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Etiqueta: Mitología ibérica

EL MITO DEL GIGANTE EN ESPAÑA(Parte 1)

EL MITO DEL GIGANTE EN ESPAÑA(Parte 1)

EL MITO DEL GIGANTE EN ESPAÑA

Imagen de Rodolfo Gorrin

Nuestras lindes son ricas en historias y leyendas sobre los gigantes. Las tradiciones son numerosas y muy heterogéneas; se pueden diferenciar distintos tipos de gigantes.

Los mitos de gigantes en nuestro país gozan de una larga tradición. Ya las fuentes romanas atestiguan la creencia de un poderoso gigante en la zona de Gibraltar[1]. Este, con su fuerza, propiciaba el naufragio de las embarcaciones, lo que provocaba la muerte de los pobres incautos que caían en sus redes.

Posteriormente, queda atestiguada la creencia en los gigantes en nuestro país a través de una multitud de mitos que he podido recopilar. He procedido a dividirlos en dos grupos bien diferenciados. Un primer grupo guarda especial similitud con el mito griego del cíclope Polifemo. A esta clase de seres los he denominado «ciclópeos». Suelen presentar descripciones monstruosas: un solo ojo, varios brazos, pies redondos…

El segundo grupo englobaría una raza anterior de «súper‑humanos» con capacidades majestuosas, ya sea el uso de la magia, una tecnología superior, velocidad y fuerza descomunales, etc. A este último grupo lo he bautizado con el nombre de «Los antiguos constructores» para diferenciarlos del primer grupo.

 

 

 1-Los antiguos constructores, Los Mouros

 

En Galicia se cuentan historias de unos antiguos pobladores anteriores a los humanos llamados «mouros»[2]. No guardan relación alguna con ninguna tribu norteafricana[3], sino con una antigua raza de gigantes constructores anteriores al ser humano. Sus costumbres son distintas a las de los humanos, como lo son las de los animales de especies distintas. No son cristianos, sino que participan de un sistema de creencias asociadas al paganismo. Según se cuenta, guardan reposo durante el día y permanecen despiertos durante la noche[4].

Esta antigua raza dista mucho de las historias sobre gigantes del mundo helénico. Los mouros son una civilización en decadencia por su número, pero las pistas indican que, de haber existido alguna vez, fueron un pueblo avanzado e inmensamente rico. «Son dueños de los tesoros de Galicia, de fabulosas joyas y piedras preciosas, siendo de oro hasta los yugos de sus bueyes, las guarniciones de sus monturas y sus aperos de labranza»[5].

Imagen de: https://salik.biz/articles/69617-svidetelstva-o-russkom-velikane-i-neizvestnyi-geografii-ostrov-gde-zhivut-ispoliny.html

El mundo de los mouros es predominantemente subterráneo, aunque sus apariciones se hagan en la superficie. El mundo habitado por ellos es paralelo al de los humanos, y los puntos de encuentro son lugares muy marcados desde el punto de vista espacial: lugares con restos de construcciones, sitios «no naturales»[6].

Cualquier actividad que realizan es próspera, pues casi la práctica totalidad de sus herramientas, así como de sus productos, son de oro. Son capaces de encontrar los tesoros ocultos en la madre tierra y suelen custodiarlos en sus antiguas construcciones, los dólmenes y megalitos[7].

Su lista de capacidades o «poderes» resulta amplísima. En primer lugar, dominan por completo uno de los cuatro elementos. Pueden modelar a su voluntad el elemento tierra sin ninguna dificultad. No es extraño verlos cargando toneladas de piedra como si se tratara de un mero fardo de trigo de unos pocos gramos. El conocimiento de su elemento, la tierra, llega hasta tal punto que pueden hacer y desaparecer a su antojo entradas y salientes en la tierra en tan solo un instante. Le basta una sola palabra a modo de sortilegio para desarrollar esa magia ancestral[8].

También pueden volverse invisibles si lo desean para huir de la presencia de los humanos, de los que han aprendido a desconfiar. Su poder es tal que pueden cambiar a voluntad su forma física por la etérea en cualquier momento sin ninguna dificultad. Esta es la razón por la que el contacto con esta antigua raza (si existió alguna vez) resulta harto complicado.

 

 Lo que has leído es un pequeño extracto de nuestro libro «Guía de los seres mitológicos españoles». La segunda edición está en preventa aquí:https://es.ulule.com/2-edicion-guia-de-los-seres-mitologicos-espa-oles/

 

2-Gerión, ¿mito autóctono o propaganda griega?( Texto escrito por Elisa Rivero Bañuelos)

 

Como hemos visto, en España no estamos faltos de gigantes. Pero hay uno que se pierde en los anales del tiempo, en la obtusa protohistoria en la que los mitos y la realidad se confunden.

 

Gerión y Ortro. Ánfora de figuras negras datada en ca. 540 a. C., Biblioteca Nacional de Francia.

Hablamos de Gerión, el mítico rey tricéfalo. Es poco lo que sabemos sobre la historia de la Península Ibérica antes de la llegada de los romanos. Obviando por un momento lo que nos cuenta la arqueología, apenas hemos heredado un puñado de nombres y mitos de manos de los griegos.

Gerión, Habis y Argantonio son los tres antropónimos que nos vienen a la cabeza cuando pensamos en la civilización más antigua de nuestro territorio: Tartessos.

El concepto de Tartessos es a día de hoy aún confuso. Para no entrar en debates, diremos que Tartessos fue un pueblo que se desarrolló en el suroeste de la Península Ibérica entre los siglos VIII y IV a.C., asentado en la cuenca del Guadalquivir y extendido más tarde hacia el Guadiana. Su economía se basaba en la ganadería y la explotación minera de la serranía, cuyo excedente exportaban a través de la Fachada Atlántica primero y por el Mediterráneo después. Su desarrollo cultural y económico tan sobresaliente solo se pueden entender bajo el influjo de los pueblos con los que comerciaban y que fundaron sus emporios en las costas tartesias: principalmente los fenicios, aunque también los griegos.

Gerión, Habis y Argantonio representan efectivamente la evolución y consolidación de lo que los griegos entendían por civilización. Es por ello que debemos tomar estos mitos con cautela, interpretados siempre desde la óptica griega, pero sin negarles un poso de autenticidad indígena.

Según esta interpretación, Gerión simbolizaría la ganadería, Habis la agricultura y la urbanización, y Argantonio la minería y el comercio.

Una vez puestos en situación, nos centraremos en el gigante. La leyenda la recoge por primera vez Estesícoro (s. VI a.C.) en su poema Gerioneida. Dice que Gerión era hijo de Calírroe y Crísaor, nieto de medusa. Tenía tres cuerpos gigantescos con sus tres cabezas, seis brazos, seis piernas y alas. Gerión habitaba con sus bueyes en la isla Eritea, en las gadeiras. Su pastor Euritión y su

perro de dos cabezas Orto cuidaban la vacada. Arribó Heracles a las Gadeiras con su décimo trabajo. Para robar los bueyes, dio muerte a pastor y perro. Alguien alertó al dueño, que se dispuso a enfrentar a Heracles a pesar de los ruegos de su madre, Calírroe. Gerión argumentó que es mejor combatir con gloria que vivir con deshonor. Heracles se escondió y le atacó por sorpresa. Derribó el casco de una de las cabezas y la atravesó con una flecha. Finalmente, le dio muerte y se llevó los bueyes al continente. Escritos posteriores dicen que lo mató con una flecha emponzoñada con veneno de la hidra, o que de su sangre nació el drago de la facultad de Bellas Artes de Cádiz. Pausanias nos cuenta que Gerión tenía una hija, Eritea, que engendró con Hermes al héroe Nórax, fundador de Nora (Cerdeña).

 

La ascendencia de Gerión lo carga ya con el yugo del monstruo, de lo horrible, haciendo la hazaña de Heracles aún más heroica. No es por tanto invento de Roma el exagerar las filas enemigas al hacer recuento.

Como en otros tantos pasajes de la mitología griega, el occidente se nos presenta como un mundo peligroso cargado de riquezas: pingües bueyes, oro y riquezas sin parangón, manzanas doradas… siempre custodiadas por criaturas terroríficas. Algunos autores razonan que fueron los fenicios, primeros en explotar estas costas, quienes difundieron la leyenda negra para disuadir a la competencia. Los trabajos de Heracles serían por tanto publicidad para empujar a sus comerciantes y oikistés al mar, hacia un occidente ya limpio de monstruos.

Cuánto queda de la realidad y cuánto ha sido tergiversado en el mito, no podemos saberlo.

Bibliografía

[1] “Díaz Rodríguez, Enrique: «Mitos, cultos y leyendas (I). Aproximación a las creencias religiosas en la zona del Estrecho y otras aproximaciones», Aljaranda: Revista de Estudios Tarifeños 19 (1995): 9‑14, <https://dialnet.unirioja.es/buscar/documentos?querysDismax.DOCUMENTAL_TODO=Mitos%2C+cu ltos+y+leyendas+%28I%29.+Aproximación+a+las+creencias+religiosas+en+la+zona+del+estrecho+y+ot ras+aproximaciones>.

[2] «Os mouros galegos son considerados, na sociedade rural, os antigos poboadores do noso territorio, pero non os devanceiros. Nós somos oscristiáns, eles son os xentís. Nós somos a xente, eles son os mouros. Eles, a diferenza de nós, saen de noite e dormen de día, viven debaixo da terra, debaixo da auga, dentro de rochas, en covas e en casas e pazos baixo osouteiros, mentres nós vivimos na superficie. É un xeito de construí-la nosa identidade por alterida de, por oposición» VV. AA., Os mouros e as mouras: máxicos enigmáticos da mitoloxía popular, pág. 16.

[3] Este error es muy común. A pesar de los intentos de los folcloristas, aún se puede encontrar tamaña equivocación en trabajos especializados.

[4] «Os mouros galegos son considerados, na sociedade rural, os antigos poboadores do noso territorio, pero non os devanceiros. Nós somos oscristiáns, eles son os xentís. Nós somos a xente, eles son os mouros. Eles, a diferenza de nós, saen de noite e dormen de día, viven debaixo da terra, debaixo da auga, dentro de rochas, en covas e en casas e pazos baixo osouteiros, mentres nós vivimos na superficie. É un xeito de construí-la nosa identidade por alteridade, por oposición. O pobo tende a distancialos, poisAsentos dos Mouros (Castroverde) Burato dos Mouros (Pico Sacro) Casa dos Mouros (Candeán, Vigo) aínda que os dota de estruturas sociais, necesidades, crenzas relixiosas e preocupacións propias da humanidade actual, faino dende un punto de vista épico». VV. AA., Os mouros e as mouras: máxicos enigmáticos da mitoloxía popular, op. cit. pág 17.

 

[5] Pena Graña, Andrés: «Túmulos, mouros, enanos, gigantes, salvaje caza. La etnografía gallega vista como registro arqueológico no intervencionista», De Culturas, lenguas y tradiciones. II Simposio de Estudios Humanísticos, 2006, 229–46, <https://ruc.udc.es/dspace/handle/2183/12776>.

[6] Álvarez Vidaurre, Ester: «Leyendas, mitos y creencias populares: otras vías de aproximación al fenómeno megalítico», Cuardernos de Arqueología de la Universidad de Navarra 11 (2003): 91–108, <https://dialnet.unirioja.es/ejemplar/94115>, pág. 91-108.

[7] «Es creencia generalizada la de que los dólmenes, menhires y otras construcciones megalíticas esconden tesoros enterrados. Muchas veces se considera que son las riquezas de aquellos que los construyeron y habitaron (gigantes, gentiles, mouros, hadas, enanos…). Estos tesoros están en su mayor parte encantados, de manera que resulta imposible hacerse con ellos. Suelen estar guardados y protegidos por un hechizo, maldición, animales (gatos, liebres) o seres sobrenaturales (espectros, fantasmas). Las riquezas enterradas bajo estos monumentos adoptan diferentes formas según zonas». Álvarez Vidaurre, Ester: «Leyendas, mitos y creencias populares: otras vías de aproximación al fenómeno megalítico», op. cit. pág. 99.

[8] «No folclore galego é frecuente a referencia a mouros que entran ou semeten, ou abren a terra: “para min que iles aínda viven aquí subterráneamente solo qui lesteñen palabras que abren a terra e péchana». VV. AA.: «Os mouros: notas sobre a permanencia do mito no folclore», op. cit. pág. 43.

Remesal Rodríguez, José. 1979. Gerion, Habis, et, Arganthonios. Le peupleme protohistorique d’Andalousie.

Rodríguez Somolinos, Helena. 1989. “La» Gerioneida» de Estesícoro y la» Biblioteca» de Apolodoro”. Actas del VII Congreso Español de estudios clásicos. https://www.academia.edu/2012456/La_Gerioneida_de_Estes%C3%ADcoro_y_la_Biblioteca_de_Apolodoro

La leyenda de la encantaria (leyenda 1)

La leyenda de la encantaria (leyenda 1)

La leyenda de la encantaria.

                                                                 imagen de : Tracy Marais

 

En la península ibérica existen infinidad de relatos de mujeres presas de una maldición.  Uno las puede rescatar si actúa con valor, humildad y entrega. En nuestro blog vamos a ir recopilando cada una de las historias y las daremos a conocer. Empezamos por esta antigua leyenda que se remonta al siglo XIX:

«Corre el año 1830. La aurora del 24 de junio. Una mujer, llamada María fue a lavar la ropa a la cieca. Era la alborada del día de San Ju mientras lavaba, descubrió que una hila de lana descendía por la cieca.  Comenzó a devanar, la lana era roja, siguió devanando … una figura etérea de rasgos indefinidos y vestiduras blancas contemplaba la escena. Conforme iba devanando, la mujer, los rasgos adquirían mayor claridad … ese rostro estaba completamente señala- do; no eran sólo los perfiles, era el rostro de una muchacha joven, pálida y con los ojos brillantes; su nariz era pequeña y graciosa; en sus labios empezaba a dibujar una sonrisa … sólo las manos faltaban por adquirir la perfección de las formas … En aquel momento, María, cansada de devanar y teniendo un ovillo muy grande cortó la hila … la figura esbelta de la muchacha, en pie sobre un saliente de la roca, a muy poca distancia de la lavandera, lanzó un grito desgarrador, su figura comenzó a diluirse; pero de sus labios brotaron estas palabras: ¡Desdichada de mí, me has encantado para otros trescientos años! Rápidamente la figura desapareció…[1]

 

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Bibliografía

[1] SELVA INIESTA, Antonio “La Encantada de La Camareta.Antología e Interpretación.(Révisión Del Tema),” ob cit pp. 481

2 RUIZ OSUNA Pablo y REÑÉ QUILES, David «Guía de los seres mitológicos españoles»

La leyenda del duende Martinico

La leyenda del duende Martinico

EL DUENDE MARTINICO

 

 

Hoy os traemos a uno de los duendes más conocidos de la mitología ibérica, el duende Martinico. Para esta ocasión, cuento con la ayuda de Elisa Rivero Tarvos. Esperamos que os guste:

 

Sobre la naturaleza de los duendes no hubo acuerdo entre los antiguos, como seguramente no lo hay entre los folcloristas modernos. En cuanto a otros aspectos del duende, como pueden ser su carácter y significación[1], sí parece existir una línea de investigación más o menos uniforme.

El carácter del duende doméstico puede resumirse en los términos que nos ofrece Mercedes Cano Herrera:

Los duendes domésticos aman la casa y a cuantos en ella viven ―si se portan bien con ellos― pagando los favores con favores, pero vengándose en ocasiones duramente de las molestias que se les causen voluntariamente. Sus lugares predilectos son la cuadra ―donde se entretienen enredando con los animales―, el desván y la cocina, en la que les encanta jugar con la harina, los cacharros y los cedazos[2].

En la mitología es común que las vestimentas denoten el espíritu conciliador o irascible del ser en cuestión. Los ropajes del duende son los de alguien con una personalidad que se define más bajo lo burlesco que bajo lo temible. Sus vestimentas varían desde los ropajes rojos con capirotes del mismo color, hasta las túnicas blancas; pasando por otros como los hábitos de monje capuchino[3].

Los pueblos antiguos creían firmemente en un concepto algo abstracto llamado «dualidad de la vida». Ellos creían que el universo tenía fuerzas que se neutralizaban entre sí tendiendo al equilibrio. Así cada aspecto de la vida humana tenía su vertiente positiva (Eros) y su vertiente negativa (Thanatos). Un ejemplo claro nos lo da la mitología griega a través de dos dioses del Olimpo. Como primer ejemplo tendríamos a Ares, dios temido por ser el artífice de las guerras crueles e intestinas. Por contra tenemos a Palas Atenea, diosa de la ciudad, de la guerra justa en defensa del honor y de la virtud.

Parece que el tema del duende no escapa a esa retórica y constantemente se hace referencia a esta dualidad. Existen multitud de leyendas que hacen referencia a esta realidad, circunstancia que no ha pasado desapercibida a los investigadores[4].

Existen multitud de leyendas sobre duendes en nuestra geografía. A diferencia del ostracismo que han sufrido las tradiciones y leyendas sobre otros seres mitológicos, la creencia del duende ha llegado hasta prácticamente nuestros días. Uno de los duendes más famosos de los que se tiene constancia en nuestra geografía es un simpático personaje al que el vulgo ha apodado con el nombre de «Martinico». Este ser representa las fuerzas elementales que pueden ser propicias a los humanos, son los espíritus guardianes de tantas mitologías. Hay incluso quien los ha catalogado como duendes protegidos de la grey angelical[5].

Tiene un claro comportamiento moralista, en especial con los niños, a los que protege con gran acierto ante cualquier peligro[6. Como suele caracterizar a la práctica totalidad de los duendes, su comportamiento es inestable, errático y anárquico. Martinico es de espíritu bondadoso y colaborador, pero no tolera agravios ni insinuaciones maliciosas. Parece que su color favorito es el rojo y su vestimenta habitual (aun no comprendo el porqué) se asemeja a la de un fraile capuchino. Su vitalidad antinatural tampoco pasa desapercibida y es manifiesta su gran capacidad para la magia y el terioformismo

Sin más dilación, os dejamos algunas leyendas sobre él:

   Leyenda 1

“En 1760 delató una señora de Madrid a una moza que había tenido de criada, bastante espigada, de medianas carnes, carirredonda, blanca, algo roma y de pelo castaño, la cual, según había contado a su ama, con otras muchachas del lugar se había holgado y divertido, en el palacio del marqués de Palacios, en Mondéjar, con un muchacho llamado Martinico, de pocos años y muy feo, que se les aparecía en forma de capichino o de culebrón, quien las reprendía alguna vez por su demasiada curiosidad. Añadía la criada que, si hubiera querido, hubiera sido rica, y Martinico le haría las cosas de la casa, pero temía a la Inquisición ya que dijeran las gentes: Qué muchacha es, y ya va con la mitra por las calles!» (Papeles de la Inquisición de Toledo, leg. 92, núm. 189) (2).

 

 Leyenda 2

En Córdoba, se dice que habitaba una casa y que se enamoró de la dueña a la que pretendía obtener sus favores. El hermano de la dueña quería heredar todo lo de esta y durante muchos años intentó asesinarla. Martinico cada vez que veía al hermano acercarse a la casa, provocaba un gran estruendo haciendo que todos los vecinos salieran a la calle. La dueña, cansada de Martinico y de su insistencia, se cambia de casa; un día mientras salía de misa el hermano la asesinó. Nunca se pudo saber quién había sido el asesino, por lo que heredó todo lo de su hermana y se trasladó a vivir a la casa en la que estaba Martinico. Esa noche, mientras dormía, notó que le faltaba el aire y cómo algo le oprimía el cuello, poco a poco su cuerpo se iba incorporando hasta quedar colgado de una viga. Al día siguiente cuando los vecinos y autoridades entraron en la casa, lo encontraron muerto y en un rincón de la habitación al Martinico que les esperaba para decirles que por fin había habido justicia, y que no había sido un suicidio, sino un ajusticiamiento. Martinico desapareció[7].

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BIBLIOGRAFÍA 

 

[1] Me refiero por significación al estudio por parte de los folcloristas de los posibles orígenes del mito de su simbología, análisis psicológico e incluso su análisis antropológico.

[2] Cano Herrera, Mercedes: Entre anjanas y duendes…, op. cit. pág. 56.

[3] Cano Herrera, Mercedes: Entre anjanas y duendes…, op. cit. pág. 56.

[4] «En cuanto a su comportamiento, la literatura nos habla, generalmente, de dos clases de duendes: una amable y gentil, lúdica y habitualmente inofensiva que otorga regalos e incluso poderes para tener una buena pesca, y otra diabólica, caracterizada por su culto a Satán». Cousillas Rodríguez, Manuel: «Los duendes en la literatura española», Revista Garoza 10 (2010): 61–69, <https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3355300.pdf>.

[5] Villar Esparza, Carlos, op. cit. pág.70.

[6] Véase un ejemplo de cuanto decimos: «en los pozos, en los pueblos, pues decían que, si te asomabas mucho al pozo, que te cogía el martinico, el duende, y te metía dentro del pozo. Para asustar a los niños para que no se asomaran al pozo». Nieves Martín, Rafaela: «Literatura oral de Manzanares (Ciudad Real)», Culturas populares. Revista Electrónica 6 (2008): 1–34, <http://www.culturaspopulares.org/textos6/articulos/nieves.pdf>, pág. 6.

[7] Recuperado el día 29/05/19 a las 18:51 de: <http://leyendasyfabulas.com/el-duende-martinico/>.

El mito del gigante (parte 1)

El mito del gigante (parte 1)

El mito del gigante

 

imagen de David Reñé : Guía de los seres mitológicos españoles

¿Quieres descubrir todos los secretos de los gigantes?
Desde tiempo inmemorial existen leyendas acerca de la existencia en tiempos remotos de una antigua raza anterior a los hombres de proporciones gigantescas. Era creencia establecida y muy difundida que, antes de la llegada del ser humano, la tierra había sido poblada por seres antropomórficos de una altura colosal.

Los relatos sobre gigantes constituyen uno de los mitos o leyendas más importantes de los pueblos antiguos. Uno de los relatos más antiguos acerca de gigantes es el antiguo texto sumerio conocido como La epopeya de Gilgamesh. En esta historia, Enkidu acompaña al mítico héroe Gilgamesh a largo de sus proezas y aventuras.

Según cuenta la leyenda, los dioses habrían creado a Gilgamesh mucho antes que a Enkidu. Este último llega a enfrentarse a Gilgamesh en un combate feroz del que no sale victorioso. Aunque como humano Enkidu es muy fuerte, Gilgamesh, que mide unos tres metros de altura, tiene unas facultades superiores. El mito no lo llama propiamente gigante, pero a raíz de la descripción que se nos presenta parece una evidencia del mito del gigante.

Más explícita es la cita que podemos encontrar en la Biblia, concretamente en el libro de Génesis 6: 4: «Los Nefilim se hallaban en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos del Dios [Verdadero] continuaron teniendo relaciones con las hijas de los hombres y ellas le dieron a luz hijos, estos fueron los poderosos que eran de la antigüedad, los hombres de fama»[1].

A su vez, en el Libro de los Números 13: 32 y 33 se cita:

 

«Y siguieron presentando a los hijos de Israel un informe malo acerca de la tierra que habían espiado. La tierra, por la cual pasamos a espiarla, es una tierra que se come a sus habitantes; y toda la gente que vimos en medio de ella son hombres de tamaño extraordinario. Y allí vimos a los Nefilim, los hijos de Anac, de modo que llegamos a ser a nuestros propios ojos como saltamontes, y así mismo llegamos a ser a los ojos de ellos»[2].

La historia de estos míticos gigantes aparece incompleta, con grandes lagunas en su redacción. No explica del todo de dónde surgieron, por qué tenían ese tamaño y ese agresivo comportamiento.

 

Para ello queremos acudir a un viejo texto considerado apócrifo por muchas de las iglesias cristianas, conocido como El libro de Enoc. Allí se encuentra la historia completa de los nefilim. Dios había ordenado a una patrulla angélica conocida bajo el nombre de «los vigilantes» controlar a los seres humanos. Pero resulta que «los hijos de Dios»[3] vieron a «las hijas de los hombres» y quedaron prendados de su belleza. Según se cuenta, se mezclaron carnalmente con los humanos y tuvieron descendencia[4].

                                                                   imagen de pixabay.com

 

Fruto de esa unión salieron seres de tamaño colosal incapaces de controlar sus más bajos instintos. Solo conocían la barbarie y la violencia, siendo la guerra cruenta la mayor de sus pasiones[5]. Eran muy superiores en tamaño y fuerza a los humanos, por lo que no tardaron en poner a la raza humana al borde de la extinción. Estos serían conocidos como los nefilim (los caídos), gigantes salvajes y fuera de control fruto de una unión contra natura.

Los gigantes se multiplicaron de tal forma que la única manera de salvar a la raza humana fue un diluvio que ahogara a todos los nefilim. Como eran de gran tamaño, el diluvio tuvo una duración de 40 días y 40 noches para que el nivel del agua subiera lo suficiente como para poder ahogarlos. No solo fueron castigados los nefilim, sino que los vigilantes, unos 200 según el texto, fueron condenados a permanecer en la tierra hasta el fin de los tiempos por su indiscreción[6].

Tenemos otro ejemplo de creencias en gigantes entre los antiguos helenos. Según la mitología griega: los gigantes eran hijos del Cielo y la Tierra o, según Hesíodo, nacidos de la sangre que brotó de la herida de Urano. Se los describe con fuerzas monstruosas, mirada terrible, cabellos muy largos, barba copiosa, piernas en forma de cola y serpiente, con cien brazos y cincuenta cabezas. Declararon la guerra a los dioses y, resueltos a destronar a Zeus (Júpiter), lo sitiaron en su propio trono. Lanzaron sobre los dioses rocas que, al caer al mar, se convirtieron en islas, o en montañas si daban en la tierra. Fueron vencidos finalmente por Hércules[7].

Los nórdicos también creían en gigantes. En Escandinavia, tenemos la leyenda de Thor y el gigante llamado Thrym, quien roba al primero su mágico martillo, con el cual podía matar a sus machos cabríos que tiraban de su carro, comerlos y con solo poner su martillo sobre las pieles inertes los animales cobraban nueva vida[8].

El mito se perpetua en épocas posteriores, como en tiempos cristianos. Fray Luis de Torquemada en su tratado Jardín de flores curiosas:

No faltan testimonios para darles crédito; porque si queremos mirar a las antigüedades hallaremos lo que el señor Luis ha dicho en la Sagrada Escritura de los gigantes que con Nembrot, después del Diluvio, edificaron aquella torre para salvarse en ella cuando otro viniese (o, según la opinión de algunos autores gentiles, para hacer guerra a los dioses y tomarles el cielo por fuerza); y todos estos debían de ser, para con los hombres de agora, de una grandeza espantable. Y viniendo a otros tiempos que han sido cerca de los nuestros, a todos nos es notorio lo que está escrito y confirmado por autoridad de la Iglesia de la vida de San Cristóbal, por la cual se entiende haber sido tan grande como los más de los que aquí hablemos nombrado; y conforme a un colmillo suyo que me dicen que está en la iglesia de Coria, y a la parte de una quijada que está en la iglesia de Astorga y tienenla por muy preciosa reliquia, la cual yo he visto muchas veces, no podía dejar de ser tan grande como una muy alta torre. Porque la muela entera es tan grande como un puño de un hombre, cerrado, y, proporcionando todo el cuerpo conforme a ella, o conforme a la parte de la quijada, viene a ser tan grande que pone admiración a los que lo están considerando.

Y también, sin esto, he yo oído decir a algunas personas que han estado en el monasterio de Roncesvalles que hay allí algunos huesos los cuales dicen ser de los que murieron en la batalla que Carlo Magno fue vencido por el rey don Alonso de León, en la cual por el grande esfuerzo de Bernardo del Carpio fueron muertos muchos de los doce Pares de Francia, y que estos huesos son de tanta grandeza que parecen de gigantes; y así, un fraile que traía medida de una canilla de pierna me la mostró, y pareciome que era casi tan grande como tres canillas de las comunes, y en esto refiérome a los que las o vieren visto; que yo digo lo que me contaron. Y también me dijeron que había algunas armas tan grandes y pesadas que daban buen testimonio de la grandeza de los que las traían y meneaban[9].

 

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Bibliografía

 

[1] R. Gutiérrez, Óscar: «Quinametin (gigantes) del mundo mesoamericano y algunos otros de la mitología universal», Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas 2 (1996): 25–34, <iihaa.usac.edu.gt/archivohemerografico/wp…/29_estudios_ago_1996_gutierrez.pdf%0A>. (27)

[2] R. Gutiérrez, Óscar: «Quinametin (gigantes) del mundo mesoamericano y algunos otros de la mitología universal», op. cit. pág 27.

[3] La expresión «los hijos de Dios» se trata por supuesto de un nombre en clave. La misma pretende poner de manifiesto que se trata de unas criaturas más cercanas a Dios en la jerarquía. Dicho de otro modo, son hijos de Dios porque participan en mayor medida de su naturaleza.

[4] «Todos sus jefes tomaron para sí mujeres y cada uno escogió entre todas. Comenzaron a entrar en ellas y a contaminarse con ellas, a enseñarles la brujería, la magia y el corte de raíces y a enseñarles sobre las plantas. Quedaron embarazadas de ellos y parieron gigantes de unos tres mil codos de altura que nacieron sobre la tierra y conforme a su niñez crecieron; y devoraban el trabajo de todos los hijos de los hombres hasta que los humanos ya no lograban abastecerles. Entonces, los gigantes se volvieron contra los humanos para matarlos y devorarlos». El libro de Enoc, 4.a (Málaga: Hojas de luz, 2015), capítulo 7.

[5] «Y los espíritus de los gigantes, de los Nefilim, que afligen, oprimen, invaden, combaten y destruyen sobre la tierra y causan penalidades, ellos, aunque no comen tienen hambre y sed y causan daños». El libro de Enoc, 4.a (Málaga: Hojas de luz, 2015), capítulo 15.

[6] Aquí estarán los vigilantes que se han conectado por su propia cuenta con mujeres. Sus espíritus, asumiendo muy diversas apariencias, se han corrompido y han descarriado a los humanos para que sacrifiquen a demonios y dioses, hasta el día del gran juicio, en que serán juzgados y encontrarán su final». El libro de Enoc, 4.a (Málaga: Hojas de luz), capítulo 19.

[7] R. Gutiérrez, Óscar: «Quinametin (gigantes) del mundo mesoamericano y algunos otros de la mitología universal», op. cit. pág. 25.

[8] R. Gutiérrez, Óscar: «Quinametin…», op. cit. pág. 27.

[9] De Torquemada, A.: Jardín de flores curiosas, pág. 52.

 

La diosa Mari

La diosa Mari

La diosa Mari

 

 

                                                                             imagen de canva.com

 

La diosa Mari es una de las deidades más poderosas del panteón ibérico. A Mari se la representa como la Madre de los elementos. Ella posee las llaves del sol, el viento, las aguas y la tierra. También es dueña de los saberes mágicos sobre los animales (generalmente de especies cinegéticas) y sobre la agricultura primitiva.

Muchos han defendido la posibilidad de que el culto a la Diosa Madre fuera tan seductor y potente que terminara absorbiendo a otros seres mitológicos y cultos[1]. De ese modo, algunos personajes de la mitología habrían perdido «su poder» para cederlo a la entronizada diosa de la tierra, Mari. La importancia de la Diosa Madre en los pueblos del norte de la península no ha pasado desapercibida para los investigadores, que han visto explicaciones culturales[2] y psicológicas[3] a este fenómeno. Ciertamente, la cantidad de referencias a elementos femeninos (sol y luna) como a la diosa evidencian una pervivencia de lo matriarcal.

No faltan referencias de Mari haciendo uso de sus facultades como señora de las tormentas y de los vientos. Se dice de ella que cuando la tormenta está en todo su fragor, aparece surcando los aires montada en siete machos cabríos o en caballos y que dirige los nubarrones entre relámpagos[1]. Tales poderes no deberían sorprendernos, el gran Zeus, señor del Olimpo de la mitología griega, era capaz de lanzar relámpagos. También poseía tales poderes el dios Thor de la mitología nórdica, y Yahvé, por su parte, era capaz de modificar el clima a su antojo, pues envió un diluvio que inundó la tierra.

 

LEYENDA DE MARI

Había una vez una niña muy pobre que trabajaba de pastora para una familia muy rica en los alrededores del monte Amboto. Había estado todo el día con el rebaño de ovejas por el monte y cuando se disponía a encerrar el rebaño se percató de que una le faltaba. La niña, preocupada por lo que su patrón le pudiera decir, decidió salir en busca de la oveja, y buscando y buscando se topó en el bosque con Mari. La niña, al verla, le preguntó:

―¿Has visto a la oveja que he perdido?

A lo que Mari le contestó que sí, que su oveja estaba en la cocina de su cueva, que si quería recuperarla debía acompañarla hasta su cueva, y la niña aceptó y se fue hasta la cueva con Mari. Una vez allí, Mari le enseñó su oveja y cuando la niña se disponía a cogerla para marchar esta le propuso un trato. Le dijo a la niña que si se quedaba con ella durante los próximos siete años en su cueva le daría bienes que le arreglarían la vida en forma de agradecimiento. La niña era muy pobre, no tenía familia y, por lo tanto, nada tenía que perder, por lo que aceptó quedarse en la cueva con Mari. Pasaron los años, Mari enseñó a la niña a cocinar, a esquilar las ovejas, a tejer la lana, a trabajar el barro y la madera y siempre se portó muy bien con ella… Habían pasado siete años ya y Mari recordó a la niña que si quería ya podía marcharse, ya había cumplido su parte del trato. La niña al principio pensó que para qué se iba a marchar si nada le faltaba allí, pero Mari le dijo que debía salir de la cueva para que ella pudiera cumplir con su parte del trato. Mari le dijo a la niña que debía salir de la cueva de la misma manera en la que había entrado. Cuando la niña se disponía a salir, Mari le dijo que cogiera unos trozos de carbón de la cocina y se los llevara con ella, le dijo que era su pago por haber cumplido con su parte del trato, la niña miró el carbón y, confundida, decepcionada y triste a la vez, salió de la cueva, de espaldas, caminando hacia atrás como Mari se lo había indicado…

Cuál fue la sorpresa de la niña cuando al salir de la cueva vio cómo el carbón se convertía en

¡oro macizo! Mari había cumplido con su promesa, le prometió que le daría una buena vida después de los siete años en la cueva con ella, la niña pudo comprar una buena casa con terreno para sembrar, pudo comprar un buen rebaño de ovejas y nunca más tuvo que trabajar para otros ni volvió a pasar hambre[1].

 

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BIBLIOGRAFÍA:

 

[1] Aguirre Castro, Mercedes y Alicia Esteban, op. cit., pág. 42.

[2] Barandiaran de, José Miguel: Mitología vasca, op. cit.

[3] «¿Cabe considerar a la diosa vasca Mari como antepasada totémica femenina de las tribus vascas? Cabe considerarla, en efecto, como antepasada mítica representante de la colectividad tribal interpretada femeninamente. En este sentido, cabe asimismo tenerla como máximo espíritu guardián, “Manitú” o ayudante-tótem, es decir, como la Maga o espíritu del bosque y de los animales, cuya fertilidad fecundidad simboliza bajo el totemismo último de la sierpe draconiana como dueña de las aguas y señora de la vida y de la muerte: es decir, como ánima-animal sagrado por excelencia, a cuyo través mágico se realiza la iniciación humana, o sea, la obtención de la vida, la confrontación con la muerte y la visión mistérica de la existencia a nivel tanto teórico (mítico) como práctico (y ritual)». Oses Ortiz, Andrés: «La diosa vasca en contexto antropológico», Kobie (Serie Etnográfica). Bilbao 1 (1984): 8–16, <www.bizkaia.eus/…/Kobie_1_Etnografia_«LA DIOSA VASCA EN SU>. (8)

[4] «La necesidad de causalidad nos hace intentar buscar una explicación a este predominio femenino, que nunca será casual y sí parece relacionado con la gran fijación materna que creemos ver en la psicología del vasco. Este ligar psicología y mitología ha sido objeto de numerosos trabajos a partir de los descubrimientos geniales de Freud, cuando buceó en la mente humana algo más allá de la consciencia. Partiendo de él han trabajado numerosos investigadores, Abrahán, Rank, Silverer, etc., entre los ortodoxos (psicoanalíticamente hablando) y C. G. Jung principalmente, con brillo propio». Lasa, J. J.: «El genio Mari y la madre terrible», Munibe 8, n.º 3 (n.d.): 214–21, <www.aranzadi.eus/fileadmin/docs/Munibe/1956214221.pdf.> (215). Continúa el mismo autor: «Respecto al arquetipo madre copiamos. “La madre es en absoluto una de las más poderosas imágenes heredadas”. Pienso que se puede interpretar en dicho sentido jungiano de madre terrible a esa Mari, Dama, Señora o maligna, genio de las montañas, cuevas, simas, que junto con el horno (Mari la del horno) son claros simbolismos no sólo femeninos, sino maternos. Barandiarán interpreta a Mari como un símbolo de la tierra, que a su vez no es en el fondo sino también madre (madre tierra)» Lasa, J. J.: «El genio Mari y la madre terrible», op. cit., pág. 216.

 

La leyenda del busgosu

La leyenda del busgosu

 El defensor del bosque

 
La mitología asturiana comprende una valiosa diversidad de seres mágicos, leyendas y misterios. Desde las enigmáticas xanas, los traviesos diañus o la tétrica huestia (también conocida como Santa Compaña), esta región nos brinda un compendio rico en historias y tradiciones que merece la pena ser estudiado. 
 
Señalemos que dentro de la mitología asturiana existen rasgos o influencias traídas desde Grecia, o características similares a la mitología celta. «Y conviene destacar el evidente parentesco de las principales figuras míticas asturianas con un primitivo culto animista a la naturaleza (cielo, agua, bosque, montaña, etc.)»(BARAGAÑO, 1985).
 

                                                Dibujo de Roberto Suárez 

 
 
En esta primera entrega, queremos hablaros de un genio de la naturaleza, según lo describe Baragaño. El guardián de bosques, de la flora y la fauna que en ellos conviven. Aunque existe un cierto debate en el cual se pone en duda la existencia de este guardián, no deja de maravillarnos su carácter dual, el cual explicaremos más adelante. 
 
 
Comencemos diciendo que el Busgosu ha sido descrito como una criatura de figura semi-humana, con patas de carnero y un torso, brazos y rostro humanos, sin olvidar los grandes cuernos y espesa cabellera. Descripción que recuerda a los faunos o incluso a los sátiros, famosos en la mitología greco-latina.  
 
Sátiro

 

La personalidad del Busgosu es, como ya mencionamos, dual. Por una lado se muestra bondadoso, y vela por aquellos que recorren los caminos de los bosques. Comúnmente, y de acuerdo con la tradición oral, ayuda a los pastores y sus rebaños, así como a los viajeros perdidos, mostrándoles el camino de regreso. 
 
Sin embargo, no duda en mostrar su lado más terrible a todos los que osen dañar hasta el más pequeño ser de su entorno natural. Las leyendas cuentan que, ante todo mortal que signifique una amenza, el Busgosu los llevará a una muerte lenta, fruto del beso que les provocará la tisis y terribles malestares. O incluso, conducirá a sus víctimas hacia barrancos, con el fin de provocar una muerte rápida.
 
No obstante, conviene que hagamos mención de los apetitos sexuales del busgosu. Y es que dicho ser tiene una especial predilección por atacar a mujeres hermosas en la profundidad del bosque. Según nos cuenta ÁLVAREZ PEÑA, el busgosu rapta a las mujeres y las viola, produciéndoles todo tipo de enfermedades de transmisión sexual. su beso causa la tisis, demacrando a sus víctimas y llevándolas a una cruel y lenta muerte. 
 
En Cantabria también se cree en este ser, aunque las leyendas difieren a las de Asturias. Aquí se trata de un ser que ayuda a los transeúntes que se pierden por los bosques.  
FUENTES:
 
BARAGAÑO, Ramón.  La mitología popular asturiana 
ÁLVAREZ PEÑA ,M  Mitología asturiana ed Picu urriellu , 2001, pp 131
ÁLVAREZ PEÑA, M  El gran libro de la mitología asturiana ed trabe, 2001, pp 
Nuevo libro: «Guía de los seres mitológicos españoles»

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      RESEÑA GUIA DE LOS SERES MITOLÓGICOS ESPAÑOLES. 

Hace unos escasos meses ha aparecido en el mercado una obra singular sobre la mitología ibérica. Cuando nuestros mitos y tradiciones estaban ya casi olvidados, aparece una obra ilustrada de más de 340 pág. al rescate.  

 

 

Este libro te invita a sumergirte en una aventura mágica a través de nuestra geografía. ¡Consigue el tuyo AQUÍ


En sus páginas puedes adentrarte en el las antiguas leyendas que, hasta no hace mucho, podían oírse a lo largo y ancho de nuestra geografía. Hoy todo ese saber, que creíamos casi perdido, ha sido preservado en gran parte gracias a la aportación de este libro, que rescata más de un centenar de criaturas y dioses de nuestra mitología.
Podemos encontrar ilustraciones de nuestros mitos y tradiciones de la mano de David Reñe, como por ejemplo este magnífico Herensugue: 

Ya centrándonos en el análisis pormenorizado del libro, debemos señalar que contiene nada menos que siete capítulos. 

1-BREVE INTRODUCCIÓN: EN BUSCA DE LA MITOLOGÍAESPAÑOLA.
En este capitulo su autor, Pablo Ruiz, reflexiona sobre la importancia de indagar en la prehistoria de nuestra península, y en el estudio de los pueblos pre-romanos de nuestra geografía en busca de claves que nos ayuden a vislumbrar o rastrear el origen de nuestros mitos. En una exposición amena, pero recogiendo infinidad de fuentes, podemos conocer algunas de las costumbres de los íberos.
También podemos encontrar el estudio de antiguas tradiciones de culto a la naturaleza que han llegado a nuestros días, a través de la tradición oral.
Finalmente, el capítulo termina con un apartado dedicado a la gran diosa del panteón Vasco, Mari .

2 LOS SERES ELEMENTALES DE LA NATURALEZA
En este capítulo nos adentramos en el mundo de los seres feéricos de nuestro país. A pesar de que mucha gente lo desconoce, en nuestro país hay multitud de leyendas sobre hadas, encantairas, damas blancas, sirenas y duendes . Se recogen ua infinidad de cuentos y leyendas de la tradición oral, y se analizan desde un punto de vista histórico, antropológico, iconográfico etc.
El tema es tratado con seriedad y rigor, por lo que en seguida llegamos a la conclusión de que estos seres no son lo que nos habían contado…

3 EL MITO DEL GIGANTE

Seguidamente nos topamos con una recopilación de historias sobre gigantes en nuestro país. Jentiles, mouros, ojáncanos, y otros muchos tienen su entrada estelar en este apartado. ¿Dónde vivían? ¿de qué se alimentaban? ¿ En que creían?  ¡Todo esto y mucho más podéis encontrarlo en este capítulo!

4.ESPÍRITUS DE LA NATURALEZA: GNOMOS, DUENDES Y FAMILIARES

En este capítulo nos sumergimos en las leyendas de los «intraterrenos», de los duendes de los bosques y de los duendes del hogar, los familiares.

A lo largo de la geografía, pueden rastrearse antiguos mitos sobre encuentros con estos seres. El autor nos presenta una historia de los espíritus de la naturaleza que pocos conocen en estos días.

Martinico, Todín, El trasgu, enanuco, son algunos de los nombres con los que uno se podrá topar en este capítulo.

5-EL UMBRAL: SERES DE ULTRATUMBA EN LOS MITOS ESPAÑOLES

Por fin llegamos a la parte menos amable de los mitos y leyendas españoles. Nos referimos a aquellas historias de seres tenebrosos asociados a sucesos escabrosos.  

Aquí se recogen historias sobre los presagios de muerte, cuyo máximo exponente es la Santa compaña 

También tiene su espacio el hombre lobo en España y el mito del vampiro.

6-DRAGONES Y SERPIENTES

Por último, nos topamos con uno de los mitos más amados por el público en general. Nos referimos a las historias de dragones y serpientes

Pablo Ruiz rescata las antiguas leyendas del Herensuge, del Cuélebre, de la tragantía y un sinfín de seres maravillosos que, según cuentan, un día poblaron nuestras tierras.

¡ÉCHALE UN VISTAZO!. Las primeras 30 páginas pueden visualizarse en el siguiente enlace : 

https://www.flipsnack.com/GUA55/libro-mecenas.html

¿QUIÉRES CONOCERNOS UN POCO MEJOR? Aquí tienes una pequeña entrevista que nos hicieron en dados y mazmorras.

También adjuntamos una reseña de cemeneterio de noticias , donde se explica la historia del libro desde el primer mecenazgo hasta la actualidad.
Por si fuera poco, podéis  leer algunas de las reseñas que los mecenas han dedicado a esta obra: 

Nuestro amigo y compañero de Elficología en España, nos dedica estas amables palabras sobre nuestra obra :

«La Mitología Ibérica es una de las muchas que hay a lo largo y ancho del globo, poblada de seres de los que se habla desde tiempo inmemorial y que han cohesionado a los pueblos en todo el mundo con el hecho común de que en todas las culturas se hablaba de lo mismo prácticamente aunque con nomenclaturas diferentes. Donde la modernidad representa la atomización de la sociedad, el mito en su más vasta expresión, representa un pasado quizás más revitalizado y unificado .

Este libro es una interesante compilación de más de 300 páginas que recoge prácticamente todas las criaturas más importantes de nuestra mitología y folclore patrios. En sus páginas podrás encontrarte con historias de duendes, hadas, dragones, hombre lobo, vampiros, seres críptidos, etc. Que entran en contacto directamente tanto con la elficología, la criptozoología y hasta la propia vampirología.

Ahora más que nunca, apoya y difunde la cultura mitológica»  

leer entrada completa aquí: 

 

Por su parte, Elisa Rivero, mecenas de la segunda edición, nos ofrecía esta reseña de sus experiencias leyendo la obra: «Durante la fase de documentación de mi nueva aventura, Mitología por Provincias*, tuve la fortuna de toparme con Pablo y su maravilloso libro. La guía de los seres mitológicos de España es un proyecto muy ambicioso que ha logrado recopilar con maestría los principales mitos y seres que aún coletean por nuestros bosques y cuevas. 
En sus nada menos que 350 páginas, Pablo nos presenta a diosas madre, elementales, gigantes, duendes, seres de ultratumba y dragones. Para cada una de estas secciones encontraremos una introducción con generalidades y referencias a estos seres en mitologías de otras partes del mundo. Después, recoge historias y cuentos ya casi perdidos de antiguos tratados, de la memoria de los últimos habitantes de valles remotos. Pero además de compartir con nosotros estos mitos, las analiza desde varios puntos de vista: la historiografía, la arqueología e incluso la biología y la medicina. Para dar el punto colorido, David Reñé da vida a estos seres con sus ilustraciones»
Podéis consultar el resto de la reseña aquí:

 

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LINKS 

DRAGONES:

DUENDES, DIABLOS Y ESPÍRITUS FAMILIARES 

GUÍA DE LOS SERES MITOLÓGICOS ESPAÑOLES 

EL PADRE LOBO Y LAS BRUJAS EN HORTSAVINYÀ

HOMBRES LOBO Y OTROS DEPREDADORES DE LA MITOLOGÍA 

DE VENEFICIS 

 

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