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La leyenda del duende Martinico

La leyenda del duende Martinico

EL DUENDE MARTINICO

 

 

Hoy os traemos a uno de los duendes más conocidos de la mitología ibérica, el duende Martinico. Para esta ocasión, cuento con la ayuda de Elisa Rivero Tarvos. Esperamos que os guste:

 

Sobre la naturaleza de los duendes no hubo acuerdo entre los antiguos, como seguramente no lo hay entre los folcloristas modernos. En cuanto a otros aspectos del duende, como pueden ser su carácter y significación[1], sí parece existir una línea de investigación más o menos uniforme.

El carácter del duende doméstico puede resumirse en los términos que nos ofrece Mercedes Cano Herrera:

Los duendes domésticos aman la casa y a cuantos en ella viven ―si se portan bien con ellos― pagando los favores con favores, pero vengándose en ocasiones duramente de las molestias que se les causen voluntariamente. Sus lugares predilectos son la cuadra ―donde se entretienen enredando con los animales―, el desván y la cocina, en la que les encanta jugar con la harina, los cacharros y los cedazos[2].

En la mitología es común que las vestimentas denoten el espíritu conciliador o irascible del ser en cuestión. Los ropajes del duende son los de alguien con una personalidad que se define más bajo lo burlesco que bajo lo temible. Sus vestimentas varían desde los ropajes rojos con capirotes del mismo color, hasta las túnicas blancas; pasando por otros como los hábitos de monje capuchino[3].

Los pueblos antiguos creían firmemente en un concepto algo abstracto llamado «dualidad de la vida». Ellos creían que el universo tenía fuerzas que se neutralizaban entre sí tendiendo al equilibrio. Así cada aspecto de la vida humana tenía su vertiente positiva (Eros) y su vertiente negativa (Thanatos). Un ejemplo claro nos lo da la mitología griega a través de dos dioses del Olimpo. Como primer ejemplo tendríamos a Ares, dios temido por ser el artífice de las guerras crueles e intestinas. Por contra tenemos a Palas Atenea, diosa de la ciudad, de la guerra justa en defensa del honor y de la virtud.

Parece que el tema del duende no escapa a esa retórica y constantemente se hace referencia a esta dualidad. Existen multitud de leyendas que hacen referencia a esta realidad, circunstancia que no ha pasado desapercibida a los investigadores[4].

Existen multitud de leyendas sobre duendes en nuestra geografía. A diferencia del ostracismo que han sufrido las tradiciones y leyendas sobre otros seres mitológicos, la creencia del duende ha llegado hasta prácticamente nuestros días. Uno de los duendes más famosos de los que se tiene constancia en nuestra geografía es un simpático personaje al que el vulgo ha apodado con el nombre de «Martinico». Este ser representa las fuerzas elementales que pueden ser propicias a los humanos, son los espíritus guardianes de tantas mitologías. Hay incluso quien los ha catalogado como duendes protegidos de la grey angelical[5].

Tiene un claro comportamiento moralista, en especial con los niños, a los que protege con gran acierto ante cualquier peligro[6. Como suele caracterizar a la práctica totalidad de los duendes, su comportamiento es inestable, errático y anárquico. Martinico es de espíritu bondadoso y colaborador, pero no tolera agravios ni insinuaciones maliciosas. Parece que su color favorito es el rojo y su vestimenta habitual (aun no comprendo el porqué) se asemeja a la de un fraile capuchino. Su vitalidad antinatural tampoco pasa desapercibida y es manifiesta su gran capacidad para la magia y el terioformismo

Sin más dilación, os dejamos algunas leyendas sobre él:

   Leyenda 1

“En 1760 delató una señora de Madrid a una moza que había tenido de criada, bastante espigada, de medianas carnes, carirredonda, blanca, algo roma y de pelo castaño, la cual, según había contado a su ama, con otras muchachas del lugar se había holgado y divertido, en el palacio del marqués de Palacios, en Mondéjar, con un muchacho llamado Martinico, de pocos años y muy feo, que se les aparecía en forma de capichino o de culebrón, quien las reprendía alguna vez por su demasiada curiosidad. Añadía la criada que, si hubiera querido, hubiera sido rica, y Martinico le haría las cosas de la casa, pero temía a la Inquisición ya que dijeran las gentes: Qué muchacha es, y ya va con la mitra por las calles!» (Papeles de la Inquisición de Toledo, leg. 92, núm. 189) (2).

 

 Leyenda 2

En Córdoba, se dice que habitaba una casa y que se enamoró de la dueña a la que pretendía obtener sus favores. El hermano de la dueña quería heredar todo lo de esta y durante muchos años intentó asesinarla. Martinico cada vez que veía al hermano acercarse a la casa, provocaba un gran estruendo haciendo que todos los vecinos salieran a la calle. La dueña, cansada de Martinico y de su insistencia, se cambia de casa; un día mientras salía de misa el hermano la asesinó. Nunca se pudo saber quién había sido el asesino, por lo que heredó todo lo de su hermana y se trasladó a vivir a la casa en la que estaba Martinico. Esa noche, mientras dormía, notó que le faltaba el aire y cómo algo le oprimía el cuello, poco a poco su cuerpo se iba incorporando hasta quedar colgado de una viga. Al día siguiente cuando los vecinos y autoridades entraron en la casa, lo encontraron muerto y en un rincón de la habitación al Martinico que les esperaba para decirles que por fin había habido justicia, y que no había sido un suicidio, sino un ajusticiamiento. Martinico desapareció[7].

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BIBLIOGRAFÍA 

 

[1] Me refiero por significación al estudio por parte de los folcloristas de los posibles orígenes del mito de su simbología, análisis psicológico e incluso su análisis antropológico.

[2] Cano Herrera, Mercedes: Entre anjanas y duendes…, op. cit. pág. 56.

[3] Cano Herrera, Mercedes: Entre anjanas y duendes…, op. cit. pág. 56.

[4] «En cuanto a su comportamiento, la literatura nos habla, generalmente, de dos clases de duendes: una amable y gentil, lúdica y habitualmente inofensiva que otorga regalos e incluso poderes para tener una buena pesca, y otra diabólica, caracterizada por su culto a Satán». Cousillas Rodríguez, Manuel: «Los duendes en la literatura española», Revista Garoza 10 (2010): 61–69, <https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3355300.pdf>.

[5] Villar Esparza, Carlos, op. cit. pág.70.

[6] Véase un ejemplo de cuanto decimos: «en los pozos, en los pueblos, pues decían que, si te asomabas mucho al pozo, que te cogía el martinico, el duende, y te metía dentro del pozo. Para asustar a los niños para que no se asomaran al pozo». Nieves Martín, Rafaela: «Literatura oral de Manzanares (Ciudad Real)», Culturas populares. Revista Electrónica 6 (2008): 1–34, <http://www.culturaspopulares.org/textos6/articulos/nieves.pdf>, pág. 6.

[7] Recuperado el día 29/05/19 a las 18:51 de: <http://leyendasyfabulas.com/el-duende-martinico/>.

El mothman y otros engendros (Parte 1)

El mothman y otros engendros (Parte 1)

         EL MOTHMAN Y OTROS ENGENDROS

 

imagen de : Horrornews.net

 

El mothman, en español hombre-polilla, también denominado en otros contextos hombre-búho,2​ es un supuesto ente humanoide de enorme estatura y aspecto parecido al de una gigantesca polilla o búho. Sus apariciones coinciden supuestamente con observaciones de ovnis o con la presencia de otras criaturas, incluyendo los hombres de negro. También se le ha relacionado con la inminencia de grandes catástrofes, siendo a veces definido como un «heraldo de desgracias y muerte».

Su historia se remonta a un ya lejano año de 1966 cuando fue visto en el estado de Virginia, en la localidad de Point Pleasant. Era la noche del 14 al 15 de Noviembre y dos matrimonios paseaban por el “Área TNT” en su automóvil, aquella zona habían sido los silos de explosivos de los militares en la Segunda Guerra Mundial. Junto a la carretera había una figura, era la extraña silueta del “Hombre Polilla” –como se le conocería por las descripciones de los testigos y el símil que pusieron con el insecto-. El conductor del vehículo se asustó y puso rumbo hacía la carretera principal mientras aquel extraño ser les perseguía y en el interior del vehículo se vivían momentos de auténtico terror.

El misterioso ser, o animal, ¿Quién sabe?- les persiguió hasta la entrada del pueblo donde abandonó la misma emitiendo un grito muy agudo. De inmediato se dirigieron a la autoridad local a dar parte de lo sucedido. La policía registró e inspeccionó el lugar pero no había ni rastro de aquella criatura espantosa.

 

ilustración de  james mitchell

 

El nombre de ulula (lechuza) deriva del griego obolydsein, es decir, del llanto y el gemido, y es que cuando canta, lo recuerda justamente. De aquí que se dice entre los agoreros que, dejar de oír su lamento, es signo de tristeza, y cuando guarda silencio es señal de prosperidad. San Isidoro en las Etimologías comenta sobre el búho que es un ave lúgubre, muy recargada de plumas y perezosa, que se la ve de día y de noche merodeando por los cementerios y habita en las cavernas. Este pecado capital aparece en una miniatura del siglo XIV, de la Biblioteca Nacional de París. En opinión de los augures es un ave portadora de calamidades y dicen que su presencia en una ciudad presagia desolación.

La creencia en la lechuza como un animal asociado al inframundo puede rastrearse en la mayoría de culturas antiguas:

El búho y la lechuza hacen acto de presencia en los libros sagrados, generalmente en escenas de ruina y desolación. Así, en el pasaje de Isaías 34, 11 leemos: «Será morada de pelícanos y erizos, mansión de cuervos y lechuzas», y en los Salmos 102, 7 dice: «Me parezco al pelícano del desierto, soy como la lechuza de las ruinas”. Además de su inclusión como animales impuros según las prescripciones que dio Dios a Moisés no podían comerse, constituyendo desde antiguo las aves por antonomasia de agüeros siniestros. Los bestiarios insisten en la suciedad del búho basándose en una cita del Deut. 14:15; la preferencia de este animal por la obscuridad es interpretada como un rechazo de Cristo. Guillaume Le Clerc explica que la lechuza representa a los judíos traidores y malditos, que no quisieron creer los consejos de Dios. También la asocia con el Príncipe de las Tinieblas. Contrariamente, en el Bestiario de Oxford, en sentido místico, este ave representa a Cristo, a quien le gusta la noche y las tinieblas, porque no quiere la muerte del pecador, sino su conversión y su vida.

En el sistema jeroglífico egipcio, la lechuza simboliza la muerte, la noche, el frío y la pasividad. También concierne al reino del sol muerto, es decir, del sol bajo el horizonte, cuando atraviesa el lago o el mar de las tinieblas. Cierta afinidad con este simbolismo hallamos en Cantabria, pues por el resplandor fosfórico en sus ojos es el pájaro de los muertos y se le considera ave de mal agüero, nuncio, aldabazo postrero de la muerte que va cerrando con un arco iris palidísimo nuestras vidas.

En la China, el búho anuncia calamidades, probablemente a causa de sus grandes ojos de demonio y a partir de la fábula según la cual los búhos jóvenes no aprenden a volar, hasta que les han sacado despiadadamente los ojos a sus progenitores. En cambio, durante la dinastía Shang, este ave tuvo un significado primitivo, puesto que muchas vasijas de bronce ostentan su figura y fue emblema de Huang-ti, el emperador amarillo, el gran fundador.

En la cultura preazteca del antiguo México (Teotihuacán), la lechuza estaba consagrada al dios de la lluvia, pero entre los aztecas simboliza una criatura demoníaca nocturna y un mal presagio. En varios códices se la representa como el guardián de la casa oscura de la tierra. Asociado a las fuerzas clónicas, es también un avalar de la noche, de la lluvia de las tempestades. Este simbolismo lo asocia a la vez con la muerte y las fuerzas de lo inconsciente, que gobiernan las aguas, la vegetación y el crecimiento. Esta ambivalencia interpretativa queda ilustrada con el siguiente refrán «Lo que para uno no es su lechuza, es para otro su ruiseñor”.

 

                                           El BÚ

ilustración obra de: ilustracionesdavidpi.blogspot.com

Nuestro país también tiene su propia leyenda de un peligroso búho o  lechuza antropomorfo cuya visión provoca funestas consecuencias.

Tanto en Villamanrique como en Torre de Juan Abad, se le tenía por un enorme y negro búho de cuerpo deforme, grandes alas silenciosas, ojos rojos como platos, dos navajas eran su amenazador pico, las garras como trampas loberas.

Cuentan que eran muy frecuentes sus apariciones. Se presentaba al reclamo de auxilio de las mamás y abuelas, a la hora de la siempre evitada siesta infantil. Se encuentra mención a este ser en distintos cantares castellanos:

Duérmete mi niño / Que ya viene el bú / Que se lleva a los niños / Así como tú

Landú, landú / serenadito landú / cierra tus ojos niñito / o vendrá el Bú.

 

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BIBLIOGRAFÍA

https://es.wikipedia.org/wiki/Hombre_polilla

Las terroríficas a las apariciones de ‘Mothman’  Jose Manuel Garcia Bautista

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/lechuzas-y-buhos-aves-de-mal-aguero/html/

https://mitologiaiberica.fandom.com/es/wiki/B%C3%BA

KONGAMATO

KONGAMATO

                               Kongamato

 

ilustración obra de  devian art bryansyme.deviantart.com

Kongamato («rompe botes»), en la mitología de África y en criptozoología, es el nombre con el que se conoce a un supuesto monstruo volador. La criatura ha sido avistada en lugares como el pantano de Jiundú en Zambia, en Angola y el Congo. Ha sido descrita como un ave gigante con alas color marrón de dos metros de largo y un pico puntiagudo con dientes afilados. Exploradores han mostrado a los nativos libros con ilustraciones de animales prehistóricos, y estos lo han relacionado con el Pterodáctilo.

 

 

                                                         imagen fuente: https://villains.fandom.com/wiki/Kongamato

 

Ya en un libro de viajes publicado en 1923, Frank H. Melland narra los testimonios de varios indígenas de la región pantanosa de Jiundú, pequeño afluente del Zambeze (en el noroeste de la actual Zambia), que describieron el kongamato, una especie de reptil con alas de murciélago y un largo pico armado de feroces dientes. Cuando Melland dice haber mostrado a los nativos algunas láminas que ilustraban libros de biología con animales prehístóricos, éstos lo habrían relacionado inmediatamente con el pterodáctilo, a la vez murmurando: «kongamatokongamato«.

 

Igualmente, en Zambia y Zimbabue los nativos de la zona también habrían informado a reporteros de la BBC de Londres, sobre un «lagarto volador» con alas de 2 metros de envergadura y semejantes a los murciélagos. Su pico era largo y lleno de dientes. Lo llaman kongamato y lo temen y respetan, ya que según sus tradiciones ataca a seres humanos, especialmente a bebés, a quienes llevaría volando, atrapados entre sus enormes garras.

 

Bibliografía

STANKOVIC , VLADIMIR ilustrated enciclopedia of cryptozoology

 

El mito del vampiro (PARTE 1)

El mito del vampiro (PARTE 1)

     El mito del vampiro

¿Conoces la historia del mito del vampiro?
Fue la novela de Bram Stoker, Drácula, la que catapultó la historia del vampiro a la fama mundial. Pero antes de la célebre publicación de la novela, ya venían contándose mitos y leyendas de vampiros desde hacía siglos.

Lo cierto es que historias de vampiros ya existían desde la noche de los tiempos. Los primeros testimonios podemos encontrarlos entre los acadios y los sumerios, de los que bebe el mito hebreo de Lilith. En la Grecia Clásica se creía en las lamias, seres mitad vampiro y mitad mujer que vivían en los cementerios, desenterraban los cadáveres y se comían sus carnes.

Los romanos creían en las strige o strix, pájaros vampiro que se creía que eran la reencarnación de aquellos que en vida habían sido maléficos. Las strix volaban durante la noche sobre las cunas de los niños y les chupaban la sangre[1]. Los casos de vampiro no se reportan tan solo en Europa, sino que se encuentran dispersos alrededor del globo[2]. Por tanto, hay que entender el mito del vampiro como un sustrato cultural común a casi la práctica totalidad de las culturas.

En cuanto al origen del término «vampiro», es probable que provenga de palabra magiar vampyr. Este término de origen eslavo aparece también en ruso, polaco, checo, serbio, y búlgaro (si bien encontramos también las variantes rusas upir / upyr y upuir en el sur de Rusia; búlgaras vapir / vepir; rutenas tlepyr / vopyr / opyr y la variante polaca upier)[3].

Se ha discutido hasta la saciedad cómo se originó el mito del vampiro, sin que hasta la fecha haya una tesis concluyente. Algunos han visto en una vieja enfermedad, la porfiria, el origen de los mitos relacionados al vampiro. Quien padece la enfermedad tiene palidez, eritrodontia, fotosensibilidad, cambios oculares, hipertricosis e incluso daño óseo[4. En algunos casos, «el exceso de porfirinas, además de afectar la piel, provoca un compromiso sistémico crónico, especialmente de tipo hepático o biliar y, lo más grave, origina crisis neuro‑psiquiátricas que pueden llevar a alucinaciones, trastornos de personalidad, parálisis de extremidades y paros respiratorios, con riesgo de muerte»[5].

Sin embargo, como bien afirma Salomé Guadalupe, la catalepsia no explicaría la no descomposición de los cuerpos con que se asocian los mitos vampíricos[6]. La falta de descomposición en los cadáveres por la falta de oxígeno en la tumba[7], la baja temperatura o la saponificación[8] podrían en parte explicar el fenómeno, mas no del todo.

Puede que no exista una única forma de entender el mito del vampiro. Sino que es muy probable que, en la gestación de la leyenda hayan contribuido episodios de distinta índole. Con tan solo la ciencia no puede entenderse en su complejidad el mito del vampiro, pues lleva a una tesis imperfecta y reduccionista[9]. Lo más prudente para mí es no pronunciarme y dejar que cada uno decida de qué trata este mito. Si es leyenda, superstición, patología, mito o realidad. Fueran las que fueran las circunstancias que dieron vida al mito del vampiro, lo cierto es que este sobrevivió a la época antigua.

En la Edad Media, el mito del vampiro resurgiría con fuerza. Los primeros padres de la Iglesia vieron en el vampiro una manifestación del diablo. La figura del vampiro, asociada ahora a la acción del maligno, tomaría carices muy distintos. Una parte de los curas asociaría el vampiro con una clase de demonios llamados súcubos. La explicación era que el diablo necesitaba semen humano para crear su progenie. De este modo, San Agustín indicaba:

[…] que los demonios no pueden producir semen, a pesar de tener pasiones similares a las humanas. Por ello lo toman del cuerpo de diez hombres para inyectarlo después en el cuerpo de las mujeres dormidas y dejarlas embarazadas. Santo Tomás de Aquino es quizás más específico, cuando indicaba que, como el diablo no puede producir semen, se convierte en súcubo para recibir el semen del hombre y posteriormente en íncubo para trasmitirlo a la mujer[10].

 

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BIBLIOGRAFÍA

[1] Agustí Aparisi, Carme: «Calmet y el vampiro…», op. cit. pág. 181.

[2] El repertorio de seres vampirescos es mucho más extenso y entre ellos pueden citarse los ekimmus en Asiria, guls entre los árabes, jigar-khor en la India, los ch’ing-shihs en China, los jikinikis en Japón o los khu en Egipto, entre otros. Otro ejemplo todavía más lejano es el antiguo mito del dios murciélago en las culturas mesoamericanas vinculado a la sangre, a la noche, a la oscuridad y relacionado con otras criaturas del inframundo a su vez asociadas a los decapitados en ciertos sanguinarios sacrificios rituales (entre esas criaturas se cuenta de nuevo la araña, el búho y el alacrán). Puede decirse que el mito de la sangre como fuente de juventud y vida es una constante prácticamente universal.

[3] Ingelmo Guadalupe, Salomé: «La sangre es la vida, a la caza del vampiro semítico», Isimu 11 (1999): 143–64, <https://revistas.uam.es/isimu/article/download/3689/3927>. (143)

[4] «Las porfirias son un grupo heterogéneo de desórdenes metabólicos congénitos y/o adquiridos que consisten en una falla en la biosíntesis del grupo hem de la hemoglobina, cuya consecuencia es el depósito anormal de porfirinas en distintos tejidos como la piel, sangre, hueso y dentina, además de heces y orina. Los pacientes de dicha enfermedad presentan algunos de los síntomas algo similares a los que presenta el vampiro en el mito». Díaz‑Rosales, Juan de Dios E. Romo Jesús: Mitos y ciencia: Porfiria y vampirismo, op. cit. pág. 45.

[5] Díaz‑Rosales, Juan de Dios E. Romo Jesús, op. cit. pág. 46.

[6] «Pero sin embargo la catalepsia no explicaría en absoluto la no descomposición de los cuerpos. Esta teoría obligaría por tanto a sostener que todos los cuerpos que según las crónicas fueron desenterrados y presentaban síntomas de vampirismo, fueron desenterrados poquísimo tiempo después de su defunción y sabemos a través de las crónicas que esto no es cierto». Guadalupe Ingelmo, Salomé: «La sangre es la vida», op. cit. pág 162-163.

[7] «El primero en este hallazgo fue un importante personaje histórico que merece ser nombrado, es el austriaco Gerard von Sweiten (1700-1772), quien fue médico de cabecera de la emperatriz María Teresa y director de la Facultad de Medicina de la Universidad de Viena. Su importancia radica en haber sido uno de los primeros científicos en oponerse a las supersticiones sobre los vampiros. En su Discurso sobre la existencia de los fantasmas (Abhandlung des Daseyns der Gespenster), Sweiten expone argumentos racionales en contra de este mito. Menciona, por ejemplo, que la falta de oxígeno en algunas tumbas evitaba el proceso de fermentación en los cuerpos y que esta era la causa de que al exhumar algunos cadáveres no se apreciara una descomposición. Como consecuencia de este reporte, la emperatriz María Teresa emitió un comunicado que dictaminaba la prohibición de prácticas como el empalamiento, la decapitación y la cremación de los difuntos». Salazar Morales, Miguel Fernando y Cea Bonilla, María Alicia del Sagrado Corazón: «Licántropos, hematófagos y brujas…», op. cit. pág 8.

[8] «En cualquier caso, podría existir una explicación científica para la no descomposición de los cuerpos al margen de las bajas temperaturas: la saponificación. Este proceso puede desarrollarse en lugares húmedos y consiste en la conversión de los tejidos subcutáneos en una substancia similar a la cera, que permite que el cuerpo se conserve durante años. Son las grasas las que se convierten en jabón, actuando como catalizadores de la reacción los fermentos denominados lipasas». Guadalupe Ingelmo, Salomé, op. cit. pág. 163.

[9] «El racionalismo y la todopoderosa ciencia han intentado explicar a través de la medicina, con todas las propuestas imaginables, el mito del vampiro, estudiando las epidemias de vampirismo declaradas en los Balcanes a fines del siglo XVII e inicios del XVIII. Parece que los médicos se olvidan absolutamente de todo el bagaje cultural que existe alrededor del vampiro y no se dan cuenta de que sus sesudas explicaciones servirían, como mucho, para explicar los casos “recientes” de vampirismo atestados en Europa, pero en absoluto para explicar el nacimiento del mito en si en las sociedades antiguas. Además, dado lo arraigada que se encuentra la figura del vampiro en el inconsciente colectivo desde probablemente la más tierna infancia del hombre, no resulta necesario ni siquiera intentar explicar el fenómeno reciente a través de causas médicas, dado que no hay que perder de vista la sugestión». Guadalupe Ingelmo, Salomé, op. cit. pág. 162.

[10] Guadalupe Ingelmo, Salomé, op. cit. pág. 148.

 

 

Los duendes (parte 1)

Los duendes (parte 1)

imagen de: jean baptiste monge

«El duende, pues, era el fuego de las humanidades primitivas. Cuando por vez primera apareció en las oscuridades de la noche se le juzgó el espíritu más grato, más próximo y más amigo. […] Y el fuego brotó pronto, como un muerto amoroso y protector que se transformaba en lumbre…” (Constantino Cabal)

 

Desde la noche de los tiempos puede rastrearse la creencia en unos seres elementales de la naturaleza, los gnomos y los duendes. Su mundo se desarrolla paralelo al nuestro, y aunque ambos se encuentran conectados, parece que su mundo se rige por unas reglas distintas que escapan a nuestra comprensión.

En cuanto a los habitantes de este maravilloso mundo, los seres feéricos, también llamados «gente pequeña» o duendes, son la personificación de las pasiones y de los sentimientos de las almas que existen en los bosques, los ríos, los caminos y las casas. La «buena gente» son seres mágicos que viven entre este mundo y el sobrenatural del que provienen.

Acercarse al estudio de estos simpáticos personajes puede presentarse como un camino tortuoso. La primera dificultad de presentar este tema es que han recibido multitud de nombres a lo largo de la historia. Así a los gnomos en otros lugares les llamaban dwarfs, dvergar, pigmeos, etc. Con un único fin divulgativo, me he tomado la libertad de «clasificar» estos seres de acuerdo con las referencias que de ellos hacen las fuentes.

En Cataluña y las Islas Baleares, se habla de un tipo de enano, «el negret», que tiene la capacidad de convertir en oro lo que toca. Inclusive él mismo es capaz de convertirse en oro de acuerdo con la tradición[1]. En Cantabria existe la leyenda del «enano buscador». «Alegre y bromista, es de ronca voz y fuerte risa. De tamaño pequeño, como todos los duendes, su larga nariz y grandes ojos negros le ayudan en su labor de rastreador[2]. Si en alguien pierde un objeto importante solo debe recitar: “Duende, duende, duendecito una cosa yo perdí; duende duendecito compadécete de mí”»[3].

 

 

 

Fuente : pixaby.com

Los duendes de los niños 

 

Además de los ya conocidos duendes familiares, existen también a lo largo de toda la geografía Española unos duendes muy simpáticos. Estos son los duendes “de los niños», con quienes juegan y cuidan. Estos diminutos elementales suelen acompañar a los niños cuando están solos y cuando duermen, siendo los vigías de sus sueños.

Una manera muy curiosa de manifestarse que tienen estos duendes, es a través de las motas de polvo, visibles al fundirse con los rayos de sol. Sin embargo, el privilegio de verlos solo ocurre durante la infancia ya que al crecer, se cree que perdemos esa sensibilidad para percibirlos.

 

Bibliografía

[1] «Si un afortunado mortal se topara con este personaje y se le ocurriera rozarlo con la candela, el negret se convertiría inmediatamente en monedas contantes y sonantes, haciendo rico al humano suertudo. Estas tradiciones se encuadran dentro del mito del “toque mágico”, es decir, se debe efectuar un contacto especial con algún objeto o material determinado para que el espíritu conceda sus dones y favores (como ocurre con la gallina y sus pititos de oro de las hadas) o para que se produzca el desencantamiento (como ocurre con las ayalgas asturianas)». Callejo Cabo, Jesús, op. cit. pág. 46.

 

[2] Cano Herrera, Mercedes, op. cit. pág 64.

 

[3] Cano Herrera, Mercedes, op. cit. pág 64.

Nuevo libro: «Guía de los seres mitológicos españoles»

Nuevo libro: «Guía de los seres mitológicos españoles»

      RESEÑA GUIA DE LOS SERES MITOLÓGICOS ESPAÑOLES. 

Hace unos escasos meses ha aparecido en el mercado una obra singular sobre la mitología ibérica. Cuando nuestros mitos y tradiciones estaban ya casi olvidados, aparece una obra ilustrada de más de 340 pág. al rescate.  

 

 

Este libro te invita a sumergirte en una aventura mágica a través de nuestra geografía. ¡Consigue el tuyo AQUÍ


En sus páginas puedes adentrarte en el las antiguas leyendas que, hasta no hace mucho, podían oírse a lo largo y ancho de nuestra geografía. Hoy todo ese saber, que creíamos casi perdido, ha sido preservado en gran parte gracias a la aportación de este libro, que rescata más de un centenar de criaturas y dioses de nuestra mitología.
Podemos encontrar ilustraciones de nuestros mitos y tradiciones de la mano de David Reñe, como por ejemplo este magnífico Herensugue: 

Ya centrándonos en el análisis pormenorizado del libro, debemos señalar que contiene nada menos que siete capítulos. 

1-BREVE INTRODUCCIÓN: EN BUSCA DE LA MITOLOGÍAESPAÑOLA.
En este capitulo su autor, Pablo Ruiz, reflexiona sobre la importancia de indagar en la prehistoria de nuestra península, y en el estudio de los pueblos pre-romanos de nuestra geografía en busca de claves que nos ayuden a vislumbrar o rastrear el origen de nuestros mitos. En una exposición amena, pero recogiendo infinidad de fuentes, podemos conocer algunas de las costumbres de los íberos.
También podemos encontrar el estudio de antiguas tradiciones de culto a la naturaleza que han llegado a nuestros días, a través de la tradición oral.
Finalmente, el capítulo termina con un apartado dedicado a la gran diosa del panteón Vasco, Mari .

2 LOS SERES ELEMENTALES DE LA NATURALEZA
En este capítulo nos adentramos en el mundo de los seres feéricos de nuestro país. A pesar de que mucha gente lo desconoce, en nuestro país hay multitud de leyendas sobre hadas, encantairas, damas blancas, sirenas y duendes . Se recogen ua infinidad de cuentos y leyendas de la tradición oral, y se analizan desde un punto de vista histórico, antropológico, iconográfico etc.
El tema es tratado con seriedad y rigor, por lo que en seguida llegamos a la conclusión de que estos seres no son lo que nos habían contado…

3 EL MITO DEL GIGANTE

Seguidamente nos topamos con una recopilación de historias sobre gigantes en nuestro país. Jentiles, mouros, ojáncanos, y otros muchos tienen su entrada estelar en este apartado. ¿Dónde vivían? ¿de qué se alimentaban? ¿ En que creían?  ¡Todo esto y mucho más podéis encontrarlo en este capítulo!

4.ESPÍRITUS DE LA NATURALEZA: GNOMOS, DUENDES Y FAMILIARES

En este capítulo nos sumergimos en las leyendas de los «intraterrenos», de los duendes de los bosques y de los duendes del hogar, los familiares.

A lo largo de la geografía, pueden rastrearse antiguos mitos sobre encuentros con estos seres. El autor nos presenta una historia de los espíritus de la naturaleza que pocos conocen en estos días.

Martinico, Todín, El trasgu, enanuco, son algunos de los nombres con los que uno se podrá topar en este capítulo.

5-EL UMBRAL: SERES DE ULTRATUMBA EN LOS MITOS ESPAÑOLES

Por fin llegamos a la parte menos amable de los mitos y leyendas españoles. Nos referimos a aquellas historias de seres tenebrosos asociados a sucesos escabrosos.  

Aquí se recogen historias sobre los presagios de muerte, cuyo máximo exponente es la Santa compaña 

También tiene su espacio el hombre lobo en España y el mito del vampiro.

6-DRAGONES Y SERPIENTES

Por último, nos topamos con uno de los mitos más amados por el público en general. Nos referimos a las historias de dragones y serpientes

Pablo Ruiz rescata las antiguas leyendas del Herensuge, del Cuélebre, de la tragantía y un sinfín de seres maravillosos que, según cuentan, un día poblaron nuestras tierras.

¡ÉCHALE UN VISTAZO!. Las primeras 30 páginas pueden visualizarse en el siguiente enlace : 

https://www.flipsnack.com/GUA55/libro-mecenas.html

¿QUIÉRES CONOCERNOS UN POCO MEJOR? Aquí tienes una pequeña entrevista que nos hicieron en dados y mazmorras.

También adjuntamos una reseña de cemeneterio de noticias , donde se explica la historia del libro desde el primer mecenazgo hasta la actualidad.
Por si fuera poco, podéis  leer algunas de las reseñas que los mecenas han dedicado a esta obra: 

Nuestro amigo y compañero de Elficología en España, nos dedica estas amables palabras sobre nuestra obra :

«La Mitología Ibérica es una de las muchas que hay a lo largo y ancho del globo, poblada de seres de los que se habla desde tiempo inmemorial y que han cohesionado a los pueblos en todo el mundo con el hecho común de que en todas las culturas se hablaba de lo mismo prácticamente aunque con nomenclaturas diferentes. Donde la modernidad representa la atomización de la sociedad, el mito en su más vasta expresión, representa un pasado quizás más revitalizado y unificado .

Este libro es una interesante compilación de más de 300 páginas que recoge prácticamente todas las criaturas más importantes de nuestra mitología y folclore patrios. En sus páginas podrás encontrarte con historias de duendes, hadas, dragones, hombre lobo, vampiros, seres críptidos, etc. Que entran en contacto directamente tanto con la elficología, la criptozoología y hasta la propia vampirología.

Ahora más que nunca, apoya y difunde la cultura mitológica»  

leer entrada completa aquí: 

 

Por su parte, Elisa Rivero, mecenas de la segunda edición, nos ofrecía esta reseña de sus experiencias leyendo la obra: «Durante la fase de documentación de mi nueva aventura, Mitología por Provincias*, tuve la fortuna de toparme con Pablo y su maravilloso libro. La guía de los seres mitológicos de España es un proyecto muy ambicioso que ha logrado recopilar con maestría los principales mitos y seres que aún coletean por nuestros bosques y cuevas. 
En sus nada menos que 350 páginas, Pablo nos presenta a diosas madre, elementales, gigantes, duendes, seres de ultratumba y dragones. Para cada una de estas secciones encontraremos una introducción con generalidades y referencias a estos seres en mitologías de otras partes del mundo. Después, recoge historias y cuentos ya casi perdidos de antiguos tratados, de la memoria de los últimos habitantes de valles remotos. Pero además de compartir con nosotros estos mitos, las analiza desde varios puntos de vista: la historiografía, la arqueología e incluso la biología y la medicina. Para dar el punto colorido, David Reñé da vida a estos seres con sus ilustraciones»
Podéis consultar el resto de la reseña aquí:

 

¿QUIERES SABER MÁS DE MITOLOGÍA?

LINKS 

DRAGONES:

DUENDES, DIABLOS Y ESPÍRITUS FAMILIARES 

GUÍA DE LOS SERES MITOLÓGICOS ESPAÑOLES 

EL PADRE LOBO Y LAS BRUJAS EN HORTSAVINYÀ

HOMBRES LOBO Y OTROS DEPREDADORES DE LA MITOLOGÍA 

DE VENEFICIS 

 

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