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Etiqueta: Mitología ibérica

Explorando las Criaturas Mitológicas: Un Viaje a Través de la Literatura de Pablo Ruiz Osuna. Con David Parcerisa (Rimbel35).

Explorando las Criaturas Mitológicas: Un Viaje a Través de la Literatura de Pablo Ruiz Osuna. Con David Parcerisa (Rimbel35).

Explorando las Criaturas Mitológicas: Un Viaje a Través de la Literatura de Pablo Ruiz Osuna. Con David Parcerisa (Rimbel35).

 

En mi reciente entrevista con David Parcerisa, exploramos diversas criaturas mitológicas que han sido objeto de mis investigaciones y publicaciones. A continuación, presento un análisis detallado de estas entidades legendarias, relacionándolas con mis obras y aportaciones al estudio de la mitología ibérica.

1. Vampiros: La Sombra de la Noche

Aunque los vampiros no han sido el foco principal de mis publicaciones, su presencia en la mitología ibérica es innegable. Estas criaturas nocturnas, asociadas con el miedo a lo desconocido y el anhelo de inmortalidad, han inspirado numerosas leyendas en la península. En futuras investigaciones, planeo profundizar en las particularidades de los vampiros en el contexto ibérico, explorando sus orígenes y las variaciones regionales de sus mitos.

2. Hombres Lobo: La Dualidad Humana

La figura del hombre lobo, símbolo de la lucha interna entre la civilización y la bestialidad, es central en mi libro Hombres Lobo: Y Otros Depredadores de la Mitología. En esta obra, coescrita con Sonia Gupta y Elisa Rivero Bañuelos, exploramos las leyendas de transformaciones humanas en lobos y otras criaturas, rastreando historias desde la Península Ibérica hasta diversas culturas alrededor del mundo. El lobo ha formado siempre una parte indisoluble del ser humano, encarnando nuestras ambiciones y miedos más atávicos. Desde los cofrades encomendados al dios lobo Vaélico, pasando por los berserker vikingos y la aterradora bestia de Gevaudan, hasta los perros fantasmales que, según dicen, aún campan por los ranchos tejanos. Este libro es el resultado de nuestra caza de leyendas, cuyas pruebas gráficas ha ilustrado el brillante Ion Ander Art.

3. Hadas: Luces y Sombras del Mundo Feérico

Las hadas, comúnmente vistas como seres mágicos y benevolentes, poseen un lado oscuro y enigmático que he abordado en mis investigaciones. En Guía de los Seres Mitológicos Españoles, coescrito con David Reñé Quiles, dedicamos secciones a estas entidades, desentrañando sus orígenes y relatos asociados en la tradición española. Este libro pretende rescatar las leyendas y cuentos que hasta hace unas pocas décadas aún podían escucharse en pueblos y villas de las zonas rurales de nuestro país. ¿Sabía que en nuestro país también existían relatos sobre una antigua raza de gigantes? ¿Conocía usted la historia del Herensuge, el dragón de siete cabezas? ¿Sabe usted cómo desencantar un hada? ¿Quiere ganarse el favor de la diosa Mari y descubrir junto a ella los secretos de la madre naturaleza? ¿Sabe cómo derrotar a un hombre lobo? ¿Y convertirse en uno? Estos solo son algunos de los secretos que encontrará en este volumen.

4. Gigantes: Ecos de Antaño

Los gigantes, presentes en múltiples mitologías, simbolizan fuerzas primordiales y desafíos titánicos. Aunque su mención en la entrevista fue breve, en mis obras he recopilado historias sobre estos seres colosales, destacando su relevancia en el folclore ibérico y su influencia en la cultura popular. En Guía de los Seres Mitológicos Españoles, exploramos las leyendas de gigantes en la península, rescatando narrativas que han perdurado en la tradición oral de diversas regiones. También lo hacemos en nuestra reciente obra  Gigantes tras las huellas del pueblo antiguo 

5. Dragones: Guardianes del Saber Ancestral

Los dragones han sido símbolos de poder y misterio en diversas culturas. En mi libro Dragones: Serpientes, Lagartos, Dragones y Otros Engendros de la Mitología Ibérica, coescrito con Ion Ander Ramírez, recuperamos historias ancestrales sobre estas criaturas en la península. Desde el gran dios Sugaar, al poderoso cuélebre, o el ponzoñoso basilisco, una lectura repleta de aventuras le está esperando.

6. Duendes y Espíritus Familiares: Entidades del Hogar

En Duendes, Diablos y Espíritus Familiares, profundizo en las historias de seres que habitan en los hogares y bosques, influyendo en la vida cotidiana de las personas. Este libro busca rescatar y preservar las narrativas sobre estos entes, destacando su importancia en la mitología ibérica y su papel en las tradiciones populares.

Duendes, diablos y espíritus familiares (Tapa blanda)

 

7. Reflexiones sobre la Inteligencia Artificial: Más Allá de la Mitología

Aunque mi enfoque principal ha sido la mitología, también he explorado temas contemporáneos como la inteligencia artificial. En La Personalidad Jurídica de los Autómatas Inteligentes, analizo las implicaciones legales y éticas de los avances tecnológicos, ofreciendo una perspectiva crítica sobre el futuro de la interacción entre humanos y máquinas.

Reflexión Final

Mi pasión por la mitología y el folclore me ha llevado a explorar y documentar estas criaturas en mis libros, con el objetivo de preservar y difundir nuestro rico patrimonio cultural. A través de mis obras, invito a los lectores a adentrarse en un mundo donde lo fantástico y lo real se entrelazan, ofreciendo una ventana a las creencias y narrativas que han moldeado nuestra historia colectiva.

 

 

 

cónoce a nuestro equipo. Todos los programas (Pablo)

cónoce a nuestro equipo. Todos los programas (Pablo)

Cónoce a nuestro equipo. Todos los programas (Pablo)

 

¡Bienvenidos a mi rincón en la web! Soy Pablo Ruiz Osuna, un escritor y apasionado investigador de la mitología y el folclore, especialmente el que proviene de nuestras tierras ibéricas. Este blog es un espacio donde comparto entrevistas, podcasts y reflexiones sobre mi trabajo y las historias que me apasionan.

Nací en Barcelona en 1990 y, desde muy joven, me cautivó el mundo de las leyendas y mitos. Recuerdo que mi interés por estos temas comenzó cuando mi padre me leía cuentos de los Pirineos, historias que me hicieron querer descubrir los secretos que esconden las tradiciones populares. Este amor por la mitología me llevó a dedicarme a la tarea de recopilar y estudiar el rico patrimonio legendario de España.

A lo largo de los años, he publicado varias obras que exploran nuestro legado mitológico. Mi primer libro, «Guía de los seres mitológicos de España», es un ensayo ilustrado que reúne y analiza criaturas legendarias de toda la geografía española. El proceso de investigación para esta obra fue exhaustivo, y nació de la preocupación por la pérdida de muchas de estas historias en el tiempo.

Recientemente, lancé mi segunda obra, «Dragones: Serpientes, lagartos, dragones y otros engendros de la mitología ibérica», un proyecto que vio la luz gracias al apoyo del micromecenazgo. En este libro, profundizo en la figura de los dragones y otras criaturas reptilianas, abordando su presencia en el imaginario popular y su significado a lo largo de la historia. La obra ha sido bien recibida, especialmente entre los aficionados a la mitología y los juegos de rol, un mundo en el que estas figuras míticas son siempre bienvenidas.

Después de aquella publicación ya nunca descansé, pues sentía que quedaba mucho por contar (y por salvar). Después vino “Dragones”“Hombres lobo y otros depredadores de la mitología” (obra colectiva con Elisa Rivero y Sonia Gupta) y, finalmente, Duendes, diablos y espíritus familiares”.

Actualmente, resido en Tarragona, donde continúo mi labor como becario predoctoral en la Universidad Rovira i Virgili. Aquí, compagino mi investigación académica con mi pasión por la escritura, con el objetivo de seguir rescatando y compartiendo las historias que nos definen como cultura.

En este blog, no solo encontrarás mis obras y proyectos, sino también conversaciones con personas que, como yo, sienten una profunda conexión con el folclore y la mitología. Espero que disfrutes explorando este espacio tanto como yo disfruto creándolo.

¡Gracias por acompañarme en este viaje por las sendas de lo mítico!

Un saludo,

Pablo Ruiz Osuna

 

 

GIGANTES:

HADAS

 

Dragones

Hombres lobo 

Duendes, gigantes y seres terroríficos

 

 

la Giganta de los Mallos de Riglos

la Giganta de los Mallos de Riglos

La Giganta de los Mallos de Riglos

imagen de: behance.net

 

En la Hoya de Huesca, al sur del Pirineo, se alza una impresionante formación rocosa. Unas verticales paredes conglomeradas esculpidas por el tiempo que conforman un entorno natural único. Los Mallos de Riglos son un rincón de aventura y escalada, pero también un espacio de leyenda.

Cuenta la leyenda que en Foz de Escalete, una pequeña aldea de la zona, vivía una extraña y solitaria anciana. Diferente al resto. Tenía una gran estatura, casi gigante, y entre los vecinos tenía fama de bruja. Ella era hilandera y solía mojar el lino en las limpias aguas del río Gállego. A sus espaldas decían que era amiga de los seres malignos y tenebrosos que merodeaban en el bosque. Sin embargo, nunca había hecho mal a nadie. Amaba la naturaleza y los animales que vivían en ella.

Un día, cansada de la gente y del rechazo que siempre le habían mostrado, decidió abandonar el pueblo y refugiarse en la naturaleza. Ahí se sentía libre y segura. De la nada, hizo aparecer dos moles de roca de un tamaño inmenso. Las levantó en el aire y con una fuerza sobrehumana las clavó junto al río Gállego. Se dice que desde entonces se refugia y oculta en ellas, lejos de las personas.

Nadie volvió a verla hasta la noche de San Juan. Cuentan las gentes del lugar que cada 23 de junio, cuando llega la medianoche, se le puede ver sentada en O Pisón, el más grande de los mallos. Ahí descansa tranquila. A veces remoja el lino con el que hila en las aguas del río y otras se peina cuidadosamente su largo cabello blanco.

 

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El cuélebre de San Vicente de la Barquera.

El cuélebre de San Vicente de la Barquera.

 

El cuélebre de San Vicente de la Barquera

imagen de:Zeravia Royalrebal

 

«Estrecha relación con la cuestión de las huellas de Santiago de Lóquiz tiene la siguiente leyenda, recogida en Cantabria, y que muestra un desarrollo narrativo bastante diferente de la creencia sobre las huellas del mismo santo:

La devoción al glorioso Apóstol Santiago el Mayor, hijo del Zebedeo, en nuestra provincia quedó recogida en una pasmosa leyenda que refiere el extraordinario hecho acaecido en la zona de San Vicente de la Barquera, término de Santillán, donde existe la caverna del Culebre sobre horadados acantilados costeros. Allí anualmente dejaban los vecinos como tributo una núbil doncella para que la devorase aquel monstruo cruel (que como Anfisbena se movía lo mismo hacia atrás que hacia adelante y habitaba la caverna), librándose así el vecindario de mayores males. Pues ninguna fuerza humana le hacía redrar de sí, permaneciendo renitente a cualquier componenda o sustitución. Hasta que un año, preparada para el sacrificio, la joven piadosa de turno invocó fervorosamente al Apóstol Santiago para que la salvara de tan cruenta muerte. Surtió desde el principio la primera plegaria, pues al culebre, de impenetrable tugumento, empezó a desprendérsele de la piel sus escamas gangrenosas en forma de fúrfura hedionda, y en el momento en que iba a ser inmolada por el fabuloso ente de potentísimo silbo y aguijón al aire, que fiamívoro echaba fuego y exhalaciones de azufre por boca y narices, cayó fulminado por la intervención del Apóstol, sin sufrir daño alguno la presunta víctima.

Añade la tradición que algunos vecinos pusieron en otra ocasión una trigueña y bella doncella cerca del farallón de la caverna en la noche de San Juan, y el monstruo terrible no salió de su escondrijo. Se atribuyó a la creencia extendida de que en esa noche es en la que todos los encantamientos se quiebran y, por consiguiente, el culebre de la cólera en los ojos permaneció aquietado y como en un sueño de parálisis eterna. Hasta que intervino el Apóstol, por lo que la muchacha salvada hizo voto de ir a pie peregrinando a Compostela, tener como santo predilecto a este gran predicador del Evangelio, y si matrimoniaba y tenía un hijo varón le pondría el nombre del divino Quijote y evangelizador de Iberia.

Como testimonio permanente del paso del Apóstol «hijo del trueno» sobre la zona costera de Santillán, al ir hacia la cueva del culebre enseñan los lugareños las herraduras del caballo de Santiago Matamoros correspondientes a las huellas de los pies de dicho caballo, y que son en realidad requienias fósiles, muy disminuidas actualmente en número por las búsquedas de los paleontólogos coleccionistas (6)».

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 Bibliografía:

PEDROSA, J.M. (2000). Huellas legendarias sobre las rocas: tradiciones orales y mitología comparada. Revista del Folklore.

LA DRAGA , El dragón de Banyoles

LA DRAGA , El dragón de Banyoles

LA DRAGA , El dragón de Banyoles.

imagen de:unrealitymag.com

Cerca del lago de Banyoles, al norte de Cataluña existía, según una leyenda medieval, un voraz dragón que tenía aterrorizada a la población de la región.  Se trataba de un dragón venenoso con largas alas y patas curvas, que envenenaba las aguas cristalinas con su aliento fétido.

La historia del dragón de Banyoles como figura representada en sus fiestas es muy antigua, y se remonta a más de 400 años[1].

La denominaban Draga y se dedicaba a, secar las fuentes y matar el ganado. Se cuenta que el propio Carlomagno al frente de sus tropas francas intentó matar al dragón, pero que fracasó[2]. Para evitar sus destrozos, los campesinos acordaron entregarle cada día un niño para que fuera devorado.

El tributo se sorteaba entre los ciudadanos y una vez fue a tocar a una sobrina del abad del monasterio. Ésta desconsolada fue a pedir ayuda a su tío el cual, apiadado de su situación, decidió enfrentarse con el dragón y terminar con su amenaza. Para ello se invistió con todos sus atributos religiosos, y se dirigió hacia el «clot del drac», lugar donde vivía el dragón. Cuando el dragón lo vio se le abalanzó abriendo su enorme boca para atacarlo, pero el abad le tiró su estola sobre su cuello y éste se amansó inmediatamente. Reducido de esta forma el dragón, fue llevado hasta la plaza de la ciudad donde sus habitantes le dieron muerte.

No es la primera vez que nos encontramos ante un mito semejante. La idea de un párroco que hace frente a un dragón o a una serpiente me es harto conocida, pues fue mi abuelo quien transmitió una pequeña leyenda a mi padre, y este, la compartió conmigo. Según contaba, un día una serpiente enorme paseaba por Suellacabras (Soria) e intentó entrar en la iglesia del pueblo. A las mismas puertas de la Iglesia del pueblo el párroco acabó con la serpiente de un rápido y certero golpe en su sien. Pues bien, aunque esta historia ha llegado a mis oídos algo incompleta, lo cierto es que a lo largo de la geografía existen historias semejantes. En Asturias se contaba que las serpientes inmortales, los cuélebres, se escondían en las iglesias y devoraban los cadáveres allí enterrados. Muchas historias cuentan como el párroco mata a la bestia cuando esta sale de la iglesia, golpeándole en la cabeza.

La idea de un hombre religioso expulsando serpientes no es nueva. A San Patricio se le atribuye la expulsión de las serpientes de Irlanda, mediante exorcismos, para librar al país del mal, pero puesto que jamás ha habido ninguna serpiente en Irlanda, su hazaña fue más legendaria que mágica[3].

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[1] PALMADA AUGUET, Guerau Recovering the Banyoles dragon

[2] https://mitologia.fandom.com/es/wiki/El_monstruo_de_Banyoles

[3] http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/serpientes-ni-dioses-ni-demonios/html/ (visitado el 08-07-2021).

 

Duendes entrañables de la mitología ibérica (parte 1)

Duendes entrañables de la mitología ibérica (parte 1)

Duendes entrañables de la mitología ibérica (parte 1)

En este blog hemos dedicado un espacio a advertir sobre la gran cantidad de seres elementales que son dañinos para los humanos. No obstante, sí es cierto que existen algunos duendes y gnomos que están de nuestra parte y que, lejos de buscar nuestra ruina, nos ayudan y buscan nuestro bienestar. Para ello es necesario seguir un marcado protocolo de respeto y cordialidad y, sobretodo no cometer ningún error, pues su naturaleza volátil les lleva a castigar con gran severidad cuando se sienten ofendidos.

Os dejamos un recopilatorio de seres de la mitología ibérica tan curiosos como entrañables. Esperamos que os gusten:

 

1-Freba

imagen de ion art

Un hada de los prados, pequeña y brillante, que viaja en un carro de oro del que tiran grillos o escolancios (luciones), entre la hierba rosada del alba. Si alguien se encuentra con ella, lo que es bien difícil, queda sumergido para siempre en una pereza triste y placentera al mismo tiempo, ya que ninguna ayalga puede superarla en belleza, por lo que el infeliz que consigue verla queda prendado de sus encantos el resto de su vida, pero sin posibilidad de alcanzarla o estar a su lado. De alguien ausente y con aire nostálgico se dice que: «Probe, namorólu Freba»

 

2-Ratones coloraos

Los ratones coloraos son la versión   murciana más genuina de la figura del duende. Su versión femenina serían  las  ratas colorás, listísimas, en efecto, como dice el refrán, escurridizas y prácticamente invisibles, salvo para los niños más pequeños, con quienes juegan y a quienes divierten con sus travesuras. Se trata de una tipología de duende doméstico y que además es amiga y protectora de los niños. Se trataría de una especie de genio familiar protector que acompañaría al infante hasta que este alcanzara su edad adulta.

3-Elfos de las minas

Imagen de J.B. Mongue.

Los elfos de las minas son una tipología de duendes o gnomos que viven en la cavidades montañosas en busca de tesoros y minerales preciosos. Según se cuenta en las leyendas, algunos de los seres de este pueblo antiguo han forjado alianzas con las comunidades mineras. A cambio de presentes por parte de los humanos (generalmente comida) ellos les ayudan a encontrar tesoros, les guían en las profundidades de la mina, o les rescatan si quedan atrapados.

    4-  Trenti

imagen de itnasmorilla

En la mitología cántabra los Trentis son duendes traviesos de los bosques. Van vestidos con hojas, musgo y raíces, por ello pasa desapercibido entre la vegetación pues se confunde perfectamente con el entorno. Durante el invierno este ser de vida silvestre duerme al abrigo de las torcas y en verano bajo la frescura de los árboles. Se alimenta de panojas y endrinas y bebe leche pero jamás bebe agua pues es ponzoña para él.

El Trenti es un ser muy bromista y travieso. Su entretenimiento favorito es ocultarse entre los bardales para poder tirar de las sayas y pellizcar las pantorrillas a las muchachas, para después escapar corriendo entre los bardales, dando volteretas. Tambien le gusta tomar el pelo a los Montañeses que aciertan a cruzársele por los montes de Cantabria. Aunque son bromistas por naturaleza, también pueden ayudar al hombre sin que estos lo sepan, sintiendo especial predilección por lo niños. Auxilian al pastor a encontrar su ganado tras la tormenta o las maldades del Ojáncanu y ayudan a las viejas que no pueden valerse por si mismas

 

5-Meniñeiro

Imagen de Pascual Moguérou.

Es un simpático duende gallego (o más correctamente un trasno)decidido protector de los niños muy pequeños (generalmente los bebes) con los que juegan y se dedican a entretener y a divertir, mientras que los adultosno los pueden ver (como los bebés no hablan, nunca pueden decir algo sobre estos diminutos sers). En zonas de Galicia (como en Ourense y Chantada), cuando un bebé sonríe sin motivo aparente se suele decir: “Ya anda por aquí el meniñeiro”

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Bibliografia

Iniesta González, José-Emilio «MITOLOGÍA POPULAR DE LA REGIÓN DE MURCIA »

https://mitologia.fandom.com/es/wiki/Meni%C3%B1eiro

https://mitologia.fandom.com/es/wiki/Trenti

Diccionario dos seres míticos galegos

El temible ojáncano

El temible ojáncano

 El temible ojáncano

imagen de: Rodolfo Gorrín

Uno de los representantes más conocidos de estos seres es el ojáncano, que tiene su hábitat entre las tierras de Cantabria y Asturias
(aunque allí le llaman ijancano). «Es el mito masculino, fiero, malhumorado, gigantesco, siempre pensando en destruir cabañas, en
derrumbar árboles y puentes, en entorpecer las camberas y los senderos con grandes peñascos»

Parece que son inmunes a prácticamente cualquier ataque, pues su inmenso tamaño y resistencia antinatural los convierte en un adversario
temible. Si por desventura cruzas tu camino con uno de ellos puede que la única opción que te quede para salvar tu vida sea huir. No es posible usar la fuerza bruta con ellos, pues cuentan con la fuerza que contaban los primeros hombres de la Edad de Oro.

El más fuerte de los varones de nuestra raza apenas alcanzaría a provocarle pequeñas laceraciones en la piel. Si las leyendas son ciertas,
es capaz de despedazar un oso con sus manos desnudas. Ante un ser de tales capacidades físicas, no parece que la confrontación sea lo
más adecuado.

Por ventura no existe ser de este mundo ni del venidero, terreno o subterráneo, de los cielos y los mares, dios o mortal, que no tenga
una debilidad que explotar. El ojáncano teme a un ser ancestral de mucho menor tamaño, pero mayor en las artes arcanas, la xana. Esta suele rescatar a los humanos del ataque del cíclope si se le presenta ocasión, venciéndolo con suma facilidad mediante el uso de sus artes arcanas.
Si no puedes contar con la ayuda de la xana y si tus piernas no te permiten escapar, aún te queda una última oportunidad para salvar
tu vida. En su frondosa barba, se encuentra un único pelo canoso. Si consigues tirar de él con suficiente fuerza como para arrancarlo, el
monstruo se debilitará hasta que le sobrevenga la muerte.

Paralelamente existen versiones que cuentan la existencia de ojáncanos bondadosos, nacido uno cada cien años, a los que se les podía incluso acariciar y ellos agradecidos avisaban de la llegada de los ojáncanos malos. Este monstruo es considerado el ser más popular de la mitología de Cantabria.

Hay una leyenda de una anjana que se encontró a un ojáncano un frío día de invierno, cuando la nieve caía sin parar. Atacado los lobos, consiguió espantarlos, pero le habían dañado su único ojo, por lo que vagaba perdido en medio de la ventisca, asustado y ciego. La anjana se acercó a él, le tomó de la mano y se lo llevó a vivir con ella. Desde entonces, fueron amigos y permanecieron unidos, sacándole la anjana a pasear los días soleados.

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FUENTES :

https://mitologiaiberica.fandom.com/es/wiki/Oj%C3%A1ncano

RUIZ OSUNA, PABLO Y REÑÉ QUILÉS, David  » Guía de los seres mitológicos españoles » Circulo rojo, 2o20.

 

La santa Compaña(parte 1)

La santa Compaña(parte 1)

La santa compaña

 

 

De cuantas tradiciones existen en España en torno a la muerte, quizá la más famosa de todas ellas sea la Santa compaña. La Santa Compaña (Fairy Host en Irlanda; sluagh en Escocia; toili en Gales), es también conocida en Galicia y Asturias occidental como a compañía, a compañía das ánimas, a procesión das ánimas, ensamio, estadea, estandaiña, estandinha, estantigua, estantiga, hoste, hueste, antaruxada, huestia, hostilla, rolda, ronda, a visión, as divisas, o enterro, as da noite, o home do oso, a facha, as luces, as xans, pantalla, a pastoriña, a semuldanza, visita, y con otras denominaciones más. Definida, en síntesis, la Compaña es una procesión nocturna de almas o difuntos que portan luminosas luces (antorchas o velas), y que acarrean el féretro de un vecino cuya próxima muerte anuncian de esta forma[1].

 

Cuenta la leyenda que cuando cae la noche, un grupo de almas en pena patrulla en procesión por los caminos y bosques solitarios. Esa procesión de almas malditas porta luceros o cirios dependiendo de la leyenda. No debe encontrarte, pues son huestes enemigas que buscan hacer el mal. Si por desventura cruzaras tu camino con ellas, recuerda no cruzar tu mirada ni aceptar nada que te ofrezcan. Puede que no sea suficiente con tal precaución, por lo que el viejo conjuro universal de protección, el círculo, será tu mayor defensa si no se quiere pasar a formar parte de la Compaña[2].

Existe la excepción de la persona que no muere a causa de un encuentro con la Compaña, mas debe servirles de por vida:

Donde yo nací había una mujer, María a camiseira se llamaba, que salía con la Santa Compaña. Venían a buscarla y tenía que levantarse y marchar. Avisaba que iba a haber una muerte, pero nunca, nunca especificaba el nombre del difunto.

Cuentan que una vez, yendo con la Santa Compaña, llegó a la casa de una vecina con la que mantenía una excelente relación. Al empezar a subir la escalera del piso, intentó volver atrás, pero los del acompañamiento la abofetearon sin miramientos. Tantas bofetadas le dieron para que siguiese hasta donde tenía que ir, que le arrancaron los dientes[3].

Como puede verse, la persona en cuestión no muere en algunas circunstancias, pero pierde su voluntad y debe cumplir cualquier orden que la Huestia le dé. Si no la cumpliera, la Compaña bien podría decidir retirar su indulto. En otro relato, el obligado a llevar la cruz, el maldito que debe acompañar a la Santa Compaña puede librarse de ese cometido. Sin embargo, parece que la solución es moralmente reprochable, pues conviene que sea otro quien deba llevar la cruz en su lugar:

En Penaverde anduvo con las de la noche un cuñado mío. Se murió en Barcelona. Le pasaron la cruz. Él sabía quién se la había pasado, pero no podía descubrirlo… Cada vez que salían las de la noche, él tenía que salir con la cruz. La mujer no sabía cuándo se marchaba porque el cuerpo siempre estaba en la cama. Para la mujer constaba que su marido estaba con ella. Tenía que salir cuando iba a haber un muerto… Él ya sabía cuándo tenía que salir… Nunca hablaba con las de la noche, iba delante con la cruz…, no veía más que las luces; tocaban la esquila. Mi cuñado no sé a quién le consiguió pasar la cruz, pero se la pasó a otro[4].

 

En otra tradición no se trata únicamente de ceder la cruz al propio desdichado con el que se encuentren, pues además necesitarán un cubo de agua bendita y el hisopo:

Un padre y su hijo, que ya era un hombre hecho y derecho, regresaban de noche de un viaje y tuvieron la desgracia de tomar, sin darse cuenta, un camino que pasaba cerca del atrio de una iglesia. Su descuido los llevó a encontrarse en una curva con la Santa Compaña, que, como todas las noches, salía a las doce para hacer su ronda. Vieron aterrados las luces verdosas de los hachos que portaban las almas en pena y oyeron el murmullo de las plegarias.

Intentaron huir, pero no lo consiguieron. El padre, ya viejo y débil, tropezó y cayó al suelo, donde quedó sin fuerzas para valerse. El hijo llegó un poco más lejos, pero mejor le hubiera sido caer al lado de su padre para ahorrarse graves contratiempos. Ninguno de los dos tuvo saber ni ánimos para trazar un círculo en el suelo, dibujar una cruz en el medio y meterse dentro, como es costumbre para defenderse de las cosas de otro mundo.

El padre, de bruces en el camino, sintió cómo los difuntos de la Santa Compaña le pisaban el cuerpo y lo dejaban baldado. Con mucho esfuerzo levantó la cabeza y buscó a su hijo con la mirada. Mas como era de noche, no logró verlo. Escuchó. Supuso que lo había llevado la Santa compaña para portar la cruz, el cubo de agua bendita y el hisopo. Luego perdió el conocimiento.

Volvió en sí al amanecer. Le dolía el cuerpo, estaba cansado y sin fuerzas. Quiso ponerse en pie y las piernas no le sostenían. Al cabo, mal como pudo, casi a rastras, pálido como un difunto, llegó a su casa. Su hijo todavía no había vuelto.

Al hijo lo encontraron los vecinos. Apareció dormido al pie del crucero de la parroquia, abrazado al fuste. El padre apenas tardó tres días en morir. El hijo aguantó un poco más, pero no mucho. Nadie le sonsacó ni lo más más mínimo, porque el que anda con los difuntos no puede revelar ni lo que ve ni lo que le ordenan hacer. Tampoco puede girar la cabeza para ver quién viene detrás. Por eso nunca ninguno da explicaciones. El único recurso que le queda al que va con la hueste es, si se da la oportunidad, ponerle en la mano a un desventurado que encuentre en el camino la cruz, el cubo de agua bendita y el hisopo. Así se libra de esa obligación y se la pasa al otro. De todas maneras, desde que se libera de esa carga poco tarda en morir, porque ya está acabado. Al no dormir de noche va perdiendo vigor y se va consumiendo más y más cada día.

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Bibliografía

[1] Alberro, M.: «La Santa Compaña en el NO de la Península Ibérica y en otros países célticos como Irlanda, Escocia y Gales», Revista de Folklore 336, n.º Tomo 28b. (2008): 183–87, <http://www.cervantesvirtual.com/obra/revista-de-folklore-200/>.

 

[2] «Si alguien se encuentra con la Compaña y no se previene, es atraído inexorablemente por la misma y ha de unirse a la procesión de muertos. El peligro para los infortunados que se topan de noche con la Compaña es que sus miembros les seduzcan y atraigan para que se unan a ellos. Y una vez dentro de sus filas, ya no tendrán forma alguna de poder escapar. Por ello, en el caso de encontrarse con una Compaña, en Galicia recomiendan hacer lo siguiente:

  • no mirarlos directamente, simular que no se les ha visto, y apartarse calladamente de su
  • trazar un círculo en el suelo con la Estrella de Salomón dentro, y colocarse en su
  • en casos inopinados, o extremos, tirarse inmediatamente al suelo boca abajo, y mantenerse así hasta que hayan pasado todos los miembros de la procesión.

En Asturias recomiendan que, al encontrarse por la noche con una huestia, y para evitar que se lo lleven a uno consigo, se haga también algo parecido a lo de Galicia:

  • el primer paso, y el fundamental, es evitar por todos los medios el entrar a formar parte de la comitiva.
  • dibujar en el suelo el Círculo de Salomón, meterse dentro del mismo, y no mirar a la huestia ni salirse del círculo hasta que hayan pasado todos los espíritus». Alberro, M.: «La Santa Compaña en el NO de la Península Ibérica y en otros países célticos como Irlanda, Escocia y Gales», cit. pág 183.

 

[3] Mariño Ferrero, Xosé Ramón: Leyendas, mitos y creencias de Galicia, 1.a ed. (Pontevedra: Elago Ediciones, 2008), pág 129.

 

[4] Fraga Liste, Enrique: «Costumbres heterodoxas en Galicia», Revista AEPE 36–37 (1986): 189–96, <https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/aepe/pdf/revista_36-37_19-20_89/revista_36-37_19-20_89_22.pdf>. (191)

 

 

La leyenda del malvado duende Todín

La leyenda del malvado duende Todín

La leyenda del malvado duende Todín

 

 

Los trasgos son insidiosos y excéntricos; ocupan la cúspide de su escala de valores molestar y perturbar la paz. Cuando pueden rompen y arrojan objetos, provocan pesadillas e inquietan a los desdichados que se cruzan en su camino. Las leyendas así lo atestiguan, pues siempre que aparece el trasgo, la amargura anida en los corazones de sus víctimas.

He añadido una curiosa leyenda de un trasgo algo perturbadora. Aunque en la leyenda se refiere a él como un duende, a mi juicio esta leyenda debe encontrase entre la de los trasgos

Érase una vez un joven pescador llamado Andrés, de sonrisa franca y rostro agradable, de fuertes brazos que trabajaba incansablemente para el sostén de su familia y que convivía con el mar y la soledad. Era hombre de pocas palabras y todos los atardeceres embarcaba en su lancha rumbo al océano y a sí mismo. Un día, ya muy entrada la noche, larga su red cerca de la playa del Osmo, en Corme, y observa que, en el umbral de la urna del mismo nombre, había una hoguera y que a su alrededor danzaban, dando vueltas y más vueltas, unos extraños pequeños seres, semejantes a los hombres, de tez blanquecina, ojos verdosos y vestimenta de chillones colores rojos y verdes.

Uno de ellos, al percibir la presencia del pescador, se encamina hacia él y, desde la orilla, entre el rumor del agua, le pregunta su nombre.

―Me llamo Andrés ―le contesta nervioso y temblando de pies a cabeza.

―Yo soy el duende Todín ―le dice mientras se acerca a la barca, moviéndose como pez a través de las aguas.

Andrés, asustado, no soltaba palabra; entre tanto, lo observaba fijamente; pero al cabo de un rato comenzó a tranquilizarse cuando vio que aquel extraño ser, de mirada vivaracha pero serena, parecía inofensivo.

De pronto, el duende lo coge de un brazo, se sienta frente a él, remira rectamente a los ojos y le dice:

―No temas, me caes bien y quiero ayudarte.

La noche avanzaba y la conversación entre ellos se hacía ininterrumpida y amena. Andrés no tardó en darse cuenta de lo endiabladamente inteligente y tortuoso que era Todín y presentía que una amistad, aunque extraña, estaba naciendo. Al amanecer, con los primeros rayos de la aurora, el pescador recoge la red y queda admirado al observar que estaba repleta de los más variados peces.

―Ya sabes ―le dice el duende―, cuando quieras tener una abundante pesca, te acercas a esta playa, me llamas tres veces y, mientras hablamos amistosamente, tu red se llenará de peces.

―De acuerdo, ya te buscaré ―dijo el pescador, guiñando un ojo.

Andrés, como era prudente, no quería abusar de la magnanimidad del duende y procuraba ir solo a la playa del Osmo cuando la pesca en otros lugares escaseaba o el mar de estas atlánticas costas se enfurecía.

Pasó el tiempo y, un día, Todín le confiesa que es un ser muy poderoso, ya que posee tres monedas de oro con poderes mágicos, pero solo se las daría a una buena persona, y él se lo parecía.

―Quiero compartir contigo, mi buen amigo, ―le dice el astuto duende― este poder mágico que tengo gracias al designio de mis antepasados.

A decir verdad, Andrés era desconfiado. No creía en regalos en apariencia desinteresados. Aunque trabajaba hasta la saciedad todas las noches del año, por experiencia sabía que de la pobreza no era fácil escapar. Era un pobre pescador, como lo fue su padre y había sido su abuelo.

Todín le introdujo en la urna, iluminada por velas aromáticas en candelabros de oro con forma de búhos de la buena suerte. Sobre mesas ovaladas había esmeraldas en bandejas de marfil y enormes caracolas llenas de perlas. Abre un cofre de madera de ébano y saca tres monedas.

La primera que le mostró era la moneda de la salud. En una de sus caras tenía tallada una ninfa con un cáliz entre sus manos, y le dice:

―Con ella vivirás muchos, muchos años, conocerás a los nietos de tus nietos e ignorarás el dolor.

La segunda era la de las riquezas. En ella se veía un cofre lleno de las más variadas joyas; y le comunica:

Todo lo que ambiciones lo tendrás.

La tercera era la de la sabiduría. En su dorso se percibía una serpiente; y le explica:

―Nada ignorarás y serás sabio. El que goza de la sabiduría está en posesión de la verdad.

―La verdad para mí es algo muy sencillo ―responde el pescador―: es lo que está bien; lo demás, si no es falso, me lo parece.

Andrés permaneció en silencio durante un buen rato y, por fin, con aire resignado y con voz suave, le preguntó:

―¿A cambio de qué?

Sin hacerse rogar, responde el duende:

―En trueque de tu alma.

De nuevo guardó un prolongado silencio, no había motivo para tener miedo, y no tenía; se trataba simplemente de expresar un deseo y, además, él era sincero por naturaleza, como suele ocurrir con la gente de la costa.

―De acuerdo, acepto el canje, si me das otra moneda más ―expresa Andrés.

Cordial, pero con una cordialidad que parecía fría, distante; porque intuía que no era él quien dominaba la situación, Todin le responde:

―No te preocupes, tengo muchas, la del amor, que ningún rayo la podrá destruir ni toda el agua del mar apagarlo; la del poder…

―Solo quiero, además de las tres primeras, la moneda de la caridad ―responde el pescador.

Perplejo, lleno de desesperación y furioso ante tan inesperada petición, se quedó petrificado de rabia; mas, intentando disimular su enojo, replicó el duende, profundamente sorprendido:

―¿Por qué la moneda de la caridad? Esa es la única que no tengo.

Lamenta no poder concederle esa moneda e intenta, una y otra vez, convencerlo de las cualidades de las otras que le había ofrecido, pero sus tentativas resultaron inútiles y sus argumentos terminaban en rotundos fracasos, a pesar de que sus palabras golpeaban en los oídos del obstinado pescador, con tenacidad e ininterrumpidamente, como agua en la roca.

―No insistas, no podrás convencerme ―responde Andrés―, puede parecer soberbia o tal vez ingenuidad, pero esas tres monedas sin caridad humana no me interesan; lo nimio, a menudo, es lo importante.

Agradeció su gentileza lo mejor posible y se despidió de inmediato y, bogando a ritmo lento, se aleja en su lancha hacia altamar, mientras con voz clara pero serena, le dice:

Tres monedas me ofreciste para que te entregue el alma. Aunque viviera mil años,

los reyes me envidiaran,

los hombres me conocieran

y los sabios me encumbraran; no quiero cambiar de vida

ni tampoco trocar mi alma.

Ni la salud, ni riquezas,

ni sabiduría tanta,

son lo bastante importantes ni son suficiente paga

para dejar estos mares, por vida, dinero y fama.

Si no tienes caridad,

el vivir no importa nada, la riqueza enorgullece, la sabiduría ufana[1].

Esta leyenda difiere de cuantas he podido consultar. Aquí el trasgo tiene un comportamiento completamente distinto. Esta vez, lejos de perturbar y molestar a los habitantes de una casa, Todín busca la ruina del incauto que caiga en sus argucias. He encontrado leyendas referidas a los seres elementales que insinúan que tratar con ellos conlleva la perdición, pero esta es la única que he encontrado referida en estos términos a los trasgos.

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Bibliografía

[1] Cousillas Rodríguez, Manuel: «Los duendes en la literatura española», op. cit. pág. 66-68.

 

 

La leyenda de Lantarón

La leyenda de Lantarón

La leyenda de Lantarón

Centrándonos en el caso de nuestro país, ya encontramos vestigios de la creencia en sirenas desde época precristiana. Por entonces ya circulaban leyendas sobre sirenas y su versión masculina, los tritones. Era célebre la historia de Lantarón, rey del mar, figura asociada por muchos como el Neptuno ibérico[1]. Lantarón, según se creía, poseía figura humana con manos y pies unidos por membranas. Su piel era verde y negra, pudiendo adoptar tonalidades fosforescentes gracias a su poder sobrenatural.

Esta enigmática deidad permitía a los humanos casarse con una de sus súbditas, siempre y cuando el intrépido humano cumpliera un estudiado ritual. En primer lugar, debía capturar la sirena con la que quisiera casarse (procedimiento que en las leyendas figura como tarea casi imposible) y después, nada más capturarla, darle un beso. Tras el contacto, la sirena perdía sus características anatómicas y pasaba a ser una mujer humana. Para que el efecto fuera permanente, el humano debía esconder el espejo de nácar de la sirena, pues de lo contrario volvería a su antiguo ser.

Probablemente esta leyenda pueda leerse en clave simbólica. En los pueblos antiguos el matrimonio se representaba como un rapto, pues la mujer pasaba a formar parte de la familia del hombre. Se puede comprobar cuanto digo a través de una antigua tradición romana. La noche anterior al matrimonio, el marido entraba en casa de la novia y la «secuestraba» de forma simbólica. Así se representaba el abandono de la familia materna en favor de la familia paterna.

En este caso, la simbología también está presente. La única manera de que el matrimonio entre humano y sirena funcione es que esta abandone su medio, su mundo, para ir a vivir al mundo de los hombres. La mejor manera de evidenciar ese compromiso es renunciar a todo lo que la diferencia: su naturaleza ictícola

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Bibliografía

 

[1] Guerrero Salazar, Susana y Emilio A. Núñez Cabezas: «Aves fabulosas, sirenas y otros monstruos marinos de las leyendas tradicionales», Isla de Arriarán: Revista Cultural y Científica 16 (2000): 259–68, <https://dialnet.unirioja.es/ejemplar/138197>. (262-263)

RUIZ OSUNA Pablo y REÑÉ QUILES, David «Guía de los seres mitológicos españoles»

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