Los duendes (parte 1)

Los duendes (parte 1)

imagen de: jean baptiste monge

“El duende, pues, era el fuego de las humanidades primitivas. Cuando por vez primera apareció en las oscuridades de la noche se le juzgó el espíritu más grato, más próximo y más amigo. […] Y el fuego brotó pronto, como un muerto amoroso y protector que se transformaba en lumbre…” (Constantino Cabal)

 

Desde la noche de los tiempos puede rastrearse la creencia en unos seres elementales de la naturaleza, los gnomos y los duendes. Su mundo se desarrolla paralelo al nuestro, y aunque ambos se encuentran conectados, parece que su mundo se rige por unas reglas distintas que escapan a nuestra comprensión.

En cuanto a los habitantes de este maravilloso mundo, los seres feéricos, también llamados «gente pequeña» o duendes, son la personificación de las pasiones y de los sentimientos de las almas que existen en los bosques, los ríos, los caminos y las casas. La «buena gente» son seres mágicos que viven entre este mundo y el sobrenatural del que provienen.

Acercarse al estudio de estos simpáticos personajes puede presentarse como un camino tortuoso. La primera dificultad de presentar este tema es que han recibido multitud de nombres a lo largo de la historia. Así a los gnomos en otros lugares les llamaban dwarfs, dvergar, pigmeos, etc. Con un único fin divulgativo, me he tomado la libertad de «clasificar» estos seres de acuerdo con las referencias que de ellos hacen las fuentes.

En Cataluña y las Islas Baleares, se habla de un tipo de enano, «el negret», que tiene la capacidad de convertir en oro lo que toca. Inclusive él mismo es capaz de convertirse en oro de acuerdo con la tradición[1]. En Cantabria existe la leyenda del «enano buscador». «Alegre y bromista, es de ronca voz y fuerte risa. De tamaño pequeño, como todos los duendes, su larga nariz y grandes ojos negros le ayudan en su labor de rastreador[2]. Si en alguien pierde un objeto importante solo debe recitar: “Duende, duende, duendecito una cosa yo perdí; duende duendecito compadécete de mí”»[3].

 

 

 

Fuente : pixaby.com

Los duendes de los niños 

 

Además de los ya conocidos duendes familiares, existen también a lo largo de toda la geografía Española unos duendes muy simpáticos. Estos son los duendes “de los niños”, con quienes juegan y cuidan. Estos diminutos elementales suelen acompañar a los niños cuando están solos y cuando duermen, siendo los vigías de sus sueños.

Una manera muy curiosa de manifestarse que tienen estos duendes, es a través de las motas de polvo, visibles al fundirse con los rayos de sol. Sin embargo, el privilegio de verlos solo ocurre durante la infancia ya que al crecer, se cree que perdemos esa sensibilidad para percibirlos.

 

Bibliografía

[1] «Si un afortunado mortal se topara con este personaje y se le ocurriera rozarlo con la candela, el negret se convertiría inmediatamente en monedas contantes y sonantes, haciendo rico al humano suertudo. Estas tradiciones se encuadran dentro del mito del “toque mágico”, es decir, se debe efectuar un contacto especial con algún objeto o material determinado para que el espíritu conceda sus dones y favores (como ocurre con la gallina y sus pititos de oro de las hadas) o para que se produzca el desencantamiento (como ocurre con las ayalgas asturianas)». Callejo Cabo, Jesús, op. cit. pág. 46.

 

[2] Cano Herrera, Mercedes, op. cit. pág 64.

 

[3] Cano Herrera, Mercedes, op. cit. pág 64.

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