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Ningyo, las sirenas japonesas.- Colaboración con Nuestras Fiestas y Misterios Del Mundo.

Ningyo, las sirenas japonesas.- Colaboración con Nuestras Fiestas y Misterios Del Mundo.

Ningyo, las sirenas japonesas.

 

Hoy nuestro amigo de Nuestras Fiestas y Misterios Del Mundo. nos birnda esta leyenda de su página de facebook. Esperamos que la disfrutéis:
Las sirenas son conocidas como Ningyo en japonés, pero son muy diferentes de las sirenas de la tradición occidental. Los Ningyo se asemejan más a los peces que a los humanos, con un nivel variable de características similares a las humanas. Sus características van desde una fea y deformada cara de pez con boca que se parece a la de un mono, escamas doradas, un torso humano entero hasta unos dedos largos y huesudos terminados en garras afiladas. Pueden variar en tamaño desde el tamaño de un niño humano hasta el tamaño de un sello grande. A diferencia de las sirenas de las leyendas del Atlántico y el Mediterráneo, los Ningyo del Pacífico y el Mar de Japón son horribles de contemplar, más parecido a una pesadilla de otro mundo que a una sirena seductora.
Las sirenas se asemejan a las razas conocidas en todo el oeste, en un atractivo torso humano y en la parte inferior del cuerpo.
Particularmente desde el final del período Edo y la apertura de Japón hacia el oeste, se han visto más y más sirenas atlánticas de estilo occidental en aguas japonesas. Sin embargo, la sirena japonesa más común es más bestia que belleza.
Los avistamientos de Ningyo se remontan a las primeras historias escritas de Japón. Los primeros avistamientos de sirenas en Japón se encuentran en el Nihon Shoki, uno de los libros más antiguos de la historia clásica japonesa, que data del año 619 d. C.
Se cree que la carne deliciosa de un Ningyo otorga vida eterna y juventud a aquellos que la comen y, por lo tanto, es el tema de muchos cuentos populares. Sin embargo, conlleva un peligro que la mayoría de la gente no está dispuesta a arriesgar. Los Ningyo pueden lanzar una poderosa maldición sobre los humanos que intentan herirlos o capturarlos, y algunas leyendas hablan de pueblos enteros que fueron tragados por los terremotos o maremotos después de que un pescador llevara a casa un Ningyo en una de sus capturas.
Si aparece uno de estos peces muerto sobre la playa, indica calamidad o guerra.
Se dice que este pez emite un silbido similar al sonido de una flauta, por lo que es un motivo más por el que se les ha relacionado con las sirenas occidentales.
Si bien su apariencia grotesca y sus poderes sobrenaturales los convierten en un tema intrigante, es mejor evitarlos a toda costa.
Una popular historia cuenta que hace muchos años, un pescador ofreció este manjar a sus invitados, pero al ver el aspecto del pez, éstos se negaron a comerlo. Uno de ellos, borracho de sake, llevó el trozo de pescado a su casa, donde su hija lo comió. El padre, asustado, vigiló a la joven por un tiempo, pero nada pareció suceder. Con el tiempo la chica se casó y tuvo hijos, pero notó que jamás envejecía. Enterró a su esposo y a sus hijos viviendo 800 años.

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El temible ojáncano

El temible ojáncano

 El temible ojáncano

imagen de: Rodolfo Gorrín

Uno de los representantes más conocidos de estos seres es el ojáncano, que tiene su hábitat entre las tierras de Cantabria y Asturias
(aunque allí le llaman ijancano). «Es el mito masculino, fiero, malhumorado, gigantesco, siempre pensando en destruir cabañas, en
derrumbar árboles y puentes, en entorpecer las camberas y los senderos con grandes peñascos»

Parece que son inmunes a prácticamente cualquier ataque, pues su inmenso tamaño y resistencia antinatural los convierte en un adversario
temible. Si por desventura cruzas tu camino con uno de ellos puede que la única opción que te quede para salvar tu vida sea huir. No es posible usar la fuerza bruta con ellos, pues cuentan con la fuerza que contaban los primeros hombres de la Edad de Oro.

El más fuerte de los varones de nuestra raza apenas alcanzaría a provocarle pequeñas laceraciones en la piel. Si las leyendas son ciertas,
es capaz de despedazar un oso con sus manos desnudas. Ante un ser de tales capacidades físicas, no parece que la confrontación sea lo
más adecuado.

Por ventura no existe ser de este mundo ni del venidero, terreno o subterráneo, de los cielos y los mares, dios o mortal, que no tenga
una debilidad que explotar. El ojáncano teme a un ser ancestral de mucho menor tamaño, pero mayor en las artes arcanas, la xana. Esta suele rescatar a los humanos del ataque del cíclope si se le presenta ocasión, venciéndolo con suma facilidad mediante el uso de sus artes arcanas.
Si no puedes contar con la ayuda de la xana y si tus piernas no te permiten escapar, aún te queda una última oportunidad para salvar
tu vida. En su frondosa barba, se encuentra un único pelo canoso. Si consigues tirar de él con suficiente fuerza como para arrancarlo, el
monstruo se debilitará hasta que le sobrevenga la muerte.

Paralelamente existen versiones que cuentan la existencia de ojáncanos bondadosos, nacido uno cada cien años, a los que se les podía incluso acariciar y ellos agradecidos avisaban de la llegada de los ojáncanos malos. Este monstruo es considerado el ser más popular de la mitología de Cantabria.

Hay una leyenda de una anjana que se encontró a un ojáncano un frío día de invierno, cuando la nieve caía sin parar. Atacado los lobos, consiguió espantarlos, pero le habían dañado su único ojo, por lo que vagaba perdido en medio de la ventisca, asustado y ciego. La anjana se acercó a él, le tomó de la mano y se lo llevó a vivir con ella. Desde entonces, fueron amigos y permanecieron unidos, sacándole la anjana a pasear los días soleados.

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FUENTES :

https://mitologiaiberica.fandom.com/es/wiki/Oj%C3%A1ncano

RUIZ OSUNA, PABLO Y REÑÉ QUILÉS, David  » Guía de los seres mitológicos españoles » Circulo rojo, 2o20.

 

La serie «Siren». Similitudes y diferencias con el antiguo mito de las sirenas

La serie «Siren». Similitudes y diferencias con el antiguo mito de las sirenas

La serie «Siren». Similitudes y diferencias con el antiguo mito de las sirenas.

Hace dos años tuve la noticia de que habían estrenado una serie sobre el mundo de las sirenas llamada «Siren». Siren (Sirena en Hispanoamérica) es una serie de televisión estadounidense de fantasía y suspenso que se estrenó el 29 de marzo de 2018 en Freeform y su primera temporada consiste de 10 episodios.12​ El 15 de mayo de 2018, se anunció la renovación de la serie para una segunda temporada de 16 episodios, que fue estrenada el 24 de enero de 2019.34

La serie fue cancelada tras su tercera temporada y emitió su último episodio el 28 de mayo de 2020.

Pues bien, el otro día tuve la ocasión de visionar la serie y decidí que sería un ejercicio divertido comparar la visión que ofrece esta comparación con el mito universal para la sirena.

En primer lugar, y siendo justos con la serie, dado que esta se canceló, mucha de la posible trama que hubieran tenido preparada para las siguientes temporadas se  perdió para siempre, así que tendremos que analizar lo poco que nos ofrece la ya cancelada serie.  En ella se nos habla de las sirenas como una especie de raza u homínido marino. De hecho, la serie se aprovecha de la llamada «teoría del homínido acuatico» para explicar la existencia de las sirenas.  Esta teoría  proviene de las ideas que propuso Allister Hardy en la década de 1930 y popularizó Elaine Morgan con su libro The Descent of Woman en 1972. Esta teoría o hipótesis postula que el antepasado de los seres humanos actuales era un primate acuático o semi-acuático, ya bípedo y sin apenas pelo.

La serie se acoge a esta visión y trata de explicar la existencia de dichas criaturas racionales como una rama de la familia de los homínidos que evolucionó en el entorno marino. Así, en «Siren» las sirenas (y tritones) tienen una piel más gruesa que los seres humanos, unos colmillos muy afilados, están provistos de aletas y branquias, y lo más importante, tienen un canto que produce hipnosis o la propia muerte.

Pues bien, antes de proceder con nuestro análisis, debemos matizar que el aspecto de la sirena en el mito no siempre fue la de un humano con extremidades de cetáceo y,  de hecho, no siempre tuvo un sexo determinado, sino que se intuía que eran femeninas. Muchos consideran que el texto más antiguo en que se mencionan estos genios del mar es la Odisea, pero ya aparecen reminiscencias sobre los mismos en los textos mesopotámicos. Ya en la mitología sumeria aparece la figura de Lilith, un ser monstruoso de rostro de mujer y extremidades de pájaro.

Cabe la posibilidad de que estas historias fueran conocidas por los mercaderes griegos que viajaron a Asia Menor y sirvieran de base al
mito de la sirena. Este ser, Lilith, posee ciertas características que coinciden con la personalidad y costumbres de las sirenas, pero
difiere en algunos aspectos. Esto lleva a no poder descartar que el mito de la sirena sea un mito autóctono de los griegos, pues el mito
griego presenta características propias y diferenciadas. Valga decir que el propio relato de la sirena ha sufrido multitud de metamorfosis a lo largo de la historia. De hecho, la primera vez que se hace referencia a estos seres en la obra de Homero apenas se ofrecen detalles descriptivos. Como se observa, «las sirenas homéricas son entes vagamente femeninos todavía ni siquiera claramente provistos de alas y la condición de hembras de las sirenas no está subrayada».

En la obra Hómerica  «La Odisea» aparece una característica de las sirenas que no está presente en la serie, como es el la clarividencia y el conocer los secretos de la vida, de la muerte, y del inframundo:

Ven, ¡Oh, ilustre Ulises!, alta gloria de los aqueos. Detén tu nave a fin de
que escuches mi voz. Ningún hombre ha pasado de nuestra isla a bordo
de su negra nave sin escuchar nuestra dulce voz, sino que se han alejado
llenos de alegría y sabiendo muchas cosas. Sabemos, en efecto, todo
cuanto han sufrido aqueos y troyanos ante la vasta Troya por la voluntad
de los Dioses, y sabemos asimismo todo aquello que ocurre en la tierra
nutridora (Homero, Odisea, «Canto XII»).

En los relatos más antiguos, la sirena aparece con rasgos que distan mucho de las tradiciones que nosotros conocemos. En nuestras leyendas aparecen con elementos que recuerdan más a las de un cetáceo que a las de un ave. La razón detrás de este cambio en el mito puede ser la fusión, y posterior absorción del mito de la sirena griega con el mito de la sirena celta.

En las zonas de tradición celta existían multitud de leyendas sobre sirenas, como las mermaids en la zona de Irlanda. Las tradiciones de los pueblos celtas, en especial del foco británico, se convirtieron en un foco de difusiones de esas otras sirenas por el occidente medieval.

Durante un largo tiempo, ambas tradiciones, mujer‑pez y mujer‑ave compartieron espacio en el imaginario popular. Es bien entrado el siglo XII cuando paulatinamente desaparece la tradición griega en favor del hada con cola de pez[1]. Así puede constatarse en los primeros bestiarios medievales, donde ya se hace referencia a la figura que acabará por imponerse, la mujer pez. Tal es el caso del Liber Monstruorum, que habla así de las sirenas:

Las sirenas son doncellas marinas que seducen a los navegantes con su espléndida figura y con la dulzura de su canto. Desde la cabeza hasta el ombligo tienen cuerpo femenino y son idénticas al género humano, pero tienen las colas escamosas de los peces, con las que siempre se mueven en las profundidades[2].

Las sirenas escamosas defenestraron poco a poco la figura de la sirena‑ave y finalmente se impusieron en el imaginario popular. Junto a ello, se entremezcló la idea  de un ser mitologíco con la de una raza o pueblo que vivía con nostros. Valga decir que, a diferencia de como ocurre hoy, las sirenas (y tritones) eran descritos por los diferentes testimonios como seres peligrosos.

San Leandro en su obra De institutione virginum advertía a los incautos que querían ser contactados por las sirenas:

Ante las sirenas, siempre huir. Y no por un posible sentimiento de repelencia que puedan suscitar, sino por todo lo contrario. Su atractivo es tan grande que es difícil sustraerse a su influjo. Por ello, nada más avistarlas, y antes de que sea demasiado tarde, hay que rechazarlas y escapar[3].

Hasta cierto punto, la serie es fiel a esta ambiguedad de las sirenas en las que son peligrosas y temibles, pues buscan o bien raptar a los seres humanos para proceder a la cópula, o directamente para devorarlos. En la mitología además se da a entender que poseen una clase de chillido o estruendo para comunicarse unos con otros a grandes distancias. Tal y como relata TORQUEMADA:

Viéndose presos, dan unos gemidos dolorosos grandes y unas voces mal formadas y a la hora se oyen una infinidad de otros gritos y voces de la mesma manera, que atruenan y ensordecen los oídos que los están escuchando, pareciendo encima del agua tantas cabezas de tritones como si fuese algún grande ejército de muchas gentes, y así con esto como con el gran ruido que hacen comienzan a levantarse las ondas como si viniese alguna muy grande tempestad[4].

Ahora bien, la gran diferencia de la serie y el mito original se evidencia en dos aspectos. El primero en que en las leyendas tradicionales las sirenas parecen ser un pueblo rico (tienen palacios de nacar, plata y cristal) y además cuentan con objetos y fetiches de poder siendo capaces de terribles sortilegios. El segundo matiz, quizá más sutil, es que en las traciones orales se deja bastante claro que el mundo de la sirena y el del humano no pueden converger sin que la desgracia se cierna sobre uno de los dos compañeros o amantes.

Pues hasta aquí nuestra pequeña comparativa intentando evidenciar los aciertos y equívocos que introduce la serie en cuestión. Si le ha gustado, comparta con su amigos y conocidos, ayudando a que este blog crezca.

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Bibliografía

Introducción a la Teoría del Mono Acuático-https://bit.ly/3aPj6UC

[1] Rodríguez López, María Isabel: «Las sirenas: génesis y evolución de su iconografía medieval», Revista de Arqueología 211 (1998), <https://dialnet.unirioja.es/ejemplar/8823>, pág. 7.

[2] Rodríguez López, María Isabel: «Las sirenas: génesis y evolución de su iconografía medieval», op. cit. pág. 7.

[3] Lorenzo Arribas, Josemi: «El canto que encanta. Las sirenas en la tradición hispana antigua y medieval», Mirabilia 7 (2007): 39–58, <https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2571696.pdf>. (3)

[4 De Torquemada, A.: Jardín de flores curiosas, op. cit. pág. 61.

Las temibles sirenas (parte 1)

Las temibles sirenas (parte 1)

 

Las temibles sirenas

 

    fuente: Andrea Knoll 

 

Las leyendas hablan de una extraña raza ancestral de hominidos marinos. En España, estos seres son conocidos como las hadas del mar o sirenas (para el especimen feminino ) y tritones( para el masculino). Lo cierto es que aunque tienen una figura esbelta y un  bello canto, uno debe guardarse de ellas. Por lo general son criaturas dañinas y maliciosas. Uno de los testimonios más antiguos que conocemos sobre su malicias es el que puede leerse en la Odisea de Homero:

Ven, ¡Oh, ilustre Ulises!, alta gloria de los aqueos. Detén tu nave a fin de que escuches mi voz. Ningún hombre ha pasado de nuestra isla a bordo de su negra nave sin escuchar nuestra dulce voz, sino que se han alejado llenos de alegría y sabiendo muchas cosas. Sabemos, en efecto, todo cuanto han sufrido aqueos y troyanos ante la vasta Troya por la voluntad de los Dioses, y sabemos asimismo todo aquello que ocurre en la tierra nutridora (Homero, Odisea, «Canto XII»).

Posteriromente  San Leandro en su obra De institutione virginum nos previene de tratar con estos seres :

Ante las sirenas, siempre huir. Y no por un posible sentimiento de repelencia que puedan suscitar, sino por todo lo contrario. Su atractivo es tan grande que es difícil sustraerse a su influjo. Por ello, nada más avistarlas, y antes de que sea demasiado tarde, hay que rechazarlas y escapar[1].

Aquí y allá  encontramos  leyendas en que se muestran las prácticas antropófagas de estos seres y su apettito sexual desemedido:

En la primera zambullida que hizo sacó una cabeza de hombre, en la segunda que repitió el joven se perdió.

―Échame, niña, la cuerda para agarrarla y salir afuera, que aquí están las serpientes entrecruzadas con las víboras enredadas.

―¡De ahí a donde entraste, joven, no volverás a salir!

(Mercedes Aguirre Castro y Pilar González Serrano: Espíritus malignos, dragones y lamias, 1997)

En España, según se decía, existía una extraña raza de hombres pez, los xacios. Eran bellos y atraían las miradas de hombres y mujeres por igual. No obstante, cuando hacían presa de los humanos se deleitaban con su carne:

      fuente:ruajuju.wordpress.com

Existe no río Miño, unha raza de seres chamados xacios, que teñen a súa gorida nos profundos pozos de río. Estes seres acuáticos presentan a forma humana; así é que o mesmo viven no interior do referido castro que nas augas do Miño. E, pescando ás beiras de devandito río, un veciño do lugar de Marce viu unha xacia, bela e fermosísima, a cal manifestou ao pescador que, se a bautizaba quedaría desencantada e casaría con el. Bautizouna o pescador e realizouse o matrimonio. Os fillos que naceron deste matrimonio eran moi afeccionados a bañarse no Miño, regatos e cantos tanques de auga existen no citado lugar e, téndolles reprendido o pai en certa ocasión pola súa excesiva tendencia ao baño, díxolles: Marchade de aquí fillos dunha xacia! E, emprendendo nova liorta co seu consorte, en casa, aborrecida a xacia do seu marido, abandonou a este e volveu ao encanto; pero os seus connaturais descuartizárona nas profundidades do río, pois indo o seu marido en busca da súa compañeira, aos poucos instantes, observou que, nas abas do Castro de Castro de Marce, flotaban sobre as augas as entrañas da que fora a súa muller. Así foi morta polos demais xacios, por facerse cristiá, bautizándose.

 

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Bibliografía

[1] Lorenzo Arribas, Josemi: «El canto que encanta. Las sirenas en la tradición hispana antigua y medieval», Mirabilia 7 (2007): 39–58, <https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2571696.pdf>. (3)

2-https://gl.wikipedia.org/wiki/Xacio

 

Las hadas, ¿una raza que desaparece?

Las hadas, ¿una raza que desaparece?

1-Las hadas, ¿una raza que desaparece?

 

Parece que, en las tradiciones mejor conservadas de los pueblos, el hada pasaba por ser una entidad o deidad menor. La gente le ofrecía ofrendas en busca de consejo y protección. Conseguir esta información en lugares donde la tradición aún está viva tiene un valor incalculable. Ya sea para los amantes de la historia, de la antropología, y por qué no, para los creyentes de la vieja religión, estas historias constituyen un patrimonio digno de elogiar.

Como hemos visto hasta ahora, las hadas parecen poseer poderes más allá de toda comprensión. Produce cierta perplejidad que necesiten constantemente nuestra ayuda, aun contando con tan majestuosos poderes. ¿Por qué necesitaría de un humano alguien inmortal y con tan poderosos dones?

Las viejas leyendas dejan constancia de una realidad terrible en torno a las hadas. Las hadas tienen fabulosos poderes, pero padecen una debilidad congénita[1]. Según las viejas tradiciones, las hadas son físicamente débiles y escuálidas. Tan escuálidos son sus cuerpos maltrechos, que o bien no pueden cuidar de sus hijos[2] o bien nos necesitan para tenerlos.

Esta es la razón que esgrimen algunos para tratar de entender la extraña costumbre que tienen las hadas de robar niños. Según se cuenta, aprovechan el despiste de las madres humanas para intercambiar sus débiles vástagos por el de la mujer humana. Al cabo de un tiempo (unos meses o años dependiendo la leyenda), el hada aparece para recobrar a su hijo y devuelve el infante humano.

Tampoco podemos obviar el hecho de que, en multitud de ocasiones, las sirenas, las llamadas hadas del mar, seduzcan a marineros jóvenes para aparearse. El acto sexual en ocasiones no es voluntario para el ser humano, pues a este se le embotan los sentidos preso de un hechizo, o directamente es agredido sexualmente por la fatal criatura.

Se ha dicho también que las hadas y otros seres mágicos se alimentan de nuestra energía vital o, más concretamente, de nuestra fe o confianza en ellos. Es una forma poética de esa oración tan manida que hemos escuchado en alguna ocasión: «Cada vez que alguien deja de creer en las hadas, muere una de ellas».

Pues bien, ya sea por un defecto endémico que afecta su ciclo reproductivo o por ir progresivamente perdiendo su mundo en favor de los humanos, lo cierto es que cada vez se ven menos hadas. No quiere decir que los encuentros hayan desaparecido, pero bien es cierto que, con el tiempo, las áreas en que antes se podía escuchar su música y ver su luz ahora restan en silencio…

y tú, ¿Qué opinas querido lector? ¿Las hadas han muerto?

 

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3-Bibliografía

[1] «En el caso concreto del rapto de bebés humanos, se han barajado dos posibles teorías, a cual más variopinta, pero en las que tantos argumentos hay a favor como en contra para considerarlas aceptables. La primera de ellas dice que se trata de una raza en clara decadencia genética y por eso sus visibles manifestaciones cada vez son menores». Callejo, Jesús, op. cit. pág. 74.

 

[2] «Las hadas se aprovechan de la inteligencia y la fuerza de los seres humanos, lo que da lugar a ocasionales interacciones en su mundo: efectuando secuestros de comadronas para que les ayuden en difíciles partos “feéricos” o para amamantar a sus recién nacidos que, por lo general, son débiles y enclenques». Callejo, Jesús, op. cit. pág. 74.

 

 

Los amigos de Guía de los seres mitológicos

Los amigos de Guía de los seres mitológicos

Los amigos de Guía de los seres mitológicos

 

               Sonia Gupta

Sonia Gupta, natural de Madrid, España.  Se dedica a la divulgación especializada en misterios, fenómeno OVNI, futurismo y mitología. Cuenta con estudios en artes y humanidades y ha colaborado con varios medios y publicaciones enfocados en estas temáticas afrontando siempre cada caso de forma crítica. Actualmente dirije el canal de Youtube AEnigma.

De momento, he aparecido en  su canal en dos ocasiones hablando de temas apasionantes :

 El mundo de las Hadas

En este programa estuvimos analizando desde un punto de vista histórico, social, cultural y antropológico el antiguo mito de las hadas. Allí pudimos vislumbrar sus verdaderos orígenes y como hay que cuidarse de ellas y sus oscuras intenciones.

La leyenda de la santa compaña 

Diversas culturas cuentan con leyendas sobre apariciones de la muerte, de algún enviado, o incluso, de los mismos muertos. Un caso muy especial se da en el norte de España bajo el nombre de ‘’Santa Compaña’’, aunque existen relatos similares en otros lugares. Apariciones sobrenaturales que perturban a los testigos y que en este caso en concreto, podría hasta llegar a hacer que un vivo se uniera a la procesión de difuntos.

Poco a poco, Se ha ido fraguando un clima de simpatía y amistad  hasta tal punto que, próximamente iniciaremos un proyecto ilusionante juntos. Durante todos estos meses, su  inestimable ayuda me ha ayudado a dar a conocer mi obra por todo el mundo,  y ha sido un gran apoyo en mi trayectoria tanto a nivel personal como profesional. ¡Muchas gracias desde guía de los seres mitológicos!

 

                                                                      Elisa Rivero

 

Cántabra de nacimiento pero burgalesa de espíritu, porque uno no es de donde nace, sino de donde pace y Elisa rumió en los escarpados riscos del cañón del Rudrón. El trepidante pasado del valle conformó sus dos pasiones: la naturaleza y la historia, temas protagonistas de todos sus relatos y novelas. Criaturas mitológicas se entremezclan con personajes de leyenda en los densos bosques de sus escritos. 

Desde hace algún tiempo, Elisa viene colaborando con nuestro blog con sus magnificas aportaciones sobre la mitología ibérica. Gracias a ella, este blog es cada día el lugar de referencia de más gente. Es un miembro activo y destacado de nuestra hermandad mitológica y, no a mucho tardar, podremos anunciar grandes colaboraciones juntos. ¡Muchas gracias desde guía de los seres mitológicos!

Blog: https://elisariverotarvos.blogspot.com/

Facebook: www.facebook.com › elisariveroescritora

Instagram: @elisatarvos

 

                                                                                       Óscar Robles

Desde que era muy pequeño siempre le ha interesado el mundo feérico y todo lo que ello envuelve. Pasaba horas devorando  los libros de texto, los cuales  eran bellamente ilustrados con imágenes de duendes. Posteriormente, comenzó a estudiar el tema de una forma sería y rigurosa aplicando la técnica de estudio de la elficología.

Ante el vacío de blog o páginas que había tanto en castellano como en inglés, decidió crear el blog de Elficología en España que le ha llevado a conocer a gente maravillosa y a dar más visibilidad a sus investigaciones y calidad de contenidos.

Nos conocimos tras una misiva a su blog y, desde entonces, surgió un intercambio de ideas y conocimientos sobre el panorama feérico. Con el tiempo, lo que hasta entonces era una colaboración profesional, fue convirtiéndose en una bella amistad. Ha sido un gran activo para mi persona en momentos difíciles, y sus enseñanzas me  han servido para mejorar. ¡Muchas gracias de parte de guía de los seres mitológicos españoles!

 

                    Sagra Casas y Fer Jiménez (Clave 8 Radio)

 

Hace algunas semanas  tuvimos el inmenso privilegio de participar en el programa de radio Clave.8. Se trata de un espacio en que sus encantadores realizadores Sagra Casas y Fer Jiménez invitan a todos aquellos que quieren preservar la cultura con la esperanza de preservar nuestras leyendas y tradiciones.

El día de sus lanzamiento en redes nos sorprendieron con un mensaje tan emotivo como inspirador:

«A mediados de mayo, en medio de la vorágine social que estábamos viviendo… Fer y yo, que habíamos colaborado durante dos años en el programa de radio ‘El Sueño de Andrómeda’, decidimos iniciar una andadura propia en este mundo de la radio. Iniciamos este proyecto que es Clave·8 con la intención de replicar «algo» que habíamos identificado como «esencial» para el ser Humano; la comunicación…
Estructuramos y dimos forma a la #idea en los meses siguientes y en julio de 2020, «echamos a rodar…»
Partimos de cero con estudio modesto pero que pudiera darnos unos resultados de calidad. Tuvimos que buscar todas las adaptaciones posibles para llevar a cabo las grabaciones, algunas se nos han llegado a complicar bastante, pero siempre ha habido paciencia, gratitud y generosidad por parte de quienes nos habéis regalado tiempo y conocimiento.
Avanzamos poco a poco, el proyecto no pretende «subir como la espuma», sino consolidarse y tener en vosotros un apoyo sincero y duradero en el tiempo. Trabajamos mucho para que los contenidos y enfoque sean genuinos y sabemos que estáis apreciando esos valores, por todo ello no podemos sino daros un GRACIAS inmenso y continuar trabajando como hasta ahora, intentando superarnos con cada trabajo y desde luego, caminando a vuestro lado porque la mitad de Clave·8, sois ¡TODOS VOSOTROS!»
Gracias a su inestimable ayuda, este proyecto está llegando a muchos rincones de nuestro país. Su radio crece exponencialmente apostando por el conocimiento y la lectura, y me siento maravillado de participar con mi pequeño granito de arena en la difusión de la cultura a través de su radio. ¡Muchas gracias desde guía de los seres mitológicos!

 Sonia P. Kiessling

 

Nació en 1988 y desde siempre fue una persona con mucha imaginación. Desde pequeña le encantaba dibujar y escribir sobre mundos y seres fantásticos. Con 15 años empezó a escribir «La estrella del Amanecer» inspirada en las películas de «El Señor de los Anillos». También se  inspiró en libros como «La historia interminable», «Memorias de Idhún» y otros  títulos de fantasía. Muchos años después terminó su  primera novela y decidió  que podía publicarla en Amazon, ya que te dan muchas facilidades para hacerlo, y así lo hizo. Años más tarde llegó la segunda parte de «La Estrella del Amanecer».

Esperamos seguir ayudando desde guía de los seres mitológicos a todos aquellos que apuestan por la cultura. ¡Mucho ánimo!

 

 

 

                                                            Désirée Gallego

 Desireé tiene  26 años y vive en un pueblo de Málaga. su cuenta de bookstagram es @lamagiadeloslibros3.0 ,puedes echarle un vistazo cuando quieras 😊 y disfrutar de su contenido mágico.
Su cuenta se basa en compartir lecturas (fantasía, thriller, amor…) Con fotos inspiradas en los libros. Se considera una persona creativa y alegre, y le encanta interactuar con la gente, ya que su  objetivo al  crearse la cuenta era intercambiar opiniones de libros y productos relacionados con ellos, dado que es  una amante de los marcapáginas, velas, papelería y todo lo artístico.¡ Desde guía de los seres mitológicos le agradecemos su ayuda en la difusión de nuestra obra!

                                                                      Sara

 Sara, Graduada en historiadora del arte y soñadora. Se considera una persona inquieta, que siempre busca nuevos proyectos que llevar a cabo.  Entre ellos está  su cuenta dedicada a contagiar su amor por los libros. Le encanta viajar y como no siempre es posible, ha encontrado una vía de escape en los libros. Aquí comparte experiencias y opiniones de los libros que lee, encuentra nuevas lecturas y, si de paso puede ayudar a nuevos autores y pequeñas tiendas artesanales a darse a conocer un poquito más, pues mucho mejor. ¡Desde guía de los seres mitológicos te damos las gracias por apoyar nuestro proyecto!
La santa Compaña(parte 1)

La santa Compaña(parte 1)

La santa compaña

 

 

De cuantas tradiciones existen en España en torno a la muerte, quizá la más famosa de todas ellas sea la Santa compaña. La Santa Compaña (Fairy Host en Irlanda; sluagh en Escocia; toili en Gales), es también conocida en Galicia y Asturias occidental como a compañía, a compañía das ánimas, a procesión das ánimas, ensamio, estadea, estandaiña, estandinha, estantigua, estantiga, hoste, hueste, antaruxada, huestia, hostilla, rolda, ronda, a visión, as divisas, o enterro, as da noite, o home do oso, a facha, as luces, as xans, pantalla, a pastoriña, a semuldanza, visita, y con otras denominaciones más. Definida, en síntesis, la Compaña es una procesión nocturna de almas o difuntos que portan luminosas luces (antorchas o velas), y que acarrean el féretro de un vecino cuya próxima muerte anuncian de esta forma[1].

 

Cuenta la leyenda que cuando cae la noche, un grupo de almas en pena patrulla en procesión por los caminos y bosques solitarios. Esa procesión de almas malditas porta luceros o cirios dependiendo de la leyenda. No debe encontrarte, pues son huestes enemigas que buscan hacer el mal. Si por desventura cruzaras tu camino con ellas, recuerda no cruzar tu mirada ni aceptar nada que te ofrezcan. Puede que no sea suficiente con tal precaución, por lo que el viejo conjuro universal de protección, el círculo, será tu mayor defensa si no se quiere pasar a formar parte de la Compaña[2].

Existe la excepción de la persona que no muere a causa de un encuentro con la Compaña, mas debe servirles de por vida:

Donde yo nací había una mujer, María a camiseira se llamaba, que salía con la Santa Compaña. Venían a buscarla y tenía que levantarse y marchar. Avisaba que iba a haber una muerte, pero nunca, nunca especificaba el nombre del difunto.

Cuentan que una vez, yendo con la Santa Compaña, llegó a la casa de una vecina con la que mantenía una excelente relación. Al empezar a subir la escalera del piso, intentó volver atrás, pero los del acompañamiento la abofetearon sin miramientos. Tantas bofetadas le dieron para que siguiese hasta donde tenía que ir, que le arrancaron los dientes[3].

Como puede verse, la persona en cuestión no muere en algunas circunstancias, pero pierde su voluntad y debe cumplir cualquier orden que la Huestia le dé. Si no la cumpliera, la Compaña bien podría decidir retirar su indulto. En otro relato, el obligado a llevar la cruz, el maldito que debe acompañar a la Santa Compaña puede librarse de ese cometido. Sin embargo, parece que la solución es moralmente reprochable, pues conviene que sea otro quien deba llevar la cruz en su lugar:

En Penaverde anduvo con las de la noche un cuñado mío. Se murió en Barcelona. Le pasaron la cruz. Él sabía quién se la había pasado, pero no podía descubrirlo… Cada vez que salían las de la noche, él tenía que salir con la cruz. La mujer no sabía cuándo se marchaba porque el cuerpo siempre estaba en la cama. Para la mujer constaba que su marido estaba con ella. Tenía que salir cuando iba a haber un muerto… Él ya sabía cuándo tenía que salir… Nunca hablaba con las de la noche, iba delante con la cruz…, no veía más que las luces; tocaban la esquila. Mi cuñado no sé a quién le consiguió pasar la cruz, pero se la pasó a otro[4].

 

En otra tradición no se trata únicamente de ceder la cruz al propio desdichado con el que se encuentren, pues además necesitarán un cubo de agua bendita y el hisopo:

Un padre y su hijo, que ya era un hombre hecho y derecho, regresaban de noche de un viaje y tuvieron la desgracia de tomar, sin darse cuenta, un camino que pasaba cerca del atrio de una iglesia. Su descuido los llevó a encontrarse en una curva con la Santa Compaña, que, como todas las noches, salía a las doce para hacer su ronda. Vieron aterrados las luces verdosas de los hachos que portaban las almas en pena y oyeron el murmullo de las plegarias.

Intentaron huir, pero no lo consiguieron. El padre, ya viejo y débil, tropezó y cayó al suelo, donde quedó sin fuerzas para valerse. El hijo llegó un poco más lejos, pero mejor le hubiera sido caer al lado de su padre para ahorrarse graves contratiempos. Ninguno de los dos tuvo saber ni ánimos para trazar un círculo en el suelo, dibujar una cruz en el medio y meterse dentro, como es costumbre para defenderse de las cosas de otro mundo.

El padre, de bruces en el camino, sintió cómo los difuntos de la Santa Compaña le pisaban el cuerpo y lo dejaban baldado. Con mucho esfuerzo levantó la cabeza y buscó a su hijo con la mirada. Mas como era de noche, no logró verlo. Escuchó. Supuso que lo había llevado la Santa compaña para portar la cruz, el cubo de agua bendita y el hisopo. Luego perdió el conocimiento.

Volvió en sí al amanecer. Le dolía el cuerpo, estaba cansado y sin fuerzas. Quiso ponerse en pie y las piernas no le sostenían. Al cabo, mal como pudo, casi a rastras, pálido como un difunto, llegó a su casa. Su hijo todavía no había vuelto.

Al hijo lo encontraron los vecinos. Apareció dormido al pie del crucero de la parroquia, abrazado al fuste. El padre apenas tardó tres días en morir. El hijo aguantó un poco más, pero no mucho. Nadie le sonsacó ni lo más más mínimo, porque el que anda con los difuntos no puede revelar ni lo que ve ni lo que le ordenan hacer. Tampoco puede girar la cabeza para ver quién viene detrás. Por eso nunca ninguno da explicaciones. El único recurso que le queda al que va con la hueste es, si se da la oportunidad, ponerle en la mano a un desventurado que encuentre en el camino la cruz, el cubo de agua bendita y el hisopo. Así se libra de esa obligación y se la pasa al otro. De todas maneras, desde que se libera de esa carga poco tarda en morir, porque ya está acabado. Al no dormir de noche va perdiendo vigor y se va consumiendo más y más cada día.

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Bibliografía

[1] Alberro, M.: «La Santa Compaña en el NO de la Península Ibérica y en otros países célticos como Irlanda, Escocia y Gales», Revista de Folklore 336, n.º Tomo 28b. (2008): 183–87, <http://www.cervantesvirtual.com/obra/revista-de-folklore-200/>.

 

[2] «Si alguien se encuentra con la Compaña y no se previene, es atraído inexorablemente por la misma y ha de unirse a la procesión de muertos. El peligro para los infortunados que se topan de noche con la Compaña es que sus miembros les seduzcan y atraigan para que se unan a ellos. Y una vez dentro de sus filas, ya no tendrán forma alguna de poder escapar. Por ello, en el caso de encontrarse con una Compaña, en Galicia recomiendan hacer lo siguiente:

  • no mirarlos directamente, simular que no se les ha visto, y apartarse calladamente de su
  • trazar un círculo en el suelo con la Estrella de Salomón dentro, y colocarse en su
  • en casos inopinados, o extremos, tirarse inmediatamente al suelo boca abajo, y mantenerse así hasta que hayan pasado todos los miembros de la procesión.

En Asturias recomiendan que, al encontrarse por la noche con una huestia, y para evitar que se lo lleven a uno consigo, se haga también algo parecido a lo de Galicia:

  • el primer paso, y el fundamental, es evitar por todos los medios el entrar a formar parte de la comitiva.
  • dibujar en el suelo el Círculo de Salomón, meterse dentro del mismo, y no mirar a la huestia ni salirse del círculo hasta que hayan pasado todos los espíritus». Alberro, M.: «La Santa Compaña en el NO de la Península Ibérica y en otros países célticos como Irlanda, Escocia y Gales», cit. pág 183.

 

[3] Mariño Ferrero, Xosé Ramón: Leyendas, mitos y creencias de Galicia, 1.a ed. (Pontevedra: Elago Ediciones, 2008), pág 129.

 

[4] Fraga Liste, Enrique: «Costumbres heterodoxas en Galicia», Revista AEPE 36–37 (1986): 189–96, <https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/aepe/pdf/revista_36-37_19-20_89/revista_36-37_19-20_89_22.pdf>. (191)

 

 

el lado oscuro de las hadas (parte 2)

el lado oscuro de las hadas (parte 2)

                  El lado oscuro de las hadas (parte 2)

Hace unos días comenzamos en este blog un pequeño apartado en que reflexionaba sobre la parte oscura del mundo feérico. Muchos me pidieron que ahondara en tan extraña cuestión y, tras mucho detenimiento, he decidido redactar estas líneas.

En el anterior post nos referimos a esa oscura aura que envuelve estas criaturas y sus encuentros con los humanos. Pues bien, conviene ahora que profundicemos sobre dicha cuestión, con la esperanza de que uno se guarde y mucho de tomarse a la ligera los avistamientos de estas entidades.

Su naturaleza es distinta a la nuestra a la nuestra y, por ende, su propio devenir puede ser nocivo para los humanos. Contaba  el reverendo Robert Kirk allá en el 1691 en su tratado, La comunidad secreta, algunas de las costumbres de las hadas que podían ser nocivas para los humanos. Por ejemplo, las hadas tienden a bailar durante horas en una especie de gran círculo mágico. Si el humano topa con  dicho ritual, debe guardarse de no unirse a ellas, pues ese trance puede durar días y puede provocar la muerte al sujeto bien  por agotamiento o por inanición.

A veces el solo avistamiento del hada provoca un enamoramiento febril en el hombre ( o mujer) hasta tal punto que, quienes dicen haberlas visto caían en una profunda melancolía si no podían volver a verlas e, incluso, morían tras una larga agonía. Podemos ver un ejemplo en el celebérrima leyenda de Bécquer «la mujer de ojos verdes»:

Herido va el ciervo… herido va; no hay duda. Se ve el rastro de la sangre entre las zarzas del monte, y al saltar uno de esos lentiscos han flaqueado sus piernas… Nuestro joven señor comienza por donde otros acaban… en cuarenta años de montero no he visto mejor golpe… ¡Pero por San Saturio, patrón de Soria! cortadle el paso por esas carrascas, azuzad los perros, soplad en esas trompas hasta echar los hígados, y hundidle á los corceles una cuarta de hierro en los ijares: ¿no véis que se dirige hacia la fuente de los Álamos, y si la salva antes de morir podemos darle por perdido?

Las cuencas del Moncayo repitieron de eco en eco el bramido de las trompas, el latir de la jauría desencadenada y las voces de los pajes resonaron con nueva furia, y el confuso tropel de hombres, caballos y perros se dirigió al punto que Iñigo, el montero mayor de los marqueses de Almenar, señalara como el más á propósito para cortarle el paso á la res.

Pero todo fué inútil. Cuando el más ágil de los lebreles llegó á las carrascas jadeante y cubiertas las fauces de espuma, ya el ciervo, rápido como una saeta, las había salvado de un solo brinco, perdiéndose entre los matorrales de una trocha que conducía á la fuente.

—¡Alto!… ¡Alto todo el mundo! gritó Iñigo entonces; estaba de Dios que había de marcharse. Y la cabalgata se detuvo, y enmudecieron las trompas, y los lebreles dejaron refunfuñando la pista á la voz de los cazadores. En aquel momento se reunía á la comitiva el héroe de la fiesta, Fernando de Argensola, el primogénito de Almenar.

—¿Qué haces? exclamó dirigiéndose á su montero, y en tanto, ya se pintaba el asombro en sus facciones, ya ardía la cólera en sus ojos. ¿Qué haces, imbécil? ¡Ves que la pieza está herida, que es la primera que cae por mi mano, y abandonas el rastro y la dejas perder para que vaya á morir en el fondo del bosque! ¿Crees acaso que he venido á matar ciervos para festines de lobos?

—Señor, murmuró Iñigo entre dientes, es imposible pasar de este punto.

—¡Imposible! ¿y por qué?

—Porque esa trocha, prosiguió el montero, conduce á la fuente de los Alamos; la fuente de los Alamos, en cuyas aguas habita un espíritu del mal. El que osa enturbiar su corriente, paga caro su atrevimiento. Ya la res habrá salvado sus márgenes; ¿cómo la salvaréis vos sin atraer sobre vuestra cabeza alguna calamidad horrible? Los cazadores somos reyes del Moncayo, pero reyes que pagan un tributo. Pieza que se refugia en esa fuente misteriosa, pieza perdida.

—¡Pieza perdida! Primero perderé yo el señorío de mis padres, y primero perderé el ánima en manos de Satanás, que permitir que se me escape ese ciervo, el único que ha herido mi venablo, la primicia de mis excursiones de cazador… ¿Lo ves?… ¿lo ves?… Aún se distingue á intervalos desde aquí… las piernas le faltan, su carrera se acorta; déjame… déjame… suelta esa brida, ó te revuelco en el polvo.. ¿Quién sabe si no le daré lugar para que llegue á la fuente? y si llegase, al diablo ella, su limpidez y sus habitadores. ¡Sus! ¡Relámpago! ¡sus, caballo mío! si lo alcanzas, mando engarzar los diamantes de mi joyel en tu serreta de oro.

Caballo y jinete partieron como un huracán.

Iñigo los siguió con la vista hasta que se perdieron en la maleza; después volvió los ojos en derredor suyo; todos, como él, permanecían inmóviles y consternados.

El montero exclamó al fin:

—Señores, vosotros lo habéis visto; me he expuesto á morir entre los pies de su caballo por detenerle. Yo he cumplido con mi deber. Con el diablo no sirven valentías. Hasta aquí llega el montero con su ballesta; de aquí adelante, que pruebe á pasar el capellán con su hisopo.

II

—Tenéis la color quebrada; andáis mustio y sombrío; ¿qué os sucede? Desde el día, que yo siempre tendré por funesto, en que llegásteis á la fuente de los Álamos en pos de la res herida, diríase que una mala bruja os ha encanijado con sus hechizos.

Ya no váis á los montes precedido de la ruidosa jauría, ni el clamor de vuestras trompas despierta sus ecos. Sólo con esas cavilaciones que os persiguen, todas las mañanas tomáis la ballesta para enderezaros á la espesura y permanecer en ella hasta que el sol se esconde. Y cuando la noche oscurece y volvéis pálido y fatigado al castillo, en balde busco en la bandolera los despojos de la caza. ¿Qué os ocupa tan largas horas lejos de los que más os quieren?

Mientras Iñigo hablaba, Fernando, absorto en sus ideas, sacaba maquinalmente astillas de su escaño de ébano con el cuchillo de monte.

Después de un largo silencio, que sólo interrumpía el chirrido de la hoja al resbalarse sobre la pulimentada madera, el joven exclamó dirigiéndose á su servidor, como si no hubiera escuchado una sola de sus palabras.

—Iñigo, tú que eres viejo, tú que conoces todas las guaridas del Moncayo, que has vivido en sus faldas persiguiendo á las fieras, y en tus errantes excursiones de cazador subiste más de una vez á su cumbre, dime: ¿has encontrado por acaso una mujer que vive entre sus rocas?

—¡Una mujer! exclamó el montero con asombro y mirándole de hito en hito.

—Sí, dijo el joven; es una cosa extraña lo que me sucede, muy extraña… Creí poder guardar ese secreto eternamente, pero no es ya posible; rebosa en mi corazón y asoma á mi semblante. Voy, pues, á revelártelo… Tú me ayudarás á desvanecer el misterio que envuelve á esa criatura, que al parecer solo para mí existe, pues nadie la conoce, ni la ha visto, ni puede darme razón de ella. El montero, sin despegar los labios, arrastró su banquillo hasta colocarle junto al escaño de su señor, del que no apartaba un punto los espantados ojos. Este, después de coordinar sus ideas, prosiguió así:

—Desde el día en que á pesar de tus funestas predicciones llegué á la fuente de los Álamos, y atravesando sus aguas recobré el ciervo que vuestra superstición hubiera dejado huir, se llenó mi alma del deseo de la soledad.

Tú no conoces aquel sitio. Mira, la fuente brota escondida en el seno de una peña, y cae resbalándose gota á gota por entre las verdes y flotantes hojas de las plantas que crecen al borde de su cuna. Aquellas gotas que al desprenderse brillan como puntos de oro y suenan como las notas de un instrumento, se reúnen entre los céspedes, y susurrando, susurrando como un ruido semejante al de las abejas que zumban en torno de las flores, se alejan por entre las arenas, y forman un cauce, y luchan con los obstáculos que se oponen á su camino, y se repliegan sobre sí mismas, y saltan, y huyen, y corren, unas veces con risa, otras con suspiros, hasta caer en un lago. En el lago caen con un rumor indescriptible. Lamentos, palabras, nombres, cantares, yo no sé lo que he oído en aquel rumor cuando me he sentado solo y febril sobre el peñasco, á cuyos pies saltan las aguas de la fuente misteriosa para estancarse en una balsa profunda, cuya inmóvil superficie apenas riza el viento de la tarde.

Todo es allí grande. La soledad con sus mil rumores desconocidos, vive en aquellos lugares y embriaga el espíritu en su inefable melancolía. En las plateadas hojas de los álamos, en los huecos de las peñas, en las ondas del agua, parece que nos hablan los invisibles espíritus de la naturaleza, que reconocen un hermano en el inmortal espíritu del hombre.

Cuando al despuntar la mañana me veías tomar la ballesta y dirigirme al monte, no fué nunca para perderme entre sus matorrales en pos de la caza, no; iba á sentarme al borde de la fuente, á buscar en sus ondas… no sé qué, ¡una locura! El día en que salté sobre ella con mi Relámpago, creí haber visto brillar en su fondo una cosa extraña… muy extraña… los ojos de mujer.

Tal vez sería un rayo de sol que serpeó fugitivo entre su espuma; tal vez una de esas flores que flotan entre las algas de su seno, y cuyos cálices parecen esmeraldas… no sé: yo creí ver una mirada que se clavó en la mía; una mirada que encendió en mi pecho un deseo absurdo, irrealizable: el de encontrar una persona con unos ojos como aquellos.

En su busca fui un día y otro á aquel sitio.

Por último, una tarde… yo me creí juguete de un sueño… pero no, es verdad, la he hablado ya muchas veces, como te hablo á tí ahora… una tarde encontré sentada en mi puesto, y vestida con unas ropas que llegaban hasta las aguas y flotaban sobre su haz, una mujer hermosa sobre toda ponderación. Sus cabellos eran como el oro; sus pestañas brillaban como hilos de luz, y entre las pestañas volteaban inquietas unas pupilas que yo había visto… sí; porque los ojos de aquella mujer eran los ojos que yo tenía clavados en la mente; unos ojos de un color imposible; unos ojos…

—¡Verdes! exclamó Iñigo con un acento de profundo terror, é incorporándose de un salto en su asiento.

Fernando le miró á. su vez como asombrado de que concluyese lo que iba á decir, y le preguntó con una mezcla de ansiedad y de alegría:

—¿La conoces?

—¡Oh, no! dijo el montero. ¡Líbreme Dios de conocerla! Pero mis padres, al prohibirme llegar hasta esos lugares, me dijeron mil veces que el espíritu, trasgo, demonio ó mujer que habita en sus aguas, tiene los ojos de ese color. Yo os conjuro, por lo que más améis en la tierra, á no volver á la fuente de los Álamos. Un día ú otro os alcanzará su venganza, y expiaréis, muriendo, el delito de haber encenagado sus ondas.

—¡Por los que más amo!… murmuró el joven con una triste sonrisa.

—¡Sí, prosiguió el anciano; por vuestros padres, por vuestros deudos, por las lágrimas de la que el cielo destina para vuestra esposa, por las de un servidor que os ha visto nacer…

—¿Sabes tú lo que más amo en este mundo? ¿Sabes tú por qué daría yo el amor de mi padre, los besos de la que me dió la vida, y todo el cariño que pueden atesorar todas las mujeres de la tierra? Por una mirada, por una sola mirada de esos ojos… ¡Cómo podré yo dejar de buscarlos!

Dijo Fernando estas palabras con tal acento, que la lágrima que temblaba en los párpados de Iñigo se resbaló silenciosa por su mejilla, mientras exclamó con acento sombrío: ¡Cúmplase la voluntad del cielo!

III

—¿Quién eres tú? ¿Cuál es tu patria? ¿En dónde habitas? Yo vengo un día y otro en tu busca, y ni veo el corcel que te trae á estos lugares, ni á los servidores que conducen tu litera. Rompe de una vez el misterioso velo en que te envuelves como en una noche profunda, yo te amo, y, noble ó villana, seré tuyo, tuyo siempre…

El sol había traspuesto la cumbre del monte; las sombras bajaban á grandes pasos por su falda; la brisa gemía entre los álamos de la fuente, y la niebla, elevándose poco á poco de la superficie del lago, comenzaba á envolver las rocas de su margen.

Sobre una de estas rocas, sobre una que parecía próxima á desplomarse en el fondo de las aguas, en cuya superficie se retrataba temblando el primogénito de Almenar, de rodillas á los pies de su misteriosa amante, procuraba en vano arrancarle el secreto de su existencia.

Ella era hermosa, hermosa y pálida, como una estatua de alabastro. Uno de sus rizos caía sobre sus hombros, deslizándose entre los pliegues del velo como un rayo de sol que atraviesa las nubes, y en el cerco de sus pestañas rubias brillaban sus pupilas como dos esmeraldas sujetas en una joya de oro.

Cuando el joven acabó de hablarle, sus labios se removieron como para pronunciar algunas palabras, pero sólo exhalaron un suspiro, un suspiro débil, doliente, como el de la ligera onda que empuja una brisa al morir entre los juncos.

—¡No me respondes! exclamó Fernando al ver burlada su esperanza; ¿querrás que dé crédito á lo que de tí me han dicho? ¡Oh! No… Háblame: yo quiero saber si me amas; yo quiero saber si puedo amarte, si eres una mujer…

—O un demonio… ¿Y si lo fuese?

El joven vaciló un instante; un sudor frío corrió por sus miembros; sus pupilas se dilataron al fijarse con más intensidad en las de aquella mujer, y fascinado por su brillo fosfórico, demente casi, exclamó en un arrebato de amor:

—Si lo fueses… te amaría… te amaría como te amo ahora, como es mi destino amarte, hasta más allá de esta vida, si hay algo más allá de ella.

—Fernando, dijo la hermosa entonces con una voz semejante á una música: yo te amo más aún que tú me amas; yo, que desciendo hasta un mortal, siendo un espíritu puro. No soy una mujer como las que existen en la tierra; soy una mujer digna de tí, que eres, superior á los demás hombres. Yo vivo en el fondo de estas aguas; incorpórea como ellas, fugaz y trasparente, hablo con sus rumores y ondulo con sus pliegues. Yo no castigo al que osa turbar la fuente donde moro; antes le premio con mi amor, como á un mortal superior á las supersticiones del vulgo, como á un amante capaz de comprender mi cariño extraño y misterioso.

Mientras ella hablaba así, el joven, absorto en la contemplación de su fantástica hermosura, atraído como por una fuerza desconocida, se aproximaba más y más al borde de la roca. La mujer de los ojos verdes prosiguió así:

—¿Ves, ves el límpido fondo de ese lago, ves esas plantas de largas y verdes hojas que se agitan en su fondo?… Ellas nos darán un lecho de esmeraldas y corales… y yo… yo te daré una felicidad sin nombre, esa felicidad que has soñado en tus horas de delirio, y que no puede ofrecerte nadie… Ven, la niebla del lago flota sobre nuestras frentes como un pabellón de lino… las ondas nos llaman con sus voces incomprensibles, el viento empieza entre los álamos sus himnos de amor; ven… ven…

La noche comenzaba á extender sus sombras, la luna rielaba en la superficie del lago, la niebla se arremolinaba al soplo del aire, y los ojos verdes brillaban en la oscuridad como los fuegos fatuos que corren sobre el haz de las aguas infectas… Ven… ven… estas palabras zumbaban en los oídos de Fernando como un conjuro. Ven… y la mujer misteriosa le llamaba al borde del abismo, donde estaba suspendida, y parecía ofrecerle un beso… un beso…

Fernando dió un paso hacia ella… otro… y sintió unos brazos delgados y flexibles que se haban á su cuello, y una sensación fría en sus labios ardorosos, un beso de nieve… y vaciló… y perdió pie, y cayó al agua con un rumor sordo y lúgubre.

Las aguas saltaron en chispas de luz, y se cerraron sobre su cuerpo, y sus círculos de plata fueron ensanchándose, ensanchándose hasta espirar en las orillas.

Tras la lectura de estas líneas, la conclusión es que  el hada ejerce sobre el incauto joven una poderosa influencia que enturbia su mente hasta tal punto que le lleva a la muerte….

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EL PADRE LOBO Y LAS BRUJAS EN HORTSAVINYÀ

HOMBRES LOBO Y OTROS DEPREDADORES DE LA MITOLOGÍA 

DE VENEFICIS 

 

Bibliografía

-Becquer, Gustavo Adolfo «Rimas y leyendas»

-Ruiz Osuna, Pablo y Reñé Quilés, David «Guía de los seres mitológicos españoles»

-https://es.wikisource.org/wiki/Los_ojos_verdes

 

 

La leyenda de Lantarón

La leyenda de Lantarón

La leyenda de Lantarón

Centrándonos en el caso de nuestro país, ya encontramos vestigios de la creencia en sirenas desde época precristiana. Por entonces ya circulaban leyendas sobre sirenas y su versión masculina, los tritones. Era célebre la historia de Lantarón, rey del mar, figura asociada por muchos como el Neptuno ibérico[1]. Lantarón, según se creía, poseía figura humana con manos y pies unidos por membranas. Su piel era verde y negra, pudiendo adoptar tonalidades fosforescentes gracias a su poder sobrenatural.

Esta enigmática deidad permitía a los humanos casarse con una de sus súbditas, siempre y cuando el intrépido humano cumpliera un estudiado ritual. En primer lugar, debía capturar la sirena con la que quisiera casarse (procedimiento que en las leyendas figura como tarea casi imposible) y después, nada más capturarla, darle un beso. Tras el contacto, la sirena perdía sus características anatómicas y pasaba a ser una mujer humana. Para que el efecto fuera permanente, el humano debía esconder el espejo de nácar de la sirena, pues de lo contrario volvería a su antiguo ser.

Probablemente esta leyenda pueda leerse en clave simbólica. En los pueblos antiguos el matrimonio se representaba como un rapto, pues la mujer pasaba a formar parte de la familia del hombre. Se puede comprobar cuanto digo a través de una antigua tradición romana. La noche anterior al matrimonio, el marido entraba en casa de la novia y la «secuestraba» de forma simbólica. Así se representaba el abandono de la familia materna en favor de la familia paterna.

En este caso, la simbología también está presente. La única manera de que el matrimonio entre humano y sirena funcione es que esta abandone su medio, su mundo, para ir a vivir al mundo de los hombres. La mejor manera de evidenciar ese compromiso es renunciar a todo lo que la diferencia: su naturaleza ictícola

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Bibliografía

 

[1] Guerrero Salazar, Susana y Emilio A. Núñez Cabezas: «Aves fabulosas, sirenas y otros monstruos marinos de las leyendas tradicionales», Isla de Arriarán: Revista Cultural y Científica 16 (2000): 259–68, <https://dialnet.unirioja.es/ejemplar/138197>. (262-263)

RUIZ OSUNA Pablo y REÑÉ QUILES, David «Guía de los seres mitológicos españoles»

La leyenda de la encantaria (leyenda 1)

La leyenda de la encantaria (leyenda 1)

La leyenda de la encantaria.

                                                                 imagen de : Tracy Marais

 

En la península ibérica existen infinidad de relatos de mujeres presas de una maldición.  Uno las puede rescatar si actúa con valor, humildad y entrega. En nuestro blog vamos a ir recopilando cada una de las historias y las daremos a conocer. Empezamos por esta antigua leyenda que se remonta al siglo XIX:

«Corre el año 1830. La aurora del 24 de junio. Una mujer, llamada María fue a lavar la ropa a la cieca. Era la alborada del día de San Ju mientras lavaba, descubrió que una hila de lana descendía por la cieca.  Comenzó a devanar, la lana era roja, siguió devanando … una figura etérea de rasgos indefinidos y vestiduras blancas contemplaba la escena. Conforme iba devanando, la mujer, los rasgos adquirían mayor claridad … ese rostro estaba completamente señala- do; no eran sólo los perfiles, era el rostro de una muchacha joven, pálida y con los ojos brillantes; su nariz era pequeña y graciosa; en sus labios empezaba a dibujar una sonrisa … sólo las manos faltaban por adquirir la perfección de las formas … En aquel momento, María, cansada de devanar y teniendo un ovillo muy grande cortó la hila … la figura esbelta de la muchacha, en pie sobre un saliente de la roca, a muy poca distancia de la lavandera, lanzó un grito desgarrador, su figura comenzó a diluirse; pero de sus labios brotaron estas palabras: ¡Desdichada de mí, me has encantado para otros trescientos años! Rápidamente la figura desapareció…[1]

 

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Bibliografía

[1] SELVA INIESTA, Antonio “La Encantada de La Camareta.Antología e Interpretación.(Révisión Del Tema),” ob cit pp. 481

2 RUIZ OSUNA Pablo y REÑÉ QUILES, David «Guía de los seres mitológicos españoles»

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