si flotaran. Bajo las olas, que se agitaban a ritmo vertiginoso, transitaban seres colosales. La cuenca se fue colmatando de sedimento paulatinamente, hasta que el mar se secó y la tierra se llenó de plantas y extraños animales. Luego, el agua volvió a cubrirlo todo y, una vez más, se retiró para dar paso a una estepa inmensa. El aire se tiñó de azufre y cenizas y la tierra se plegaba, ascendía y se contorsionaba como el rabo de una lagartija. Pequeños cursos de agua se fueron abriendo paso en el sedimento depositado, excavando canales cada vez más profundos y dejando a la vista los pétreos recuerdos de los animales y plantas que, segundos antes, buceaban por el mar o dejaban sus reptilianas huellas sobre el fango. Un borbotón de agua pura surgió donde más tarde —¿o antes? — se abriría el lago, y su luz brilló por primera vez. Había nacido el hada de la fuente.

El río esculpía con ahínco la piedra caliza y las criaturas recorrían sus riberas: uros, bisontes, tigres de afilados colmillos y osos pantagruélicos. También llegaron las primeras personas, y se adentraron en las cuevas. Gentes distintas arribaron después y domaron la tierra. Todos llevaban ofrendas a la anjana y a otros dioses ya olvidados que, por entonces, sobrevolaban las escarpadas cumbres o habitaban en los riscos.

Amia notó cómo la pequeña apretaba su mano y descubrió en sus ojos la emoción, la intriga que una vez ella también sintió cuando su madre la llevó en aquel viaje sin retorno.

Volvió a centrar su atención en el páramo, por donde circulaban hordas de hombres uniformados que trataban de doblegar aquella tierra áspera y a sus habitantes. Algunas estrellas se apagaron. Los pueblos y las guerras se sucedieron y el paisaje cambiaba a ritmo vertiginoso según las gentes lo mutilaban y parcelaban. En las cimas, donde antes brillaban orgullosos los árboles sagrados, se erigieron templos yermos. La anjana se escondía sola, olvidada en el fondo de su gruta: pocos eran ya los que la visitaban, pues corrían el riesgo de enfrentarse a la hoguera. Pero siempre hubo mujeres que volvían a su lago. Amia reconoció a su abuela y, después, a su madre. Se vio a sí misma acudiendo por primera vez a aquel santuario y se estremeció de alegría. Pero ya sólo quedaba ella. Ella y, ahora, Lara.

Parpadeó y se encontró de nuevo en el lago, sus pies helados por el contacto del agua. La noche había devorado el pequeño valle y el silencio se señoreaba a su alrededor, apenas roto por el lejano croar de las ranas.

—¿Qué ha sido eso, yaya? —murmuró la vocecita a su lado.

<<Tu origen, tu pasado y tu futuro>>. Quiso decirle Amia. El destino de su nieta se había vinculado para siempre a ese valle, impidiéndole alejarse de sus raíces sin sentirse vacía, desolada. A cambio, conocería la magia.

—Un hada buena, pajarito —respondió, colocando el colgante entre los dedos de la niña—. Tu hada.

 

BIBLIOGRAFÍA

[1] Cano Herrera, Mercedes: Entre anjanas y duendes. Mitología tradicional ibérica, 1.a Ed. (Valladolid: Castilla ediciones, 2007), pág. 23.

 

[2] Callejo, Jesús, Hadas. ed Edaf 2012 pág. 119.

 

La diosa Mari

La diosa Mari

La diosa Mari

 

 

                                                                             imagen de canva.com

 

La diosa Mari es una de las deidades más poderosas del panteón ibérico. A Mari se la representa como la Madre de los elementos. Ella posee las llaves del sol, el viento, las aguas y la tierra. También es dueña de los saberes mágicos sobre los animales (generalmente de especies cinegéticas) y sobre la agricultura primitiva.

Muchos han defendido la posibilidad de que el culto a la Diosa Madre fuera tan seductor y potente que terminara absorbiendo a otros seres mitológicos y cultos[1]. De ese modo, algunos personajes de la mitología habrían perdido «su poder» para cederlo a la entronizada diosa de la tierra, Mari. La importancia de la Diosa Madre en los pueblos del norte de la península no ha pasado desapercibida para los investigadores, que han visto explicaciones culturales[2] y psicológicas[3] a este fenómeno. Ciertamente, la cantidad de referencias a elementos femeninos (sol y luna) como a la diosa evidencian una pervivencia de lo matriarcal.

No faltan referencias de Mari haciendo uso de sus facultades como señora de las tormentas y de los vientos. Se dice de ella que cuando la tormenta está en todo su fragor, aparece surcando los aires montada en siete machos cabríos o en caballos y que dirige los nubarrones entre relámpagos[1]. Tales poderes no deberían sorprendernos, el gran Zeus, señor del Olimpo de la mitología griega, era capaz de lanzar relámpagos. También poseía tales poderes el dios Thor de la mitología nórdica, y Yahvé, por su parte, era capaz de modificar el clima a su antojo, pues envió un diluvio que inundó la tierra.

 

LEYENDA DE MARI

Había una vez una niña muy pobre que trabajaba de pastora para una familia muy rica en los alrededores del monte Amboto. Había estado todo el día con el rebaño de ovejas por el monte y cuando se disponía a encerrar el rebaño se percató de que una le faltaba. La niña, preocupada por lo que su patrón le pudiera decir, decidió salir en busca de la oveja, y buscando y buscando se topó en el bosque con Mari. La niña, al verla, le preguntó:

―¿Has visto a la oveja que he perdido?

A lo que Mari le contestó que sí, que su oveja estaba en la cocina de su cueva, que si quería recuperarla debía acompañarla hasta su cueva, y la niña aceptó y se fue hasta la cueva con Mari. Una vez allí, Mari le enseñó su oveja y cuando la niña se disponía a cogerla para marchar esta le propuso un trato. Le dijo a la niña que si se quedaba con ella durante los próximos siete años en su cueva le daría bienes que le arreglarían la vida en forma de agradecimiento. La niña era muy pobre, no tenía familia y, por lo tanto, nada tenía que perder, por lo que aceptó quedarse en la cueva con Mari. Pasaron los años, Mari enseñó a la niña a cocinar, a esquilar las ovejas, a tejer la lana, a trabajar el barro y la madera y siempre se portó muy bien con ella… Habían pasado siete años ya y Mari recordó a la niña que si quería ya podía marcharse, ya había cumplido su parte del trato. La niña al principio pensó que para qué se iba a marchar si nada le faltaba allí, pero Mari le dijo que debía salir de la cueva para que ella pudiera cumplir con su parte del trato. Mari le dijo a la niña que debía salir de la cueva de la misma manera en la que había entrado. Cuando la niña se disponía a salir, Mari le dijo que cogiera unos trozos de carbón de la cocina y se los llevara con ella, le dijo que era su pago por haber cumplido con su parte del trato, la niña miró el carbón y, confundida, decepcionada y triste a la vez, salió de la cueva, de espaldas, caminando hacia atrás como Mari se lo había indicado…

Cuál fue la sorpresa de la niña cuando al salir de la cueva vio cómo el carbón se convertía en

¡oro macizo! Mari había cumplido con su promesa, le prometió que le daría una buena vida después de los siete años en la cueva con ella, la niña pudo comprar una buena casa con terreno para sembrar, pudo comprar un buen rebaño de ovejas y nunca más tuvo que trabajar para otros ni volvió a pasar hambre[1].

 

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BIBLIOGRAFÍA:

 

[1] Aguirre Castro, Mercedes y Alicia Esteban, op. cit., pág. 42.

[2] Barandiaran de, José Miguel: Mitología vasca, op. cit.

[3] «¿Cabe considerar a la diosa vasca Mari como antepasada totémica femenina de las tribus vascas? Cabe considerarla, en efecto, como antepasada mítica representante de la colectividad tribal interpretada femeninamente. En este sentido, cabe asimismo tenerla como máximo espíritu guardián, “Manitú” o ayudante-tótem, es decir, como la Maga o espíritu del bosque y de los animales, cuya fertilidad fecundidad simboliza bajo el totemismo último de la sierpe draconiana como dueña de las aguas y señora de la vida y de la muerte: es decir, como ánima-animal sagrado por excelencia, a cuyo través mágico se realiza la iniciación humana, o sea, la obtención de la vida, la confrontación con la muerte y la visión mistérica de la existencia a nivel tanto teórico (mítico) como práctico (y ritual)». Oses Ortiz, Andrés: «La diosa vasca en contexto antropológico», Kobie (Serie Etnográfica). Bilbao 1 (1984): 8–16, <www.bizkaia.eus/…/Kobie_1_Etnografia_«LA DIOSA VASCA EN SU>. (8)

[4] «La necesidad de causalidad nos hace intentar buscar una explicación a este predominio femenino, que nunca será casual y sí parece relacionado con la gran fijación materna que creemos ver en la psicología del vasco. Este ligar psicología y mitología ha sido objeto de numerosos trabajos a partir de los descubrimientos geniales de Freud, cuando buceó en la mente humana algo más allá de la consciencia. Partiendo de él han trabajado numerosos investigadores, Abrahán, Rank, Silverer, etc., entre los ortodoxos (psicoanalíticamente hablando) y C. G. Jung principalmente, con brillo propio». Lasa, J. J.: «El genio Mari y la madre terrible», Munibe 8, n.º 3 (n.d.): 214–21, <www.aranzadi.eus/fileadmin/docs/Munibe/1956214221.pdf.> (215). Continúa el mismo autor: «Respecto al arquetipo madre copiamos. “La madre es en absoluto una de las más poderosas imágenes heredadas”. Pienso que se puede interpretar en dicho sentido jungiano de madre terrible a esa Mari, Dama, Señora o maligna, genio de las montañas, cuevas, simas, que junto con el horno (Mari la del horno) son claros simbolismos no sólo femeninos, sino maternos. Barandiarán interpreta a Mari como un símbolo de la tierra, que a su vez no es en el fondo sino también madre (madre tierra)» Lasa, J. J.: «El genio Mari y la madre terrible», op. cit., pág. 216.

 

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