Navegando por
Categoría: mundo mágico

La leyenda del duende Martinico

La leyenda del duende Martinico

EL DUENDE MARTINICO

 

 

Hoy os traemos a uno de los duendes más conocidos de la mitología ibérica, el duende Martinico. Para esta ocasión, cuento con la ayuda de Elisa Rivero Tarvos. Esperamos que os guste:

 

Sobre la naturaleza de los duendes no hubo acuerdo entre los antiguos, como seguramente no lo hay entre los folcloristas modernos. En cuanto a otros aspectos del duende, como pueden ser su carácter y significación[1], sí parece existir una línea de investigación más o menos uniforme.

El carácter del duende doméstico puede resumirse en los términos que nos ofrece Mercedes Cano Herrera:

Los duendes domésticos aman la casa y a cuantos en ella viven ―si se portan bien con ellos― pagando los favores con favores, pero vengándose en ocasiones duramente de las molestias que se les causen voluntariamente. Sus lugares predilectos son la cuadra ―donde se entretienen enredando con los animales―, el desván y la cocina, en la que les encanta jugar con la harina, los cacharros y los cedazos[2].

En la mitología es común que las vestimentas denoten el espíritu conciliador o irascible del ser en cuestión. Los ropajes del duende son los de alguien con una personalidad que se define más bajo lo burlesco que bajo lo temible. Sus vestimentas varían desde los ropajes rojos con capirotes del mismo color, hasta las túnicas blancas; pasando por otros como los hábitos de monje capuchino[3].

Los pueblos antiguos creían firmemente en un concepto algo abstracto llamado «dualidad de la vida». Ellos creían que el universo tenía fuerzas que se neutralizaban entre sí tendiendo al equilibrio. Así cada aspecto de la vida humana tenía su vertiente positiva (Eros) y su vertiente negativa (Thanatos). Un ejemplo claro nos lo da la mitología griega a través de dos dioses del Olimpo. Como primer ejemplo tendríamos a Ares, dios temido por ser el artífice de las guerras crueles e intestinas. Por contra tenemos a Palas Atenea, diosa de la ciudad, de la guerra justa en defensa del honor y de la virtud.

Parece que el tema del duende no escapa a esa retórica y constantemente se hace referencia a esta dualidad. Existen multitud de leyendas que hacen referencia a esta realidad, circunstancia que no ha pasado desapercibida a los investigadores[4].

Existen multitud de leyendas sobre duendes en nuestra geografía. A diferencia del ostracismo que han sufrido las tradiciones y leyendas sobre otros seres mitológicos, la creencia del duende ha llegado hasta prácticamente nuestros días. Uno de los duendes más famosos de los que se tiene constancia en nuestra geografía es un simpático personaje al que el vulgo ha apodado con el nombre de «Martinico». Este ser representa las fuerzas elementales que pueden ser propicias a los humanos, son los espíritus guardianes de tantas mitologías. Hay incluso quien los ha catalogado como duendes protegidos de la grey angelical[5].

Tiene un claro comportamiento moralista, en especial con los niños, a los que protege con gran acierto ante cualquier peligro[6. Como suele caracterizar a la práctica totalidad de los duendes, su comportamiento es inestable, errático y anárquico. Martinico es de espíritu bondadoso y colaborador, pero no tolera agravios ni insinuaciones maliciosas. Parece que su color favorito es el rojo y su vestimenta habitual (aun no comprendo el porqué) se asemeja a la de un fraile capuchino. Su vitalidad antinatural tampoco pasa desapercibida y es manifiesta su gran capacidad para la magia y el terioformismo

Sin más dilación, os dejamos algunas leyendas sobre él:

   Leyenda 1

“En 1760 delató una señora de Madrid a una moza que había tenido de criada, bastante espigada, de medianas carnes, carirredonda, blanca, algo roma y de pelo castaño, la cual, según había contado a su ama, con otras muchachas del lugar se había holgado y divertido, en el palacio del marqués de Palacios, en Mondéjar, con un muchacho llamado Martinico, de pocos años y muy feo, que se les aparecía en forma de capichino o de culebrón, quien las reprendía alguna vez por su demasiada curiosidad. Añadía la criada que, si hubiera querido, hubiera sido rica, y Martinico le haría las cosas de la casa, pero temía a la Inquisición ya que dijeran las gentes: Qué muchacha es, y ya va con la mitra por las calles!» (Papeles de la Inquisición de Toledo, leg. 92, núm. 189) (2).

 

 Leyenda 2

En Córdoba, se dice que habitaba una casa y que se enamoró de la dueña a la que pretendía obtener sus favores. El hermano de la dueña quería heredar todo lo de esta y durante muchos años intentó asesinarla. Martinico cada vez que veía al hermano acercarse a la casa, provocaba un gran estruendo haciendo que todos los vecinos salieran a la calle. La dueña, cansada de Martinico y de su insistencia, se cambia de casa; un día mientras salía de misa el hermano la asesinó. Nunca se pudo saber quién había sido el asesino, por lo que heredó todo lo de su hermana y se trasladó a vivir a la casa en la que estaba Martinico. Esa noche, mientras dormía, notó que le faltaba el aire y cómo algo le oprimía el cuello, poco a poco su cuerpo se iba incorporando hasta quedar colgado de una viga. Al día siguiente cuando los vecinos y autoridades entraron en la casa, lo encontraron muerto y en un rincón de la habitación al Martinico que les esperaba para decirles que por fin había habido justicia, y que no había sido un suicidio, sino un ajusticiamiento. Martinico desapareció[7].

¿Queréis saber más?

 

En nuestro libro encontraréis la guía más completa de la mitología ibérica

 

BIBLIOGRAFÍA 

 

[1] Me refiero por significación al estudio por parte de los folcloristas de los posibles orígenes del mito de su simbología, análisis psicológico e incluso su análisis antropológico.

[2] Cano Herrera, Mercedes: Entre anjanas y duendes…, op. cit. pág. 56.

[3] Cano Herrera, Mercedes: Entre anjanas y duendes…, op. cit. pág. 56.

[4] «En cuanto a su comportamiento, la literatura nos habla, generalmente, de dos clases de duendes: una amable y gentil, lúdica y habitualmente inofensiva que otorga regalos e incluso poderes para tener una buena pesca, y otra diabólica, caracterizada por su culto a Satán». Cousillas Rodríguez, Manuel: «Los duendes en la literatura española», Revista Garoza 10 (2010): 61–69, <https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3355300.pdf>.

[5] Villar Esparza, Carlos, op. cit. pág.70.

[6] Véase un ejemplo de cuanto decimos: «en los pozos, en los pueblos, pues decían que, si te asomabas mucho al pozo, que te cogía el martinico, el duende, y te metía dentro del pozo. Para asustar a los niños para que no se asomaran al pozo». Nieves Martín, Rafaela: «Literatura oral de Manzanares (Ciudad Real)», Culturas populares. Revista Electrónica 6 (2008): 1–34, <http://www.culturaspopulares.org/textos6/articulos/nieves.pdf>, pág. 6.

[7] Recuperado el día 29/05/19 a las 18:51 de: <http://leyendasyfabulas.com/el-duende-martinico/>.

El mothman y otros engendros (Parte 1)

El mothman y otros engendros (Parte 1)

         EL MOTHMAN Y OTROS ENGENDROS

 

imagen de : Horrornews.net

 

El mothman, en español hombre-polilla, también denominado en otros contextos hombre-búho,2​ es un supuesto ente humanoide de enorme estatura y aspecto parecido al de una gigantesca polilla o búho. Sus apariciones coinciden supuestamente con observaciones de ovnis o con la presencia de otras criaturas, incluyendo los hombres de negro. También se le ha relacionado con la inminencia de grandes catástrofes, siendo a veces definido como un «heraldo de desgracias y muerte».

Su historia se remonta a un ya lejano año de 1966 cuando fue visto en el estado de Virginia, en la localidad de Point Pleasant. Era la noche del 14 al 15 de Noviembre y dos matrimonios paseaban por el “Área TNT” en su automóvil, aquella zona habían sido los silos de explosivos de los militares en la Segunda Guerra Mundial. Junto a la carretera había una figura, era la extraña silueta del “Hombre Polilla” –como se le conocería por las descripciones de los testigos y el símil que pusieron con el insecto-. El conductor del vehículo se asustó y puso rumbo hacía la carretera principal mientras aquel extraño ser les perseguía y en el interior del vehículo se vivían momentos de auténtico terror.

El misterioso ser, o animal, ¿Quién sabe?- les persiguió hasta la entrada del pueblo donde abandonó la misma emitiendo un grito muy agudo. De inmediato se dirigieron a la autoridad local a dar parte de lo sucedido. La policía registró e inspeccionó el lugar pero no había ni rastro de aquella criatura espantosa.

 

ilustración de  james mitchell

 

El nombre de ulula (lechuza) deriva del griego obolydsein, es decir, del llanto y el gemido, y es que cuando canta, lo recuerda justamente. De aquí que se dice entre los agoreros que, dejar de oír su lamento, es signo de tristeza, y cuando guarda silencio es señal de prosperidad. San Isidoro en las Etimologías comenta sobre el búho que es un ave lúgubre, muy recargada de plumas y perezosa, que se la ve de día y de noche merodeando por los cementerios y habita en las cavernas. Este pecado capital aparece en una miniatura del siglo XIV, de la Biblioteca Nacional de París. En opinión de los augures es un ave portadora de calamidades y dicen que su presencia en una ciudad presagia desolación.

La creencia en la lechuza como un animal asociado al inframundo puede rastrearse en la mayoría de culturas antiguas:

El búho y la lechuza hacen acto de presencia en los libros sagrados, generalmente en escenas de ruina y desolación. Así, en el pasaje de Isaías 34, 11 leemos: «Será morada de pelícanos y erizos, mansión de cuervos y lechuzas», y en los Salmos 102, 7 dice: «Me parezco al pelícano del desierto, soy como la lechuza de las ruinas”. Además de su inclusión como animales impuros según las prescripciones que dio Dios a Moisés no podían comerse, constituyendo desde antiguo las aves por antonomasia de agüeros siniestros. Los bestiarios insisten en la suciedad del búho basándose en una cita del Deut. 14:15; la preferencia de este animal por la obscuridad es interpretada como un rechazo de Cristo. Guillaume Le Clerc explica que la lechuza representa a los judíos traidores y malditos, que no quisieron creer los consejos de Dios. También la asocia con el Príncipe de las Tinieblas. Contrariamente, en el Bestiario de Oxford, en sentido místico, este ave representa a Cristo, a quien le gusta la noche y las tinieblas, porque no quiere la muerte del pecador, sino su conversión y su vida.

En el sistema jeroglífico egipcio, la lechuza simboliza la muerte, la noche, el frío y la pasividad. También concierne al reino del sol muerto, es decir, del sol bajo el horizonte, cuando atraviesa el lago o el mar de las tinieblas. Cierta afinidad con este simbolismo hallamos en Cantabria, pues por el resplandor fosfórico en sus ojos es el pájaro de los muertos y se le considera ave de mal agüero, nuncio, aldabazo postrero de la muerte que va cerrando con un arco iris palidísimo nuestras vidas.

En la China, el búho anuncia calamidades, probablemente a causa de sus grandes ojos de demonio y a partir de la fábula según la cual los búhos jóvenes no aprenden a volar, hasta que les han sacado despiadadamente los ojos a sus progenitores. En cambio, durante la dinastía Shang, este ave tuvo un significado primitivo, puesto que muchas vasijas de bronce ostentan su figura y fue emblema de Huang-ti, el emperador amarillo, el gran fundador.

En la cultura preazteca del antiguo México (Teotihuacán), la lechuza estaba consagrada al dios de la lluvia, pero entre los aztecas simboliza una criatura demoníaca nocturna y un mal presagio. En varios códices se la representa como el guardián de la casa oscura de la tierra. Asociado a las fuerzas clónicas, es también un avalar de la noche, de la lluvia de las tempestades. Este simbolismo lo asocia a la vez con la muerte y las fuerzas de lo inconsciente, que gobiernan las aguas, la vegetación y el crecimiento. Esta ambivalencia interpretativa queda ilustrada con el siguiente refrán «Lo que para uno no es su lechuza, es para otro su ruiseñor”.

 

                                           El BÚ

ilustración obra de: ilustracionesdavidpi.blogspot.com

Nuestro país también tiene su propia leyenda de un peligroso búho o  lechuza antropomorfo cuya visión provoca funestas consecuencias.

Tanto en Villamanrique como en Torre de Juan Abad, se le tenía por un enorme y negro búho de cuerpo deforme, grandes alas silenciosas, ojos rojos como platos, dos navajas eran su amenazador pico, las garras como trampas loberas.

Cuentan que eran muy frecuentes sus apariciones. Se presentaba al reclamo de auxilio de las mamás y abuelas, a la hora de la siempre evitada siesta infantil. Se encuentra mención a este ser en distintos cantares castellanos:

Duérmete mi niño / Que ya viene el bú / Que se lleva a los niños / Así como tú

Landú, landú / serenadito landú / cierra tus ojos niñito / o vendrá el Bú.

 

Recuerda. Si quieres ayudar a sobrevivir este blog, y te gusta la mitología, puedes comprar nuestro libro. A la venta en este blog.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

https://es.wikipedia.org/wiki/Hombre_polilla

Las terroríficas a las apariciones de ‘Mothman’  Jose Manuel Garcia Bautista

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/lechuzas-y-buhos-aves-de-mal-aguero/html/

https://mitologiaiberica.fandom.com/es/wiki/B%C3%BA

El mito del hombre lobo(parte 1)

El mito del hombre lobo(parte 1)

EL MITO DEL HOMBRE LOBO

imagen de David Reñe «Guía de los seres mitológicos españoles»

 

Las historias sobre hombres lobo se remontan a tiempos antiguos, siendo un patrimonio común en el folclore de los pueblos. En primer lugar, cabe señalar una clara diferenciación entre dos figuras que suelen confundirse. Por un lado, tendríamos la licantropía como síndrome o enfermedad mental estudiada por la medicina[1]. Las causas que llevan a una persona a sufrir tal síndrome son heterogéneas. Aunque ciertamente se suele presentar en personas bipolares, con esquizofrenia, o incluso con psicosis aguda[2], no siempre es así[3]. Los casos de licantropía no se circunciden a los humanos, pues se han registrado casos en perros, ranas e incluso en abejas[4].

Ya se mencionan casos de licantropía en tiempos muy antiguos. Así lo atestigua Marcelo de Side en uno de los pocos fragmentos que se conservan de su época:

Los dominados por la enfermedad llamada cinantropía o licantropía salen de noche durante el mes de febrero, imitando en todo a lobos o perros, y hasta que se hace de día pasan el tiempo especialmente en torno a los sepulcros, a los que abren. Reconocerás al que la padece por los siguientes síntomas: se encuentran pálidos, tienen la vista debilitada y los ojos secos, sin lágrima alguna. Los verás con los ojos hundidos y la lengua seca, sin gota de saliva. Están sedientos y tienen las piernas con heridas abiertas por sus constantes caídas y los mordiscos de los perros[5].

También hay que mencionar la extraña enfermedad conocida como hipertricosis. Es un grupo de patologías relativamente raras y que son conocidas desde hace siglos.

Consiste en un aumento excesivo de lanugo, pelo velloso o terminal que aparece de manera independiente de la edad, raza o sexo y que afecta zonas del cuerpo, no dependientes de estímulos androgénicos. Muchos de los que la padecían eran asociados a hombres lobos o expuestos en circos, siendo el más conocido el ruso Theodoro Petrov, apodado Jo, el niño caro de perro o Sky Terrier[6].

En opinión de otros investigadores, enfermedades como la Herpes estiomenos y la porfiria[7] ayudaron a que se extendiera la creencia de los hombres lobo.

Radicalmente distinto resulta el tema de los hombres lobo. En este caso, nos encontramos con historias en que efectivamente se da la transformación del hombre en lobo. Estas gozan también de gran antigüedad y tradición, pues pueden rastrearse por amplias zonas del globo. Las tradiciones en la zona mediterránea sitúan su origen en la antigua Mesopotamia. Concretamente, en el antiguo texto mítico conocido como Epopeya de Gilgamesh, donde Ishtar transforma en lobo a un pastor que había sido su amante[8]. También el historiador Heródoto nos da noticias de hombres lobo. En sus escritos habla de la capacidad de los neures, pueblo vecino de los escitas, para transformarse en lobos. Al parecer podían transformarse tan solo una vez al año durante unos días, y retornaban después a su forma humana[9].

imagen de Canva.com

 

Tampoco escapa la mitología griega de los relatos de hombres lobo. En su antigua religión, se contaba la historia de Lycaon, monarca de Arcadia, que había sido recto y justo. Sin embargo, tanto él como su familia cometieron crímenes terribles que hastiaron al propio Zeus. Este, al comprobar cómo se daban a la antropofagia y cometían rituales mágicos‑religiosos de sacrificios humanos, castigó a Lycaon. Lo condenó a convertirse en un lobo salvaje y perder la razón, como bien nos relata Ovidio en su Metamorfosis[10]. Por su parte, los romanos utilizaron el término versipellis (piel vuelta): se suponía que el pelo les crecía hacia dentro. Se conservan algunas descripciones de ellos, como la que Petronio incluye en su Satiricón[11].

Otra fuente de relatos sobre hombres lobo viene constituida por la tradición germánica[12]. Ya en tiempos de la antigua Roma, los germanos se creían hijos del dios lobo, lo que los convertía a estos en licántropos. De estas tradiciones pudo surgir la palabra anglosajona werewolf. Por su parte, los egipcios creían en el dios lobo Upuatut[13] y los antiguos pueblos nórdicos, en el gran lobo Fenirir. En la India se cree en el dios Pushan y en Mongolia se cree en el lobo azul, Bortä‑Tchino[14].

[1] «En medicina, la licantropía clínica está bien descrita como una rara condición psiquiátrica en la que el paciente cree que es posible su transformación anatómica total parcial en un animal. Creer que es una persona cercana la que se convierte en animal o tomar únicamente el comportamiento de determinado animal son también variantes de este síndrome». VV. AA.: «Mitos y ciencia: licantropía clínica y hombres lobo», Boletín Mexicano de Historia y Filosofía de la Medicina 11, n.º 2 (2008): 68–70, <https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?>, pág. 68.

 

 

Este ha sido un extracto del libro «guía de los seres mitológicos españoles». Puedes comprarlo en este blog

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

[2] VV. AA.: «Mitos y ciencia: licantropía clínica y hombres lobo», op. cit. pág. 68.

[3] «En las actas del único caso judicializado de licantropía, el llamado “caso Romasanta”, los psicólogos no encontraron evidencias de trastorno mental». Casado Sánchez, E.: «Homicidio y cultura: un caso de licantropía», Boletín Galego de Medicina Legal e Forense 14 (2005): 27–46, <www.agmf.es/boletines/boletin14>.

[4] VV. AA.: «Mitos y ciencia: licantropía clínica y hombres lobo», op. cit. pág. 68.

[5] Llinares García, Mar: «Lobishome. La metamorfosis en lobo en las tradiciones europea y gallega», Memoria y civilización. Anuario de Historia 17 (2014): 123–48, <https://www.unav.edu/publicaciones/revistas/index.php/myc/article/view/181/258>, pág. 137.

[6] Camargo Sánchez, Andrés: «Cuidando demonios, vampiros, hombres lobos y zombis a lo largo de la historia entre la realidad y la fantasía», Revista U.D.C.A. Actualidad & Divulgación Científica 19, n.º 2 (2016): 285–95, <https://revistas.udca.edu.co/index.php/ruadc/article/view/82.>. (289-290)

[7] «Sin embargo, la licantropía no se explica solamente por trastornos psiquiátricos, pues existen otras dos entidades que hacen alusión al mito del hombre lobo. La primera de ellas incluso debe su nombre al hecho de que la morfología de sus lesiones recuerda las mordidas de un lobo hambriento: el lupus eritematoso sistémico, una enfermedad autoinmune. Se atribuye a Hipócrates la primera descripción de una ulceración cutánea, quien la llamó Herpes estiomenos (significa algo así como dermatosis roída o en mordiscos). El vocablo lupus no fue usado sino hasta el año 1230, cuando Rogerius Frugardi describió las erosiones faciales características de la enfermedad. La designación de «lupus eritematoso sistémico», propiamente dicho, fue acuñada hasta finales del siglo XIX por Sir William Osler, quien para entonces ya hacía referencia a afecciones de tipo cardíaco, pulmonar y renal en los pacientes con dicha enfermedad. Es así como el simple hecho de que las lesiones fueran aparentadas a las mordidas de un animal hizo pensar que se trataba de heridas autoinflingidas por un individuo después de haber adquirido la morfología bestial. La otra entidad de la cual pudo haber derivado el mito de la licantropía es un conjunto de enfermedades conocido como «porfirias», que se deben a anomalías enzimáticas en la ruta de síntesis del grupo hemo, y que se caracterizan, entre otras cosas, por provocar fotosensibilidad. Es la razón por la cual, a modo de protección, en algunas ocasiones se presenta una marcada hipertricosis, el crecimiento del vello corporal en zonas no dependientes de andrógenos, en las partes del cuerpo que no están cubiertas por prendas de vestir. Esta última característica, aunada a las manifestaciones neurológicas y psiquiátricas que presentan algunas variantes de porfirias, bien pudieron aparentar el arquetipo del licántropo en algún desdichado». Salazar Morales, Miguel Fernando y María Alicia del Sagrado Corazón Cea Bonilla: «Licántropos, hematófagos y brujas: ¿enfermos incomprendidos de su época?», CIENCIAS 103 (2011): 4–11, <https://www.revistaciencias.unam.mx>. (6)

[8] Llinares García, Mar: «Lobishome. La metamorfosis…», op. cit. pág. 124.

[9] Halicarnaso, H.: Los nueve libros de la historia de Herodoto de Halicarnaso (elaleph.com, 2000), <https://doi.org/10.1017/CBO9781107415324.004>. IV, 105,2, p. 385

[10] 401Ovidio Nasón, Publio: Metamorfosis, ed. Ana Pérez Vega, 1a (Barcelona: Editorial Bruguera. S. A, 1983). Libro 1,2.

[11] VV. AA.: Los hombres lobo, 1a (Madrid: Penguin Clásicos, 2017). pág. 6.

[12] Blécourt, W de: “I Would Have Eaten You Too : Werewolf Legends in the Flemish, Dutch and German Area,” Folklore 118 (2007): 23–43, <http://hdl.handle.net/20.500.11755/1e908e27-506a-4582- 8a69-f77511e14ae2>.

[13] 404«Los egipcios tenían un dios lobo de los muertos llamado Upuaput (“lo que abre el camino”), que era el encargado de guiar la barca del Sol en su desplazamiento nocturno. Upuaput tenía una ciudad, que posteriormente los griegos llamarían Licópolis, que recuerda cómo un ejército de lobos había detenido a una invasión etíope sobre el territorio. Cuando el dios lobo era invocado por los vivos, los conducía por múltiples pruebas hasta llegar al camino de los Bienaventurados». Solé‑Cabrera, Alba, Alba Solé‑Sorribes y Silvia Vidal: «La Fera d’ulls de Color Mel. El Seu Retorn a Catalunya», 2011.

[14] <https://proyectoaullidos.wordpress.com/el-lobo-en-la-mitologia/>.

 

El calamar gigante

El calamar gigante

 El calamar gigante

 

imagen de:  PaperCutIllustration

 

 

A lo largo de la historia, numerosos textos antiguos hacían referencia a avistamientos de unos cefalópodos de proporciones titánicas. Se hablaba de grandes bestias salvajes que destruían embarcaciones y devoraban a sus tripulantes. ..

Aristóteles, que vivió en el siglo IV a. C., describió un calamar de gran tamaño, que él denominó teuthus, distinguiéndolo del calamar más pequeño, los teuthis. Él menciona que “de los calamares el teuthus es mucho más grande que los teuthis; entre los teuthi [plural del teuthus] se han encontrado ejemplares de un tamaño de hasta cinco brazas.”14

Plinio el Viejo, que vivía en el siglo I d. C., también describió un calamar gigantesco en su Naturalis Historia, con la cabeza “tan grande como un barril”, los brazos 9,1 m de largo, y una masa corporal de 320 kg.Según la crónica de Plinio, la cabeza de aquella criatura consistía en una gran bolsa con capacidad para 400 litros; sus brazos (anudados como mazas) median cerca de 9 metros de longitud y estaban provistas de ventosas de más de un litro de capacidad, y sus dientes correspondían a su tamaño.

Por su parte, se  hablaba de El kraken  una enorme y colosal criatura marina de la mitología escandinava descrita comúnmente como un tipo de pulpo o calamar gigante o medusa que, emergiendo de las profundidades, ataca barcos y devora a los marineros. El mito puede realmente haberse originado en avistamientos de calamares gigantes reales que estimadamente tendrían de 33 a 45 metros de largo, incluyendo las 10 patas con tentáculos. Se podría decir que es aun más grande que el megalodon.1

Posteriormente, en el libro Historia de gentibus septentrionalibus (Historia de los pueblos del Norte) escrito por Olaus Magnus (1490-1557)Encontramos algunos  testimonios de avistamientos del calamar gigante:

«Aquellos que, para comerciar o pescar,
navegan por las costas de Noruega, coinciden en el relato de
una historia realmente admirable, la de una enorme
serpiente (Soe Orm) de una longitud de más de 200 pies, y
20 pies de diámetro que vive en las rocas y agujeros cerca
de la costa de Bergen; sólo sale de su caverna en las noches
de verano y con buen tiempo, para devorar terneros,
corderos y cerdos, o se sumerge en el mar para comer
pulpos, langostas y todo tipo de cangrejos. Tiene una hilera
de pelos de dos pies de largo que le cuelgan del cuello,
escamas afiladas de color oscuro, y ojos brillantes y
llameantes. Ataca a los barcos, se levanta fuera del agua, se
lleva a los hombres y los devora; y normalmente esto no
sucede sin que algo terrible acontezca en el reino, sin un
cambio próximo: o los príncipes van a morir o serán
exiliados, o una guerra va a estallar pronto.

imagen de : bbc.com

Entre 1870 y 1880, se encontraron un gran número de calamares varados en las costas de Terranova. Por ejemplo, un espécimen de Thimble Tickle Bay en Terranova, hallado el 2 de noviembre de 1878, medía 6,1 m de largo. Uno de sus tentáculos medía 10,7 m de largo y se estimó que tenía un peso de 2,2 t. En 1873, un calamar «atacó» a un ministro y a un niño en un Dory en Isla BellTerranova. También se han encontrado calamares gigantes varados en Nueva Zelanda a finales del siglo XIX.

 

Posteriormente, en 1905,  dos naturalistas,  E. G. B. Meade-Waldo y M. J. Nicoll, vieron un extraño animal frente a las costas de Brasil en el transcurso de una campaña científica a bordo del yate Valhalla. Meade-Waldo publicó sus observaciones bajo el título Description of an Unknown Animal Seen at Sea off the Coast of Brazil en 1906 y Nicoll lo hizo en su libro Three Voyages of a Naturalist aparecido en 1908.

En 2004, un calamar gigante, que más tarde fue llamado «Archie», se capturó frente a las costas de la Islas Malvinas por un arrastrero. Medía 8,62 m de largo y fue trasladado al Museo de Historia Natural de Londres para ser estudiado y conservado. Fue mostrado en una exposición del museo el 1 de marzo de 2006. Los hallazgos de un espécimen completo son muy raros, ya que la mayoría de los especímenes se encuentran en malas condiciones después de haber sido lavados en las playas cuando estaban muertos o de sido recuperados del estómago de cachalotes muertos.

Tras este sinfín de descubrimientos, por fin la ciencia tuvo que admitir que dicho animal existía y que, de hecho, exsitían un sinfín de subespecies de architheusis (calamares gigantes). El mayor de ellos es  El calamar colosal (Mesonychoteuthis hamiltoni), también llamado cranquiluria antártica,. Según los cálculos actuales, se estima que podría alcanzar un tamaño máximo de entre 12 y 15 m, basándose en el análisis de especímenes pequeños y sin desarrollo completo; el ejemplar más largo que se ha capturado tiene unos 4,2 m.2​El peso máximo estimado ronda los 750 kg,

 

¿QUIERES AYUDAR A CRECER ESTE BLOG? CONSIGUE NUESTRO LIBRO.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Architeuthis

https://es.wikipedia.org/wiki/Kraken

VV AA Enigmas de la Ciencia: El Calamar Gigante disponible en: https://www.researchgate.net/

Guerra Ángel y F. González Ángel ¿Qué sabemos de? El calamar gigante

El buru , el lagarto gigante

El buru , el lagarto gigante

El buru

El buru o bura es un animal acuático que aparece en un mito fundacional del pueblo Apatani . Las historias de la migración de los Apatani a su ubicación actual en el valle de Ziro de Arunachal Pradesh hablan de un pantano que ocupa el valle, habitado por criaturas feroces parecidas a cocodrilos. Drenar el pantano y destruir a las criaturas les permitió cultivar campos de arroz fértiles y asentar el valle.

En 1945 y 1946, James Phillip Mills y Charles Stonor recopilaron detalles sobre Buru de la gente de Apatani. Según los ancianos de Apatani , cuando sus antepasados ​​emigraron al valle de Ziro, el valle era  un pantano poblado por Burus. El pueblo Apatani decidió instalarse en el valle debido a su fertilidad y buen clima. Pero de vez en cuando tenían enfrentamientos con burus. Entonces decidieron drenar el agua del pantano y así eliminar los Burus cuando estaban drenando pantanos para el cultivo de arroz. La mayoría de los Burus murieron a causa del drenaje, y supuestamente muchos pasaron bajo tierra a los manantiales. Buru (criatura legendaria) – https://es.qaz.wiki/wiki/Buru_(legendary_creature)

 

 

                                                                              fuente:              STANKOVIC , VLADIMIR ilustrated enciclopedia of cryptozoology

Hay algunos investigadores que creen que el Buru era una forma de cocodrilo gigante, que a menudo se refiere a veces como Buru entre el pueblo Apatanis. Sin embargo, tanto Bernard Heuvelmans, como Roy Mackal, consideran al Buru como un gran dragón de Komodo como el lagarto monitor. Para apoyar esta teoría se han encontrado fósiles de tal criatura en el subcontinente indio. Heuvelmans también señaló que esas criaturas similares fueron reportadas en la India occidental, donde parecían fusionarse con el dragón tradicional iraní o Ahi, que es similar al dragón chino. El autor George Eberhart notó rumores de una criatura similar en los Pantanos de Tigis de Irak, llamada Afa, posiblemente la misma criatura que los Buru y Ahi.

¿Quieres aprender más sobre nuestra mitología?

Nuestro libro a la venta en este blog (en la pantalla de inicio)

Bibliografía

https://es.qaz.wiki/wiki/Buru_(legendary_creature)

https://aminoapps.com/c/terror-amino-en-espanol/page/item/buru/8WxQ_eXuXInpzlq5Q4dMXYo73glMRj1z0x

STANKOVIC , VLADIMIR ilustrated enciclopedia of cryptozoology

El mito del gigante (parte 1)

El mito del gigante (parte 1)

El mito del gigante

 

imagen de David Reñé : Guía de los seres mitológicos españoles

¿Quieres descubrir todos los secretos de los gigantes?
Desde tiempo inmemorial existen leyendas acerca de la existencia en tiempos remotos de una antigua raza anterior a los hombres de proporciones gigantescas. Era creencia establecida y muy difundida que, antes de la llegada del ser humano, la tierra había sido poblada por seres antropomórficos de una altura colosal.

Los relatos sobre gigantes constituyen uno de los mitos o leyendas más importantes de los pueblos antiguos. Uno de los relatos más antiguos acerca de gigantes es el antiguo texto sumerio conocido como La epopeya de Gilgamesh. En esta historia, Enkidu acompaña al mítico héroe Gilgamesh a largo de sus proezas y aventuras.

Según cuenta la leyenda, los dioses habrían creado a Gilgamesh mucho antes que a Enkidu. Este último llega a enfrentarse a Gilgamesh en un combate feroz del que no sale victorioso. Aunque como humano Enkidu es muy fuerte, Gilgamesh, que mide unos tres metros de altura, tiene unas facultades superiores. El mito no lo llama propiamente gigante, pero a raíz de la descripción que se nos presenta parece una evidencia del mito del gigante.

Más explícita es la cita que podemos encontrar en la Biblia, concretamente en el libro de Génesis 6: 4: «Los Nefilim se hallaban en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos del Dios [Verdadero] continuaron teniendo relaciones con las hijas de los hombres y ellas le dieron a luz hijos, estos fueron los poderosos que eran de la antigüedad, los hombres de fama»[1].

A su vez, en el Libro de los Números 13: 32 y 33 se cita:

 

«Y siguieron presentando a los hijos de Israel un informe malo acerca de la tierra que habían espiado. La tierra, por la cual pasamos a espiarla, es una tierra que se come a sus habitantes; y toda la gente que vimos en medio de ella son hombres de tamaño extraordinario. Y allí vimos a los Nefilim, los hijos de Anac, de modo que llegamos a ser a nuestros propios ojos como saltamontes, y así mismo llegamos a ser a los ojos de ellos»[2].

La historia de estos míticos gigantes aparece incompleta, con grandes lagunas en su redacción. No explica del todo de dónde surgieron, por qué tenían ese tamaño y ese agresivo comportamiento.

 

Para ello queremos acudir a un viejo texto considerado apócrifo por muchas de las iglesias cristianas, conocido como El libro de Enoc. Allí se encuentra la historia completa de los nefilim. Dios había ordenado a una patrulla angélica conocida bajo el nombre de «los vigilantes» controlar a los seres humanos. Pero resulta que «los hijos de Dios»[3] vieron a «las hijas de los hombres» y quedaron prendados de su belleza. Según se cuenta, se mezclaron carnalmente con los humanos y tuvieron descendencia[4].

                                                                   imagen de pixabay.com

 

Fruto de esa unión salieron seres de tamaño colosal incapaces de controlar sus más bajos instintos. Solo conocían la barbarie y la violencia, siendo la guerra cruenta la mayor de sus pasiones[5]. Eran muy superiores en tamaño y fuerza a los humanos, por lo que no tardaron en poner a la raza humana al borde de la extinción. Estos serían conocidos como los nefilim (los caídos), gigantes salvajes y fuera de control fruto de una unión contra natura.

Los gigantes se multiplicaron de tal forma que la única manera de salvar a la raza humana fue un diluvio que ahogara a todos los nefilim. Como eran de gran tamaño, el diluvio tuvo una duración de 40 días y 40 noches para que el nivel del agua subiera lo suficiente como para poder ahogarlos. No solo fueron castigados los nefilim, sino que los vigilantes, unos 200 según el texto, fueron condenados a permanecer en la tierra hasta el fin de los tiempos por su indiscreción[6].

Tenemos otro ejemplo de creencias en gigantes entre los antiguos helenos. Según la mitología griega: los gigantes eran hijos del Cielo y la Tierra o, según Hesíodo, nacidos de la sangre que brotó de la herida de Urano. Se los describe con fuerzas monstruosas, mirada terrible, cabellos muy largos, barba copiosa, piernas en forma de cola y serpiente, con cien brazos y cincuenta cabezas. Declararon la guerra a los dioses y, resueltos a destronar a Zeus (Júpiter), lo sitiaron en su propio trono. Lanzaron sobre los dioses rocas que, al caer al mar, se convirtieron en islas, o en montañas si daban en la tierra. Fueron vencidos finalmente por Hércules[7].

Los nórdicos también creían en gigantes. En Escandinavia, tenemos la leyenda de Thor y el gigante llamado Thrym, quien roba al primero su mágico martillo, con el cual podía matar a sus machos cabríos que tiraban de su carro, comerlos y con solo poner su martillo sobre las pieles inertes los animales cobraban nueva vida[8].

El mito se perpetua en épocas posteriores, como en tiempos cristianos. Fray Luis de Torquemada en su tratado Jardín de flores curiosas:

No faltan testimonios para darles crédito; porque si queremos mirar a las antigüedades hallaremos lo que el señor Luis ha dicho en la Sagrada Escritura de los gigantes que con Nembrot, después del Diluvio, edificaron aquella torre para salvarse en ella cuando otro viniese (o, según la opinión de algunos autores gentiles, para hacer guerra a los dioses y tomarles el cielo por fuerza); y todos estos debían de ser, para con los hombres de agora, de una grandeza espantable. Y viniendo a otros tiempos que han sido cerca de los nuestros, a todos nos es notorio lo que está escrito y confirmado por autoridad de la Iglesia de la vida de San Cristóbal, por la cual se entiende haber sido tan grande como los más de los que aquí hablemos nombrado; y conforme a un colmillo suyo que me dicen que está en la iglesia de Coria, y a la parte de una quijada que está en la iglesia de Astorga y tienenla por muy preciosa reliquia, la cual yo he visto muchas veces, no podía dejar de ser tan grande como una muy alta torre. Porque la muela entera es tan grande como un puño de un hombre, cerrado, y, proporcionando todo el cuerpo conforme a ella, o conforme a la parte de la quijada, viene a ser tan grande que pone admiración a los que lo están considerando.

Y también, sin esto, he yo oído decir a algunas personas que han estado en el monasterio de Roncesvalles que hay allí algunos huesos los cuales dicen ser de los que murieron en la batalla que Carlo Magno fue vencido por el rey don Alonso de León, en la cual por el grande esfuerzo de Bernardo del Carpio fueron muertos muchos de los doce Pares de Francia, y que estos huesos son de tanta grandeza que parecen de gigantes; y así, un fraile que traía medida de una canilla de pierna me la mostró, y pareciome que era casi tan grande como tres canillas de las comunes, y en esto refiérome a los que las o vieren visto; que yo digo lo que me contaron. Y también me dijeron que había algunas armas tan grandes y pesadas que daban buen testimonio de la grandeza de los que las traían y meneaban[9].

 

¿QUIERES SABER MÁS?

 

A la  venta en este blog 

 

 

 

 

 

Bibliografía

 

[1] R. Gutiérrez, Óscar: «Quinametin (gigantes) del mundo mesoamericano y algunos otros de la mitología universal», Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas 2 (1996): 25–34, <iihaa.usac.edu.gt/archivohemerografico/wp…/29_estudios_ago_1996_gutierrez.pdf%0A>. (27)

[2] R. Gutiérrez, Óscar: «Quinametin (gigantes) del mundo mesoamericano y algunos otros de la mitología universal», op. cit. pág 27.

[3] La expresión «los hijos de Dios» se trata por supuesto de un nombre en clave. La misma pretende poner de manifiesto que se trata de unas criaturas más cercanas a Dios en la jerarquía. Dicho de otro modo, son hijos de Dios porque participan en mayor medida de su naturaleza.

[4] «Todos sus jefes tomaron para sí mujeres y cada uno escogió entre todas. Comenzaron a entrar en ellas y a contaminarse con ellas, a enseñarles la brujería, la magia y el corte de raíces y a enseñarles sobre las plantas. Quedaron embarazadas de ellos y parieron gigantes de unos tres mil codos de altura que nacieron sobre la tierra y conforme a su niñez crecieron; y devoraban el trabajo de todos los hijos de los hombres hasta que los humanos ya no lograban abastecerles. Entonces, los gigantes se volvieron contra los humanos para matarlos y devorarlos». El libro de Enoc, 4.a (Málaga: Hojas de luz, 2015), capítulo 7.

[5] «Y los espíritus de los gigantes, de los Nefilim, que afligen, oprimen, invaden, combaten y destruyen sobre la tierra y causan penalidades, ellos, aunque no comen tienen hambre y sed y causan daños». El libro de Enoc, 4.a (Málaga: Hojas de luz, 2015), capítulo 15.

[6] Aquí estarán los vigilantes que se han conectado por su propia cuenta con mujeres. Sus espíritus, asumiendo muy diversas apariencias, se han corrompido y han descarriado a los humanos para que sacrifiquen a demonios y dioses, hasta el día del gran juicio, en que serán juzgados y encontrarán su final». El libro de Enoc, 4.a (Málaga: Hojas de luz), capítulo 19.

[7] R. Gutiérrez, Óscar: «Quinametin (gigantes) del mundo mesoamericano y algunos otros de la mitología universal», op. cit. pág. 25.

[8] R. Gutiérrez, Óscar: «Quinametin…», op. cit. pág. 27.

[9] De Torquemada, A.: Jardín de flores curiosas, pág. 52.

 

El mito del vampiro (PARTE 1)

El mito del vampiro (PARTE 1)

     El mito del vampiro

¿Conoces la historia del mito del vampiro?
Fue la novela de Bram Stoker, Drácula, la que catapultó la historia del vampiro a la fama mundial. Pero antes de la célebre publicación de la novela, ya venían contándose mitos y leyendas de vampiros desde hacía siglos.

Lo cierto es que historias de vampiros ya existían desde la noche de los tiempos. Los primeros testimonios podemos encontrarlos entre los acadios y los sumerios, de los que bebe el mito hebreo de Lilith. En la Grecia Clásica se creía en las lamias, seres mitad vampiro y mitad mujer que vivían en los cementerios, desenterraban los cadáveres y se comían sus carnes.

Los romanos creían en las strige o strix, pájaros vampiro que se creía que eran la reencarnación de aquellos que en vida habían sido maléficos. Las strix volaban durante la noche sobre las cunas de los niños y les chupaban la sangre[1]. Los casos de vampiro no se reportan tan solo en Europa, sino que se encuentran dispersos alrededor del globo[2]. Por tanto, hay que entender el mito del vampiro como un sustrato cultural común a casi la práctica totalidad de las culturas.

En cuanto al origen del término «vampiro», es probable que provenga de palabra magiar vampyr. Este término de origen eslavo aparece también en ruso, polaco, checo, serbio, y búlgaro (si bien encontramos también las variantes rusas upir / upyr y upuir en el sur de Rusia; búlgaras vapir / vepir; rutenas tlepyr / vopyr / opyr y la variante polaca upier)[3].

Se ha discutido hasta la saciedad cómo se originó el mito del vampiro, sin que hasta la fecha haya una tesis concluyente. Algunos han visto en una vieja enfermedad, la porfiria, el origen de los mitos relacionados al vampiro. Quien padece la enfermedad tiene palidez, eritrodontia, fotosensibilidad, cambios oculares, hipertricosis e incluso daño óseo[4. En algunos casos, «el exceso de porfirinas, además de afectar la piel, provoca un compromiso sistémico crónico, especialmente de tipo hepático o biliar y, lo más grave, origina crisis neuro‑psiquiátricas que pueden llevar a alucinaciones, trastornos de personalidad, parálisis de extremidades y paros respiratorios, con riesgo de muerte»[5].

Sin embargo, como bien afirma Salomé Guadalupe, la catalepsia no explicaría la no descomposición de los cuerpos con que se asocian los mitos vampíricos[6]. La falta de descomposición en los cadáveres por la falta de oxígeno en la tumba[7], la baja temperatura o la saponificación[8] podrían en parte explicar el fenómeno, mas no del todo.

Puede que no exista una única forma de entender el mito del vampiro. Sino que es muy probable que, en la gestación de la leyenda hayan contribuido episodios de distinta índole. Con tan solo la ciencia no puede entenderse en su complejidad el mito del vampiro, pues lleva a una tesis imperfecta y reduccionista[9]. Lo más prudente para mí es no pronunciarme y dejar que cada uno decida de qué trata este mito. Si es leyenda, superstición, patología, mito o realidad. Fueran las que fueran las circunstancias que dieron vida al mito del vampiro, lo cierto es que este sobrevivió a la época antigua.

En la Edad Media, el mito del vampiro resurgiría con fuerza. Los primeros padres de la Iglesia vieron en el vampiro una manifestación del diablo. La figura del vampiro, asociada ahora a la acción del maligno, tomaría carices muy distintos. Una parte de los curas asociaría el vampiro con una clase de demonios llamados súcubos. La explicación era que el diablo necesitaba semen humano para crear su progenie. De este modo, San Agustín indicaba:

[…] que los demonios no pueden producir semen, a pesar de tener pasiones similares a las humanas. Por ello lo toman del cuerpo de diez hombres para inyectarlo después en el cuerpo de las mujeres dormidas y dejarlas embarazadas. Santo Tomás de Aquino es quizás más específico, cuando indicaba que, como el diablo no puede producir semen, se convierte en súcubo para recibir el semen del hombre y posteriormente en íncubo para trasmitirlo a la mujer[10].

 

¿Quieres saber más? Descubre más historias en nuestro libro. A la venta en este blog

 

BIBLIOGRAFÍA

[1] Agustí Aparisi, Carme: «Calmet y el vampiro…», op. cit. pág. 181.

[2] El repertorio de seres vampirescos es mucho más extenso y entre ellos pueden citarse los ekimmus en Asiria, guls entre los árabes, jigar-khor en la India, los ch’ing-shihs en China, los jikinikis en Japón o los khu en Egipto, entre otros. Otro ejemplo todavía más lejano es el antiguo mito del dios murciélago en las culturas mesoamericanas vinculado a la sangre, a la noche, a la oscuridad y relacionado con otras criaturas del inframundo a su vez asociadas a los decapitados en ciertos sanguinarios sacrificios rituales (entre esas criaturas se cuenta de nuevo la araña, el búho y el alacrán). Puede decirse que el mito de la sangre como fuente de juventud y vida es una constante prácticamente universal.

[3] Ingelmo Guadalupe, Salomé: «La sangre es la vida, a la caza del vampiro semítico», Isimu 11 (1999): 143–64, <https://revistas.uam.es/isimu/article/download/3689/3927>. (143)

[4] «Las porfirias son un grupo heterogéneo de desórdenes metabólicos congénitos y/o adquiridos que consisten en una falla en la biosíntesis del grupo hem de la hemoglobina, cuya consecuencia es el depósito anormal de porfirinas en distintos tejidos como la piel, sangre, hueso y dentina, además de heces y orina. Los pacientes de dicha enfermedad presentan algunos de los síntomas algo similares a los que presenta el vampiro en el mito». Díaz‑Rosales, Juan de Dios E. Romo Jesús: Mitos y ciencia: Porfiria y vampirismo, op. cit. pág. 45.

[5] Díaz‑Rosales, Juan de Dios E. Romo Jesús, op. cit. pág. 46.

[6] «Pero sin embargo la catalepsia no explicaría en absoluto la no descomposición de los cuerpos. Esta teoría obligaría por tanto a sostener que todos los cuerpos que según las crónicas fueron desenterrados y presentaban síntomas de vampirismo, fueron desenterrados poquísimo tiempo después de su defunción y sabemos a través de las crónicas que esto no es cierto». Guadalupe Ingelmo, Salomé: «La sangre es la vida», op. cit. pág 162-163.

[7] «El primero en este hallazgo fue un importante personaje histórico que merece ser nombrado, es el austriaco Gerard von Sweiten (1700-1772), quien fue médico de cabecera de la emperatriz María Teresa y director de la Facultad de Medicina de la Universidad de Viena. Su importancia radica en haber sido uno de los primeros científicos en oponerse a las supersticiones sobre los vampiros. En su Discurso sobre la existencia de los fantasmas (Abhandlung des Daseyns der Gespenster), Sweiten expone argumentos racionales en contra de este mito. Menciona, por ejemplo, que la falta de oxígeno en algunas tumbas evitaba el proceso de fermentación en los cuerpos y que esta era la causa de que al exhumar algunos cadáveres no se apreciara una descomposición. Como consecuencia de este reporte, la emperatriz María Teresa emitió un comunicado que dictaminaba la prohibición de prácticas como el empalamiento, la decapitación y la cremación de los difuntos». Salazar Morales, Miguel Fernando y Cea Bonilla, María Alicia del Sagrado Corazón: «Licántropos, hematófagos y brujas…», op. cit. pág 8.

[8] «En cualquier caso, podría existir una explicación científica para la no descomposición de los cuerpos al margen de las bajas temperaturas: la saponificación. Este proceso puede desarrollarse en lugares húmedos y consiste en la conversión de los tejidos subcutáneos en una substancia similar a la cera, que permite que el cuerpo se conserve durante años. Son las grasas las que se convierten en jabón, actuando como catalizadores de la reacción los fermentos denominados lipasas». Guadalupe Ingelmo, Salomé, op. cit. pág. 163.

[9] «El racionalismo y la todopoderosa ciencia han intentado explicar a través de la medicina, con todas las propuestas imaginables, el mito del vampiro, estudiando las epidemias de vampirismo declaradas en los Balcanes a fines del siglo XVII e inicios del XVIII. Parece que los médicos se olvidan absolutamente de todo el bagaje cultural que existe alrededor del vampiro y no se dan cuenta de que sus sesudas explicaciones servirían, como mucho, para explicar los casos “recientes” de vampirismo atestados en Europa, pero en absoluto para explicar el nacimiento del mito en si en las sociedades antiguas. Además, dado lo arraigada que se encuentra la figura del vampiro en el inconsciente colectivo desde probablemente la más tierna infancia del hombre, no resulta necesario ni siquiera intentar explicar el fenómeno reciente a través de causas médicas, dado que no hay que perder de vista la sugestión». Guadalupe Ingelmo, Salomé, op. cit. pág. 162.

[10] Guadalupe Ingelmo, Salomé, op. cit. pág. 148.

 

 

Los duendes (parte 1)

Los duendes (parte 1)

imagen de: jean baptiste monge

«El duende, pues, era el fuego de las humanidades primitivas. Cuando por vez primera apareció en las oscuridades de la noche se le juzgó el espíritu más grato, más próximo y más amigo. […] Y el fuego brotó pronto, como un muerto amoroso y protector que se transformaba en lumbre…” (Constantino Cabal)

 

Desde la noche de los tiempos puede rastrearse la creencia en unos seres elementales de la naturaleza, los gnomos y los duendes. Su mundo se desarrolla paralelo al nuestro, y aunque ambos se encuentran conectados, parece que su mundo se rige por unas reglas distintas que escapan a nuestra comprensión.

En cuanto a los habitantes de este maravilloso mundo, los seres feéricos, también llamados «gente pequeña» o duendes, son la personificación de las pasiones y de los sentimientos de las almas que existen en los bosques, los ríos, los caminos y las casas. La «buena gente» son seres mágicos que viven entre este mundo y el sobrenatural del que provienen.

Acercarse al estudio de estos simpáticos personajes puede presentarse como un camino tortuoso. La primera dificultad de presentar este tema es que han recibido multitud de nombres a lo largo de la historia. Así a los gnomos en otros lugares les llamaban dwarfs, dvergar, pigmeos, etc. Con un único fin divulgativo, me he tomado la libertad de «clasificar» estos seres de acuerdo con las referencias que de ellos hacen las fuentes.

En Cataluña y las Islas Baleares, se habla de un tipo de enano, «el negret», que tiene la capacidad de convertir en oro lo que toca. Inclusive él mismo es capaz de convertirse en oro de acuerdo con la tradición[1]. En Cantabria existe la leyenda del «enano buscador». «Alegre y bromista, es de ronca voz y fuerte risa. De tamaño pequeño, como todos los duendes, su larga nariz y grandes ojos negros le ayudan en su labor de rastreador[2]. Si en alguien pierde un objeto importante solo debe recitar: “Duende, duende, duendecito una cosa yo perdí; duende duendecito compadécete de mí”»[3].

 

 

 

Fuente : pixaby.com

Los duendes de los niños 

 

Además de los ya conocidos duendes familiares, existen también a lo largo de toda la geografía Española unos duendes muy simpáticos. Estos son los duendes “de los niños», con quienes juegan y cuidan. Estos diminutos elementales suelen acompañar a los niños cuando están solos y cuando duermen, siendo los vigías de sus sueños.

Una manera muy curiosa de manifestarse que tienen estos duendes, es a través de las motas de polvo, visibles al fundirse con los rayos de sol. Sin embargo, el privilegio de verlos solo ocurre durante la infancia ya que al crecer, se cree que perdemos esa sensibilidad para percibirlos.

 

Bibliografía

[1] «Si un afortunado mortal se topara con este personaje y se le ocurriera rozarlo con la candela, el negret se convertiría inmediatamente en monedas contantes y sonantes, haciendo rico al humano suertudo. Estas tradiciones se encuadran dentro del mito del “toque mágico”, es decir, se debe efectuar un contacto especial con algún objeto o material determinado para que el espíritu conceda sus dones y favores (como ocurre con la gallina y sus pititos de oro de las hadas) o para que se produzca el desencantamiento (como ocurre con las ayalgas asturianas)». Callejo Cabo, Jesús, op. cit. pág. 46.

 

[2] Cano Herrera, Mercedes, op. cit. pág 64.

 

[3] Cano Herrera, Mercedes, op. cit. pág 64.

La diosa Mari

La diosa Mari

La diosa Mari

 

 

                                                                             imagen de canva.com

 

La diosa Mari es una de las deidades más poderosas del panteón ibérico. A Mari se la representa como la Madre de los elementos. Ella posee las llaves del sol, el viento, las aguas y la tierra. También es dueña de los saberes mágicos sobre los animales (generalmente de especies cinegéticas) y sobre la agricultura primitiva.

Muchos han defendido la posibilidad de que el culto a la Diosa Madre fuera tan seductor y potente que terminara absorbiendo a otros seres mitológicos y cultos[1]. De ese modo, algunos personajes de la mitología habrían perdido «su poder» para cederlo a la entronizada diosa de la tierra, Mari. La importancia de la Diosa Madre en los pueblos del norte de la península no ha pasado desapercibida para los investigadores, que han visto explicaciones culturales[2] y psicológicas[3] a este fenómeno. Ciertamente, la cantidad de referencias a elementos femeninos (sol y luna) como a la diosa evidencian una pervivencia de lo matriarcal.

No faltan referencias de Mari haciendo uso de sus facultades como señora de las tormentas y de los vientos. Se dice de ella que cuando la tormenta está en todo su fragor, aparece surcando los aires montada en siete machos cabríos o en caballos y que dirige los nubarrones entre relámpagos[1]. Tales poderes no deberían sorprendernos, el gran Zeus, señor del Olimpo de la mitología griega, era capaz de lanzar relámpagos. También poseía tales poderes el dios Thor de la mitología nórdica, y Yahvé, por su parte, era capaz de modificar el clima a su antojo, pues envió un diluvio que inundó la tierra.

 

LEYENDA DE MARI

Había una vez una niña muy pobre que trabajaba de pastora para una familia muy rica en los alrededores del monte Amboto. Había estado todo el día con el rebaño de ovejas por el monte y cuando se disponía a encerrar el rebaño se percató de que una le faltaba. La niña, preocupada por lo que su patrón le pudiera decir, decidió salir en busca de la oveja, y buscando y buscando se topó en el bosque con Mari. La niña, al verla, le preguntó:

―¿Has visto a la oveja que he perdido?

A lo que Mari le contestó que sí, que su oveja estaba en la cocina de su cueva, que si quería recuperarla debía acompañarla hasta su cueva, y la niña aceptó y se fue hasta la cueva con Mari. Una vez allí, Mari le enseñó su oveja y cuando la niña se disponía a cogerla para marchar esta le propuso un trato. Le dijo a la niña que si se quedaba con ella durante los próximos siete años en su cueva le daría bienes que le arreglarían la vida en forma de agradecimiento. La niña era muy pobre, no tenía familia y, por lo tanto, nada tenía que perder, por lo que aceptó quedarse en la cueva con Mari. Pasaron los años, Mari enseñó a la niña a cocinar, a esquilar las ovejas, a tejer la lana, a trabajar el barro y la madera y siempre se portó muy bien con ella… Habían pasado siete años ya y Mari recordó a la niña que si quería ya podía marcharse, ya había cumplido su parte del trato. La niña al principio pensó que para qué se iba a marchar si nada le faltaba allí, pero Mari le dijo que debía salir de la cueva para que ella pudiera cumplir con su parte del trato. Mari le dijo a la niña que debía salir de la cueva de la misma manera en la que había entrado. Cuando la niña se disponía a salir, Mari le dijo que cogiera unos trozos de carbón de la cocina y se los llevara con ella, le dijo que era su pago por haber cumplido con su parte del trato, la niña miró el carbón y, confundida, decepcionada y triste a la vez, salió de la cueva, de espaldas, caminando hacia atrás como Mari se lo había indicado…

Cuál fue la sorpresa de la niña cuando al salir de la cueva vio cómo el carbón se convertía en

¡oro macizo! Mari había cumplido con su promesa, le prometió que le daría una buena vida después de los siete años en la cueva con ella, la niña pudo comprar una buena casa con terreno para sembrar, pudo comprar un buen rebaño de ovejas y nunca más tuvo que trabajar para otros ni volvió a pasar hambre[1].

 

¿Quieres saber más de nuestra mitología? Compra nuestro libro :

A LA VENTA AQUÍ 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

[1] Aguirre Castro, Mercedes y Alicia Esteban, op. cit., pág. 42.

[2] Barandiaran de, José Miguel: Mitología vasca, op. cit.

[3] «¿Cabe considerar a la diosa vasca Mari como antepasada totémica femenina de las tribus vascas? Cabe considerarla, en efecto, como antepasada mítica representante de la colectividad tribal interpretada femeninamente. En este sentido, cabe asimismo tenerla como máximo espíritu guardián, “Manitú” o ayudante-tótem, es decir, como la Maga o espíritu del bosque y de los animales, cuya fertilidad fecundidad simboliza bajo el totemismo último de la sierpe draconiana como dueña de las aguas y señora de la vida y de la muerte: es decir, como ánima-animal sagrado por excelencia, a cuyo través mágico se realiza la iniciación humana, o sea, la obtención de la vida, la confrontación con la muerte y la visión mistérica de la existencia a nivel tanto teórico (mítico) como práctico (y ritual)». Oses Ortiz, Andrés: «La diosa vasca en contexto antropológico», Kobie (Serie Etnográfica). Bilbao 1 (1984): 8–16, <www.bizkaia.eus/…/Kobie_1_Etnografia_«LA DIOSA VASCA EN SU>. (8)

[4] «La necesidad de causalidad nos hace intentar buscar una explicación a este predominio femenino, que nunca será casual y sí parece relacionado con la gran fijación materna que creemos ver en la psicología del vasco. Este ligar psicología y mitología ha sido objeto de numerosos trabajos a partir de los descubrimientos geniales de Freud, cuando buceó en la mente humana algo más allá de la consciencia. Partiendo de él han trabajado numerosos investigadores, Abrahán, Rank, Silverer, etc., entre los ortodoxos (psicoanalíticamente hablando) y C. G. Jung principalmente, con brillo propio». Lasa, J. J.: «El genio Mari y la madre terrible», Munibe 8, n.º 3 (n.d.): 214–21, <www.aranzadi.eus/fileadmin/docs/Munibe/1956214221.pdf.> (215). Continúa el mismo autor: «Respecto al arquetipo madre copiamos. “La madre es en absoluto una de las más poderosas imágenes heredadas”. Pienso que se puede interpretar en dicho sentido jungiano de madre terrible a esa Mari, Dama, Señora o maligna, genio de las montañas, cuevas, simas, que junto con el horno (Mari la del horno) son claros simbolismos no sólo femeninos, sino maternos. Barandiarán interpreta a Mari como un símbolo de la tierra, que a su vez no es en el fondo sino también madre (madre tierra)» Lasa, J. J.: «El genio Mari y la madre terrible», op. cit., pág. 216.

 

Las sirenas (parte 1)

Las sirenas (parte 1)

¿Os gusta la mitología relacionada con las sirenas? Estas leyendas sobre seres acuáticos no han desaparecido completamente de nuestro folclore.


En España, las leyendas sobre sirenas y hombres marinos han permanecido en el imaginario popular y pueden rastrarse hasta pleno siglo XX.

El mito de las sirenas es uno de los más antiguos dentro de la mitología universal. La primera vez que se hace referencia a estos seres es en la obra de Homero. La única descripción a que se hace mención con una meridiana claridad es que poseen extremidades de pájaro.

En los relatos más antiguos, la sirena aparece con rasgos que distan mucho de las tradiciones que nosotros conocemos. En nuestras leyendas aparecen con elementos que recuerdan más a las de un cetáceo que a las de un ave. La razón detrás de este cambio en el mito puede ser la fusión, y posterior absorción del mito de la sirena griega con el mito de la sirena celta.

En las zonas de tradición celta existían multitud de leyendas sobre sirenas, como las mermaids en la zona de Irlanda. Las tradiciones de los pueblos celtas, en especial del foco británico, se convirtieron en un foco de difusiones de esas otras sirenas por el occidente medieval.

Durante un largo tiempo, ambas tradiciones, mujer‑pez y mujer‑ave compartieron espacio en el imaginario popular. Es bien entrado el siglo XII cuando paulatinamente desaparece la tradición griega en favor del hada con cola de pez. Así puede constatarse en los primeros bestiarios medievales, donde ya se hace referencia a la figura que acabará por imponerse, la mujer pez. Tal es el caso del Liber Monstruorum, que habla así de las sirenas:

«Las sirenas son doncellas marinas que seducen a los navegantes con su espléndida figura y con la dulzura de su canto. Desde la cabeza hasta el ombligo tienen cuerpo femenino y son idénticas al género humano, pero tienen las colas escamosas de los peces, con las que siempre se mueven en las profundidades

Centrándonos en el caso de nuestro país, ya encontramos vestigios de la creencia en sirenas desde época precristiana. Por entonces ya circulaban leyendas sobre sirenas y su versión masculina, los tritones. Era célebre la historia de Lantarón, rey del mar, figura asociada por muchos como el Neptuno ibérico. Lantarón, según se creía, poseía figura humana con manos y pies unidos por membranas. Su piel era verde y negra, pudiendo adoptar tonalidades fosforescentes gracias a su poder sobrenatural.

Esta enigmática deidad permitía a los humanos casarse con una de sus súbditas, siempre y cuando el intrépido humano cumpliera un estudiado ritual. En primer lugar, debía capturar la sirena con la que quisiera casarse (procedimiento que en las leyendas figura como tarea casi imposible) y después, nada más capturarla, darle un beso. Tras el contacto, la sirena perdía sus características anatómicas y pasaba a ser una mujer humana. Para que el efecto fuera permanente, el humano debía esconder el espejo de nácar de la sirena, pues de lo contrario volvería a su antiguo ser.

Incluso existe el testimonio de unos descendientes de las sirenas en tierras de Galicia Torquemada, en su Jardín de flores curiosas en 1570 recoge una leyenda de un hombre marino (tritón) que secuestra a una mujer humana con la que tiene descendencia:

No quiero que pasemos adelante sin que sepáis una común opinión que se tiene en el reino de Galicia; y es que allí hay un linaje de hombres que llaman los marinos, los cuales se dice y afirma por cosa muy cierta, y ellos no lo niegan, que descienden de uno de estos tritones o pescados que decimos, antes se precian de ello. Y aunque se cuenta de diversas maneras, como cosa muy antigua, todas vienen a concluir en que, andando una muger ribera de la mar, entre una espessura de árboles, salió un hombre marino en tierra, y tomando la por fuerça, tuvo sus ayuntamientos libidinosos con ella, de los cuales quedó preñada, y este hombre o pescado se bolvió a la mar; y retornaba muchas vezes al mesmo lugar a buscar a esta muger, pero sintiendo que le ponían trampas para prendele, desapareció, quando la muger vino a parir, aunque la criatura era racional, no dexo de traer en sí señales por donde se entendió ser verdad lo que dezia que con el tritón le había succedido

Si damos crédito a las antiguas leyendas, los avistamientos de hombres marinos eran un fenómeno común por aquellos días, al igual que de sirenas. Eran tan despreocupados y curiosos que se acercaban a las embarcaciones humanas o se subían a ellas. En alguna ocasión los marineros llegan a prenderles, pero estos efectúan un fuerte grito de socorro para el que acuden cientos de seres:

Viéndose presos, dan unos gemidos dolorosos grandes y unas voces mal formadas y a la hora se oyen una infinidad de otros gritos y voces de la mesma manera, que atruenan y ensordecen los oídos que los están escuchando, pareciendo encima del agua tantas cabezas de tritones como si fuese algún grande ejército de muchas gentes, y así con esto como con el gran ruido que hacen comienzan a levantarse las ondas como si viniese alguna muy grande tempestad

Debemos añadir antes de proseguir con nuestro escrito, que las fuentes antiguas intentan prevenir a aquellos incautos que quieren toparse con las sirenas. En la vieja mitología no era una vendición el encuentro con estos seres, sino un peligro mortal que debía evitarse a toda costa:

 «Ante las sirenas, siempre huir. Y no por un posible sentimiento de repelencia que puedan suscitar, sino por todo lo contrario. Su atractivo es tan grande que es difícil sustraerse a su influjo. Por ello, nada más avistarlas, y antes de que sea demasiado tarde, hay que rechazarlas y escapar».

Por último queremos dejar un breve espacio para hablar del mito de la sirena en España. En nuestras leyendas aparecen con elementos que recuerdan más a las de un cetáceo que a las de un ave, imponiéndose en el imaginario popular.

Según el mito peninsular hay dos clases de sirenas. Las primeras son hadas que nacieron de sirena o bien de la unión de un hada y un humano. Otras eran aquellas que, siendo humanas, se habían transformado en sirenas fruto de una maldición.

 

Leyenda de la mujer que se convirtió en sirena

Una joven muy linda, de cutis blanquísimo, prodigiosa esbeltez y cantarilla en extremo tenía irresistible afición a recorrer los acantilados o escarpes más peligrosos para pescar mariscos y también para satisfacer sin tasa su apasionada propensión a cantar escogidas arias.

Fue reprendida repetidas veces por su madre para evitarle una posible desgracia y para que moderase sus ininterrumpidas cantinelas. Pero la chica, haciendo oídos de mercader, nunca tomó en cuenta las amonestaciones maternales. Por el contrario, empecinada y presa de deleitación, la enmienda no llegaba, limitándose a recordarlas como si fuesen triviales bagatelas. Y burlona o inconsciente solía tatarear cancioncillas sobre los peñascos, embriagada de euforia.

Pero la madre, cansada y harta de tan tenaz desobediencia y avezamiento, le lanzó en un momento de arrebato la siguiente maldición:

—¡Así permita el Dios del ciclo que te vuelvas pez!

Convirtiéndose, en su inmediata escapada a los acantilados, en una bellísima mujer, pero con cola de pescado en vez de piernas

error: Content is protected !!