La verdadera historia de la caza de brujas en Europa

La verdadera historia de la caza de brujas en Europa

La verdadera historia de la caza de brujas en Europa

 

Hola a todxs, espero que estéis muy bien. Hoy en este vídeo voy a contaros todo acerca del fenómeno de la caza de Brujas en Europa. Primero voy con esta parte y luego quiero hacer otro vídeo también de la caza de brujas en Salem que tampoco tiene desperdicio y cuya historia me marcó ya que la estudié hace años en la universidad y es algo que llama también la atención y que alguna gente desconoce. Con el paso de los años he ido investigando y también viendo el trabajo elaborado por personas que se dedican a la investigación de este tema de la historia de la brujería y me parecía interesante traerlo en un vídeo. Me parece un tema extenso y me da miedo resumirlo en este vídeo pero voy a hacerlo lo mejor que pueda para que quede lo más claro posible.

Primero de todo habría que separar a la brujería de la hechicería. La palabra hechicería se sirve de la magia que se realiza con la intención de cambiar la realidad y se puede diferenciar entre la baja magia, es decir la magia que practicaban la gente de manera intuitiva, de la alta magia que era la que se llevaba a cabo con grimorios, astrología, y de una manera más ceremonial. Así que recordemos que la hechicería hace uso de la magia, pero la brujería surge después y lo hace a través de la caza de brujas. La palabra brujería sirve para designar un CRIMEN, es la demonización de algunas prácticas folclóricas que se llevaban a cabo en las comunidades rurales.

Por tanto, la hechicería y magia son fenómenos que se han dado desde siempre en la historia del ser humano, pero la caza de brujas es un suceso que se dio desde el siglo XV hasta mediados del siglo XVIII en Europa. Como se suele creer, no es cierto que durante el periodo medieval fue cuando se dio todo este desastre sino que durante este periodo, la brujería apenas suponía una preocupación para la jerarquía eclesiástica, de hecho, se trataba de un tema en el que no creían, simplemente lo consideraban como supercherías e idioteces de la gente cateta del pueblo y que era una ilusión provocada por los demonios al practicante de magia. Por lo tanto, en este periodo el concepto de magia cambia y las diferentes culturas europeas se van adaptando al cristianismo y las creencias y prácticas antiguas se van adaptando a la nueva religión, así que aquí tenemos un coctel de muchas tradiciones diferentes antiguas que se encuentran con una cosmovisión cristiana.

Por mucho que la gente se adaptara a la nueva religión y se dejara la creencia en otros dioses la gente seguía con sus practicas habituales y esto se fue manteniendo a lo largo del tiempo, además que no fue un cambio drástico, sino algo que perduró mucho en el tiempo. Una prueba de esto es vemos hay muchas festividades que hoy en día se siguen haciendo y que reflejan en sustrato de estas creencias que eran paganas pero a través de esta creencia en la nueva religión se fueron enmascarando bajo el cristianismo.

La gente que vivía en áreas rurales creía en las brujas como un ente, era una entidad que atacaba durante el sueño, que se comía a los niños, o bien que destruía las cosechas a través de las tormentas, era una entidad contra la cual debían protegerse. En ciertas zonas como en Italia se hablaba de los Benandanti que eran personas que a través del viaje en éxtasis mediante ciertas prácticas chamánicas hacia el otro lado, donde podía luchar contra las brujas y podía obtener sabiduría y conocimiento para la comunidad. Así como en otros lugares del continente lo hacían los licántropos de Livonia, los Taltosok húngaros, los kresniks balcánicos o los mazzeri de corsica que tenían esta labor de luchar contra las brujas entendidas como una entidad en el folklore Europeo antes de que el cristianismo lo deformara todo. También en el Canon Episcopi se decía que había tales mujeres que creían y profesaban que por las noches iban con el cortejo de Diana. Otros la llamaban Herodias, otros Perchta, otros Hécate…. Todas estas reminiscencias remitían a lo mismo, a la misma figura y a un mismo fin.

Así que a raíz de distintos factores relacionados con el desarrollo de la demonología, el surgimiento de tratados de algunos teólogos como el Malleus Malleficarum entre otros y debido a temas socio-políticos también, sumado con que la iglesia consolidaba su poder autoritario, la concepción de la brujería se convirtió en un problema que dio ligar a una actitud persecutoria. Todo eso se sumó con el surgimiento de grupos étnicos minoritarios como los cátaros, judíos, los herejes y gente que socialmente estaba marginada y que no se adaptaban al nuevo orden. Todos estos grupos marginales son aquellos sobre los cuales proyectaron esta imagen de la bruja que acabó personificándose, eran los culpables de todos los males y por lo tanto las autoridades quedaban libres de las responsabilidades sobre todo lo que ocurría a nivel social y económico. En todo el meollo no había solo mujeres, sino que los hombres también, sólo que según algunos demonólogos la mujer, que era débil por naturaleza, era la que más caía en las redes del demonio, y de esta manera justificaban su misoginia.

De esta manera se pasa de un pensamiento propio de San Agustín en el que todo esto era mera superstición, a otro en el que se dice que todo esto era real. A final de la edad media la brujería se empieza a entender como un culto satánico organizado que busca la destrucción de las cristiandad y a partir de esta época comenzaron a salir muchos manuales de demonología, en los que se daba a entender que todo el mundo podía hacer uso de la magia y cualquier podía ser acusado de brujería.

Los crímenes más comunes por los que se castigaba a las supuestas brujas por parte de la inquisición eran los siguientes:

-Canibalismo e incesto
-Uso de venenos o práctica de magia maléfica
-Ir al sabbat
-Hacer daños ala comunidad (matar niños, impedir reproducción, destruir los cultivos, envenenar las aguas)
-Transformación en animal.
-Adoración o pacto con Satanás

«Después de cruzarse con un hombre de negro que les inicia, las brujas y brujos se reúnen en el sabbat o akelarre. Llegan volando hacia donde está el macho cabrío. Una vez reunidos bailan y comen. A continuación se produce un acto de adoración al demonio y luego éste mantiene relaciones carnales con todos los asistentes. Acto seguido, las brujas se untan con unos ungüentos y emprenden el vuelo. Provocan granizos que destruyen las cosechas y matan a personas y animales. Al terminar estos hechos, las brujas vuelven a casa, siempre volando, a caballo de sus demonios.» Canon Episcopi.

En las confesiones de brujas como esta vemos como todas remiten casi a lo mismo; una figura que se le aparece a la supuesta bruja, que le inicia en los poderes maléficos. Después esa persona asiste al Sabbat y ve al macho cabrío que le aporta conocimientos maléficos sobre el uso de venenos y plantas mortíferas y donde llevan prácticas tabú.

Si dejamos atrás todos los temas del tabú como los tratos carnales, o las prácticas de canibalismo, ¿No podría ser esto un paralelo con algunas religiones anteriores al cristianismo, como en los cultos mistéricos o en prácticas chamánicas, donde la persona que se inicia recibe instrucciones de un maestro, a través del vuelo del alma donde se hace en contacto con esta entidad (supuestamente el macho cabrío para los cristianos, en otras ocasiones sería Diana, Hécate, u otras de las diosas paganas) y donde se viaja a otros lugares o donde esa entidad o espíritu le aporta al practicante un conocimiento? ¿No tienen en común las mismas prácticas que los ritos mistéricos (como el de Eleusis por ejemplo) de la Antigua Grecia donde un sacerdote inicia a la persona y a través de esa iniciación tienen contacto con la divinidad? ¿No se parece al chamanismo donde un maestro te inicia y a través de ciertas prácticas extáticas puedes contactar con los espíritus que te brindan conocimientos? ¿No es acaso lo mismo?

«Hay que añadir además, que ciertas mujeres criminales convertidas a Satán, seducidas por las ilusiones y fantasmas del demonio, creen y profesan que durante las noches, con Diana, diosa de los Paganos e innumerable multitud de mujeres, cabalgan sobre ciertas bestias y atraviesan los espacios en la calma nocturna obedeciendo a sus órdenes como a las de una dueña absoluta»

Canon Episcopi c. s. X

La conclusión más rápida a la que se llega es que estas prácticas de la antigüedad y de diferentes creencias folklóricas se demonizaron por la iglesia dado que había ciertas personas que todavía lo practicaban. Y esas diosas de las que hablábamos que en realidad es una diosa única con muchos nombres, quedó totalmente reducida a la imagen del diablo cristiano tal y como lo conocemos hoy.

Y así es como la bruja como entidad, la bruja como un ser maligno nocturno acabó convirtiéndose en humana. Tanto los tabús de la sociedad, el surgimiento de estos grupos minoritarios que además tenían prácticas con los que la iglesia no estaba conforme y esos momentos de crisis general en el que la iglesia ganaba poder, hizo que todo esto se desatara.

Más tarde, ya en el siglo de las luces cuando la caza de brujas ya dejó de tener el apogeo que tuvo, comenzaron a surgir los tratados que explicaban el fenómeno de la brujería como algo en lo que no habría que creer porque el avance de la ciencia podía encontrar explicación a todo, tanto a la transformación en animal (cuya explicación era que básicamente eran ilusiones y espejismos que el diablo les mostraba a los practicantes) como a la posibilidad de estas brujas de entablar relaciones con el diablo. Absolutamente todo quedó reducido a ser una falacia y estas brujas pasaron a existir y a hacer maldades a quedar reducido a ser personas que tenían problemas mentales y que según ellos deberían estar encerradas en manicomio porque realmente el diablo solo les engañaban y les mostraban mentiras, porque creer en ello significaría atribuirle un poder grande al Diablo, y esto no interesaba.

Pero ojo, que este libro que tengo aquí: Sobre la Licantropía y Transformación de las Brujas de Jean de Nynauld es uno de los más importantes porque aparte de tratar este tema de una forma racional, el autor sin quererlo nos deja descritas algunas recetas de ungüentos de las brujas que supuestamente usaban para el vuelo espiritual y algunas historias de la transformación en animal y los transportes hacia lugares remotos, que provienen de el doble espiritual o la salida del cuerpo, con lo cual es bastante interesante.

Os preguntaréis que por qué entonces la gente hoy en día practica brujería si esto fue considerado un CRIMEN, pues bien, porque como ya he dicho, lo que la Iglesia llamaba brujería, aparte de ser la excusa para culpar a la gente de los males de la sociedad, también estaba asociado a lo que algunas personas practicaban en ritos iniciáticos o prácticas chamánicas. La cosa es que al ser demonizadas por la iglesia se le ha llamado brujería, pero es una creencia errónea atribuir actualmente a las prácticas de brujería lo que los eclesiásticos decían, todo eso solo eran mentiras, lo tergiversaron todo para su beneficio. La práctica de brujería es un camino mistérico que involucra la comunicación con el otro lado, con el otro mundo para poder establecer contacto con los espíritus a cambio de conocimiento o de aportación a la comunidad. Así vemos que estas prácticas chamánicas o vuelo espiritual en el que las mujeres se unían a la diosa Diana del Canon Episcopi es el claro precedente del Akelarre.

Se han escrito libros y han corrido ríos y ríos de tinta acerca de este tema, pero para que lo entendáis en un vídeo creo que se puede resumir bien de esta manera. Espero que os haya quedado mucho más claro este tema por si era algo que fomentaba dudas, y que os haya gustado el vídeo. Todo ello para que se de a conocer la verdadera historia tras lo que ocurrió y para que veáis lo que es capaz de hacer el fanatismo religioso y lo mucho que se tergiversan las cosas y que por culpa de ello personas inocentes tienen que sufrirlo… Con esto me despido, espero que tengáis una buena semana. ¡Un abrazo a todos y hasta pronto!

Si lo prefieres, puedes escuchar esta historia en el canal de nuestra bella y encantadora colaboradora Mariana : Aquí os lo dejamos:

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LINKS 

DRAGONES:

DUENDES, DIABLOS Y ESPÍRITUS FAMILIARES 

GUÍA DE LOS SERES MITOLÓGICOS ESPAÑOLES 

EL PADRE LOBO Y LAS BRUJAS EN HORTSAVINYÀ

HOMBRES LOBO Y OTROS DEPREDADORES DE LA MITOLOGÍA 

DE VENEFICIS 

 

BIBLIOGRAFÍA:

Fabián Alejandro Campagne. La Strix hispánica.
-Ginzburg, Carlo. Historia nocturna.
-Wilby, Emma. Cunning folk and familiar spirits: shamanistic visionary traditions in early modern -British witchcraft and magic.

 

Los dragones en la mitología asiática/Dragons in western mythology

Los dragones en la mitología asiática/Dragons in western mythology

Los dragones en la mitología asiática/Dragons in western mythology

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SPANISH:

El majestuoso y serpentino dragón japonés (ryu) se entrelaza con los antiguos mitos, inspirando asombro y respeto. Simboliza la fuerza, la sabiduría y la inmortalidad, y se cree que trae riqueza y felicidad (Sola, 2024: 88). Según se creía, los dragones tardaban casi un milenio en desarrollarse, comenzando como una serpiente y luego transformándose en una carpa. Varios siglos después, desarrolla la característica perilla, para finalmente formar patas con garras y una cola.

Los dragones, especialmente los dragones marinos como Wyujin, encarnan el imponente poder y la majestad de la naturaleza. Son criaturas de una belleza y un terror asombrosos, capaces tanto de otorgar fortuna como de desatar destrucción. Como sucede a menudo en las creencias tradicionales, esta dualidad refleja la reverencia y el temor humanos hacia el mundo natural, una relación que reconoce el delicado equilibrio entre beneficiarse de los dones de la tierra y ser víctima de su furia.

En cuanto a China llegamos a la conclusión de que las ideas sobre el dragón que prevalecen en China en la actualidad son exactamente las mismas que en los tiempos más remotos. Es un animal acuático, emparentado con la serpiente, que acostumbra a dormir en estanques durante el invierno y se levanta en primavera. Es el dios del trueno, que trae buenas cosechas cuando aparece en los campos de arroz (como lluvia) o en el cielo (como nubes oscuras y amarillas), es decir, cuando hace que la lluvia fertilice la tierra.

Pero cuando vuela demasiado alto y no puede regresar, la tierra sedienta debe esperar en vano por sus bendiciones, y la tristeza prevalece. Siendo este ser benéfico pleno de Yang, simboliza a aquellos entre los hombres que están más llenos de Luz, es decir, los grandes hombres, y su aparición se considera un presagio de su llegada, es decir, de su nacimiento.

En primer lugar, el más grande y pleno de Yang entre todos ellos, el Emperador, por supuesto, está simbolizado por el dragón. De hecho, es el representante del poder imperial (Wason, 1918).

«En cuanto a su carácter como ser, la naturaleza del dragón es áspera y feroz; sin embargo, teme al hierro y le gustan las cosas preciosas.»El cuerno del dragón macho es puntiagudo, cóncavo y empinado; es fuerte en la parte superior, pero se vuelve muy fino hacia abajo. El dragón hembra tiene un hocico recto, una melena redonda, escamas delgadas y una cola fuerte (Kwang poh wuh chi).

En cuanto a su nacimiento y desarrollo El Shuh i ki  afirma que «Una serpiente de agua (shui yuen, 水蛇) después de quinientos años se transforma en un kiao (蛟), un kiao después de mil años se convierte en un lung (龍, dragón), un lung después de quinientos años se transforma en un kioh-lung (角龍, ‘dragón con cuernos’) y después de mil años en un ying-lung (應龍, ‘dragón alado’).»

Es también digno de mención que,
por ejemplo, los emperadores se proclamaban como “Hijo del Cielo del
Verdadero Dragón” (Zhēnlóng Tiānzǐ 真龙天子). El dragón pasó así
poco a poco a convertir en imperial casi todo lo que tocaba con su presencia, de este modo, era fundamental que los miembros de la familia
real —incluido, por supuesto, el propio emperador—, llevaran en sus
vestimentas bordados de diferentes tipos de dragones que indicaban su
pertenencia a la realeza y su rango dentro de la compleja jerarquía de la
nobleza. El dragón se convirtió asimismo en figura ineludible del blasón
de los monumentos imperiales, dejando constancia de la grandeza y honorabilidad del lugar.(Miranda Márquez, 2021)

En la era Kwansei (1789-1800), había en Yedo un sacerdote budista que iba de un lado a otro prediciendo que pronto un dragón ascendería al cielo en medio de una fuerte tempestad, por lo que aconsejaba a la gente quedarse en casa. Cuando un samurái le preguntó cómo sabía esto de antemano, el sacerdote respondió: «Lo sé por experiencia. Siempre que el cielo ha estado despejado durante mucho tiempo y de repente comienza a llover, como ocurre ahora, un dragón asciende».

«¿Acaso eres tú el dragón?», preguntó el samurái, y cuando el sacerdote respondió afirmativamente, le pidió que ascendiera al cielo de inmediato. «No puedo hacerlo», respondió el bonzo, «porque no tengo agua». «¿No tienes agua?», exclamó el otro, «hay mucha agua en el río cercano». «Esa no me sirve», comentó el sacerdote, «porque es agua que fluye, y lo que necesito es agua celestial (lluvia)». «Bien, entonces te daré algo de agua de lluvia», dijo el samuráiY le dio una botella de agua mezclada con tinta (usada para humedecer el suzuri, la piedra de tinta). El sacerdote la tomó y se fue alegre, declarando que ahora podría ascender al cielo. En efecto, unos días después, estalló una violenta tormenta acompañada de fuertes lluvias y viento. Cuando la tormenta cesó, los árboles y la hierba habían quedado completamente negros. Solo el samurái conocía la razón: era el agua con tinta que había dado al sacerdote, quien la había usado para ascender a las nubes.(Wason, 1918: 221-222).

ENGLISH

The majestic and serpentine Japanese dragon (ryu) intertwines with ancient myths, inspiring awe and respect. It symbolizes strength, wisdom, and immortality and is believed to bring wealth and happiness (Sola, 2024: 88). According to legend, dragons took nearly a millennium to develop, starting as a snake and then transforming into a carp. Several centuries later, they would grow a distinctive beard, eventually forming clawed legs and a tail.

Dragons, especially sea dragons like Wyujin, embody the imposing power and majesty of nature. They are creatures of astonishing beauty and terror, capable of bestowing fortune or unleashing destruction. As is often the case in traditional beliefs, this duality reflects humanity’s reverence and fear of the natural world—a relationship that acknowledges the delicate balance between benefiting from the earth’s gifts and becoming a victim of its wrath.

Regarding China, we find that the ideas about dragons prevailing in modern China are the same as in ancient times. It is an aquatic animal, related to the snake, that habitually sleeps in ponds during winter and rises in spring. It is the god of thunder, bringing good harvests when it appears in rice fields (as rain) or the sky (as dark yellow clouds), fertilizing the earth with rain.

However, when it flies too high and cannot return, the parched earth must wait in vain for its blessings, and sorrow prevails. As a benevolent being full of Yang, the dragon symbolizes those among humans who are filled with the most Light—that is, great men—and its appearance is considered an omen of their arrival or birth.

First and foremost, the greatest and fullest of Yang among them, the Emperor, is symbolized by the dragon. Indeed, the dragon represents imperial power (Wason, 1918).

“As for its nature as a being, the dragon’s disposition is rough and fierce; however, it fears iron and loves precious things. The male dragon’s horn is sharp, concave, and steep; strong at the top but tapering downwards. The female dragon has a straight snout, a rounded mane, thin scales, and a strong tail” (Kwang poh wuh chi).

Regarding its birth and development, the Shuh i ki states: «A water snake (shui yuen, 水蛇) after five hundred years transforms into a kiao (蛟), a kiao after a thousand years becomes a lung (龍, dragon), a lung after five hundred years becomes a kioh-lung (角龍, ‘horned dragon’), and after a thousand years, it becomes a ying-lung (應龍, ‘winged dragon’).»

It is also noteworthy, for example, that emperors proclaimed themselves the «Heavenly Son of the True Dragon» (Zhēnlóng Tiānzǐ, 真龙天子). Thus, the dragon gradually became imperial, elevating almost everything it touched with its presence. It became essential for members of the royal family—including the Emperor himself—to wear garments embroidered with various types of dragons, indicating their royal status and rank within the complex nobility hierarchy. The dragon also became an indispensable figure in the heraldry of imperial monuments, leaving a record of the site’s grandeur and honorability (Miranda Márquez, 2021).

During the Kwansei era (1789–1800), there was a Buddhist priest in Yedo who traveled around predicting that a dragon would soon ascend to the sky amidst a violent storm, advising people to stay home. When a samurai asked him how he knew this in advance, the priest replied: «I know from experience. Whenever the sky has been clear for a long time and it suddenly starts to rain, as it is now, a dragon ascends.»

“Are you the dragon, then?” the samurai asked, and when the priest answered affirmatively, he demanded that he ascend to the sky immediately. «I cannot,» the monk replied, «because I have no water.» «No water?» the other exclaimed, «There is plenty of water in the nearby river.» «That won’t do,» the priest said, «because it is flowing water, and I need celestial water (rain).» «Fine, then I’ll give you some rainwater,» said the samurai, handing him a bottle of water mixed with ink (used to wet the suzuri, the inkstone). The priest took it happily, declaring he could now ascend to the sky. Indeed, a few days later, a violent storm broke out, accompanied by heavy rain and wind. When the storm subsided, the trees and grass were completely black. Only the samurai knew the reason: it was the inked water he had given to the priest, who had used it to ascend to the clouds (Wason, 1918: 221–222).

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Sola, A. (2024). Discover Japanese Mythology. (1ra ed.).

EL MUNDO FUNERARIO EN LA ANTIGUA ROMA/THE FUNERARY WORLD IN ANCIENT ROME

EL MUNDO FUNERARIO EN LA ANTIGUA ROMA/THE FUNERARY WORLD IN ANCIENT ROME

 

 

EL MUNDO FUNERARIO EN LA ANTIGUA ROMA

Esto contiene una imagen de: Ara di T. Statilius Aper con strumenti scrittorii

SPANISH:

 

Las costumbres y los ritos funerarios en Roma tuvieron una larga y variada evolución a lo largo de la Historia. En los tiempos más antiguos, cuando Roma todavía no era una república, no existía un conjunto unificado de rituales y costumbres a seguir. Es decir, algunos romanos seguían las costumbres de los pequeños pueblos del centro de Italia, otros las costumbres etruscas y otros simplemente intentaban adaptar costumbres griegas. Con el pasar de los años, y los intercambios culturales con otras civilizaciones, la sociedad romana fue desarrollando sus propios y elaborados ritos fúnebres. Por ello, los monumentos funerarios romanos van desde las catacumbas, hasta palacios monumentales.

En Roma existieron casi tantas concepciones de la muerte como corrientes filosóficas; el pueblo llano parece más bien que imaginaba al muerto viviendo en la tumba, donde su vitalidad debía ser convenientemente renovada mediante ofrendas de comida y bebida, olivo e incluso sangre o invocándoles a participar en los banquetes funerarios que celebran en su honor.

Como en todas las culturas del mundo, es común que, cuando un ser querido muere, se celebren unos ritos funerarios con una ceremonia en honor al difunto y se le despida con honores. Significaba la transición de la vida terrenal a una nueve vida. En el mundo romano también era frecuente celebrar este tipo de actos, de hecho siempre hubo una preocupación por los muertos, a quienes veneraban y temían al mismo tiempo. Así que la religión y el mundo funerario se dan la mano con el fin de garantizar una potencial existencia en el más allá, con el fin de asegurar un descanso. Cabe destacar que los romanos tenían un pensamiento muy supersticioso y religioso y eran muy exigentes con el cumplimiento de los ritos funerarios. Pero esto no solo pasaba en Roma sino en muchas otras culturas europeas. Estos ritos eran importantes porque si no se llevaban a cabo de una manera adecuada podía afectar al descanso del alma de esa persona convirtiendose en lemures o quedarían vagando por las orillas del río Estigua. Y como por ejemplo en ciertas partes de Europa donde el muerto se podía convertir en un ser vampírico. Pero de esto hablaré en otro vídeo. A continuación, vamos a proceder a exponer cómo se celebraba un ritual funerario en la época de los antiguos romanos:

Cuando uno de los miembros de la familia moría, generalmente pasaba a formar parte de los antepasados a los que había que rendir culto y pasaba a ocupar un lugar en el altar doméstico junto con los demás protectores de la familia, los Manes, a los que se rendía culto. La tumba adquiría la cateogría de altar y debía estar en el suelo, no podía cambiar de lugar, ya que los Manes exigían una morada fja a la que estaban vinculados todos los difuntos de la familia.

En el ritual funerario se encuentran 5 fases: una de preparación del cuerpo, otra de procesión del difunto, la tercera de cremación o inhumación, una de elogio en honor al fallecido y por último una conmemoración y celebración. El rito y tipo de entierro variaba por supuesto de la clase social del difunto. Los ricos eran incinerados durante el día y los pobres y niños eran inhumados, es decir enterrados, de noche, no cremados porque la cremación era más cara.

La cremación, que se celebró hasta finales del siglo II d.C., era importante porque según las creencias el fuego y el alma eran de naturaleza similar, por lo tanto, si la cremación se llevaba a cabo, el alma del difunto llegaría más rápido a su destino, aunque más tarde se llevaría a cabo la inhumación, con la aparición del cristianismo a partir del siglo III d. C, aunque esto ya lo llevaba a cabo poblaciones como los judios, fenicios y árabes. La cremación de difuntos fue realizada dentro del propio locus, en quemaderos (ustrina) a cielo abierto para que el humo se fuese libremente. También consta decir que la muerte era considerada por los romanos un acto contaminante que debía ser expiado mediante la celebración de ritos de purificación generalmente antes y después del funeral.

Siempre que las circunstancias y la muerte lo permitían, el funeral daba inicio en casa del difunto. La familia acompañana al moribundo a su lecho o lo ponían en el suelo en contacto con la tierra, y le daban el último beso. Luego se llevaba a cabo el conclamatio, que era pronunciar el nombre del fallecido tres veces para la comprobación de que realmente había fallecido. A veces este conclamatio se hacía una vez en el velatorio. A su vez, normalmente era su hijo quien le cerraba los ojos mientras las mujeres exteriorizaban su dolor con lamentaciones. Después se les lavaba con agua caliente, se les amortajaba y se les depositaba en el atrio de la casa. Se colocaba con los pies mirando hacia la entrada que estaría decorada con ramas de ciprés mirto o laurel para que se supiera que en esa vivienda se había producido un óbito. El cadaver se vestía de acuerdo a la posición social del difunto. Si no era una persona relevante se le ponía una toga normal pero si había sido una persona relevante se le ponía alguna toga especial. Además si había llevado una vida virtuosa se le ponía una corona de flores sobre la cabeza.

Siguiendo la costumbre griega se depositaba en la mano o la boca del cadáver una moneda para que Caronte transportara su alma en barca y atravesar así la laguna Estigia hacia el reino de los muertos. Los romanos creían que las almas de los difuntos viajaban al mundo subterráneo donde reinaba el dios Plutón. Aquí vemos la asociación del agua con el mundo de ultratumba, con el paso hacia el más allá, al mundo ctónico.

El mundo subterráneo a su vez, estaba custodiado por un perro de tres cabezas: el Cancerbero. Vemos también curiosamente la asociación del perro (y en otro momento veremos que el lobo también) se le asociaba con el mundo de los muertos. Allí las almas eran juzgadas y tras el veredicto eran conducidas a la región de las almas bondadosas o malvadas. Siete eran las zonas que se diferenciaban en le mundo de los muertos: La primera estaba destinada a los niños, no natos, y no podían haber sido juzgados. La segunda es donde estaban los inocentes ajusticiados injustamente. La tercera correspondía a los suicidas, la cuarta era donde permanecían los amantes infieles. La quinta estaba habitada por héroes crueles en vida, la sexta era el Tártaro donde se procedía al castigo de los malvados y por último la séptima, los Campos Elíseos, donde moraban en la eterna felicidad las almas bondadosas. Allí la primavera era eterna y se podían bañar en las aguas termales del río Leteo, que hacían olvidar a los muertos su vida pasada.

Depiction of feasting was a common motif in Roman funerary art. The diner is represented reclining on a couch, with other furniture and dining gear. This is the tombstone of auxiliary cavalryman M. Aemilius Durises from Bonn, Germany. Photograph Barbara McManus (Vroma), Bonn, Rheinisches Landesmuseum.

Tras esto comenzaba el velatorio y la duración podía ser de varios días. Durante la exposición del cadáver se sacaba una muestra de su rostro en cera a modo de máscara, el cerae. Esta máscara sería conservada después en la casa familiar junto a las de los restantes miembros fallecidos de la familia. La noche del velatorio se marchaba en procesión desde el domicilio del finado hasta la necrópolis y generalmente los miembros de la familia portaban las máscaras del resto de los manes de la familia a modo de séquito.

Después sería transportado por los familiares más cercanos y los demás acompañantes llevarían también antorchas, velones y lucernas. Las llamas simbolizaban la luz que el difunto ha perdido o no ve tras fallecer y que le serviría para llegar al más allá. Destacables también es la presencia de las plañideras que lloraban incansablemente al difunto y entonan cánticos laudatorios. Por último podía haber un flautista que aportaba una nota musical lúgubre a la comitiva. En algunas ocasiones puntuales se podían detener para que algún familiar realizara la llamada “laudatio funebris” que era una especie de discurso en el que se recordaba al difunto y sus logros.

La tumba se consagraba con el sacrificio de una cerda según ciertas fuentes y una vez construida se llamaba tres veces al alma del difunto para que entrara en la morada que se le había preparado. Durante la ceremonia funeral se realizaba un acto de purificación para las personas que habían estado en contacto con el cadáver. Antes de la sepultura la tumba se purificaba barriéndola o limpiándola.

La creencia de otra vida tras la muerte motivaba que el individuo fuese enterrado con objetos que utilizaba durante su vida y que ahora podían acompañarle y servirle en esta nueva vida: ropa, cerámica, utensilios de trabajo, etc. Entre estos objetos también se colocaban otros relacionados con el ritual finerario: la lucerna que iluminaba su camino hacia el más allá, así como recipientes para alimentos o unguentarios para los perfumes, o también algunas figuras de deidades.

Durante los nueve días siguientes al funeral, se realizaban ritos que finalizaban con una comida y el sacrificio de un animal. Los alimentos y la sangre de los animales sacrificados eran ofrecidos a los antepasados del difunto, los dioses Manes, y al individuo fallecido para así divinizar su alma y situarla junto a las divinidades protectoras de la familia.

Después del funeral los parientes debían someterse a una suffitio que era un rito de purificación mediante fuego y agua y después se llevaba acabo celebraciones destinadas a asegurar la memoria del difunto. Las atenciones al difunto seguían continuando después de este tiempo para asegurar su descanso eterno. Las ofrendas de comida: pan, vino, frutas, uva, pasteles, etc. y flores como violetas y rosas eran habituales y se hacían llegar al difunto a través de un conducto de cerámica o de un orificio situado en la cubierta de la tumba, el tubo de libaciones. Estos actos eran realizados por la familia el día de cumpleaños del difunto y también eran honrados de forma general los días de Parentalia, que tenían lugar entre los días 13 y 21 de febrero. Otras fiestas dedicadas a los difuntos y más antiguas fueron las Lemurias, celebradas el 9, 11 y 13 de mayo. Durante estos días las almas cuyos cuerpos no habían recibido sepultura rondaban las casas y el padre de familia realizaba un ritual con habas negras para alejar a los espíritus errantes, de hecho hablo de ello en este vídeo.

Los difuntos a los que no se había dado sepultura o celebrado el ritual funerario vagaban errantes sin morada, causando la desgracia a los seres vivos y asustándolos con apariciones nocturnas, hasta que daban sepultura a sus restos y se cumplía el ritual funerario. Se dice que estos difuntos eran corpóreos en algunas culturas aunque a veces se manifestaba mostrando sus deseos a los vivos a través de los  sueños. Por todo ello, incluso a los que morían lejos de la familia y su cuerpo era enterrado en otras tierras, se le celebraba el ritual completo.

En cambio la ceremonia de incineración se celebraba sobre una pira con forma de altar, sobre la que se depositaba el ataúd con el cadáver. Antes de quemar el cadáver se le cortaba un dedo y se arrojaban tres puñados de tierra que simbolizaban su enterramiento. Según algunas fuentes se le abrían los ojos en este rito para que simbólicamente pudiera mirar como su alma de dirigía hacia el cielo. Se sacrificaban animales queridos por el difunto y se incineraban también junto a él y las cenizas normalmente eran entregadas al familiar más cercano para adorarlo con sus otros ancestros.

Como manifiesto de dolor los familiares y amigos más íntimos arrojaban sobre la pira ofrendas de alimentos y perfumes. Se le nombraba por última vez y volviendo la cara se incendia la pira con las antorchas llevadas en el cortejo fúnebre. El rito concluía vertiendo agua y vino sobre la pira. Se despedía a los asistentes y éstos se despedían del difunto deseándole que la tierra le fuera leve.

Las principales inscripciones funerarias de los romanos eran D.M.S., Dis Manibus Sacrum («Consagrado a los Dioses Manes»), H.S.E., -Hic Situs Est- («aquí está enterrado»), o S.T.T.L., -Sit Tibi Terra Levis- («que la tierra te sea leve»). En córdoba aparecieron inscripciones como “in fronte pedes y “in agro pedes”

“Aquí, con mis despojos encerrados en la tumba, ha terminado la dura fatiga que he soportado desde la infancia; se acabó el penoso trabajo; se acabaron las preocupaciones” (Epitafio de un sacerdote)

En las tumbas romanas, tanto de ricos como de plebeyos con buen pasar era normal, además de las escenas mitológicas, encontrarnos con bajo relieves y mosaicos de la vida cotidiana de los difuntos. Gracias al estudio de estos se pudo llegar a comprender en mayor medida como era la vida de los esclavos, las mujeres y la clase trabajadora de Roma, así como muchos otros aspectos e la sociedad romana.

En definitiva, los rituales funerarios eran tomados con mucha seriedad llegando esa costumbre hasta incluso nuestros días donde este rito funerario tiene una vital importancia para poder garantizar el descanso del difunto. Algunas de estas creencias se han mantenido pero otras de ellas han ido adaptándose y evolucionando a otras religiones y a la propia evolución natural de cada territorio. Todo esto junto con el culto a los ancestros es algo que viene desde el paganismo, por eso el culto a los ancestros es una base importante en el paganismo incluso en la brujería para muchos de los que praticamos. Al final siempre serán una puerta de contacto hacia el otro lado, en el que nos pueden guiar y proporcionar ayuda siempre que seamos respetuosos y les rindamos el culto que se merecen. Del culto a los ancestros hablaré en otro vídeo 😉

Espero que os haya gustado el vídeo, si es así dadle a me gusta y suscribiros a mi canal, ya que me ayudaría mucho y me gustaría que aportárais cualquier cosa en los comentarios que pueda ser de interes. Os mando un abrazo a todos, feliz semana y hasta pronto 🙂

ENGLISH

 

Funeral customs and rites in Rome underwent a long and varied evolution throughout history. In ancient times, when Rome was not yet a republic, there was no unified set of rituals or customs to follow. In other words, some Romans adhered to the traditions of small central Italian towns, others followed Etruscan customs, and still others tried to adapt Greek practices. Over the years, and through cultural exchanges with other civilizations, Roman society developed its own elaborate funerary rites. This is why Roman funerary monuments range from catacombs to monumental palaces.

In Rome, there were almost as many concepts of death as there were philosophical schools of thought. The common people seemed to imagine the deceased living within the tomb, where their vitality needed to be renewed with offerings of food and drink, olive oil, and even blood, or by inviting them to participate in funerary banquets held in their honor.

As in all cultures around the world, it was common to hold funerary rites with a ceremony to honor the deceased and bid them farewell with dignity. This marked the transition from earthly life to a new existence. In Roman culture, it was also common to celebrate such events. In fact, there was always a concern for the dead, who were both venerated and feared. Thus, religion and the funerary world went hand in hand to ensure a potential existence in the afterlife and to secure the deceased’s rest. It is worth noting that the Romans were highly superstitious and religious, and they were very strict about observing funerary rites. However, this was not unique to Rome but was present in many other European cultures. These rites were important because, if not properly performed, they could affect the soul’s rest, turning them into lemures or leaving them to wander along the shores of the River Styx. Similarly, in certain parts of Europe, the dead could transform into vampiric beings—but I’ll discuss this in another video. Next, we’ll delve into how funerary rituals were celebrated in ancient Rome:

When a family member died, they generally became part of the ancestors who had to be worshipped and took a place at the household altar alongside the other protectors of the family, the Manes, who were revered. The tomb acquired the status of an altar and had to remain in the ground; it could not be moved, as the Manes required a fixed dwelling that was linked to all deceased family members.

The funerary ritual consisted of five stages: preparation of the body, procession of the deceased, cremation or burial, a eulogy in honor of the departed, and finally, commemoration and celebration. The rites and types of burial naturally varied depending on the deceased’s social class. The wealthy were cremated during the day, while the poor and children were buried at night, not cremated, as cremation was more expensive.

Cremation, practiced until the end of the 2nd century AD, was important because, according to beliefs, fire and the soul shared a similar nature. Therefore, cremation ensured that the soul of the deceased would reach its destination more quickly. However, with the rise of Christianity in the 3rd century AD, burial became more common, a practice already observed among Jews, Phoenicians, and Arabs. Cremation was conducted in open-air pyres (ustrina) so that the smoke could rise freely. It’s also worth mentioning that death was considered by the Romans to be a contaminating act that had to be purified through rituals, both before and after the funeral.

Whenever possible, the funeral began at the deceased’s home. The family would accompany the dying person to their bed or place them on the ground to connect with the earth, offering them a final kiss. Then, a conclamatio was performed, calling the deceased’s name three times to confirm their death. Sometimes this was repeated during the vigil. Usually, it was the son who closed the deceased’s eyes while the women expressed their grief through lamentations. The body was then washed with hot water, shrouded, and laid in the atrium of the house, with the feet pointing toward the entrance, which was decorated with branches of cypress, myrtle, or laurel to signal a death had occurred in the household. The body was dressed according to the deceased’s social status. If they were not significant figures, they wore a standard toga, but distinguished individuals were dressed in special togas. A flower crown was placed on the heads of those who had lived virtuous lives.

Following Greek customs, a coin was placed in the deceased’s hand or mouth to pay Charon for ferrying their soul across the Styx to the realm of the dead. The Romans believed that the souls of the dead journeyed to the underworld ruled by Pluto. Here we see the association of water with the afterlife and the passage to the chthonic world.

The underworld was guarded by a three-headed dog, Cerberus. Interestingly, dogs (and, at times, wolves) were associated with the world of the dead. There, the souls were judged, and after the verdict, they were sent to either the realm of virtuous souls or the wicked. Seven regions were distinguished in the underworld: the first was for unborn children who couldn’t be judged, the second for the innocent wrongly executed, the third for suicides, the fourth for unfaithful lovers, the fifth for cruel heroes, the sixth was Tartarus for punishing the wicked, and the seventh was the Elysian Fields, where virtuous souls dwelled in eternal happiness.

 

Puedes ver el contenido de esta entrada en formato vídeo aquí:

 

 

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Bibliografía:

 

VAQUERIZO GIL, Desiderio:  Funus Florentinorum. Muerte y ritos funerario en la Iliberri Romana. Universidad de Córdoba

La primavera en la mitología

La primavera en la mitología

   La primavera en la mitología 

Tras el paso de los idus de marzo que tanto recordamos por un histórico asesinato, el de Julio César en el año 44 a.C., damos pie al período más florido del año: la primavera

Y para hablar del origen de esta y otras estaciones hemos de volver de nuevo al mito de Perséfone y Hades, al que nos referimos en números anteriores.

Perséfone (Proserpina para los romanos) es la hija de Zeus (Júpiter) y Deméter (Ceres o Cibeles en Roma), diosa de los campos, la cosecha y la agricultura. El hecho de que Hades fuera su tío no le disuadió para pretenderla como esposa y llevarla al inframundo. Tras su rapto y desaparición, la desesperada madre Deméter empieza a desatender sus funciones como protectora de las cosechas; las tierras dejan de ser fértiles, las flores se marchitan, los árboles no crecen y para los mortales empieza a peligrar su vida. Al ver esto, Zeus acude raudo a pedir a su hermano que deje libre a Perséfone, pero ella ya había probado la comida en el inframundo y tendría que permanecer allí.

Finalmente, llegan al acuerdo de que, al haber comido solo la mitad de la granada pase la mitad del tiempo con su madre y la otra mitad con Hades. Es así como nacen las estaciones, pues el tiempo que ella está con su madre todo florece, Deméter encuentra en su hija esa ayuda que necesita para asegurar las cosechas y mantener un alto ritmo de trabajo. Pero cuando su hija falta, ella está preocupada, desganada y no hace crecer nada. Esta es la forma en la que tanto griegos como romanos lo explicaban.

Para los egipcios, en cambio, la primavera era representada por el dios Osiris, asesinado por su propio hermano Set para obtener el poder. Fue su esposa, Isis, quien lo resucitó reuniendo las partes de su cuerpo y reconstruyéndolo. Así, el ciclo de la muerte y resurrección de su principal dios representa para los egipcios la llegada de la primavera y el surgimiento de vida nueva, el fin de un ciclo y comienzo de otro nuevo. Ciclo que también vemos en la Pascua cristiana, con la muerte y la resurrección de Jesús.

En la tradición cristiana son también típicas las representaciones de conejos y huevos de Pascua, que se regalan durante estas fechas. Esto tiene su origen en el antiguo Egipto, pues el ave fénix resucitó tras quemarse en su nido y más tarde en las tradiciones paganas del norte y centro de Europa se utilizaron los huevos como símbolo del ciclo de la vida y la fertilidad propia de esta época. Por eso, la diosa germánica Eostre es la que da nombre a esta festividad en inglés ‘easter’, la misma que para los nórdicos es Ostara, que da nombre a una de sus etapas en la rueda del año, iniciada por el equinocio. Esta diosa es representada rodeada de conejos, flores y huevos de pascua.

«El apóstol» la película que ayuda a preservar la mitología gallega

«El apóstol» la película que ayuda a preservar la mitología gallega

«El apóstol» la película que ayuda a preservar la mitología gallega

En los últimos años han surgido loables iniciativas para preservar nuestro folclore peninsular. Vamos a dedicar un espacio en este blog a renidr homenaje (en la medida de nuestros posibles) a dichos proyectos.

Comenzamos con la película (O Apóstolo) El apóstol. Se trata de un trabajo realizado en la técnica de «stop motion» con muñecos artesanales y paisajes perfectamente maquetados.

Sinospis: Ramón, un convicto recién fugado de prisión, tratará de recuperar un botin escondido años atrás en una apartada aldea, pero lo que allí encontrará supondrá una condena mayor de la que consiguió escapar.En realidad, lo que allí encontrará será un pueblo asolado por la Santa Compaña que cada noche viene a buscar una nueva presa… 

El trabajo artístico es impecable, así como las voces de los actores para los diferentes «muñecos», los cuales, dicho sea de paso, tienen un diseño exquisito, con mimo y cariño por la obra, la cual no os dejará indiferentes.

Para muestra un botón:

Por desgracia, la empresa encargada de la difusión y comercialización de la película no cumplió con la buena fe contractual, lo que ha obligado a sus productores a «buscarse la vida». Desde aquí os pedimos que ayudéis a estas iniciativas tan maravillosas y, por desgracia, tan solitarias…

La pelicula se puede ver en youtube  o comprar el DVD en su página web

OS DEJAMOS EL LINK DE LA PELÍCULA PARA QUE LA DISFRUTÉIS. DADLE MUCHO AMOR

Los elfos de las minas 

Los elfos de las minas 

  Los elfos de las minas 

imagen de: https://es.pinterest.com/pin/11681280278864725/

 

De la gran familia de los duendes, podemos destacar por su singularidad y extrañeza los conocidos como «elfos de las minas». Estas criaturas usualmente tomaban la forma de ancianos diminutos que hacían bromas y advertían a los mineros sobre peligros, los guiaban hacia tesoros o castigaban sus transgresiones. Vivían en lo profundo de las minas, especialmente aquellas que guardaban joyas y metales preciosos.  Podían llegar a alguna clase de «trato» o acuerdo con los humanos, siempre que estos últimos guardaran un profundo respeto a dicha alianza y no les ofendieran en modo alguno.

Knockers

Imagen del Story Pin

En Inglaterra y Escocia se cree en unos genios de la mina llamados knockers (golpeadores). Los mineros afirmaban que se trataba de las almas en pena de los judíos, que habían sido llevados a Roma a trabajar en las minas(Mazadiego Martínez & Puche Riart, 1999).

Se les llama «pequeños mineros» debido a su estatura enana, que es de aproximadamente dos pies. Tienen un aspecto venerable y están vestidos como mineros, con una prenda adornada y un delantal de cuero alrededor de la cintura. Este tipo no suele molestar a los mineros, pero merodean en los túneles y realmente no hacen nada, aunque fingen estar ocupados en todo tipo de labores, a veces excavando mineral y, otras veces, poniendo en cubos lo que han excavado. A veces arrojan guijarros a los trabajadores, pero rara vez los lastiman, a menos que los trabajadores primero se burlen de ellos o los maldigan… Los gnomos mineros son especialmente activos en las excavaciones donde ya se ha encontrado metal o donde hay esperanzas de descubrirlo, y provocan que los mineros trabajen con más vigor.(Agricola, 1549: 77-79).

Supuestamente, los «pequeños mineros» se reunían debajo de la casa donde los niños eran especialmente buenos. Si escuchaban y estaban muy quietos después de haberse ido a la cama, y se suponía que debían estar durmiendo, quizás podrían escuchar a sus pequeños amigos martilleando con sus pequeñas herramientas. Es sorprendente cuántos habitantes de los pueblos mineros aún cuentan cómo eran arrullados por el golpeteo rítmico desde las profundidades. Si la roca era especialmente dura y el golpeteo inusualmente fuerte, a los niños se les decía que los Tommyknockers debían haber estado usando herramientas dobles la noche anterior  (James, 1992: 153).

Kobold

imagen de: https://es.pinterest.com/pin/351912465043038/

Aunque hay mucha deliberación sobre el origen de los kobolds, se cree que descienden de los antiguos kobaloi griegos, criaturas parecidas a duendes que a menudo eran invocadas por los seguidores del dios Dionisio y los pícaros. Incluso entonces, eran conocidos como bromistas y embaucadores, que simultáneamente ayudaban al dios Dionisio en sus actividades báquicas.

El Kobold es exactamente el mismo ser que el Nis danés, el Brownie escocés y el Hobgoblin inglés. Realiza los mismos servicios para la familia a la que se adhiere.

Cuando el Kobold está a punto de entrar en algún lugar, primero prueba la disposición de la familia de esta manera: trae astillas y aserrín a la casa, y arroja suciedad en los recipientes de leche. Si el dueño de la casa se asegura de que las astillas no se dispersen y que la suciedad permanezca en los recipientes, y bebe la leche de ellos, el Kobold se queda en la casa mientras haya un miembro de la familia vivo.

El cambio de sirvientes no afecta al Kobold, que permanece allí. La criada que se va debe recomendar a su sucesora que lo cuide y lo trate bien. Si no lo hace, las cosas le van mal hasta que también se ve obligada a dejar el lugar. (KEIGHTLEY, 1892)

Hödeken.

Otro Kobold o espíritu doméstico se instaló en el palacio del obispo de Hildesheim. Se le llamaba Hödeken o Hütchen, que significa «Pequeño Sombrero», debido a que siempre llevaba un pequeño sombrero de fieltro que le cubría gran parte del rostro. Tenía una disposición amable y servicial, y a menudo advertía al obispo y a otros sobre lo que estaba por suceder, además de asegurarse de que los vigilantes no se quedaran dormidos en sus puestos.

Sin embargo, era peligroso ofenderlo. Uno de los pinches de la cocina del obispo solía lanzarle suciedad y salpicarlo con agua sucia. Hödeken se quejó al jefe de cocina, quien solo se rió de él y dijo: «¿Eres un espíritu y tienes miedo de un niño pequeño?» «Ya que no quieres castigar al niño,» respondió Hödeken, «en unos días te mostraré cuánto miedo me da él,» y se marchó muy ofendido. Poco después, encontró al niño dormido junto al fuego, lo estranguló, lo desmembró y lo puso en la olla sobre el fuego. Cuando el cocinero lo reprendió por lo que había hecho, Hödeken exprimió sapos sobre toda la carne que estaba en el fuego, y poco después arrojó al cocinero desde el puente al profundo foso. Finalmente, la gente tuvo tanto miedo de que incendiara la ciudad y el palacio, que el obispo lo exorcizó y lo desterró.

Uno de los principales hechos de Hödeken fue el siguiente. Había un hombre en Hildesheim que tenía una esposa de conducta ligera, y una vez, cuando iba a emprender un viaje, le habló a Hödeken y le dijo: «Amigo mío, cuida de mi esposa mientras esté fuera y asegúrate de que todo esté en orden.» Hödeken aceptó, y cuando la esposa, después de la partida de su marido, hacía venir a sus amantes y se disponía a divertirse con ellos, Hödeken siempre se interponía, adoptando formas aterradoras para ahuyentarlos; o, cuando alguno de ellos se acostaba en la cama, lo lanzaba al suelo con tal fuerza que le rompía las costillas. Así les iba, uno tras otro, mientras la mujer los introducía en su cámara, de modo que nadie se atrevía a acercarse a ella. Finalmente, cuando el marido regresó a casa, el fiel guardián de su honor se presentó ante él lleno de alegría y dijo: «Tu regreso me es muy grato, pues así puedo librarme de la tarea y la inquietud que me impusiste.» «¿Quién eres tú?» preguntó el hombre. «Soy Hödeken,» respondió, «a quien, al partir, encomendaste el cuidado de tu esposa. Para complacerte, la he vigilado esta vez y la he mantenido libre de adulterio, aunque con gran esfuerzo y sin descanso. Pero te ruego que nunca más me encargues su cuidado, pues preferiría vigilar y responder por todos los cerdos de Sajonia que por una mujer así, pues fueron tantos los artificios y tramas que ideó para engañarme.» (KEIGHTLEY, 1892: 256).

 

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Las Erinias

Las Erinias

Las Erinias

imagen de: Natasha Fitch

 

Son deidades femeninas ligadas al inframundo y a las fuerzas ctónicas. Hijas de la Noche y de Cronos, residían en el Érebo, un reino oscuro donde gobiernan las sombras y habitan los muertos (J. Méndez, abril de 2022. Las Erinias. Roma infinita). Su origen se remonta con total seguridad a la Madre en su forma de Serpiente, una figura que simboliza su papel como guardiana de la vida y portadora de la muerte. Las Erinias son deidades que evocan la figura arquetípica de la «Madre» o la «Gran Madre», una entidad que en diversas culturas antiguas estaba asociada con la naturaleza y la creación. El origen antiguo de las Erinias está vinculado con la imagen de una «Madre primordial» simbolizada por una serpiente, que gobierna tanto la vida como la muerte, siendo una de las figuras más poderosas y fundamentales de la mitología y el pensamiento antiguo. En el Neolítico, fue venerada en altares domésticos y se la representaba con serpientes en lugar de cabello, lo que simbolizaba su sabiduría y omnisciencia (López A. «De Erinias y Euménides: Derecho y Simbolismo»).

Aunque Homero y otros poetas mencionan a una o más Erinias, no es hasta el siglo V a.C. que estos nombres aparecen claramente en las tragedias de la mitología griega, conocidas como:

  • Megera, también conocida como «la celosa», representa el rencor, la envidia y, por supuesto, los celos. Es la encarnación del odio y la responsable de sembrar disputas, quejas y conflictos entre los hombres. Castiga especialmente los crímenes relacionados con el matrimonio, en particular los de infidelidad. Megera es la Erinia más vengativa, susurra constantemente en los oídos de sus víctimas, recordándoles sus errores hasta que no logran escapar jamás.
  • Alecto, «la implacable», representa la rabia y la manía. Es la Erinia que siempre está enfadada y jamás descansa. Ella impone castigos rigurosos a las faltas morales, como la ira y el orgullo, desatando plagas y maldiciones en consecuencia. Persigue sin descanso al delincuente con antorchas encendidas, impidiéndole tener un sueño tranquilo.
  • Tisífone, «la vengadora», sigue incansablemente todos los homicidios, prestando especial atención a los parricidios, fratricidios y otros asesinatos. Representa la venganza, atormentando a los culpables de tal manera que se vuelven locos.

Como las Erinias eran fuerzas superiores antes de la llegada de los dioses, no se sometían a la autoridad de Zeus. Actuaban con justicia, aunque de forma implacable, torturando incluso a los condenados que se encontraban en el Tártaro, la región del Érebo donde residen los espíritus de los muertos. Se las invocaba mediante la maldición realizada por quien reclamaba venganza. Son deidades femeninas que no utilizan el razonamiento ni sus emociones, ya que su furia y sentido de justicia hacen que sus trabajos sean realizados de forma rápida y eficaz.

Son protectoras del cosmos frente al caos. Las Erinias se presentan bajo la imagen de una mujer mayor, con rasgos envejecidos y piel oscura y tenebrosa. De su espalda despliegan grandes alas de murciélago; sus ojos, oscuros y llenos de furia, parecen ensangrentados. En sus brazos llevan serpientes enrolladas y sobre su cabeza, portan látigos largos y antorchas encendidas. Son muchos los relatos griegos que hablan de su presencia, desde Las Euménides hasta La Ilíada.

 

Hay una festividad en honor a las Erinias, llamada Nefalia, en la que se las honra con libaciones de aguamiel y ofrendas de ovejas negras como forma de sacrificio. A ellas les estaban consagradas la tórtola blanca y la flor del narciso. Su santuario estaba ubicado en Atenas y en Colono, donde, además de un santuario, había una arboleda cuya entrada estaba totalmente prohibida, castigando con ira a quienes osaban incumplir la norma. El culto de las Erinias también se encontraba en Megalópolis, donde se las conocía con el nombre de Manías, «las que te hacen enloquecer». Por su apariencia y por no estar bajo el poder de los demás dioses, a menudo se las confundía con las Gorgonas y las Arpías (J. Méndez, abril de 2022. Las Erinias. Roma infinita).

imagen de: Gema morales pino

La furia de las Erinias solo podía ser apaciguada mediante un ritual de purificación y la realización de una tarea asignada para expiar las culpas. Estas diosas también servían a Hades y Perséfone en el Inframundo, donde supervisaban el castigo de los criminales en las Mazmorras de los Condenados. Las Sorores Genitae Nocte (Hermanas nacidas de la noche) o Erinias eran divinidades implacables, portadoras de fatalidad. Custodiaban las puertas diamantinas de las mazmorras mientras peinaban las serpientes negras que colgaban de sus cabellos. Tisífone, con su cabello desordenado, sacudía sus mechones blancos y apartaba las serpientes que cubrían su rostro. La temible diosa tomó una antorcha empapada en sangre, se vistió con una túnica roja manchada de sangre goteante y enrolló una serpiente alrededor de su cintura. La siniestra Erinia se levantó, extendiendo sus brazos entrelazados con serpientes, y al sacudir su cabello, las serpientes se desprendieron emitiendo silbidos. Algunas reptaban por sus hombros, mientras que otras se deslizaban por su pecho, escupiendo veneno y agitando sus lenguas con un silbido espeluznante. Luego arrancó dos serpientes de su cabello con un propósito fatal y las lanzó hacia Atamante e Ino. Las serpientes, al retorcerse y exhalar su aliento pestilente, no dejaron heridas visibles, pero sus colmillos venenosos afectaron las mentes de sus víctimas. Además, Tisífone preparó un veneno con espuma de Cerbero, veneno de Equidna, delirios, locura, cegueras mentales y deseos de asesinato. Mezcló estos ingredientes con sangre fresca en un caldero de bronce, agitando la mezcla con una vara de cicuta verde. Una vez que la poción estuvo lista, la derramó sobre los pechos de sus víctimas, llevándolos al borde de la locura. Luego agitó su antorcha, creando círculos de fuego, y liberó la serpiente que llevaba ceñida a su cintura (Metamorfosis, IV, 451 y ss.).

La creencia principal en torno a las Euménides radica en la maldición que recae sobre quien destruye la felicidad y paz de su familia, una maldición que un padre invoca. Además de castigar los crímenes tras la muerte, las Euménides también eran vistas como diosas del destino, quienes, junto con Zeus y las Parcas, condenaban a los hombres a sufrir miseria y desgracia (Il. XIX. 87, Od. XV. 234). Ninguna oración, sacrificio o lágrima podía conmoverlas o proteger a su objetivo, y cuando temían que un criminal pudiera escapar, invocaban la ayuda de Dicé, con quien estaban estrechamente vinculadas, teniendo como único propósito la preservación de la justicia estricta. En la era moderna, su representación ha evolucionado según el período y su iconografía, manteniendo una fuerte presencia en el arte pictórico y literario, como se observa en obras como el Infierno de Dante o el Fausto de Goethe, donde las furias también hacen su aparición (Bejarano, A. A. Consideraciones de las Erinias. XXX Seminario de Iconografía Clásica UCM: Monstruos y seres híbridos. MYTHOS UCM).

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El mito del autómata inteligente

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El mito del autómata inteligente

Imagen del Story Pin

imagen de: MR_EL

 

Recientemente, tuve el honor de ver publicado mi artículo titulado «El mito del autómata inteligente: Gólems, Hómunculos y vida artificial en la Edad Media», en la revista especializada Acta Maleficarum, una edición especial que rinde homenaje a los mitos y leyendas de la Semana Cidiana. En este artículo, exploro el antiguo deseo humano de crear vida artificial, a través del análisis de mitos como el Gólem, los homúnculos y otras creaciones que desafían la barrera entre la vida y la automatización.

El estudio parte de las primeras representaciones en la mitología griega, como Prometeo y Pandora, quienes desafiaron el orden divino al entregar a los humanos poderes reservados solo para los dioses. Estos mitos anticipan la tensión que luego se manifestará durante la Edad Media en torno a la creación de vida artificial. En ese periodo, se desarrollaron varias representaciones de seres creados por el hombre, como los homúnculos, pequeños seres artificiales nacidos en laboratorios alquímicos, y los Gólems, figuras de barro a las que se otorgaba vida temporalmente a través de rituales mágicos.

Descripción: Imagen de la portada del artículo (link al final del artículo)

El artículo resalta que estas creaciones, ya fueran de barro, metal o mediante fórmulas alquímicas, reflejan la ambivalencia de la humanidad frente a su capacidad de imitar la vida. Si bien el hombre busca convertirse en creador, estas historias nos advierten de los peligros inherentes en tal ambición. La creación artificial se concibe como una transgresión al orden divino, y a menudo el creador termina destruido o apartado de su creación, como un eco del mito de Prometeo castigado por Zeus.

A lo largo de los siglos, estas narrativas mitológicas han sido un espejo de las inquietudes humanas sobre el poder y las limitaciones de la ciencia y la tecnología. En tiempos medievales, a través de la alquimia y la magia, los intentos de crear autómatas o seres vivos artificiales continuaron desafiando tanto los límites del conocimiento como las fronteras morales y filosóficas.

Finalmente, mi análisis ubica estas historias en el contexto de nuestra evolución tecnológica, destacando cómo la fascinación por la creación de vida artificial ha evolucionado hasta nuestros días. A través de estas narrativas, se revela un miedo persistente: que lo que creamos termine por superar nuestro control, una advertencia que resuena con fuerza en la era de la inteligencia artificial.

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ENFERMEDADES, PLAGAS Y EPIDEMIAS EN LA MITOLOGÍA

ENFERMEDADES, PLAGAS Y EPIDEMIAS EN LA MITOLOGÍA

ENFERMEDADES, PLAGAS Y EPIDEMIAS EN LA MITOLOGÍA/DISEASES, PLAGUES, AND EPIDEMICS IN MYTHOLOGY

En vista de los tiempos que corren y ya que de pandemias y enfermedad va la cosa estos meses, no puedo evitar dedicar unas líneas a tratar aquí el tema y hacer referencia a algunas de las más destacadas epidemias, plagas y devastaciones que, según algunas mitologías, asolaron la humanidad. Muchas de estas plagas fueron enviadas o creadas por sus dioses con una determinada finalidad: dañar a la humanidad o castigarla por un comportamiento que no pensaban tolerar. Aunque, en ocasiones son los mismos dioses quienes frenan a otros y evitan la calamidad.

De entre todas estas calamidades, destaca la de la plagas de Egipto, que supongo que todos conocemos. Aquella en la que Yahveh envía, una tras otra, hasta 10 plagas para que los egipcios liberen a su pueblo de la esclavitud. Envió ranas, langostas, piojos e incluso peste al ganado.

Similar a estas fueron las plagas de Louhi o Loviatar, diosa finesa que nace de Tuoni y Tuonetar (dioses del inframundo) y  tras quedar embarazada del viento del Este dio a luz a 9 desastres y enfermedades. Según el Kalévala (poema finés escrito en el siglo XIX), la diosa llevó a estas nueve criaturas pesadas en su seno y nadie quiso darle cobijo ni ayudarle. Solamente una reina, considerada una bruja, le ayudó a dar a luz tras 9 años de sufrimiento. Al nacer, fueron conocidos como «todas las enfermedades y plagas de las tierras del norte» (Cáncer, Cólico, Gota, Fiebre, Úlcera, etc.). Según los eruditos de la Edad Media, estas eran las enfermedades más comunes en la época. A esta diosa se la conoce también como «Madre de los 9 desastres«. Se dice que lo último que dio a luz fue la Envidia, la peor de todas las plagas.

Otra de las ‘plagas’ más conocidas de la mitología es aquella que desata Pandora al abrir su «caja» (frasco o jarro en realidad, mala traducción heredada del siglo XVI por Erasmo de Rotterdam).  Hesíodo nos dice en el mito que, al abrir este recipiente, la humanidad pasa de la Edad de Oro a la de Plata; una era de enfermedad, catástrofe y muerte. Hay que recordar que este regalo le fue enviado por los dioses como castigo porque Prometeo les robó el fuego para los humanos.  No podemos olvidar tampoco la epidemia que en el siglo IV a.C. asoló Grecia, en concreto Tebas. Ocasionada por los actos del rey Edipo y su estirpe maldita, pues los dioses provocaron que se desataran estas consecuencias como castigo. En realidad, se cree que pudo ser consecuencia de la ingestión de leche no filtrada o carne de vacas infectadas. Pero no sólo Tucídides nos habla de esta epidemia durante la Guerra del Peloponeso, ya en la Ilíada se nos cuenta que una epidemia mermaba a los aqueos sus fuerzas y el ejército griego sufre muchas bajas por esta causa.

En otras mitologías como la Egipcia podemos encontrar epidemias o enfermedades que los dioses envían como castigo. Es el caso de Sekhmet o La Terrible, diosa de la guerra y la venganza, a la que el dios supremo Ra envió para castigar a la humanidad por adorar a otros dioses cuando él se empezó a aburrir de los humanos. Sekhmet creó enfermedades y epidemias que, cuando Ra se arrepintió, ya eran imparables. Así que tintó toneles de cerveza y los hizo pasar por sangre. Ella, emborrachándose al bebérsela, cayó en un sueño y tras esto, Ra creó nuevos dioses protectores, pues las enfermedades pasaron a formar parte de la humanidad.

Esta no es la única referencia Egipcia que tenemos de una diosa que se convierte en una plaga. Ya hablamos antes de la famosa plaga de las ranas, enviada por el dios judío. Esta plaga se asocia con la diosa Heket, a quienes las egipcias adoraban, puesto que simbolizaba la fertilidad y protección. Matar a una rana estaba prohibido y castigado. Por ello, se les envió esta plaga, para que en vez de adorar a esta diosa, pasasen a odiarla de inmediato y dejar de confiar en la protección de una vida larga y eterna.

Si incluimos otras mitologías como la hindú o la tibetana, encontramos también referencias de enfermedades o epidemias. En el primer caso, el mundo se crea de dos huevos y surgen todas las enfermedades infecciosas y armas dañinas de la cáscara de uno de ellos: el que crean el dios Munpa Zerden y la deidad oscura femenina; mientras que los hindúes consideran que todas las enfermedades nacen de la gota de sudor de uno de sus dioses principales, Shiva, intentando dar caza al animal que sacrificarían en el banquete al que no le invitaron. Él mismo prometió esparcirlas y disgregarlas para que no fueran tan dañinas, si finalmente le invitaban.

ENGLISH

In light of current times and the focus on pandemics and illness in recent months, I cannot help but dedicate a few lines to this subject and reference some of the most notable epidemics, plagues, and devastations that, according to various mythologies, ravaged humanity. Many of these plagues were sent or created by their gods for a specific purpose: to harm or punish humanity for behavior they would not tolerate. However, at times, it is the gods themselves who intervene to stop others and prevent disaster.

Among all these calamities, the plagues of Egypt stand out, which I suppose everyone knows. This is where Yahweh sends, one after another, up to 10 plagues to compel the Egyptians to release his people from slavery. He sent frogs, locusts, lice, and even pestilence upon the livestock.

Similar to these are the plagues of Louhi or Loviatar, the Finnish goddess born of Tuoni and Tuonetar (gods of the underworld). After becoming pregnant by the East Wind, she gave birth to nine disasters and diseases. According to the Kalevala (a Finnish poem written in the 19th century), the goddess carried these nine heavy creatures in her womb, but no one would shelter her or offer her help. Only one queen, considered a witch, assisted her in giving birth after nine years of suffering. Upon birth, they were known as «all the diseases and plagues of the northern lands» (Cancer, Colic, Gout, Fever, Ulcer, etc.). According to medieval scholars, these were the most common diseases of the time. This goddess is also known as the «Mother of the Nine Disasters.» It is said that the last thing she gave birth to was Envy, the worst of all plagues.

Another of the most famous «plagues» in mythology is the one unleashed by Pandora when she opens her «box» (actually a jar, a mistranslation inherited from the 16th century by Erasmus of Rotterdam). Hesiod tells us in the myth that, upon opening this container, humanity transitions from the Golden Age to the Silver Age, an era of disease, catastrophe, and death. It’s important to remember that this gift was sent by the gods as punishment because Prometheus stole fire for the humans.

We must also not forget the epidemic that ravaged Greece, specifically Thebes, in the 4th century BC. It was caused by the actions of King Oedipus and his cursed lineage, as the gods unleashed these consequences as punishment. In reality, it is believed to have been due to the ingestion of unfiltered milk or meat from infected cows. But it wasn’t just Thucydides who wrote about this epidemic during the Peloponnesian War; in the Iliad, we are also told of an epidemic that weakened the Achaeans, and the Greek army suffered many losses because of it.

In other mythologies, like the Egyptian, we can find epidemics or diseases sent by the gods as punishment. This is the case with Sekhmet, or «The Terrible,» the goddess of war and vengeance, whom the supreme god Ra sent to punish humanity for worshiping other gods when he grew bored of humans. Sekhmet created diseases and epidemics that, once Ra regretted it, had already become unstoppable. So, he dyed barrels of beer to make them look like blood. She, getting drunk after drinking it, fell into a deep sleep, and afterward, Ra created new protective gods, as the diseases had become part of humanity.

This is not the only Egyptian reference we have of a goddess becoming a plague. We already mentioned the famous plague of frogs, sent by the Jewish god. This plague is associated with the goddess Heket, whom Egyptian women worshiped, as she symbolized fertility and protection. Killing a frog was forbidden and punishable. For this reason, this plague was sent, so that instead of worshiping this goddess, they would immediately come to despise her and lose trust in her protection of a long and eternal life.

 

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Duendes de las selvas amazónicas

Duendes de las selvas amazónicas

Duendes de las selvas amazónicas

El shapshico

imagen de Jean Baptiste

 

En la jungla hay espíritus que pueden causar un daño serio. Uno de ellos es el shapshim o chullachaqui, que posee un jardín en la selva y es muy celoso de él. Es el guardián de las plantas y los animales. El siguiente relato de José Huaniri sugiere que el shapshico es un espíritu encarnado en un animal. La aparente contradicción entre ser un animal y ser invisible se resuelve al tratarse de un espíritu incorporado, que puede tener ambas propiedades simultáneamente:

«Este shapshico tiene su jardín en la selva. Si cortas un árbol en su jardín, te lastima. Es un hombrecillo que vive allí, un animal, un pequeño demonio. El shapshico usa proyectiles. El sanador extraerá el proyectil (virale) y te calmarás. No puedes ver a un shapshico ni hablar con él.» (TKU 871194)

Leyenda del shapshico

La intensa oscuridad del bosque, los eternos caminos trazados por los machetes, la espesa maleza que impide el paso a los pálidos transeúntes de la noche, la monotonía de la luna, el aullar de los otorongos y la leve sensación de conocer el mismo Hades acompañaron a José durante el largo recorrido hacia la cocha. Era de noche y José esperaba llegar con los primeros rayos del sol a las espesas aguas de la cocha Typishca. El camino fue pesado, pero tenía que pescar para poder alimentar a su familia. Atrás, en su humilde casa de madera, quedaron sus hijos y su mujer, orando al dios ausente. Para José, sus únicos compañeros durante la travesía fueron su arpón y la malgastada tarrafa que heredó de su abuelo.

Marchaba sin mirar atrás, con algunos tragos de aguardiente para disipar el miedo, pues se decía que aquella cocha estaba maldita.

En el trayecto se encontró con algunos mashos inertes en el suelo. La sangre de aquellos seres de la noche hedía, invadiendo su nariz con su olor putrefacto. En respuesta al nauseabundo olor, José se tapó la nariz usando la sucia manga de su camiseta. Aquellos desdichados mashos habían sufrido una muerte extraña. Tenían el estómago abierto y se podían apreciar sus vísceras. Este incidente le llamó mucho la atención y prosiguió su camino, pensando en aquella abominable escena.

Los efectos del aguardiente habían desaparecido y aún le quedaban tres horas de caminata cuando, súbitamente, un sonido desgarrador invadió sus oídos.

«Una mujer, estoy seguro, pobre de ella», se dijo José.

Continuó avanzando por el sendero que días antes había trazado con Andrés, el mayor de sus hijos. La noche se volvía más densa. El miedo se apoderaba de él. La desesperación por llegar a su destino invadía su alma. De pronto, sintió nostalgia, pero no una nostalgia propia de los viajeros por su tierra natal. La de José era diferente; sentía como si una parte de su alma pidiera regresar y abrazar a su familia. Sí, sentía nostalgia por su familia, sentía que, si esa fuera su última noche sobre el estrepitoso suelo amazónico, querría pasarla al lado de ellos. Pero, como dije antes, José tenía que pescar para poder sobrevivir y llevar comida a su hogar.

Por fin llegó a la cocha y empezó a preparar sus cosas para la faena, pero de pronto apareció un demonio con grandes cuernos y rabo caprino. Era como le habían contado sus antepasados. Tenía el cuerpo alargado pero de proporciones gnómicas, y el color rojo carmesí de su piel resaltaba entre la oscura noche. De inmediato, José comenzó a vomitar desde lo más profundo de sus entrañas el pango que su mujer le había preparado con tanto amor.

«¿Qué quieres de mí, maldito?», dijo José.

«Tu sangre. Quiero devorar tus tripas y hacer un festín con tus extremidades», dijo violentamente aquel monstruo que había escapado del averno.

«Tendrás que venir por mí, demonio», dijo José con voz temerosa.

«¿Qué? ¿No sabes quién soy, humano? Soy el shapshico, y esta será tu tumba.»

Valiéndose del viejo arpón, José se abalanzó contra el demonio. Aquel intento de salvar su vida no sirvió de nada. El demonio esquivó la estocada y lo golpeó violentamente. La sangre escarlata brotaba de su pálida cara. La luz del alba comenzaba a aparecer entre los árboles de cedro. Era casi la hora de cerrar la puerta del averno, cuando los demonios regresan a la eterna guarida de sus miserables vidas, de modo que el shapshico desapareció, no sin antes advertirle que si lo encontraba de nuevo lo mataría sin titubear.

El pescador regresó a casa fatigado, pero con la recompensa de haber tenido una buena jornada. «No hay nada mejor que ver a la familia esperando en la puerta tu llegada», pensó José. Pero esa felicidad se tornó efímera cuando recordó que pronto tendría que regresar nuevamente a aquella cocha maldita.

Pues el alimento se acabará pronto, y con arpón y tarrafa en mano, José emprenderá nuevamente el viaje a los confines de lo desconocido… a la cocha del shapshico.

Mayantu

According to legend, deep in the Amazon rainforest of Peru, lurks the Mayantu, a reptilian, goblin-like creature with a scaly body and the face of a toad. The creature is shown in a dark, dense jungle setting, surrounded by thick foliage, towering trees, and mist. Its body is covered in dark, slimy scales, with a grotesque toad-like face, wide mouth, bulging eyes, and sharp teeth. The atmosphere is eerie and foreboding, with shadows and dim light filtering through the jungle canopy, creating an ominous, mysterious scene.

 

El Mayantu simboliza a la fuerza espiritual de la selva, es un ente que vaga entre dos planos dimensionales: el físico y el espiritual, para manifestarse adquiere una forma pseudo animal que ocasiona la confusión, pero las personas que lo han visto, de no haberlo hecho hubieran perecido por alguno de los inciertos peligros que refugia la selva amazónica, puesto que es un duende anfibio reptiloide, que ayuda a hombres necesitados, sólo a aquellos que no representan peligro o detrimento para la vida silvestre, ya que es un ser protector de la biodiversidad ecológica generada en el caldo biológico de la Amazonía

Leyenda tradicional del Mayantu:

Mi abuelo cuenta lo que sucedió en un tiempo cuando la Amazonia no estaba muy poblada y los españoles aún no habían llegado a la selva. Solo los aborígenes habitaban esta vasta selva, que respiraba aires de tranquilidad y misticismo, porque ellos protegían y cuidaban cada elemento de la naturaleza, como el agua, los árboles y los animales.

Un día, muy dentro de la selva, los indígenas yaguas estaban celebrando sus fiestas típicas. Todos estaban reunidos en su maloca, desde los más grandes hasta los más pequeños. Las mujeres danzaban para el pueblo. El curaca, que era el jefe máximo, se encargaba de velar por el bienestar de su comunidad junto con otros hombres valientes, y ellos eran los únicos que podían ver al mayantú, el demonio de la selva. Este les daba instrucciones sobre cómo cazar, pescar y curar.

Sin embargo, la mujer del curaca estaba empeñada en conocer al mayantú, aunque su marido le había advertido que era peligroso, pues el encuentro era solo para hombres. Pero ante tanta insistencia de su mujer, el curaca accedió y le dijo que a la medianoche irían muy adentro del monte y que ella debía estar preparada porque el mayantú era muy feo, y que tan solo sentir su presencia podía crear un mal aire y propiciar la muerte.

Llegó el momento indicado y el curaca comenzó a llamar al mayantú en su idioma yagua. De repente, el mayantú se acercó emitiendo estruendosos sonidos. El curaca, al sentir su presencia, se postró y le dijo que estaba a su disposición para recibir sus instrucciones. De pronto, su mujer, que había estado escondida entre los follajes y hojarascas, salió de su escondite. Cuando el mayantú se percató de su presencia, dio un grito espantoso que hizo que la mujer cayera desmayada al suelo. Mientras tanto, el mayantú le recriminaba al curaca por haberle hecho enfadar al traer a su mujer, y se alejaba diciendo que nunca más regresaría y que, por eso, tendrían que sufrir.

El curaca se levantó y corrió hacia donde estaba su mujer desmayada. Hizo unos rezos invocando a los espíritus de los árboles para que le ayudaran a vivir, pero ellos se negaron; invocó a los espíritus de las aguas y también se negaron; por último, invocó a los espíritus de los animales, pero tampoco accedieron a su petición.

La sacha runa (madre del monte), que se encontraba cerca, oyó los gritos desesperados del hombre y le dijo que su mujer ya no viviría, y que si quería tener de vuelta al mayantú, debía sacrificar a su mujer y regar su sangre por todo el monte. El curaca se negó y regresó a su pueblo, donde estaba su tribu. Desesperados, le dijeron que llevaban dos días sin comer porque no podían cazar, ya que no encontraban ningún animal; que muchos de los suyos estaban muriendo, pues ya no sabían cómo curar sus enfermedades, y, lo que era peor, no sabían qué había sucedido con el mayantú.

Entonces, el curaca les contó la verdad y ellos no esperaron más. Hicieron tal como la sacha runa había indicado y regaron la sangre de la mujer por todo el monte, invocando el regreso del demonio. De repente, el mayantú se apareció transformado en hombre, y les dijo que seguiría enseñándoles cómo cazar, pescar y curar sus enfermedades, con la condición de que cuidaran el bosque.

Desde entonces, esta tribu de la Amazonia peruana celebra cada mes de febrero el día del mayantú, realizando una gran fiesta de disfraces de diablos, agradeciéndole y prometiéndole su obediencia.

El Supay

A depiction of the mythical Mayantú, a demon spirit of the Amazon jungle, as described in folklore. The Mayantú has large horns, a caprine tail, and crimson red skin. It has a humanoid but elongated and gnomic body, standing ominously in a dark, dense jungle at night. The figure appears fearsome with glowing eyes, partially hidden in the shadows, surrounded by towering trees, vines, and mist. The atmosphere is eerie, with only a sliver of moonlight piercing through the thick jungle canopy, highlighting the demon’s grotesque features and creating a sense of dread.

 

supay en el idioma quechua se refiere a un demonio o duende. Es un
espíritu al que le gusta hacer bromas, y sobre todo, hacer extraviar a los
que andan por el bosque al que protege en sus dominios.

Supay es un tipo de entidades espirituales dentro de la mitología Inca. De acuerdo al diccionario quechua-castellano de 1560 del fraile Domingo de Santo Tomás, el término en su forma original era neutral y podía ser utilizado para referirse a un espíritu moralmente bueno.Supay es comúnmente descrito con una apariencia «demoníaca», pues tenía largos cuernos, ojos vidriosos y penetrantes, un rostro felinico poblado de largos colmillos y largas orejas. Supay también tiene la habilidad de transformarse en un hombre inca apuesto o mujer inca muy bella. Estas habilidades lo volvían un ser muy peligroso para aquellos que no le mostraban respeto.

Leyenda tradiconal del Supay

Cajocuma es un caserío ubicado a orillas de la quebrada que lleva su nombre. Esta quebrada desemboca en el río Tigre. En este pueblo vivía Omar con su mujer Claudia y sus dos pequeños hijos. Cada día, él se levantaba muy temprano para ir a su chacra, que estaba a dos horas del pueblo. El caserío estaba rodeado por la majestuosa vegetación de la zona, y las casas estaban construidas separadas unas de otras, con un espacio libre de aproximadamente cincuenta metros entre ellas, cubierto de grama y muchos árboles frutales.

Omar regresaba antes del atardecer todos los días con algún racimo de plátano y carne fresca del monte. Después de un breve y reconfortante descanso bajo el árbol de lupuna, que desde hace mucho tiempo yacía acostado imponente en la mitad del camino hacia la chacra de Omar, probablemente debido a una fuerte tormenta que lo había obligado a abandonar sus alturas y quedar relegado para siempre en el suelo del bosque.

En aquella época hubo una escasez de alimentos. La cocha a la que solían ir a pescar se estaba secando, y los peces salían de ella buscando un lugar más amplio. Por eso, Omar decidió ir de pesca a otra cocha en compañía de su vecino Luis, un hombre mayor, de aspecto vehemente, que al igual que Omar también era pescador. El lago al que deseaban ir estaba a unos cuatro días del pueblo, navegando por un pequeño riachuelo y a una hora de viaje surcando el río. Debían partir pronto, ya que la situación se complicaba cada vez más porque la cocha se secaba rápidamente. El día anterior prepararon todo para el viaje: redes, arpones, mucha fariña y todo lo indispensable para este tipo de travesía.

Cuando salieron, la mañana estaba despejada, y parecía que nada fuera de lo común sucedería. Después del largo viaje, ambos tenían amplias sonrisas dibujadas en sus rostros, pues los peces ya se metían en la red. «Es buen momento, porque nadie más conoce esta cocha,» dijo Omar sonriente, mientras Luis se disponía a subir los peces a su canoa.

El lugar estaba deshabitado. Muchos árboles imponentes se alzaban alrededor del lago.

—»Luis, vamos por un poco de carne fresca para salar», dijo Omar. «Hay muchos sajinos por estos lugares, veshito.»

—»Vamos antes de que el sol caliente más», contestó Luis.

En el campamento que ambos habían levantado muy cerca de la orilla, dejaron sus cosas junto a algunas quirumas que encontraron por ahí, y se internaron en el bosque. La selva por donde se movían era muy tupida; solo se oían algunos monos gritando, pájaros cantando y su quieta respiración.

—»Shh… puedes verlos. Allá, entre esos arbustos…», dijo Omar mientras se preparaba para disparar el arma que llevaba consigo.

—»Con mucho cuidado, no los vayas a espantar, veshito», respondió Luis.

Se oyó el retumbante sonido en la inmensidad de la selva, y al instante estaban tras un pequeño grupo de sajinos que se movían velozmente entre la abundante vegetación. En la intensa cacería, se toparon con las huellas de un jaguar que también seguía los pasos de los animales, al igual que ellos… pero continuaron hechizados por la caza.

De repente, hubo una profunda pausa que pareció durar una eternidad, hasta que llegaron a un claro y volvieron a la realidad. El sol se ocultaba rápidamente, y el anochecer estaba por llegar. Se asustaron, pues sabían que, debido a la distancia, no llegarían a tiempo a su campamento y no querían pasar la noche en la selva, a merced de las fieras.

Abandonando todo deseo de continuar con la caza de los sajinos, comenzaron la ardua tarea de regresar a salvo al campamento.

—»Debemos encontrar el arroyo que desemboca en la cocha donde está el campamento, veshito», sugirió Luis.

—»Vamos, Luis, es por acá», le dijo Omar, señalando con el dedo en la dirección donde creía que estaba el campamento. «Si nos apuramos, llegaremos a tiempo.»

Omar iba delante a paso acelerado, y Luis le seguía de cerca, moviéndose entre la maleza y los árboles que encontraban a su paso.

—»No vayas tan rápido», dijo Luis, ya cansado por el largo trayecto que habían recorrido, mientras se sentaba sobre el tronco de un pequeño árbol tendido en el camino.

—»Falta poco, veshito. Vamos», respondió Omar.

Pero, en realidad, se estaban adentrando cada vez más en el centro de esa tupida selva. De pronto, Luis se estremeció y un sudor frío recorrió su cuerpo. Por un momento, mientras bajaba la cabeza, no se percató del destino que le aguardaba. Al levantarla para decirle a Omar que creía que estaban caminando en círculos, se dio cuenta de que el hombre al que con gran esfuerzo estaba siguiendo no era más que un pequeño hombrecito a lo lejos, quien, con una risita burlona, le dirigía una mirada antes de desaparecer en un instante, dejando su risa flotando en el aire.


Hacía mucho tiempo que Luis había perdido el rastro de Omar en aquel alocado recorrido. Mientras tanto, Omar, preocupado porque Luis no le seguía, regresó sobre sus pasos, llamándolo a grandes voces sin obtener ninguna respuesta; solo la inmensidad de la selva devolvía el eco de su voz. Lo buscó hasta el cansancio, pero no pudo encontrarlo. Temiendo perderse al igual que su desafortunado compañero, Omar continuó solo por el camino de regreso. Ahora comprendía que el supay les estaba jugando una de sus acostumbradas patrañas con el propósito de extraviarlos.

Con suerte, llegó hasta la corriente que desembocaba en la cocha y, aferrándose a un tronco a manera de balsa, muy cansado, logró regresar al campamento. Allí encontró sus cosas muy revueltas, como si alguien hubiera querido jugarle una broma pesada. Finalmente, Omar regresó a su pueblo triste y agotado, aunque con el alimento que necesitaban. Pero Luis no tuvo la misma suerte.

Omar y otros vecinos regresaron al mismo lugar para buscar a Luis, con la esperanza de encontrarlo sano. Sin embargo, a pesar de todos sus esfuerzos, no lo lograron.

La selva tiene muchos secretos muy bien guardados. Este es uno de ellos. Nadie sabe qué fue lo que pasó con Luis… solo el supay lo sabe.

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DE VENEFICIS 

Bibliografía

KAMPPINEN, MAITI, «ESPIRITUS INCORPORADOS: THE ROLES OF PLANTS
AND ANIMALS IN THE AMAZONIAN MESTIZO FOLKLORE», ,. Ethnoblol. 6(2):1998, 141-146

https://leyendarioamazonico.blogspot.com/2008/04/mayantu.html

EL MAYANTÚ Y OTROS ESCRITOS Mito y folclore de la Amazonia peruanaUniversidad Nacional de la Amazonia Peruana (UNAP)

Cuentas Ormachea, Enrique (1986). «La Diablada: una expresión de coreografía mestiza del altiplano del Collao». Boletín de Lima (Lima) (44): 35.

 

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