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Autor: paruos

KONGAMATO

KONGAMATO

                               Kongamato

 

ilustración obra de  devian art bryansyme.deviantart.com

Kongamato («rompe botes»), en la mitología de África y en criptozoología, es el nombre con el que se conoce a un supuesto monstruo volador. La criatura ha sido avistada en lugares como el pantano de Jiundú en Zambia, en Angola y el Congo. Ha sido descrita como un ave gigante con alas color marrón de dos metros de largo y un pico puntiagudo con dientes afilados. Exploradores han mostrado a los nativos libros con ilustraciones de animales prehistóricos, y estos lo han relacionado con el Pterodáctilo.

 

 

                                                         imagen fuente: https://villains.fandom.com/wiki/Kongamato

 

Ya en un libro de viajes publicado en 1923, Frank H. Melland narra los testimonios de varios indígenas de la región pantanosa de Jiundú, pequeño afluente del Zambeze (en el noroeste de la actual Zambia), que describieron el kongamato, una especie de reptil con alas de murciélago y un largo pico armado de feroces dientes. Cuando Melland dice haber mostrado a los nativos algunas láminas que ilustraban libros de biología con animales prehístóricos, éstos lo habrían relacionado inmediatamente con el pterodáctilo, a la vez murmurando: «kongamatokongamato«.

 

Igualmente, en Zambia y Zimbabue los nativos de la zona también habrían informado a reporteros de la BBC de Londres, sobre un «lagarto volador» con alas de 2 metros de envergadura y semejantes a los murciélagos. Su pico era largo y lleno de dientes. Lo llaman kongamato y lo temen y respetan, ya que según sus tradiciones ataca a seres humanos, especialmente a bebés, a quienes llevaría volando, atrapados entre sus enormes garras.

 

Bibliografía

STANKOVIC , VLADIMIR ilustrated enciclopedia of cryptozoology

 

El buru , el lagarto gigante

El buru , el lagarto gigante

El buru

El buru o bura es un animal acuático que aparece en un mito fundacional del pueblo Apatani . Las historias de la migración de los Apatani a su ubicación actual en el valle de Ziro de Arunachal Pradesh hablan de un pantano que ocupa el valle, habitado por criaturas feroces parecidas a cocodrilos. Drenar el pantano y destruir a las criaturas les permitió cultivar campos de arroz fértiles y asentar el valle.

En 1945 y 1946, James Phillip Mills y Charles Stonor recopilaron detalles sobre Buru de la gente de Apatani. Según los ancianos de Apatani , cuando sus antepasados ​​emigraron al valle de Ziro, el valle era  un pantano poblado por Burus. El pueblo Apatani decidió instalarse en el valle debido a su fertilidad y buen clima. Pero de vez en cuando tenían enfrentamientos con burus. Entonces decidieron drenar el agua del pantano y así eliminar los Burus cuando estaban drenando pantanos para el cultivo de arroz. La mayoría de los Burus murieron a causa del drenaje, y supuestamente muchos pasaron bajo tierra a los manantiales. Buru (criatura legendaria) – https://es.qaz.wiki/wiki/Buru_(legendary_creature)

 

 

                                                                              fuente:              STANKOVIC , VLADIMIR ilustrated enciclopedia of cryptozoology

Hay algunos investigadores que creen que el Buru era una forma de cocodrilo gigante, que a menudo se refiere a veces como Buru entre el pueblo Apatanis. Sin embargo, tanto Bernard Heuvelmans, como Roy Mackal, consideran al Buru como un gran dragón de Komodo como el lagarto monitor. Para apoyar esta teoría se han encontrado fósiles de tal criatura en el subcontinente indio. Heuvelmans también señaló que esas criaturas similares fueron reportadas en la India occidental, donde parecían fusionarse con el dragón tradicional iraní o Ahi, que es similar al dragón chino. El autor George Eberhart notó rumores de una criatura similar en los Pantanos de Tigis de Irak, llamada Afa, posiblemente la misma criatura que los Buru y Ahi.

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Bibliografía

https://es.qaz.wiki/wiki/Buru_(legendary_creature)

https://aminoapps.com/c/terror-amino-en-espanol/page/item/buru/8WxQ_eXuXInpzlq5Q4dMXYo73glMRj1z0x

STANKOVIC , VLADIMIR ilustrated enciclopedia of cryptozoology

El mito del gigante (parte 1)

El mito del gigante (parte 1)

El mito del gigante

 

imagen de David Reñé : Guía de los seres mitológicos españoles

¿Quieres descubrir todos los secretos de los gigantes?
Desde tiempo inmemorial existen leyendas acerca de la existencia en tiempos remotos de una antigua raza anterior a los hombres de proporciones gigantescas. Era creencia establecida y muy difundida que, antes de la llegada del ser humano, la tierra había sido poblada por seres antropomórficos de una altura colosal.

Los relatos sobre gigantes constituyen uno de los mitos o leyendas más importantes de los pueblos antiguos. Uno de los relatos más antiguos acerca de gigantes es el antiguo texto sumerio conocido como La epopeya de Gilgamesh. En esta historia, Enkidu acompaña al mítico héroe Gilgamesh a largo de sus proezas y aventuras.

Según cuenta la leyenda, los dioses habrían creado a Gilgamesh mucho antes que a Enkidu. Este último llega a enfrentarse a Gilgamesh en un combate feroz del que no sale victorioso. Aunque como humano Enkidu es muy fuerte, Gilgamesh, que mide unos tres metros de altura, tiene unas facultades superiores. El mito no lo llama propiamente gigante, pero a raíz de la descripción que se nos presenta parece una evidencia del mito del gigante.

Más explícita es la cita que podemos encontrar en la Biblia, concretamente en el libro de Génesis 6: 4: «Los Nefilim se hallaban en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos del Dios [Verdadero] continuaron teniendo relaciones con las hijas de los hombres y ellas le dieron a luz hijos, estos fueron los poderosos que eran de la antigüedad, los hombres de fama»[1].

A su vez, en el Libro de los Números 13: 32 y 33 se cita:

 

«Y siguieron presentando a los hijos de Israel un informe malo acerca de la tierra que habían espiado. La tierra, por la cual pasamos a espiarla, es una tierra que se come a sus habitantes; y toda la gente que vimos en medio de ella son hombres de tamaño extraordinario. Y allí vimos a los Nefilim, los hijos de Anac, de modo que llegamos a ser a nuestros propios ojos como saltamontes, y así mismo llegamos a ser a los ojos de ellos»[2].

La historia de estos míticos gigantes aparece incompleta, con grandes lagunas en su redacción. No explica del todo de dónde surgieron, por qué tenían ese tamaño y ese agresivo comportamiento.

 

Para ello queremos acudir a un viejo texto considerado apócrifo por muchas de las iglesias cristianas, conocido como El libro de Enoc. Allí se encuentra la historia completa de los nefilim. Dios había ordenado a una patrulla angélica conocida bajo el nombre de «los vigilantes» controlar a los seres humanos. Pero resulta que «los hijos de Dios»[3] vieron a «las hijas de los hombres» y quedaron prendados de su belleza. Según se cuenta, se mezclaron carnalmente con los humanos y tuvieron descendencia[4].

                                                                   imagen de pixabay.com

 

Fruto de esa unión salieron seres de tamaño colosal incapaces de controlar sus más bajos instintos. Solo conocían la barbarie y la violencia, siendo la guerra cruenta la mayor de sus pasiones[5]. Eran muy superiores en tamaño y fuerza a los humanos, por lo que no tardaron en poner a la raza humana al borde de la extinción. Estos serían conocidos como los nefilim (los caídos), gigantes salvajes y fuera de control fruto de una unión contra natura.

Los gigantes se multiplicaron de tal forma que la única manera de salvar a la raza humana fue un diluvio que ahogara a todos los nefilim. Como eran de gran tamaño, el diluvio tuvo una duración de 40 días y 40 noches para que el nivel del agua subiera lo suficiente como para poder ahogarlos. No solo fueron castigados los nefilim, sino que los vigilantes, unos 200 según el texto, fueron condenados a permanecer en la tierra hasta el fin de los tiempos por su indiscreción[6].

Tenemos otro ejemplo de creencias en gigantes entre los antiguos helenos. Según la mitología griega: los gigantes eran hijos del Cielo y la Tierra o, según Hesíodo, nacidos de la sangre que brotó de la herida de Urano. Se los describe con fuerzas monstruosas, mirada terrible, cabellos muy largos, barba copiosa, piernas en forma de cola y serpiente, con cien brazos y cincuenta cabezas. Declararon la guerra a los dioses y, resueltos a destronar a Zeus (Júpiter), lo sitiaron en su propio trono. Lanzaron sobre los dioses rocas que, al caer al mar, se convirtieron en islas, o en montañas si daban en la tierra. Fueron vencidos finalmente por Hércules[7].

Los nórdicos también creían en gigantes. En Escandinavia, tenemos la leyenda de Thor y el gigante llamado Thrym, quien roba al primero su mágico martillo, con el cual podía matar a sus machos cabríos que tiraban de su carro, comerlos y con solo poner su martillo sobre las pieles inertes los animales cobraban nueva vida[8].

El mito se perpetua en épocas posteriores, como en tiempos cristianos. Fray Luis de Torquemada en su tratado Jardín de flores curiosas:

No faltan testimonios para darles crédito; porque si queremos mirar a las antigüedades hallaremos lo que el señor Luis ha dicho en la Sagrada Escritura de los gigantes que con Nembrot, después del Diluvio, edificaron aquella torre para salvarse en ella cuando otro viniese (o, según la opinión de algunos autores gentiles, para hacer guerra a los dioses y tomarles el cielo por fuerza); y todos estos debían de ser, para con los hombres de agora, de una grandeza espantable. Y viniendo a otros tiempos que han sido cerca de los nuestros, a todos nos es notorio lo que está escrito y confirmado por autoridad de la Iglesia de la vida de San Cristóbal, por la cual se entiende haber sido tan grande como los más de los que aquí hablemos nombrado; y conforme a un colmillo suyo que me dicen que está en la iglesia de Coria, y a la parte de una quijada que está en la iglesia de Astorga y tienenla por muy preciosa reliquia, la cual yo he visto muchas veces, no podía dejar de ser tan grande como una muy alta torre. Porque la muela entera es tan grande como un puño de un hombre, cerrado, y, proporcionando todo el cuerpo conforme a ella, o conforme a la parte de la quijada, viene a ser tan grande que pone admiración a los que lo están considerando.

Y también, sin esto, he yo oído decir a algunas personas que han estado en el monasterio de Roncesvalles que hay allí algunos huesos los cuales dicen ser de los que murieron en la batalla que Carlo Magno fue vencido por el rey don Alonso de León, en la cual por el grande esfuerzo de Bernardo del Carpio fueron muertos muchos de los doce Pares de Francia, y que estos huesos son de tanta grandeza que parecen de gigantes; y así, un fraile que traía medida de una canilla de pierna me la mostró, y pareciome que era casi tan grande como tres canillas de las comunes, y en esto refiérome a los que las o vieren visto; que yo digo lo que me contaron. Y también me dijeron que había algunas armas tan grandes y pesadas que daban buen testimonio de la grandeza de los que las traían y meneaban[9].

 

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Bibliografía

 

[1] R. Gutiérrez, Óscar: «Quinametin (gigantes) del mundo mesoamericano y algunos otros de la mitología universal», Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas 2 (1996): 25–34, <iihaa.usac.edu.gt/archivohemerografico/wp…/29_estudios_ago_1996_gutierrez.pdf%0A>. (27)

[2] R. Gutiérrez, Óscar: «Quinametin (gigantes) del mundo mesoamericano y algunos otros de la mitología universal», op. cit. pág 27.

[3] La expresión «los hijos de Dios» se trata por supuesto de un nombre en clave. La misma pretende poner de manifiesto que se trata de unas criaturas más cercanas a Dios en la jerarquía. Dicho de otro modo, son hijos de Dios porque participan en mayor medida de su naturaleza.

[4] «Todos sus jefes tomaron para sí mujeres y cada uno escogió entre todas. Comenzaron a entrar en ellas y a contaminarse con ellas, a enseñarles la brujería, la magia y el corte de raíces y a enseñarles sobre las plantas. Quedaron embarazadas de ellos y parieron gigantes de unos tres mil codos de altura que nacieron sobre la tierra y conforme a su niñez crecieron; y devoraban el trabajo de todos los hijos de los hombres hasta que los humanos ya no lograban abastecerles. Entonces, los gigantes se volvieron contra los humanos para matarlos y devorarlos». El libro de Enoc, 4.a (Málaga: Hojas de luz, 2015), capítulo 7.

[5] «Y los espíritus de los gigantes, de los Nefilim, que afligen, oprimen, invaden, combaten y destruyen sobre la tierra y causan penalidades, ellos, aunque no comen tienen hambre y sed y causan daños». El libro de Enoc, 4.a (Málaga: Hojas de luz, 2015), capítulo 15.

[6] Aquí estarán los vigilantes que se han conectado por su propia cuenta con mujeres. Sus espíritus, asumiendo muy diversas apariencias, se han corrompido y han descarriado a los humanos para que sacrifiquen a demonios y dioses, hasta el día del gran juicio, en que serán juzgados y encontrarán su final». El libro de Enoc, 4.a (Málaga: Hojas de luz), capítulo 19.

[7] R. Gutiérrez, Óscar: «Quinametin (gigantes) del mundo mesoamericano y algunos otros de la mitología universal», op. cit. pág. 25.

[8] R. Gutiérrez, Óscar: «Quinametin…», op. cit. pág. 27.

[9] De Torquemada, A.: Jardín de flores curiosas, pág. 52.

 

El mito del vampiro (PARTE 1)

El mito del vampiro (PARTE 1)

     El mito del vampiro

¿Conoces la historia del mito del vampiro?
Fue la novela de Bram Stoker, Drácula, la que catapultó la historia del vampiro a la fama mundial. Pero antes de la célebre publicación de la novela, ya venían contándose mitos y leyendas de vampiros desde hacía siglos.

Lo cierto es que historias de vampiros ya existían desde la noche de los tiempos. Los primeros testimonios podemos encontrarlos entre los acadios y los sumerios, de los que bebe el mito hebreo de Lilith. En la Grecia Clásica se creía en las lamias, seres mitad vampiro y mitad mujer que vivían en los cementerios, desenterraban los cadáveres y se comían sus carnes.

Los romanos creían en las strige o strix, pájaros vampiro que se creía que eran la reencarnación de aquellos que en vida habían sido maléficos. Las strix volaban durante la noche sobre las cunas de los niños y les chupaban la sangre[1]. Los casos de vampiro no se reportan tan solo en Europa, sino que se encuentran dispersos alrededor del globo[2]. Por tanto, hay que entender el mito del vampiro como un sustrato cultural común a casi la práctica totalidad de las culturas.

En cuanto al origen del término «vampiro», es probable que provenga de palabra magiar vampyr. Este término de origen eslavo aparece también en ruso, polaco, checo, serbio, y búlgaro (si bien encontramos también las variantes rusas upir / upyr y upuir en el sur de Rusia; búlgaras vapir / vepir; rutenas tlepyr / vopyr / opyr y la variante polaca upier)[3].

Se ha discutido hasta la saciedad cómo se originó el mito del vampiro, sin que hasta la fecha haya una tesis concluyente. Algunos han visto en una vieja enfermedad, la porfiria, el origen de los mitos relacionados al vampiro. Quien padece la enfermedad tiene palidez, eritrodontia, fotosensibilidad, cambios oculares, hipertricosis e incluso daño óseo[4. En algunos casos, «el exceso de porfirinas, además de afectar la piel, provoca un compromiso sistémico crónico, especialmente de tipo hepático o biliar y, lo más grave, origina crisis neuro‑psiquiátricas que pueden llevar a alucinaciones, trastornos de personalidad, parálisis de extremidades y paros respiratorios, con riesgo de muerte»[5].

Sin embargo, como bien afirma Salomé Guadalupe, la catalepsia no explicaría la no descomposición de los cuerpos con que se asocian los mitos vampíricos[6]. La falta de descomposición en los cadáveres por la falta de oxígeno en la tumba[7], la baja temperatura o la saponificación[8] podrían en parte explicar el fenómeno, mas no del todo.

Puede que no exista una única forma de entender el mito del vampiro. Sino que es muy probable que, en la gestación de la leyenda hayan contribuido episodios de distinta índole. Con tan solo la ciencia no puede entenderse en su complejidad el mito del vampiro, pues lleva a una tesis imperfecta y reduccionista[9]. Lo más prudente para mí es no pronunciarme y dejar que cada uno decida de qué trata este mito. Si es leyenda, superstición, patología, mito o realidad. Fueran las que fueran las circunstancias que dieron vida al mito del vampiro, lo cierto es que este sobrevivió a la época antigua.

En la Edad Media, el mito del vampiro resurgiría con fuerza. Los primeros padres de la Iglesia vieron en el vampiro una manifestación del diablo. La figura del vampiro, asociada ahora a la acción del maligno, tomaría carices muy distintos. Una parte de los curas asociaría el vampiro con una clase de demonios llamados súcubos. La explicación era que el diablo necesitaba semen humano para crear su progenie. De este modo, San Agustín indicaba:

[…] que los demonios no pueden producir semen, a pesar de tener pasiones similares a las humanas. Por ello lo toman del cuerpo de diez hombres para inyectarlo después en el cuerpo de las mujeres dormidas y dejarlas embarazadas. Santo Tomás de Aquino es quizás más específico, cuando indicaba que, como el diablo no puede producir semen, se convierte en súcubo para recibir el semen del hombre y posteriormente en íncubo para trasmitirlo a la mujer[10].

 

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BIBLIOGRAFÍA

[1] Agustí Aparisi, Carme: «Calmet y el vampiro…», op. cit. pág. 181.

[2] El repertorio de seres vampirescos es mucho más extenso y entre ellos pueden citarse los ekimmus en Asiria, guls entre los árabes, jigar-khor en la India, los ch’ing-shihs en China, los jikinikis en Japón o los khu en Egipto, entre otros. Otro ejemplo todavía más lejano es el antiguo mito del dios murciélago en las culturas mesoamericanas vinculado a la sangre, a la noche, a la oscuridad y relacionado con otras criaturas del inframundo a su vez asociadas a los decapitados en ciertos sanguinarios sacrificios rituales (entre esas criaturas se cuenta de nuevo la araña, el búho y el alacrán). Puede decirse que el mito de la sangre como fuente de juventud y vida es una constante prácticamente universal.

[3] Ingelmo Guadalupe, Salomé: «La sangre es la vida, a la caza del vampiro semítico», Isimu 11 (1999): 143–64, <https://revistas.uam.es/isimu/article/download/3689/3927>. (143)

[4] «Las porfirias son un grupo heterogéneo de desórdenes metabólicos congénitos y/o adquiridos que consisten en una falla en la biosíntesis del grupo hem de la hemoglobina, cuya consecuencia es el depósito anormal de porfirinas en distintos tejidos como la piel, sangre, hueso y dentina, además de heces y orina. Los pacientes de dicha enfermedad presentan algunos de los síntomas algo similares a los que presenta el vampiro en el mito». Díaz‑Rosales, Juan de Dios E. Romo Jesús: Mitos y ciencia: Porfiria y vampirismo, op. cit. pág. 45.

[5] Díaz‑Rosales, Juan de Dios E. Romo Jesús, op. cit. pág. 46.

[6] «Pero sin embargo la catalepsia no explicaría en absoluto la no descomposición de los cuerpos. Esta teoría obligaría por tanto a sostener que todos los cuerpos que según las crónicas fueron desenterrados y presentaban síntomas de vampirismo, fueron desenterrados poquísimo tiempo después de su defunción y sabemos a través de las crónicas que esto no es cierto». Guadalupe Ingelmo, Salomé: «La sangre es la vida», op. cit. pág 162-163.

[7] «El primero en este hallazgo fue un importante personaje histórico que merece ser nombrado, es el austriaco Gerard von Sweiten (1700-1772), quien fue médico de cabecera de la emperatriz María Teresa y director de la Facultad de Medicina de la Universidad de Viena. Su importancia radica en haber sido uno de los primeros científicos en oponerse a las supersticiones sobre los vampiros. En su Discurso sobre la existencia de los fantasmas (Abhandlung des Daseyns der Gespenster), Sweiten expone argumentos racionales en contra de este mito. Menciona, por ejemplo, que la falta de oxígeno en algunas tumbas evitaba el proceso de fermentación en los cuerpos y que esta era la causa de que al exhumar algunos cadáveres no se apreciara una descomposición. Como consecuencia de este reporte, la emperatriz María Teresa emitió un comunicado que dictaminaba la prohibición de prácticas como el empalamiento, la decapitación y la cremación de los difuntos». Salazar Morales, Miguel Fernando y Cea Bonilla, María Alicia del Sagrado Corazón: «Licántropos, hematófagos y brujas…», op. cit. pág 8.

[8] «En cualquier caso, podría existir una explicación científica para la no descomposición de los cuerpos al margen de las bajas temperaturas: la saponificación. Este proceso puede desarrollarse en lugares húmedos y consiste en la conversión de los tejidos subcutáneos en una substancia similar a la cera, que permite que el cuerpo se conserve durante años. Son las grasas las que se convierten en jabón, actuando como catalizadores de la reacción los fermentos denominados lipasas». Guadalupe Ingelmo, Salomé, op. cit. pág. 163.

[9] «El racionalismo y la todopoderosa ciencia han intentado explicar a través de la medicina, con todas las propuestas imaginables, el mito del vampiro, estudiando las epidemias de vampirismo declaradas en los Balcanes a fines del siglo XVII e inicios del XVIII. Parece que los médicos se olvidan absolutamente de todo el bagaje cultural que existe alrededor del vampiro y no se dan cuenta de que sus sesudas explicaciones servirían, como mucho, para explicar los casos “recientes” de vampirismo atestados en Europa, pero en absoluto para explicar el nacimiento del mito en si en las sociedades antiguas. Además, dado lo arraigada que se encuentra la figura del vampiro en el inconsciente colectivo desde probablemente la más tierna infancia del hombre, no resulta necesario ni siquiera intentar explicar el fenómeno reciente a través de causas médicas, dado que no hay que perder de vista la sugestión». Guadalupe Ingelmo, Salomé, op. cit. pág. 162.

[10] Guadalupe Ingelmo, Salomé, op. cit. pág. 148.

 

 

Los duendes (parte 1)

Los duendes (parte 1)

imagen de: jean baptiste monge

«El duende, pues, era el fuego de las humanidades primitivas. Cuando por vez primera apareció en las oscuridades de la noche se le juzgó el espíritu más grato, más próximo y más amigo. […] Y el fuego brotó pronto, como un muerto amoroso y protector que se transformaba en lumbre…” (Constantino Cabal)

 

Desde la noche de los tiempos puede rastrearse la creencia en unos seres elementales de la naturaleza, los gnomos y los duendes. Su mundo se desarrolla paralelo al nuestro, y aunque ambos se encuentran conectados, parece que su mundo se rige por unas reglas distintas que escapan a nuestra comprensión.

En cuanto a los habitantes de este maravilloso mundo, los seres feéricos, también llamados «gente pequeña» o duendes, son la personificación de las pasiones y de los sentimientos de las almas que existen en los bosques, los ríos, los caminos y las casas. La «buena gente» son seres mágicos que viven entre este mundo y el sobrenatural del que provienen.

Acercarse al estudio de estos simpáticos personajes puede presentarse como un camino tortuoso. La primera dificultad de presentar este tema es que han recibido multitud de nombres a lo largo de la historia. Así a los gnomos en otros lugares les llamaban dwarfs, dvergar, pigmeos, etc. Con un único fin divulgativo, me he tomado la libertad de «clasificar» estos seres de acuerdo con las referencias que de ellos hacen las fuentes.

En Cataluña y las Islas Baleares, se habla de un tipo de enano, «el negret», que tiene la capacidad de convertir en oro lo que toca. Inclusive él mismo es capaz de convertirse en oro de acuerdo con la tradición[1]. En Cantabria existe la leyenda del «enano buscador». «Alegre y bromista, es de ronca voz y fuerte risa. De tamaño pequeño, como todos los duendes, su larga nariz y grandes ojos negros le ayudan en su labor de rastreador[2]. Si en alguien pierde un objeto importante solo debe recitar: “Duende, duende, duendecito una cosa yo perdí; duende duendecito compadécete de mí”»[3].

 

 

 

Fuente : pixaby.com

Los duendes de los niños 

 

Además de los ya conocidos duendes familiares, existen también a lo largo de toda la geografía Española unos duendes muy simpáticos. Estos son los duendes “de los niños», con quienes juegan y cuidan. Estos diminutos elementales suelen acompañar a los niños cuando están solos y cuando duermen, siendo los vigías de sus sueños.

Una manera muy curiosa de manifestarse que tienen estos duendes, es a través de las motas de polvo, visibles al fundirse con los rayos de sol. Sin embargo, el privilegio de verlos solo ocurre durante la infancia ya que al crecer, se cree que perdemos esa sensibilidad para percibirlos.

 

Bibliografía

[1] «Si un afortunado mortal se topara con este personaje y se le ocurriera rozarlo con la candela, el negret se convertiría inmediatamente en monedas contantes y sonantes, haciendo rico al humano suertudo. Estas tradiciones se encuadran dentro del mito del “toque mágico”, es decir, se debe efectuar un contacto especial con algún objeto o material determinado para que el espíritu conceda sus dones y favores (como ocurre con la gallina y sus pititos de oro de las hadas) o para que se produzca el desencantamiento (como ocurre con las ayalgas asturianas)». Callejo Cabo, Jesús, op. cit. pág. 46.

 

[2] Cano Herrera, Mercedes, op. cit. pág 64.

 

[3] Cano Herrera, Mercedes, op. cit. pág 64.

Las hadas(parte 1)

Las hadas(parte 1)

imagen de canva.com

En cuanto a las aptitudes que tienen las hadas, estarían las dotes adivinatorias. Esta información la he conocido por dos métodos distintos. Una primera es la de las diferentes opiniones de los autores que han estudiado el tema con detenimiento. Una segunda nos la ofrece la simbología oculta que existe en los relatos que he podido recopilar.
Empezando por sus costumbres, hay que señalar que son harto distintas a las de los humanos. Rara vez comen, pero si lo hacen, parece que son capaces de alimentarse de productos cuyo consumo no hartaría ni siquiera a nuestros infantes. Dicho de otro modo, parece bastarles con el consumo de productos que per se no tienen los valores nutricionales que requiere un ser humano. Cuando no se alimentan de las flores o de su néctar, llegan a comer de algún nutriente humano, sin que entre estos se encuentren la carne o el pescado.
Su religión recuerda a una forma peculiar de animismo. Piensan que todo lo que existe es digno de protección, pues creen que tiene su propia energía vital. Asumen que hay una energía superior, una especie de deidad etérea, que ellos relacionan con el espíritu supremo representado en diferentes figuras en función del medio que ocupen.
Parece que dos de sus mayores pasatiempos son la danza y la música. Su resistencia antinatural les permite bailar sin cesar durante horas, por lo que si un humano participa de esta danza mágica puede morir de puro agotamiento

La mayor parte de los testimonios hablan de mujeres menudas y hermosas, de piel extremadamente fina y pálida. Suelen llevar los cabellos sueltos e ir ataviadas con amplias y largas túnicas de colores claros y, en ocasiones, con mantos de color.

Imagen de canva.com

 

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Las anjanas (parte1)

Las anjanas (parte1)

                                                     Las anjanas 

 

Como espíritus elementales de la naturaleza que son, comprenden todos los secretos de las poderosas fuerzas de la naturaleza.

Ya advertimos que en el Bierzo habitaban bicéfalas aves fantásticas emparentadas con los unicornios resistentes a todos los veneros y ondinas, modalidad autóctona de las anjanas de hermosos cabellos, muchachas que gustaban salir de fiesta la noche de San Juan para peinarse con peines de oro a la vera de fuentes y ríos. La anjana montañesa es un ser bondadoso por naturaleza, protegiendo a los enamorados y a quienes se extravían en el bosque, mujeres hermosas efectivas, apaciguan a las bestias y curan a los animales heridos. También se dice que son espíritus arbóreos que tienen encargado el cuidado de los bosques, se alimentan de sus frutos y viven en grutas secretas repletas de oro y plata (José L. Hernando, Mitos de Catilla y León, 2004).

Un ejemplo de estas hadas bondadosas lo encontramos en las tierras de Cantabria, donde estas historias son muy comunes y reciben el nombre de anjanas. «Su descripción es parecida a todas sus hermanas peninsulares. La mayor parte de los testimonios hablan de mujeres menudas y hermosas, de piel extremadamente fina y pálida, que suelen llevar los cabellos sueltos e ir ataviadas con amplias y largas túnicas de colores claros y, en ocasiones, con mantos de color»[1].

Su belleza no tiene parangón, siendo más bellas que los mismos rayos de sol. No hay producto de orfebrería que pueda siquiera acercarse a la belleza de sus atuendos. Lo mismo ocurre con sus capacidades mágicas, pues son capaces de grandes sortilegios y poderosos prodigios. Suelen aparecer portando un misterioso báculo con el que son capaces de obrar milagros que a nuestros ojos son auténticas maravillas:

Como espíritus elementales de la naturaleza que son, comprenden todos los secretos de las poderosas fuerzas de la naturaleza. Conversan con las fuentes y las aguas, que a su sola presencia se agitan y revuelven, al tiempo que aumenta el soplo del viento. Luego se sientan tranquilamente a descansar a la orilla de los arroyos, para retornar a media mañana a su mundo. Pero antes realizan una serie de trabajos benefactores, como limpiar las fuentes, bendecir los rebaños de los pastores, acariciar y reparar los árboles dañados, enfermos o viejos, limpiando sus grietas o eliminando los daños de algún incendio, en los robles, abedules y castaños[2].

 

 

 

Elisa Rivero ha escrito una pequeña historia sobre las anjanas y la traemos a nuestro blog. Esperamos que la disfrutéis y os paséis por su blog 

 

Amia suspiró, sentada en el poyo de su casa montañesa. En el valle, ya nadie recordaba a las hadas. La magia había quedado relegada a comentarios ocasionales sobre las brujas de Cernégula. ¡Si ellos supieran lo que se cocía en esa vieja charca…! Los vencejos colmaban el aire tibio con sus agudos silbidos mientras el sol se escondía tras la loma. Olía a espliego y a río.

—Mamá, nos vamos a la fiesta de San Juan de Escalada. Acuérdate de dar de cenar a Lara —se despidió su hija, desde la puerta del coche. Amia asintió.

La pequeña Lara, su nieta de seis años, la miraba desde el suelo, donde jugaba con un cocodrilo de plástico.

—¡Yo quería ver las hogueras! —se quejó, haciendo un mohín. Sus enormes ojos verdes reflejaban curiosidad.

Algo se encendió dentro del corazón de Amia. Se había prometido; no, había prometido a su marido que el tiempo de las hadas había terminado, pero, ¿por qué? Lara tenía derecho a conocer sus raíces, su pasado. Instintivamente, se llevó la mano al pecho y palpó la piedra que pendía bajo la blusa. Era la noche indicada.

—Vamos a ver algo mucho mejor, pajarito.

Se incorporó trabajosamente y asió la pequeña mano que le tendía la niña. Dejando la puerta verde abierta, como era costumbre antaño y aún se hacía en su casa, se alejaron bajando la calle. Lara parloteaba alegremente, contándole la infinidad de animalitos que había visto y pescado aquella mañana en el río. Se cruzaron con varios vecinos: algunos volvían del bar; otros, se dirigían, como su familia, a la fiesta de Escalada. “San Juan” murmuró con sorna la anciana.

En la ribera gorjeaban los mitos, ocultos entre las hojas de los álamos. La brisa que descendía de los cortados rocosos agitaba suavemente sus copas, que parecían pintar de rosa y azul el lienzo del cielo estival. Cruzaron un puente para dejar atrás el río y seguir un sendero que acompañaba al arroyo cantarín hasta su nacimiento. El día más largo del año se apagaba poco a poco, y los ojos de Amia tardaban en acostumbrarse a la penumbra. Aceleró el paso, teniendo cuidado de no tropezarse con el grijo del camino. Pasaron junto a una cueva, cuya boca se abría tímidamente en la roca caliza de la montaña.

—¡Hooooola señor ooooosoooo! —saludó a la cueva la niña, entre divertida e intimidada. A lo lejos reverberó la llamada de amor del cárabo y Lara respingó.

Las chicharras zumbaban, apremiándolas. Había que apresurarse.

Por fin, atravesaron unos sauces y el lago se abrió ante ellas como si su superficie estuviera tallada en esmeralda: verde, profundo. Se aproximaron a la orilla y Amia se sentó en una roca para descalzarse. La niña la imitó. Los últimos rayos de sol se escaparon del firmamento y Venus brilló con intensidad, reflejando su luz en el fondo del lago, allí donde se abría la gruta subacuática. Entonces la anciana avanzó unos pasos en la orilla, extrajo con delicadeza la piedra que pendía de su cuello y la sumergió en las aguas cristalinas. De repente, la superficie del lago, hasta entonces lisa como un espejo, tembló. Las ondas se expandieron desde el centro hacia las orillas lamiendo las paredes de piedra y las piernas de las espectadoras. Algo, alguien, emergía desde el fondo, sus ojos titilando como estrellas. Amia tomó a la niña de la mano y juntas avanzaron por el agua helada.

—Ya llega la anjana, pequeña. Vamos a hacer un viaje muy, muy largo.

Sumergieron la cara en el espejo del lago y su mirada se topó con la de aquel ser de las profundidades, que las llamaba desde la gruta kilométrica que se abría bajo el agua. Y, de pronto, lo estaban siguiendo. Pero no fue un pasadizo estrecho y oscuro lo que encontraron, sino que una fuerte luz mostró un mar somero y tranquilo que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Admiraban el paisaje desde muy arriba, como si flotaran. Bajo las olas, que se agitaban a ritmo vertiginoso, transitaban seres colosales. La cuenca se fue colmatando de sedimento paulatinamente, hasta que el mar se secó y la tierra se llenó de plantas y extraños animales. Luego, el agua volvió a cubrirlo todo y, una vez más, se retiró para dar paso a una estepa inmensa. El aire se tiñó de azufre y cenizas y la tierra se plegaba, ascendía y se contorsionaba como el rabo de una lagartija. Pequeños cursos de agua se fueron abriendo paso en el sedimento depositado, excavando canales cada vez más profundos y dejando a la vista los pétreos recuerdos de los animales y plantas que, segundos antes, buceaban por el mar o dejaban sus reptilianas huellas sobre el fango. Un borbotón de agua pura surgió donde más tarde —¿o antes? — se abriría el lago, y su luz brilló por primera vez. Había nacido el hada de la fuente.

El río esculpía con ahínco la piedra caliza y las criaturas recorrían sus riberas: uros, bisontes, tigres de afilados colmillos y osos pantagruélicos. También llegaron las primeras personas, y se adentraron en las cuevas. Gentes distintas arribaron después y domaron la tierra. Todos llevaban ofrendas a la anjana y a otros dioses ya olvidados que, por entonces, sobrevolaban las escarpadas cumbres o habitaban en los riscos.

Amia notó cómo la pequeña apretaba su mano y descubrió en sus ojos la emoción, la intriga que una vez ella también sintió cuando su madre la llevó en aquel viaje sin retorno.

Volvió a centrar su atención en el páramo, por donde circulaban hordas de hombres uniformados que trataban de doblegar aquella tierra áspera y a sus habitantes. Algunas estrellas se apagaron. Los pueblos y las guerras se sucedieron y el paisaje cambiaba a ritmo vertiginoso según las gentes lo mutilaban y parcelaban. En las cimas, donde antes brillaban orgullosos los árboles sagrados, se erigieron templos yermos. La anjana se escondía sola, olvidada en el fondo de su gruta: pocos eran ya los que la visitaban, pues corrían el riesgo de enfrentarse a la hoguera. Pero siempre hubo mujeres que volvían a su lago. Amia reconoció a su abuela y, después, a su madre. Se vio a sí misma acudiendo por primera vez a aquel santuario y se estremeció de alegría. Pero ya sólo quedaba ella. Ella y, ahora, Lara.

Parpadeó y se encontró de nuevo en el lago, sus pies helados por el contacto del agua. La noche había devorado el pequeño valle y el silencio se señoreaba a su alrededor, apenas roto por el lejano croar de las ranas.

—¿Qué ha sido eso, yaya? —murmuró la vocecita a su lado.

<<Tu origen, tu pasado y tu futuro>>. Quiso decirle Amia. El destino de su nieta se había vinculado para siempre a ese valle, impidiéndole alejarse de sus raíces sin sentirse vacía, desolada. A cambio, conocería la magia.

—Un hada buena, pajarito —respondió, colocando el colgante entre los dedos de la niña—. Tu hada.

 

BIBLIOGRAFÍA

[1] Cano Herrera, Mercedes: Entre anjanas y duendes. Mitología tradicional ibérica, 1.a Ed. (Valladolid: Castilla ediciones, 2007), pág. 23.

 

[2] Callejo, Jesús, Hadas. ed Edaf 2012 pág. 119.

 

La diosa Mari

La diosa Mari

La diosa Mari

 

 

                                                                             imagen de canva.com

 

La diosa Mari es una de las deidades más poderosas del panteón ibérico. A Mari se la representa como la Madre de los elementos. Ella posee las llaves del sol, el viento, las aguas y la tierra. También es dueña de los saberes mágicos sobre los animales (generalmente de especies cinegéticas) y sobre la agricultura primitiva.

Muchos han defendido la posibilidad de que el culto a la Diosa Madre fuera tan seductor y potente que terminara absorbiendo a otros seres mitológicos y cultos[1]. De ese modo, algunos personajes de la mitología habrían perdido «su poder» para cederlo a la entronizada diosa de la tierra, Mari. La importancia de la Diosa Madre en los pueblos del norte de la península no ha pasado desapercibida para los investigadores, que han visto explicaciones culturales[2] y psicológicas[3] a este fenómeno. Ciertamente, la cantidad de referencias a elementos femeninos (sol y luna) como a la diosa evidencian una pervivencia de lo matriarcal.

No faltan referencias de Mari haciendo uso de sus facultades como señora de las tormentas y de los vientos. Se dice de ella que cuando la tormenta está en todo su fragor, aparece surcando los aires montada en siete machos cabríos o en caballos y que dirige los nubarrones entre relámpagos[1]. Tales poderes no deberían sorprendernos, el gran Zeus, señor del Olimpo de la mitología griega, era capaz de lanzar relámpagos. También poseía tales poderes el dios Thor de la mitología nórdica, y Yahvé, por su parte, era capaz de modificar el clima a su antojo, pues envió un diluvio que inundó la tierra.

 

LEYENDA DE MARI

Había una vez una niña muy pobre que trabajaba de pastora para una familia muy rica en los alrededores del monte Amboto. Había estado todo el día con el rebaño de ovejas por el monte y cuando se disponía a encerrar el rebaño se percató de que una le faltaba. La niña, preocupada por lo que su patrón le pudiera decir, decidió salir en busca de la oveja, y buscando y buscando se topó en el bosque con Mari. La niña, al verla, le preguntó:

―¿Has visto a la oveja que he perdido?

A lo que Mari le contestó que sí, que su oveja estaba en la cocina de su cueva, que si quería recuperarla debía acompañarla hasta su cueva, y la niña aceptó y se fue hasta la cueva con Mari. Una vez allí, Mari le enseñó su oveja y cuando la niña se disponía a cogerla para marchar esta le propuso un trato. Le dijo a la niña que si se quedaba con ella durante los próximos siete años en su cueva le daría bienes que le arreglarían la vida en forma de agradecimiento. La niña era muy pobre, no tenía familia y, por lo tanto, nada tenía que perder, por lo que aceptó quedarse en la cueva con Mari. Pasaron los años, Mari enseñó a la niña a cocinar, a esquilar las ovejas, a tejer la lana, a trabajar el barro y la madera y siempre se portó muy bien con ella… Habían pasado siete años ya y Mari recordó a la niña que si quería ya podía marcharse, ya había cumplido su parte del trato. La niña al principio pensó que para qué se iba a marchar si nada le faltaba allí, pero Mari le dijo que debía salir de la cueva para que ella pudiera cumplir con su parte del trato. Mari le dijo a la niña que debía salir de la cueva de la misma manera en la que había entrado. Cuando la niña se disponía a salir, Mari le dijo que cogiera unos trozos de carbón de la cocina y se los llevara con ella, le dijo que era su pago por haber cumplido con su parte del trato, la niña miró el carbón y, confundida, decepcionada y triste a la vez, salió de la cueva, de espaldas, caminando hacia atrás como Mari se lo había indicado…

Cuál fue la sorpresa de la niña cuando al salir de la cueva vio cómo el carbón se convertía en

¡oro macizo! Mari había cumplido con su promesa, le prometió que le daría una buena vida después de los siete años en la cueva con ella, la niña pudo comprar una buena casa con terreno para sembrar, pudo comprar un buen rebaño de ovejas y nunca más tuvo que trabajar para otros ni volvió a pasar hambre[1].

 

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BIBLIOGRAFÍA:

 

[1] Aguirre Castro, Mercedes y Alicia Esteban, op. cit., pág. 42.

[2] Barandiaran de, José Miguel: Mitología vasca, op. cit.

[3] «¿Cabe considerar a la diosa vasca Mari como antepasada totémica femenina de las tribus vascas? Cabe considerarla, en efecto, como antepasada mítica representante de la colectividad tribal interpretada femeninamente. En este sentido, cabe asimismo tenerla como máximo espíritu guardián, “Manitú” o ayudante-tótem, es decir, como la Maga o espíritu del bosque y de los animales, cuya fertilidad fecundidad simboliza bajo el totemismo último de la sierpe draconiana como dueña de las aguas y señora de la vida y de la muerte: es decir, como ánima-animal sagrado por excelencia, a cuyo través mágico se realiza la iniciación humana, o sea, la obtención de la vida, la confrontación con la muerte y la visión mistérica de la existencia a nivel tanto teórico (mítico) como práctico (y ritual)». Oses Ortiz, Andrés: «La diosa vasca en contexto antropológico», Kobie (Serie Etnográfica). Bilbao 1 (1984): 8–16, <www.bizkaia.eus/…/Kobie_1_Etnografia_«LA DIOSA VASCA EN SU>. (8)

[4] «La necesidad de causalidad nos hace intentar buscar una explicación a este predominio femenino, que nunca será casual y sí parece relacionado con la gran fijación materna que creemos ver en la psicología del vasco. Este ligar psicología y mitología ha sido objeto de numerosos trabajos a partir de los descubrimientos geniales de Freud, cuando buceó en la mente humana algo más allá de la consciencia. Partiendo de él han trabajado numerosos investigadores, Abrahán, Rank, Silverer, etc., entre los ortodoxos (psicoanalíticamente hablando) y C. G. Jung principalmente, con brillo propio». Lasa, J. J.: «El genio Mari y la madre terrible», Munibe 8, n.º 3 (n.d.): 214–21, <www.aranzadi.eus/fileadmin/docs/Munibe/1956214221.pdf.> (215). Continúa el mismo autor: «Respecto al arquetipo madre copiamos. “La madre es en absoluto una de las más poderosas imágenes heredadas”. Pienso que se puede interpretar en dicho sentido jungiano de madre terrible a esa Mari, Dama, Señora o maligna, genio de las montañas, cuevas, simas, que junto con el horno (Mari la del horno) son claros simbolismos no sólo femeninos, sino maternos. Barandiarán interpreta a Mari como un símbolo de la tierra, que a su vez no es en el fondo sino también madre (madre tierra)» Lasa, J. J.: «El genio Mari y la madre terrible», op. cit., pág. 216.

 

Entrevista a Óscar Robles de elficología España

Entrevista a Óscar Robles de elficología España

Entrevista a Óscar Robles de elficología España

 

Desde que era muy pequeño siempre le ha interesado el mundo feérico y todo lo que ello envuelve. Pasaba horas devorando  los libros de texto, los cuales  eran bellamente ilustrados con imágenes de duendes. Posteriormente, comenzó a estudiar el tema de una forma sería y rigurosa aplicando la técnica de estudio de la elficología.

Ante el vacío de blog o páginas que había tanto en castellano como en inglés, decidió crear el blog de Elficología en España que le ha llevado a conocer a gente maravillosa y a dar más visibilidad a sus investigaciones y calidad de contenidos. Fue a través de ese espacio en el que nos conocimos y , ahora, quiero que podáis conocerle vosotros un poco más a través de esta entrevista.

 

1- La primera pregunta es tan previsible como obligada. ¿Qué es la elficología?

La Elficología se puede definir como la disciplina que trata de estudiar todas aquellas criaturas o seres sobrenaturales que comúnmente se conocen como “gente pequeña” . Estaríamos hablando por ejemplo de toda la pléyade de criaturas que como nombre genérico las conocemos con los nombres de; hadas, duendes, gnomos, trolls, elfos, ninfas y un largo etcétera. Esta disciplina se podría enmarcar dentro de las llamadas ciencias de frontera o paraciencias como también lo serían la ufología, criptozoología o parapsicología. La Elficología la considero además como algo que va más allá de una simple disciplina de estudio, tomándola como una especie de filosofía de vida, un camino iniciático, una heurística que le arroja al estudioso de la misma al encuentro con la aventura desde un prisma sociológico, a lo ignoto, lo inefable, lo que irrumpe en la habitual rutina, para, quizás, transformar el presente

2- ¿Por qué decidiste implementar esta disciplina en nuestro país?

La Elficología decidí difundirla principalmente por dos razones. Una porque es un tema que me apasiona desde pequeño. Para mí es super poético o romántico, llámese como se quiera, que existan tanto mitos de duendecillos que se guarecen bajo hongos que ellos mismos protegen o que haya historias de hadas que protegen a mujeres maltratadas o gnomos que trotan a lomos de una pequeña musaraña… Esta “poética élfica” me pareció curiosísima y es por eso que la segunda razón por la que decidí difundir la Elficología es porque toda esta vasta mitología de hadas, trolls y demás seres feéricos no estaba siendo lo suficientemente recopilada y dada a conocer al público al menos en castellano. Era o es mejor dicho, una necesidad de conservar esto que considero un patrimonio inmaterial de la humanidad; el mito, la leyenda, el hada, el gnomo

imagen de pixabay.com

3- ¿Qué opinas de las nuevas iconografías del duende en que se le representa como un personaje infantil y enternecedor con el que “ir a merendar” o con el que te haces “su amigo”?

Ciertamente, si escudriñamos un poco en las diversas mitologías relacionadas con estas temáticas, encontramos con que hay un sustrato lo suficientemente importante en leyendas y muchos otros relatos en los que verdaderamente describen a muchos seres como el clásico gnomo o duende de gorro cónico, colores vivos, luengas barbas y aspecto casi de cuento. El mundo de lo feérico es tan amplio y complejo que todo lo que digamos de él puede ser cierto, ahora bien, estas nuevas dinámicas que presentan a los duendes u otras criaturas similares como únicamente seres de luz y portadores de toda prosperidad, sumado al fenómeno tótem moderno y las creencias de la nueva era, que tan pronto te venden un duende activado con poderes o un troll en una botella, creo que pervierten totalmente el significado de las leyendas y relatos élficos y sirven a intereses neoliberales o marketinianos. Las hadas y los duendes, nos guste o no, no son eso.

4- Hace unos años creaste el blog de elficología en España. ¿Cuál era el objetivo de su nacimiento como página?

Elficología en España nació tímidamente, sin muchas pretensiones, pero a su vez mi idea era cubrir ese vacío que había en la blogosfera sobre el estudio de los espíritus de la naturaleza presentándolo como un espacio que aboga por el mayor rigor posible y muy centrado también en la actualidad y las noticias del mundo élfico. En principio nació para informar un poco de aquellas noticias del mundo élfico que podrían acontecer en nuestro país, sin embargo, España está bastante alejada aún de estos mitos y ritos que tanto ocuparon un pasado nuestro no tan lejano y decidí expandirme a un ámbito más internacional. Presentando no solo noticias, sino también leyendas, conclusiones propias, documentales, libros, en definitiva, una especie de bitácora en la que todo aquel que esté interesado en la gente menuda pueda aprender y estudiar el tema desde un aspecto cercano a lo científico y con seriedad.

                                                             imagen de pixabay

5- Parece que en el mundo mitológico y feérico español está de capa caída… ¿A qué achacas la endémica situación de este saber en nuestro país? ¿Hay lugar a la esperanza?

Bueno, parece que hay un tímido resurgir en el mundo feérico y mitológico de España, sin embargo, le está costando salir a la luz a esta nueva generación de investigadores o escritores del mundo de lo mitológico. Yo lo achaco por un lado a que mucha gente piensa que esto son cosas de cuentos infantiles. Lo relegan a ese plano y ni siquiera imaginan todo lo que esto entraña, es decir, hay un profundo desconocimiento e ignorancia sobre el tema. Por otro lado, creo también que España la cual ha sido paso de infinidad de pueblos, ha ido forjando en el carácter de sus ciudadanos una visión cartesiana y descreída del asunto, pensando así que esto es cosa de “cuatro frikies”. Y por último, en este mundo hiperconectado, acelerado, donde la atención sostenida parece que se hace difícil y en donde lo mítico y tradicional se ve como algo de personas iletradas o ya algo superado, lleva a que la Mitología Ibérica no tenga el interés que merece. En cuanto a la esperanza de que esto pueda cambiar, yo pienso que poco a poco como dije al inicio, hay una revitalización de todo lo mágico, esotérico, junto con lo mitológico-feérico y creo que habrá un tímido y progresivo repunte, lo habrá. La gente en contextos de crisis parece que vuelve un poco a los orígenes y es posible que en los próximos años veamos más obras con contenido de este tipo.

6- ¿Qué proyectos tienes en mente para mantener vivas nuestras leyendas y tradiciones?

Mis próximos proyectos son la publicación de un libro que si no me equivoco está ya por salir. Calculo que a finales de año. Se trata de un ensayo serio y bastante documentado de lo que es la elficología y todo el “interior” del mundo de las hadas. Estoy a su vez trabajando en otro segundo libro y con mente en más ideas para próximas publicaciones literarias. Seguiré con el proyecto de Elficología en España como he venido haciendo estos más de 7 años y es posible que retome el abandonado blog hermano de Gigantología e incluso es posible también que cree un tercer blog de una temática muy interesante que ya desvelaré próximamente. Y por supuesto, las colaboraciones que me pidan o la participación en proyectos que puedan surgir siempre dentro de lo feérico tratados con el mayor rigor y el mayor respeto posible.

 

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el diablo burlón/ el diañu burlón(parte 1)

el diablo burlón/ el diañu burlón(parte 1)

El diaño burlón

 

 

el diaño burlón. Ilustración de Alberto Álvarez Peña

ilustración de Alberto Álvarez Peña.

 

Desde tiempo inmemorial en España(principalmente en la zona de Asturias) se cree en un enigmático ser apodado «diablo burlón» (diaño burlón el asturiano). Al parecer, se trata de un diablillo de pequeño tamaño y patas de cabra que se dedica a gastar pesadas bromas a los incautos que se atreven a adentrarse en sus dominios. No obstante, tras un análisis pormenorizado del personaje, nos persuadimos de que este relato tradicional guarda más secretos de lo que parece.

Para empezar, su aspecto nos recuerda a las criaturas feéricas  de las que hemos estado hablando en este blog. Su apariencia, comportamiento e incluso poderes guardan una estrecha relación con el mundo de los duendes. No es difícil afirmar que, antaño, este diablo no fue sino una deidad feérica. Véase su capacidad para cambiar su forma en un animal salvaje(generalmente un macho cabrío) aumentar su peso y tamaño, o incluso tomar forma humana. Probablemente este mito sea el resultado de la fusión de creencias paganas y cristianas. Por un lado, esa antigua deidad de los bosques y minas y, por otro, el del demonio o diablo.

Entre sus travesuras más comunes cabe citar la del burro blanco que se ofrece como montura al caminante y que una vez montado crece y crece sin cesar, el caballo que después de una galopada infernal devuelve al jinete al mismo lugar de donde partió, le arroja de cabeza al río o le quema los pantalones. También se cuenta que se transforma en macho cabrío, de color rojo, que se deja coger por el pastor, y cada vez va pesando más hasta dejar extenuado al hombre y meándole encima.

En la senda del camín  encantáu de  Ardisana (Llanes) el Diañu Burlón, nos dice:

 

«Soy el Diañu Burlón y
a podrás atraparme.

Ni los romanos pudieron
y esos sí que eran listos,
no como tú.

Puedo cambiar de forma y engañarte
para que hagas lo que yo quiera.
Ay, que tontos sois los humanos» .

 

El Diañu burlón | Los Oscos Rural

 

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Bibliografía

https://mitologiaiberica.fandom.com/es/wiki/Dia%C3%B1u_burl%C3%B3n

http://www.senderismoenasturias.es/eldianu.htm

 

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